Día 2 – Intercambio de vestimenta

PoV Craig

–Agh… ¿por qué te dejé convencerme de que esto era buena idea, Tweekers?- inquirí mientras me acomodaba las mangas de holanes de la camisa color vino que portaba, a modo de que no quedaran atorabas en el negro chaleco, estilo victoriano, que lucía. Joder, este pantalón, con tantas hebillas y cinturones sin motivo en las piernas, me hace sentir el hermano perdido del Sr. Esclavo… Aunque, claro, en Tweekers nunca me han molestado en lo absoluto.

–Por la misma razón por la que yo acepté que montáramos en video todas esas fotos que quisiste que nos tomáramos, Fucker- replicó, sacándome un poco de mis pensamientos.

Al responderme se encontraba de espaldas, sacaba su cabellera de debajo de mi usual chaleco, podía ver como dejaba caer esta en cascada, cubriendo con esa rubia cortina los parches del mismo. No sabía mucho de qué usaría de mi guardarropa, era parte del trato, escoger la ropa del otro sin informarle a la contraparte qué prendas serían.

–¿También aspiras a que me caliente, me dé cuenta del culazo que te cargas y quiera practicar un poco de shibari con los libros que nos enviaron las asiáticas?- dije mientras veía como las cadenas de mi cinturón de estoperoles resaltaban sus nada desagradables caderas, más amplias que las mías.

–Debes de estar envejeciendo para creer que necesito un pretexto para ello- dijo girando el rostro, mostrándome una sonrisa provocadora.

A veces me costaba trabajo asimilar todos los cambios en Tweekers, es decir, no es que no lo ame. Joder, si es precisamente esa actitud suya lo que me ha hecho enamorarme cada vez mas de él. Sólo que, en ocasiones, en mi mente vuelve a ser el niño temeroso y asustadizo que conocí en mi niñez. Ahora podía decir que no tenía miedo de nada, o al menos no lo dejaba ver como en el pasado.

Por ese motivo fue que su respuesta hizo que apareciera un leve sonrojo en mis pómulos y nariz, cosa que hizo que ampliara su sonrisa.

–Como sea -acoté antes de sentarme en la cama- debo ponerme tus extrañas botas antes de que se me congelen los pies.

–No son tan diferentes de las tuyas. Al menos no estructuralmente, aunque obviamente lucen con mucho más estilo.

Solté un pequeño bufido. No es que tenga algo contra el estilo gótico, en el fondo todos los días agradecía mentalmente a los chicos góticos, en especial a Henrietta ya que esta confeccionaba esas ajustadas y sensuales prendas, haber hecho que Tweekers entrara en esto. ¿A quién engaño? Esto sólo me prende en Tweekers, en mi… solo me hace sentir como un idiota geek obsecionado con Vampire.

–E… -le escuché tartamudear un poco antes de aclararse la garganta y continuar- Estoy listo, Fucker.

Terminé de subir el cierre de la segunda bota. Me sentía extraño, mis botas no suelen llegar hasta prácticamente las rodillas… ni suelen tener una plataforma de 8 cm… Ni tener tantos adornos… Si sigo pensándomelo jamás me pondré de pie. A sabiendas de ello, me puse de pie, sin alzar aún la mirada hasta estar completamente erguido.

Por obvias razones, en vez de encontrarme con el rostro, o si quiera la coronilla de mi pareja, me encontré mirando la pared frente a mí, lo cual me hizo soltar una carcajada.

–Tsk, sabía que ponerte mis botas sería mala idea. -intervino el rubio, llamando mi atención.

Baje la mirada hacia él, encontrándolo, a pesar de los pocos pasos que nos separaban, con el cuello estirado de manera tan cómica como si de un niño pequeño mirando a su hermano mucho mayor se tratase. Hubiera aumentado mi risa de no ser porque mi cerebro se enfocó en mi ropa en él.

Bajo el chaleco llevaba mi camiseta favorita, aquella con el estampado de Gorgonas, su cabellera cubría parte de sus claros hombros. Llevaba un par de pantalones que, a pesar de ser modelo skinny, le lucían ligeramente holgados de las piernas y ajustados de manera exquisita en las caderas. Estas últimas resaltaban debajo del par de cinturones sobre puestos, con cadenas sin sentido colgando sobre los mismos.

–Puedo ver tu erección desde aquí, Fucker -dijo chasqueando los dedos frente a mí con el ceño fruncido- Prácticamente la tengo en la cara -bromeó- ¿Qué opinas? ¿Qué tal luce en mí el punk?

–No puedo decirlo hasta verificar que traigas mis calzones anarquistas… Todo punk debe usarlos.- me justifiqué, acercándome a él, para tomarlo de las caderas.

–Mierda… No sé si lo he hecho bien -enunció haciendo un pequeño puchero, acto seguido se puso de puntillas, podía sentir su cuerpo temblar ligeramente, quizá por nervios quizá por el esfuerzo de llegar a mi altura- No estoy usando ropa interior -comenzó a susurrarme al oído- ¿Eso es más anárquico que tus calzones anarquistas?

No le respondí, al menos no verbalmente. Lo alcé por las caderas, ante lo cual él de inmediato enredó sus piernas en mis caderas, comenzado a rozar nuestras erecciones. Si, probablemente este era su plan desde el inicio, pero ¿a quién mierda le importa? De momento, mi único interés es colar las manos bajo las capas de ropa y comprobar que tan "anárquico" puede ser mi Tweekers.