Hola chicos de Fanfiction, un saludo y abrazo de antemano, y disculpas por no subir capítulos en algún tiempo, pero las ocupaciones me lo impedían, el final, por desgracia, ya se acerca, muchas gracias a todos ustedes que han seguido esta historia, se han apasionado, y de la que un personaje de mi invención (Toffu) ya hasta tiene fans, increíble, muchas gracias Jaki!! hehe... disfruten y espero como siempre sus reviews, me encanta leer todo lo que piensan de mis letras. Saludos!

Feliks!

Capítulo Undécimo
El Destino del Guerrero Dragón

1

El palacio imperial, el que fuera su hogar alguna vez en un pasado perdido… aparecía tan nítido ante sus ojos… Toffu, el asesino de asesinos, miraba a Tigresa con frialdad desde lo alto de la pagoda. Cuando sonrió, sus dientes de tiburón asomaron, inyectándole un miedo como nunca antes había sentido…
—¡WUUAAAA! — mientras Toffu saltaba sobre Maestra Tigresa, ella no podía moverse, comenzó a morderla… no podía hacer nada, estaba pasmado…

Cuando despertó, sintió el sudor chorrear por su barriga. Su amada dormía acurrucada junto a él, en posición fetal, expresando una sonrisa de satisfacción. Así desnuda, sus rayas negras contrastaban con su pelaje naranja iluminado por las estrellas.
Detestaba esa pesadilla, maldita sea. Desde la victoria sobre Yalam, de la cual habían pasado dos semanas, esos sueños acudían a él como para sacudirle la cabeza y recordar que aún faltaba mucho que hacer. Para llegar hasta Toffu, aún necesitaban llegar al Palacio Imperial, el que según Xian, no estaba tan lejos de ahí, pero el camino no sería fácil. Lo único claro en la ecuación, era verse a la cara con el hermano del Maestro Shifu.
Con mucho cuidado, y tratando de no ser delatado por su voluminoso cuerpo, Po, el Guerrero Dragón, salió del nicho que le servía de cama, se puso sus enormes calzoncillos y dejó a Maestra Tigresa durmiendo. Creyó que despertaría, pero sólo se volteó, y susurró «Po». Jamás había visto dormir así a Tigresa; siempre estaba alerta y lista para atacar, sin embargo ahora ambos descansaban a pierna suelta, sabiéndose protegidos uno por el otro, ella ronroneando rítmicamente y él roncando y babeando.
—Te amo, pequeña Tigresa —le susurró Po con ternura, y salió de la habitación, tratando de no hacer gemir el piso de madera como acostumbraba. Lo logró, y pudo salir a contemplar la madrugada, pues apenas el día comenzaba a dar muestras de su presencia. Las estrellas brillaban y podían confundirse con las luciérnagas que flotaban abajo entre el bosque.

—¿Quién soy? —le preguntó a las estrellas, que seguían imperturbables, titilando e iluminando cada vez menos mientras la claridad del alba comenzaba su labor en el manto celeste.
Aún no le cuadraba la idea. La maldita idea, loca e irracional, de que él era el último y único heredero al trono del Imperio. Y que Shifu y su hermano se habían enfrascado a una pelea a muerte por sus ambiciones personales, y él y su familia habían pagado los platos rotos. Todo se resumía a que Shifu y Toffu habían destrozado su vida cuando apenas y tenía conciencia de que podía vivir una. Le regalaron una orfandad, una carencia de identidad…
Pero aún así, estaba agradecido. Tal vez, de no ser por eso, nunca hubiese conocido a su padre Ping, a los Furiosos, convertirse en el Guerrero Dragón y estar con Tigresa…
«Los accidentes no existen»
Se detuvo a reflexionarlo. Nunca hubiera sido el Guerrero Dragón si Shifu en un principio no hubiera escapado con él en sus brazos y dejado a Ping en la aldea…
—Basta. Basta.
Si los accidentes no existían, ¿por qué Oogway estaba muerto, al igual que Shifu y todo Valle de la Paz? ¿Por qué Shifu lo odiaba al principio, si sabía quién era? ¿Por qué Toffu…?
—No puedes dormir, ¿verdad? —la voz del Maestro Xian sacó a nuestro amigo de sus pensamientos, y lo obligó a volverse.
—No, Maestro…
—Sé que estás intranquilo, muchacho. Pero no temas, unos días más de entrenamiento, y estarás listo para partir al Palacio Imperial. El Golpe de Vacío ya no es nada nuevo para ti, y la forma en cómo lo utilizaste contra Yalam, aún me tiene sorprendido.
—Gracias, Maestro. Pero lo que aún no entiendo es, ¿por qué yo? ¿Está seguro que yo soy un heredero al trono? —el panda posó sus ojos verdes en el Maestro, buscando seguridad en sus respuestas.
—No tengo duda, Po. Te pareces tanto a tu padre… bueno los ojos indudablemente los sacaste de tu madre.
—Por favor, Maestro, hábleme de ellos, hay tanto que no sé, me siento un completo ignorante. —Po miró a Xian, suplicante.
—Tu padre, el emperador Chuan, era un hombre bondadoso, sin embargo, confiaba mucho en las personas, aunque éstas lo traicionaran a sus espaldas. Tu mamá, Sayuri, era una mujer muy elegante, pero humilde y trataba de ayudar a las personas. Así ayudó a los hermanos Rojo, y el resto de la historia, ya la sabes.
Ying y Dai se acercaron a ellos. Se veían soñolientos y también parecían tener dificultades para dormir. El alba ya era toda una realidad, y la aldea allá abajo comenzaba su actividad diaria.
—Veo que hoy todos han sufrido insomnio —dijo Xian con una sonrisa.
—Pues… sentí que ya tenía que despertar, jeje —Ying se sonrojó, y casi se tropieza de no ser por Dai, que la sostuvo.
—Quien duerme como tronco es Tigresa, raro en ella —dijo Dai al Maestro.
—De hecho, qué bueno que están aquí, Ying, Po. Quiero que sepan algo antes de que partan al Palacio Imperial.
Los pandas se sorprendieron, y se miraron mutuamente con esos ojos verdes, y de nuevo al maestro Xian. Algo más se develaría…
—Aquella noche que Shifu te sacó del Palacio Imperial, fuera de la furia de Sun Yatsen y sus rebeldes, dejó a otro heredero en la habitación.
Po se quedó de piedra. ¿Entonces, era posible…?
—Cuando Shifu ya se había ido contigo, pude recobrar la conciencia. No había nadie vivo en aquella habitación, a excepción de los llantos de un pequeño panda. No pensé. Como pude, escapé del palacio, protegiendo con mi vida aquel pequeñín. Fue cuando me aislé de todo, y me interné en el bosque de bambú. Y también cuando descubrí que no era un pequeñín, sino una niña preciosa de ojos verdes… tú, Ying.
Po y la panda se quedaron mudos de asombro, sin atrever a verse a la cara.
—¿E-esta diciendo qué… qué? —Po no podía hablar correctamente, no podía creerlo. Alguien de su familia… ¡vivo…!
—Sí, Po. Ying es tu hermana gemela. Ustedes dos son los herederos legítimos al trono. Traté de entrenar a Ying para algún día vencer a Sun Yatsen, pues te daba por perdido… pero ahora, gracias a que Tigresa pudo entrar en la mitad de tu alma, sé que estoy en lo correcto.
Esta vez, Po se volvió a Ying, y le sonrió, con las lágrimas rebosando de sus ojos. Ying trató de sonreírle, pero se echó a sus hombros, llorando.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que teníamos algo, algo en común! ¡Hermano! ¡Buu! ¡Buu!
Po no sabía que decir, estaba inmensamente sorprendido, y la felicidad apenas comenzaba a surgir en su interior. Abrazó a Ying con todas sus fuerzas, y ambos se desahogaron. Dai también lloraba. Xian se acercó a ellos, y al fin los cuatro se abrazaron, mientras los primeros rayos solares se colaban entre las murallas de bambú.
—Ying… no sé qué decir… sólo que… me hace feliz el saber que tengo una hermana, ¡No estoy solo en este mundo! ¡Hermana!
—Sí Po, es el regalo más maravilloso que he tenido desde que vivo aquí. ¡Gracias, tío Xian, gracias!
—A mí no me lo agradezcan, hijos míos. Agradézcanselo a ustedes mismos. Han logrado muchos milagros, y henos aquí. Los accidentes, no existen.
En ese momento, Maestra Tigresa, soñolienta, vistiendo una bata roja, se acercó a ellos.
—Buenos días… ¿Me he perdido de algo?

2

Los días siguientes fueron más de entrenamiento espiritual que físico. La mayoría de las piezas del enorme rompecabezas se unían, y solo restaba una cosa: recuperar el Imperio y derrocar a Toffu y al usurpador Sun Yatsen. Maestra Tigresa también fue sometida a un riguroso entrenamiento especial para refinar sus técnicas defensivas y de ataque. Xian estaba complacido con lo bien que Tigresa asimilaba las enseñanzas. Se iniciaron en el uso de la energía, o «Ki» como Xian le llamaba.
—Es la simple unión del espíritu de lucha, con el cuerpo y la mente, y se expulsa en forma de energía. Po lo pudo hacer por instinto, o tal vez por ser el Guerrero Dragón, pero Toffu usa también esa misma energía en su beneficio, es un temible oponente porque sabe atacar y defenderse con el Ki. —les decía Xian en una de las sesiones espirituales. Po ya podía expulsar su energía en lapsos para aplicar golpes de vacío a los troncos de bambú, que caían limpiamente.

También comprobaron que Po pudo ganarle a Yalam gracias a la aplicación del mismo Ki a presión en cualquier parte del cuerpo. Los aldeanos veneraban a los dos guerreros que habían salvado a la aldea. La señora Wong pudo rehabilitarse gracias al Behoma de Xian, y Chiu preparaba también algo para el Salvador, el Guerrero Dragón de la leyenda.
Ying, mientras tanto, se ocupaba encerrada en su habitación durante la mayor parte del día. Dijo que tenía una grata sorpresa cuando finalizara lo que estaba haciendo. Pasó un mes desde que Yalam intentó apoderarse de la aldea de bambú, cuando Xian habló con Po y Maestra Tigresa, mientras el sol terminaba de ocultarse y el entrenamiento del día llegaba a su fin.
—Guerrero Dragón, Maestra Tigresa, vengan conmigo.
Los condujo hacia las pozas de azufre, en las que había llevado a Tigresa para sanar por completo su herida en la pierna. Las pozas gorgoteaban y despedían un olor desagradable, tigresa ya se había habituado, pero Po sintió que se mareaba.
—¿Qué pasa, Maestro? —Tigresa lo miraba con seriedad. Esas pozas despedían un poder escondido, que le erizaban el pelo. Miró a Po también, que intentaba no respirar el azufre.
—Po, tú y yo nos meteremos en aquella poza —Xian señaló la más grande, ubicada en el centro de los ojos de agua y lodo que la rodeaban. —Tigresa, tú serás la que comparta con Po el Secreto Milenario. La Búsqueda de la Verdad finalizará cuando cumplan su destino con Toffu, pero la Verdad se encuentra aquí, hijos. Quítense la ropa.
Tigresa ya estaba habituada a aquello. Para ella, desnudarse no era motivo de morbosidad o vergüenza, al contrario, servía para que el cuerpo entrara en contacto directo con las energías y el agua que contenían aquellos pozos. Abrir cuerpo y mente…
Po sintió un poco de pena al quitarse su única prenda, los calzoncillos remendados, y sus chanclas de entrenamiento, pero sintió aquella energía extraña, filtrarse por los poros del cuerpo, mientras los tres se sumergían en la poza.
—Vamos a hacer un círculo. Agárrenme de las manos, y cierren sus ojos. Jamás experimentarán algo igual, sólo les digo para que se preparen…
Agarrarse de las manos representó algo más que una descarga eléctrica. Volaban, volaban a través del espacio-tiempo, como Tigresa jamás lo había sentido. Sus almas se desprendieron de sus cuerpos, y se perdieron en remolinos de tiempo, oscuros. Aspiraron el azufre, que se elevaba con ellos.

Un prado inmenso y lleno de verdor, matizado con flores de muchos colores, se desplegaba a su alrededor. Estaban los tres formando un círculo en medio de aquel paisaje que no tenía fin. Todo sería plano, de no ser por un gigantesco árbol de durazno, que se levantaba sobre sus cabezas, rociando pétalos de sus flores como el del templo Jade. Po pensaba que era un sueño, pero al ver a Xian y a Tigresa, movieron negativamente la cabeza.
—¿Dó-dónde estamos? —preguntó Po torpemente.
—Alguien viene —dijo Tigresa, y esta vez Xian sonrió.
—Tardaron mucho en venir, hijos míos, pero me alegra inmensamente el que estén aquí. —la voz, etérea, y llena de sabiduría y antigüedad, bajó desde lo alto del duraznero. Po y Tigresa sintieron una alegría inmediata al reconocer al Gran Maestro Oogway, quien bajaba suavemente junto con los pétalos de durazno.
Tigresa abrió mucho los ojos, y quiso soltarse de las manos, pero Xian la miró, negando.
—No rompas el círculo, Tigresa, de lo contrario, no volveremos aquí nunca más. Nuestra energía interactuada logró transportarnos aquí.
—Xian, amigo mío, es un honor el que puedas visitarme. Gracias por guiar a mis muchachos, es invaluable lo que has hecho con ellos. —Oogway sonrió con ternura a los tres, y se acercó, acariciando a Maestra Tigresa en la cabeza. La felina sintió que todo su pelaje se erizaba al contacto de la garra callosa y arrugada de la Gran Tortuga.
—Los traje, porque quiero que entre los dos les contemos la Verdad. Y también quiero que me ayudes a darles el último impulso hacia su destino final.
—¿Toffu, no es verdad? —Oogway sonrió, como si supiera todo de antemano. Eso era lo que más le gustaba a Tigresa, el saber que la sabiduría de Oogway lo tenía todo calculado de antemano, como si fuera magia. Po aún no estaba convencido de que aquello fuera verdad.
—Quiero preguntarle algo, Maestro Oogway… —Po habló, y su voz se quebraba por momentos — ¿Por qué? ¿Por qué me escogió a mí como Guerrero Dragón, y no a Maestra Tigresa? A pesar de todo lo que hemos vivido juntos desde que usted partió, no se me hizo nada lógico, a nadie… ¿Es por qué soy un heredero Real?
—Jo jo jo… esa pregunta es para ti, Xian. No me digas que no le has confiado…
Xian enrojeció, y miró a Po con un convencimiento total. Tigresa vio en el Maestro panda una mezcla de remordimiento.
—Hace muchísimo tiempo, existió un panda con un poder increíble, que viajó por toda China, y retó a los 10 000 demonios de la Montaña Demoníaca, el último reducto de la maldad en el Imperio… y pudo vencerlos, con la ayuda de otro gran sabio…
—No seas tan teatral, Xian. Sabes bien cuanto nos costó acabar a esos… —Oogway amplió su sonrisa, mientras Po y Tigresa se quedaron con la boca abierta, sin poder soltarse de las manos.
—¡Bah! Oogway, no debes ser tan directo, ¡caray, quería que ellos mismos lo dedujeran!, pero en fin… nosotros dos terminamos con todos ellos, y se nos reconoció por el imperio de Chuan como dioses, un término excesivo para mí.
—E-entonces, Maestro Xian… usted…
—Xian era el Guerrero Dragón anterior, hijo, hasta que tú naciste. —Oogway miraba con fijeza al panda, que aún no entendía nada.

—¿U-usted…? ¿Entonces usted es el Guerrero Legendario que venció a los diez mil demonios? ¿El Gran panda, el Guerrero Legendario de quien tanto se hablaba en las historias…?
Xian sonrió, y su cabello, blanco como la nieve, ondeó al afirmar con la cabeza.
—Cuando la batalla terminó, Oogway y yo nos fuimos al estanque cerca del Templo Jade, donde seguro Shifu te enseñó que ahí se creó el Kung Fu. Realmente ahí perfeccionamos nuestras técnicas, durante algún tiempo, hasta que decidimos seguir cada uno nuestros caminos. Oogway se quedó en el templo de Jade a formar a los nuevos Furiosos que protegerían el Sur de China, y yo iría al Palacio Imperial a formar a más guerreros, y a transmitir el poder y el legado milenario del Guerrero Dragón al nuevo discípulo que fuera digno de serlo…
»Cuando llegué al palacio Imperial, Chuan me reconoció como el Legendario Guerrero del Dragón, y me pidió que le transmitiera a su hijo aquella distinción. Yo dudé por un tiempo, pero al conocer la bondad y la grandeza tu padre el emperador y a su esposa, tu mamá, hicimos el Ritual legendario, apenas saliste de su vientre. Te transmití el poder, el que seguro apareció por primera vez cuando venciste a Tai Lung. El Guerrero Dragón ya dormía en ti desde el día de tu nacimiento.
—L-Los accidentes… los accidentes no existen… —Tigresa miró a Oogway directamente. Ahí estaba su Respuesta. Su gran respuesta a una Verdad que había buscado desde aquel extraño día en que conoció a Po, cuando la iban a elegir...
—El resto es historia —interrumpió la Tortuga— sabía que Shifu había traído un panda, que era el heredero al trono del Imperio, y que ahora era ocupado por un usurpador, Sun Yatsen. Había dejado al pequeño con un restaurantero del valle… Shifu me confesó su pecado, y esperaba que yo me encargara de ejecutarlo, pero le dije que nunca haría tal cosa, y él se sorprendió, suplicando que lo matara para que su sangre lavara sus propios pecados, pero no accedí a su deseo. En vez de eso, le ordené a enclaustrarse en el Templo Jade, aprendería mis enseñanzas, y cuando estuviera listo, llegaría el momento de entrenar jóvenes, los futuros prospectos para Furiosos y sí, al Guerrero Dragón.
—Pero usted, ¿qué no sabía que Po, el heredero, ya había sido nombrado desde que nació? —Tigresa aún no podía creerlo. Habían jugado con su vida, todo lo que había deseado, estaba dado desde antes a Po, y eso era lo que no le cuadraba. ¿Para qué había entrenado tanto? Ella no quería ser solamente una Furiosa, sería la mejor estudiante y la nueva Guerrera Dragona… pero…
—Yo sabía que Xian era el encargado de transmitir el Poder al nuevo Guerrero, y quería que mis estudiantes se midieran a los que él formara, para ver entre los dos quien se llevaría el honor, pero Xian se perdió en el bosque de bambú, lo creí muerto porque no volví a sentir su Ki, y jamás supe de él hasta mi muerte… entonces decidí, aunque no transmitiera el Poder, usar esa Leyenda para que Shifu encontrara un móvil en su vida, algo que lo motivara a continuar, porque en verdad estaba desolado por lo que le había hecho a los padres de Po. Pero cometió su segundo error en la vida al entrenar a Tai Lung. Ideé también eso del Rollo del Dragón, para que el que fuera "designado" Guerrero Dragón, creyera en sí mismo, y actuara con sobriedad…

»Un día que bajé del templo y caminaba por el valle, lo cual hacía en contadas ocasiones, tuve interés en conocer al pequeño panda que había traído Shifu, el heredero original al trono. Te vi jugando solo, porque tus compañeros se burlaban de ti —Tigresa enrojeció intensamente y bajó la mirada al suelo— y cuando me viste, te asustaste, pero eras muy pequeño, tal vez no lo recuerdes, en fin, al verte, y sentir tu Ki, vi algo en tu alma, algo que me recordaba al viejo Xian. Consulté en el salón de los héroes, y tu energía coincidía con el de un verdadero Guerrero Dragón como Xian. Deduje y me convencí a mí mismo que te había pasado el Poder. Para ese entonces, Tai Lung se entrenaba intensamente, y cuando Shifu me pidió que lo eligiera Guerrero Dragón, me negué, no sólo por ver en su corazón algo de maldad. Había encontrado al Heredero y al genuino Guerrero Dragón. Shifu se desilusionó, y acató mi orden, pues me agradecía el no haberlo ejecutado cuando llegó entregado, pagando las consecuencias de la furia de su discípulo.
Todos estaban impresionados. Jamás imaginaron semejante historia, y lo que significaba para ellos. Tigresa estaba pasmada al comprobar que sus sueños, eran de risa, lo que ella hiciera jamás cambiaría el que Po ya fuera Guerrero Dragón desde su nacimiento. Oogway continuaba con su relato.
—Desde entonces, estuviste bajo mi estrecha vigilancia, Po. Tu padre, el Señor Ping, también sabía que eras alguien importante, pero se empeñó en que prepararas fideos, y de cualquier forma, me ayudó a cuidarte muy bien.
—Mi padre… nunca me dijo… —Po hacía pucheros de incomprensión.
—Ping sabía muy bien que no podía decirte nada, porque era imposible vencer en ese entonces la alianza de Toffu con Sun Yatsen. El día que convoqué a la elección del Guerrero Dragón, sabía que Po acudiría de alguna forma u otra, porque sabía de su afición al Kung Fu, que no era nada casual por el Poder que ya residía en sus venas. Ordené a los guardias del templo que dejaran una cesta de cohetes y pirotecnia a las afueras del templo sin dar razones, y que cerraran las puertas cuando vieran a un panda aparecer en la entrada principal. Pude ver cada uno de tus intentos fallidos por entrar al templo, hasta que deduje que habías encontrado los cohetes. Entonces procedí a la elección.
Po abrió mucho los ojos, recordando como si fuera ayer su infructuosa entrada, hasta que encontró los cohetes, y se los ató al trasero…
—Los… los accidentes…
—Sí, hijo, así es. Los accidentes no existen. Shifu por desgracia nunca entendió eso, pero en parte fue mi culpa, por no confiarle lo que había encontrado desde un principio, y mis razones por no elegir a Tai Lung, ni a Maestra Tigresa, que era la más indicada esa vez. Perdóname hija, perdónenme todos. Sé que causé mucho revuelo con aquella decisión, Shifu a su vez odió a Po en un principio porque su pasado una vez más le jugaba malas pasadas.
—Entonces por eso Shifu… me odiaba…pero después, todo cambió, cuando te fuiste, y pudo entrenarme con comida…
—Shifu sólo trató de darte confianza, además de que en ti comenzaba a desarrollarse el Poder del Dragón a medida que te entrenaba. A lo mejor pudo ver algo del Guerrero Dragón dentro de ti, sobre todo después de vencer a Tai Lung, aunque lo dudo, era muy superficial el buen Shifu. Seguro ninguno de los golpes letales de Tai Lung funcionó contigo ¿no es así?
—¡Sí! —los ojos de Po brillaban como chispas incandescentes, comprendiendo todo. —¡No me hizo ningún daño, a pesar de que me golpeó con todas sus fuerzas!
—Es porque el Guerrero Dragón tiene una protección especial en sus puntos vitales, —interrumpió Xian— y Tai Lung jamás lo comprendió, siendo fatal para él, dando esos golpes inútiles que sólo te hacían cosquillas. Si no fueras el Guerrero Dragón, de ninguna manera estarías aquí, en este lugar, conmigo y Oogway. Y Tigresa pudo acompañarte, porque ambos comparten sus almas en una simbiosis que jamás se había visto, una mezcla más allá del amor y la confianza. Mis cálculos fueron correctos.
—Es verdad —Oogway abrió los ojos, sorprendido— aún no entiendo como pudo pasar, pero es muy impresionante, hijos. Tú, Po, arriesgaste tu vida y gastaste el Deseo del Dragón en revivir a Tigresa… ¿Tú qué pediste, Xian, cuando el Dios Dragón llegó a ti?
—Pues obvio, que me diera el poder de vencer a los 10 000 demonios de la Montaña Demoníaca, y el precio que pagué fue la enseñanza de esos conocimientos a los discípulos equivocados, eso fue lo que me dijo el Dios esa vez al otorgarme el don de vencerlos. A Po le redujeron los sentidos, pero tigresa, en otro acto impresionante, pudo devolverle esa mitad, y ahora ambos se complementan; lo puedo ver en sus pupilas.
Oogway miró detenidamente las pupilas de Maestra Tigresa, eran rojas incandescentes, pero a su alrededor estaban salpicadas de alfileres verdes, idénticos al verde que iluminaba las pupilas del panda.
—Creo que en toda mi larga vida no vi algo como esto. Ahora que saben todo por lo que han llegado hasta aquí, ¿qué piensan, hijos?
Maestra Tigresa habló primero.
—Maestro Oogway… yo ya he superado la elección de Po como Guerrero Dragón, lo amo, y quiero vivir con él cuando todo vuelva a la normalidad, pero creo que fue injusto el cómo nos reclutaron, nos hicieron soñar… por eso Shifu siempre era demasiado serio, triste… debió decirle que el Guerrero dragón era Po desde un principio. Causó mucha confusión conmigo y los demás Furiosos, Maestro.
—Es verdad lo que dices, pequeña, pero Shifu nunca entrenó su lado espiritual. Se dedicó a golpear, a quebrarse los huesos tratando de olvidar su tormentoso pasado, y pagó las consecuencias al transmitir, tal vez inconscientemente, esos sentimientos a Tai Lung. Y claro, un tanto a ti y a los demás Furiosos, lo vi cuando cada uno de ustedes maltrató a Po, lo repudió y se mofaron de sus habilidades sólo porque se hizo una elección «ilógica». Cuando platiqué con él en el árbol de duraznos, y le conté de lo valioso que era el Presente, me dio mucha pena una vez más por Shifu y ustedes sus discípulos, porque no estaban entrenando su espíritu, su humildad. Tanto Grulla, Mono, Mantis y Víbora veían el lado externo de las cosas, la apariencia exterior, pero no los culpo, fueron producto de una enseñanza equivocada, y que por desgracia, yo permití, debido a mi senilidad. Pero ahora te veo diferente, mi niña. Debo agradecer a Xian y a Po por eso, qué bueno que tenemos a una verdadera Furiosa con nosotros. Tienen buenas posibilidades de vencer.
Tigresa estaba con la boca abierta. Po se paró, y separó sus manos de Xian y la Maestra, y corrió a abrazar a la tortuga.
—¡No! ¡Se perderá la conexión…! —las palabras de Xian se suspendieron en el aire, porque Po abrazaba a Oogway y no sucedía nada. Una energía verde como sus pupilas, emanaba del cuerpo de Po, y se expandía por los campos. Tigresa también se paró, y corrió a abrazar a la Gran Tortuga.
—No… no lloren, hijos. Cuando todo pase, cuando triunfen, el sol se pondrá y la sonrisa se quedará con ustedes para siempre, se los aseguro. Usen toda la energía de su mente y su corazón, para que explote con los músculos y puedan derrocar a la maldad, por última vez.
—Es verdad. Ahora nos resta encontrarnos con el último reducto del mal. Po, tienes una gran energía. No creo que eso sea sólo porque tienes en la sangre el Poder de l Dragón.
—No Xian. —Oogway se volvió a su eterno amigo mientras abrazaba a Po y Tigresa. —Es el Poder del Amor lo que logra tal cosa. Ahora regresen allá abajo, y cumplan con su Destino. Es lo único que les queda por hacer.