Bitácora del capitán. Fecha, 01-032-55469, 19:97. Coordenadas estelares, desli-espacio.

Faltan pocos sedfrags antes de que nuestra misión de exploración pueda continuar. Nuestros análisis nos mostraron señales de un planeta que prometía poseer una rica variedad de organismos vivientes, en el sistema solar Dehel, el 3er planeta. Un viejo planeta del que éramos conscientes, pero que no habíamos podido estudiar a fondo, debido a su lejanía, y entonces poca motivación científica. Fue bautizado con el nombre de "Geils-78".

Debido a nuestra posición antes del salto, no pudimos realizar una investigación precisa de los organismos que pudieran habitarla. No se detectaron señales anormales de energía. Así que de haber organismos inteligentes, posiblemente aun no hayan desarrollado siquiera tecnología de producción energética, más allá de la mecánica pura. Pero, si posee organismos fuertes, o adaptables, nuestra misión podrá llevarse a cabo de forma positiva. Y de obtener suficientes muestras, seguramente nos solicitaran las coordenadas para establecer una base permanente, y nos darán permiso de volver a casa…

-¡…señor! ¡Tenemos problemas! – grita alarmado uno de los pilotos desde su asiento. Tal signo no podía anticipar algo bueno. El capitán abandona su bitácora, y voltea a su hombre.

-¿Qué ocurre?

-¡Señor! Tal parece que habrá una lluvia de meteoritos azotando al planeta. ¡Y pasara justo donde saldremos del desli-espacio! – la tripulación entera se vio agitada por tal noticia.

-¿Pasara antes de que lleguemos?

-Ojala fuera la mitad… - No quedaba mucho antes de que eso pasara.

-¡Den la alarma! ¡Que toda la tripulación se prepare para un aterrizaje forzoso! – grita a toda capacidad el capitán.

-¡¿Planea aterrizar directamente en el planeta?! – pregunta alarmado su primer oficial.

-Recibiremos menos daños, si nos movemos junto a los meteoritos. – responde, esperando que lograran concentrarse mejor con esa lógica. – Reduzcan la energía de las armas frontales y soporte vital. Y rediríjanla a los escudos. Bajen a 35% la potencia del motor gravitacional principal, y suban la de los estabilizadores. Que los artilleros traseros y laterales se preparen para disparar cualquier meteorito que se aproxime a la nave…

Rugía más, y más órdenes. Sus hombres y mujeres no ignoraban ninguna, y ejecutaba cada una con perfección. Sus vidas dependían de ello, y de ese murphix que su comandante designo como capitán. El tiempo transcurría con brutal lentitud para la tripulación. Tanto para aquellos que tenían labores tan sencillas y vitales como los cocineros. Como los que se encargarían de disparar los cañones. Cada cual que estaba en la sala de mando se aferraba a su asiento, viendo como el contador que indicaba el tiempo que quedaba antes de salir de la deformación tiempo espacio, que usaban para reducir milenios de viajes espaciales a incluso días, finalmente llegara a su fin.

Todos sentían estar preparados para enfrentarse al astral peligro en cuanto lo tuvieran al frente. Y ese sentimiento se perdió, cuando el azul que rodeaba la nave regresa a ser un negro estrellado, y un gran número de rocas envueltas en llamas pronto fue el entorno que rodeaba la nave. La agitación invade la nave. Pero como los experimentados exploradores espaciales que eran, no cedieron. Y realizan las tareas designadas previamente.

Los pilotos ubicaron tan pronto como pudieron hacia qué punto estaba el planeta destino, y girando rápidamente se re direccionan a ella. Los artilleros de inmediato buscaron los objetivos más próximos a impactar contra la cubierta de la nave, destruyendo algunos cuantos. Ingenieros en los motores se encargaban de supervisar los mecanismos, en caso de que tuvieran que interferir. El resto del personal, estaba aferrado en sus asientos designados, resistiendo las fuerzas G del planeta empezando a afectar a la nave.

El capitán no apartaba la mirada del gran cuerpo azul que sería el lugar donde su nave impactaría. Los pilotos intercambiaban con gran frecuencia informes de la situación alrededor del transporte espacial, así como registros de impactos directos de meteoritos y ubicación de otros para que los artilleros neutralizaran.

-¡Capitán! Parece que gran de la superficie del planeta está compuesto por un fluido bastante ligero. – informa uno de los Murphix. – Pero, no garantizo que la nave pueda flotar en él.

-¿Hará más suave el aterrizaje? – pregunta esperanzado.

-Si. Pero…

-Nos ocuparemos de eso luego. ¡Ajusta trayectoria de aterrizaje! – el subordinado obedece a pesar.

-¡Capitán! ¡Meteoro en popa! – anuncia otro de los pilotos. El pánico lleno a aquellos que tenían total conocimiento del exterior al visualizar una enorme roca que vencía en tamaño a la nave por el triple. Y cuya ruta y velocidad haría que en poco tiempo los golpeara.

-¡Ordenen a los artilleros que enfoquen su fuego en el centro! – exige, golpeando el asiento.

-¡Pero, señor! ¡No será suficiente fuego como para destruir…! – intenta razonar su segundo al mando.

-¡claro que no! Por eso al cavar suficiente, lancen la carga de iones. – no existía tiempo alguno para debatir a la orden. Así que la dan.

Los operadores de las armas fijan la mira al mismo punto, y con gran poder liberan ráfagas y ráfagas de laser concentrado. En la superficie del cometa la roca era triturada, creando una pequeña grieta que se hacía cada vez más honda. Las pantallas mostraban la profundidad del agujero cavado a disparos, factor que decidiría el momento apropiado donde lanzar su último recurso. Todo mientras que varios meteoritos se dirigía a la nave, pero eran repelidos por una barrera verde que se hacía más tenue con cada golpe que bloqueaba.

-¡Desplieguen la carga! – El murphix asignado jala una palanca a la orden del capitán.

Entonces, en la parte trasera de la nave se abre una pequeña compuerta que deja libre una pequeña máquina que destellaba luces verdes. Aunque fuera improbable, el aparato logra ingresar directo al agujero cavado por los rayos, y fue solo unos momentos de suspenso antes de que tocara lo más fondo del meteoro. Instante en donde el bólido se parte en varios trozos por una gran explosión azul. Esos fragmentos siguieron moviéndose, pero ahora en diferentes rumbos. Todos ellos pasando apenas a lado de la nave, razón por la que los operadores del mando rugieran en celebración.

Pero, este júbilo se interrumpe cuando el escudo finalmente se desvanece, y varios de las rocas espaciales impactan contra los motores. Agitando de golpe la nave completa, cambiando por completo su ruta.

-¡capitán! ¡Trayectoria de aterrizaje comprometida! ¡Aterrizaremos en tierra! – alarma con temor uno de sus hombres.

-¡Señor! ¡Los motores de gravedad fueron dañados! ¡Los estabilizadores comienzan a sufrir fallas! – informa otro, con voz bastante aguda.

-¡Desplieguen alerones de freno a mi orden! – los pilotos trataron de respirar tranquilos, esperando la señal. – ¡Ahora! – En la cubierta de la nave a estrellar unas placas metálicas son desplegadas, sirviendo de paracaídas, reduciendo drásticamente la velocidad con la que caía el transporte estelar. - ¡enciendan repulsores de freno! – en la punta frontal, unas pequeñas turbinas salen a superficie, y expulsando un fuego azul, también contribuyeron a la reducción de la velocidad. Pero, aun así, la velocidad era demasiada.

-¡Señor! Ubicamos un lugar idóneo para el aterrizaje. – sugiere nervioso otro miembro de la tripulación.

-¡Llévanos ahí! – velozmente, el capitán presiona un botón de su asiento, encendiendo los altavoces de toda la nave. - ¡Atención a toda la tripulación! ¡Prepárense para el impacto!

Las nubes que cubrían la vista de la tripulación pronto son superadas, permitiendo la vista de una tierra verde y enorme. Ninguno de los conductores perdió el tiempo apreciándolo, y con lo poco que podían hacer enderezan la nave tanto como pueden. Tratando de así reducir más la fuerza con la que estrellaría. Sin embargo, un imprevisto problemático salió cuando vieron que irían directo a un gran muro de piedra que unía a dos montañas. Era imposible cambiar el rumbo a ese punto. Así que se aferraron en sus asientos antes de que estrellaran…