Holi, personitas. volví con más historia para ustedes, y espero que disfruten mucho este capítulo así como yo escribiéndolo, les prometo tratar de hacer más largo el próximo. Gracias a todas aquellas personitas que siempre dejan reviews o dan follow y fav, y no me olvido de los que leen en el anonimato.

Nos leemos pronto.


― ¿Por qué rayos me estás culpando a mí? ¿Acaso yo soy su niñera?

Ambos se miraban desafiantes y Fionna supo que si no intervenía esos dos terminarían peleándose porque al parecer no se llevaban nada bien, posiblemente gracias a su parentesco con Marshall.

― Ya basta, esto no soluciona nada. Yo me encargaré de ir por Marshall, ¿de acuerdo?

― Puedo ayudarte a buscar.

― Preferiría que no. Sé muy bien cómo te ve Marshall, mejor déjamelo a mí. Hablaran en cuanto estemos de vuelta.

― Pero…

Gumball la interrumpió, estaba cansado de que todo mundo estuviera tan preocupado por ese vampiro bueno para nada.

― Fionna puede encargarse de eso. Yo necesito hablar contigo.

La rubia asintió y salió por la puerta con Cake al hombro.

― ¿De qué quieres hablar? ―preguntó una vez solos.

― Que estés aquí no quiere decir que yo haya aceptado de buena gana que vinieras.

― Eso ya lo sé. De todos modos, no estoy aquí por ti sino por Marshall, en cuanto él aparezca y podamos hablar me iré de nuevo con Bonnie.

― Cómo es que mi sobrina está con un vampiro.

Para Marceline eso había sonado bastante despectivo y la hizo enojar. No le importaba que fuera el tío del amor de su vida, no tenía nada de la dulzura que Bonnie poseía.

― Cómo puede ser familiar de alguien como tú. No entiendo porque te quiere tanto, eres altanero, prepotente, ególatra y pareces creerte superior a todos. Tal vez Marshall tiene buenos motivos para odiarte. No eres como Bonnie, esa dulzura de persona.

― Tú no sabes nada de mí. ―se defendió el pelirrosa bastante molesto.

― No hace falta, lo llevas tatuado en la frente.

Parece que Gumball no era capaz de llevarse bien con nadie que fuera un vampiro, ahora ambos estaban molestos viéndose fijamente mientras se asesinaban una y mil veces en su mente, lo único que evitaba que lo hicieran de verdad era que tenían a Bonnie presente en todo momento y por ella se estaban conteniendo.

― Espero que ese estorbo inútil vuelva pronto, sólo para que puedas largarte.

― No necesito esto. ―dijo exasperada y flotó rumbo a la puerta.

― No puedes irte. Piensa en Bonnie.

Eso la hizo detenerse y volver sobre sus pasos. Condenado pelirrosa, sabía muy bien cuál era su debilidad.

Esta sería la hazaña más difícil para ambos, aunque ya Gumball iría viendo a que vampiro prefería tener en casa, si al problemático, o a ella, de quien todavía no sabía prácticamente nada y de todos modos no le caía bien. Empezaba a pensar que ser groseros y mal portados era cosa de vampiros. Al menos esperaba que ella no fuera a asustar a sus dulces ciudadanos como lo hacía Marshall, eso era una verdadera molestia para él y no tenía ganas de lidiar otra vez con lo mismo.

Pero conforme fueron pasando los días cada vez la toleraba un poco más, al menos ella no se encargaba de aterrorizar a su gente, de hecho, pasaba la mayor parte del tiempo hablando por teléfono con Bonnibel o fisgoneando en sus cosas.

A veces comenzaba a desesperarse y sabía que había noches en las que salía por su cuenta a buscar a su hermano. Por más que cambiaba la fecha, Fionna no daba señas de volver pronto y tampoco sabían a donde había ido. Eso tenía a Gumball un poco preocupado. De repente se imaginaba que ese idiota la había metido en problemas y que ya no encontraban como salir de ellos, pero se calmaba diciéndose que ella era demasiado inteligente como para caer con pequeños demonios o lo que fuese.

Lo único bueno de que el tiempo pasaba era que su brazo se había curado por completo y por fin pudo quitarse el cabestrillo y el yeso que ya lo tenían harto por lo inútil que lo dejaban, sin poder hacer nada solo y estar pidiendo ayuda todo el día.

― Oye Gumball, ¿qué te hizo Marshall? ―preguntó un día la pelinegra tomándolo por sorpresa.

Él se encontraba preparando algunas cosas que usarían para la fiesta del té en casa del príncipe hot dog, y cuando ella se sentó sobre su escritorio y le preguntó eso tuvo que detenerse y levantar la mirada sólo para darse cuenta que estaba hablando completamente en serio.

Marceline era tan extraña, había días en los que se la pasaba ausente y otros en los que se veía tan feliz que daba la impresión de que se olvidaba por completo de Marshall.

― Creí que tú habías escuchado todas las veces que me quejé de él con Bonnie.

― Sí, pero me gustaría saberlo por ti. Todo lo que te hizo odiarlo tanto.

Suspiró. No sabía si contarle o no, pero después de estar tanto tiempo encerrado entre papeles sólo quería despejarse un rato así que se recargó en la silla poniéndose cómodo.

― Cuando llegó se la pasaba asustando o lastimando a mis ciudadanos, luego dejó de hacerlo para hacerme la vida de cuadritos a mí. Marshall era una molestia para mí, se la pasaba haciendo bromas pesadas como dejarme semidesnudo fuera de mi habitación, subirme al tejado, quitar el color rosa de mi cabello y lo más reciente fue sacarme por la ventana de mi habitación sosteniéndome de un solo brazo… Atacándome y provocando que empeorara.

― ¿Atacándote? ¿Qué fue lo que te hizo? ¿Te golpeo?

― No exactamente…

Eso no iba a decírselo, definitivamente no pensaba decirle la vergüenza que paso cuando el chico por poco le quita su virginidad de una manera nada agradable. No tenía porque contar algo así a ella quien seguro ni siquiera le importaría, era su hermano después de todo y lo defendía de todos, eso ya lo había dejado más que claro.

― Gumball… ¿Estás llorando?

El pelirrosa no se había dado cuenta de ello, pero en cuanto la escuchó decirlo fue consciente de las lágrimas que habían comenzado a bajar por sus mejillas.

Le molestó. ¿Por qué tenía él que estar llorando por alguien como Marshall? No había sido para tanto, después de todo no logro hacerle daño en ese sentido… Entonces, ¿por qué?

Marceline no sabía bien que hacer. Cuando Bonnie lloraba usualmente bastaba abrazarla y dejarla que se desahogara, pero con él no podía hacer lo mismo, para empezar porque era probable que no quisiera que lo hiciera.

― Yo…

No logró terminar su frase cuando los interrumpió la señora menta y Gumball se limpió rápidamente, no quería que nadie más fuera testigo de su pequeño descuido de debilidad.

― Majestad, lo necesitan en el pueblo. Un dulce tiene problemas y los guardias no pudieron solucionarlo.

― Ya voy para allá.

Ambos se alegraron de haber salido de una situación tan incómoda y Marcy lo acompañó a ver qué clase de emergencia tenían.

Al llegar una señora panecillo, ya bastante anciana, intentaba alcanzar sin éxito a su querida mascota quien se encontraba sobre un árbol enorme, parecía haberse subido y por lo que veían había sido incapaz de bajar por su cuenta. Y como siempre, los guardias, con su negligencia, poco habían podido hacer para solucionarlo.

― ¿Qué ocurrió? ―preguntó el príncipe en cuanto llegaron junto a ellos.

― Binilo se subió al árbol y ahora no puede bajar. ―respondió la anciana.

Justo lo que habían supuesto.

― ¿Binilo? ―cuestionó Marceline. Le parecía un nombre muy ridículo y no pudo evitar reír.

Gumball la miró con mala cara, pero terminó sonriendo también sin que su ciudadana lo viera.

La pelinegra flotó un poco más alto y sin mucho esfuerzo bajó al animal antes de que Gumball pudiera hacer nada.

La señora agradecida lo tomó en brazos y se marchó.

No había sido la gran cosa, pero al ayudarlo le había dado el primer motivo al pelirrosa para poder confiar en ella y sin darse cuenta comenzaría una especie de amistad con quien odiaba en un principio, pero para eso todavía faltaba tiempo. Por ahora sólo pudiéramos decir que al menos no la odiaba, aunque no fuera a admitirlo, y que lo hacía reír.

En seguida comenzó a pensar que ella era mucho mejor plaga que su hermano, y eso ya era un avance.

― Gracias por la ayuda, Marceline. ―le dijo en cuanto estuvieron dentro del castillo.

Al menos en eso momentos parecían relajados, como si se estuvieran conociendo por primera vez y no se hubieran odiado.

Los dos pensaron en lo mismo y se rieron al pensar en Bonnie. Estaría muy feliz de saber que ya no peleaban, después de todo eso era lo que ella quería al enviar a Marceline con su tío, sólo faltaba lo otro: hacer que tolerara también a Marshall haciéndole ver por parte de su hermana que él no era tan malo. Aunque de eso no estaba segura, pero realmente esperaba estar en lo correcto, a fin de cuentas, conocía a Fionna también y la consideraba una buena chica como para fijarse en alguien que no valiera la pena.

― No tienes que darme las gracias, a veces le ayudo a Bonnie con lo mismo. Sus bananas son muy inútiles.

― No hay mucha diferencia con mis guardias chicle.

Ambos se rieron. Era la primera vez que Gumball reía tanto desde hacía mucho tiempo, más o menos desde que el vampiro bad boy apareció en su vida.

Pero eso no era cierto.

Incluso antes de Marshall no recordaba la última vez que tuvo una plática con alguien que no tuviera nada que ver con el trabajo, inclusive con Fionna.

Se quedaron tanto tiempo platicando en el comedor que la señora Menta fue a verlo escandalizada por no haber hecho todavía todo lo que tenía en la agenda para hoy y dada la hora ya no lo alcanzaría a hacer. Se le había pasado asistir a los preparativos de algunos eventos que se realizarían en unos días, pero como príncipe él tenía que vigilar que todo estuviera bien organizado.

Lo había olvidado, y no le preocupaba haberlo hecho, se alegraba de haberse podido distraer.

― Es hora de ir a dormir. Mañana debo hacer todo lo que hoy no alcance a hacer. ―se despidió el pelirrosa.

― Anda, ve a dormir. En eso sí te pareces a tu sobrina. ―se burló.

― Que descanses. Puedes pasear, pero deja de husmear en mis cosas.

― No prometo nada.

Gumball sonrió y se fue a su habitación. Mañana iba a tener muchas cosas por hacer y no le alegraba mucho eso. a veces tenia tantas ganas de dejarlo todo y salir corriendo, pero sabía que no podía hacer algo así, su pueblo lo necesitaba. Ellos no sabrían que hacer si se iba. No podía tener un pensamiento tan egoísta.

Siempre procuraba no pensar en eso, pero a veces mientras se acurrucaba en su cama totalmente exhausto pensando en todo lo que debía hacer al día siguiente, era inevitable.

Marceline por otro lado aprovechó para llamar a Bonnie por teléfono. Le gustaba escuchar su voz antes de que se quedara dormida, además sabía que la estaba esperando, siempre lo hacía.

No pasaron ni dos tonos cuando contestó y ni siquiera parecía tener sueño, tal vez porque quería escuchar su voz todo el tiempo que le fuera posible. Bonnibel era más cursi de lo que aparentaba ante todos, se atrevía por completo a asegurar que ni siquiera su tío sabía de la dulzura que corría por sus venas. Eso era lo que más le gustaba, ser ella la única testigo.

― Marcy, que bueno que llamaste. Te extraño.

Eso la hizo sonreír.

― Yo también te extraño, Bonnie. Pero te tengo una buena noticia.

― ¿Lograron encontrar a Marshall? ―preguntó esperanzada.

De verdad quería que hicieran las pases, pero también anhelaba tenerla ya en casa y eso no pasaría hasta que no hubiera visto a su hermano.

― No tan buena.

― Lo siento, Marcy.

― Descuida. Pero pensé que te gustaría saber que ya puedo ponerme a platicar con Gumball sin que peleemos.

― Esa es una noticia fabulosa. ¿Ya son amigos?

― Yo no llegaría tan lejos. ―se rio.

― Yo creo que tú siempre llegas demasiado lejos. ―irrumpió una voz proveniente de la ventana.

Al voltear sólo vio una silueta gracias a la luz de la luna que se filtraba por la ventana y hacía imposible distinguir facciones, pero podría reconocerlo donde fuese.

Marshall.

― Marceline, ¿qué fue eso? ―preguntó Bonnibel al teléfono, pero ella ya no estaba prestando mucha atención y apenas alcanzó a decir una frase antes de colgar.

― Hablamos luego.

― Marcy, me gustaría saber que estás haciendo tú aquí. ¿Acaso no te bastaba con humillarme en la nocheosfera también debías venir al reino de Aaa?

― Yo nunca he pretendido humillarte, Marshall. Eres mi hermano y aunque no lo creas…

Ahí le cortó el rollo, no le gustaban los sentimentalismos estúpidos y falsos.

― Basta. Ni una palabra más. ―ordenó negando con la mano.

Se acercó hasta donde ella estaba con el viento moviéndole el cabello y la ropa.

No sabía que estaba haciendo ahí, pero tampoco le interesaba saberlo, sólo quería que se marchara y lo dejara seguir molestando al pelirrosa mucho más de lo que lo había hecho antes, después de todo había pasado casi un mes sin hacerle nada. Ya no permitiría que sus palabras lo afectaran, no tenían porque, al fin y al cabo, Gumball no era nadie.

―Sólo vete y déjame seguir con mi trabajo.

― ¿Tu trabajo? Obedecer las órdenes de papá no cuenta como empleo.

― Así que era eso. Por supuesto, siempre vienes sólo a molestar. Padre tenía tanta razón al alejarme de ti. Eres una mala influencia, sólo pensando en ti y haciendo lo que te place, como acostarte con esa princesita. ―sonrió con malicia al ver que había logrado molestarla. ― No está nada mal para pasar el rato, eso lo admito. Pero tú ya te estancaste.

― Cállate, Marshall. ―respondió tratando de controlarse. ― No te atrevas a hablar mal de ella. Yo sólo vine porque te extrañaba y quería verte.

― Por supuesto. No necesito tu lastima, hermanita.

― Puedes pensar lo que quieras, pero yo siempre me he sentido orgullosa de que seas mi hermano.

A eso Marshall no pudo responder. Simplemente se quedó callado viendo como Marceline se acercaba y lo abrazaba.

Había pasado mucho tiempo desde que estuvieron así de cerca sin decir nada y, sobre todo, sin discutir. Pero no duró mucho, apenas se recuperó de la sorpresa la alejó de él.

― No me importa si te vas o te quedas. Sólo no te me acerques.

El pelinegro subió los escalones caminando. Había regresado con la idea de hacerle la vida imposible, de nuevo, al príncipe, pero después de esa charla ya no tenía ganas. Lo dejaría para el día siguiente.

Marceline se quedó ahí sintiéndose terrible. Lo que más quería era recuperar a Marshall y así le costara una eternidad se aseguraría de hacerlo, no podía dejar que su padre lo siguiera haciendo menos y controlara su vida por siempre.

Marshall debía ser libre.

No le quedó más remedio que quedarse toda la noche en la sala pensando en cómo haría para convencer a Marshall de que no necesitaba la aprobación de nadie para vivir su vida.


Respuestas a los reviews.

Gateway to infinite: Espero que no te hayas ido porque ha sido muy lindo tu comentario. Ya no tengo como una regularidad para actualizar, pero lo hago cada vez que puedo y me da la inspiración. Gracias por leerla, y te aseguro que la haré lo más larga que me sea posible para que tengas para rato :3

SaicoReisen: Aquí tienes más por si aún lo lees uwu

GabyBlue98C: Ya lo encontraron... O más bien volvió solito xD Espero te haya gustado y te deje con ganas de saber más, gracias por seguir leyendo, eso es tan lindo :'3

Killer/invitado/lo que sea: Me voy a tomar el tiempo de responderte a pesar de que has sido grosero porque independientemente de lo que dijiste tú te tomaste el tiempo de escribirme a mi entre tantas historias que hay de estos dos. Y eso para mi cuenta como halago. En base a lo que dijiste te digo que los vemos como pareja porque nos gusta como se ven juntos, porque Marceline y la Dulce princesa tienen historia aunque quieran o no aceptarlo y, además, estamos en una página donde se supone echas a volar tu imaginación sobre las parejas que te gustaría que estuvieran juntas, un ejemplo podría ser: Harry y Hermione. Yo los quería juntos, pero pues no pasó. Ni siquiera sé cómo llegaste aquí porque si no estás de acuerdo con los fanfics, ¿qué haces en fanfiction? En fin, sólo quería que esto quedara bien explicado. Estar en una página de fanfics cuando no te gustan es una tontería. Pero igual, muchas gracias por tomarte el tiempo, eso no cualquiera lo hace, ni siquiera muchos de los que me leen y les gusta lo hacen xD