Advertencia Justa: Lo dije desde el capítulo 2, y recuerden que TODA la trama estaba planeada desde el inicio, los pormenores no, pero el resto, lo esencial, sí.
Comentarios: Bienvenidos y bienvenidas sean al último capítulo de nuestro afanoso camino titulado "Can I kiss you?", también conocido como "la pendejada más larga no-tan-larga sobre GerIta que se ha escuchado en Fanfiction"… o al menos así alguien lo dijo en mis sueños. Qué raros sueños, a decir verdad. Como sea, les agradezco tanto el apoyo que presentaron a la obra, que en un inicio había sido basada en una escena de una novela histórica sobre Don Porfirio Díaz titulada "El vuelo del Águila" en la que, en su adolescencia, él y sus amigos habían roto el vidrio de un carpintero y lo habían abandonado a su suerte (terminando haciéndose amigo de este, cabe destacar). De no ser por mi hermana, y por la insistencia de vosotras, no le habría dado trama a esto. Y, tengo que admitirlo, es de los fics que he estado más orgullosa… aunque Hetalia es un fandom en el que no me meto mucho, en últimos días.
Como sea, sin mayor preámbulo disfruten de la lectura (esto es escrito días después de la publicación del cuarto capítulo, con la esperanza de publicarse en navidad)
¿Puedo Besarte?
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Parte 5: ¿Puedo Besarte?
La plazoleta no era un lugar muy concurrido al momento del ocaso. Había varias parejas de tórtolos (como lo era el caso de Lovinito y Antonio), había patrullas y había parejas con su chamaco mientras este último perseguía palomas, intentando fútilmente obtener alguna. Kiku y Elizaveta no estaban muy atentos al Spamano, como generalmente lo estarían si hubieran ido por ellos en ese momento. Más bien se encontraban viendo de lejitos al menor de los hermanos Vargas, mientras este leía un libro en su regazo y cambiaba la página perezosamente, sus ojos moviéndose apacibles. No lo perseguían precisamente porque fuera una especie de dios para ellos, pero porque se preocupaban por él.
Y por lo sucedido con Ludwig. ¿Que cómo se enteraron? Bueno, Elizaveta habla con Antonio (ocasionalmente) y este le contó el por qué el pequeño Feliciano lucía tan decaído, a pesar de seguir sonriendo.
—Ya lleva dos semanas y media en ese estado, Eli-san —anunció el pelinegro lo obvio, la húngara asintió con la cabeza—, y no podemos dejar que continúe de esa manera.
—Lo sé, Kiku —la chica frunció los labios, sintiéndose abatida por la melancolía de Feliciano Vargas. Sintió a su mente llegar el título de uno de los tantos mangas que había leído al decirse eso mentalmente, y tuvo repentinas ganas de reírse un poco de la ironía, aunque en el estado en el que estaba lo máximo que salió de sus labios fue un suspiro ahogado.
Habían intentado sacarlo de su casa en un par de ocasiones. Este, por supuesto había negado gentilmente, adjudicando que tenía que estudiar para aplicar su examen en la Universidad, aunque este sería hasta junio, no venía mal que fuese preparándose en épocas navideñas.
Antonio y Lovino habían intentado lo mismo. Inclusive, en un par de ocasiones, Antonio le había traído pinceles (de pelo de… un animal extravagante) y pinturas para que pudiera reabastecer su material. Feliciano le había agradecido, y se había encerrado nuevamente en la biblioteca. Lovino, por su parte, había intentado amenazar a muerte al macho patatas por medio de su hermano; y Gilbert le había dicho que era difícil contactarlo, debido a que este negligentemente había negadóse de tener un correo electrónico, y dudaba mucho que si le enviaba cartas las quemaría o simplemente las ignoraría.
Llamar al tío… no era buena idea de momento. Sabía que Feliciano le regañaría por intentar asesinarle, y tampoco se veía muy tentado de volver a ver al tío así de enojado… dos veces. No que Wolfram haya hecho algo malo en contra de la decencia del menor de los Vargas, pero definitivamente el hombre no se había tomado bien la noticia.
Lovino se reprendía por recordar eso frente a una situación tan crítica como lo era esta. Antonio a su lado decía algo que debía ser sumamente importante, pero estaba tan sumido en sus pensamientos que sólo y cuando el otro le agitaba de los hombros para asegurarse de que continuaba viviendo, regresó a la realidad con un muy atropellado "qué" saliendo de su boca entre expletivos.
—Decía que extraño aquellos días —respondió el otro, observando melancólicamente hacia su hermano, y por lo profunda que era su mirada Lovino podía hacerse una idea de qué días hablaba. Cuando eran apenas infantes y Antonio estaba coladito por Feliciano. Aunque no se lo admitiría en voz alta, en ese tiempo había sentido celos de su hermano, aunque era sólo algo… transitorio.
Lovinito, por su parte, suspiró. —Yo también —todo era más sencillo en ese entonces, supuso.
Estuvieron así un rato, y cuando el ítalo no podía soportar más la tensión en el aíre fue hacia su hermano y se sentó a su lado. Aunque se veía un poco confundido y casi reticente a hablar con su hermano—argumentando que estaba estudiando—algo en la mirada de Lovino hizo que explotara casi de inmediato, lanzándose al regazo de su mayor, quien no dudó de sostenerlo entre sus piernas y comenzar a arrullarle mientras le sobaba la espalda. Antonio, como tenía cierta compasión por Feliciano se acercó a él, aunque no le consoló como su hermano lo hizo, simplemente esperó a que el estado en el que éste se encontraba mejorara un poco para poder acompañarlos a su casa.
Cuando el sol estaba por partir al otro lado del mundo, lo único que en la plazoleta tenía movimiento aparente eran las palomas buscando las migajas sobrantes de la última vez que alguien lanzara comida. Al menos, eso sucedió antes de que Elizaveta y Kiku emergieran por uno de los arbustos. Sí, daba un poco de miedo, pero la mirada en el rostro de Eli seguía siendo una preocupada, y sólo por esta ocasión se les perdonaba el haber estado espiando a los hermanos Vargas, en esta ocasión tenía más sentido que el que estuvo siguiendo toda su vida.
—Sigo sin unir todos los puntos. Aunque fuera por… el hecho de que Feliciano-kun sea hombre, supongo que Ludwig-san ya debió de haberse dado cuenta desde antes de los sentimientos que había desarrollado hacía él —decía el nipón para sí. Elizaveta seguía sin responderle, pero estaba en las mismas que él—. Y aunque Wolfram-san tuviera algo que ver en todo esto, dudo mucho que haya sido la causa principal, siendo que teníamos un fuerte exponente en mi argumento anterior… ¿Eli-san?
— ¿Eh? —regresó a la realidad. Después de parpadear un par de veces y deducir lo que su compañero estuvo diciendo durante su momento de fuga, respondió—. No estoy muy segura del todo qué cosa lo haya inducido a tomar esta medida, a decir verdad. A mí sólo me dijo Antonio muy poco sobre esto, y dudo mucho que hostigándole vaya a conseguir algo más.
—Tiene un muy bien punto, Eli-san —respondió el otro. Eli dejó de observarle durante unos cuantos minutos, aun ponderándose algo que Kiku no lograba dilucidar. De hecho, éste estaba a punto de preguntarle qué rayos pasaba por su cabeza cuando ella pareció llegar a una conclusión muy simple, y a la vez, no tanto.
—Hay una posibilidad de que lo acepte, pero es muy poco factible que funcione —dijo para sí, todavía uniendo puntos que no lograban convencerla del todo—. Hay… una gran posibilidad, pero también hay otra gran posibilidad de que falle. Necesitaríamos la ayuda de Gilbert… y contactos.
—Bueno, ¿usted no me dijo que su tío, tenía contactos?
Eso pareció ser lo que le faltaba a Elizaveta por dilucidar, pues inmediatamente su rostro fue invadido por una sonrisa de triunfo.
— ¡Eso es, Kiku! —dijo tomándole las manos al otro, haciendo que éste alzase una ceja y la observara extrañado—. ¡Podemos utilizar los contactos de su tío y utilizarlos para hacer lo que se necesita hacer!
— Se refiere a… espere un poco, Eli-san, creo que me he perdido.
—Si Gilbert accede, podemos llevar a Feliciano a la fiesta de navidad de su madre, tienen permiso de un invitado.
—Pero… ¿cómo iremos nosotros, Eli-san?
—Bueno, su madre me conoce muy bien. En realidad, me han extendido una invitación aparte de la de Gilbert. Por lo que supongo estará bien esto, ¿qué te parece?
—Um… sigo sin comprender en dónde entra la ayuda de su tío, Eli-san —respondió dándole a entender que no todo en su plan era perfecto.
—Uh, bueno, verás… hay algo de Feli que pocos conocen, sino es que nadie —comenzó Eli, con aquella sonrisa de la que Kiku era demasiado familiar. Había algo que, durante todos aquellos años de conocerse, se le había olvidado mencionar, aparentemente. Kiku suspiró. No había nada más que esperarse de la húngara, a decir verdad.
—Lo que sea que haya que ver con Feliciano-kun, dígalo ya, Eli-san.
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Ludwig estaba leyendo un aburrido tomo de física. Su madre abrió la puerta sin previo aviso. Él no se giró a saludarla, estaba demasiado enfrascado leyendo.
— ¿Lu? —inquirió la dama al ver que su hijo no se dedicaba a saludar. El alzó la vista levemente sorprendido, más como una mueca que intentaba esconder irritación, el morderse los labios lo delataba—. ¿Estás seguro de que no vas a invitar a nadie? —asentimiento de cabeza—. Gil todavía no ha avisado a quién traerá, y Elizaveta confirmó su asistencia —otro asentimiento de cabeza—. Ella traerá un amigo suyo, ¿seguro que así estás bien?
—Totalmente —fue la única palabra que abandonó sus labios. La mujer decidió que era suficiente de intentar sacarle conversación a su hijo y soltó un suspiro cansino, levantándose de la cama.
—De acuerdo, iré a comprar unas cosas. Dentro de tres horas tendrás que estar abajo, listo para recibir conmigo a tu hermano y sus amigos. ¿Te quedó claro?
—Uhmm —asintió.
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Si Ludwig dijera que ya no se encontraba furioso con su hermano no sólo mentiría a las personas a su alrededor, puesto que lo que el albino le había escondido no había sido un libro, ni su objeto favorito, ni había dañado a alguno de sus perros, ni se había disfrazado de él, ni había hecho otros mil escenas de los cuales se podrían esperar de Gilbert, tan irrespetuoso e irresponsable como le parecía, despreocupado e imposible. Se hubiera esperado todo aquello, todo aquello y más. Pero no… no la tontería que le hizo, no el que lo utilizara como un reemplazo en el corazón de alguien.
—Bueno, Elizaveta dijo que se traería a un chico llamado Kiku y tu hermano dijo que traería a alguien llamada… Ali… Alicia, creo —Ludwig arqueó la ceja, pero no preguntó por la nueva chica de su hermano. No debía ser sorpresa que su hermano fuese a traerse a alguien con ése nombre, igual, suponía que habría una cara nueva a la que memorizarse… veremos si ella lograba hacer un cambio en él.
—Ya veo —asintió con la cabeza. Se fue a la cocina, tomó un vaso, lo llenó con agua del filtro y bebió con rapidez, sintiéndose repentinamente nervioso. Se tomó un par de minutos para descansar, y se preguntó cómo sería haber convivido con Wolfram, si es que sus padres no se hubieran divorciado. Si su padre no hubiera decidido irse a Italia de nuevo… muchísimas cosas, realmente.
— ¿Estás bien, Lu?
La voz de su madre estaba tintada de preocupación, y sabía que sólo la elevaría si no le respondía correctamente. — ¿Por qué nunca mencionaste a Bjӧrn? ¿Por qué fui el único que se vino contigo?
Su madre le observó un tanto nerviosa, era… un tanto complicado explicárselo.
—Era parte del acuerdo que tu padre y yo firmamos que yo al menos me quedaría a uno de los gemelos… eras muy pequeño para recordarlo, y probablemente con el paso del tiempo sólo recordaste a Gilbert por lo mucho que tu padre lo mencionaba…
Ludwig no tuvo tiempo de replicar aquello, en la puerta llamaban. Dejó el vaso en el fregadero y se aproximó a la puerta. Apenas abriéndose se encontró con un chico de baja estatura, cabello oscuro y mirada perdida. En cierta forma, le inspiraba a Ludwig miedo, aunque eso el rubio no lo admitiría.
—Buenas noches —saludó Ludwig, el otro hizo una reverencia con su cabeza, indicándole la misma cortesía.
—Buena noche.
—Supongo que tú eres… Kiku.
—Ha supuesto bien, Ludwig —se limitó a decir, asintiendo con la cabeza nuevamente. El rubio le imitó y alargó el cuello para ver quiénes más venían. Su hermano estaba abriendo la puerta del copiloto, y ahí estaba alguien sentada, sus manos jugaban inquietas en su regazo, su rostro estaba cubierto por la penumbra y difícilmente podría dilucidar algo de ella sólo viéndole desde aquella distancia.
—Y ella… —señalando al automóvil, Kiku siguió con la mirada la dirección que su dedo apuntaba—, debe ser Alicia, ¿no?
Kiku pareció dudar, pero al final asintió con la cabeza. —Efectivamente, veo que es tan listo como Eli-san me dijo que lo era —Ludwig decidió ignorar tanto el insulto como el "san" al final del nombre de la chica y dedicarse a intentar adivinar la identidad de la chica.
Al ver que no salía, Elizaveta salió de la puerta trasera y comenzó a hablarle al oído a la chica, ella pareció murmurarle algo y la chica, después de unos cuantos segundos de reticencia, asintió con la cabeza.
—Uh, perdona la descortesía, en seguida te enseño la sala —mencionó Ludwig, obligándose a sí mismo a regresar al invitado frente a él, y no a la misteriosa chica que seguramente poco le interesaría.
—No hay problema, debería ser yo quien se disculpara por la… eh, interrupción, sé que soy un completo foráneo en esta… familia suya —dijo, hablando también sobre Elizaveta, y por supuesto, los ligados a sangre. Ludwig asintió, no queriendo brindar más al asunto.
—Siéntate en cualquiera de los sillones, ¿te ofrezco alguna bebida? —no etílica, obviamente, pero además de eso podría prepararle algo, tenía ciertos talentos para la cocina (no como los que los hermanos Vargas poseían, ciertamente, pero—espera… ¿por qué pensaba en…?).
Kiku se lo pensó un par de minutos. —Un vaso de agua no le hace daño a nadie. Aunque si lo tienen, me gustaría un vaso con Ginger Ale.
Ludwig asintió con la cabeza y se dirigió a la cocina, donde se encontró a su madre terminando de preparar unos cuantos platos, los cuales Ludwig dirigió a la mesa y preparó con los cubiertos correspondientes. Se regresó a la cocina y sacó una botella de 600 de Ginger Ale, sin alcanzar a salir de la cocina, debido a que el chico por el que iba de la bebida estaba entrando. Se la entregó, el chico agradeció la bebida y salió de la cocina. Ludwig decidió que pasaría a su habitación a darse un último respiro y poder proceder con la reunión de acuerdo a lo que su madre esperaría de él.
Estuvo un par de minutos y después se disculpó debido a que había estado ausente en, aparentemente, un chiste que le contaran a su madre, puesto que estaba riéndose a más no poder. Observó a los invitados, los cuales estaban distribuidos en parejas (Gilbert y Alicia, Kiku y Elizaveta) en los sillones frente a su madre. Por la forma en la que su madre se reía, pudo identificar que era de algo que definitivamente Gilbert contó (sin contar el hecho de que su hermano era el único que hablaba alemán… dejemos a Elizaveta de lado por esta vez, ¿de acuerdo?).
—Y esa es la historia de… —se paró de abrupto al ver a Ludwig entrar a la sala, y por la expresión de su madre y los cuchicheos de Elizaveta y Kiku, podía saber de qué la historia iba. O bueno, quizá sólo estaba exagerando y su hermano era condescendiente con él e intentaba parecer más una persona normal que un bromista pesado. Lo que sea que fuere, los observó a todos y dio una pequeña disculpa por su tardanza.
—No sé si Madre les haya dicho, pero la cena ya nos está esperando en la mesa —comentó—, ahora, me gustaría que nos dirigiéramos a ella.
Estaba siendo formal, y se dio cuenta de que de aquella forma su madre no tendría aval con el qué regañarle, así que hasta ahí tenía ventaja. Todos hablaron entre sí un poco antes de asentir a su petición e irse levantando casi de inmediato al comedor, que tenía que ser cruzado primero por la cocina antes de llegar ahí. Todos llegaron ahí, se sentaron y comenzaron una charla de la cual, para la no sorpresa de nadie, Ludwig se mantuvo al margen durante la mayor parte de ésta. No les sorprendió que cada tanto pestañeara fingiendo sorpresa frente a una revelación o una anécdota, para después encogerse de hombros y volver a pellizcar con el tenedor su ensalada.
Cuando la comida se terminó y no tenían excusas para seguir en la mesa, su madre propuso que lo mejor sería continuar la conversación en la sala, que es donde realmente pertenecía la conversación. Ninguno se opuso, pusieron un tanto de canciones navideñas y la mujer les permitió el consumo de vino, sólo porque dentro de un par de horas sería Navidad y también porque no tenía muchos ánimos de tomar esa noche, así que podría vigilarlos bien. Los más tímidos en consumir fueron los invitados, fuera porque eran ajenos o porque no estarían acostumbrados (conociendo a los italianos lo poco que lo hacía, dudaba demasiado). Aunque no importaba, terminaron accediendo, y aunque ambos tenían un ligero sonrojo debido a, aparentemente, su "primera experiencia" (no lo dudaba de Kiku, realmente) con alcohol. Estuvieron conversando por más tiempo, Gilbert estuvo cantando desafinadamente (y no por la ebriedad, sino con el propósito de hacer reír) un mix muy raro de Santa Claus is coming to town.
Ludwig frunció el ceño al ver la forma en la que Gilbert tomaba a Alicia de la cintura, era un tanto… impertinente. ¿Es que no veía que había otras personas en la habitación? Giró la vista, incómodo de la desvergüenza de su hermano. Observó periféricamente, estaban Kiku y Elizaveta conversando en una lengua que no entendía, y su madre estaba en su habitación, atendiendo una llamada telefónica. Su vista, finalmente, se regresó a su hermano y notó que éste le decía algo en el oído a la chica. Alicia asintió con la cabeza y caminó hacia el umbral de la puerta que separaba la cocina de la sala.
Para cuando la mirada del alemán supo lo que se proponía la chica, su ceño ya se había arrugado más, con dos preguntas añadidas a su lista: ¿por qué diablos su madre puso muérdago? ¿Por qué ella se paraba ahí? Dirigió su mirada a su hermano, buscando respuestas, pero al increpar en sus ojos rojos, se encontró con un brillo pícaro y una sonrisa no menos santa que éstos.
Gilbert no le respondió, se levantó de su asiento y se acercó inmediatamente a Alicia, a quien, sin más preámbulos, besó en los labios. Kiku y Elizaveta abrieron los ojos con sorpresa, Ludwig gruñó con descontento—había que ser su hermano para ser tan indecoroso como lo era él—para después salirse por otra puerta y caminar hacia el patio trasero, pensando que tal vez un poco de aíre (como el respiro que se había tomado antes de comenzar la cena navideña), había sido.
Casi de inmediato escuchó pasos detrás de él. —Dissculpe si le hicimos incómodo, signore Luigi —su pronunciación y conjugación eran pésimas, por no decir que lo último lo digo en italiano, pero el esfuerzo era lindo.
—Tú eres… Alicia, ¿no?
—Sí.
—Tengo un par de preguntas para ti, Alicia —su pronunciación en italiano ciertamente no era mejor que la que la chica tenía del alemán, pero suponía que era más cómodo para ella, desde que poco sabría sobre otras lenguas.
—Uh… adelante.
— ¿Es ése realmente tu nombre? —la chica le observó confundida, como sea, Ludwig no le dio espacio para responder—. ¿O Bjӧrn te llamaba de esa forma?
Alicia frunció el ceño. —Sabes, lo haces sonar como si fuera mi culpa, y que te utilicé para algo.
—No me respondiste.
—…sí, ambas son afirmativas. ¿Alguna otra pregunta?
La vista de Ludwig se dirigió adentro, donde estaban su hermano, Elizaveta y Kiku, probablemente ya estaría abajo su madre. — ¿Ambas?
Alicia se ponderó la pregunta. —Es una larga historia. Si te gustaría… volver a verme, podría contártela, o decirle a… al tío Remo que te la cuente en persona, es con él con quien comprenderías mejor todo.
Ludwig asintió con la cabeza.
—Tengo… una última pregunta.
—Adelante.
— ¿Qué fue eso con Gilbert ahí dentro?
—… bueno, fue su idea. Gillie creyó que si te poníamos celoso, quizá, podrías… suena estúpido cuando lo dices en voz alta y lo repasas, ¿sabes?
Ludwig asintió. Alicia observó el suelo, incómoda.
—Ahora yo tengo una pregunta, Luddy —Ludwig asintió con la cabeza, señalándole que podía proceder—. ¿Por qué te regresaste a Alemania?
Ludwig observó adentro. —No podía creer que mi hermano me hubiera ocultado algo así. Me daba la impresión de que… de que no me tiene confianza. Y en cierta parte, de que tampoco le importó Bjӧrn, lo evadía muy fácilmente.
—Entonces… ¿no fue porque te dije "Wolffie"?
—Fue el detonante, pero no la decisión definitiva, no.
Alicia dio un paso al frente, bajó la vista y jugó nerviosa con sus manos. Se mordió el labio, nuevamente nerviosa, preguntarlo era difícil, eso lo podía notar Ludwig, aun cuando no sabía qué era lo que la chica esperaba preguntarle.
— ¿Puedo besarte? —Ludwig sonrió, el sonrojo en las mejillas de la chica era quizá sólo de la mitad del de las suyas. Se agachó un poco (mucho, en realidad) y acarició sus labios con los suyos. Cuando se separaron, escuchó un par de "Aww's" y se giró para ver a Elizaveta, Kiku y a su hermano espiando desde la entrada a la casa, el foráneo con una cámara. Ludwig arqueó una ceja, soltó un suspiro y se resignó a que los amigos de su hermano eran, en extremo, raros.
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— ¿Realmente mi habitación es la única disponible?
—Bru, sólo hay una habitación de invitados, y esa se la acapararon la marimacha y Kiku. ¿O esperas que se duerma en mi habitación?
—Bueno, veía más… uh, de sentido común que Kiku viniese a mi habitación y que Elizaveta y Alicia se quedaran ellas la habitación de invitados.
Gilbert soltó una carcajada y tuvo que sostenerse del umbral de la puerta para no caerse al suelo.
—Ay Bru, —exclamó limpiándose una lágrima— créeme que de no ser por las revistas debajo de tu cama, te habríamos canonizado desde hace años. Eres más recatado que una doncella en pleno barroco.
Ludwig sintió de inmediato cómo sus mejillas se enrojecían y la risa de su hermano volvía estrepitosamente.
—Si te preocupa mucho, no le he hablado de ellas —le guiñó el ojo—. Como sea, realmente no hay habitaciones disponibles.
—Esto… si estoy provocando muchas molestias, podría pedirle a mi tío que me permitiese quedarme en su casa de Berlín. Está cerca del centro, no está muy lejos… —soltó de repente una vocecita que los asustó a ambos. Alicia acababa de ponerse el pijama y se había quitado las extensiones (cosa que hasta ahora Ludwig notó, lo de que las utilizaba, obviamente).
…Espera… espera… espera. ¿Es que dijo centro de Berlín? Gilbert y Ludwig se miraron entre ambos, arqueando una ceja, ¿no era esa el área de mayor, uh, cantidad de personas con casas opulentas? …¿en qué dijo que trabajaba su tío, de nuevo?
—Eh… no, no hay necesidad realmente —dijo Ludwig, recuperándose del estupor que las palabras de la chica le habían provocado—. S-supongo, que puedes quedarte en mi cuarto —y yo me ofrezco a dormir en el suelo, quería decir, pero las palabras no salían de su boca.
En la habitación de invitados, estaban Elizaveta y Kiku muy ocupados discutiendo del cómo sus OTPs se estaban volviendo realidad. En japonés, para no ser regañados.
—Ahora sólo… necesitamos que aparezca alguien para estar con Gilbert-san y… uh, supongo que el unir a Roderich-san y a Vash-san va en progreso, ¿qué le dijo Lili-chan?
—Bueno, me mencionó que Rod ha ido muy recientemente a su casa, así que todo va muy bien.
Hubo un minuto de silencio en el que ninguno de los dos supo qué decir. Para liberar un poco todo aquello, Elizaveta tomó la mano de Kiku, éste la apretó ligeramente.
—Eli-san.
— ¿Sí?
—Nunca le pregunté… —tomó una pausa—, ¿cómo es que usted sabía lo de Fel… lo de Alicia-san?
Elizaveta dejó de observarle para ver al suelo y sonreír, sintiéndose tremendamente reminiscente. Con su pulgar acarició la mano del nipón y se preparó para hablar.
—Bueno, cuando teníamos unos… cuatro, cinco años, ella venía muy seguido a mi casa, y yo a cada rato me quejaba de mi ropa, así que se la probaba a ella.
—Y… ¿quién más lo sabía?
—Um, creo que su tío, Wolfram… y antes de lo de Wolfram, hace unos nueve años, Lovino. Eso fue algo que me hubiera gustado ver.
Kiku asintió con la cabeza, después, analizando los nombres que la chica había enlistado, enarcó una ceja.
—Espere, ¿entonces Rómulo-dono no lo sabía? —a Elizaveta le daba risa el alto respeto que el nipón le daba al hombre, pero se mantuvo callada y asintió con la cabeza—. ¿Por qué?
—Bueno, era peligroso que él lo supiera. Es una larga historia, mejor te la diré en la mañana. ¿Vale?
—Sí, está bien. Oyasuminasai, Eli-san.
—Oyasuminasai, anata. —dijo dándole un beso en la frente, haciendo que se pusiera todo rojito.
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— ¿Ya todos están dormidos?
Gilbert observó a su madre, pensó unos minutos y asintió con la cabeza.
—Dudo que la marimacha vaya a hacer algo en casa ajena, así que sí.
—Gilbert, tenle respeto, es una dama.
—Bueno, dudo que Elizaveta vaya a hacer algo en casa ajena.
— ¿Y qué hay de Alicia?
—Supongo que estarán bien, sólo echa un vistazo.
Abrieron ligeramente la puerta, y aunque el cuarto estaba con las luces apagadas, la Luna estaba dándoles de lleno. Ludwig estaba abrazando a Alicia por la cintura, mientras ella dormía casi o más profundamente que él.
—Gracias por quedarte a ayudarme, Gilbert.
—Alguien debía ayudar, mutti, ellos estaban muy en sus mundos como para hacerlo. Como sea, yo ya me iré a dormir.
—Ja. Ten una buena noche.
Notas finales: ¿A que nadie se la esperaba? Seeeh, bueno pues, es que soy demasiaaaaaaaado obvia, que a veces no puedo contenerme.
Em… bueno, como ya se los dije arriba, y se los dije en el capítulo dos y probablemente en el tres, nadie intente asesinarme, que desde el inicio la trama estaba creada… sí, incluso todo el fluff innecesario que presenciaron en este capítulo y, probablemente, en el pasado.
¿Por qué nadie sabía que era Alicia? Bueno, no puedo haceros spoilers. Pero pueden intentar adivinar. All in due time, Shintarō (Por favor, imagínense que leyeron Set Fire to the Air al igual que yo, y que entienden la broma), ¡esperen al epílogo!
De verdad, no me maten por favor.
¡Lamento la larga espera! Pero en serio, no quería ni tocar la computadora en todo diciembre, o al menos a partir de la semana dos… lo cual no mejora el panorama en lo absoluto, siendo que debía traer esto en navidad. ¡Perdónenme, por favor!
Ah, y sí, adivinaron bien; aquellas no eran las OTPs de Kiku y Elizaveta, eran mías. ¡Incluso el Hondaveta! (Son hermosos :3)
De verdad, gracias a todos ustedes por seguir la historia, y por aguantar mis estupideces en cada episodio (aunque bueno, si os advertí que era parodia desde el inicio, no se hubieran quedado si no eran por esas estupideces, ¿o sí?)
¡Los amo!
—gem—
