En el capítulo anterior...

...los cazadores de Gantz son mandados al mismo corazón del mundo Shinigami, en misión de acabar con varios de sus habitantes. Un encuentro inesperado de L con su "yo" shinigami da un inesperado giro a la caótica situación. Y, para rematar, es mostrado un futuro donde Gantz se ha apoderado en su totalidad de la raza humana, convirtiéndola en sus fieles y ciegos cazadores. Un mísero rayo de esperanza cae sobre el mundo del 2035, cuando la organización anti Gantz conocida como L empieza a actuar, con el poder del mismísimo cuaderno de la muerte...

Capítulo XII: Fallo en la ecuación

Mientras tanto, en el Mundo Shinigami...

—Yo soy tú, Elle. Unos pocos humanos durante varios siglos son elegidos por una fuerza que sobrepasa a la del propio Rey Shinigami. Al morir, la consciencia es limpiada, así como la memoria y recuerdos.

—Si es así, cómo puedes tú saber...

—Alguien ha quebrantado las reglas naturales. Ya os advertimos una vez, a vosotros los humanos de que la clonación podría asestar un inesperado azote en el equilibrio del "Todo", pero no hicisteis caso, arrogantes de vuestro propio deseo de jugar a ser Dios. Tu existencia es lo que os ha llevado a esta guerra sin sentido.

—«Gantz, hijo de puta, ahora lo entiendo todo. Aún deseas mi muerte, ¿verdad? Por eso me has llevado a esta misión suicida.»

—Tú no deberías existir, Elle. Pero de ser así, yo desconocería mi pasado como humano, así como tantos secretos de ambos planos. Es lo que queda de ti en mí lo que alimenta a mi sed de conocimiento, lo que me ha llevado a investigar lo que ocurría en mí estos siete años. Al fin has sido tú quién ha dado conmigo, Elle. Te he estado observando desde las ventanas del mundo shinigami. Tu ingenio e intelecto supera por mucho el mío; los humanos sois tan interesantes...

—Creo haber escuchado esto antes. Y ahora dime, ¿qué piensas hacer conmigo, qué será de mi existencia?

—Es inaudito. Todo esto no debería haber ocurrido. Aquél a quién llamáis Gantz es el responsable de todo, no tú, Elle. A fin de cuentas...

—Eso es lo que debía querer desde buen principio. Hacerse con el control del...

—Del mundo shinigami. Planea conquistar todo, dominar sobre todos los planos y mundos existentes para modular a su antojo. Lo que ha conectado este mundo con el vuestro es mi presencia, mi existencia. He conseguido información sobre el modus operandi de Gantz, y he evitado a toda costa que esto ocurriese, pero supuse que no podría esquivar los intentos de entrada eternamente. Fue entonces cuando logró haceros entrar, pero por la razón mencionada vuestras armas no funcionan, y por la misma causa no podréis salir de aquí.

—Además, si no matamos a tantos shinigamis suficientes para alcanzar los quince puntos, nuestras cabezas explotarán. Ése ha sido su plan desde el principio —se sienta con las rodillas alzadas a la altura de su cabeza, como es su más habitual postura. Tras unos segundos, abrió los ojos como platos—. Espera. Gantz debe ser obra de un hombre, un humano como yo. El único modo de que supiese todo esto, es...

Cerca de ahí...

—Maldita sea, L. ¿Dónde te has metido? —Maki piensa en voz alta, mientras corre en su búsqueda de su amigo y mentor L, al mismo tiempo que se oculta de los curiosos shinigamis—. ¡Mierda! —Maki recuerda al grupo de colegialas que se quedaron paralizadas nada más comenzar la misión. Aún llevando el traje, eso no las protegería del poder del cuaderno. Se detiene, pensativo—. ¿Qué debería hacer? Dime qué harías tú, L... tú vendrías en mi ayuda sin dudarlo. Sin importarte en absoluto lo que les ocurriese a los demás. Sí, eso harías sin vacilar, pero... ¿soy yo así? Admiro a L, siempre le he admirado, aún así, yo no soy cómo él. Debo hacer lo que yo haría, o de lo contrario sólo seré una simple sombra suya. Eso me dirías, ¿verdad, L? Aguanta, después vendré a por ti —se gira hacia dónde vino, forzando su traje al límite para correr a máxima velocidad, rasgando el mismo suelo del mundo shinigami.

—El único modo de que supiese todo esto, es...

—Es el hecho de que él era también un propietario, y debió colaborar con su shinigami —el detective le tambalean las piernas.

—Pero, ¿acaso eso se os está permitido?

—Lo desconozco. Nosotros tenemos nuestras propias leyes, pero le sería imposible al Rey Shinigami controlarnos a todos y cada uno de nosotros. Igualmente, siempre ha habido quiénes han infringido las reglas y han sido severamente castigados, llegando a la pena de muerte en ejecuciones públicas tras largos castigos. Como ves, no somos tan distintos a vosotros.

—«Piensa, L. Un propietario del cuaderno, colaborando con su shinigami en el pasado, quizás antes de que yo naciera. Muertes extrañas, archivos desclasificados, debe quedar alguna prueba por ínfima que sea. Debe de haber algo en algún sitio que me permita llegar hasta el responsable de Gantz, estoy seguro. Espera. ¿De qué me serviría eso? No se cuánto tiempo ha pasado, y por lo que se, Gantz actúa de forma autónoma, por lo que intentar encontrar un culpable es algo inaudito. ¿Pero cómo puedo luchar contra algo así? ¿Cómo podría encontrar los métodos necesarios?

Metros de cableado, cantidad de monitores usados como pantallas de ordenador y varios teclados distribuidos por la caótica habitación inundaban la sala donde un joven castaño de no más de veinte años, permanecía sentado, tecleando febrilmente sin cesar un solo segundo, observando las pantallas intercalando la mirada entre monitor y monitor sin tan siquiera pestañear. Fija su mirada en una de las pantallas, cuando de repente deja de teclear, extasiado. En él aparecen cantidad de códigos cifrados en un extraño lenguaje informático.

—Santa jodida madre del cordero... —pulsa Intro sin vacilar una décima de segundo de más. El código se transforma en un lenguaje, aún siendo inteligible, aparentemente más entendedor que el anterior. El chico sonríe—. Ahora vas a cantar mi canción.

En las varias docenas de pantallas, se es mostrada la conocida barra de progreso, mostrando en el momento el uno por ciento del total.

En un tiempo muy anterior al de los actuales acontecimientos...

—Se que soy un demonio. Se que he cometido el más atroz acto que nadie en el universo entero podría cometer. En el día de hoy, yo, Robert G. Lawson le otorgo el arma definitiva a generaciones futuras. Es la única esperanza para detener a mi hijo.

En el mundo futuro del 2035...

—Ahora él es la única esperanza. Es el Mesías que llevamos buscando durante todos estos años. Y lo único que puede salvarnos, es su muerte.

Tiempos distintos para mismos problemas. Pasado, presente y futuro, los héroes de todos los tiempos, unidos contra el mismo enemigo.

Próximo capítulo: Cien años de lucha