Hola, personas, volví.

No tienes que llorar, sé que me extrañaron, pero aquí estoy.

Gracias si sigues leyéndome, tú personita que deja reviews, o tú que das follow o fav (o ambos), como no, también aquellos que van a mi página, son un amor, ustedes lectores fantasmas, yo sé que siempre existen de esos porque yo misma suelo ser una xD Mil gracias y muchos besos para ustedes.

Aquí tienen un capítulo fresquito, recién sacado del refri.

No me enojo si comentan, se los juro. Perdón por no contestar el capítulo pasado, pero en el celular es tedioso.

Ahora sí, los dejo leer, nos vemos pronto :3


Un día sin duda ajetreado. Había más gente de lo usual, los camareros preparándose, los cocineros dando los últimos detalles a los exquisitos platillos que servirían a todos los invitados que comenzaban a llegar de par en par, todos con sus trajes de gala, las princesas ataviadas de vestidos elegantes sonreían a los fotógrafos entusiasmadas por encontrarse al fin en una ceremonia tan importante, algunos un poco asustados de la unión de ambos reinos, sabían lo que eso implicaba políticamente hablando.

Se detenían en la entrada de la puerta donde Flambo les aplicaba aquello que los protegería en el reino de fuego para poder presenciar la boda que estaba a media hora de comenzar.

El sol en el cielo ya se encontraba en su punto más alto y todo en el lugar ardía más de lo habitual lo que confería cierto aspecto brillante al lugar, era encantador para un elemento fuego.

Gumball se sentía un poco incómodo ahí de pie esperando a que apareciera la novia, no tenía muy buenos recuerdos de aquel reino y el causante estaba caminando ahora hasta él trayendo de la mano a su prometida. Llevaba adornando su rostro esa fingida sonrisa de amabilidad, pero estaba seguro de que en cualquier momento vendría la amenaza y se dio cuenta de que tenía razón cuando volteó a mirarlo con esa expresión que no era difícil de descifrar. Si le haces daño voy a matarte.

La ceremonia comenzó poco tiempo después, incluso Marshall estaba presente con Fionna a su lado y se sostenían de la mano, parecían felices, quizá la chica estuviera pensando que en algún futuro no muy lejano ambos podrían estar así también.

Marceline no se despegaba de Bonnibel, la había extrañado tanto que no desaprovechaba cualquier oportunidad para robarle un beso o un abrazo, ella no pensaba evitárselo, después de todo también la quería de vuelta y sabía que hasta no estar bien de nuevo con su hermano no regresaría al reino lo que no podía impedir que la pusiera un poco triste, pero sabía que para ella era importante.

Los novios se miraron y sonrieron.

Poco después había concluido, nadie había gritado el típico "yo me opongo" y ahora Gumball y Fibi eran marido y mujer. En seguido se dirigieron al gran salón donde ya se encontraba todo preparado para la gran celebración que seguía a la boda. Sólo hasta entonces se separaron para poder charlar con cada uno de los invitados, ver a sus familias y contestar las preguntas que algunos tenían para ellos.

Marceline y Bonnibel fueron de las primeras personas en acercarse al pelirrosa.

—Felicidades, tío.

—Me siento tan viejo cuando me dices así, Bonnie —se rio.

—No creí que realmente te casarías, Gumball —comentó la vampiresa.

—¿Y por qué no habría de hacerlo?

—En el altar parecías a punto de salir corriendo.

—Primero me matan antes de que logre salir de aquí sin casarme —se burló.

No era del todo una mentira, Flama jamás se lo hubiera perdonado.

En ese momento comenzaron a acercarse más personas y Gumball se vio obligado a separarse de ellas. Hasta que se topó con otros conocidos, eran Fionna y Marshall. Él con cara de querer matar a medio mundo por estar ahí.

—Muchas felicidades, príncipe. O tal vez ya deba decir Rey.

—Tú sigue llamándome Gumball, por favor —sonrió.

El vampiro lo estaba ignorando por completo, por ello no pensaba ni mirarlo, ese era un juego para dos y no perdería.

—Hiciste una buena elección, Gumball. Fibi es una buena mujer.

—Ya lo creo, pero el problema será cuando quieran consumar la relación ¿no? —interrumpió de pronto Marshall.

No había tardado tanto en salir con alguno de sus comentarios, aunque si bien tenía razón, eso era algo que él ya tenía contemplado desde que la vio en aquella foto.

—Solo para que lo sepas, hice un encargo a Bonnibel. Ella es una gran científica.

Él ya no dijo nada y eso hizo sonreír al ahora Rey de Aaa.

—Me alegra por ti —dijo la rubia tratando de romper la tensión.

—Gracias por estar aquí, Fionna.

Vio a lo lejos como su esposa le hacía un gesto con las manos indicándole que fuera así que se despidió de ellos.

Llegó hasta ella que estaba sentada en la mesa de la familia mientras todos los demás se divertían bailando o inventando toda clase de juegos raros con los cuales no tenía problemas mientras no rompieran nada.

—¿Qué pasa, Fibi?

—Necesitamos hablar.

Era terrible escuchar esas palabras justo el día de tu boda. Se acababan de casar.

Ella sonrió y eso lo hizo tranquilizarse.

—No pongas esa cara, Gumball, sólo quería estar cerca de ti mientras podamos.

Eso lo hizo respirar aliviado y se sentó a su lado. Era verdad que después de aquella fiesta no podrían estar juntos hasta que Bonnibel terminara su experimento. Habían decidido que vivirían en el reino de Aaa, pero iban a pasar algunos días separados a pesar de estar casados. Para Gumball estaba bien porque tenía tiempo de hacer los preparativos necesarios que implica vivir con alguien más, aunque técnicamente vivía con Marshall y Marceline.

Probablemente tuviera que decirle que se fueran, no sabía si su esposa iba a querer está viviendo con desconocidos sin importar que el reino fuera lo bastante grande. La sola idea de quedarse sin ellos lo entristecía.

Trataron de disfrutar lo que restaba de la noche, incluso bailaron juntos, partieron el pastel y en algún momento salieron a la terraza para alejarse un poco de todo el bullicio.

Cuando terminó todos salieron de ahí rumbo a sus casas, incluyendo al príncipe, ya tendría tiempo libre para pasarlo con ella después, pero ahora todavía tenía muchas cosas que hacer, o al menos al día siguiente porque ahora todo lo que le apetecía era darse una ducha e irse a dormir.

—¿No deberías estar con tu esposa? —preguntó el vampiro echado en su cama.

Lo que le faltaba.

—Nos veremos mañana, por ahora quiero dormir así que quítate.

Como no se movió no tuvo más remedio que acostarse a su lado y cubrirse por completo con la sábana, sabía que seguía ahí, pero así se evitaba verlo. Sin darse cuenta se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente él ya no estaba ahí.

De hecho, no lo vio en toda la mañana, dejó de pensar el eso cuando llegó Fibi como a las dos de la tarde para seguir hablando de algunos pormenores.

Se sentaron en el despacho, Gumball ya había aprendido que era solo tramite burocrático.

—Oye Gumball.

Tenía su vista fija en ella prestándole toda su atención.

—¿Sí?

—¿Contigo viven esos vampiros?

—Sí, ellos viven aquí.

Sabía que tendrían que tocar el tema tarde o temprano, pero no imaginó que sería tan pronto.

—Eso no puede seguir así cuando yo viva contigo, Gumball.

—Lo sé, Fibi. Será fácil hablar con Marceline, pero Marshall es otra historia, tenemos un trato.

—¿Qué clase de trato? —preguntó ella con curiosidad.

—Si yo dejo que él me moleste a mí dejará en paz a mi dulce gente. Por eso vive aquí.

—Ese trato ya no tiene relevancia, ahora tienes a todos los guardias de fuego para proteger a tu gente —dijo ella quitándole importancia.

—Supongo que tienes razón, aunque es bastante terco.

—Por Glob, Gumball, si no te conociera bien diría que no quieres que se vaya.

—Todo lo contrario. No lo soporto.

—Bien, entonces ellos deben irse.

—¿Algo más, Fibi?

—Nada. En cuanto esté listo el experimento de tu sobrina vendré de nuevo.

—De acuerdo.

Se levantaron y la acompañó a la puerta. Era ridículo que hubiera venido solo para eso, pero tenía que cumplir con sus exigencias quisiera o no. Lo mejor era empezar primero por Marceline, era fácil hablar con ella, además de que sabía perfectamente donde se encontraba en esos momentos.

Fue hasta el segundo piso y tocó la puerta de la habitación que ocupaba la vampiresa. Cuando le abrió llevaba la maleta en la mano.

—¿Y esa maleta?

—Supuse que ahora que el señor Gumball está casado no querría a gente extraña viviendo con él.

Sonrió algo apenado.

—Lo lamento.

—No tienes que pedir disculpas. Si no te molesta, me iré hasta que se vaya Marshall por si necesitas ayuda.

—Hablando de él, ¿sabes dónde está?

Se lo pensó un rato, pero solo se le ocurrió una cosa.

—Tal vez embriagándose.

Eso le hizo sentir escalofríos al pelirrosa, la última vez que lo había visto así las cosas se le habían salido de control.

—Si lo ves en sus cinco sentidos le dices que quiero verlo.

—Por supuesto, Gumball.

Se fue a terminar sus pendientes con los ciudadanos empezando por una pelea entre pan de Starchy y pan de canela que en realidad no tenía sentido, se peleaban por una gomita que ni siquiera quería salir con ninguno de los dos.

Más o menos de eso se trató todo su día, no supo nada de Marceline ni de Marshall y eso en parte era un gran alivio.

Pasó por la biblioteca y se detuvo, sino mal recordaba ahí era donde trabajaba tortuga y en estos momentos realmente necesitaba hablar con él. Entró todavía no muy convencido hasta que se vieron y el chico le hizo una seña para que se acercara ya que estaba prohibido gritar en ese lugar.

—¿Qué lo trae por aquí su majestad?

—Quería hablar contigo, tortuga —dijo casi en un susurro por miedo a romper las reglas de la biblioteca.

Él asintió y lo llevó al cuarto trasero, ahí donde no podría escucharlos nadie porque solo el bibliotecario podía entrar ahí.

—¿Qué pasó?

—Fibi quiere que eche a Marshall y a Marceline del reino.

—Y tú no quieres.

Suspiró.

—Claro que no quiero, le he tomado esta especie de cariño a ambos.

—Pero te ves obligado a hacerlo porque Fibi es tu esposa.

—Eres bueno en esto, tortuga —reconoció el pelirrosa.

El chico sonrió.

—Lamento decírtelo, amigo, pero a la esposa lo que pida.

—¿Eres casado?

—No, ni quiero serlo, pero tengo amigos que lo son.

—Ya veo.

Se quedó viendo cómo hacía gestos graciosos, aunque por lo que veía lo más posible era que no estuviera conforme, cosa extraña para quien acaba de casarse.

—¿Estás feliz por tu boda, Gumball, o en lugar de felicitarte te doy el pésame?

—¿No puedes darme ambos?

Mientras tanto en el reino Marceline por fin había encontrado a su hermano que por alguna razón estaba metido en la habitación del pelirrosa, quizá quisiera gastarle una broma, era típico de él querer molestar al pobre chico de dulce que tanto se esforzaba por hacer las cosas bien para ser respetado por sus ciudadanos.

—¿Qué haces aquí, Marshall? Gumball va a enojarse.

—Como si me importara.

Estaba acostado en la cama y apestaba a alcohol. Incluso tenía una botella todavía en la mano.

—No deberías estar tomando. Nunca lo soportas.

—Lo necesitaba.

—¿Por qué?

—No puedo creer que se casara, sabes —dijo dándose la vuelta hacia un lado para mirarla de frente —. Después de lo que hicimos.

—¿De qué hablas, Marshall? —preguntó confundida acercándose más a él.

—De Gumball y yo en la fiesta de despedida.

—¿Qué sucedió en esa fiesta? ¿No se supone que ustedes se odian?

Tomó un gran trago de la botella antes de responder. Marceline se acercó para quitársela, pero no lo consiguió de manera que mejor lo dejó seguir hablando porque no tenía ni idea de a lo que se refería.

—No es así, Marcy. Creo que me gusta.

Eso es algo que no se esperaba escuchar, si su padre estuviera ahí en estos momentos seguro molería a golpes a Marshall.

—Acaba de casarse y tuvimos sexo hace unos días.

—¿Ustedes qué?

—Tuvimos sexo, un fantástico sexo en su escritorio.

Quería mucho a Gumball, pero Marshall era su hermano menor, no podía esperar que le pasara por alto eso. Ella hacía esas cosas con Bonnibel todo el tiempo, por supuesto, sabía que podría parecer algo hipócrita ya que también eran familiares, la diferencia era que Bonnie y ella sí tenían una relación, en cambio Gumball estaba por casarse y el pelinegro tenía novia a la cual se supone que amaba mucho.

—¿Qué pasa con Fionna, Marshall?

—Ella no lo sabe.

—No, idiota, ¿acaso no la quieres?

—¡Por supuesto que sí! Sería raro que terminara con ella, me ha apoyado tanto, sabe toda mi historia, soy incapaz de irme de su lado porque la necesito.

—La estás usando, Marshall —explicó decepcionada.

—Eso no es verdad, pero nadie puede saber lo de Gumball, ¿entiendes? Ni siquiera él.

—De acuerdo, prometo que guardaré el secreto, pero ahora deja de tomar o terminaras contándoselo tú mismo.

Al fin logró quitarle la botella y lo llevó a rastras hasta su habitación, se había dormido por el camino dificultándole la tarea, pero eso la tenía sin cuidado, lo que de verdad le molestaba es que Gumball no hubiera sido capaz de decírselo, se supone que eran amigos, ¿Qué clase de amigo se acuesta con tu hermano y no te lo dice?

No importa la promesa que le hizo a Marshall ella tenía que hablar con él, apenas llegara tendría que explicarse o si no… No podría hacerle nada porque Bonnibel se enojaría con ella, pero algo se le ocurriría.

El príncipe no llegó hasta muy entrada la noche, ella lo esperaba en la puerta, apenas la abrió cuando vio su sombra y se asustó, no esperaba ver a nadie despierto a estas horas, ni siquiera a ella.

—¿Qué haces despierta tan tarde, Marcy?

—Tengo que hablar contigo.

Lo jaló de su camisa hasta llevarlo al despacho, estaba segura que ahí nadie iba a molestarlos, aunque era poco probable que lo hicieran de todos modos.

—¿Encontrarte a Marshall?

—Sí, lo encontré. Estaba ebrio.

—Parece que él no entiende, ¿verdad? —rio nerviosamente.

Era evidente que Marceline no estaba contenta, no podía evitar preguntarse qué podía haber hecho para molestarla y solo se le ocurría una cosa.

—Me dijo algo interesante, sabes —flotó por encima del escritorio hasta quedar muy cerca de él.

—¿Ah sí? ¿Qué te dijo? —preguntó tratando de parecer inocente.

No le estaba funcionando muy bien.

—Que tuvieron sexo, Gumball, en este mismo despacho.

Un sudor frio le recorrió toda la espalda. Había pensado muchas veces cómo iba a explicárselo, pero todavía no lo sabía, era demasiado pronto, y ella esperaba una respuesta eso era claro.

Tragó saliva. Estúpido Marshall con su necedad para beber aun cuando parece suero de la verdad.

—Yo… Lo lamento mucho, no era mi intención, Marceline.

—Entonces es verdad —sabía que lo era, pero tenía la esperanza de que dijera que no.

—Lo siento, de verdad lo siento tanto —se disculpó una y otra vez.

—Me molesta que no me lo dijera, Gumball, se supone que somos amigos —le dijo molesta.

—¿Cómo iba a decirte algo así? No podía llegar y decirte "Marcy, tuve sexo con tu hermano".

Ella no dejaba de flotar de un lado a otro y él la miraba como esperando su condena, sabía que había hecho algo horrible, si quería contarle todo a Fibi y arruinar su matrimonio de un día, estaría en todo su derecho. La única que no quería que se enterara era Fionna, sufriría mucho y se sentiría peor de lo que ya se sentía.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó algo más tranquila.

—Que por qué… Yo quería hacerlo. ¡Glob, ni siquiera sé porque lo hice! —se dejó caer en la silla y comenzó a lagrimear.

—Gumball, calma.

—Soy una persona terrible. Engañé a Fibi antes de casarnos y si Fionna lo supiera me odiaría toda la vida. Ella y Bonnibel son las personas más importantes en mi vida, no sé qué sería de mí si las pierdo.

—No diré nada ¿de acuerdo? Marshall me lo pidió también, pero yo tenía que hablar contigo.

—Aun así, soy un asco, no merezco gobernar nada.

—Solo estás algo alterado, por la mañana te sentirás mejor —trataba de tranquilizarlo sin mucho éxito.

Al menos dejó de llorar y se limpió con un pañuelo que había uno de los cajones.

—¿Te gusta mi hermano?

—Claro que no, es un patán, se la pasa haciéndome la vida un infierno, aunque también me hacen reír sus bromas y me desestresan un poco de la complicada tarea de ser gobernante —comenzó a sonreír —. Cuando está cerca me devuelve un poco de esa alegría que había olvidado.

Se detuvo al darse cuenta de todo lo que estaba diciendo y se tomó el rostro sin poder creerlo. Hacerlo con él era una cosa, pero que le gustara era algo totalmente distinto.

Fionna.

Cómo podría verla a la cara de ahora en adelante.

Marceline se preocupó al ver que no dejaba de mirar el suelo con expresión de terror.

—Gumball, no pasa nada porque te guste. Tú sigue con tu vida hasta ahora que esta platica no va a salir de aquí.

—¿Estás segura?

—Por supuesto, no rompería mi palabra. Confía en mí.

—Marceline, eres increíble, entiendo porque le gustas a mi sobrina —le sonrió.

Eso hizo sonrojar a la vampiresa, nunca le había dicho algo así de modo que la tomaba por sorpresa, pero al mismo tiempo la hacía muy feliz saber que le caía bien a su familia.

Lo malo era que estaban metidos en un lío, mientras decidieran alejarse el uno del otro no pasaría nada, pero si lo que ambos sentían se volvía más fuerte habría muchas partes afectadas en todo esto. En especial su hermano porque si su padre llegaba a enterarse no le tendría piedad, por ahora lo dejaba en paz porque había cumplido con todos sus requisitos, pero cuando no lo hiciera…

Le asustaba pensar en ello, era mejor pensar que Marshall se iría en un tiempo junto con ella, aunque quizá no al mismo lugar, pero esos dos estarían lejos.

—Me da algo de pena.

—¿Qué cosa?

Al fin había despegado la vista del suelo y la miraba.

—Que no tengan la libertad de elegir quererse.

Gumball sonrió.

—Existen responsabilidades. Y ni siquiera estoy seguro de que fuéramos capaces de querernos, aunque pudiéramos.


GabyBlue98C, solo quería decirte que gracias, es muy lindo que digas que mi historia es de las pocas que sigues de ellos :'3 y por los reviews porque eres de las pocas que dejan uno en cada actualización. Y descuida, no pasa nada por los que quieran molestar, que también hay cierto defensor por ahí.