Capitulo 13

Harry no estaba usando un gorro. De hecho, su cabello estaba peinado hacia atrás, tanto como su pelo lo permitía, para exhibir su prominente frente libre de cicatrices. Sherlock también había logrado agregar un tono rojizo al cabello de Harry con una botella de spray que le aseguro a John era lavable. John se aseguro de llevar un paraguas. Y uno de esos extraños sombreros de mago que Sherlock había conseguido para Harry en una de sus tantas salidas.

Sherlock uso el spray en su propio cabello oscuro también y se puso sus monstruosos anteojos, aquello con vidrios transparentes, y se hecho su bolsa al hombro. A John lo dejaron con su ropa normal, su cabello normal y sin anteojos. Se sintió extrañamente decepcionado, pese a que en realidad no quería disfrazarse.

"Listo," dijo Sherlock mientras Harry saltaba y corría, alternadamente a mirarse al espejo o dirigiéndose a la puerta para ver si estaban listos para irse, "Sherry Watson Holmes es nuestro hijo. Bueno, mi hijo biológico, tu hijo adoptivo."

"¿Que es bio-logico?" pregunto Harry respirando cansado y tomando un momento para descansar entre tanta carrera.

"Un hijo biológico es cuando mamá y papá hacen un bebé, en vez de adoptar."

Harry considero esto. "¿Como hacen un bebé?"

Sherlock frunció el ceño. No perturbado o aterrorizado como la mayoría de los padres cuando se enfrentaban al prospecto de tener que explicarles de sexo a sus hijos. Más bien considerando, como si estuviera viendo cual era la mejor manera de explicar.

"Te lo explicare después," John dijo con rapidez, "Así que… ¿qué tipo de lechuza crees que deberíamos conseguir?"

Convenientemente distraído, Harry comenzó a conversarle de como las lechuzas pueden ser grandes o pequeñas y quizás una lechuza pequeña podría ser buena porque Harry era pequeño, pero una lechuza grande podía llevar paquetes y sobre todos los colores de las lechuzas y de cómo podían ver en la oscuridad.

"Tú eres un Muggle, John," continuo Sherlock, "Yo soy un mago así que nuestro Sherry es un mago mestizo."

"Lo siento… ¿soy un qué?"

"¡Bien… actúa ignorante, eso es perfecto! Muggle es el ridículo termino que los sensible al glutinium han creado para etiquetar a aquellos que no son sensibles. Normalmente, los no sensibles no deben saber sobre el glutinium o su cultura… esta en sus leyes. Pero al estar casado conmigo y teniendo un hijo en esa cultura te da un pese libre para conocerla."

"Claro… espera, ¿tú eres un mago? ¿Cómo vas a lograr eso? ¡Tú no eres más sensible a la magia que yo!"

"¡Energía Glutinica, John!" respondió Sherlock, "¿Listo, Sherry?" Y lanzó un último artículo en su bolsa y salió por la puerta, Harry tras sus talones. Para cuando John cerró y los alcanzo, Sherlock había usado su magia normal para conseguir un taxi.

La primera impresión de John del Callejón Diagon era de un lugar más bien turístico. Parecía producido y ostentoso como un parque temático y John medio esperaba ver a un vendedor de entradas cobrando precios exorbitantes y letreros diciendo 'por aquí a la montaña de agua'.

"¡Papi! ¡Papi, papi, papá, papá!" exclamo emocionado Harry desde los hombros de Sherlock mientras ponía una mano sobre la cabeza de John para llamar su atención. Harry había tomado las instrucciones de Sherlock de actuar como si Sherlock y John fueran sus padres con gran exuberancia. John no sabía que sentir sobre eso. Le daba una sensación extraña, algo como una mezcla de orgullo con culpa, como si hubiese sido bendecido con algo que no era suyo. Sin mencionar que la emoción de Harry hacía sospechar a John que Harry en realidad no comprendía. Sabía que tendrían que hablar juntos sobre eso. Después. Por ahora, tenían una lechuza que encontrar. John no sabía cómo esta era su vida.

La calle estaba llena de compradores haciendo sus cosas mientras pasaban de tienda en tienda que ofrecía de lo mágico, lo extraño a lo bizarro. Harry continuaba conversándoles, intentando ver todo al mismo tiempo desde su ubicación. Sherlock tenía una expresión relajada e indulgente en su cara que usaba como una máscara junto con sus anteojos y su cabello teñido. Unas cuantas personas los miraron pero nadie grito '¡Es él! ¡Harry Potter!'; John se gano más miradas en sus ropas normales que sus compañeros. Unas pocas miradas limitadas en groseras, de hecho, y John comenzó a sentirse inquieto.

"¡Aquí estamos!" anuncio Sherlock después de una breve caminata, "Tienda de Animales Mágicos. ¿Que dices, Sherrinford? ¿Nos detenemos aquí?"

"¡Sí!" respondió Harry rebotando emocionado sobre los hombros de Sherlock.

"Está bien, abajo," dijo Sherlock bajando a Harry de sus hombros hasta el piso y juntos entraron a la tienda.

Dejaron el barullo de la calle por una nueva cacofonía mientras eran recibidos por un verdadero zoológico de animales. La mayoría de ellos no lucía muy mágicos a primera vista, solo los animales típicos de una tienda de mascotas. Al echarles una nueva mirada, sin embargo, uno notaba que los animales se comportaban muy extraño. Al menos, John estaba bastante seguro que los ratones normales no hacían trucos circenses. Y mientras que los gatos eran buenos en desaparecer, John nunca había visto uno volverse transparente. Antes que John pudiera notar más, un hombre bajo salió de la parte trasera de la tienda. Tenía un gatito en su cabeza y una cuchara en la mano y lucía bastante atormentado.

"Bienvenidos," jadeo sonando sin aliento, "A la Tienda de Animales Mágicos. ¿En qué puedo ayudarlos?"

"Si, hola," Sherlock respondió con una sonrisa, sus manierismos tan diferentes de lo normal que John encontró difícil no mirarlo para ver si John no había por accidente ido a otro lado y se había juntado con un extraño, "estamos interesados en las lechuzas, por favor."

"Por ahí," les dijo el hombre, "Ahora, si no les molesta, necesito terminar de alimentar a los Cheshire antes de que se escapen de las protecciones para alimentarse a sí mismos. Otra vez."

En una habitación lateral había toda una pared con lechuzas. Había de todos los tamaños y colores y nada sobre ellas, pese a las jaulas, sugería que fueran animales domésticos. Grandes ojos se giraron a mirar los intrusos, un suave ulular y el sonido de garras rasgando contra los pisos de las jaulas se escucho en el lugar.

"¿Qué opinas, Sherry?" pregunto Sherlock. Harry no respondió. Estaba aferrado con fuerza a las piernas de Sherlock y cuando John se agacho a mirarlo se sobresalto al notar que el niño estaba al borde de las lágrimas.

"Harr…" Sherlock le dio un codazo. Fuerte. John logro no reaccionar concentrándose en la forma en que Harry observaba a las lechuzas con ojos llenos de lágrimas. "¿Sherry? ¿Estás bien?" Quizás tenía miedo. Quizás no incluirían una lechuza como mascota en la familia en el futuro próximo. Harry murmuro algo contra las piernas de Sherlock. Frunciendo el ceño, John lo tomo en brazos.

"¿Que sucede?" pregunto Sherlock sus ojos pasando de Harry a John, como esperando que John le explicara.

"Muy chico," dijo Harry o quizás otra cosa, era difícil de entender.

"¿Muy chico? ¿Qué es muy chico?" pregunto Sherlock sus ojos una vez posándose en John, pero John no tenía idea a que se refería Harry. De seguro no era que las lechuzas eran muy pequeñas; aquella en una de las jaulas de la medio lucia tan grande como Harry. ¿Quizás se refería a sí mismo?

"Las jaulas son muy chicas," logro decirles Harry, "¿Por qué?"

"Oh… ah… mira, H… Sherry, las jaulas no soy chicas porque sean malos lo son… lo son para que las lechuzas se sienten seguras. Las lechuzas duermen en el día, ¿recuerdas? Te apuesto que salen a volar por todo Londres en la noche." John no tenía idea de si eso era cierto. Dudaba que el dueño de la tienda usara jaulas pequeñas por otra razón que no fuera meter tantos animales en la tienda como fuera posible, pero quizás si eran las jaulas para mostrarlas y tenían más espacio para los animales en otro lado. Como fuera, Harry no lucia convencido. Y entonces se le ocurrió algo a John.

"Sherlock," siseo, de alguna manera intentando hablar sin que Harry escuchara, pese al hecho de que el niño estaba en sus brazos y los miraba a ambos intensamente, "¿Dónde vamos a mantener la lechuza?"

"¿Que quieres decir?" pregunto Sherlock aun luciendo un poco perdido y preocupado.

"Quiero decir ¿es… seguro… dejarla volar libre? Son animales salvajes, Sherlock."

"Compañeros," lo corrigió Sherlock, "Son más inteligentes que las lechuzas salvajes. Estará bien, John." Le dio a John una sonrisa cuidadosa, el tipo que significaba déjame salirme con la mía aunque no sepa lo que estoy haciendo. John suspiro.

"Pero, pero, pero," dijo Harry aun acurrucado entre los brazos de John, "Pero no pueden volar."

"A esta hora les gusta dormir, Sherry," Sherlock le dijo con autoridad, "No quieren volar." Y como para contradecirlo, no menos de tres pequeñas lechuzas no más grandes que el puño de John de repente se lanzaron en vuelo salvaje emocionadas en su única jaula. "Y a aquellas que les gusta volar pueden hacerlo," dijo Sherlock sin vacilar indicando a los mini voladores, "¿Ves?"

Harry miro, una mirada sospechosa y obstinadamente poco convencida todavía estaba en su cara. Lentamente se transformo en risitas complacidas mientras las lechuzas continuaban volando con entusiasmo en círculos complicados. John estaba casi seguro de que vio a uno hacer una voltereta en el aire. Era como si estuvieran luciéndose. Otras lechuzas se acicalaban las plumas, hinchaban sus pechos, golpeando sus picos contra las barras.

"¿Qué opinas, John?" pregunto Sherlock, "Son lo suficientemente pequeñas para no molestar y al pequeño Sherrinford parecen agradarles."

"Er…" dijo John. De repente tuvo una visión de ellos llevándose las tres y las vio volando como locas por todos lados como emocionados cachorritos con la habilidad de volar. "Quizás una menos… ¿exuberante?" y como si un interruptor hubiera sido apagado, las tres aves se instalaron en perchas diferentes, luciendo muy calmadas. Harry aplaudió.

De repente, por sobre ellos, una sombra se abalanzo. John dio un salto, girando su cuerpo de manera defensiva para proteger a Harry mientras Sherlock casi pareció teletransportarse frente a ellos. Los búhos en sus jaulas estaban gritando salvajemente, gruñendo y golpeando las jaulas con sus garras. Todas menos una. La que de alguna manera había volado libre y se había posado sobre la jaula de las lechuzas pequeñitas. No era una lechuza demasiado grande, aunque se veía así comparada con las que estaban bajo ella. Su cara era blanca y sus alas eran café oscuro, casi rojas en algunos lados, y ululo con suavidad, casi gentil. John miro a la lechuza, luego miró hacia arriba donde podía ver una de las jaulas con la puerta abierta.

"Ves, Sherry," dijo John en voz baja en caso de que pudiera asustar este animal salvaje inesperadamente no enjaulado delante de ellos, "Pueden volar si quieren." Las otras lechuzas parecían mirarle con reproche desde detrás de sus jaulas. Harry se removió para ver mejor ya que Sherlock aun bloqueaba la vista y John lo sostenía de lado, casi habiéndolos girado completamente hacia una hilera de jaulas que contenían murciélagos y lagartijas que brillaban.

"Hola," le dijo Sherlock a la criatura encaramada casi regiamente ante él, su voz suave y extraña, "¿Cómo fue que saliste?" Como era de esperar, el búho no obtuvo repentinamente el habla y empezó a responder. Aunque si agito sus plumas, causando que Sherlock se sobresaltara, antes de que extendiera una pata como para estrechar manos. Una sola garra larga arañó bruscamente el aire. "Oh," susurro Sherlock como si le hubiera respondido, "Eres muy inteligente. Sherry, ven a ver."

"Sherlock," dijo John con rapidez, todavía cauteloso mirando a la criatura salvaje mientras Harry estiraba su mano. Antes que John pudiera explicar exactamente por qué no estaba llevando a Harry un paso más cerca de la lechuza, la puerta se abrió.

"¡Oh, no otra vez!" exclamo el encargado de la tienda desde la puerta, más exasperado que consternado, "Esa siempre se está arrancando. Lo siento terriblemente pero les gusta lucirse cuando los clientes entran."

"¿Es…es segura?" pregunto John. El hombre estiro su brazo y la lechuza voló hacia su muñeca. Luego miro a John y Harry.

"Nuevos a las lechuzas mágicas, ¿no es así?" pregunto con una amable sonrisa, "Bueno, no deben preocuparse por esta diablilla. Las lechuzas son bastante maternales; no lastimarían un niño por nada en el mundo. Oye chico, ¿quieres tocarla?"

Aun vacilante, John finalmente cedió ante Harry que se removía como loco y avanzo, aunque no tan cerca como para tocar. Sherlock bufo impaciente y se acercó, extendiendo la mano. Iba contra todos los instintos de John dejarlo, no decirle idiota por simpe andar tocando cosas o no alejarlo de ahí. La lechuza estaba perfectamente inmóvil mientras los dedos de Sherlock tocaban sus plumas. Sus ojos se posaron en John, como diciendo, '¿ves? No muerde'.

"Papi, papi, ¿puedo tocar? ¿Por favor?"

Probablemente fue el papi que lo hizo. O el por favor. O la manera en que esos ridículos anteojos grandes aumentaban su mirada de cachorrito por un millón. Pero al fin John cedió por completo y se acerco a la lechuza. Observo mientras Harry lenta y de manera reverente estiro su mano. La lechuza se quedo tan quieta para él como lo había hecho para Sherlock.

"Es suave," le dijo Harry su voz cargada de asombro. Luego con voz decidida le dijo al ave, "Softy. (Suavecita)" o al menos eso fue lo que quiso decir, sonó más bien como 'soffy'.

"Sophie," dijo Sherlock sonriéndole con gentileza a ambos, "Es perfecta."

Casi como uno, Sherlock, Harry y la lechuza voltearon la cabeza para mirar con esperanza a John. John intento imaginar esta lechuza suelta en la casa. Enterrando su garras en los muebles. Aterrizando entre los experimentos de Sherlock. Ululando toda la noche. Los de Servicios Sociales llegando a la casa y encontrando un animal salvaje viviendo allí. Luego miro a Harry. Después a la lechuza. Juraría que la lechuza tenía una expresión idénticamente frágil y esperanzadora en su mirada demasiado inteligente.

"Claro," dijo, "Sophie será."

El comerciante felizmente se aseguro de que tuvieran una buena jaula (para transporte, le aseguraron a un preocupado Harry, no para vivir en ella), una percha (ves, ella no estará atrapada), comida, algunos juguetes y un libro sobre lo básico de las lechuzas y compañeros que parecía haber sido escrito con un niño de cinco años en mente, lleno de imágenes y grandes letras. John habría pensado que el libro era una buena idea si el encargado de la tienda no hubiera seguido hablando como si el libro sería de gran ayuda para John, en vez de para Harry. Sherlock miro el libro y arrugo la nariz en desdén.

Sophie ululo feliz, entrando voluntariamente en su nueva jaula e hinchando su pecho. Las demás lechuzas se habían tranquilizado y John intento no mirar a las pequeñas lechuzas que estaban juntas en un montón deprimido. Sherlock las miro.

"Quizás podrimos comprar algunas mas," sugirió en voz baja, "Tengo unos cuantos experimentos que podrían beneficiarse de extra especímenes reemplazables." Las pequeñas lechuzas ulularon alarmadas y se movieron como una a la parte trasera de su jaula, temblando de miedo.

"Vamos, Sherlock," John contestó severo. Sherlock dio un último suspiro reacio y los siguió hacia la otra parte de la tienda para terminar la transacción.

Fue cuando casi habían terminado que comenzaron los problemas.