Comentarios: Y… henos aquí, en el final de tan superflua trayectoria, una historia pequeña, en sí, pero que a mí me tardó milenios escribir, ¿quién diría que ya casi tiene un año la historia? Y sólo 5 capítulos… y un epílogo, eso es.

Como llevo diciéndoles, ¡Doits-fruten la lectura!

¿Puedo besarte?

.

.

.

Parte extra: De cuando Ludwig visitó al tío Remo

.

Soltando un suspiro, y un tanto nerviosa, agitó uno de sus pies, el cual estaba envuelto en unas zapatillas color rojo. Repasó mentalmente las cosas que tenía en la mochila, que si tenía una colorera con lo básico, que si tenía el bloc, que si tenía la contraseña del casillero, que si tenía dinero para el almuerzo, que si se sentía entusiasmada por su primer día en la universidad.

No podía creerlo. Tenía un pie dentro de la Academia Europea di Firenze, ¡y tenía permiso para estar dentro de ella!

En un arranque de emoción, sonrió, pasó la credencial por la máquina esa (la que… checaba credenciales—duh) y saludó entusiasmada a uno de los guardias.

Metió rápidamente unas cuantas cosas a su casillero, acomodó otro par, se dejó el dinero del almuerzo adentro y le quitó el modo avión a su celular (todo por ahorrar bendita batería). Sin muchos compromisos, llegó cinco faltando para las ocho a su primera hora, donde le esperaba un profesor de aspecto apático, quien les daría la materia de Historia Universal I, cosas que seguramente ya sabía.

— ¡Eli! —saludó entusiasmada, acercándose a la otra chica, quien le devolvió tan entusiasmada como ella el saludo—. ¡No sabía que estudiaras aquí! —le expresó su sorpresa, aunque no por eso no era grata el encuentro. La otra se encogió de hombros y le dio una sonrisa nerviosa, como quien no quiere la cosa.

—Bueno, pues sí… primer ingreso —y se vuelve a encoger de hombros, insegura de qué más hacer. Estuvo ojeándola un rato, con una media sonrisa en los labios, y después se atreve a hablar—. Veo que te dejaste crecer el cabello…

—Oh… eso —se toma un mechón y luego lo suelta, quitándole importancia—. Sugerencia de Lovi, lo conoces.

—Más de lo que parece —asintió la otra—, en general, es muy fácil de comprender, así que puede resumirse a eso —iba a agregar algo más, pero el profesor mencionó que ya era hora de comenzar, así que un poco reticentes y casi actuando como meninas regañadas, asintieron un poco y procedieron a abrir los cuadernos y sacar notas cada que era necesario.

Observó su reloj. No que tuviera prisa, pero realmente esperaba no haber llegado a la hora equivocada. Si no mal recordaba, era más o menos a esa hora la que le mencionó Alicia que saldría. Para pasar el tiempo, se sentó en una banca que era para visitantes y checó un poco los textos que le llegaron. Un par eran de su hermano, otro par de su padre, uno de Lovino (¿cómo diantres había conseguido su número?) uno del señor Remo, y finalmente unos cuantos de Alicia quejándose de que la pasta de la cafetería no sabía igual a la que su hermano preparaba.

Tú: Ali, no son la misma persona, obviamente no sabrá igual.

Alicia: bueno, lo intenté.

Y venía con un par de Emojis que simulaban su tristeza, y uno que parecía ser un plato de pasta. ¿Que cómo había conseguido un emoji de pasta? Estaba en las configuraciones básicas.

Tú: Como sea, ya estoy aquí afuera.

Alicia: ya voy ya voy solo me peleaba con la maquina de dulces.

Y seguido de eso venía un suspiro del blondo, no debía sorprenderse, era una adolescente (y no es como que él no lo fuera, él solo estaba… un poco fuera del molde, es todo), y los adolescentes tendían a pelearse con las máquinas expendedoras de cualesquiera producto que hubiera. Lo que sí le extrañaba era que semejante escuela tuviera máquinas expendedoras, pero eso era pregunta para otro día. Volvió a revisar la hora y escuchó pasos acercarse a él.

— ¡Luddy-Luddy! —y salía abrazada de un… rubio, sorprendentemente amanerado, quien hablaba… bastante extraño. Alicia seguía intentando atraer su atención, así que no tuvo de otra más que acercarse a ellos y hacer una inclinación con su cabeza a modo de reverencia, Ali rio un poco con aquél gesto y luego señaló al que la acompañaba—. Te presento a Feliks.

—Como que… hola —y le extendió la mano, la cual Ludwig se encontró estrechando minutos después.

—Compartimos todas las clases —le explicó Ali, quien estrechaba todavía el brazo del otro—, y es muuuuuy simpático, así que creí que ambos se llevarían bien.

Ludwig sonrió ligeramente, y asintió con la cabeza, y notó que el otro rubio reaccionaba de una manera muy parecida a la suya. Se sintió alegre de ver que Ali no tenía problemas al incorporarse en la escuela (y no es que hubiese estado temiéndoselo al grado de no pensar en otra cosa, pero recordando que Ali había estudiado en su casa la mayor parte de su vida no pudo evitar pensar si realmente podría tener un profesor que le inculcara a otros chicos además de ella), y que además de eso parecía ser el mismo rayo de sol que era cuando le conoció.

— ¿No tuviste problemas en tu primer día? —inquirió mientras caminaban al auto, y le hacía señas a Feliks por si quería ir con ellos. Ali se fue en el asiento del copiloto dejando a Feliks en el asiento trasero, Ludwig se ajustó el cinturón de seguridad y ponía sus manos en el manubrio.

—Bueno… puede que me haya dormido en una o dos clases —y puso sus manos en sus rodillas incómoda, como si de esa manera la mirada de reproche que le dirigía el rubio no le llegara—. Aunque en mi favor, cuando pasaron asistencia con mi nombre asentí, además de que en ellas estaba Eli para despertarme.

Después de soltar un suspiro, Ludwig arrancó el auto, y estuvo en silencio unos segundos. —Eso no significa que debas faltarle el respeto a los profesores, sobretodo al inicio de semestre, que es donde das la primera mala impresión.

—Tú todavía no entras a la universidad —le reprochó la chica sin realmente reprocharle, más bien como un "déjame ser"—. Verás que cuando entres suplicarás que te ayude, sobretodo porque donde entrarás dejan toneladas de tarea.

Ludwig no negó que le dejarían mucha tarea, aunque estaba casi seguro de que podría manejarla bien. Le preguntaron a Feliks por dónde vivía y si lo dejaban ahora o si prefería ir a tomar un café (después de todo, las otras clases de ambos comenzaban dentro de otras tres horas), a lo que asintió por lo segundo y fueron a una cafetería de estilo francés que quedaba a treinta minutos… en auto (el tráfico a veces podía ponerse de pesadilla).

Ordenaron cada uno sus pedidos, y comenzaron a conversar. Ludwig para romper el hielo con Feliks y hacer la "amistad" que tanto quería Ali que formara, que a final de cuentas no fue muy difícil. Aunque el polaco (venía de Polonia, vaya) era una persona… sorprendente, a falta de un adjetivo que mejor le describiera, resultó concordar en muchas cosas con él que a primera vista creyó que no.

Así pasó el rato y antes de que se dieran cuenta ya eran la una de la tarde, lo que significaba que debían regresar al plantel y comenzar con las clases vespertinas (que en el lunes daban de ser tres, comenzando por una a las dos). Ludwig pagó y se fueron, dejando el cambio como propina, antes de que el tráfico se complicara más y llegaran tarde (regla básica, no servía de mucho ir a la clase si te habían tomado falta en el día, es quizá eso la parte importante de la universidad).

Después de dejarlos, Ludwig soltó un suspiro y comenzó a manejar. Mientras estaba atrapado en el tráfico, le había llegado una llamada, con ayuda del dispositivo de manos libres, pudo ver que era Lovino quien quería comunicarse con él.

— ¿Si? —contestó alargando un poco el cuello, con la esperanza de que los autos frente de él hubieran avanzado aunque sea un poco.

Bastardo, el tío me dijo que irías a verlo.

—Bueno… sí, ¿por?

Casi podía imaginarse al otro encogerse de hombros. —Me hago una idea de lo que planea decirte. Personalmente, puedo decirte que no va a ser… después de saber lo de Feli… no te sorprenderá, quiero decir.

—A estas alturas… —concordó. Estuvo manejando tranquilamente al menos durante un minuto y medio antes de que todos se atascaran y tuviera que frenar—. ¿Me recuerdas cómo conseguí una licencia con tanto tráfico?

¿Te la expidieron en Bastardolandia?

—Lindo —murmuró, tan bajo que ni él mismo lo hubiera escuchado—. No recordaba que estuviera tan… atascado el tráfico.

Bienvenido al final de las vacaciones. Vete acostumbrando, que dudo que planees irte de aquí.

Ludwig no negaría eso, aunque extrañaba un poco la tranquilidad en las calles de Berlín—¡¿Eran eso tres autos en un espacio que sólo le concernía a dos?!

— ¿Hay algún lugar con más tráfico que Italia?

Hmm… probablemente Nueva York, aunque Antonio me relata que una vez fue al Distrito Federal (qué elegante suena) en México y… uh, bueno, el taxi estuvo atrapado en el tráfico por nueve horas. Aquí en Italia no se trata de qué tanto sepas manejar, sino tu habilidad con el volante.

—Lo —esperó un segundo al ver cómo un auto se le metía y estaba a punto de rayar el auto—… noté.

Era extraño, tener una conversación con Lovino que no involucrara muchas palabrotas (y ve que no escucharlo decir una de cada cinco palabras ofensiva era ganancia), aunque también era reconfortante. La pregunta era, ¿por qué? Ni idea, pero le tranquilizaba un poco saber que no estaba siendo… grosero con él.

También tendrás que acostumbrarte a una cantidad de autos impensable, en Italia no valen mucho las leyes viales, la más vital y no escrita es: si cabe, cabe.

—Eso… no ayuda mucho, aunque lo tomaré en cuenta —dijo Ludwig, recordando a esos tres autos de hace unos minutos—, como sea, tengo que colgarte, creo que estoy por llegar —Google Maps, no falles ahora. In Google Maps we trust.

Suerte, Bastardo.

.

Aunque tardó un par de minutos para que le dieran acceso a la oficina del señor Remo, lo logró a final de cuentas. Tardó al menos otro par de minutos para que la secretaria lo sacara de una de las sillas en la sala de espera y le dijera que podía reunirse con el hombre.

—Buenas tardes —saludó, haciendo una leve reverencia con su cabeza. El hombre alzó la vista de los papeles y le imitó el gesto, dejó los papeles, permitió a la secretaria salir y se levantó de su asiento.

—Sabes por qué estás aquí, ¿no es así?

—Creo… que no, señor.

—Bueno, estás aquí para discutir sobre Ali —le afirmó mientras se dirigía a una de las ventanas, de su traje sacó una caja—. ¿Te importa si fumo?

—Oh… no señor, adelante. Esta es su oficina, no tengo jurisdicción.

Estuvo entretenido unos segundos en encender el puro que estaba entre sus dedos, y después de eso dejó salir un exhalo lleno de humo. —Como debes saberlo, hay algo detrás de la familia Vargas.

—En la fiesta de Lovino pude… notar algo extraño, aunque sólo lo he mantenido en sospecha.

»…Además, mencionó algo sobre usted teniendo una casa en Berlín. Y sólo… la gente que tiene casas cerca del centro tiene poder… tanto político como económico. Me sorprendió en un inicio, dado que… usted no es alemán, aunque supuse que…

Se calló después de unos segundos de sopesarse, ¿qué más podía agregar? ¿Por qué había dicho lo de la casa de Berlín?

El hombre pareció inspeccionarlo como lo había hecho en la fiesta de cumpleaños de Lovino, y después de darle una calada a su puro soltó una pequeña risa.

—Bueno, sí, tengo una casa en Berlín. Fue una… herencia de la familia, se podría decir —se encogió de hombros—. Como sea, la compañía que dirijo es de… comercio.

Comercio. Comercio era una palabra bastante… ambigua, aunque Ludwig no comentó nada al respecto.

—Como sea, hay mucha… competencia, y mi familia no es, lo que se dice, "de palomas blancas." Apuesto a que te haces una idea de lo que hablo.

—Me lo temo, señor. Aunque, no entiendo qué tiene esto que ver con…

—A eso voy, no comas ansias —le señaló una silla, y Ludwig lo tomó como una invitación para sentarse, lo cual hizo sin demasiado preámbulo—. Tuve una esposa, era… era un ángel italiano. Cabellos castaños, manos delicadas, ojos verdes, piel oliva —parecía casi figurarla en su mente y sonreír con su memoria—… y tenía una terrible pasión por el arte.

Aunque al inicio Ludwig entendía un poco extraño el que el hombre le hablara sobre aquellas características de una mujer que nunca conoció, frente aquél último dato no pudo evitar arquear una ceja mientras su cerebro lentamente conectaba los puntos.

—Entonces, Lovino y Alicia, ¿realmente no…?

—Lovino sí, Alicia… Alicia no.

Ahora Ludwig recordaba la fiesta de Lovino, la forma tan diferente en la que el hombre trataba a su sobrino, en comparación a Ali… la preferencia, y aunque parecía mosquear un poco al mayor de los Vargas, no parecía realmente querer replicar en eso.

—Un par de semanas después de su nacimiento, noté que las uñas de mi esposa tenían… pequeñas manchas blancas. Pensé inicialmente que se debían a que la comida que le estábamos dando tenía muchos minerales, puesto que necesitaba recuperarse del parto. Pero cuando comenzó a tener fiebre no permití que nadie viera a Ali, ni que su madre le diera lactancia.

—Esas manchas sólo se presentan cuando hay demasiados metales en el cuerpo de una persona —asintió Ludwig, y aunque no conocía mucho de eso, se hacía una idea de lo que sucedía.

—Llamé a un médico para que viniera con nosotros, y dijo que no notaba ninguna anomalía en su cuerpo, que probablemente debía ser un síntoma de la lactancia —sonrió amargamente, le dio una calada al puro en su mano y volvió a hablar—. No le tuve mucha confianza a su veredicto. Afortunadamente, no muchos sabían sobre el nacimiento de Ali, y como estábamos fuera de Italia, pude aprovechar y hacerle otro certificado de nacimiento, después de explicárselo a mi esposa, ella aceptó, y de ahí que Feliciano Vargas fuera legible.

—Señor, no entiendo lo que…

—Era peligroso que supiesen que era una niña, o que era mi hija. De alguna forma, regresamos a Italia, y le dejé en la casa de Rómulo, con una niñera que tenía estrictas instrucciones de nunca dejarla sola —se sentó detrás de su escritorio, y Ludwig apenas pareció darse cuenta de que ya se había acabado el puro—. Rom no podía saberlo, eso sería peligroso, por eso la niñera hacía todo lo que Ali necesitaba durante sus primeros meses.

»Pasaron unos dos o tres meses, y mi esposa pereció —sus ojos se clavaron en los papeles que estaba revisando antes de que Ludwig entrara—, el forense no pudo decir qué era, aunque no dudo que debió ser una ponzoña, hay un elemento químico que es muy parecido al cloruro sódico, y que difícilmente puede identificarse, además de ser un metal. Debieron ponerlo en una de sus comidas, aunque no recuerdo quién fue, sólo le advertí a mis… trabajadores sobre ello. Cambié a mis sirvientes después de su funeral, pues temía que algo así también me pasara.

Ludwig estaba perplejo, eso sonaba… sacado de una novela criminalística, si era sincero, aunque no comentó nada, debía… escuchar, por fin comenzaba a comprender un poco, así que era bueno.

—La comida que consumía debía ser… estricta, debíamos evitar que se desarrollara del todo, porque si lo hacía verían que no era… Feliciano, y que lo notaran era peligroso. Fue un poco difícil, pero después de que cumpliera… seis años pude reunirme con ella y explicarle todo. Me abrazó, y aunque seguía sin comprenderlo del todo, me agradeció, y… y me llamó papá.

Se veía muy orgulloso por eso último, Ludwig asintió, pidiéndole silenciosamente que continuara.

—Con el paso del tiempo, un par de personas se hicieron del conocimiento de eso, Elizaveta Héderváry, Lovi, y… tus hermanos.

— ¿Mis hermanos?

—Sí, Gilbert y Bjӧrn Beilschmidth, ¿qué no?

— ¿Gilbert lo sabía? —recordaba que Ali le había mencionado sobre Wolf, ¿pero también Gilbert?

—… Sí. Hizo… verlo cerca de ambos, de Alicia y de Björn, era como ver a una mamá gallina —sonrió un poco—, es quizá por eso que confié en él para que… cuidara de Ali, me sorprendió que fuera de confianza al inicio, pero al ver lo mucho que los cuidaba era… fue gratificante saber que Ali no estaba sola.

Parecía dubitante sobre seguir hablando sobre Björn, lo podía decir Ludwig al verlo, por lo que soltó un suspiro y negó con la cabeza.

—No llegué a conocerlo, así que no tenga miedo de decirlo.

—Gracias, pero no era tanto por ti —le sonrió, y la sensación de tener al padre de tu novia aceptándote era… bastante gratificante—. Es difícil hablarlo. Si no mal recuerdo, fue… un auto. Gilbert se culpó aunque no pudo evitarlo, Ali no quiso salir de su habitación durante mes y medio. La tuve que traer conmigo, estuvimos un tiempo en Suecia, y otro tiempo en Noruega; cuando pude lograr que estuviera… mejor —parecía dubitante sobre qué adjetivo usar para describirla en aquél entonces, y aunque no comprendía del todo, podía ver su dolor—, regresamos a Italia y comenzó a estudiar en casa. Le brindé todo lo posible para que no tuviera problemas, y hasta ahora no había estado mal.

Estuvo un tiempo en silencio, y Ludwig repentinamente encontró más interesantes sus manos, las cuales jugaban nerviosamente con su chaqueta, así que se dedicó a observarlas como si no hubiera mañana. El silencio instalado entre ambos fue interrumpido por el celular de Ludwig. Lo sacó dirigiéndole una mirada de disculpa al hombre y observó que era un mensaje de texto.

Alicia: eli me invito a tomar algo después de la escuela, esta bien si te veo mañana? o prefieres venir también? ;)

Tú: No, está bien. Diviértete con Elizaveta, y envíale un saludo de mi parte.

—Uh… ahora que estamos hablando de Alicia —dijo, después de responder el mensaje de texto—, tengo una duda que me lleva atosigando desde… desde la cena de navidad.

— ¿Huh?

—Bueno, cuando estaba dándole tutorías en el verano, Ali estaba… —y se sintió enrojecer, no sabiendo cómo traerlo sin sonar un completo pervertido. Gesticuló pasando las palmas superficialmente sobre su pecho, repetidas veces y lo más rápidamente posible, mientras evitaba la mirada del hombre—, y en la cena de navidad no, ¿por qué?

—Uh, eso —el hombre no parecía ofendido, en realidad, como si hubiera esperado que preguntara—. Bueno, buscábamos que no se notara, como dije, tenía una estricta alimentación, que le quitaba todas las grasas posibles, apuesto a que funcionó, ¿no? —Ludwig asintió, por fin atreviéndose a verle a la cara—. Lo de la cena de navidad… fue idea de la chica Héderváry, no estoy muy seguro de eso. Fue… un amigo mío que era… que es cirujano plástico —se encogió de hombros, y Ludwig sabía que no había necesidad de decir más.

—Y… ¿ya no hay peligro en que lo sepan sus empleados?

—Nadie sabe mi relación con ella, lo dejan en que es mi "sobrina" adoptiva, así que mientras no haya ningún vínculo inmediato, no hay problema.

Ludwig asintió, no muy satisfecho con eso, aunque no sabía qué replicar al respeto.

—Muchas gracias por decírmelo, señor Vargas —dijo finalmente—, si me disculpa, será mejor que me vaya ya, el tráfico está horrible por toda la ciudad.

—Te entiendo, ve con cuidado.

No entendía qué era lo que hacía ahí.

Se veía atraído por una fuerza externa a él a semejante lugar, aunque no podía evitarlo, después de todo, ahí estaba su hermano. Supuso, a fin de cuentas, que sólo se trataba de buscar un poco de tranquilidad, o de no saber a dónde ir en esos momentos. Antes de llegar, había pasado a comprar unas flores, compró… passifloracerulea, succotrina y hedera hélix. Tristeza sobre un querido fallecido, amargura… y deseo de amistad; o eso fue lo que la tendera le dijo sobre las flores. Cuando se encontró en el lugar, las puso en la tumba y puso a examinar a su alrededor.

—No sabía de qué otro tipo de flores podría comprarte, además de la flor de la pasión, pues realmente no tengo ningún lazo afectivo contigo, aunque eres… aunque eres mi gemelo, así que por eso traje… esta hiedra, buscando una… ¿amistad? —se encogió de hombros, se sentía tonto hablar con la tumba de un total extraño, pero no podría ser más extraño—. Y como… te fuiste en una circunstancia que a nadie le habría gustado, te traje, una flor de aloe, que expresa la… amargura, de eso. ¿Puedes creer que la florigrafía me haya interesado? Son lindas, así que realmente no me puedo quejar de la elección de la florista.

Se quedó otros diez minutos ahí en la tumba, conversando de cosas intrascendentes, de lo que había sido de su vida durante los últimos diez años, porque no recordaba mucho sobre los primeros cinco.

—Será… mejor que me vaya. Ha sido relajante hablar contigo, Björn.

.

Alicia: estamos en la heladeria a 5min de la escuela, sabes donde esta, verdad?

Tú: Sí, ¿quieres que vaya?

Alicia: seria lindo~

Tú: Vale, vale. Llego en 20min máximo.

Decidió dejar el auto en la casa, total y no habría demasiado daño en que lo hiciera, ¿o sí? Además, necesitaba caminar un poco, estar demasiadas horas sentado en el asiento del piloto le hacía estragos a sus piernas.

Gilbert le gritó algo desde la sala, a lo que rodó los ojos y salió, llevándose una campera por si llegaba a hacer frío (estaba iniciando el verano y estaban en el mediterráneo, ¿qué tan probable era eso?

Alcanzó a distinguir el lugar rápidamente. En una de las mesas estaban Elizaveta, el chico Kiku y Ali riéndose sobre alguna anécdota personal. Eli le alzó la mano para que se les acercara, a lo que hizo unos segundos después.

—Perdonen la tardanza, preferí dejarme el auto.

—Está bien, habrías tardado más —mencionó Alicia, y no podía poner objeción a ello.

— ¿Quiere que vaya a pedirle algo? —sugirió el pelinegro levantándose de su asiento, a lo que Ludwig negó con la cabeza.

—Así está bien, gracias por ofrecerte Kiku.

Apenas se había sentado y Alicia se quiso acercar a él. Kiku pareció morderse un labio frente a eso, y Eli pareció darle un codazo por debajo de la mesa y hablar en un idioma extraño. Ali se rio frente al gesto, y se volvió a acercar a Luddy al ver que no oponía mucha resistencia. Sin que el staff del lugar causara mucho escándalo (muy para sorpresa de Ludwig) se sentó en sus piernas y puso las manos de Ludwig entre los suyos, abrazándola. El alemán sintió su rostro sonrojarse, y escuchó una risa provenir de Elizaveta, quien esta vez recibía lo que parecía un regaño de parte de Kiku.

Sin más cosas incómodas por distraerlos, continuaron conversando (Ali hablando la mayor parte del tiempo) y de vez en vez pedían otra bebida. Al final, Ludwig había accedido a un frapucchino congelado, lo cual le instó Alicia a terminarse varias veces.

Salieron del lugar cercano a las nueve, y Ludwig terminó dándole su campera a Alicia, quien se quejaba de que el aire de la noche estaba un poco… frío.

Se separaron de Kiku y Elizaveta en algún punto y Ludwig se decidió a encaminar a Alicia, quien parecía no querer devolverle la chaqueta (de todas formas, no se la iba a pedir de inmediato).

Llegaron y apenas le vio el señor Rómulo le pidió que se quedasen a cenar, como comenzaba a hacerse costumbre. Ludwig suspiró, envió un texto a su padre y agradeció la invitación.

Estuvieron conversando amenamente en la cena (que parecía que cada vez le quedaba mejor a Lovino, aunque eso no lo admitiría Ludwig) y cada tanto Rómulo soltaba algo sobre lo genial que todo quedaba al final, después de todo lo ocurrido.

Ahora que se ponía a analizarlo, Ludwig encontraba un poco extraño lo tranquilo que se tomaba el hombre la noticia (de que Feli no era Feli), y que hasta parecía haberlo sospechado todo el tiempo. No es algo que le molestara a Ludwig, aunque le extrañaba de sobremanera.

Ludwig finalmente se decidió a irse de la casa, Ali dijo que le acompañaría a la puerta, lo que hizo casi saltando.

Llegaron al umbral de la puerta, la chica mencionó algo sobre lo feliz que se sentía el tener diecisiete, y que finalmente le ganaba por dos años (más o menos, dentro de poco cumpliría dieciséis). Ludwig rio un poco, le tomó de la cintura y le cargó, mientras que la chica reía y decía no del todo queriendo que le bajase. Reticentemente, Ludwig lo hizo y cuando estuvo en tierra sintió los cálidos labios del alemán sobre los suyos. Casi de inmediato, puso sus manos detrás del cuello del más alto, mientras se paraba de puntas, y él posicionaba sus manos en su cadera.

— ¡Ven, Luddy-Luddy, corramos! —mencionó apenas se separaron mientras se alejaba de él y se iba a la noche. Él sonrió un poco y después de unos pocos segundos de dudar se fue a correr detrás de ella, finalmente atrapándola apenas llegando al otro lado de la desierta calle.

— ¿No es algo tarde para que andemos afuera? —mencionó, después de reflexionar unos segundos, y se llevaba cargando a Alicia en sus brazos (por temor a que volviera a escapar, que conste).

—Pero el aire de la noche después de comer es una sensación maravillosa —contó la chica, mientras se balanceaba e intentaba salir de los brazos del alemán. Ludwig no estaba muy convencido de eso, pero apenas llegaron a la puerta, Alicia logró escabullirse de sus brazos.

»¡Tengo una idea! —mencionó—, ¿puedo ir a conocer a tus perros? ¿Por favor?

Recordaba mencionarle a la chica que sí, podrían ir, algún día, después de sus terribles mañas de convencimiento, pero no esperaba que lo recordara. Maldición con los italianos y su conveniente de apariencia, memoria.

—Podemos ir, sí, si eso es lo que quieres. El problema es que eres alérgica a dos de ellos —estaba un poco preocupado por eso.

—No importa, la alergia sólo se presenta como unos ligeros estornudos —mencionó, bastante segura de que no le pasaría nada además de eso. Como medida de seguridad, Ludwig le pidió al señor Rómulo los medicamentos de la alergia y le mencionaba que Ali se quedaría a dormir a su casa. El hombre dijo al sobre "tener cuidado" y "usar protección", cosa que puso las mejillas de Ludwig a arder. Se despidió del hombre, y aseguró en voz baja que nada de eso sucedería.

Fueron en su auto, afortunadamente daba que a esas horas el tráfico era casi inexistente, y pasaron al menos unos diez minutos antes de aparcar en su casa. Tocó la puerta principal, saludó a su padre y le dijo que Ali se quedaba a dormir (y le dio las mismas advertencias, sólo que en esta ocasión parecía serio, a diferencia del señor Rómulo) y fueron al patio, en lo que la chica saludaba a los tres. Al final sólo pudo quedarse jugando con Blacky, a quien no era alérgica.

Llegó la hora en la que la chica comenzaba a sentirse somnolienta, y le preguntó a Ludwig si podían irse ya a dormir. El alemán asintió y cuando llegaron a su cuarto, le advirtió que no tenía ropa de su talla, así que tuvo que conformarse con un camisón que le quedaba demasiado grande; Ali dijo que estaba bien con su pantalón, y se acurrucó rápidamente en la cama del alemán.

Ludwig sonrió, un poco melancólico, y se fue con ella, la abrazó, y después de unos minutos, se quedó dormido.


Fin.


Notas Finales: Wow… se siente raro finalmente terminar con esta historia. Es… es sólo que no puedo creerlo, faltan ya diez días para que se cumpla un año de cuando publiqué esto y es… impresionante, lo mucho que ha pasado y… la evolución que ha tenido la historia, por no decir menos. Estoy muy orgullosa de ella, he de admitirlo, terriblemente orgullosa, y es una sensación gratificante el que les haya gustado (aún con los giros terribles de trama).

Pude volver a Hetalia, a duras penas, así que espero verles en próximas historias, o en las actuales… ;) estoy buscando continuarlas todas y y terminarlas, sobretodo "Kiss The Rain" y "I don't love you," espero lograrlo (vean que es un poco difícil KTR).

¡Gracias por haber seguido 'Can I kiss you'!

—gem—