¡Peeeeeeeersonas! ¡I come back! again...

Perdón por tardarme, gente, pero a veces la inspiración no me da y pues cuando me da hay que aprovecharla. Así que creo que este capítulo es un poquito más largo así que espero compense aunque sea un poco la espera. Gracias a todos aquellos que siguen aquí.

EN EL CAPÍTULO DE HOY VEREMOS: mucho fanservice.

Volveré pronto con más.

Disclaimer. Los personajes pertenecen a Cartoon Network.


―Pan de canela, no te preocupes, el vampiro ya no está aquí y ya no va a hacerles daño. ―decía el príncipe tratando de calmar al dulce que se había despertado a mitad de la noche asustado porque en sus sueños Marshall les había arrancado la cabeza a todos.

―Pero tengo miedo y allá afuera está muy obscuro.

El vampiro que estaba a la vuelta el pasillo escuchando todo sonrió con malicia. Ese pequeño dulce estaba atemorizado por él y eso que no había salido en días del palacio. Le agradaba saber cuánto miedo podía causar en las personas sin siquiera proponérselo.

Gumball suspiró, no iba a tener otro remedio que dejar al panecillo que se quedara en el castillo esa noche después de todo no podía dejarlo solo a su suerte. Como buen gobernante los protegía hasta de sus pesadillas.

― ¿Qué pasa aquí? ―preguntó el vampiro al tiempo que entraba a la sala mostrando los colmillos.

Pan de canela lo miró aterrado, el príncipe había dicho que ya no estaba ahí y todo había sido una mentira.

― ¡Mentiroso! ¡Traidor! ¡El vampiro sigue aquí! ¡AHHH!

―Pan de canela, cálmate.

Gumball trataba de tomar de los brazos al pobre dulce que seguía huyendo de él.

Volteo a ver a Marshall con furia contenida en la mirada mientras el chico no dejaba de sonreír y Pan de canela no dejaba de correr por toda la sala hasta que Salió por la puerta principal gritando algo sobre su traición.

― ¡Guardias banana! ―gritó el pelirrosa y enseguida los tenía frente a él esperando sus órdenes.

―Quiero que encuentran a Pan de canela y lo lleven a su casa antes de que arme un alboroto.

―Como usted ordene, majestad.

Marshall no pudo evitar voltear a ver a Gumball confundido pues los guardias no se habían movido ni un centímetro y pudo ver la expresión de cansancio que reflejaba su mirada. Resultaba divertido verle tan desesperado pasando sus manos por su cabello al tratar de conservar la poca paciencia que le quedaba.

― ¿Podrían ir ahora mismo, por favor?

― ¡Oh! Ahora. Claro.

Los guardias salieron a cumplir con las órdenes de su príncipe dejando solos a los dos chicos. Gumball estaba muy molesto con Marshall y eso podía notarse, pero el vampiro podría jurar haber visto una media sonrisa cuando pasó junto a él para irse a su habitación así que también sonrió; tal vez Gumball no fuera tan aburrido como había creído en un principio, pero estaba seguro de que jamás lo escucharía aceptar que su broma había sido divertida, porque un gobernante no puede reírse de lo que les pase a sus buenos ciudadanos.

A la mañana siguiente Gumball ya estaba alistándose para tener otro día como gobernante; peinando su cabello de esa manera que sólo él sabe hacer y alisando su corbata frente al espejo, no podía negar que era un tanto quisquilloso con lo que vestía. Todo tenía que estar perfecto, aunque no podía negar que también estaba haciendo tiempo para no tener que lidiar con problemas tan temprano, pero sus pensamientos sus intenciones se vieron desplomadas en cuanto Marshall entró a su habitación sin avisar asustándolo de paso por haber cerrado la puerta de esa manera.

― ¿Qué diablos haces aquí, Marshall?

―Me he dado cuenta, querido príncipe, que usted no se divierte nunca. Así que hoy te libero de tus obligaciones reales e iremos a dar un paseo.

El pelirrosa no le prestó atención y se tomó la chaqueta de su uniforme real para terminar de vestirse de una vez y poder atender todos los asuntos que tenía pendientes.

―No tengo tiempo.

Marshall le arrebato la chaqueta de las manos y la lanzó por la ventana que daba al patio trasero del castillo donde en estos momentos no había ni un solo sirviente que pudiera traérsela de vuelta.

Corrió hasta la ventana y se apoyó en ella sólo para ver su hermosa prenda tirada en el piso posiblemente ya bastante sucia sin nadie que pudiera recogerla, tendría que ir el mismo y considerando que estaban en uno de los pisos más altos eso tomaría su tiempo. Ahora se sentía de verdad molesto.

― ¡¿Por qué hiciste eso?!

―Oh perdona, se me fue la mano. Por eso te propongo que vayamos por ella. ―sonrió.

A Gumball no le dio nada de confianza esa sonrisa en el rostro del vampiro y quiso gritar en el momento en el que lo vio venir a toda velocidad hacia él. Cerró los ojos con fuerza cuando lo tomó del brazo y lo saco por la ventana, no podía negar que estaba aterrado, pero se estaba esforzando mucho para no dejárselo ver al vampiro.

―Mi chaqueta, sólo vamos por ella y ya.

―Ya la recogerá alguien más. ―respondió pasando de largo.

Si no fuera porque el día estaba nublado probablemente ahorita podría estar en su castillo haciendo sus tareas reales ya que el vampiro no podría salir si hiciera sol, pero no era así de modo que debía aguantarse ir colgando de un brazo por todo el bosque que rodeaba su reino sin tener ni la más mínima idea de a donde se dirigían; su brazo comenzaba a dolerle por lo que tuvo que aferrarse con el otro a Marshall de donde lo estaba sosteniendo.

El vampiro comenzó a notar que esa debía ser una posición muy incómoda y que probablemente sus extremidades habían comenzado a doler, pero no le dio importancia y siguió su camino hasta llegar a los alrededores del reino de fuego donde soló al príncipe haciendo que este cayera de sentón tomándose su brazo adolorido.

―El reino de fuego me recuerda un poco a la nocheosfera.

― ¿Por qué me trajiste aquí? No puedo acercarme ni un paso más si no quiero morir incinerado.

El pobre príncipe estaba sudando y eso que apenas llevaban ahí unos minutos.

―No te he llevado tan cerca, sólo lo suficiente para que puedas observar sin morir.

―Aún hay cosas que no sabes sobre los reinos, Marshall. El príncipe flame me odia.

― ¿En serio? ―parecía divertirle lo que el pelirrosa había dicho ―. Al príncipe toda bondad hay alguien que lo odia, eso sí es una sorpresa.

―No te confundas, él odia a todo el mundo.

―A mí no, he tenido algunos tratos con Flame en el pasado y nos llevamos bastante bien, señor dulzura.

―No me sorprende, los dos son iguales. Realmente ni siquiera quiero preguntar qué clase de tratos son los que han tenido.

―Tampoco yo tenía planeado decírtelo.

Gumball ya de pie se quedó viendo la gran puerta que se veía a unos kilómetros. Era la entrada al gran reino de fuego y a su alrededor unos lobos de fuego característicos de aquel reino, se paseaban en busca de comida que cazar; su apariencia era tierna, pero el príncipe sabía muy bien que eran terriblemente peligrosos y por desgracia parecía que habían detectado ya su presencia.

―Vámonos de aquí, Marshall.

― ¿Por qué? ¿Le tienes miedo a un par de cachorros, Gumball?

―Idiota, vámonos de aquí. Esos lobos son peligrosos.

―No si sabes cómo escapar de ellos y dado que yo vuelo eso se vuelve muy sencillo.

Observó con más atención al pelirrosa que se había quedado callado viendo cómo se iban acercando cada vez más rápido y aunque parecía estar tranquilo notó como temblaba casi imperceptiblemente. Nunca había visto a Gumball tan asustado en el tiempo que llevaba ahí, ni siquiera la primera vez que vio su forma de monstruo.

Los lobos de fuego comenzaron a correr hacia ellos aullando y soltando fuego a su paso mientras el pelirrosa seguía sin moverse de donde estaba y cada vez parecía temblar más.

―Hey, Gumball, muévete, es hora de correr.

Parecía no escucharlo, simplemente no se movía.

―Maldición.

Lo tomó de ambos brazos elevándolo y poniéndolo a resguardo de los lobos quienes ya habían llegado y no paraban de saltar tratando de alcanzarlos.

Marshall se alejó hasta que llegaron al bosque que rodeaba el reino de Aaa, entonces lo dejó con cuidado en el suelo y hasta entonces Gumball que no había hablado ni se había movido se envolvió a sí mismo en sus brazos sin dejar de temblar.

― ¿Por qué les tienes tanto miedo, Gumball?

No podía negar que estaba muy incómodo por tener que presenciar ese momento de debilidad del príncipe de dulce.

El pelirrosa pareció darse cuenta de que no estaba solo, se levantó y le plantó cara. Ahora si parecía el mismo de siempre, aquel que aguantaba todas sus bromas y se molestaba con él, ese que gritaba y que no tenía miedo de nada, pero en lugar de decir algo simplemente se dio la vuelta y emprendió el camino hasta su castillo, ya estaba cerca y podía llegar fácilmente sin ayuda del vampiro.

Marshall lo detuvo jalando su brazo y sacando un quejido por parte de Gumball quien volteo a verlo furioso. Fue entonces cuando el pelinegro notó que además de enojado, el príncipe estaba lastimado, probablemente por la manera en la que lo llevo hasta el reino de fuego; aunque honestamente eso tampoco le importaba.

―Dime porqué les tienes tanto miedo.

― ¿Por qué habría de decírtelo? ―replico soltándose de su agarre.

―Porque estabas temblado. ¡Quiero saber porque tú estarías tan asustado!

― ¡Bien, Marshall, si tanto quieres saber te lo diré! Esos lobos me atacaron cuando yo tenía diez años y me dejaron marcas con las que lo recordare toda mi vida, ¿Ahora estás contento?

―Quiero ver.

― ¿Qué? ―no entendía a que se refería.

―Quiero ver las marcas que te dejaron.

―Estás loco.

Otra vez trato de irse y nuevamente fue detenido por el vampiro quien esta vez comenzó a jalar su camisa tratando de quitársela, y lo estaba consiguiendo.

― ¡Suéltame! ¡No tienes derecho!

Gumball trataba inútilmente de quitárselo de encima sin obtener resultados. Comenzó a llover con fuerza, pero ni siquiera eso detuvo a Marshall quien se veía muy decidido.

El pelirrosa logró soltarse y comenzó a correr con la camisa a medio desabrochar, pero no fue suficiente pues enseguida lo alcanzó tirándolo al suelo y quedando sobre él al tiempo que terminaba de quitarle la camisa de una vez; una escena que podría malinterpretarse por cualquiera, sin embargo, en esos momentos no había nadie ahí para verla.

―Voy a ver esas marcas, aunque tenga que quitarte toda la ropa.

En el momento en que logró abrir su camisa por completo Gumball dejo de forcejear, ya que caso tenía si lo que tanto había querido esconder ahora estaba a la vista de ese idiota quien seguía sentado encima suyo y lo miraba sorprendido.

El pelirrosa se cubrió el rostro con las manos, estaba avergonzado, y no sólo por la posición en la que se encontraban sino porque su secreto, eso que no le había contado ni siquiera a Bonnibel ahora lo sabía un vampiro problemático al que odiaba como nunca había odiado a nadie.

Estaba cubierto de lodo y la lluvia seguía cayendo empapándolos por completo.

Marshall pasó la mano por las cicatrices que adornaban el cuerpo del pelirrosa, algunas parecían quemaduras y otras tantas eran mordidas donde parecía que hubiera estado a punto de perder esa parte del cuerpo; a pesar de que ya eran sólo cicatrices Gumball se estremecía cada vez que tocaba alguna.

―Ya deja de tocarme. ―dijo al tiempo que dejaba de cubrirse el rostro con los brazos ―. Ya viste lo que querías ahora quítate de encima.

Marshall flotó de nuevo y le tendió la mano para ayudarlo, pero Gumball la alejó de un manotazo y en cuanto estuvo de pie comenzó a caminar hacia su castillo al tiempo que se abrochaba la camisa. El pelinegro continúo siguiéndolo sin decir una sola palabra, pues no estaba seguro de que pensar o si debía hacer algo. Al final decidió que no, no tenía por qué tratar de consolarlo pues ni su amigo era de modo que sólo lo siguió hasta su patio trasero donde aún seguía en el suelo su chaqueta ahora mojada y, por ende, llena de lodo.

Se detuvo a recogerla y entro al castillo con el vampiro pisándole los talones.

La señora menta fue quien se dio cuenta de ellos primero y corrió a su encuentro.

― ¡Príncipe! Lo he estado buscando por todas partes, algunos ciudadanos lo necesitan y han estado viniendo todo el día, se amotinaron enfrente del castillo y no dejan entrar ni salir nadie. ―parecía desesperada.

Gumball le dio su mejor sonrisa tomando a Marshall por sorpresa pues después de lo que había pasado no esperaba verlo poner una cara como esa tan pronto.

―Llévalos a todos al gran salón y diles que los atenderé en un momento. Debo ir a cambiarme.

―Como usted ordene, majestad.

Se fue casi corriendo a atender las órdenes del príncipe mientras él se iba a su habitación. Al llegar notó que Marshall lo había seguido hasta ahí y casi le cierra la puerta en la cara, pero el vampiro fue más rápido y entro con él.

El pelirrosa sólo suspiró, ya no tenía caso que dijera nada, no estaba de ánimos para nada.

―No lo entiendo.

No obtuvo respuesta por lo que siguió hablando.

― ¿Cómo pudiste actuar como si no pasara nada? Le sonreíste como si tú día fuera perfecto, pero no ha sido así, entonces…

―Yo no puedo preocupar a mis ciudadanos, Marshall. Sé que no lo entiendes porque nunca te has preocupado por nadie, pero cuando tienes responsabilidades, pones primero a los demás antes que a ti.

―Eso es estúpido.

―Es por eso que tú no eres gobernante de nada.

―Tú no eres mejor que yo sólo por ser un príncipe, después de todo yo soy el dueño de la nocheosfera. O lo seré en cuanto el viejo estire la pata.

―Un pozo de muerte. Muy adecuado para ti.

Eso no le hizo mucha gracia al vampiro y molesto se metió al baño, no iba a discutir más con ese príncipe rosa. Estaba hecho un asco así que se daría un baño y al escuchar como golpeaba Gumball la puerta menos ganas le dieron de salir.

―Báñate en tu cuarto, Marshall, yo necesito estar listo pronto. ―le dijo molesto sin obtener respuesta.

No le quedó más remedio que esperar hasta que saliera y cuando al fin lo hizo llevaba sólo una toalla enrollada a la cintura, su toalla.

―Eso es mío, idiota.

― ¿Y eso que?

―Si te largas a la nocheosfera, ¿Qué pasará con Fionna? ¿Acaso has pensado en eso?

―Me la llevaré conmigo. Además, pensé que tú no aprobabas nuestra relación.

―Y no lo hago, pero no quiero que sufra, aunque quizá si te vas pueda buscar a alguien mejor porque ni pienses que la dejaré marcharse a ese sombrío lugar.

―Me escogerá a mí. ―dijo acercándose hasta quedar a escasos pasos del pelirrosa.

― ¿Por qué lo haría? Sólo eres un idiota problemático. No dudo que esté contigo por lastima, no tienes nada que ofrecerle.

Lo miraba como si lo estuviera haciendo poca cosa, y Marshall odiaba que hicieran eso. Le mostraría porque Fionna lo dejaría, y le gustaría tanto que lo tendría suplicando por más.

Lo tomó del brazo herido y en un segundo lo tenía de espaldas lastimándolo aún más. Lo acostó sobre la cama y sostuvo ambos brazos en su espalda sacándole más quejidos a causa de lo doloroso que eso estaba resultando.

―Te mostrare que es lo que le ofrezco que tanto le gusta. ―sonrió.

Maldito. Lo odiaba por estar insinuando lo que hacía con la chica. La sola idea de pensar que hacían otra clase de cosas lo hacía sentir enfermo.

―Suéltame de una vez, no te atrevas a tocarme.

Marshall lo ignoró y bajó sus pantalones haciendo que el pobre de Gumball entrara en pánico, no podía defenderse en esa posición y mucho menos teniendo un brazo lastimado. Debía estar bromeando, no podía hacerle eso a él.

―Como no me sueltes voy a gritar por ayuda. Es tu ultima oportunidad.

Metió la sabana en la boca del pelirrosa dejándolo imposibilitado para gritar o hablar siquiera. Ahora no había nada que pudiera hacer para defenderse y de cierta forma hacerle esto al chico le parecía muy divertido, la humillación por la que pasaría haría que terminara odiándolo por el resto de su vida y sería la mejor broma de todas.

Gumball forcejeó con todas sus fuerzas sin lograr nada. Esto estaba mal, muy mal. Si alguien viera a un príncipe como él sometido de esa manera seria su ruina.

Odiaba a este chico. Como se atreviera a hacerle algo lo mataría.


Respuestas a los reviews:

GabyBlue98C: Es tan lindo ver que hay personas que no dejan de leerte, y que corresponden a tu saludo :,3 Yo creo que ahora será todavía más complicado elegir de que lado estar, y vendrán cosas peores owo

GatoChocapic666: Pues gracias por pasarte por mi historia y espero que te esté gustando, que este capítulo te haya entretenido :3 Gumball es muy molestable (?)

SaicoReisen: De nada, vale la pena leerte :3 Y gracias, yo lo sé XD