Gravity falls no me pertenece.

Línea canon.

Parte II de III


II

Cinco antes de treinta y nueve

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—Hijo, ¿Seguro que no quieres venir? vamos, es época de recibir, dar y. —Su mamá hizo una pausa, dudando si continuar. —¿Perdonar?

Dipper le dio otra mordida a la dona, como odiaba el sabor, era una bomba frita de harina procesada y azúcar refinada. ¿Cómo permitían que se vendieran cosas así? Le dolían los dientes al masticarla y calculaba mínimo unas quinientas calorías por pieza.

—Mamá, ya te dije que no tenemos ningún problema, creo que te habituaste a vernos juntos todo el tiempo. —Le explicó de la misma manera que venía haciendo desde hace años.

"Ya no somos niños", "Es una mujer casada ¿Qué esperas? ¿Qué sigamos saltando juntos sobre el colchón?, "Mamá, entiéndelo, solo somos un par de hermanos más con sus diferencias" "Ambos estamos ocupados con nuestra propia vida" solía argumentar, oh sí, Dipper tenía una facilidad en la lógica como pocos.

Su madre no sabía que contestarle y terminaba por darle la razón, pero ante todo era madre y sospechaba de algo había sucedido. Nunca lograba resolver el rompecabezas, las piezas restantes estaban fuera de su imaginación o comprensión. Por más que se acercara a ambos no obtendría respuesta de ninguno.

—De acuerdo, pero es año nuevo, ¿Estarás aquí solo? Podrías visitar a los Díaz, ellos siempre hacen fiestas donde toda la calle es bienvenida.

—Bueno, ahora que lo dices, tal vez me dé una vuelta —mintió, y ella lo sabía, pero sonrío de todas formas, el aparentar le era suficiente. —Ahora vete y mándale a papá mis saludos.

—¿Puedes creer que va a llevar a Teresa? Es, ugh, como de tú edad. Pero bueno me prometí no hablar mal de tu padre frente tuyo —habló ofuscada su mamá. —Me voy, Mabel seguramente querrá que estemos todos juntos para empezar a cenar y no quiero hacerles esperar más.

Se fue no sin darle un abrazo y besos sobre la mejilla deseándole año nuevo antes de tiempo. Él se quedó terminando de comer su dona apoyado sobre el desayunador que era una tablaroca en medio de la cocina.

Sus padres se habían divorciado dos años atrás, fue frustrante enterarse aunque lo presentía, esa clase de eventos no suceden de manera espontánea, deja indicios, huellas sutiles, luego situaciones más despejadas y simplemente llegan a un punto de ebullición donde todo explota y sucede. Pensaba con continuidad que el fracaso del matrimonio de sus padres era como una clase de premonición que le advertía su futuro, era estúpido, pero también estaba enterado que los patrones se repiten en las familias. Y entonces le llego un día como flecha el pensamiento que si a él le sucedería, entonces también a Mabel.

Fue lo único rescatable de ese evento.

Tomó otra dona, sabían de verdad horrible, como si fuesen miel pura, pero la mordisqueo con avidez, regresó a la lectura de una revista que su madre interrumpió minutos atrás, se topó con la biografía de Pablo Neruda.

"Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido" memorizó, dándole razón al difunto poeta.

No podía olvidar, no aun después de cinco años, era ridículo tanto como la acción de embutirse una tercera dona a la boca, su estomagó le reclamaba con fuerza de tal acción y su lengua se retraía en un vano intento de ya no saborear el empalagoso sabor.

"Si muero, será su culpa", pensó mirando el empaque de cartón decorado a mano, con los listones desatados, el papel de regalo con dinosaurios estampados y la azúcar espolvoreada por los bordes. Era como tan propio de su hermana, y las donas, Dios, cada mordida era como ella. "No tenía que darle tantas a mamá, sabe que no come más de una o dos", y se pasó otro pedazo a la fuerza por la garganta. "Las envío para mí, ¿Por qué diablos las envío para mí?, sabe que nos las soporto, como a ella."

Y tratar de olvidarla era en vano, al abrir los ojos en la mañana, al mirar el techo de su departamento que compartía con Julieta —un paréntesis que no lograba opacar a la oración completa—, al esperar el autobús al atardecer, la recordaba incapaz de separar sus recuerdos de su imagen.

Si contaba su infancia ella estaba adherida a todos los días, si relataba su adolescencia ahí la encontraría escondida entre brillantina y sonrisas, si siquiera entraba al terreno del amor ella hacía su aparición como una estrella fugaz. Era muy complicado relatar su vida sin mencionarla más de un par de veces y eso le reducía los temas de conversación terriblemente, por tanto su vida social no era muy variada y además de Julieta solo tenía unos cuantos amigos más.

—Debería… debería olvidarla de una buena vez. —murmuró para sí sintiendo en su estomagó un retortijón.

Era incapaz, la última dona le miraba expectante, o eso se imaginaba. Pero había sido suficiente, tapó la caja y la guardó en el refrigerador.

Al verse completamente solo con su habito de sobre-pensar las cosas se arrepentía de no haber ido, si intentaba olvidar podría empezar con aceptar, verla sin pretender que nada pasaba, un abrazo fraternal no le revolvería el alma, ver a su sobrina darle tiernos besos en el rostro no le haría sentir anhelo, ni ver como a medianoche le daba un beso risueño a su esposo celebrando el año nuevo no le abriría un hueco en el pecho.

El amor por el contrario había sido un momento fugaz, violento y pegado a su piel. Unos meses de verano en el automóvil de su viejo tío mientras recorrían la costa este. El último que pasaron juntos. Las noches eran sus días y las luces de la ciudad sus estrellas. Sentimientos desbordados, normas olvidadas, solo era un par de jóvenes con arena en los pies y el mundo en sus manos. Sin embargo la ligereza de sus acciones causó un peso terrible en sus conciencias.

Dipper un día la apartó mientras se amaban, sofocados en el calor del auto y sus asientos de piel, jurando que alguien los observaba. Afuera solo una neblina atípica de la temporada les acompañaba en esa noche. Pudo en efecto haber sido una persona, un peatón curioso que se alejó al percatarse de hacer sido descubierto o solo una mala pasada de la conciencia de él.

Pero fue suficiente para ella, toda esa paranoia la había cansado.

Discutieron.

Y terminó.

Ahora solo tenía un dolor de estómago y unas ganas de romper todo lo que se le atravesara. El sonido de su celular le interrumpió la mente sacó del bolsillo de su pantalón para dormir el aparato, era Julieta.

—Feliz año nuevo, al parecer te estoy hablando del pasado ¿genial no?. —Uso un tono suave, uno que no delatara su agitación interna.

Los discursos de Julieta sobre su año nuevo en familia en una provincia de Francia le diluían la frustración en delicadas risas e interés sincero. La media noche llegó para él en medio de la conversación, en donde pudo escuchar la algarabía de la calle, Julieta le felicitaba mientras su familia reía en el fondo seguramente desayunando las sobras de la noche anterior, era extraño sentir tan cerca la calidez de su amiga que se encontraba a millas repletas de mar. Definitivamente si tenía que buscar una sensación que le recordara al amor sería esta. Apacible, suave y lejano.

Por la ventana brillaban los destellos de los fuegos artificiales, como un cuatro de julio dorado. Él podría ser como un año nuevo, dejar atrás el pasado y dedicarse a construir algo suyo, sin la necesidad de lamentarse de algo que nunca pudo ser en primer lugar.

—Julieta ¿Quieres casarte conmigo? —fue un vomito verbal, no lo pudo detener y por un momento pensó en disculparse pero lo interrumpió la voz de su amiga.

¿Casarnos? Mason no bromees con esto, ¿Estás borracho?

—No. —tragó saliva a punto de remendar su error. —Per-

Sí.

La ruidosa familia de su futura esposa gritaba cosas en francés incomprensibles, no sabía si era alguna pelea familiar o habían escuchado su escueta propuesta. Respiró profundo temblando sin saber de emoción o de terror.

—¿Sí? ¿Estás segura?

No del todo, no tengo anillo, ni el momento romántico para compartir y hacerlo viral en la red, pero te tengo a ti, creo que ya lo sabes, que yo —respiró profundo. —te amo.

Al escuchar las últimas palabras todo le pareció muy real, tal si se percatara que no era una película, donde el director en segundos gritaría corte y él dejaría de actuar alejándose de los reflectores.

—También. —respondió para despedirse excusándose que tenía que regresar a celebrar con su familia. —Te hablo en un par de horas.

Pero no había celebración ni familia, ni ganas de contraer matrimonio en realidad. No era muy tarde para remendarlo, empezó a caminar de un lado a otro, era fácil, solo le mentiría que sí, estaba borracho, que estaba arrepentido por ese incomodo momento, incluso podría hacer una estúpida lista de pasos para arreglarlo y todo saldría bien.

La luz de un auto aproximándose lo detuvo, se aproximó a la ventana, era el automóvil de mamá. Pero no era ella quien conducía, era su hermana.

Y un cúmulo de preguntas florecieron en su cabeza, ¿Cómo le diría a su hermana que se casaba? ¿Le importaría? ¿Lo… impediría? ¿Sería un evento sin importancia o podría cambiarles la vida? ¿Por qué se lo preguntaba si planeaba cancelarlo?

No pudo seguir pensando pues ambas ya estaba dirigiéndose a la puerta, se movió rápidamente y abrió la puerta antes que tocaran el timbre.

Ambos intercambiaron miradas.

— ¡Hey Dippy! ¡Qué gusto verte! ¡Feliz año nuevo! —habló su hermana apresurando su encuentro mientras ayudaba a su mamá que no podía caminar del todo bien. —Ahora ayúdame con mamá no está en su mejor momento.

—¡Amor! ¡Mi niño precioso! ¡Dale a tu mamá un abrazo de año nuevo!

El aliento alcohólico le hizo voltear el rostro, su madre se aferró a su cuerpo, él la sostuvo para que no se cayera.

—¿Por qué esta así? ¿Qué paso?

—Me descuide un momento y la novia de papá y ella ya estaban feliz de la vida conversando y tomándose todo el vino, al parecer era una competición amistosa o no lo sé, los adultos son raros. —confesó Mabel haciéndose camino a la casa.

Dipper no le detuvo, quería, pero verla era reconfortante y alarmante, tantos hilos sueltos entre ambos y ninguno hacía el amago de querer remendarlos sino al contrario, desatarlos más.

—La llevare a su cuarto.

—Te acompaño. —ofreció.

—No hace falta, puede que ni te acuerdes donde queda su cuarto.

Y si él empezó la inminente discusión.

—Vengo aquí seguido a visitarle, no vivo al otro extremo del país.

Y si ella le aventó más leña al fuego.

—Claro, uno que tiene la vida arreglada no necesita matarse estudiando.

—Pff, claro cómo olvidar que no eres nada en la vida sin un pedazo de papel enmarcado.

—Niños cállense a mamá le da vuelta todo —habló con la lengua tropezada su madre que hizo callar a ambos, haciendo una tregua momentánea con la mirada se dirigieron a la recamara de su madre en el piso superior.

Una vez llegaron Dipper le indicó a su hermana que le ayudara a acostarse mientras él iba por un vaso de agua y unas pastillas. Ella solo bufó molesta aclarando que esa ya era su idea que no necesitaba órdenes, él solo rodo los ojos y salió de la habitación.

Se fue enfocando los cientos de escenarios posibles, ahora no sabía bien del todo como reaccionaria su hermana a sus acciones o palabras, y eso le molestaba, creía conocerla, que todos los años juntos como huesos y piel tenían un valor.

Lleno el vaso de agua cuando escuchó unos pasos aproximarse, la ansiedad lo mataba, la tenía tan cerca. Cuando ella se asomó frente suyo él dio un mal movimiento y dejo caer el vaso, este se estrelló en el suelo rompiéndose de la forma que uno espera.

—Sigues siendo torpe cuando estas nervioso —rió Mabel, pero no de maldad, sonaba sincera. —Yo lo limpio.

—No-no lo estoy. —lo estaba y bastante.

Ambos se agacharon en cuclillas a recoger los pedazos más grandes, en silencio sus manos se encontraron, una sutil caricia de parte de él le dio acceso a Mabel a entrelazar unos dedos. El vidrio siguió en el suelo y ellos se redescubrían.

—No usas crema —sentenció ella.

—No mucho, no como tú.

El contraste entre ambos era notable, la piel tostada de Mabel por amar el sol, la piel pálida de Dipper por preferir una taza de café admirando la lluvia, los nudillos toscos del él y las uñas mal cortadas, las curvas suaves de los dedos de ella con su manicura roja y los anillos de compromiso y matrimonio.

Él subió sus manos recorriendo sus brazos que escondía en un suéter, las dejo en su rostro, al fin levantaron la mirada, sus facciones en algún punto perdieron su símil, solo dejaron rastros sutiles de su parentesco, pero ya nadie podía con solo verles declarar que eran mellizos.

Se acercó y pudo oler la azúcar de sus labios, la misma que tenía esas malditas donas. La beso para comprobarlo.

—Odio esas donas.

—Se las mande a mamá nadie te dijo que podías comerla. —respondió entrecerrando los ojos besándole de vuelta.

—Mamá no come tanto, lo sabes. —su voz era débil y otro beso más fuerte donde atrapó su rostro y ambos olvidaron su tonta pelea, se levantaron rompiendo aún más los pedazos de vidrio desperdigados.

Les interrumpió él celular de Dipper que empezó a sonar como loco con notificaciones, luego una llamada, él lo iba a tomar pero su hermana fue más rápida y lo tomó del desayunador.

—¡Mabel! ¡Dame eso!

Ella le saco la lengua, él estaba aterrado viendo como contestaba, ¿Y si era Julieta?, era Julieta, a esa hora no podía ser nadie más que Julieta.

—Bueno —dijo alargando con voz cantarina la o final poniendo en alta voz el teléfono.

Hola, ¿Se encuentra Mason? Soy su novia

Silencio, por supuesto ella no sabía nada de Julieta, y si lo sabía era lo que le había dicho a Mamá, la compañera de habitación que nunca veía. Quería arrebatárselo pero el desayunador era un impedimento constante.

—Oh, sí, claro, ahorita te lo comunico. Soy su hermana por cierto.

¿¡En serio!?i, ¡Que gusto! estoy muy feliz que se reúnan, me comento que no te podría ver.

—Gracias, no suelo verlo.

Eso me ha dicho, tienes que saber que luego es muy cerrado, a pesar de que nos vamos a casar no me ha contado mucho sobre ti… ¡Oh rayos! ¿Ya lo sabías? Lo lamento si arruine la sorpresa.

—No, no has arruinado nada, él precisamente lo dijo hoy ante toda la familia, estaba muy contento que no pudo esperar y lo soltó. —la voz de Mabel perdió su vitalidad. —Felicidades.

—¡Gracias! Espero conocerte pronto, de verdad ha sido un gusto.

—Si igual, te pasó a Dipper… —y le aventó el teléfono a su hermano en el pecho dándose la vuelta. Él apenas lo pudo atrapar.

—Julieta, hola, mira no es un buen momento, luego te explicó. —apresuró el hombre siguiendo a su hermana, impidiendo con su mano libre que tomara el abrigo que dejo al llegar para irse.

—¿Lo fastidie, verdad?, lo siento, mierda, es la primera vez que habló con ella y me emocione, perdón.

—No, no es tu culpa y no es eso, no te preocupes, te hablo al rato Julieta, te quiero, adiós. —se despidió

Adiós Mason, igual, te extraño.

Colgó y tomó a su hermana de espaldas entre sus brazos, ella intento zafarse al inicio, pero se sereno de pronto.

—No pasó nada, estamos bien, como siempre. —declaró ella con una voz que contenía las lágrimas.

—No lo estamos, Mabel.

—Dipper ¡Te vas a casar!, creo que es claro, pero esta bien tú has seguido adelante, lo entiendo.

Él la soltó furioso, se llevó ambas manos a la cabeza.

—¡Tú lo hiciste en primer lugar!, ¡Tú me dejaste!

—¡No! ¡No! ¡Dipper solo hice lo correcto!

Mabel empezó a llorar de coraje, roja de la cara, no entendía el sacrificio que hizo por ambos, para que sus vidas no fueran una persecución constate, una donde solo un paso en falso acabaría con todo. Una vida con él hubiese sido un castillo sobre pilares de sal. Ella no hubiese soportado el despreció de todos a los que amaban pero ante todo no hubiese soportado arruinar el futuro de Dipper.

—¡Cállate! Sabes qué, me voy a casar con Julieta, y por fin te olvidare, ni siquiera seremos hermanos —gritó alterado. —Seguiré adelante sin ti como tú has hecho.

—¡Felicidades! ¡Yo si estoy feliz por tí no como tú hiciste conmigo!

Ella le metió un puntapié que le hizo lanzar un gritito, agarro su abrigó y estampó la puerta tan fuerte que hizo temblar la pared tirando un pequeño recuadro, y como cliché de mal gusto era una foto de ambos en la cabaña de su tío, cuando aún eran niños y no tenían ni idea de lo que les deparaba el maldito futuro, en ese momento el fin del mundo que evitaron parecía una nimiedad. ¿Bill podría figurar todo en esto?, no, era una ridiculez pensarlo.

Levantó el recuadro y lo colocó donde estaba, admirándolo unos segundos, tenía una pequeña grieta en el borde producto de la caida.

La puerta volvió a abrirse descolocando un poco al hombre, su hermana pasó como un huracán, se dirigió escaleras arriba y bajo apresurada con su bolso.

—Olvide mi bolso —musitó un poco apenada de no tener la salida indignada perfecta.

—Saluda a Marcela de mí parte, iré a su cumpleaños —dijo simplemente.

—Seguro.

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La verdad es que no soy muy romántica, así que cuando explico los besos no pongo cosas muy cursis, créeme no sabrán a fresaaaas, muchos pueden ser pegajosos, malos, saber a pollo frito o cebolla, lol sorry pero es la verdad.

Aquí tiene 24 años, Dipper está estudiando alguna especialidad/maestría por eso sigue en la universidad, pero acabara pronto. Mabel se dedica a vender postres, por eso las donas. Y si Julieta era más que su amiga todo el tiempo, esa clase de pareja que se tratan como novios, son fieles como novio pero no lo son (dios la gente que complicada es), ella le ama por eso acepto tan facilmente.

Y ¿Qué más?, bueno solo falta el último plus, el futuro, el cual ya tengo esbozado en mi mente, de hecho lo pensé antes que este, pero pensé que sería mejor dejarlo hasta el final.

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