En el capítulo anterior...
...Gantz llama por segunda vez a sus nuevos cazadores, con Maki y L entre ellos. Se crea un conflicto en el que los nuevos miembros se ven separados; por un lado por el equipo de Maki, y por otro los aspirantes a yakuza, quiénes afirman que ellos dos mataron a varios de sus miembros. Entonces son transferidos en el mismo corazón del Mundo Shinigami.
Capítulo XI: L VS L
—¿Qué pollas... es todo esto? —exclamó Koda, uno de los seis tatuados, de pelo largo y totalmente despeinado, como si nunca en su vida se hubiera lavado o peinado su descuidada melena.
—Esto es el Mundo de los Shinigami del que Ryuk habló esa vez.
—¿Shinigami? ¿Dioses de la muerte? —las cinco chicas se juntaron asustadas.
—No creo que nuestras armas surjan efecto sobre ellos.
—¿Y qué coño sabes tú? —soltó Minato, otro de los tatuados.
—Ése sabe más que la mayoría, ¿no os resulta extraño? —exclamó la mujer. Se mezclaron las voces entre la multitud, mientras los curiosos shinigami se acercaban, cada vez en mayor número.
—Maki —deslizó la mirada hacia L—. Si queremos sobrevivir, tenemos que separarnos. No entre nosotros dos, sino de esos ineptos que no aprenden ni con la mitad de sus compañeros muertos; nunca debemos separarnos el uno del otro o de lo contrario, las probabilidades de supervivencia de reducirán a menos de la mitad.
—¿Qué has dicho, renacuajo? —se precipita hacia L, golpeándole en toda la mejilla, sin moverle ni un centímetro.
—Cómo habréis visto antes, como cuándo le dispararon a mi amigo, que estos trajes nos protegen y nos otorgan... —le devuelve el golpe directo al estómago con un certero puñetazo, dejándole inconsciente en el suelo— fuerza. Ya os lo habíamos dicho antes, por lo que quién más posibilidades tiene de sobrevivir, sois vosotras —añadió señalando al grupo de chicas, quiénes se sorprendieron.
—¿Nosotras? —habló una chica de aspecto tímida, quién se ocultaba detrás de sus amigas todo el tiempo. Era muy bajita, y su rubio pelo junto a las dos coletillas, le recordó a Misa Amane al detective. Se limitó a observar con el pulgar en los labios, girando levemente la cabeza sin responder con palabras. En ese instante, un ser se acercó. Era todo hueso, con una larga cola esqueletoide cómo si del cadáver de un velociraptor se tratara; cubierto por trapos y un cuaderno de tapas rojas colgando de uno de sus huesos.
—¿So... sois... hu... manos? —su habla era casi inteligible—. Veo que sí sois, hu... manos. En ese caso, no po... podéis es... es...
—¿No podemos qué, cara hueso? —uno de los tatuados le apuntó con una pistola x, que no dudó en usarla. El arma no respondió.
—No, no gustarme, es... es... as cosas vuestras.
—A nosotros tampoco nos gustas, flacucho —exclamó Koda, mientras le disparaba con su revólver. La bala impactó de lleno en su enorme y alargado cráneo, pero el shinigami no sufrió daño alguno. El dios de la muerte sacó el cuaderno que colgaba de uno de sus huesos, y empezó a escribir.
—Maki, vámonos, ¡ya! —L le agarró por el hombro, para salir corriendo lejos del shinigami. Maki miró hacia atrás, observando al grupo de chicas, asustadas. L se detuvo al compás de Maki. Estaban rodeados de shinigami. A veinte metros de allí, Koda padeció de un ataque al corazón.
—Es como lo dijo el crío, ha escrito algo y Koda ha muerto, tenemos que salir de aquí —gritó uno de los cinco tatuados, quién comprendió que no podían hacerles frente. El pánico cundió entre las jóvenes. Varios shinigami rodearon a L y a Maki; éste último usó el arma de los cien puntos. Tampoco surgió efecto, ni tan solo disparó.
—Parece que algo mantiene a las armas bloqueadas, pueden ser muchos factores, y no veo muy factible debatirlo aquí. ¿Qué opinas tú, L?
—Opino que estamos muy jodidos. No podemos huir de esas cosas, pero si nos cubrimos los rostros no podrán saber nuestros nombres, por lo que estaremos aparentemente a salvo.
—Termina lo que querías decir.
—Pues que... eso no nos da ninguna seguridad de que no vayan a usar otros métodos para sonsacarnos la vida.
—Me arrepiento de haberte insistido a hablar.
—Deja las armas aquí. Y corre, tanto como el alma te permita —Maki acató la orden sin rechistar. Algunos shinigami seguían allí parados, otros extendieron las alas y les seguían, por curiosidad quizás, o por no tener nada mejor por hacer. Esa tierra rocosa y aparentemente solitaria dificultaba el paso a través de ella, aumentando la angustia por la persecución. Pocos minutos después y un largo camino atrás, el basto mundo parecía no terminarse nunca, llegando al punto de alcanzar una sensación de desorientación al ser tan parecidos los caminos por los que ambos humanos cruzaban. Irremediablemente habían tomado rumbos distintos, y ya no había marcha atrás. L se lanzó detrás de una columna rocosa, observando a reojo, con la frente empapada de sudor, a sus perseguidores los shinigamis; no fueron muy astutos por su suerte, tras pasar de largo, confundidos abandonaron el terreno volando lejos, con expresión de disgusto en sus deformados rostros. L suspiró, y acto seguido echó un vistazo a su pistola-x.
—«El radar tampoco responde. Gantz nos debe de haber enviado a una misión suicida, puesto que su tecnología parece no surgir efecto en este mundo. Aún así, hay algo que debe mantener unidos ambos mundos, ya que si hemos sido transferidos, también podríamos volver... de no ser por el simple hecho de que ha logrado conectarnos mediante un sistema de radiofrecuencia. De hecho, a pesar de disponer de avanzados utensilios militares, su sistema parece partir de un programario muy básico, y de ser así... significa que es tal y como un programa en fase de desarrollo, mejorándose a sí mismo continuamente, lo que significa que sus cazadores no son más que piezas desechables; nada nuevo. En cambio, si consigo averiguar la brecha que mantiene unido ambos mundos, las armas volverán a disponer de señal y serán de nuevo operativas, y no sólo eso, lograré comprender el funcionamiento de las armas de Gantz, e inclusive podría duplicar la señal de radiofrecuencia y manipularla a mi antojo, hackeando el mismo programario de Gantz. Pero para eso, primero tengo que salir de aquí, y tengo que hacerlo vivo.»
—Lawliet... —suspira despacio, muy despacio, una monstruosa presencia a pocos centímetros del detective; cómo si de una aparición fantasmal se tratase, la gigantesca criatura apareció de la nada sin siquiera elevar un decibelio. Su cuerpo, tres cuartas partes de ancho como de alto, mostraba fragmentos de tonalidades oscuras y grisáceas.
—«Ni le he visto venir. Es enorme, debe medir como mínimo tres metros, y ha leído en voz alta mi nombre con suma tranquilidad, como muestra de aviso. ¿Muestra de aviso? Algo no encaja. Debo permanecer con calma, levantarme y mirarle los ojos al shinigami, sin más.» —Lawliet se levanta, al unísono que el shinigami inclinó su cabeza hacia delante, mostrando el oscuro rostro del que antes no se apreciaba ni un ápice de él. Ambos se miraron a los ojos, en silencio y calma total, recorriéndoles la misma sensación por el cerebro, esa peculiar sensación de bienestar pero de inseguridad al mismo tiempo.
Ambos compartían exactamente los mismos ojos, la misma mirada.
—¿Quién... eres? —exclamó el detective, llevándose el pulgar al labio inferior.
—Yo... soy tú, Elle Lawliet. Tú eres yo.
Francia, principios del 2035
El despertador resuena fuertemente, sin cesar. Suena la canción Amanece un nuevo día.
Un joven adolescente de trece años se levanta de la cama, y el despertador que se encuentra en un micro-chip dentro de su propio cerebro cesa al fin.
—Bien, Michelle. Hoy es tu primer día en la academia. Yo soy tu instructor particular, tu profesor, tu despertador, aquí dentro yo soy tu Dios, y lo que sea de tu vida depende totalmente de mí. Durante las siguientes semanas, te abstendrás totalmente de la glucosa y de productos lácteos, ya que pueden resultar nocivos para el correcto funcionamiento de tu nuevo amigo, yo. Al principio puede resultar algo molesto, pero recuerda que todo ha sido bajo consentimiento de tus tutores o padres. Intenta evitar los pensamientos obsesivos, y de cuestionarte la razón de todo lo que te rodea. Dirígete hacia la ducha, tu instrucción teórica durará hasta que tu cerebro haya asimilado todos los datos, por lo que deberás realizar las actividades encomendadas por la institución mientras tanto. Cuándo salgas de la ducha verás un armario protegido con contraseña, allí está tu ropa —el joven sale de la ducha tras una ráfaga de vapor instantánea, luego observa la susodicha taquilla—, la contraseña para acceder a ella es tu año de nacimiento —pulsa 2022 y sobresale un cajón de la taquilla. Allí se encuentra un traje oscuro de una pieza con parches circulares por todo el tejido—.
Bienvenido a la Academia Gantz.
Tras unos devastadores sucesos, el mundo se vio sometido a duros cambios. La humanidad fue extinguida en casi su totalidad tras una invasión alienígena a gran escala. La organización ultra secreta conocida como Gantz por unos pocos fue revelada al público en todo el globo. En momentos de crisis extrema, la humanidad aceptó el hecho de buen grato, y los supervivientes de la devastación conocida como La primera incursión nunca más volvieron a ver al mundo tal y como una vez lo conocían. En una era de cambios y prosperidad, se instaura el código Gantz en todo el planeta. Para prevenir una segunda incursión, se les instaura un chip en el cerebro de los recién nacidos, cuya activación se dará a luz al cumplir la mayoría de edad, a los trece años. Entonces, los supuestos hombres pasan a vivir en centros de la institución Gantz, donde serán preparados e instruidos con total precisión, pero, justamente para eso nunca más volverán a ver a su antigua familia, puesto que son esos lazos los que corrompen la mente del soldado. Sus nuevos padres será su instructor, y sus hermanos sus compañeros.
Aún en tiempos de total disciplina y unidad, hay quiénes logran cuestionarse la realidad que rodeada al mundo. En absoluto secreto permanece un colectivo que logra al fin, suficiente poder para, tras tantos años en las sombras, dar la cara y luchar por la libertad. Ellos carecen de nombre como unidad para tal de permanecer en el anonimato; aún así, el símbolo que les caracteriza en forma de L empieza a ser temido por aquellos que tienen el poder...
Próximo capítulo: Fallo en la ecuación
