Disclaimer: Ni los personajes ni el FanFic me pertenecen. Solo tengo crédito por la traducción y adaptación al español.
Ver las notas finales para dirigirse al fic original en inglés y al blog de la autora.
Traducción realizada con permiso de la misma.
MUSICA USADA:
(1)Programa libre de Viktor : Love Story (Piano & Violin Duet)
por Francis Lai, lyrical version cantada originalmente cantada por Andy Williams
Recuerden que las canciones de los programas son una parte muy importante de la historia a medida que se avanza. La autora las ha buscado con mucha dedicación. Por eso les recuerdo escucharlas si así lo desean. Así tal cual está en el titulo aquí, así la encuentran en Youtube. No se arrepentiran :)
Esta vez les recomiendo escuchar la cancion desde que sale, hasta el final del cap. :)
Capítulo 13: The Wrong Direction
Lo primero que hizo Yuuri ni medio llegó a Detroit, fue contarle todo a Phichit.
Su amigo ya se encontraba esperando por él cuando volvió al apartamento, exhausto por el largo vuelo y aún mentalmente sacudido por las revelaciones del día anterior. La nota que Yuuri le había dejado a Phichit había sido breve, solo explicándole que iría a ver la final del Campeonato Europeo, pero sin justificación alguna del por qué. Phichit debió haber sido capaz de descifrarlo por sí mismo, además Yuuri ya tenía pensando explicárselo por completo una vez que regresara, incluso antes de tener aquellas revelaciones que habían puesto su mundo de cabeza. Y ahora tenía mucho más que contarle.
Después de haberle escondido a su amigo aquel secreto, y luego que le hubo contado a Phichit todo lo que sucedía entre él y Viktor, Yuuri le había hecho la promesa de contarle todo lo que sucediera en adelante y no rompería ese pacto. Yuuri mayormente no quería tratar el tema o profundizar en el, tampoco había hablado de sus sentimientos antes, ni siquiera los había analizado de cerca por sí mismo. Pero aun así tenía que contarle los hechos a Phichit, mantenerlo actualizado con todo. A cambio, Phichit le brindaría todo el apoyo que Yuuri no se había percatado que necesitaba sino hasta que finalmente lo había tenido.
Phichit siempre sabía que decir con exactitud, aunque constantemente se encargaba de hacer notar su falta de convencimiento con respecto a la "no-relación" que Yuuri tenía con Viktor. Cuando Yuuri le había confesado todo lo que pasaba a Phichit hace ya varios años, su amigo le había advertido con respecto a permitir que las cosas fuera demasiado lejos, le había advertido que continuar la "relación" que tenía con Viktor llegaría a complicarle las cosas en maneras que aún no podía entender. Y ahora parecía que Phichit había tenido toda la razón, y Yuuri se preguntaba si el muchacho ya sabía lo que iba a suceder. Si sabía que Yuuri sería incapaz de mantener su corazón bajo llave y que eventual e inevitablemente se enamoraría del hombre que había roto su corazón y que ahora tenía el poder para hacerlo de nuevo.
Pero a pesar de no estar convencido de lo que pasaba, Phichit nunca había juzgado a Yuuri ni a sus decisiones, siempre había estado allí para escucharlo y para brindarle un hombro sobre el cual llorar. Yuuri sabía que podía confiar en él sobre cualquier otra persona. Así que tan pronto como reconoció sus propios sentimientos, esos sentimientos que habían estado creciendo en él durante años sin que se percatara de ello, lo primero que hizo fue sentarse y explicarle todo a su amigo.
Le llevó bastante tiempo. Yuuri derramó su alma por completo, no dejando fuera ningún detalle. Habló de cómo sus sentimientos habían crecido y como habían cambiado a través de los años. Como al inicio los había ignorado, rehusándose a reconocer el cambio en ellos hasta que fue forzado a confrontarlos de una vez por todas. Le contó acerca de cómo Viktor lo hacía sentir, la dulce felicidad de estar cerca de él combinada con el dolor de saber que el ruso no era suyo y que lo que tenían no estaba hecho para durar. Su deseo por tener más, por querer algo más fuerte. Le contó de sus miedos, aquellos miedos que lo carcomían día a día y que estaban enredados con cada cosa que hacía y decía. Le habló de todo lo que se le vino la cabeza hasta que finalmente se quedó sin palabras y ya no quedaba por decir nada más que una frase final, la culminación de todo.
—Estoy enamorado de Viktor —. Concluyó, observando cuidadosamente la reacción de Phichit. Su amigo conocía todo acerca de su sórdida historia con Viktor, sabía que tan profundamente le había afectado a Yuuri. Le había advertido varias veces que continuar esta situación con Viktor era una mala idea. Que basándose en lo que Yuuri le había contado, esto solo podía terminar con un corazón roto.
—Lo sé —. Respondió Phichit, brindándole a Yuuri una pequeña sonrisa. Había una complicada mezcla de emociones en su rostro, un poco de tristeza, un poco de felicidad, y un poco de resignación. —Lo llevo sospechando ya desde hace un tiempo.
— ¿Qué? — Yuuri lo miró tontamente, no entendiendo totalmente la respuesta de su amigo. — ¿A qué te refieres con que lo sabías?
—Me refiero a que sé que estás enamorado de Viktor. Ya lo había sospechado, he tenido mis sospechas por años —. Phichit levantó su mano para apretar el hombro de Yuuri en un gesto de confort, deslizándose junto a él de modo que estuvieran más cerca. —Sé que dices haberte percatado de ello recientemente, pero llevas enamorado de Viktor por mucho tiempo. Se nota en la forma en que hablas de él, en como lo miras, las cosas que haces por él. Tendría que estar ciego para no darme cuenta.
—Pero… ¿Por qué no me lo dijiste? — Soltó Yuuri, aún un poco perdido. —Si creías que estaba enamorado de Viktor ¿por qué no me lo dijiste?
— ¿Por qué no te conté acerca de tus propios sentimientos? —Phichit levantó una ceja juguetonamente y Yuuri sintió su rostro calentarse un poco. Si Phichit lo ponía de esa manera sí que sonaba estúpido, pero su punto se mantenía aún.
—Yuuri, los sentimientos que tenías por Viktor eran algo de lo que tenías que darte cuenta tu solo. Yo tenía mis sospechas de lo que estaba pasando, de que te habías enamorado de él; pero tu continuabas insistiendo en que no significaba nada, que no era nada. Que aún continuabas sintiendo lo mismo de siempre. Contártelo solo lo hubiera hecho peor, hubiera hecho mucho más difícil el que pudieras aceptar tus sentimientos. Digo, ¿Puedes decirme honestamente que no hubieras reaccionado mal si te hubiera dicho que estabas enamorado del hombre que continuabas insistiendo en que odiabas?
Yuuri sabía exactamente a lo que Phichit se refería. Si su amigo hubiera intentado decirle que estaba enamorado de Viktor, Yuuri lo hubiera negado. Hubiera rechazado la idea por completo, se hubiera sentido traicionado por su amigo y solo hubiera hecho mucho más complicado que a la larga pudiera aceptar sus sentimientos. Por años, Yuuri se había mantenido inflexible en que lo que tenía con Viktor en realidad no significaba nada y que nada podría salir de ello. Aceptar este hecho ya había sido difícil incluso cuando lo había descubierto por sí mismo. Si alguien más se lo hubiera informado, él les hubiera refutado y habría tachado a la idea de ridícula, no había duda alguna de ello.
—La única forma en que aceptarías que te habías enamorado de él, era si lo descubrías por ti mismo —. Continuó Phichit, Yuuri asintió con su cabeza en señal de entendimiento, porque era la verdad. Puede que haya necesitado un empujón por parte Yuri Plisetsky, ese ultimátum que le había dado, para dar inicio al proceso; pero el descubrimiento había sido cosa suya.
—Y si nunca lo descubrías, sería porque realmente nunca lo amaste, y yo hubiera estado equivocado —Terminó de decir Phichit. —Si tú realmente lo amabas, te ibas a dar cuenta de ello tarde o temprano. Pero tenías que hacerlo solo cuando estuvieras listo para aceptarlo. No podía decirte mis sospechas, no podía presionarte porque eso lo hubiera hecho peor. Es tu vida Yuuri. Tus sentimientos, tu elección. Nadie puede hacerlo por ti.
Como siempre, Phichit tenía razón, y Yuuri nunca dejaría de estar agradecido por haber encontrado un amigo como él. Phichit había estado allí para él durante tantos años, brindándole apoyo y consejo. Y tenía razón. El descubrimiento de que amaba a Viktor era algo que Yuuri tenía que hacer por sí mismo cuando finalmente estuviera listo para reconocerlo y aceptarlo. Pero ahora que ya lo sabía…
— ¿Que debería hacer? — Preguntó, sabiendo la respuesta de antemano pero aun así deseando escucharla de su amigo. —Ahora que lo sé ¿Qué debería hacer?
—Decírselo —. La respuesta de Phichit fue inmediata y sin vacilación. —Necesitas decírselo.
Era solo una confirmación de lo que Yuuri ya sabía, pero al mismo tiempo se sentía bien escucharlo de Phichit. Desafortunadamente, eso no hizo nada para aminorar el terror que lo llenaba ante la idea de confesarle sus sentimientos a Viktor.
—Si estás enamorado de él no puedes continuar haciendo las cosas como hasta ahora. Solo terminarás con el corazón roto, y Dios sabe que te he visto llorar por el hombre lo suficiente cuando eras más joven como para querer que pase de nuevo. Has pasado mucho tiempo siendo solo una aventura fácil para Viktor, pero esa fue tu elección y yo no podía detenerte. Pero ya no puedes seguir haciendo eso. Ambos necesitan seguir adelante, de un modo u otro. Necesitas decirle que lo amas, y si le importas, entonces él se comprometerá a estar solo contigo. Y si no, entonces necesitar terminar esta situación con él o terminarás peor.
Yuuri no se podía imaginar siendo capaz de renunciar a Viktor alguna vez, no se podía imaginar dejándolo ir sin importar cuales fueran los verdaderos sentimientos del ruso por él. Pero Phichit tenía razón. Si las cosas continuaban como hasta ahora, bajo la fachada de una aventura casual cuando el corazón de Yuuri clamaba por más, eso lo mataría lentamente. Ya de por sí había sido lo suficiente mente duro vivir con ello cuando aún no estaba consciente de sus propios sentimientos. Y ahora que sabía que estaba completa, profunda e irrevocablemente enamorado de Viktor, estar tan cerca de él pero sabiendo que no podía tenerlo, sería mucho más que doloroso.
— ¿No que no te agradaba Viktor? —Escogió preguntar su amigo, direccionando la conversación hacia otro lado para tratar de eliminar los pensamientos acerca de vivir en aquel agonizante limbo.
Phichit se quedó callado por un momento, pensativo.
—Odiaba a Viktor por lo que había hecho — Dijo Phichit eventualmente. —Por lo que te había hecho a ti. Tal vez no recuerdes el modo en que eras antes Yuuri, pero yo sí lo hago. Estabas tan enojado todo el tiempo por fuera, tan lastimado por dentro, y no había nada que yo pudiera hacer para arreglarlo. Y todo eso fue culpa de Viktor. Pero luego empezaste a acostarte con él y yo estaba seguro de lo que iba a pasar después, porque tú eres tú. Tú no tienes aventuras casuales, no creo que pudieras hacerlo aun si quisieras. Simplemente no es parte de ti. Y cuando amas algo, lo amas con toda tu alma y corazón, y estabas dándoselo todo al hombre que ya te había arruinado una vez. Así que tenía miedo. No podía detenerte, pero tenía miedo de lo que pudiera pasarte.
Phichit se movió más cerca de él y lucía más serio de lo que jamás había estado.
—Odiaba a Viktor por lo que te hizo. Pero Yuuri, has cambiado tanto durante estos años. Ya no estás enojado. Estás patinando por que amas patinar, no te reprochas a ti mismo por cada error que como lo hacías antes. Y estás feliz. No creo que haberte visto nunca tan feliz como lo eres ahora, y todo eso es por Viktor.
Phichit le sonrió ligeramente, sostuvo la mano de Yuuri con la suya y Yuuri pudo ver lo honesto que estaba siendo, lo mucho que le importaba a su amigo.
—Viktor te hace feliz. Nunca lo he conocido personalmente y solo sé lo que tú me has contado de él, además quisiera golpearlo por todas las cosas que te ha hecho pasar durante todos estos años y que al fin se enfrente a las malditas consecuencias. Pero él te hace feliz. Y yo quiero que seas feliz Yuuri. Todos lo queremos. Así que si estar con Viktor es lo que quieres, entonces haré todo lo que esté en mi poder para que eso suceda.
Yuuri podía sentir como la opresión en su garanta y la humedad en la esquina de sus ojos tomaban lugar, así que jaló a Phichit dentro de un abrazo, casi aplastando al otro patinador. Phichit le devolvió el abrazo, pasando su mano tranquilizadoramente por su espalda, y Yuuri se aferró a él. No había hecho nada lo suficientemente bueno en esta vida como para merecer un amigo como Phichit, pero Yuuri nunca dejaría de estar agradecido con el mundo por habérselo brindado de todas formas.
—Gracias —. Le dijo, y su voz se quebró en las últimas sílabas.
Se separaron eventualmente, y después de unos segundos, Yuuri dejó salir aquellas preocupaciones que la conversación no había podido disipar. Aquellas que lo estaban carcomiendo por dentro y que hacían que la idea de declararse se volviera una pesadilla completa.
— Pero ¿qué pasa si él no me quiere? ¿O si no quiere conformarse solo conmigo? Quiero decir, él es Viktor, puede tener a quien él quiera aun si está conmigo. ¿Qué pasa si no quiere renunciar a todo eso para quedarse solo conmigo?
—Entonces lo terminas —. Dijo Phichit con aire de ultimátum en su voz. —Porque mereces mucho mas que alguien que no puede corresponder tu amor del mismo modo en que tú lo amas. Pero Yuuri, no creo que eso vaya a pasar.
Al ver la interrogante mirada de Yuuri, Phichit continuó.
—Yuuri, ¿Cuánto tiempo llevas en esto con Viktor? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que todo empezó?
Yuuri no podía ver la relevancia en la pregunta, pero hizo que su mente retrocediera tiempo atrás, contando los años desde aquella noche en el Campeonato Mundial donde todo había comenzado y cambiado su vida para siempre.
—Hace casi ya tres años, creo —. Dijo finalmente y Phichit asintió con su cabeza, luciendo satisfecho.
—Tres años. Eso es mucho tiempo.
—Pero apenas y nos vemos —. Protestó Yuuri, porque aunque era cierto que ya había pasado mucho tiempo, el tiempo que habían pasado juntos en realidad era muy poco. Pequeños momentos juntos y eones de distancia.
—Aun así Yuuri, son tres años. Esa no es la cantidad de tiempo que le das a alguien con quien solo llevas una relación casual. Si esto realmente no significara nada para Viktor, ya se hubiera aburrido y marchado hace mucho.
—Además —. Continuó Phichit cuando Yuuri abrió su boca para protestar. —Si solo fueras un conveniente revolcón para él, eso no explica lo que pasó en Moscú. Te dejó quedarte en su apartamento Yuuri. Te dejó entrar a su vida y definitivamente no te tuvo allí solo por sexo. Eso no es algo que haces por alguien con quien solo tienes una relación casual.
Había una cierta lógica en las palabras de Phichit y Yuuri las repasó en su mente, tomándolas en consideración.
—Tú crees… ¿Crees que él me ame Phichit? —preguntó finalmente y su voz sonaba diminuta, vacilante. Deseaba con desesperación que fuera cierto, pero no estaba seguro. Nunca lo estaba.
—No sé si él te ama —. Respondió Phichit. —No sé qué tan profundos sean sus sentimientos, pero sé que deben existir. Creo al menos que tiene el potencial de amarte, Estoy seguro de eso. Y creo que los dos realmente pueden crear algo bueno con esto, solo necesitan darse la oportunidad. Dile que lo amas, habla con él apropiadamente. Deja de huir de tus sentimientos, porque sé que eso haces y no es saludable. Necesitas tener una conversación real con él, cuéntale todo como me lo contaste a mí, y luego mira que te dice. Dale una oportunidad Yuuri. Luego podremos trabajar a partir de eso.
Yuuri sabía que tenía la tendencia de ignorar sus sentimientos, de alejar a las personas en lugar de lidiar con ello como debería. Después de todo, le había tomado bastante tiempo descifrar sus sentimientos por Viktor, y siempre habían tantas cosas aún no dichas entre ellos. Habían hablado, sí. Finalmente le había dicho a Viktor lo que tenía que decirle, pero no habían propiamente hablado. Yuuri no había querido pensar en el pasado, no había querido hablar para arreglar las cosas y había dejado espacio para que sus preocupaciones volvieran al trepar en él, tan maliciosas como siempre habían sido. Era solo que había suficiente duda e inseguridad como para hacer que el pensamiento de confesarse fuera aterrador.
—Pero ¿Y qué pasa si no? —preguntó Yuuri porque, a pesar de que las palabras de Phichit habían calmado un poco su temor, este aún se encontraba muy presente en lo profundo de su mente. —O ¿Qué pasa si sí me ama, pero no lo suficiente? ¿Qué si solo quiere continuar del modo en el que estamos ahora? ¿Qué tal si no quiere una relación conmigo? — "¿Qué tal si rompe mi corazón otra vez?" eran las palabras que permanecieron no dichas, pero que sin embargo colgaban en el aire en medio de ellos.
—Entonces me aseguraré de que nadie nunca encuentre su cuerpo —Bromeó Phichit, empujando su hombro suavemente contra el de Yuuri y causando que este soltara una risa estrangulada, el humor rompiendo un poco la tensión en la habitación.
—Pero en serio Yuuri, si no te quiere entonces sigues adelante con tu vida. Paras todo este asunto y lo dejas ir. Eres asombroso y te mereces el mundo entero, y si él no puede ver eso, entonces no te merece.
—Entonces se lo digo —. Dijo Yuuri, y pudo sentir la resolución en su propia declaración, la decisión en sus palabras. Ya le había dado a Viktor el poder de destruirlo una vez y Viktor lo había derribado sin pensarlo dos veces. Que Yuuri le volviera a dar ese mismo poder otra vez, era una locura. Y aun así Yuuri le había ofrecido su corazón voluntariamente y sin arrepentimientos, así que todo lo que podía hacer ahora era darle una oportunidad y rezar por que Viktor no lo rompiera de nuevo.
—Se lo dices —. Respondió Phichit. —Y espero que tome la decisión correcta.
Las palabras de Phichit persiguieron a Yuuri durante las siguientes semanas y las repasó una y otra vez dentro de su mente mientras pasaba el tiempo. Estuvo distraído durante el Cuatro Continentes, tanto que algunas personas empezaron a hacer comentarios sobre ello, pero a Yuuri no podía importarle menos. Su mente estaba demasiado enfocada en el Campeonato Mundial y en la persona que lo estaría esperando allí.
Se debatió por un tiempo la idea de declarársele a Viktor en ese mismo instante, pero eventualmente la había desechado. Tal como Phichit tan acertadamente había dicho: "Sin importar lo mucho que ame el poder de las redes sociales Yuuri, creo que esta es una conversación que deberían tener en persona." Yuuri sabía que tenía razón. De otro modo, nunca sería capaz de reunir el coraje necesario para confesársele a Viktor, y hacerlo desde la distancia le daba chance para entrar en pánico y huir. Tampoco podía simplemente aparecerse en la puerta de Viktor y confesársele así de la nada. Así que tendría que esperar al Campeonato Mundial en donde sabía que Viktor también estaría.
Pero mientras más se acercaba la fecha, mas crecían sus preocupaciones.
Estaba seguro que Viktor ya no lo odiaba. Por la forma en que actuaba Viktor, Yuuri podía notar que eso había cambiado hace mucho tiempo. Pero no podía estar seguro de que los sentimientos del ruso iban más allá de eso. Viktor nunca le había mencionado nada, y seguramente si quisiera una relación con Yuuri, si se preocupara por él, ya le hubiera dicho algo ¿verdad? A menos que hubiera algo que lo estuviera reteniendo, una razón que Yuuri no podía ver ni entender y que le impedía al ruso revelar lo que sentía, tal como a Yuuri lo había detenido la ceguera a sus propios sentimientos.
Pero por otro lado, ¿Que pasaría si Viktor no sentía lo mismo? Si solo estaba con Yuuri por pura conveniencia tal como las partes más oscuras de su mente le susurraban en sus peores días. ¿Que pasaría si Viktor no quería renunciar a todo por Yuuri, que pasaría si no quería comprometerse a una relación solo con Yuuri y ser suyo del mismo modo en que Yuuri había sido de Viktor por años? ¿Que pasaría si quería continuar como hasta ahora? Cerca, pero no lo suficientemente cerca, y con un tiempo límite que se les estaba acabando. Tener una relación, una relación real, entre ellos; sería difícil. Vivían en países separados después de todo; sacarla adelante tomaría, tiempo, esfuerzo y compromiso, Viktor podría no querer ese tipo de molestia en su vida. O ¿Qué tal si la confesión de Yuuri lo alejaba? ¿Qué tal si la fuerza de los sentimientos de Yuuri hacía que Viktor terminara todo lo que tenían? Yuuri no estaba seguro de poder sobrevivir si perdía a Viktor para siempre, si Viktor le rompía el corazón una vez más.
Cuando el campeonato Mundial finalmente comenzó, las emociones de Yuuri se transformaron en pánico total. Había pasado tanto tiempo huyendo de sus sentimientos, y si confrontarlos había sido difícil, la idea de tener que decirlos en voz alta era aterradora.
A pesar de haber estado tanto tiempo separados, Yuuri no tuvo la oportunidad de ver a Viktor sino hasta los programas cortos. Celestino y él llegaron tarde a Tokio, así que Yuuri no tuvo la oportunidad de escaparse para encontrarse con Viktor. En lugar de eso, Yuuri se vio forzado a esperar hasta que la competencia empezara al día siguiente.
Incluso en ese momento, el poder estar con Viktor fue difícil. El ruso y él estaban constantemente rodeados de personas, ya fueran otros patinadores, entrenadores, la prensa, fans, y en fin; un sin número de caras a su al alrededor, siempre observando. Yuuri no podía decir nada enfrente de ellos, no había manera de que estuviera listo para eso. Declararse a Viktor ya era de por si lo suficientemente difícil. Hacerlo en frente de todo el mundo, sería imposible.
El tiempo pareció volar, no pudiendo contar con oportunidad alguna de una conversación privada, y Yuuri se encontró preparándose para su programa corto demasiado pronto, alentado por los estruendosos gritos de la audiencia.
El Campeonato Mundial de este año se llevaba a cabo en Tokio, lo cual significaba que Yuuri estaría patinando en su tierra natal. Y se notaba. El estadio entero estaba lleno de banderas Japonesas, pancartas con su nombre impreso en ellas, su rostro mostrándose en los posters esparcidos entre la multitud. La audiencia estaba siendo mucho más entusiasta que durante el NHK Trophy, y Yuuri casi pudo sentir la presión de la expectativas aplastándolo cual fuerza física en medio del lugar.
Todos querían que su campeón se llevara el oro a casa una vez más, querían verlo enfrentarse contra la Leyenda Rusa y ganar como ellos sabían que podía. A través de los años, Yuuri se había vuelto mucho mejor lidiando con la presión de las competencias gracias a la ayuda de Phichit, Celestino y su terapeuta, pero eso no lo hacía completamente inmune a los nervios que lo estaban destrozando mientras se preparaba para entrar al hielo.
Viktor estaba parado en el sector de la banca junto a su entrenador, un poco alejado de Yuuri, quien se preparaba para patinar. Realizando sus últimos repasos y calentamientos para el programa corto. Yuuri lo observó mientras se dirigía a la pista, bebiendo de cada detalle en el rostro de Viktor. Estaría patinando esta rutina para Viktor después de todo, y quería ver al hombre apropiadamente antes de ello, aun si con esos miles de ojos observándolo no podía decirle lo que tan desesperadamente estaba deseando.
Viktor levantó sus ojos, pareciendo sentir la mirada de Yuuri sobre él, y su rostro formó una sonrisa. Estaban separados por varios metros, pero aun así estaban lo suficientemente cerca como para que Yuuri alcanzara a escuchar la voz de Viktor incluso en medio del rugido del multitud.
— ¡頑張って Yuuri! — Le gritó Viktor, y Yuuri quedó un poco perplejo al escuchar el sonido de su lengua materna saliendo de los labios el ruso. Las palabras salieron ligeramente distorsionadas, el acento ruso de Viktor siendo más notorio para Yuuri cuando estaba presente en el lenguaje que había conocido desde niño. Pero a pesar de lo raro que se escuchaba, el sonido era extrañamente placentero, el ritmo ruso en las palabras enviando escalofríos por su espina dorsal.
—Удачи Viktor—. Le dijo en respuesta, deseando regresarle sus deseos. Yuuri había empezado a aprender ruso secretamente cuando era un niño, esperando un día ser capaz de usarlo con su ídolo. Había sido increíblemente difícil y Yuuri solo había podido captar una cierta cantidad de frases, la mayoría de ellas completamente inservibles. Pero a pesar de todo, se habían quedado adheridas a su memoria a través de los años, y era extrañamente irónico finalmente tener la oportunidad de darles uso.
Los ojos de Viktor se iluminaron ante sus palabras, pero a su lado su entrenador frunció el ceño, ladrando algo en ruso y jalando el brazo de Viktor, prácticamente arrastrándolo de fuera de allí. Algunos de los fans alrededor de Viktor parecieron haber captado el pequeño intercambio de palabras y el sonido de susurros comenzó, muchos de ellos lanzándole miradas confusas a Yuuri, o a Viktor quien se retiraba del lugar.
Yuuri se dio vuelta, tratando de forzarse a sí mismo a no prestar atención, pero solo teniendo éxito a medias.
El ver a Viktor había ayudado a que sus nervios se calmaran un poco, y cuando finalmente se dirigió al hielo para realizar su rutina, pudo pasar a través de estos. Patinando al ritmo de la música y permitiendo hundirse en la sensación familiar que le traía. No todo fue perfecto, no como lo había sido en la Rostelecom Cup, pero la rutina se había sentido cómoda y sencilla, y Yuuri se dio cuenta que le tomó relativamente poco esfuerzo el invocar las imágenes que necesitaba regresar al estado mental que necesitaba. Los gritos y jadeos de la audiencia eran una distracción y Yuuri casi deja que la presión se lo llevara por momentos, pero peleó contra ello al hacer un esfuerzo consiente para calmarse a sí mismo y realizar la mejor presentación que pudo.
Una vez que la música terminó, Yuuri se permitió beber de los elogios que la audiencia le lanzaba, sonriendo y moviendo su mano hacia el público cansadamente. A pesar de que su rutina no había sido completamente perfecta, igual había estado excelente y llena de pasión, lo cual se reflejaba en los resultados. El alto puntaje enviándolo inmediatamente hasta la cima de la tabla de posiciones.
Habían otros patinadores que se presentaban antes de Viktor, así que Yuuri usó ese tiempo para apaciguar a los reporteros, dando unas cuentas declaraciones y entrevistas rápidas para poder sacárselos de encima. Luego, Celestino y él se dirigieron hacia las gradas para ver las últimas presentaciones.
Estar observando a los otros patinadores era extraño. Durante mucho tiempo su enfoque había estado dedicado a Viktor y solo a Viktor, pero el descubrimiento de que Viktor no patinaría para siempre le había puesto las cosas en una nueva perspectiva. Cada año había nuevos patinadores ascendiendo por las categorías, y ellos continuarían patinando mucho después que Viktor se hubiera retirado. Incluso después que el mismo Yuuri. La idea del retiro de Viktor le había hecho pensar mucho en el suyo propio. Tenía veintitrés, no lo suficientemente mayor como para verse forzado a retirarse, pero si lo suficiente como para que las personas no se sorprendieran si lo hacía. Los patinadores solo competían por un corto periodo de tiempo, y así como Viktor algún día tendría que retirarse del patinaje de una vez por todas, así mismo lo tendría que hacer Yuuri.
¿Quién se pararía en el podio cuando ambos se hubieran ido? Había una gran cantidad de patinadores jóvenes y entusiastas que con gusto reclamarían el título. El patinador Kazajo que se encontraba patinando mientras Yuuri andaba sumido en sus pensamientos era definitivamente uno de ellos, talentoso y con un estilo de patinaje único que lo llevaría lejos. Y él solo era uno de muchos. Sus batallas continuaran durante mucho tiempo después de que Viktor y Yuuri se hubieran retirado y eso, aunque era un pensamiento extraño, no le parecía triste en lo absoluto.
Yuuri no estaba seguro de lo que haría cuando se retirara. Aún tenía una buena cantidad de años por delante para patinar, así que no había necesidad de preocuparse. Tendría muchas oportunidades incluso después de dejar las competencias, al igual que Viktor. Pero no sería lo mismo.
Necesitaba contarle todo a Viktor, necesitaba al menos intentarlo. Antes de que ambos se retiraran y Yuuri perdiera su oportunidad. Lo que tenían ahora ya era insostenible y no podían continuar de ese modo, necesitaban seguir adelante o Yuuri perdería todo - y a Viktor- para siempre. Los patinadores más jóvenes continuarían en la pista, pero Viktor y Yuuri eventualmente tendrían que marcharse, y cuando lo hicieran, Yuuri tenía la esperanza de que para ese entonces tal vez, solo tal vez, ellos hubieran formado algo lo suficientemente fuerte como para que durara aun después de que ya no tuvieran el patinaje como excusa para unirlos. Algo que fuera mucho más poderoso que aquellos insustanciales hilos que los unían ahora, aquella cuidadosa danza que bailaban y que era mucho menos de lo que él quería en realidad.
Luego de que el patinador Kazajo terminara su rutina y se retirara del hielo entre gritos y aplausos, Viktor reapareció, luciendo animado y relajado. Mientras el otro patinador estaba en el "kiss and cry", el ruso realizó un par de estiramientos de ultimo minuto, para luego quitarse los protectores de los patines y entrar a la pista de hielo al tiempo que su nombre era anunciado por el alto parlante.
Cuando los otros patinadores habían entrado a la pista, había sido entre gritos de ánimo, silbidos y aplausos de la audiencia. Con Viktor sin embargo, fue diferente.
Aún había personas animándolo, aún había fuertes aplausos y gritos de los fans que lo animaban. Pero había un ruido adicional mezclándose, una baja frecuencia de siseos, palabras torcidas y malicia. Unos cuantos abucheos y clamores maliciosos que hacían un agudo contraste con todo lo demás. Provocando que Yuuri se tensara por el enojo y observara a la multitud furioso porque ¿Cómo se atrevían?
No debería haberlo sorprendido tanto como lo hizo, pero el shock por las acciones de la concurrencia igual fue como un golpe en el estómago. Él había lidiado con cosas similares antes, algunos de los fans de Viktor eran muy expresivos con respecto a su desagrado por Yuuri y la cosa se ponía especialmente fea cuando competía en el país natal de Viktor, pero con los años había aprendido a ignorarlo.
Sin embargo, escuchar eso mismo siendo dirigido a Viktor era un completo shock. Viktor era la leyenda viviente del patinaje artístico, las personas lo adoraban y se ponían a sus pies para complacerlo. Pero este era el hogar de Yuuri, su país, su territorio. Y las personas aquí estaban tan de su parte que era casi abrumador, todos siendo leales de corazón. Ellos querían que ganara, y más que eso, ellos querían que derrotara a Viktor.
De alguna forma, la supuesta rivalidad entre ellos se había salido rápidamente de control, la historia volviéndose cada vez más elaborada y dramática a medida que se contaba una y otra vez. Yuuri nunca había alentado nada de eso de forma consciente, tampoco lo había hecho Viktor. Nunca habían hablado mal del otro delante de la prensa, nunca habían declarado el deseo de derrotar al otro específicamente. Pero Yuuri había sido joven y descuidado, y su desagrado por Viktor había brillado lo suficiente como para que el mundo lo notara. Su enojo y su frustración al perder contra el ruso constantemente, su desesperado deseo por derrotarlo.
Viktor había sido el niño dorado del patinaje y nadie había estado ni cerca de derrotarlo durante años. Así que cuando Yuuri había aparecido, joven y viciosamente determinado a hacerlo caer, la prensa y los fans se habían aferrado a ello. Habían creado un cuento acerca de una amarga rivalidad que en ese tiempo era cierta, pero que ahora estaba tan equivocada. Ninguno de ellos había alentado esta situación, pero se había dado, y ahora estaba mucho más allá de su control.
Yuuri también había experimentado su propia porción de críticas tanto de los fans como de la prensa, había sido calificado como arrogante, usurpador y un presuntuoso do nadie que necesitaba ser puesto en su sitio. Pero no se había dado cuenta que el asunto los afectaba ambos por igual, no hasta que escuchó la reacción de la multitud mientras Viktor terminaba de prepararse, no hasta que pudo sentir como el cruel deseo de ver fallar a Viktor flotaba a su alrededor.
Tal vez hace muchos, muchos años, Yuuri hubiera disfrutado de la reacción, hubiera sentido satisfacción ante la idea de que hubiera personas que quisieran ver caer a Viktor para que Yuuri triunfara. Pero ahora, el pensamiento no hacía más que horrorizarlo. Viktor parecía imperturbable, ondeando su mano hacia sus fans y moviéndose para tomar su posición inicial con una agraciada facilidad, pero Yuuri había estado en su posición antes y sabía muy bien la forma en que los abucheos podían meterse bajo tu piel, cómo la negatividad parecía ahogar el apoyo del resto de la multitud con facilidad.
Yuuri quería gritarles, decirles a aquellos quienes lanzaban su odio contra Viktor tan obviamente, que se detuvieran, que se callaran y no se atrevieran a insultarlo nunca más. Deseaba gritarles que él no quería eso, que no quería ver a Viktor fallar solo para poder conseguir algún tipo de victoria vacía. Quería que Viktor patinara en su mejor condición, que amara patinar del mismo modo que Yuuri lo hacía. Yuuri quería ganar, sí; pero quería ganar con Viktor en su mejor estado, con la multitud apoyándolos a ambos por igual. Quería que todo el mundo amara a Viktor porque dolía que no fuera así, y dolía mucho mas saber que era su culpa.
Pero al final no pudo decir nada porque el silencio cayó sobre la multitud, la música empezó a sonar y Viktor empezó a patinar, luciendo aun completamente imperturbable.
Yuuri observaba hipnotizado. Antes no hubiera creído que fuera posible, pero el programa corto de Viktor era incluso mejor que cuando Yuuri lo había visto en el Grand Prix Final, y era mucho más vivaz y lleno de energía que cuando Yuuri había observado a Viktor en el Campeonato Europeo. Viktor se veía impresionante y Yuuri no quería que terminara jamás, la belleza en la rutina logrando eliminar temporalmente los pensamientos que habían estado en su cabeza anteriormente.
Pero eventualmente, la rutina llegó a su final, y Viktor reconoció los vítores de la audiencia con una sonrisa y el ondeo de su mano, ignorando la decepción que se empezaba a notar en muchos de los fans que minutos antes habían estado apoyando a Yuuri tan alegremente.
El descontento solo se hizo más grande cuando la puntuación de Viktor se dio a conocer, colocándolo ligeramente por encima de Yuuri en la tabla de posiciones. Aún había una gran ola de ánimos y celebración por parte de los fans de Viktor, pero Yuuri pudo sentir la irritación de aquellos a su alrededor, y eso lo aterraba.
Se marchó tan rápido como pudo, simplemente queriendo escapar de la agobiante atmosfera del estadio. Luego que terminaron las presentaciones, lo único que Yuuri quería era ver a Viktor, pero el ruso se encontraba ocupado hablando con los reporteros y Yuuri no podía acercarse a él, no en público. En lugar de eso, Yuuri decidió ir directamente al hotel, bañando la desolación del día hasta que finalmente se sintió fresco y limpio, poniéndose luego unas ropas más cómodas que el traje que había llevado antes.
Mientras terminaba de vestirse, Yuuri escuchó un zumbido viniendo del otro lado de la habitación y vio como la luz de su teléfono se encendía, alertándole de la presencia de un mensaje nuevo. Caminando a través de la habitación, Yuuri levantó el teléfono y pasó su dedo por la pantalla para abrir el texto y leerlo rápidamente.
Viktor Nikiforov
¿Te gustaría salir a cenar conmigo esta noche? Podemos pedir servicio a la habitación si no quieres dejar el hotel.
Las palabras hicieron que Yuuri sintiera una calidez por dentro y le respondió lo más rápido que pudo. Realmente no había pasado mucho tiempo desde la última vez que había visto a Viktor, pero se sentía como si hubieran sido años. El tiempo arrastrándose lentamente hasta que pudieran estar juntos otra vez. Y estar en aquel estadio solo lo había empeorado, el estar tan cerca de Viktor pero sin ser capaz de acercársele del modo que tan desesperadamente ansiaba, por el temor de aquellos ojos que los observaba y lo juzgaban, fue una tortura. Una tranquila cena en una habitación de hotel era justamente la oportunidad que estaba buscando.
Viktor Nikiforov
Aún estoy en la pista con los reporteros, pero dejé la puerta de mi habitación abierta. Te veré allí tan pronto como pueda.
Viktor Nikiforov
Habitación 81
La habitación estaba a unos cuantos pisos más arriba de la de Yuuri, pero solo le tomó unos cuantos minutos llegar allí, deslizándose a través de los corredores del hotel con una facilidad nacida de la práctica. Se apresuró a entrar una vez que llegó a la puerta, complacido de que el pasillo estuviera vacío y que nadie se diera cuenta de a donde se dirigía.
La puerta se cerró suavemente detrás de él y Yuuri entró en la vacía habitación, agradable pero tan simple como las otras habitaciones de hotel. Una maleta vacía se encontraba puesta al pie de la cama y la puerta del ropero colgaba ligeramente abierta, ofreciéndole un vistazo del estante de ropa que colgaba dentro. Yuuri fue golpeado por la súbita urgencia de mirar más de cerca, de rebuscar entre las cosas de Viktor para encontrar más que pequeños retazos del hombre a quien le había entregado su corazón, pero se contuvo. Viktor había confiado en él lo suficiente como para dejarlo entrar en su habitación de hotel, y Yuuri no iba a traicionar esa hospitalidad al invadir la privacidad de Viktor.
Sin embargo, fue solamente después que finalmente llegó al lugar, que Yuuri se percató de que en realidad no tenía idea de que hacer ahora. Había venido corriendo inmediatamente después de recibir el mensaje de Viktor, queriendo verlo desesperadamente después del tiempo que habían estado separados, pero Viktor le había dicho a Yuuri que no iba a estar allí y que no llegaría hasta después de un tiempo. Era cierto que le había ofrecido su habitación a Yuuri, pero probablemente no esperaba que el muchacho se apareciera inmediatamente y se quedara esperando hasta que él volviera. Ahora que Yuuri pensaba detenidamente en ello, su acción se veía vergonzosamente precipitada y desesperada.
Pero no tenía idea de cuando volvería Viktor, así que no tenía sentido marcharse ahora. En lugar de eso se sentó sobre la cama, esperando y dejando que su mente retrocediera hacia los eventos que habían pasado ese mismo día.
Sabía que tenía que confesársele a Viktor. Pero con lo que había pasado en la pista sus temores solo se habían amplificado, y Yuuri no pudo detener el miedo que creció en su interior ante la idea de la declaración y de todo lo que vendría después.
Su miedo primario, el miedo al rechazo, siempre estaba presente en su mente. Pero había mucho más que eso. Incluso si Viktor aceptaba sus sentimientos, incluso si lograban sacar algo de todo esto, sus vidas no existían en solitario. No estaban metidas en aquella burbuja que habían creado para sí mismos, lejos de los ojos curiosos y donde podían simplemente estar juntos.
Incluso si todo salía de la forma que Yuuri soñaba, nada sería fácil. Podían ser capaces de mantenerlo en secreto por un tiempo, pero a diferencia de sus breves encuentros en anónimas habitaciones de hotel, una relación completa era difícil de ocultar. Eventualmente la gente se enteraría, y ellos tendrían que lidiar con las consecuencias de ello. Y vaya consecuencias que habrían.
Los medios de comunicación siempre habían sido parte de la vida de ambos, una siniestra presencia asechándolos, entretejida en todo. Las noticias, los reporteros, los fans, todos habían metido mano en la creación del concepto de la amarga rivalidad que actualmente aún se encontraba tan viva en las mentes de la gran mayoría. La fantasía de que Viktor y Yuuri aún se odiaban, se encontraba todavía presente en la mente de todos sus fans, y habían dividido al mundo del patinaje en dos grupos, sin importar realmente los propios deseos de ellos dos. Había fans de Yuuri que odiaban a Viktor, habían sido muy claros al demostrarlo el día de hoy, y se daba en ambos bandos ya que algunos de los fans de Viktor detestaban por completo a Yuuri. ¿Cuál sería la reacción de ellos al enterarse de la verdad?
E incluso sin todo ese odio, incluso con los fans que aún era razonables, ¿Qué tipo de reacción podrían esperar de ellos? Las personas amaban la rivalidad, amaban el concepto de una existente y amarga pelea por la victoria, y quebrar eso para exponer la realidad de lo en lo que se habían convertido, sería un completo shock para el mundo. Tal vez sus reacciones serían buenas. Tal vez las personas los apoyarían y lo considerarían romántico, dos rivales enamorándose del otro bajo las circunstancias más improbables. Pero de nuevo, puede que eso no ocurriera.
Podrían sentirse traicionados, como si todo lo que supieran de ellos dos fuera una completa mentira. Podrían pensar que todos estos años ellos habían estado fingiendo por pura publicidad, que eran unos farsantes. O al revés, podrían pensar que estaban juntos por publicidad y no porque realmente tenían sentimientos por el otro.
Las personas podrían sentirse decepcionadas, traicionadas. La rivalidad se había extendido más allá de su control, se había convertido en algo de orgullo nacional. Tanto él cómo Viktor patinaban con el peso de sus respectivos países sobre sus espaldas, y Yuuri no tenía idea de cómo las personas en su tierra reaccionarían ante la noticia de que se había enamorado del hombre que ellos desesperadamente querían verlo derrotar. ¿Se sentirían traicionados? ¿Sentirían que Yuuri había cedido ante el enemigo? ¿Y qué hay de las personas en el país de Viktor? ¿Pensarían que Viktor era débil por haber escogido a Yuuri? ¿Por haber escogido al hombre que había roto su racha ganadora y había robado sus medallas, no una, sino varias veces?
Y también estaba aquel otro temor, uno que desgarraba a Yuuri por dentro y lo hacía sentir enfermo de solo pensarlo. Había empezado a acostarse con Viktor durante el Campeonato Mundial hace tres años, justo después de haber empezado a ganar el oro. Cada medalla de oro que había obtenido había sido por sus propios méritos, él lo sabía. Viktor nunca perdería a propósito, el respetaba demasiado a Yuuri como patinador como para hacer eso.
Pero eso no sería lo que la gente diría. Los medios serían viciosos y los artículos de chismes no tendrían piedad. Destrozarían a Yuuri por completo, declarando que solo se había follado a Viktor para obtener el oro, declarando que todo por lo que había trabajado era una completa farsa, y eso mataría a Yuuri por completo. Yuuri había pasado su vida entera probando su valía ante el mundo, y la sola idea de que todos sus logros, todas las medallas por las que había derramado sudor y lágrimas, fueran atribuidas a tácticas deshonestas y favores sexuales baratos, le dolería más que de lo que podría soportar.
Había tantas cosas que podrían salir mal, tanto que podría arruinarlo todo. Yuuri no tenía idea de cómo las personas podrían reaccionar y las infinitas posibilidades, cada una peor que la anterior, hacían que su temor creciera y creciera asta estar prácticamente ahogándolo.
Tal vez todo saldría bien. Tal vez las personas los apoyarían, tal vez los fans estarían encantados, tal vez el mundo lo vería como una historia preciosa y lo aceptaría sin ningún tipo de maldad. Pero incluso así, la idea de hacerlo público lo hacía sentir enfermo de preocupación.
Yuuri era una persona privada, lo más privada que podía ser con su vida bajo la luz de los reflectores. Pero si él y Viktor empezaban una relación, jamás los dejarían en paz. Cada movimiento que realizaran sería criticado, analizado y observado con escrutinio. Las personas se inmiscuirían en su vida privada con más vigor que nunca, jamás estarían satisfechos hasta conocer cada íntimo detalle que Yuuri quisiera esconder del mundo. Nunca serían capaces de ser una pareja completamente normal, no con los reflectores apuntándoles continuamente. Los medios, los fans, siempre se encontrarían observándolos, siempre estarían presentes.
Yuuri quería a Viktor. Deseaba estar con Viktor más de lo que jamás había deseado algo en la vida y más de lo que jamás podría querer otra cosa. Pero quería que estuvieran juntos del mismo modo en que lo habían estado en Moscú, alejados del mundo y sin preocuparse por nadie más que por el otro. No quería el aplastante peso de la fama metido entre ellos, no quería los ojos del mundo entero observándolos. Solo quería a Viktor.
Sería más fácil que las cosas permanecieran tal como estaban ahora, haciendo sus cosas tras puertas cerradas y sin que nadie los viera. Si Yuuri no se confesaba, si nada cambiaba entre ellos, entonces nunca tendría que lidiar con las expectativas del mundo y las consecuencias que vendrían con ello.
Pero esa no era una opción, nunca lo fue. Yuuri tenía que declarársele. No podían continuar como estaban ahora, no ahora que Yuuri estaba consciente del amor que sentía y necesitaba desesperadamente que este fuera correspondido. Viktor necesitaba saberlo, Viktor merecía saberlo. Y sea cual fuere su reacción, al menos Yuuri sabría que lo había intentado, que había hecho lo que podía. Si Viktor lo rechazaba, eso finalmente le permitiría dejarlo ir.
Y si Viktor no lo rechazaba, entonces Yuuri tendría una oportunidad. Una oportunidad de formar algo con Viktor, algo bueno, algo a lo que poder aferrarse. Una oportunidad de que Viktor se quedara con él aun después de que se retirara, una oportunidad de poder estar juntos. Estar realmente juntos, de la forma en que Yuuri tanto añoraba. Una oportunidad de tener un futuro con él.
Así que Yuuri tenía que decírselo a Viktor. Y solo entonces trataría de lidiar con lo que viniera después, lo sea que fuera.
Mientras estuvo meditando, Yuuri no se había dado cuenta del paso del tiempo, y fue solo cuando vio la pantalla de su teléfono que se percató de lo mucho que ya llevaba en aquella habitación. En algún punto había pasado de estar sentado en la cama, a yacer acurrucado sobre las mantas, atrapado dentro de su propia cabeza.
Una parte de él quería moverse, pero la cama era muy cómoda y él estaba demasiado cansado después de un largo día. Patinar siempre era agotador, y a medida que pasaba el tiempo mientras esperaba el regreso de Viktor, Yuuri se encontró así mismo cada vez con menos y menos ganas de levantarse.
En lugar de eso, trató de disipar las preocupaciones que aún pesaban sobre su estómago y enfocarse en lo que le iba a decir a Viktor, en exactamente como se iba a confesar. No podía simplemente soltar una declaración de amor de la nada. Planearlo era esencial, necesitaba saber lo que iba a decir con exactitud y cómo lo iba hacer, de modo que no se congelara en el último momento. Phichit había tenido razón acerca de su tendencia por huir, de ignorar las cosas con las que no quería lidiar, así que necesitaba estar seguro de que eso no sucedería aquí.
Tal vez debería contárselo durante la cena. Era el momento perfecto, estarían solos y en privado, además Yuuri la tenía fácil para escapar por la puerta y regresar a su habitación si Viktor lo rechazaba.
¿Pero qué le diría? No podía simplemente soltar las palabras sin advertencia alguna, pero no podía ni imaginar la forma correcta para abordar el tema. No había un camino correcto para introducir la idea, no había forma de lograr que se sintiera fácil y natural. Difícilmente podía irse por el lado casual, "esta cena está deliciosa Viktor, y por cierto, estoy enamorado de ti y quiero estar contigo para siempre" definitivamente no era la forma en que debía iniciar esa conversación. Pero tampoco quería que sonara demasiado pesado, quería darle a Viktor la oportunidad de rechazarlo sin que se sintiera horriblemente incómodo para ambos.
"Viktor, tengo que decirte algo" Ese era un buen inicio. Lo suficientemente casual como para no ponerlos a ambos al borde, pero enfatizando aún la importancia de lo que estaba a punto de venir. Al menos era algo.
Yuuri continuó repasándolo en su cabeza, pasando por cada posible escenario que pudo imaginar, cada una de las maneras en las que Viktor podría reaccionar y como él lidiaría con ello. Mientras los minutos pasaban, Yuuri se dio cuenta que sus ojos empezaban a cerrarse, la suavidad de la cama moldeando el lado donde yacía su cuerpo.
Eventualmente, sus pensamientos empezaron a desaparecer y el cansancio del día empezó a tomar el control. Yuuri podía sentir como su respiración empezaba a volverse más lenta, podía sentir como la pesadez se apoderaba de sus parpados y no podía encontrar la fuerza de voluntad para alejarla. En lugar de eso, se dejó arrastrar a la deriva, no completamente dormido pero sí deslizándose gradualmente más y más dentro de la inconsciencia.
Yuuri se quedó rondando en aquel estado de ensueño mientras el tiempo pasaba con rapidez. Pudo haber continuado de ese modo por horas, probablemente pudo haberse quedado completamente dormido si hubiera tenido la oportunidad, pero se vio obligado a despertar por completo al escuchar un sonido, un débil ruido sordo que se arrastró al borde de sus sentidos y lo hizo sentarse sorprendido, frotándose los ojos con desdén.
Viktor lo observaba desde el otro lado de la habitación con una expresión de culpa en el rostro. Al estar atrapado dentro de su mente y ser cautivo del sueño, Yuuri no había sentido el momento en que el ruso entró por la puerta, y ya podía sentir sus mejillas empezando a colorearse al haber sido atrapado dormitando en la cama de Viktor por el mismo dueño.
—Lo siento —. Dijo Viktor con rapidez tan pronto como Yuuri se sentó en la cama.
—Estaba tratando de no despertarte.
Era un gesto dulce, especialmente porque esta era la habitación de Viktor y técnicamente podía hacer lo que le plazca. Yuuri sintió el afecto floreciendo en su pecho y empezando a rodear su corazón, el cual había empezado a latir un poco más rápido ante la vista del otro hombre.
—Está bien —. Le respondió, pasando las manos por su cabello para tratar de aplastar los lugares que él sabia se habían desordenado por estar acostado. —Perdón por casi quedarme dormido. No era mi intención hacerlo, pero ha sido un largo día y estaba más cansado de lo que creía.
—Conozco la sensación —. Viktor le sonrió y se acercó un poco más, sentándose en el borde de la cama donde Yuuri estaba y direccionando su vista hacia él. —Si quieres regresar a dormir no dejes que mi presencia de detenga. Fácilmente podemos saltarnos la cena.
El estómago de Yuuri escogió ese preciso momento para soltar un largo gruñido y Viktor se le rio suavemente mientras la vergüenza embargaba a Yuuri.
—O tal vez no —. Añadió el ruso para luego agarrar un folleto de la mesita de noche. Al verlo más de cerca, Yuuri se dio cuenta que era la información de los servicios del hotel que incluían las páginas con respecto al servicio a la habitación. Convenientemente, el texto estaba escrito tanto en inglés como en japonés, lo cual lo salvó de tener que traducir toda la cosa para Viktor.
Juntos escogieron unas cuantas cosas del menú, Yuuri pasó tristemente por la opción del Katsudon. Como tradición, sabía que no podía comerlo a menos que hubiera ganado, y no había ganado nada aún. Y también estaba esa extraña sensación de no querer que Viktor probara aquel platillo por primera vez en una impersonal habitación de hotel en Tokio. La madre Yuuri preparaba el mejor Katsudon del mundo, y había una parte de él que quería que la primera vez que lo Viktor probara, este fuera hecho por ella.
Una vez que escogieron la comida, Viktor insistió en que fuera Yuuri quien la pidiera por el teléfono, declarando que sería mejor que lo hiciera Yuuri ya que era él quien hablaba el idioma. Yuuri había protestado diciendo "Tú sabes bien que también hablan inglés aquí Viktor" pero cedió rápidamente. No había una razón real para que no pudiera hacerlo, además era lindo hablar en su lengua materna para variar. Después de pasar tanto tiempo en Detroit, Yuuri se había acostumbrado a comunicarse principalmente en inglés, pero la confortable familiaridad de su lengua materna era algo que aún extrañaba.
Yuuri ordenó rápidamente, las palabras rodando en su lengua sin esfuerzo alguno mientras Viktor lo observaba, luciendo intrigado. La comida arribó no mucho tiempo después, el personal de tan lujoso hotel siendo tan eficiente como siempre. Él y Viktor pasaron su tiempo juntos hablando cómodamente, conversando de cosas sin sentido como la competencia y las cosas que habían pasado desde que se vieron en el Grand Prix Final, conversación que continuaron incluso después que la comida de llegó.
Extrañamente, Viktor no hizo ningún comentario acerca de Yuuri estando presente durante el Campeonato Europeo, y Yuuri tampoco trajo el tema a colación. A pesar de que Yuuri había sido cuidadoso, igual había sido descubierto. Y aunque la información no había salido de las redes sociales para llegar a las noticias, Yuuri había creído que Viktor se había enterado de algún modo. Después de todo, Viktor era una persona muy activa en las redes sociales. Y aun si no se hubiera enterado por ese medio, Yuuri pensaba que el otro Yuri le había comentado algo, que le había contado que Yuuri había estado allí a pesar de no haberse ido a encontrar con Viktor durante su muy breve estadía.
Pero si Viktor lo sabía, entonces había decidió mantenerse callado al respecto, y Yuuri había decidido que era mejor no sacar el tema a la luz. No tenía una buena explicación para dar y "Te extrañaba tanto que volé al otro lado del mundo para verte por una noche pero nunca me acerque para saludarte con propiedad" sonaba mal incluso en su cabeza, y sonaría mucho peor si lo dijera en voz alta. Así que prefirió evadir el tema por completo.
Durante la comida y durante la conversación, Yuuri trató de reunir todo el coraje que necesitaba para decirle a Viktor la única cosa que rondaba en su mente. Viktor se veía alegre, hablaba animadamente y movía sus palillos de un lado a otro cuando estaba tratando de establecer un punto, lo cual obligó a Yuuri a sofocar una risa de diversión, pero nunca le dio un alto a la conversación, un espacio que le hubiera dado a Yuuri el tiempo que necesitaba para tratar el tema del que realmente necesitaba hablar.
Por ratos, Yuuri estuvo a punto de simplemente soltarlo todo, pero se contuvo. Los temores de hace un momento aún se encontraban muy presentes y se sentían como una mordaza que mantenía sus palabras bloqueadas. Dos palabras que debían ser tan simples de decir, pero que sin embargo encontraba increíblemente difícil lograr que salieran de sus labios.
«Díselo, solo díselo» Yuuri se regañó a sí mismo, pero aun así las palabras se atoraron en su garganta, rehusándose a ser dichas. Las preocupaciones aún estaban allí, agolpándose en su mente, así que se quedó hablando y riendo con Viktor como si todo estuviera bien, todo mientras trataba de reunir el coraje que necesitaba para decir lo que tenía que decir.
Eventualmente terminaron de comer y amontonaron los platos a un lado, cayendo en un cómodo silencio. Viktor se encontraba parado muy cerca de él, sus hombros se presionaban juntos y Yuuri pudo sentir el calor del contacto, la confortable calidez de tener a Viktor cerca. Durante toda la comida, Yuuri había notado que estaba siendo mucho mas físicamente demostrativo con Viktor de lo que jamás había sido, pequeños toques con su mano sobre el hombro del otro, manteniéndose cerca y rehusándose a romper el cálido punto de contacto. Yuuri simplemente quería estar cerca de Viktor, había pasado tanto tiempo, demasiado en realidad, y no quería que aquello que sentía en este momento terminara.
Tal vez eso le brindara valor, razonó para sí mismo. Tocar a Viktor, estar con Viktor, eso siempre le daba la confianza que no podía encontrar en otro lugar además del hielo. Tal vez eso lo ayudara a finalmente encontrar el valor para decir lo que tenía que decir.
Se encontraban parados tan cerca del otro que apenas y le tomó un pequeño esfuerzo a Yuuri el levantar su cabeza, girarse hacia Viktor de modo que estuvieran uno frente al otro, y observar al hombre a través de sus pestañas. Viktor también se movió, estando en perfecta sincronía con él, inclinando su cabeza un poco mientras presionaba un ligero beso sobre los labios de Yuuri, suave y dulcemente. No había habido forma de evitar el contacto, ambos eran como imanes que se atraían el uno al otro una y otra vez.
Yuuri había sabido desde el momento que había llegado a la habitación de Viktor, que en algún punto terminarían de esta forma, así que esta vez había venido finalmente preparado. Comprar lubricante y condones había sido, cuando menos, una experiencia vergonzosa, pero él era un adulto de veintitrés años y ya era tiempo de que dejara confiarle la responsabilidad de todo a Viktor.
Desechando ese pensamiento, Yuuri se presionó mas contra le contacto de sus bocas, tratando de tomar el valor de que necesitaba de aquel beso. «Díselo ahora», susurró una parte dentro de él, pero las palabras seguían sin salir. En lugar de eso, Yuuri profundizó el beso. Deseando sentir mucho más y estar mucho más cerca.
Viktor le correspondió casi instantáneamente, su beso pasando de ser dulce a ser necesitado en un latido. Sus manos se dirigieron rápidamente hacia la cintura de Yuuri y este deslizó las suyas propias dentro del cabello de Viktor, inclinando su cabeza a un lado para tener mejor acceso. Había pasado tanto, tanto tiempo desde la última vez que habían estado juntos, y Yuuri había extrañado a Viktor con un desesperante dolor. La sensación se derramaba dentro de sus acciones y besó a Viktor con más fuerza, enrollando sus dedos dentro del cabello del ruso y dando unos cuantos pasos hacia atrás hasta que su espalda golpeó contra la dura superficie de la pared detrás de él.
Viktor lo siguió voluntariamente, presionándose contra Yuuri y manteniéndolo cerca. Sus besos igualando la ansiedad de los de Yuuri perfectamente, sus manos se presionaban contra las caderas del muchacho, dejando marca. Y Yuuri se preguntó si tal vez, solo tal vez, Viktor también lo había extrañado. «Díselo», susurró su mente, mas insistentemente esta vez. «Díselo y lo sabrás».
Pero aun así no logró que las palabras salieran, permaneciendo aún atoradas en su garganta. Pero Yuuri no quería que este momento terminara, así que besó a Viktor más fuerte y rápido, acercándolo lo más que podía y no dejando ni una pulgada en medio de ellos.
Las manos de Viktor se deslizaron por sus caderas, sus pulgares formando pequeños círculos sobre la piel expuesta y el resto de sus dedos apretando firmemente. Luego de unos minutos de besarse, y a medida que el sentido de urgencia crecía, Viktor se alejó, sus labios hinchados y sus pupilas dilatadas y oscuras.
— ¿Qué es lo que deseas Yuuri? —le preguntó, y su voz sonó baja y ronca, creando una piscina de calor en el vientre de Yuuri. —Dime que es lo que deseas.
En lugar de responder, Yuuri buscó a ciegas dentro de su bolsillo trasero, tanteando por unos segundos antes de sacar el condón y el paquete de lubricante que había empujado allí apresuradamente mientras salía de su habitación. Presionó ambos objetos en la mano de Viktor sin darse tiempo para sentir vergüenza, observando la forma en que los ojos del ruso se abrían ligeramente ante el gesto, sus pupilas pareciendo dilatarse incluso más.
— ¿Estas seguro Yuuri? —le preguntó Viktor, y Yuuri pudo notar la preocupación en su voz, mezclándose con la lujuria que era tan evidente en su rostro. —Tienes que patinar mañana.
—Sí, así es —. Yuuri se alejó ligeramente para mirar a Viktor a los ojos, deseando dejar su punto en claro. Quería sentir a Viktor, quería sentirse poseído por el hombre y poder poseerlo a él también. Quería estar cerca de él, tan cerca como fuera posible y tal vez al fin tener el valor para dar el paso final y soltar todo lo que había querido decir por tanto tiempo. Hacer esto la noche anterior al programa libre era probablemente una pésima idea, pero no podía conseguir que le importara.
—Así que haz que te recuerde cuando lo haga.
Viktor dejó salir un pequeño sonido ahogado ante las palabras y sus dedos se movieron sobre las caderas de Yuuri, clavándose más profundamente. Capturando los labios de Yuuri en otro beso, Viktor los presionó mas contra la pared, lamiendo el interior de la boca de Yuuri y causando que sus rodillas se sintieran débiles.
La última vez que habían estado juntos todo se había dado suave, casi perezosamente, cómodo y sencillo. Pero esta vez, Yuuri podía notar su propia desesperación, y cómo esta se reflejaba en Viktor, apoderándose de ambos rápida y profundamente. Mientras se sacaba la camiseta sobre la cabeza, una parte ausente de su mente se preguntó si tal vez debería llevar esto hacia la cama, pero al ver a Viktor copiar su acción anterior, el pensamiento se alejó por completo de su mente. Quería estar cerca de Viktor en este momento y no quería tener que detenerse para moverse. Habían estado separados durante meses y Yuuri no podría soportar la distancia ni por un segundo más.
Una vez que ambos estuvieron completamente desvestidos, Viktor dejó que sus manos recorrieran libremente la piel de Yuuri, dejando caminos de calor por donde quiera que pasaran. Era como si estuviera analizando el cuerpo de Yuuri, tratando de tocar cada parte de él y dejar que el recuerdo quemara en su piel. Yuuri difícilmente se quejaba. Su cuerpo reaccionaba ante los toques y los presionaba a ambos mucho más cerca, urgiéndole a Viktor que avanzara sin necesidad de decir una palabra.
—Yuuri, quiero intentar algo. Algo nuevo para ti —. Viktor jadeó, alejándose ligeramente pero aún presionándose cerca. —Te haré sentir bien, lo prometo. ¿Me dejarías intentarlo?
—Sí —. Respondió Yuuri antes de elevarse ligeramente y robarle otro beso. Él confiaba en Viktor, confiaba en sus palabras, además Viktor nunca lo había decepcionado antes. Ya se había entregado a él en alma, mente y cuerpo, así que sabía que podía darle a Viktor cualquier cosa que le pidiera sin pensarlo dos veces.
Viktor le sonrió y Yuuri sintió su corazón flotar. La forma en que su rostro se suavizaba, la forma en que su expresión iluminaba sus facciones. Viktor era hermoso cuando sonreía, mucho más cuando Yuuri sabía que esa sonrisa era para él y solo para él, que había sido él quien la había puesto allí, que el responsable por la felicidad de Viktor no era nadie más que él. Y saber eso era la mejor sensación en el mundo.
—Date vuelta —. Le susurró Viktor, presionando otro beso sobre sus labios mientras sus manos se deslizaban alrededor del cuerpo de Yuuri, girándolo lentamente de modo que ahora estuviera de cara a la pared. Viktor aún estaba presionado contra él, la delgada figura de su cuerpo siendo un caliente peso contra la espalda de Yuuri. Yuuri podía sentir cada centímetro del ruso y se estremeció ligeramente ante la sensación, presionándose hacia atrás para acercarse al calor del cuerpo de Viktor.
Con su rostro de cara a la pared, Yuuri se dio cuenta que los labios de Viktor se encontraban angustiosamente fuera de su alcance. En lugar de besar sus labios, Viktor optó por presionar los suyos sobre la curvatura de la oreja de Yuuri, arrastrando sus dedos por la piel ligeramente antes de hacerse camino hacia su cuello, presionado sus labios contra su espina dorsal a medida que deslizaba cada vez más hacia abajo. Los toques hicieron que una nueva ola de calor pasara a través de Yuuri y este se aferró a la pared con sus manos, tratando de encontrar algo de estabilidad mientras Viktor se deslizaba cada vez más y más abajo hasta que estuvo arrodillado detrás de Yuuri.
—Dime si quieres que pare —. Le dijo Viktor, y Yuuri escuchó el tirante sonido cuando el ruso abrió el paquete de lubricante que Yuuri había traído con él y que había sido dejado en el suelo momentos antes.
Yuuri se estremeció ligeramente ante la anticipación, no muy seguro de que era lo que Viktor planeaba, pero deseoso de seguir con ello de todas formas. Dejó salir un jadeo de placer cuando sintió un dedo haciendo círculos sobre su entrada, cálidos y familiares. Había pasado mucho tiempo, demasiado, y Yuuri se presionó contra la sensación.
Viktor se movió agonizantemente lento, abriendo a Yuuri con su mano cuidadosamente, y el muchacho podía sentirse a sí mismo retorcerse ante la sensación, deseando obtener más mientras el placer crecía dentro de él. Casi vocaliza ese pensamiento pero luego sintió un calor húmedo contra su entrada, una humedad caliente que probaba la sensible piel que allí había, y sus palabras se trasformaron rápidamente en un jadeo entrecortado.
Viktor pareció disfrutar del sonido y los dedos de una de manos se hundieron más profundamente en la piel de Yuuri, la otra aun presionando profundamente dentro del muchacho y su lengua trabajando al mismo tiempo, lamiendo y jugueteando allí hasta hacer que Yuuri viera estrellas. Podía sentir el sudor empezar a formarse en su frente y sus omoplatos, y Yuuri aferró sus manos más fuertemente a la pared, tratando de mantener el equilibrio a pesar de sentir sus piernas como gelatina.
La sensación era extraña, como nada que hubiera experimentado antes, pero su cuerpo estaba reaccionando a ello y ya podía sentir el calor y el deseo creciendo dentro de él. El dedo de Viktor aún se movía dentro de Yuuri, y este no pudo detener el gemido que salió de su boca cuando la lengua de Viktor se le unió, abriéndose camino en su interior con una facilidad que nacía de la práctica. La caliente humedad entraba y salía, tan buena pero aun sin ser suficiente, y Yuuri se encontró a sí mismo rogando por más.
—Viktor…por favor… —Jadeó Yuuri, y Viktor lo complació, añadiendo otro dedo y causando con eso que una nueva ola de placer lo atravesara por completo.
— ¿Se siente bien? —preguntó Viktor, alejándose momentáneamente y causando que Yuuri gimoteara ante la pérdida del contacto. La voz de Viktor sonaba baja y ronca, su acento volviéndose más pronunciado tal como siempre pasaba cuando empezaba a dejarse llevar.
—Sí —. Soltó Yuuri en un jadeo. No quería que Viktor se detuviera, y ya podía sentir como su habilidad para formar palabras coherentes empezaba a desaparecer.
—Bien —. Dijo Viktor mientras añadía otro dedo, y hubo algo en su tono de voz, una satisfacción atada a cada una de sus palabras.
—Soy el único que te ha visto de esta forma. El único que te ha tocado de esta manera, que te ha hecho sentir de esta manera.
Las palabras fueron susurradas, saliendo reverentemente en medio de la silenciosa habitación, y Yuuri quiso responder a ellas, pero Viktor añadió un cuarto dedo y todo pensamiento racional abandonó su cabeza. Viktor no le dio tregua, y para cuando hubo terminado, Yuuri ya se había convertido un jadeante y tembloroso desastre. De alguna forma, Yuuri había olvidado lo que el estar con Viktor le provocaba, y ahora que finalmente lo tenía de vuelta ni siquiera podía imaginar el perderlo otra vez. Quería que Viktor continuara tocándolo y que nunca dejara de hacerlo. Quería sentir más, ser marcado por Viktor, ser reclamado por él y poder reclamarlo para sí también, que pudieran unirse completamente y nunca ser separados.
Finalmente, Viktor se retiró y se puso de pie detrás de Yuuri con un movimiento fluido, su cuerpo encajando perfectamente contra la curvatura de la espina dorsal del muchacho. Yuuri aún se encontraba de espaldas a Viktor y con sus manos aferradas a la pared, pero al sentirlo moverse y al escuchar el distintivo sonido de la envoltura de un condón siendo rota, se giró, deseando ver el rostro del ruso. Sus piernas aún se sentían débiles por lo que acababa de experimentar, así que mantuvo su espalda presionada contra la pared, apoyando su peso en ella mientras alcanzaba a Viktor con su mano y lo atraía de vuelta hacia él.
Viktor se movió más cerca y levantó sus manos para tomar el rostro de Yuuri en ellas, Yuuri por su lado enredó una de sus piernas en la cintura de Viktor, manteniéndolo en su lugar. Estaba listo, se sentía casi desesperado y no deseaba esperar un segundo más.
La mano de Viktor se movió fuera de su rostro para aferrarse fuertemente a su pierna, casi dejándole moretones. Sus ojos ahora más amplios y oscuros.
— ¿Estás listo? —. Le preguntó, y todo lo que Yuuri pudo hacer fue asentir con la cabeza porque Viktor era tan, tan hermoso, que le quitaba el aliento. No podía entender cómo es que había logrado conseguir esto, conseguir tener a Viktor. Además, también estaban aquellos arrogantes deseos suyos, la egoísta necesidad de tener a Viktor no solo por un instante sino para siempre, aquellas palabras rogando que se quedara con él aún no siendo capaces de salir de sus labios
Cuando Viktor finalmente se empujó dentro, Yuuri pudo sentir el impacto de su cabeza golpeando contra la pared reverberando por todo su cráneo, su espalda curvándose y su respiración volviéndose pesada en su pecho. Su agarre sobre Viktor se tensó reflexivamente y pudo sentir como su cuerpo se deslizaba unos cuantos centímetros más abajo en la pared, el apoyo de la misma ya no siendo suficiente para mantenerlo erguido mientras se dejaba llevar completamente por la sensación.
Una sudorosa y lisa piel acarició la suya propia mientras Viktor deslizaba su mano debajo del otro muslo de Yuuri y este se amoldaba al gesto instintivamente, permitiendo que Viktor lo levantara del suelo de modo que ahora sus dos piernas se encontraban firmemente enganchadas alrededor de la cintura del ruso y su espalda permanecía apoyada contra la pared, manteniéndolo equilibrado.
A pesar de que la mayoría de su peso descansaba contra la pared detrás de él, Yuuri podía notar como los músculos de Viktor sobresalían en su brazo debido al esfuerzo de mantener a Yuuri levantado. Comenzó con un ritmo lento que se empezó a elevar gradualmente, al tiempo que Yuuri clavaba sus uñas en la espalda de Viktor y gemía su placer en alto.
Su cabeza aún se encontraba tirada contra la pared, exponiendo la suave línea de su garganta, y Viktor se ancló a ella, besando y haciendo chupetones sobre la piel en lugares que serían difícil de ocultar. Yuuri deslizó sus manos fuera de los hombros de Viktor y enredó sus dedos entre los suaves mechones del ruso, tratando de memorizar la sensación, de grabarlo en su mente de modo que nunca pudiera olvidarlo sin importar lo que pasara.
El ritmo que llevaba Viktor se mantuvo inmutable, pero eventualmente, Yuuri notó la tensión empezarse a formarse en los músculos del ruso por haber estado sujetado en alto a Yuuri tanto tiempo y por sostenerlo contra la pared mientras se movían. Por un segundo, Yuuri pensó en ofrecer bajarse y pararse sobre sus propios pies para así aliviar el peso. Viktor también tenía que patinar al día siguiente y Yuuri no quería que se lastimara en ninguna forma.
Sin embargo, Viktor parecía tener otras ideas. En lugar de bajar a Yuuri, simplemente reajustó su posición, deslizando una de sus manos alrededor de la espalda baja de Yuuri para mantenerlo equilibrado, y luego girarlos, de modo que Yuuri estuviera apoyando su peso únicamente sobre el cuerpo de Viktor, y luego procedió a moverlos hacia la cama. Apretando sus piernas contra la cintura de Viktor, Yuuri usó su propia fuerza para mantenerse erguido y conseguir que sus cuerpos continuaran presionados contra el otro.
Mientras se movía, Viktor dejó sus acciones en el cuello de Yuuri para mirarlo a los ojos, sus posiciones causando que su rostro estuviera más bajo que el de Yuuri. Yuuri inclinó su cabeza y presionó sus frentes, mirando a Viktor a los ojos y sabiendo que le amor en su corazón se reflejaba en sus facciones tan claro como el día, incluso si aún no había sido capaz de decirlo en voz alta.
Viktor le sonrió, sus manos sintiéndose cálidas contra la piel de Yuuri. Se mantuvieron pegados con el otro mientras Viktor caminaba, pero al llegar al borde de la cama el momento fue repentinamente roto. Al tener sus ojos fijos en Yuuri, Viktor no había estado prestando atención de hacia donde se dirigían, así que su pie se atoró en el borde la maleta que Yuuri había notado anteriormente. El inesperado movimiento los sacó de equilibrio a ambos y Yuuri pudo escuchar el perplejo sonido que soltó Viktor al perder el balance, tambaleándose un poco y prácticamente lanzando a Yuuri sobre la cama. Sus frentes se chocaron dolorosamente contra la otra ante el súbito cambio de posiciones y Viktor aterrizó prácticamente sobre Yuuri, aunque tuvo la suficiente previsión de parar la caída con sus brazos y así evitar aplastar al muchacho bajo él.
Al mirar hacia arriba y encontrarse con Viktor, Yuuri pudo notar con claridad el shock y la vergüenza que sentía el hombre ante su error, y no pudo detener la carcajada que escapó de su garganta, rompiendo con ello la tensión que llenaba la habitación. Por un momento, Viktor se quedó perplejo, pero luego se rio también y acarició la marca roja que había dejado el choque de sus frentes, sus mejillas sonrojándose mientras se relajaba.
—Bueno, no era así como había planeado que sucedieran las cosas —. Se rio, luciendo aún un poco avergonzado y con una sonrisa expandiéndose por su rostro, contagiándose de la diversión de Yuuri.
—Pudo existir un descuento de puntos por un mal aterrizaje —. Bromeó Yuuri, causando que Viktor soltara un bufido divertido ante la referencia de patinaje y siguiera a Yuuri mientras este se deslizaba hacia arriba en la cama y jalaba a Viktor con él hasta que ambos estuvieron completamente acostados sobre el colchón. —Pero aun así fue un muy buen movimiento.
Y sí que lo había sido. Había algo en lo que Viktor había hecho, algo en la facilidad con la que había levantado y sostenido a Yuuri, que tenía al lado animal de Yuuri ronroneando en satisfacción. No queriendo perder más tiempo, Yuuri movió sus manos que descansaban sobre los hombros de Viktor, y las llevó a los lados de su cuello, enredando sus piernas en la cintura de Viktor una vez más y empujando sus caderas hacia arriba. Viktor lo complació inmediatamente, deslizándose dentro del muchacho de nuevo y apoyando sus brazos a cada lado de la cabeza de Yuuri sobre la cama.
Yuuri podía sentir el calor empezando a formarse sobre su vientre, los dedos de sus pies curvándose ante la sensación, sensación que solo se elevó cuando Viktor utilizó una de sus manos para deslizarse hacia abajo sobre la polla de Yuuri, moviéndola al mismo tiempo que sus caderas y causando que Yuuri gimiera.
Sintiéndose repentinamente abrumado, Yuuri dejó caer las manos que habían estado sobre la piel de Viktor, y las llevó hasta la cama para hundir los dedos en las sabanas bajo su cabeza. Hundiendo sus talones más profundamente sobre la espalda de Viktor y urgiéndole a acelerar su paso. Una de las manos que se encontraba empuñando las sabanas se hallaba justo a lado de una de las de Viktor. Yuuri cambió su agarre una vez más, soltando las sabanas, y decidiendo entrelazar su mano con la de Viktor en donde se apoyaba sobre la cama, el punto de contacto pareciendo ser más caliente que todo lo demás a su alrededor. La mano de Viktor se entrelazada con la suya, el agarre siendo gentil a pesar de ser aprisionado contra las sabanas, y Yuuri podía sentir la cálida caricia de los dedos de Viktor allí donde se entrelazaban entre sí.
«Te amo. Te amo tanto». Gritaba cada fibra de su cuerpo, y casi se sentía ahogado por las palabras, ahogado y consumido por el amor que le tenía al hombre sobre él y que había florecido aun en contra de todo hasta que el corazón de Yuuri doliera por él, un dolor que rayaba lo físico, porque era demasiado fuerte y mucho para cargar por sí solo.
No le tomó mucho tiempo dejarse llevar por completo bajo la mano de Viktor, pero fue el ruso quien se vino primero. Su mano apretando a la de Yuuri, sus uñas clavándose en la piel mientras se estremecía ante la liberación y dejaba salir un gemido entrecortado. Yuuri lo siguió no mucho después, la mano de Viktor nunca cesando sus movimientos hasta que Yuuri perdió por completo los papeles, el nombre de Viktor en sus labios mientras se dejaba llevar por la sensación.
Después hubo calma, un pacífico momento mientras ambos se recuperaban de sus orgasmos, solo moviéndose para limpiarse un poco antes de deslizarse juntos dentro de las sabanas. Yuuri podía sentir aquel vacío dolor que pasaba por su columna y reposaba sobre sus caderas, pero no se arrepentía, a pesar de saber que su cuerpo le reclamaría en la mañana. En lugar de eso, se acurrucó contra Viktor. Descansando su cabeza sobre el hombro del ruso y dejando que la suave y rítmica respiración calmara el aún frenético y doloroso latido de su propio corazón.
Viktor también lucía feliz con solo yacer allí, uno de sus brazos enrollado alrededor de Yuuri, manteniéndolo cerca. Sus rostros estaban cerca del otro, sus respiraciones se mezclaban y Yuuri ni siquiera pensó en ello cuando extendió su mano para alcanzarlo y presionar otro beso sobre la boca de Viktor, suave y dulcemente. Saltando un poco por la sorpresa, Viktor pareció congelarse momentáneamente en el beso antes de regresárselo, correspondiéndole a la vez que con sus dedos agarraba el cabello de Yuuri y lo atraía más cerca.
Fue solo en ese momento que Yuuri se percató del por qué Viktor había reaccionado tan extrañamente ante el beso. Ellos nunca se habían besado fuera del sexo o de los juegos previos, nunca luego de haber terminado. Nunca habían yacido juntos de esta forma, sostenido al otro mientras se besaban. Era como una especie de barrera no dicha y que nunca antes habían roto, un punto de no retorno que Yuuri había cruzado sin pensar por que se sentía tan natural y sencillo. Además, cuando estaba con Viktor, Yuuri se sentía como en casa.
Yuuri movió su mano para posarla sobre la mejilla de Viktor y el ruso llevó su mano libre para posarla allí también, siendo un cálido peso sobre la mano de Yuuri. Pasando sus dedos ligeramente sobre la mano de Yuuri, Viktor entrelazó sus dedos. Mientras se besaban, su mano hacía círculos sobre la de Yuuri, pequeños toques revoloteando por su mano. Uno de los dedos de Viktor se encontraba jugando ausentemente con el dedo anular de Yuuri, justo en el lugar donde un anillo de matrimonio se hubiera posado si fuera la mano izquierda en lugar de la derecha.
Se separaron eventualmente y Yuuri posó su cabeza sobre el pecho de Viktor, sintiendo el cansancio del día empezar a apoderarse de él. Había sido un día agotador, y el día que estaba por venir lo sería aún más. Ambos necesitaban obtener un poco de sueño antes de patinar el día de mañana.
«Deberías decirle». Susurró la mente de Yuuri en medio de la oscuridad, y pudo sentir su corazón acelerarse ante el pensamiento. Los miedos que había enterrado empezando a sacar sus feas cabezas de nuevo. «Deberías decírselo ahora».
Lo había pospuesto una y otra vez, porque una vez que las palabras salieran de su boca ya no habría marcha atrás. Una vez que fueran dichas no tendría más elección que lidiar con las consecuencias, sea cuales fueren. Y el pensamiento lo asustaba, lo había asustado durante semanas porque habían tantas cosas que podían salir mal, e incluso si todo salía bien, habían muchas cosas que lo complicarían y la verdad no quería romper la paz que tenían ahora diciendo cosas que podrían arruinar todo, tanto como podían salvarlo.
«Se lo diré mañana». Se prometió Yuuri. «Cuando la competencia termine. Cuando pueda hacerlo apropiadamente». Sabía que era solo una débil excusa, incluso dentro de su mente. La verdad era que tenía miedo de contarle todo aquí, donde no tendría escapatoria si todo salía terriblemente mal. Si esperaba hasta mañana, Yuuri podría acercarse a Viktor bajo sus propias condiciones, en algún lugar privado donde pudiera hablar con su cabeza en alto si algo malo sucedía, en lugar de tener que pasar la vergüenza de dejar la cama aquí y ahora.
—Sabes, no siempre tienes que ser tú —. Dijo Viktor repentinamente en medio del silencio de la habitación y Yuuri levantó la mirada, las palabras sacándolo de sus pensamientos. Viktor le brindó una sonrisa, su brazo aún se encontraba alrededor de sus hombros, pero sus ojos se notaban lejanos y parecía sumido en sus pensamientos. Ante el pequeño sonido de confusión de parte de Yuuri la mirada de Viktor volvió a enfocarse y regresó a mirarlo por completo, la pequeña y contenta sonrisa todavía jugando en sus facciones.
—Cuando dormimos juntos —. Aclaró Viktor. —Puedo ser yo también, si es algo que quieras intentar. Solo tienes que pedírmelo.
Yuuri sabía que la sorpresa estaba escrita en su rostro, pero no pudo evitar la forma en que su cuerpo reaccionó instintivamente ante esas palabras, el latido de su corazón elevándose un poco ante la imagen que conjuró su mente. No era que no estuviera contento con el cómo estaban en este momento, él estaba mucho más que feliz de permanecer de este modo para siempre. Pero Viktor le estaba ofreciendo intentar algo que nunca había considerado antes y que nunca hubiera podido reunir el valor suficiente para pedir por sí mismo, así que se vio asintiendo sin pensarlo dos veces.
— ¿Tú quieres eso? — Le preguntó, porque necesitaba asegurarse que Viktor no le estaba ofreciendo nada por obligación. — ¿Estarías feliz con eso?
—Mas que feliz —. Los dedos de Viktor se presionaron ligeramente contra su piel y su rostro lucía suave y expresivo en medio de la oscuridad. —Aunque tal vez no esta noche —. Añadió, su tono sonando ligero y juguetón y Yuuri le devolvió la sonrisa, sintiendo cómo su rostro se iluminaba ante sus palabras y no haciendo nada para ocultarlo.
— ¿En otro momento? —preguntó sin siquiera pensarlo.
—Otro momento —. Concordó Viktor, y Yuuri sintió su garganta apretarse ante las palabras. Ellos nunca habían hablado del futuro antes, pero esto era una promesa, no una escrita en piedra pero una promesa al fin y al cabo. Una promesa que implicaba que abría más, una seguridad que nunca había tenido antes.
"Otro momento" no era un "para siempre". Pero era un comienzo.
«Mañana». Se prometió Yuuri. «Mañana se lo diré».
Y sabía en lo profundo de su corazón que, teóricamente, si se lo diría.
Al día siguiente durante la práctica matutina, aquello fue en lo único que Yuuri pudo pensar. En cómo se lo diría a Viktor, como Viktor iba a reaccionar, como el mundo iba a reaccionar si las cosas iban más lejos. Una parte de él estaba llena de salvajes fantasías que incluían besos en el podio, jalar a Viktor hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de su medalla, y besarlo a la vista de todos. Pero la parte más racional de él sabía que no estaba listo para ello, no estaba listo para que las personas supieran ni para lidiar con el peso de la opinión publica que eso traería.
Primero se lo diría a Viktor. No había sido el momento correcto la noche anterior y estaba complacido de no haberlo soltado en un momento de pasión. Esto era algo especial, algo que tenía que hacerse apropiadamente. Algo que tenía que darse correctamente.
Y tal vez Viktor lo rechazara, tal vez no querría comprometerse con Yuuri del mismo modo en que este ya se encontraba devoto a su persona, pero tal vez si querría hacerlo. Había una oportunidad, una oportunidad real de que él y Viktor pudieran tener un futuro juntos y no llegar a aquel final que Yuuri había estado temiendo por tanto tiempo. Si no decía nada, de todos modos perdería a Viktor al final, debido al retiro, a la distancia, y a un millón de cosas que los mantendrían separados. Pero si se confesaba ahora, al menos tendría una oportunidad.
Sus temores se encontraban aún presentes, haciendo círculos en su cabeza y agitándose en su estómago, causando que estuviera distraído durante la práctica matutina. Falló un triple axel, uno de sus saltos favoritos y uno que había perfeccionado antes de entrar a la división senior. Decidió dejar el hielo temprano, tratando de calmarse.
Los temores acerca de la declaración que estaba próximo a realizar invadían su mente, pero debajo de eso también estaba esa constante preocupación que siempre estaba presente antes de una gran competencia, aumentada por las expectativas que le presionaban. Luego de haber sido superado por Viktor el día anterior, sus fans se encontraban más furiosos que nunca, desesperados por verlo ganar en su tierra natal en frente de toda esa multitud que lo apoyaba. El doloroso peso de su país estaba sobre sus hombros y las expectativas lo aterraban a tal punto que tuvo que pelear contra ellas, trabajando para controlar su respiración y tratar de arrastrar su mente fuera de las espirales en las que eran tan propenso a caer.
Esperó a estar solo en la pista, evitó las áreas públicas que eventualmente empezaban a llenarse a pesar de que aún faltaban horas para que la competencia diera comienzo, y se dirigió hacia el área de los camerinos en donde solo los patinadores y el personal del edificio tenían permitido entrar. Incluso allí dentro se sentía demasiado lleno de gente, demasiados ojos sobre él, provocando que Yuuri se alejara más, que buscara las áreas más silenciosas y desiertas para estar solo.
Luego de vagar por unos cuantos minutos, Yuuri encontró un pasillo desierto no muy lejos de la parte principal de la pista, pero sí lo suficientemente lejos como para que nadie se apareciera y lo encontrara por error. Todo el pasillo estaba lleno de puertas sin cerrar, la mayoría de ellas llevando a bodegas o lugares similares, y Yuuri decidió entrar en una de ellas, sintiendo agradecimiento.
La habitación estaba vacía y silenciosa, y Yuuri pudo sentir como la respiración que no se había dado cuenta que estaba conteniendo, salía de su cuerpo. Solo necesitaba tiempo a solas y un lugar silencioso para pensar.
Por un momento, Yuuri se planteó la idea de llamar a Phichit y pedirle un consejo, pero a decir verdad ya sabía lo que su amigo le diría. Que le contara todo a Viktor lo más rápido posible, que dejara de correr y que finalmente confrontara aquello a lo que le había estado huyendo por tanto tiempo. Y Yuuri sabía que Phichit tenía razón.
No podía decírselo a Viktor en este momento, no era el tipo de cosa que le quisiera lanzar a alguien justo antes de la presentación definitiva de la temporada. Pero lo haría después, tan pronto como pudiera tener a Viktor a solas. El banquete sería esa noche, así que Yuuri se juró que lo haría antes de que ese momento llegara. Confrontaría a Viktor después de que patinaran o antes de la ceremonia de premiación. Y si no tenía ninguna oportunidad allí, entonces iría a la habitación de Viktor y se lo diría, golpearía a la puerta y finalmente dejaría que su corazón tomara las riendas, esperando que Phichit tuviera razón y Viktor sí deseara tenerlo por completo y para siempre. Al recordar la forma en la que Viktor se había comportado la noche anterior, la forma en la que había sostenido a Yuuri, como había aceptado su beso cuando no obtendría nada más que eso, y pensando en cómo lo había tocado tan gentilmente, Yuuri tenía más confianza que nunca en que tal vez eso fuera verdad.
Había retrasado esto lo más que pudo, pero tendría que hacerlo en algún momento, no podía continuar retrasándolo para siempre. Y en cada escenario que había creado dentro de su cabeza, Yuuri hablaba con Viktor antes del banquete. De modo que, si Viktor lo aceptaba y tenían la oportunidad de hablar apropiadamente por primera vez en lo que parecía haber sido una eternidad, entonces irían juntos al banquete. Viktor siempre hacía que situaciones como las del banquete fueran más soportables, siempre sabía como hacer que Yuuri se sintiera en calma cuando de otro modo no pudiera.
Podrían pasar su tiempo juntos, tal vez podrían bailar. Ya lo habían hecho una vez antes, y aun en ese momento Yuuri se había maravillado de lo bien que se movían juntos. Bailar con Viktor en el banquete era una linda imagen, una linda idea. Sin ningún tipo de enojo esta vez, solo amor. Y Yuuri esperaba que fuera algo que pronto pudiera convertir en una realidad.
Pero primero, antes del banquete e incluso antes de su declaración, tenía que lograr pasar por su presentación.
A medida que el tiempo había pasado, Yuuri había redescubierto su amor por el patinaje, el impulso de patinar porque amaba al deporte más que a nada. Pero a pesar de eso, la creciente ansiedad que sentía antes de una competencia no había desaparecido. Su terapeuta le había asegurado que era normal, que no tenía que avergonzarse por no lograr que la sensación se evaporara por completo. Lo importante era que aprendiera a lidiar con ello, a no dejar que se apoderara de él.
Yuuri llevaba ya bastante tiempo atendiéndose con ella, no tan frecuentemente como a ella le gustaría -según lo que le dijo una vez-, pero él había estado tratando. Ella lo había ayudado inmensamente con los miedos que se aferraban a él durante las competiciones, enseñándole técnicas para calmarse, nuevas maneras de pensar, de lidiar con sus temores, de racionalizarlos y pelear contra ellos a pesar de no poder desvanecerlos por completo. A través de los años, Yuuri había sido capaz de ver su progreso, y estaba orgulloso de sí mismo por ello.
Lo único que le disgustaba de sus sesiones era la insistencia de ella para hablar de cosas que no tenían nada que ver con el patinaje. El quería mejorar, ser capaz de realizar sus presentaciones sin dejarse llevar por los nervios, así que no veía la necesidad de hablar de otras cosas a parte de eso. Nunca le había contado acerca de Viktor, nunca se había permitido hablar de ello porque ya de por sí era difícil lidiar con sus sentimientos. Además, había sido algo de lo que nunca había querido hablar ni examinar más detenidamente. Había cosas que prefería mantener para sí mismo.
Luego de realizar un par de sus técnicas usuales para controlar los nervios, Yuuri se sentía ligeramente mas tranquilo. Metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta, Yuuri sacó la pequeña caja que había guardado allí, a salvo y a un lado de la pista mientras patinaba.
Había sido un regalo de Phichit por su cumpleaños número diecisiete, una cajita pequeña y compacta con la imagen de un poodle en el frente. Yuuri se había sentido avergonzado cuando le habían prescrito pastillas, a tal punto que se había rehusado a llevar la botella con él a donde fuera, asustado de que las personas se enteraran. Así que Phichit le había comprado una caja de píldoras con una imagen súper tierna, de modo que pudiera tomar su medicina sin temor alguno.
Yuuri ya no estaba avergonzado, no lo había estado desde hace muchos años cuando Phichit y su terapeuta finalmente lo habían convencido de que no era nada malo, pero aún se mantenía usando la cajita como un tipo de agradecimiento a su amigo por haberlo ayudado a llegar tan lejos.
Abriendo la tapa, Yuuri sacó un par de pastillas y las puso sobre su palma abierta, deslizando la caja de regreso a su bolsillo. Estaba a punto de tragarlas, su mano a medio camino de su boca, cuando escuchó el sonido de la puerta siendo abierta junto a él. Yuuri se giró, sobresaltado. No había esperado que nadie estuviera tan alejado del sector principal y por instinto se alejó de la puerta mientras una familiar figura entraba.
—Yuuri, traté de encontrarte luego de la práctica, pero desapareciste y alguien me dijo que te vio viniendo por este camino así que… —Viktor se cortó, observando a Yuuri, sus ojos ampliándose en shock mientras asimilaba la escena frente a él.
Antes de que Yuuri tuviera tiempo de parpadear, Viktor cruzó el espacio que los separaba en unas cuantas zancadas y agarró su mano, sus dedos clavándose alrededor de la muñeca de Yuuri en un vicioso agarre, tan apretado que casi podía dejar moretones. Yuuri soltó un pequeño grito, el dolor en su muñeca causando que soltara las píldoras que había estado sosteniendo y provocando que se esparcieran en el suelo alrededor de Viktor mientras este alejaba su mano de ellas.
— ¿Qué es lo que estás haciendo? —preguntó Viktor, su voz sonando baja y con el horror pegado a su tono. Yuuri trató de dar un paso atrás, pero el agarre en su muñeca lo mantenía firmemente en su lugar y no le dejaba oportunidad de escape.
—Viktor, déjame ir —. Soltó Yuuri en alto, y Viktor lo dejó ir inmediatamente. Yuuri se movió para atrás, su mano aferrando la muñeca donde las marcas de los dedos de Viktor se notaban claramente.
—Yuuri, ¿qué es lo que estas haciendo? —Viktor le preguntó de nuevo, el horror estaba escrito en todo su rostro, sus ojos viéndose suplicantes. —No tienes que hacer esto. Dios Yuuri, ¿Por qué harías algo así? Te lo juro, no necesitas eso para ganar. Yuuri…
Y Yuuri lo sabía. Sabía exactamente lo que parecía. Pero eso no impidió que el sentimiento de traición rasgara a través de él, cortando su aliento y haciendo que sus ojos se llenaran de las lágrimas que él sabía estaban brotando a pesar de que trataba de pelear contra ellas.
Viéndolo desde afuera, el podía ver lo mismo que Viktor veía, una atleta de élite escondido de ojos curiosos y con píldoras en sus manos. El dopaje no era un problema de grandes proporciones en el mundo del patinaje, no como en otros deportes, pero eso no quería decir que no sucediera. Siempre había escándalos, sospechas, y Yuuri pudo ver como la mente de Viktor había atado cabos fácilmente. Yuuri se encontraba en su mejor condición después de todo y era reconocido por su resistencia en el hielo, por la forma en que podía realizar salto tras salto en la segunda parte de sus programas y nunca parecer cansado, su fuerza sobrepasando casi a la de cualquier otro patinador.
Pero eso no hacía que el que Viktor pensara tal cosa de él le dolería menos.
Que Viktor hubiera asumido lo peor le quemaba profundamente. Punzaba y dolía como nada porque Yuuri había estado listo para entregar su corazón por completo, y darse cuenta que Viktor podía pensar mal de él con tanta facilidad, había destrozado todo aquello.
Viktor no confiaba en él. Creía que Yuuri era tan patético y desesperado que tenía que caer en las más bajas tácticas para alcanzar la victoria. Viktor no pudo confiar en que todo lo que Yuuri había obtenido había sido por méritos propios. Creyó con tanta facilidad que todos los talentos de Yuuri venían de una botella, que eran producto una mezcla de químicos en lugar de la ardiente pasión que lo había impulsado toda su vida.
Viktor no había creído en él cuándo era un niño, e incluso ahora tampoco lo hacía. Viktor había cambiado, Yuuri sabía que Viktor había dejado de ser aquel niño hace mucho tiempo. Pero aunque ellos ya habían topado ese tema, nunca habían hablado realmente y con claridad acerca de ello. Había demasiada duda, una pequeña astilla que como fragmento de hielo congeló su corazón, e hizo que todo su cuerpo se entumeciera. Viktor no había creído en él antes, lo había despreciado antes, y lo estaba haciendo una vez más después de tantos años. Acusando a Yuuri sin pensarlo dos veces porque, a pesar de todo, Yuuri aún no poseía la confianza de Viktor. Y eso le dolía más que nada.
— ¿Vitya?
Justo cuando Yuuri pensaba que no podía ser peor, el mundo le demostraba lo equivocado que estaba, cada nuevo golpe impactando más fuerte que el anterior y haciendo que la alegría que sentía momentos antes fuera solo una memoria distante.
Yakov se encontraba parado en el marco de la puerta, deteniéndose a medio entrar mientras contemplaba la escena que tenía delante. Yuuri y Viktor, ambos escondidos de todos los demás en una habitación apartada. El cuerpo de Viktor tenso, sus ojos aún ampliamente abiertos por el shock y el horror. Yuuri echado hacia atrás, aferrando su muñeca con lágrimas no liberadas aferrándose a sus pestañas, el pánico irradiando de sus facciones. Las píldoras yacían en medio de ellos, blanco contrastando con el fondo oscuro, condenando.
Los ojos de Yakov se entrecerraron furiosos y Yuuri pudo notar su cerebro procesando la información en cuestión de segundos, analizando y sacando sus propias conclusiones antes de que Yuuri pudiera protestar por su inocencia.
—Siempre supe que había algo mal en ti. Después de todo lo que has hecho. Y ahora tengo la prueba.
Las palabras fueron frías, definitivas, congelando a Yuuri hasta los huesos.
—No te libraras de esto. Te van a expulsar de por vida una vez que lo diga.
—Yakov détente —. Dijo Viktor, y esta vez había furia real en su voz remplazando el horror de momentos antes. Viktor dio un paso al frente, moviendo su cuerpo de modo que ahora se encontraba entre Yuuri y su entrenador, pero Yuuri a penas lo notó. La habitación estaba girando a su alrededor, entrando y saliendo de foco, y todo lo que pudo sentir era las lágrimas que finalmente empezaban a salir de sus ojos y que creaban caminos húmedos hasta sus mejillas.
Yuuri no había hecho nada malo, él lo sabía. La ISU no lo expulsaría, ellos sabían acerca de su medicación, siempre lo habían sabido. Celestino había sido muy cuidadoso en aclarar ese asunto, sabiendo que Yuuri ponía su carrera sobre todo lo demás y que despreciaría la idea de ganar con cualquier otra cosa que no fuera su talento. No estaba rompiendo ninguna regla, así que no lo expulsarían. Pero las palabras y la rabia viniendo del entrenador de Viktor, mezcladas con la traición del mismo Viktor, eran demasiado para él. Yuuri necesitaba salir de allí antes de que el pánico se apoderara de él por completo.
Empujando a Viktor, Yuuri se dirigió hacia la puerta, no importándole chocar contra Yakov mientras corría e ignorando el grito de "¡Yuuri espera!" que hizo eco detrás de él.
— ¡Yuuri! — Escuchó la Viktor llamarlo otra vez, pero ya se encontraba saliendo por la puerta y corriendo a toda velocidad por el pasillo, las lágrimas quemando aún en sus ojos y los pedazos de su corazón roto clavándose dolorosamente en su pecho.
Hubo una fila de sonidos en ruso mientras Yakov le gritaba algo a Viktor y este le lanzaba furiosas palabras en la misma lengua, pero Yuuri no se quedó para escuchar más, ni siquiera cuando escuchó los acelerados pasos que venían detrás de él. Sin ver hacia tras, Yuuri giró en la esquina a toda velocidad, pasando por el laberinto de corredores sin fin enfrente de él con el pensamiento único de alejarse de allí, alejarse y no mirar atrás.
Para cuando los pasos de Viktor, acelerados y llenos de pánico, llegaron al final del corredor, Yuuri ya había desaparecido.
Katsuki Yuuri y Viktor Nikiforov envueltos en escándalo de dopaje durante el Campeonato Mundial de patinaje sobre hielo.
Katsuki Yuuri y Viktor Nikiforov, patinadores de élite y notorios rivales, se vieron envueltos en un escándalo de dopaje el día de hoy durante la final del Campeonato Mundial de Patinaje sobre hielo que ha dejado en shock al mundo del patinaje.
Katsuki Yuuri, el campeón Mundial del año anterior, y Viktor Nikiforov, su rival de toda la vida, se vieron envueltos en un escándalo respecto a una acusación contra Katsuki hecha por el entrenador de Nikiforov, Yakov Feltsman. Katsuki habría sido presuntamente atrapado con las manos en la masa por Feltsman y las subsecuentes investigaciones para tal grave acusación fueron realizadas. El uso de fármacos para potenciar el rendimiento conlleva el riesgo de una suspensión de por vida por parte de la ISU, así que el asunto fue tratado con gran severidad.
Sin embargo, resultó que no era el acusado, Katsuki, quien estaba en error, sino el mismo Nikiforov. Katsuki, un individuo notoriamente privado a pesar de su status de celebridad, proclamó no estar rompiendo ninguna regla y que los fármacos que había estado tomando le habían sido prescritos medicamente además de ser previamente aprobados por la ISU, algo que fue luego confirmado a través de pruebas de laboratorio.
La historia vio la luz solo horas antes de que el programa libre de patinaje masculino en solitario, en donde ambos patinadores debían participar, tuviera lugar; esparciéndose con rapidez por la comunidad. Una disculpa pública fue brindada casi inmediatamente por Nikiforov a nombre tanto de él como de su entrenador, el cual había hecho la acusación inicial, pero el daño ya estaba hecho.
Un portavoz representativo de la ISU declaró que no tenía conocimiento de cómo algo que debía ser clasificado como un asunto interno, había sido descubierto por la prensa, llamando al asunto "una imperdonable invasión a la privacidad del señor Katsuki", pero la declaración no pudo hacer nada para detener lo rápido que se propagó la información. Primero, las noticias de que el patinador había sido atrapado dopándose, y luego la revelación de la verdad. La noticia de que Katuski había estado tomando medicina aprobada por la ISU y que era comúnmente usada para tratar la ansiedad, siendo esparcida a través de los noticieros de deportes, páginas web, y redes sociales como un fuego descontrolado, antes de que cualquier tipo de orden de restricción pudiera ser emitida para proteger la información médica privada del patinador.
Hubo multitud de reacciones de parte de los fans, tanto de Katsuki como de Nikiforov, que variaron desde la sospecha a Katsuki, hasta la condenación a las acciones del entrenador de Nikiforov y por extensión, de Nikiforov en sí. El descubrimiento del antes desconocido historial médico de Katsuki, disparó un debate entre los fans, con algunos de ellos criticando y declarando que cualquier clase de medicación debería ser clasificada como "trampa" por los estándares internacionales, mientras que otros defendieron potentemente al patinador, muchos de ellos llamándolo una inspiración por los logros obtenidos y ganando un apoyo masivo en las redes.
Nikiforov fue igualmente juzgado bajo los ojos críticos de los fans, algunos de ellos apresurándose a defenderlo y declarar que sus acciones fueron completamente lógicas, mientras otros se hallaron indignados ante las acusaciones lanzadas contra su compañero patinador. Su rápida y sincera disculpa pública ayudó a salvar parte de la situación, junto con el hecho de no haber acusado a Katsuki personalmente y con la confirmación de que ni él ni nadie en su equipo había sido responsable de que la información se filtrara por la prensa. Sin embargo, su reputación se llevó un innegable golpe debido al incidente, y la especulación rápidamente se tornó hacia su relación con Katsuki, el cual no estuvo presente en la precipitada conferencia de prensa en donde había declarado sus disculpas.
Viktor Nikiforov y Katsuki Yuuri se han convertido en nombres conocidos desde que Katsuki rompió la racha ganadora de Nikiforov hace muchos años, pasando de ser un joven competidor con ambiciones de gloria, a un verdadero rival quien eventualmente se convirtió en la única persona que ha sido consistente en sacar a Nikiforov del lugar más alto del podio, arrebatándole medalla tras medalla al hombre que anteriormente dominaba el deporte. La rivalidad entre ambos creció rápidamente a un estatus legendario, con ambos dejando marca en la historia del patinaje. Sin embargo, la relación personal e historia entre ellos se ha visto envuelta en un misterio que solo avivó la intriga e interés en la competencia.
Cada fotografía de Katsuki mostraba claramente la molestia que sentía por la leyenda, y los fans del patinaje fueron rápidos en notar el hecho. El disgusto por el hombre que constantemente le arrebataba el otro, a veces con una diferencia minima de puntos entre ambos, era de esperarse por parte de Katsuki. Pero aunque nunca hablaba mal de Nikiforov durante las entrevistas, la intensidad de sus emociones llevaron a algunos fans a decir que la existencia una historia personal entre ellos era la única explicación razonable, aunque nada ha sido nunca confirmado.
Sin embargo, la historia solo se volvió más intrigante a medida que pasaban los años. Luego de la colisión entre los dos patinadores durante un Campeonato Mundial anterior, la cual dejo a Katsuki inconsciente sobre el hielo, el ver la muy emocional reacción de Nikiforov habría avivado las especulaciones de que tal vez la relación no estuviera tan llena de odio como los fans y la prensa amaban declarar. Un creciente subgrupo de sus respectivos fanbases, llegó incluso a afirmar que ambos se encontraban en una relación romántica, y la evidencia para apoyar dicha declaración no era tan insustancial como muchos creían.
Independientemente de cual fuera la verdad de lo que ellos creían, era innegable que la tensión se había empezado a enfriar entre ellos, con la conducta general de Katsuki hacia Nikiforov cambiando con los años, dejando atrás el cómo había sido la primera vez que se habían parado juntos el podio. Luego de tantos años de competir junto al otro, no era irracional asumir que el odio eventualmente se había desvanecido para que una relación con más deportividad, si no es que algo más, tomara lugar.
Esta fue en parte la razón por la que los fans del deporte estaban tan atónitos ante las acusaciones de dopaje. Un apenado fan escribió en su twitter: "Realmente pensaba que había algo mas entre Katsuki y Nikiforov, pero luego de ver este desastre supongo que estaba en error". No fue una reacción poco común, y aunque muchos ávidos fans de cada patinador saltaron a defender a sus ídolos y se lanzaban maliciosos insultos entre ellos, la mayoría de fans parecen simplemente estar en estado de shock.
Ha sido un dramático día para el patinaje artístico, y muchos esperan, con temor o anticipación, saber lo que sucederá después.
Una vez, hace mucho tiempo, Yuuri se había jurado no preocuparse nunca más por Viktor Nikiforov. Se juró a sí mismo que nunca más lo dejaría entrar en su corazón porque dolía demasiado. Y aun así, eso era exactamente lo que había hecho. Se había entregado por completo, y ahora su corazón se hallaba en pedazos, sin nadie a quien culpar más que a él mismo. Había permitido que Viktor entrara, y este lo había roto una vez más, sin importar si había sido o no intencional.
Tan pronto como Yuuri había salido corriendo de la habitación, dejando a Viktor detrás, se dirigió directamente hasta Celestino. Su entrenador estaba furioso por lo que había pasado y se puso en marcha inmediatamente, haciendo varias furiosas llamadas telefónicas a varios miembros de la ISU. Pero eventualmente le había admitido a Yuuri que las acusaciones ya habían sido hechas y que lo mejor para ellos sería que probaran la falsedad de las mismas.
La ISU estaba de su parte, le dijo Celestino. Ellos sabían acerca de la medicina, tenían conocimiento de esto y lo habían aprobado por completo. Pero no podían dejar pasar una acusación de dopaje tan simplemente, tenían que investigar más a fondo, y lo mas seguro para Yuuri era que cooperara y probara que no tenía nada que esconder.
Y así, en lugar de pasar al ultimas horas practicando para el programa libre, Yuuri se había visto obligado a permanecer en los interiores del edifico, pasando por una serie de humillantes pruebas con Celestino a su lado todo el tiempo, manteniendo la guardia.
Durante todo el procedimiento, el teléfono de Yuuri se mantuvo vibrando sin parar, y eventualmente celestino lo había levantado del lugar sobre la mesa junto a él donde Yuuri lo había dejado, contemplando la larga fila de llamadas perdidas de parte del hombre con el cual Yuuri no tenía deseos de hablar ahora. Celestino había bloqueado el número sin dudar ni un momento, dejando el teléfono en completo silencio, y Yuuri no había protestado. No quería ver a Viktor, no quería hablar con él mientras las heridas estuvieran aún tan frescas.
Cuando les fue informado que de algún modo la historia había sido filtrada en la prensa, Celestino había jalado a Yuuri dentro de un abrazo, permitiéndole hundir su rostro en su confortable hombro. No estaba avergonzado, se rehusaba a sentirse avergonzado, pero eso no significaba que quisiera que las personas se enteraran. Miles de personas sin rostro ni nombre, todas pensando que tenían el derecho de opinar acerca de su vida.
No quería que las personas se enteran, porque era algo privado. Y le dolía más porque esa era su vida, debía ser su decisión si quería o no compartir esa información con el mundo, y ahora esa decisión le había sido arrebatada.
Yuuri no deseaba nada más que poder marcharse e ir a casa, el pensamiento de encarar al mundo era demasiado aterrador y no quería tener que hacerlo. Pero aún faltaba el programa libre, así que no podía retirarse, no podía renunciar porque eso sería como perder y él se rehusaba a hacer eso ahora. Así que se puso sus patines cuando fue el momento y salió solo cuando tuvo que hacerlo. Celestino manteniéndose siempre a su lado.
Celestino iba delante, asegurándose de que Yuuri se dirigiera a la pista solo cuando llamaran su nombre, permitiéndole evadir los ojos curiosos de todos hasta el último momento. Pero cuando Yuuri se paró sobre el hielo, pudo sentir el peso de todas las miradas sobre él, pudo escuchar los bajos susurros que llenaban el estadio aun con la multitud gritando su apoyo.
No quería estar allí, prefería estar en cualquier lugar menos ese. Su amor por el patinaje, su pasión, su deseo, ninguno de ellos existía en este momento. Todos habían sido aplastados por los sentimientos de tristeza y pérdida que amenazaban con ahogarlo. Yuuri difícilmente podía moverse, mucho menos patinar con la emoción que lo había impulsado por tanto tiempo.
Cada uno de sus movimientos fue apagado, mediocre. Se cayó en una vergonzosa gran cantidad de veces, falló un quad toe loop como nunca lo había hecho antes, realizó la secuencia de pasos sin ningún tipo de elegancia. Y ni siquiera así pudo lograr que le importara, porque la medalla que estaba perdiendo en este momento no era nada comparada al hermoso futuro que había imaginado y que acababa de perder horas antes.
Yuuri abandonó el hielo tan pronto como terminó de patinar, apenas dando su reconocimiento a la multitud. Aún lo animaban, aún aplaudían, silbaban y mostraban su apoyo, pero Yuuri podía sentir la corriente de amarga decepción como una sensación tangible en el aire. Ellos habían venido para verlo ganar, y él los había decepcionado. Y la peor parte de todo, era que no podía conseguir que eso le importara.
Yuuri ignoró las puntuaciones cuando fueron anunciadas. Ya sabía de antemano que serían terribles, así que dejó el "Kiss and Cry" tan pronto como pudo, Celestino siguiéndolo todo el tiempo. No había ningún requerimiento para que se quedara después de esto y solo quedaba una presentación mas, una que no quería presenciar.
Pero incluso con ese pensamiento en mente, algo lo detuvo antes de llegar a la salida, girando en el último minuto por puro impulso aun cuando su mente le gritaba que solo se alejara. Necesitaba tiempo, tiempo fuera de todo esto mientras ordenaba las cosas en su cabeza. Habían pasado demasiadas cosas y ni siquiera podía empezar a desenredar la maraña de sentimientos que tenía, mucho menos descifrar que camino posible tomar de aquí en adelante. Pero aun así se detuvo. Aun así miró atrás como lo había hecho durante toda su vida aun si eso lo destruía, así que no pudo evitar hacerlo una última vez.
Viktor era el último patinador que quedaba, el último en presentarse. El ruso no había estado presente durante la presentación de Yuuri, pero lo podía ver ahora; una pequeña figura en la inmensidad del estadio. Pero a pesar de que el nombre de Viktor ya había sido anunciado, este aún no se encontraba en el hielo. En lugar de eso, permanecía parado a un lado de la pista, de espaldas hacia donde se suponía debía estar y sin hacer intento alguno de llegar allí. Tenía el cuerpo en dirección hacia su entrenador y cada parte de él irradiaba tensión, completamente quieto mientras el otro hombre trataba de forzarlo a entrar al hielo, su mirada enfocada en la multitud a su alrededor y no en su entrenador, ojos escaneando cada rostro.
Yakov le estaba gritando algo a Viktor, pero Yuuri estaba demasiado lejos como para entender las palabras. Y aun si hubiera estado cerca para escuchar, el perplejo murmullo de la multitud lo hubiera ahogado de todas formas. Por encima de su cabeza, Yuuri escuchó al presentador llamar a Viktor una vez más, y Yakov prácticamente forzó a su estudiante a caminar hacia el frente, haciendo que se parara sobre el hielo. Incluso así, Viktor no cedió, discutiendo fuertemente con su entrenador, sus ojos navegando aún por la multitud, los gestos de sus manos severos y llenos de furia contenida.
El presentador llamó el nombre de Viktor por tercera vez y Yuuri pudo ver como los ojos de Yakov se entrecerraron. Esta vez, en lugar de gritar como lo había estado haciendo anteriormente, Yakov pareció bajar la voz, siseándole algo a Viktor desde lejos y Yuuri pudo ver como los hombros de este se hundían, toda la oposición dejando su cuerpo. Usualmente, cuando Viktor entraba al hielo, el ruso estaba lleno de sonrisas y saludos para la audiencia. Pero esta vez, sus ojos miraban hacia abajo y sus movimientos eran imprecisos, tan diferente al patinador que Yuuri conocía que era.
A Viktor a penas pareció importarle cuando la (1)música comenzó, y cuando finalmente empezó a patinar, sus movimientos eran apresurados, casi perdiendo el ritmo de la música. Observarlo hizo que algo dentro del estómago de Yuuri se apretara, se suponía que el patinaje de Viktor debía ser hermoso, lleno de alegría y vida, pero Viktor no era nada de eso ahora. Patinaba como si no quisiera nada más que la rutina finalmente terminara.
Falló el aterrizaje de uno de sus saltos, tropezando de tal modo que sus rodillas tocaron el hielo, y Yuuri pudo sentir el shock irradiando desde la audiencia, la inhalación colectiva. El salto que había fallado era un quad flip, un movimiento que Viktor podía realizar tan fácilmente como respirar. Un movimiento que Yuuri lo había observado realizar por primera vez en competencia durante el Junior Grand Prix hace lo que se sentían como siglos, un movimiento que Viktor nunca había fallado en clavar antes. No hasta ahora.
Cuando Viktor finalmente terminó su rutina, mantuvo su posición final vagamente por un segundo antes de dejarla y salir apresuradamente de la pista, girando su cabeza mientras lo hacía, sus ojos buscando aún entre la multitud.
Yuuri pudo notar el momento exacto en que Viktor lo encontró, una pequeña figura a la distancia, aún parado a medio camino de la salida como si se hubiera congelado en el lugar. Desde su posición al otro lado de la pista, Yuuri estaba demasiado lejos como para ver con claridad los detalles del rostro de Viktor, pero pudo notar como la cabeza de Viktor se elevaba completamente ante la vista. Pudo ver como su ritmo pasaba de apresurado a casi desesperado mientras patinaba los últimos metros que le quedaban y salía del hielo, intentando ya sacarse los patines.
Estaban separados por la pista, dos figuras en lados opuestos del lugar y con una gran distancia entre ellos.
—Yuuri, vámonos —. Lo llamó Celestino y Yuuri giró su cabeza sorprendido, casi había olvidado que su entrenador había estado allí, esperando por él. Se giró a medias, haciendo el intento de seguir a Celestino y salir por la puerta finalmente, pero no pudo evitar dar una última mirada sobre su hombro.
Viktor había terminado de desatar sus patines, descartándolos a un lado sobre el suelo sin pensarlo dos veces. Yakov se movió hacia Viktor, colocando lo que parecía ser una confortable mano sobre el hombro de su estudiante, pero Viktor se la sacudió de encima, empezando a correr desde ese lugar y por toda la pista, sus ojos todavía fijos en el lugar donde Yuuri se encontraba parado.
El estadio era un alboroto, los fans aún en shock por lo que acaban de presenciar y vocalizando su desconcierto entre ellos, cada una de las voces más fuerte que la anterior. Lo suficientemente altas como para aplacar cualquier sonido que Viktor pudiera estar haciendo aun si Yuuri podía ver sus labios moviéndose. Tan fuerte como para enmascarar lo que parecía ser su propio nombre siendo llamando desde la distancia que los separaba.
En lugar de hacer lo mismo, de correr hacia Viktor como una parte de su ser le rogaba hacer, Yuuri se giró para alejarse. Necesitaba espacio, necesitaba tiempo. No amaba menos a Viktor, pero no podía soportar verlo en este instante.
Todo lo que había pasado lo había sacudido profundamente, y ni siquiera podía empezar a procesar lo que estaba sintiendo. Aún amaba a Viktor, aún lo amaba con todo su corazón, pero la traición y todo lo que había venido después de eso aún punzaban dolorosamente, y Yuuri sabía que necesitaba tiempo para pensar y espacio para respirar. Sabía que no quería hablar con Viktor, no quería ver a Viktor. No ahora.
Así que se marchó, se marchó con Celestino, dejando la pista y a Viktor detrás. Podía parecer que estaba huyendo, pero lo hizo de todas formas.
Yuuri necesitaba tiempo, necesitaba espacio, y más que nada en el mundo necesitaba el confort de su hogar. No Detroit, sino su verdadero hogar y toda la seguridad y refugio que este le traía. Un pequeño pueblo alejado de los ojos curiosos y la presión del resto del mundo, en donde podría esconderse y decidir qué diablos iba a hacer.
Le tomó poco tiempo poner todas sus pertenencias dentro de la maleta, y con una breve explicación a Celestino, se encontró rápidamente en un tren con dirección a Hasetsu, yendo a casa por primera vez en ocho años. No le interesaba el banquete, no le interesaba el programa de exhibición. Simplemente quería alejarse de todo.
Había demasiadas cosas en su cabeza, tantas que sentía que se ahogaba en ellas. Habían pasado demasiadas cosas y demasiado rápido, todo había sido volcado y sacado de su eje y Yuuri no sabía lo que quería o lo que debía hacer.
Un agudo sonido lo alertó de un nuevo mensaje en su teléfono y lo revisó apáticamente, era una notificación de una de las aplicaciones para deportes que tenía, la pequeña burbuja detallando los resultados del programa de hoy.
El nombre de Chris estaba en la cima, seguido por el muchacho kazajo que Yuuri había estado admirando el día anterior. Y abajo en la lista, más abajo de lo que jamás los había visto antes, estaban su nombre y el de Viktor, los puntajes casi riéndose de lo bajos que eran. Ninguno de ellos había obtenido una medalla y Yuuri no había esperado que así fuera, no después de las presentaciones que ambos habían brindado, rígidas, apresuradas y carentes de vida.
Objetivamente, Yuuri notó que su nombre estaba encima del de Viktor, su puntaje siendo más alto por varios puntos que no significaban nada. No habían ganado una medalla, pero Yuuri aun así había derrotado a Viktor, aquello que Yuuri había anhelado toda su vida.
Pero no se sentía para nada como una victoria.
Nota de autor:
Lo siento mucho!
Y también siento haber hecho que Yakov haya sido tan cruel con Yuuri, pero tenía sus razones. Lo verán en el otro fic, pero él realmente piensa que está protegiendo a Viktor y haciendo lo correcto, a pesar de que solo lo hizo peor.
Nota de traductora: Debo decir que cuanto leí este cap quede DES-TRO-ZA-DA. En serio, solo me hice bolita y me eché a llorar. Le dejé el review a Reiya-san con lágrimas en los ojos.
Y ustedes ¿están bien :'v?
Reiya-san llamo a este cap su propio "Al final, terminemos esto"
También, antes de que alguien quiera matar a Viktor o algo, les recomiendo pasar a mi perfil y entrar a "Rivals Serie: Lo que se dice en tumblr" porque publiqué un post que Reiya-san escribió en su tumblr acerca de Viktor y lo que pasó en la parte de "en defensa de Viktor Nikiforov". Créanme, el fandom anglo enloqueció con este cap del fic y ese post fue necesario. Además, allí estaré publicando traducciones de información relacionada a la serie que Reiya-san solo publica en su tumblr. Por si les interesa :D
Y pues, espero que estén vivas y… nos vemos en el próximo y ultimo cap de este fic :'v
MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS POR LEER.
A todos los que leyeron, comentaron, siguieron y dieron favorito a este fic. Como siempre les recomiendo ir al blog de Reiya-san, si desean.
Les dejo su blog por si gustan ir a dejarle su comentario :)
Los reviews y su opinión como lectores siempre son apreciados! :)
Siempre que sea su voluntad, por supuesto.
Especialmente por la autora. Si pueden tomarse el tiempo para opinar aquí y en el tumblr de Reiya-san sería perfecto. Pero cuidado con el spoiler XD
Aquí está su blog en tumblr.
kazliin (punto) tumblr (punto) com
No importa si escriben en español. :)
Pueden buscar directamente a la autora en AO3 como "Reiya".
¡NOS ESTAMOS LEYENDO!
