¡Persoooooooonas! Volvi, mil disculpas por el retraso, de verdad creo que mis excusas ya ni valen, pero igual tengo que decirles que lo siento mucho.
Antes que nada una aclaración: La historia no será abandonada, repito, la historia no será abandonada. Miren yo sé que me he tardado un montón y que están en todo su derecho de no querer esperar más los capítulos de mis historias, pero para los que si la quieren y piensan que podría dejarla sin acabar tengan por seguro que no es así, yo voy a seguirla hasta el final que tengo mucho paneado. ¿Les confieso algo? Esta historia me esta encantando, tengo grandes planes para ella, así que si quieren esperar estaré más que encantada de que nos estemos leyendo hasta el final.
Por otro lado, espero que les guste mucho este capítulo tanto como los otros o más. Los quiero, cuidense, prometo hacer lo posible por no tardarme tanto la próxima vez.
Una última cosa, si quieren leer una historia Gumbsall bastante buena también les recomiendo pasar por el perfil de esta personita SaicoReisen. Si les da pereza buscar les aseguro que podrán encontrarle en comentarios. Tiene una historia de estos dos bellos personajes también, sólo que en la de ella verán más miel y azúcar que aquí. Creanme que ni yo sé en qué momento de mi historia será cuando haya al fin un acercamiento amoroso entre estos dos. Mi lema es: Inventa sobre la marcha xD
Nos leemos luego. Si quieren dejar un review o dar follow y fav no me voy a enojar es totalmente bienvenido.
Disclaimer. Los personajes pertenecen a Cartoon Network.
En tan sólo una semana Gumball estaba más estresado que durante todo su periodo como gobernante. El vampiro no lo había dejado en paz ni un solo segundo, incluso una vez amaneció en la cornisa del palacio y tuvo que esperar mucho tiempo para que alguien viniera a ayudarlo y al fin seguir con sus labores reales. Marshall lo estaba desquiciando, aunque debía admitir que muy de vez en cuando la broma se tornaba divertida incluso para él, pero eso había pasado dos veces, las bromas que el vampiro hacia eran demasiado pesadas, no estaba muy seguro de cuánto tiempo más tendría que soportarlo, ¿Por qué no regresaba por donde había venido? A veces se ponía a pensar cómo era posible que Fionna, tan buena y amable, se fijara en esa clase de persona.
Al menos hoy había despertado en su cama y todo parecía indicar que no había ninguna broma cerca, estaba agotado, no ha podido pegar el ojo en días y eso lo tiene de mal humor la mayor parte del tiempo; eso y las bromas de Marshall por supuesto. Quería aprovechar esta tranquilidad inesperada para dormir un poco más, pero sabía que no podía hacer eso. Se sentó en el borde de la cama y tomó el teléfono, necesitaba un consejo, una palabra, algo; necesitaba hablar con su sobrina, aunque fuera por un instante. Pero por más que sonó ella no contestó y decidió que no le dejaría ningún mensaje, seguramente se daría cuenta que había llamado y le regresaría la llamada.
No le quedó más remedio que arreglarse y salir de la habitación. Tenía que admitir que no haberse topado en todo ese tiempo con el pelinegro lo ponía más nervioso que cuando lo veía, la duda de si alguna broma lo recibiría al doblar la esquina lo estaba poniendo un poco paranoico. Todo fuera por sus dulces ciudadanos, con tal de que ellos estuvieran bien él soportaría a ese demonio mitad vampiro.
Llegó a su despacho y todavía seguía sin ver a Marshall por ninguna parte, así que llamó a la señora Menta, quizás ella supiera donde estaba aquel chico, lo que lo llevó a pensar que no estaría de más ponerle algo de vigilancia, así podría saber en todo momento lo que hacía y de paso evitar sus bromas. Sonrió ante la idea.
―Dígame, su majestad. ―dijo la señora Menta entrando a su despacho.
― ¿Sabe dónde está Marshall?
―Bueno…
De pronto parecía nerviosa, como si no quisiera realmente responder a la pregunta, y eso sólo provocó que se le borrara el amago de sonrisa que había tenido hace un momento y que su preocupación aumentara.
―Señora Menta. ―pronunció dando a entender que seguía esperando su respuesta.
―Ha estado en la habitación que escogió.
Soltó el aire que ni siquiera sabía que había estado reteniendo.
―Con la señorita Fionna.
Palideció. No perdió tiempo y en un parpadeo ya se encontraba subiendo los escalones de dos en dos, una manera tan poco refinada para un príncipe, pero en estos momentos no le preocupaba eso en lo absoluto. Ese vampiro se encontraba a solas en su habitación junto a su niña a saber haciendo que cosas, esto rebasaba sus límites de tolerancia.
Entró sin tocar la puerta y en efecto, se encontraban los dos en la cama, pero no haciendo nada de lo que su mente había imaginado, sólo estaban ahí, acostados mientras Marshall abrazaba a Fionna por la cintura. Parecía que se habían quedado dormidos, casi se veían lindos, pero no lo suficiente como para no molestarse. Quería ir a despertarlos y correr al vampiro de sus vidas para siempre, pero sabía que eso era imposible; por otro lado, Fionna se veía tan a gusto que no se atrevía a interrumpir su sueño. Antes de que decidiera si hacer algo o irse sin decir nada Marshall abrió los ojos y lo fulmino con la mirada, era obvio que lo quería fuera de ahí, pero eso sólo hizo enojar más a Gumball así que se acercó y antes de que pudiera tocar a la chica para despertarla Marshall ya lo tenía sujeto por la camisa y lo había sacado al pasillo.
―No se te ocurra despertarla. ―le advirtió, tenía un brillo amenazador en la mirada que jamás lo había visto poner.
― ¿Qué hace dormida contigo? ―preguntó sin dejarse intimidar.
― ¿Por qué tendría que darte explicaciones de lo que haga o deje de hacer con mi novia?
―Porque esa niña es como mi hermana. ―se soltó del agarre del vampiro. ―Y porque estás en mi castillo.
―Déjame te recuerdo el…
― ¡El trato no involucra nada de esto!
―Cállate, idiota. Te dije que no quería que la despertaras.
Se veía realmente molesto y preocupado de que Fionna fuera despertarse, pero él no podía tener un interés real en ella, era imposible eso para un vampiro, un ser lleno de maldad y sin un gramo de amor. No podía ser tan ingenuo como para creer en su falsa preocupación.
― ¿De verdad la quieres?
Eso dejó una mueca de confusión en el rostro de Marshall, no se esperaba la pregunta, y sabía que, aunque le dijera la verdad Gumball jamás le creería, nadie lo hacía; lo veían como un monstruo capaz de aprovecharse de sus sentimientos y posiblemente también de su poder, pero él nunca haría eso con Fionna, no con ella. Y ya era hora de dejárselo bien claro.
―Sí, la quiero. Y no me importa que no me creas porque estoy seguro de que dudas de mi palabra, pero yo jamás haría daño a Fionna.
―Pues disculpa si no puedo creerte después de ver lo buen chico que eres, Marshall. ―comentó con ironía.
―Y seré todavía más bueno contigo si no te largas.
―Ni lo sueñes. No voy a dejarla sola contigo.
Justo en ese momento la puerta se abrió y dejó ver a una rubia somnolienta que luchaba por reprimir un bostezo.
Marshall miro con molestia a Gumball y lo empujó haciéndolo chocar con la pared.
―Te lo advertí.
Levantó el puño dispuesto a golpearlo, pero Fionna le tomó el brazo.
―Ni se te ocurra, Marshall.
―Pero…
―Pero nada. No vas a golpear a Gumball.
Ella se veía molesta, así que no tuvo más remedio que bajar el puño.
Gumball se acomodó la chaqueta y la sacudió como si el golpe lo hubiera llenado de tierra.
―No necesito que me defiendas, Fionna. Esta cosa no podría hacerme daño.
De nuevo fue a parar a la pared, pero esta vez con más violencia. De su nariz bajó un hilillo de sangre y él se cubrió con la mano para evitar que continuara saliendo, pero era obvio que necesitaba ir a la enfermería. Tuvo ganas de regresarle el golpe, y si no lo hizo fue porque vio como lo empujo Fionna fuera de su camino para llegar a revisarlo a él. Eso le dio una increíble idea.
― ¡Te dije que no lo golpearas! ―le grito mientras quitaba la mano de Gumball.
―Pero tú oíste como me hablo.
― ¿Y esa es razón para que recurras a la violencia? ―preguntó volteando a verlo.
Marshall parecía herido, realmente parecía que no entendía a que venía tanto reclamo por parte de Fionna, después de todo ella sabía perfectamente como era él, no era de extrañar que su reacción hubiera sido violenta.
Ella ni siquiera espero su respuesta y tomó el brazo de Gumball arrastrándolo hacía alguna parte, dejándolo ahí pasmado. No podía creer que Fionna hubiera defendido al pelirrosa, ella que siempre lo apoyaba en todo no había dudado un segundo en darle la razón. Si eso quería, pues bien, él no iba a cambiar y Fionna comprendía perfectamente sus motivos, ya vendría a pedirle perdón después. Por ahora sentía que debía hacerle daño a alguien, pero no podía por el estúpido trato. Entró de nuevo a la habitación y se acostó a ver el techo.
Mientras Gumball era atendido por una enfermera Fionna lo observaba preocupada, pero él que tanto la conocía podía asegurar que no estaba así sólo por él y se apostaba cualquier cosa a que el vampiro tenía algo que ver.
― ¿Qué pasa, Fionna?
―Quizá fui un poco dura con Marshall.
Estaba nerviosa, preocupada y se notaba por la manera en la que mordía su labio; Gumball juraba que si continuaba así terminaría sacándose sangre. Le hizo una seña para que se acercara y cuando estuvo suficientemente cerca tomó sus manos.
―Tranquila. Marshall se merecía por completo esa actitud.
Ella negó con la cabeza.
―Tú no entiendes, Gumball. Él y yo nunca peleamos, porque yo siempre he sabido como es, y eso nunca me había molestado.
― ¿En serio? ¿Nunca te ha molestado el hecho de que quiera hacerle daño a todo el mundo?
―Él no…
― ¿No te molesta como se ríe a costa de todos todo el tiempo?
―Es que no lo entiendes. Nadie entiende a Marshall mejor que yo, por eso le tolero sus bromas.
― ¿Entender? Es un malcriado, le gusta hacer daño, y no quiero que termine hiriéndote a ti también.
―No me hará daño. Él no es así.
― ¿Cómo estás tan segura? ¿Por qué lo justificas? ¿Por qué estás con él? Explícamelo porque honestamente no lo comprendo.
―Es una larga historia, y tampoco puedo contarte, porque es parte de la vida de Marshall, pero por favor intenta conocerlo, Gumball, te aseguro que no es un mal chico.
Le iba a costar más trabajo del que pensaba hacer que Fionna se cansara de Marshall, pero lo conseguiría, y echaría a ese bad boy al fin de su dulce pueblo.
―Lo intentaré. ―suspiro resignado.
En eso una enfermera entró y los interrumpió indicando al príncipe con señas que tenía una llamada.
―Debo volver a mis deberes. Ve a casa, Fionna, y deja de pensar un poco en ese tipo.
Besó su frente y se fue. Esperaba que realmente le hiciera caso, pero por ahora lo importante era atender la llamada. Al principio se sorprendió un poco al escuchar la voz de Bonnibel hasta que recordó que él le había hablado primero.
― ¿Pasó algo, tío Gumball?
―Nada fuera del otro mundo.
― ¿Marshall de nuevo?
―Sí, ese vampiro no me deja en paz. ¿Puedes creer que me golpeo?
― ¿Te golpeo? ¿Por qué? ¿Estás bien?
Se escuchaba realmente preocupada, y eso lo hizo sonreír, ella siempre estaba ahí para él cuando más la necesitaba.
―Descuida, estoy bien. Y fue bueno que lo hiciera, Fionna se enojó mucho con él. Sería bueno que ella se diera cuenta por fin que ese chico no es bueno.
―Tío, no deberías tratar de interferir en las relaciones de las personas.
―Es por su propio bien. Ese vampiro sólo va a arruinarla, la herirá y yo no quiero que le haga eso. Haría lo mismo por ti, Bonnibel.
―No es necesario, y de verdad ten cuidado con lo que estás haciendo, tío Gumball.
Estaba a punto de responder cuando una voz se escuchó al otro lado y no era en lo absoluto la de Bonnibel, quizás estaba ocupada, y él había hecho que le marcara tan sólo porque se portaba como un niño y no quería jugar con el chico malo. Vaya bobada.
― ¿Estás ocupada?
Un ruido sordo y luego de nuevo la voz de la pelirrosa.
―No, descuida. Como amiga te digo que no te metas en esa relación.
―Gracias por el consejo, lo tendré en cuenta. Voy a cortar.
―Hasta luego, tío. Ah, y no le hagas daño al chico.
¿Qué no le hiciera daño? Era el vampiro quien nunca lo dejaba en paz, pero ya no pudo decir nada debido a que su sobrina había colgado. Tal vez tuviera razón y no debería meterse con la relación de Marshall y Fionna, pero no quería tenerlo más tiempo en su reino, realmente odiaba como lo trataba y como trataba a sus ciudadanos, era imposible que fuera mejor persona con la rubia, por más que ella insistiera en defenderlo.
Intentaría llevarse bien con él, sólo por la promesa que había hecho a Fionna, pero si las cosas no salían bien no dudaría más en echarlo de ahí, costara lo que costara.
Respuestas a los reviews.
SaicoReisen: No prometo nada con lo de no hacer sufrir. Y no es mejor, sólo es diferente. Ampliaré las diferencias... O al menos voy a intentarlo. ;3
GabyBlue98C: ¡Fujoshi aquí, Fujoshi allá! *-* Vas a tener que sentarte a esperar un buen rato para ver amor entre ellos xD lo siento, espero no desesperarte.
