¡Holaaaa personas! Ya sé que ha pasado un montón de tiempo desde la última vez que actualice, pero les prometí que no iba a abandonar las historias y aquí estoy con más.
Podría explicarles porque tarde tanto en actualizar, pero mejor no porque sonará un poco tonto. Dejemoslo en que eran unas cosillas amorosas. Y falta de inspiración también.
Y bueno, espero disfruten mucho este capítulo que trate de hacerlo un poco más largo para compensar.
Para los que siguen mi otra historia y los que saben que siempre publico los capítulos juntos les digo que sólo tengo el capitulo de esta historia, voy a ver si se me ocurre cómo continuar la otra e igual y lo publicó en la madrugada o sino hasta mañana, pero es un tal vez, entonces no mejor no prometo que la publicaré, pero ¡Ya tienen esta historia! Disfrutenla.
Los quiero, nos leemos luego, gracias por seguir aquí y por dejar sus hermosos comentarios.
Por suerte Gumball logró sacar la sabana de su boca a tiempo.
— Como te atrevas a tocarme te juro que le contaré todo a Fionna. No querrá volver a saber nada de ti.
Eso lo hizo dudar lo suficiente como para darle la oportunidad al pelirrosa de darse la vuelta y empujarlo con la suficiente fuerza para hacer que terminara golpeándose con su closet.
El vampiro cayó al suelo adolorido frotándose la cabeza y sin poder creer que ese pequeño dulce haya sido capaz de hacerle esto. Se puso en pie dispuesto a regresarle el golpe, pero tuvo que contenerse pues un mareo lo invadió dejándolo imposibilitado para hacer nada.
— Maldita sea.
— Marshall. —Esperó a que este enfocara la vista en él de nuevo para seguir hablando — ¿Qué haces aquí? A nadie le gusta tu presencia en este lugar y la única que te tolera es Fionna, y ni siquiera tengo idea del porqué. No eres más que un estorbo.
Esas habían sido palabras muy duras, pero Gumball no estaba arrepentido por ninguna de ellas en lo más mínimo, consideraba que ese estúpido niño se merecía cada una de ellas. O al menos ese pensamiento fue el que perduró incluso después de que lo vio alejarse por la ventana, afuera seguía sin haber sol por lo que no iba a pasar por ninguna molestia.
Le alegraba por fin haberse podido deshacer de él.
Volvió a sus asuntos dejando de lado por completo al vampiro; sus dulces ciudadanos seguían esperando y debía darse prisa en solucionar cada uno de sus problemas, la dulce gente solía irritarse con facilidad.
Entre tanto papeleo, quejas, demandas y acuerdos el día se le fue muy lento, aunque por lo menos agradecía el no haber tenido distracciones de modo que todo había salido según lo previsto y sin contratiempos, al día siguiente tendría que ir al reino de Ooo con su sobrina por algunos asuntos reales, los cuales pensaba aprovechar para verla una vez más y charlar con ella sobre todos los pequeños acontecimientos que iban ocurriendo en su vida en estos días.
Se alegró mucho al no ver a Marshall ni siquiera al día siguiente al despertar; simplemente no había bromas, ni risas molestas, tampoco juegos… Lo único que había era la obligación de seguir con sus deberes como gobernante de un reino.
La señora menta lo ayudó con los preparativos para ir con su sobrina por la tarde. Estaba un poco ansioso, la verdad era que, aunque hablaban seguido hacía un buen tiempo que no la veía en persona, estaba seguro de que por lo menos habían pasado tres años desde la última vez que había visto su rostro.
Le pareció una eternidad la espera, no paraba de revisar el reloj cada cinco minutos y aunque se supone que estaba ocupado no podía concentrarse y tampoco podía dejar de pensar en lo que le esperaba.
En todo el día tampoco había visto a Fionna ni a Cake, pero sabía que habían ido a una misión de modo que era lógico que todavía no regresaran, cuando ellas se iban de aventura no podía estar seguro de cuanto tardarían, siempre era algo distinto con ellas. Así como podían regresar en ese mismo instante podían volver dentro de varias semanas.
Cuando al fin llegó el momento de ir a casa de Bonnibel se preocupó al recordar a Marshall, si ese idiota regresaba cuando él no estuviera bien podía empezar a hacer daño a sus ciudadanos de nuevo, pero por una vez confiaría en su palabra. Él se había comprometido a no hacer daño a sus dulces si se dejaba molestar, y lo había hecho de modo que no tenía motivos para atacar a los suyos.
En todo el camino no hizo más que descansar de todas las quejas que le daban a diario y ver todo el paisaje por donde estaban pasando, era impresionante la cantidad de reinos diferentes que había y también la diferencia entre cada criatura de estos reinos. Casi se podía decir que las miraba con admiración y respeto.
Cuando por fin llegó su corazón estaba ansioso por subir corriendo las escaleras principales y entrar a ver a su sobrina, pero en lugar de eso caminó con toda la calma que le fue posible subiendo poco a poco. Entonces la vio, ella lo esperaba fuera del castillo parada frente a la puerta y con una gran sonrisa en el rostro.
— ¡Tío Gumball!
Enseguida se acercó con rapidez hasta él y lo abrazó. Lo había echado tanto de menos que no se separó de él hasta que se dio cuenta que no podían quedarse así para siempre.
— Vamos, hay tanto de qué hablar.
Entraron al castillo y se sentaron en la sala mientras mentita les llevaba unas tazas de café y las dejaba frente a ellos.
Gumball estiró el brazo para coger la suya cuando un dolor le atravesó el hombro, le dolió tanto que se quedó con el brazo extendido a medias sin llegar a tocar la taza. Ese maldito vampiro lo había lastimado más de lo que hubiera creído.
— ¿Pasa algo? preguntó Bonnibel quien se había dado cuenta enseguida de la expresión que hizo.
— No es nada. mintió.
Pero era imposible engañar a su sobrina y más por el hecho de que tuvo que sostenerse el brazo para devolverlo a su lugar y ni siquiera pudo tomar su café como lo tenía planeado.
Ella se levantó acercándose a él y tomó su brazo con cuidado obligándolo a levantarlo. Una mueca y un quejido por parte del pelirrosa le confirmó que, en efecto, se encontraba lastimado, posiblemente tuviera el hombro dislocado y eso no era cualquier cosa como para tomárselo a la ligera.
— Dime que fue lo qué te pasó. Tienes el hombro dislocado, tío.
— No importa. Ya se arreglará.
— No quieras restarle importancia. Es algo serio. — le dijo molesta. — Llamaré al médico.
Lo hizo ponerse en pie y lo llevó hasta su habitación. Gumball se dejó hacer, estaba cansado de comportarse como un adulto siempre y también se sentía fatigado por lo que había ocurrido apenas el día anterior con el vampiro, sabía que si se encontraba su hombro en malas condiciones era únicamente por su culpa.
Bonnibel llamó a mentita y le dio órdenes de ir en busca del médico, las cuales él atendió con mucho gusto y se fue dejándolos solos de nuevo. La pelirrosa se sentó a su lado y estaba por decir algo cuando alguien entró y los interrumpió.
Gumball fijó la mirada en la intrusa bastante molesto por haber entrado sin tocar, como si aquel palacio fuera su casa. Le molestaban mucho las personas que no tenían modales, por eso odiaba tanto a Marshall también. Enseguida lo notó, aquella chica flotaba del mismo modo que aquel molesto vampiro con el que tenía que lidiar a diario, y no sólo eso, llevaba también colmillos. Fue fácil llegar a la conclusión de que era de la misma especie que tanto había llegado a odiar. Se puso en pie dispuesto a defender a su sobrina, pero antes de que pudiera decir nada la vampiresa le ganó la palabra.
— Hola, Bonnie.
— Marcy, te dije que hoy estaría ocupada.
— Ya lo sé, pero te echaba de menos.
Bonnibel sonrió, se había puesto en pie al mismo tiempo que el pelirrosa y ahora miraba con ternura a aquella vampiresa.
— Alguien puede explicarme de qué va todo esto.
— Oh, claro. Tío Gumball ella es Marceline, Marceline él es mi tío.
— Así que tú eres el famoso Gumball.
— Perdona que no pueda decir lo mismo, pero no tengo ni idea de quién eres. dijo con cierta amargura.
Bonnie estaba comenzando a notar que su tío no se había tomado nada bien la presencia de Marceline y estaba casi segura de que tenía mucho que ver que ella también fuera un vampiro, al igual que ese chico que, por lo que sabía, le había causado tantos problemas en este último mes.
— Gumball, todavía no me has dicho cómo te hiciste daño.
Le hizo un gesto para que se sentara y el obedeció, no tenía muchas ganas de decir nada con la presencia de esa chica ahí, pero lo dijo de todos modos.
— Fue ese vampiro, ¿Recuerdas? Mi maldito tormento. Me llevo a cuestas de un solo brazo, creo que fue por eso.
— ¿Qué? ¿Por qué te hizo eso?
Ahora estaba realmente preocupada por la seguridad de Gumball. Creía que ese vampiro podía ser en cierta manera parecido a Marceline, pero ella jamás le había hecho daño, ni siquiera cuando se llevaban mal todavía.
La pelinegra que seguía flotando frente a ellos sólo se quedó escuchando, sólo conocía a otro vampiro aparte de ella y estaba bastante segura que era de él de quien hablaban, no podía ser nadie más.
— Marshall.
El pelirrosa volteo a verla, no le extrañaba mucho que conociera al vampiro, se notaba claramente que era igual que él.
— ¿De dónde lo conoces?
Bonnibel también quería saber, en todo ese tiempo que llevaban juntas Marceline jamás había mencionado ese nombre. De modo que ahora ambos la observaban con atención esperando su respuesta.
— Marshall es mi hermano pequeño.
— Nunca me dijiste que tuvieras un hermano.
— No valía la pena mencionarlo.
— Es tu hermano, Marceline. No puedo creer que en todo este tiempo que llevamos juntas no lo hayas dicho.
— Un segundo. — interrumpió Gumball perplejo. — ¿Juntas?
— Siento no habértelo dicho antes, tío Gumball. Marceline es mi novia.
El pelirrosa no supo que decir ni cómo reaccionar, no le molestaba el hecho de que su sobrina estuviera saliendo con otra mujer, pero claro, tenía tan mala suerte que se había fijado precisamente en la hermana del delincuente que tantos problemas le estaba causando. De alguna manera se sentía como si lo hubieran traicionado.
— ¿Estás bien, Gumball?
— No… ¿Cómo puedes estar con ella, Bonnibel?
— ¡Hey! No te confundas, que Marshall y yo seamos hermanos no quiere decir que ambos seamos iguales.
— Tiene razón. Marceline es una buena persona… O al menos lo es ahora.
Marceline sonrió. Sabía que estaba recordando todos los problemas que le había causado en el pasado, pero era su trabajo, no se trataba de que quisiera o no hacerlo.
— Y Marshall tampoco es tan mal chico como piensas.
— Debes estar bromeando. A sido un verdadero dolor de cabeza, e incluso a tratado de hacerme daño, y a Fionna.
— Bueno, estoy segura que algo le hiciste para hacerlo enojar. Él tiene su temperamento, sabes. Podrá ser un pequeño tonto y todo lo que quieras, pero sigue siendo mi hermano.
— Y seguro que dirías cualquier cosa para defenderlo.
— Sólo estoy diciendo la verdad. No puedes culparlo por todo lo que está haciendo.
Bonnibel se mantenía expectante, escuchando. Hasta hace unos minutos ella no tenía idea de que su novia tuviera un hermano y ahora incluso lo estaba defendiendo después de ver lo que le había hecho al hombro de su tío. Debía admitir que estaba comenzando a molestarla después de todo podía recordar perfectamente todas las veces que el pelirrosa la había llamado totalmente exasperado por culpa de ese vampiro, y ella había estado ahí también sin decir una sola palabra sobre ello.
— Ya veo que no me están creyendo de modo que les voy a contar toda la historia, pero no le pueden decir nada de esto a Marshall, él odia que lo mencionen. Y también me odia a mí.
— Entonces te escuchamos.
— Ilumínanos, por favor. — comentó el pelirrosa con ironía.
Marceline se preparó mentalmente, esto iba a ser largo y difícil de decir. Siempre prefería no hablar de ello y era un tema que había evitado hablarlo incluso con Bonnibel, pero si era la única manera de que dejaran de culpar a Marshall entonces no le quedaba de otra.
— Creo que todo esto es culpa de mi padre… No sé muy bien cómo empezar. — se quedó pensando un segundo. — Marshall es menor que yo por tres años. A decir verdad, mi padre quería un niño, pero desde que él nació no ha hecho más que menospreciarlo; supongo que esperaba demasiado de él. Cuando vio que yo podía causar más caos que él se olvidó por completo de que quería un hijo y terminó siendo muy descuidado con él. Yo fui siempre el orgullo de mi padre y por más daño que Marshall lograra causar yo podía superarlo sin esfuerzo…
— ¿Y eso que tiene que ver con esto?
— Pues cállate y escucha. — se quejó la pelinegra del chico.
Gumball se molestó, pero decidió escuchar la historia completa primero.
— Bien, como les decía. Hunson Abadeer, como rey de la nocheosfera era más que evidente que buscaba que sus hijos fueran igual o peor de malvados que él. Marshall siempre fue hecho menos, o ignorado por completo. Mi padre siempre lo vio como un estorbo y no paraba de repetírselo constantemente.
En ese momento Gumball recordó las palabras exactas que le había dicho al vampiro y no pudo evitar sentir una punzada de culpa. No eres más que un estorbo, le había dicho él. Siguió prestando atención a la historia que les relataba la chica.
— Marshall me terminó odiando porque consideraba que era mi culpa que papá no lo quisiera. Hace dos años, cuando me enamoré de ti. — dijo refiriéndose a Bonnibel. — Fui su mayor decepción. No quiso aceptar que estuviera con alguien del mismo sexo y mucho menos con la mujer más buena y dulce que existe, de modo que me exilió y me negó también la posibilidad de hablar con Marshall.
Se detuvo un segundo para recomponerse, siempre le había dolido que el chico la odiara, pero cuando su padre le prohibió que se acercara a él había sido un golpe bastante más duro.
— Yo no sabía nada de esto… — comentó la pelirrosa sintiéndose culpable por haber causado una ruptura en la familia de Marcy.
— No es tu culpa, Bonnie. No volví a ver a Marshall, pero por lo que supe mi padre lo obligó a hacer cosas cada vez peores hasta que pudo considerarlo digno de depositar en el su orgullo. Eso era lo que él más quería de modo que si ha estado causando tantos problemas no es por culpa de nadie más que de papá.
— Marshall es malvado para no decepcionar a su padre. — resumió el pelirrosa.
— Exacto.
Gumball no supo cómo sentirse al respecto, la culpa se estaba apoderando de él por no haber escuchado a Fionna, por no haber tratado de entender, pero, por otro lado, no podía justificarle todas las cosas que había hecho, después de todo había asustado a sus ciudadanos por meses y les había hecho daño. También lo había herido a él.
No podía estarse comportando como un niño toda su vida, ni podía esperar que todos lo entendieran si no dejaba de hacer todo lo que hacía. Su odio hacía él no había cambiado, ni cambiaría sólo por una cursi historia de vida. Todos tenían problemas, pero no todos eran como él.
— Marcy, siento mucho que por mi culpa tú… — Marceline la cortó enseguida.
— Ya te dije que no es culpa tuya, Bonnie.
Ella no dijo nada, pero sabía perfectamente que era responsable por ello.
— En fin, de todos modos, eso no quita que siga siendo un problema para mi reino. No puedo justificarlo.
— Pero, Gumball…
— Lo siento, Bonnie. Será mejor que me vaya. No debí venir.
Estaba por levantarse cuando llegó mentita con la enfermera. Bonnibel le negó la salida hasta que no lo hubieran revisado así que tuvo que quedarse.
Mientras lo revisaban Bonnie se llevó a Marcy a un rincón para hablar sin que el pelirrosa las escuchara.
— Bonnie, de verdad, nada es culpa tuya.
— Marcy, quiero que vuelvas a ver a tu hermano… Acompaña a Gumball a su reino.
— ¿Qué? No puedo hacer eso. Ya viste cómo me mira, él me odia. Y Marshall también.
— Es una oportunidad para hacer las paces con los dos, por favor, hazlo por mí.
— No es justo, sabes que no puedo negarte nada.
Bonnibel sonrió y le dio un tierno beso bajo la mirada de su tío que no había perdido ni uno sólo de sus movimientos, aunque no pudiera escuchar lo que decían. Le molestó ver eso.
Cuando al fin se fue la doctora el príncipe había terminado con un brazo enyesado y el cabestrillo sosteniéndolo.
— ¿Cómo te sientes?
— Inmovilizado.
— Estarás bien en un par de días. Por ahora debo pedirte algo.
Volteo a mirarla, serio, pues no tenía confianza en lo que fuera a pedirle en esos momentos.
— ¿Qué cosa?
— ¿Podrías alojar a Marcy en tu casa unos días?
— Debes estar bromeando. ¿Por qué haría eso?
Marceline había bajado por un poco de jugo a la cocina, no tenía ganas de escuchar como el pelirrosa se negaba ni tampoco todo lo que tuviera que decir sobre ella, aunque si tenía ganas de ver a su hermano, pero le daban nervios cada vez que pensaba en ello, no lo veía hace tanto y él había estado tan molesto con ella toda su vida que dudaba que ahora fuera a aceptar verla como si nada hubiera pasado.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando entró Bonnibel hasta que sintió sus brazos rodearla por la cintura y su barbilla apoyada en su hombro. Tenía esa sonrisa que pone siempre que se sale con la suya por lo que supuso que de algún modo había convencido a su tío de que la dejara ir con él y no sabía si estar agradecida o asustada.
Antes hubiera sido casi imposible que ella pudiera sentirse asustada, pero tenía que admitir que estar con la dulce princesa la había hecho blanda. Debía prepararse emocionalmente para el reencuentro.
— Todo va a salir bien. — le dijo leyendo sus pensamientos.
Marcy sonrió no muy segura, pero debía aparentar.
Gumball se quedó esa noche ahí y al día siguiente partió acompañado por la vampiresa, se veía que la compañía no lo ponía muy contento, pero estaba soportando toda aquella situación sólo por su sobrina.
— ¿Cómo fue que pasó lo tuyo con mi sobrina? — preguntó para romper el hielo y también porque no lograba entender porque se había fijado en alguien así.
— A decir verdad, no lo sé, todo sucedió sin que nos diéramos cuenta. Sé que no confías en mí, Gumball, pero yo la amo.
— Ugh, hasta en lo que dicen se parecen.
— ¿De qué hablas? — preguntó confundida.
— Lo mismo dijo tu hermano en una de las tantas ocasiones en las que hablamos sobre Fionna.
— Tal vez deberías confiar en él.
— No lo creo.
El resto del viaje se fueron en silencio. Marceline se sentía un poco incomoda, pero se distrajo viendo por la ventana. Recordaba haber estado ahí antes cuando estuvo de gira con su banda, sin embargo, en aquel entonces hasta la tierra era diferente, por supuesto, estaba hablando de hace al menos cien años.
El enorme castillo se distinguía a kilómetros y cuando al fin llegaron notó que era bastante parecido al de Bonnibel, incluso en la gente que se encontraba ya fuera de él buscando a su príncipe para que les resolviera la vida. Siempre la había exasperado todos esos dulces inútiles que no podían hacer nada por sí mismos.
— Llegamos.
Apenas llegó a la puerta la señora menta se acercó hasta él preocupada por su brazo.
— ¿Se encuentra bien, príncipe? ¿Qué le pasó?
— No es nada, señora menta, me encuentro bien. ¿Podría prepararme una habitación para la joven, por favor?
— Como usted diga, majestad.
De inmediato movilizó a unos cuantos dulces que le ayudarían a poner todo en orden para el nuevo huésped.
Gumball dejó a Marceline en la sala mientras él atendía a sus dulces ciudadanos. No sabía que hacer ahí sola de modo que se dedicó a husmear entre las cosas a ver si encontraba algo interesante o útil en aquella estantería llena de cachivaches, pero se aburrió pronto porque no logró hallar nada que llamara su atención.
Unos pasos la hicieron girarse hacía la entrada descubriendo a una chica rubia y un gato blanco con manchas cafés, le hacían recordar a Finn y Jake.
— Hola. — saludó la pelinegra.
— Hola. ¿Quién eres? — cuestionó con desconfianza.
— Me llamo Marceline Abadeer. Tú debes de ser Fionna.
— ¿Marceline?
A diferencia de Bonnibel o de Gumball, Fionna si estaba consciente de toda la historia que tenía que ver con Marshall de modo que conocía de sobra a esa chica, aunque jamás la hubiera visto en persona. El vampiro no solía hablar muy bien de ella y por lo que tenía entendido incluso la odiaba.
— Imagino que tú eres la novia de Marshall.
— Sí… ¿Por qué estás aquí?
Vaciló. No estaba segura de sí decirle o no, pero a fin de cuentas no tenía nada malo dejar que supiera. De todas maneras, iba a saberlo, y podía ver que tampoco ella le tenía confianza por lo que decidió empezar sin mentir, sería mejor así.
— Vine a ver a Marshall.
— ¿Para qué?
Como si no fuera obvio, pensó.
— Porque han pasado dos años desde la última vez que nos vimos, y lo extraño.
La expresión que hizo en ese momento parecía tan triste que a Fionna no le cupo duda de que decía la verdad. Se sintió tan apenada por todo lo que sabía que Marshall sentía hacía ella que hasta le dieron ganas de abrazarla, pero se contuvo.
Estaba por decir algo cuando Gumball apareció interrumpiéndolas.
— ¿Me buscabas, Fionna?
De pronto recordó a lo que había venido, pero también se percató del brazo del chico.
— ¿Qué te pasó, Gumball?
— Tú novio, eso me paso.
— ¿Marshall te hizo daño?
— Sí, te dije que ese vampiro era peligroso.
— Marshall no es peligroso. — lo defendió Marcy.
— No puedo creer que Marshall te haya hecho daño.
— Pues lo hizo, pero da igual, ¿en qué puedo ayudarte?
— Oh, venía a preguntarte si no has visto a Marshall, pero la señora menta ya me dijo que acabas de llegar.
— ¿No sabes dónde está Marshall? — preguntó Marceline.
— No, hace días que no sé nada de él. Quedó en ir por mí y Cake a los límites de Aaa en cuanto regresáramos, pero no fue.
— No me digas que ahora hay que darlo por perdido.
Marceline se molestó, justo ahora que venía a verlo tenían que pasar estas cosas.
— ¿Perdiste a mi hermano? — le reclamó acercándose peligrosamente al pelirrosa.
Respuestas a los reviews:
GabyBlue98C: ¿En serio? ¿Después de todo lo que me he tardado aún no has dejado de leerme? Entendería si ya lo hubieras hecho porque me he tardado un siglo, pero igual gracias por comentar :3 ¿Qué piensas ahora del capítulo? ¿Estabas preparada para eso? xD Faltan muchas cosas más por venir que el drama apenas está iniciando. Espero leerte pronto por aquí owo
