En el capítulo anterior...
...Maki, quién tras ser asesinado por Kira y ser reclutado por la esfera negra conocida como Gantz, llega a conocer a L, quién también fue reclutado siete años atrás. Tras intercambiar información sobre Gantz y su aparente objetivo Kira, ambos llegan a la conclusión de que su verdadero objetivo es el mismo L, quién investigó las mismas raíces de Gantz y está a sólo un paso de conocer la verdad.
Capítulo III: Voces del Pasado
Francia, octubre del 1938
Las tropas alemanas parten hacia Francia tras otro intento frustrado de conseguir el Santo Grial, sin embargo, si consiguen hacerse con el arma prometida por sus compatriotas japoneses, la guerra se decantaría inexpugnablemente hacia su favor. Al llegar a las coordenadas previamente citadas, los caballeros de la muerte conocidos como SS irrumpen en la vivienda; el hombre de la casa, de cuarenta y tantos años, señala con el dedo índice una caja de madera. Uno de los seis SS comprobó el contenido, y asintió con la cabeza a sus compañeros, que no tardaron mucho en terminar con la vida de aquellos a que prometieron lujo y seguridad durante esos tiempos oscuros. Un nanosegundo más tarde, asedió mediante un ágil movimiento un torrente de balas dirigido a cuyos compañeros no tuvieron tiempo alguno de reaccionar.
Una vez con la caja de madera en su poder, se dirige a su siguiente destino: Alemania, la cuna de la hecatombe.
Hitler recibe el objeto de manos de su fiel compatriota, que siguió sus órdenes bajo estricta doctrina; su premio, una condecoración en forma de bala incrustada en su sistema nervioso, sin embargo, el líder del nazismo resultó no ser del todo certero en su disparo, por lo que su víctima sufría de convulsiones incontrolables. Una segunda bala disparada a bocajarro en el lóbulo frontal ahorró al desafortunado individuo parte del sufrimiento que padecía.
Nadie, salvo el mismo Adolf Hitler debía conocer el secreto de su preciado tesoro, que al mismo tiempo haría las heces del mayor arma homicida conocida por la humanidad, que desde tiempos inmemorables se ha visto corrompida por la misma; Death Note.
Pocos días después, la autenticidad del cuaderno así cómo su poder es puesta a prueba por su poseedor, quién no vaciló ni un instante en hacer uso del mismo incontables veces, llenando medio centenar de páginas, con nombres de judíos, prisioneros en los campos de concentración, quiénes habían domesticado como si de dóciles ovejas se trataran mediante distintos métodos, más allá de poco ortoxodos, de inhumanos de calificarían.
California, poco después
Tras observar durante largo rato las estrellas, la Segunda Guerra Mundial parecía algo insignificante bajo los ojos del arquitecto Robert G. Lawson, quién comprendía, quizás mejor que nadie en todo el planeta lo trivial que resultaban los enfrentamientos entre seres humanos, y lo aún más básico, poner fin al conflicto. Pero otros planes tenía en mente, y sería la propia ambición de la nación alemana lo que lograría su objetivo; el primer paso ya estaba hecho, y con el contacto realizado, tan solo restaba esperar la llegada de fuerzas superiores que observaban desde antaño más allá de las estrellas.
Y tras la aparente derrota de los alemanes y detonación de la bomba atómica lanzada a Hiroshima y Nagasaki en el seis y nueve de agosto del año 1945 respectivamente, la alarma se difuminó en el basto espacio exterior. Tardaría un suspiro universal en sobrepasar la estratosfera terrestre cuya radiación se abriría camino en el sistema solar, difuminándose por la galaxia y dañando el eco sistema cósmico.
Sin Hitler utilizado como marioneta, manipulando las acciones de fuerzas americanas para que iniciasen el ataque nuclear a modo de asestar el golpe final a unos aliados que el partido nazi ya no necesitaba, el plan de modular al universo entero de Robert G. Lawson nunca habría podido ser posible.
El líder alemán conocía la determinación del ejército japonés, y en su defecto como se paga los que cada vez resultan menos fieles a quién se convertiría en el Dios del Nuevo Mundo, mediante la suprema fuerza que a su vez, sería su perdición. El arquitecto obsequió a un adolescente misántropo con un arma cargada, y tal y como era de esperar, la usó, beneficiando al primero de forma inconsciente.
Dos años después, con el primer contacto alienígena, en Roswell, se abre un nuevo camino con fuerza hacia la futura nueva era de la humanidad. Aquí da comienzo el Área 51, en Arizona, la Base Dulce, en Nuevo México, la importantísima Majestic 12, y por último, el Proyecto Gantz.
2004, en algún lugar de Japón...
Un fantasma me aprieta el corazón con fuerza. Duele, duele mucho. Mucho más que todo lo que experimenté hasta ahora, o, mejor dicho, lo que llevo toda la vida sintiendo. La soledad, la eterna soledad. Lo siento para ti, Watari, de veras me hubiera gustado despedirme de ti como es debido, y poder llamarte aunque fuera por sólo una vez, papá.
Enhorabuena Kira, me has vencido; el shinigami debe haber escrito nuestros nombres en el cuaderno asesino. Espero... sólo espero poder volver a verte, Yagami Light, amigo mío, sólo que la próxima vez, sea como verdaderos amigos.
«Está frío, se siente extraño. ¿Dónde... estoy?» Sólo una vez más, en una extraña habitación con una bola negra en medio. Me levanto y miro por la ventana: la torre de Tokio. Sigo vivo... o algo parecido, si es que alguna vez lo he estado. Una música extraña suena a través de la esfera negra, se abre. Aparece una maleta con mi nombre «Conoce mi nombre real», con un traje negro dentro. Desvío la mirada, también hay armas; armas que por alguna razón me parecen familiares. Todo es una locura; desde morir por culpa de un simple cuaderno hasta este odioso cuarto. ¿Será que los asesinados por el cuaderno tienen que pasar por esto? No, lo dudo, de ser así Watari también debería estar aquí. Conmigo. Una cortina me nubla la vista. Tú siempre estabas a mi lado cuando lloraba, aunque a mí no me gustara que me vieras así ¿verdad, Watari?
Salgo del lapso mental en el que me encuentro, y leo la pantalla de la esfera negra, cuya ortografía llega a irritarme hasta en momentos de tal calibre como éste; preferiría descifrar algún tipo de código binario en lugar de esto. A cada momento que pasa, a cada ojeada que doy, este mundo no deja de sorprenderme, así como dejarme totalmente indiferente; la paradoja me confunde. Sigo leyendo, el texto indica que debo matar a un alienígena «Qué estupidez» apodado Piropiru. Nunca he matado a nadie, aunque tantos hayan muerto por mi culpa, me largo de aquí cuanto antes. Imposible, no alcanzo el pomo de la puerta, ni tampoco puedo abrir las ventanas; otra vez esa sensación, tengo frío, mucho frío. Me encuentro en unas para mí desconocidas calles de Japón. No es a causa de la temperatura, sino por...
Próximo capítulo: La Soledad
