Uno de los pequeños placeres de esta vida es el silencio. Stuart Pot sabia esto, pero a veces el silencio puede ser tóxico.
Y ahora, justo ahora se estaba intoxicando.
Estaba sentado en la acera, justo afuera del edificio en donde trabajaba. Con su último pago en el bolsillo y una decisión que tomar.
¿Que hacer ahora?
Había un mensaje de él dejándole muy en claro que debía volver. Y esto no era como su correo, el cual podía ignorar sin remordimientos, esto era diferente. Inexplicable.
Uno que otro auto pasaba a alta velocidad frente a él. Y el sol hace mucho se dejo ir dando paso a la noche.
Podía volver a Beirut; quizás vivir algún tiempo en Noruega ó visitar el Tibet y buscar la iluminación divina. Pero el reluciente anillo de plata en su mano hacia que su pecho se estrujase y corazón diese un salto con sus recuerdos.
Sin embargo, había tenido suficiente.
Todo iba tan bien que incluso creyó la farsa del cambio. Pero, claramente tal cosa no existía, solo se comportaba de forma conveniente, esa era la única verdad.
Pero, su corazón era débil y enmedio palabras dulces y manos inquietas había caído en la mentira y acepto todo lo que con ella traía.
- "Make it for the best times
Growing pains
Good times
Good times
Good times... "
La pequeña melodía salió de sus labios y se esfumó en una estela tibia contrastando con el frío de la noche. El silencio volvió a reinar en la avenida, se puso de pie y comenzó a caminar. Sus pensamientos le llevarían a algún lugar.
El tono de llamada de su celular detuvo su andar. La pantalla le ilumino el rostro en un rojo tenue y al leer el nombre en la pantalla contesto sin pensarlo mucho.
- ¿Noodz? ...
._._._._._._._._._.._._._._._._._._._._._._._.
El número que usted marco actualmente está fuera de servicio...
Corto la llamada con enojo.
Había empezado a llover. Y de alguna forma el agua ya lo tenía empapado de pies a cabeza.
Noodle le había contado un mal chiste sobre Murdoc. Estaba a punto de colgarle cuando la chica le soltó un simple: "Ah, salió con chiquillo hace unas horas. Creo que no le agradaba mucho... Deberías buscarlo"
Stuart no sabía que pensar sobre eso, realmente no tenía idea.
Pero, si algo sabía era que solo había un lugar al que Murdoc llevaría a alguien con quien realmente está molesto.
Ya no sabía cuantas cuadras había corrido, pero las gotas de lluvia le hacían cosquillas en la cara y la transpiración caliente le daba una sensación extraña.
Sin ver hacia ambos lados cruza la calle corriendo, el claxon de un camión hace que acelere y siente el vehículo pasarle por la espalda. Hace mucho que dejo los edificios altos con pinta bonita atrás, ahora corre por una avenida casi desolada y con poca iluminación. Sus piernas se cansan y la lluvia no parece mermar.
Finalmente, después de tanto correr llego a su destino. Un pequeño edificio abandonado, había venido muchas veces. Y en ninguna salió con la conciencia limpia. Camino dudoso, adentrándose en silencio por la puerta de atrás. Todo estaba abierto, eso le aseguró que el moreno estaba ahí. Encendió las luces del lugar para no tropezar con algo.
En su antigüedad había sido una tienda de abarrotes, la caja registradora seguía ahí, junto algunos refrigeradores volteados y la mugre y desastre habitual después de algún horrible asesinato. Ahora había un hedor profundo, como el de alguna llanta quemándose o azufre.
En el lado izquierdo había una puerta, estaba nueva. El mismo había ayudado a Murdoc a ponerla, para evitar las molestias con personas no deseadas.
Suspiró tratando de tranquilizar su respiración y preparándose mentalmente para lo que sea que estuviese dentro. Apoyó su oreja derecha en la puerta y escucho la voz grave de Murdoc recitar en voz alta. El hedor se intensificó de un momento a otro y su espina dorsal se erizó, náuseas y mareos lo atacaron en ese momento. Luego el llanto de un bebé.
¿Que carajos hacía con un bebé ahí dentro?
No sabía la razón, pero sin importarle mucho abrió la puerta.
Lo vio hizo que sus piernas tomaran fuerzas.
Murdoc con una daga en mano a punto de traspasar el pecho de un bebé, quien lloraba desconsoladamente.
Sus piernas se movieron solas corriendo hacia el moreno y arrebatándole el objeto corto-punzante lo tiro lejos.
- ¿¡QUE RAYOS ESTA MAL CONTIGO MURDOC!? - Stuart alejó al niño del moreno llevándolo hacia su pecho tratando de consolarlo un poco.
- Faceache, devuelme eso en este instante. — La voz de Murdoc sonaba tranquila, pero no dejaba de verse nervioso. — ¡DEVUELVEME A ESE BASTARDO AHORA MISMO!
Stuart retrocedía sin darle la espalda al moreno. Una cosa era matar gatos o conejos, pero otra era tomar una vida humana, eso trascendía la moral humana. En un instante de vista hacia la obscuridad, un par de ojos observaban
"Ojos de conejo para el pecado irremisible"
- ¡Jodete Murdoc! –se rehusaba a entregar al bebé que todavía lloraba entre sus brazos. - ¡Estas enfermo!
- ¡Stuart, entrégamelo! — como si de algún peluche se tratase Murdoc intento arrebatar el niño de los brazos del peliazul. Pero un puño se estrelló en su quijada haciéndolo perder el equilibrio y caer al suelo un poco mareado.
No tuvo tiempo de reaccionar, algún objeto se estrelló con fuerza en su nuca. Lo último que vio, fueron los ojos en la oscuridad, encendidos cual carbones, desaparecer. Luego la nada.
Stuart con la respiración agitada sostenía un madero, mientras que el pequeño niño seguía llorando sentado en el suelo. El peliazul comenzó a llorar. Sintió la tierra moverse debajo de él, y aquella horrible sensación de ser observado desapareció.
La lluvia afuera parecía haber empeorado, truenos y relámpagos hacían presencia.
Stuart con la nula experiencia con niños, había logrado calmar al menor quien ahora dormía entre sus brazos. Lo observo dormir, envidiando el hecho de que posiblemente olvidaría todo eso.
Después de un rato, removió el cabello del niño, era suave, lacio y aun en la obscuridad brillaba. Mirándolo bien, se le hacía familiar. El niño se removió incomodo pasándose torpemente la mano regordeta por el rostro. Y el modo en que frunció el ceño le aclaro la mente.
Murdoc, quien aun seguía desmayado en el suelo, gruñía perdido en sus pesadillas, dando más de un susto al peliazul.
Sintió un nudo en su garganta y las lágrimas volviendo a picar en sus ojos. Ahora todo tenía sentido. Las palabras del moreno ahora tenían sentido.
No paró su llanto, lloró con fuerza aprentando el niño en su pecho, con cuidado de no aplastarlo demasiado.
Necesitaba ayuda. Su mente solo lo llevo hacia dos personas.
Sostuvo al niño con un brazo mientras con el otro buscaba su móvil. Al encontrarlo marco el número esperando con los tonos la contestación de la otra persona.
- ¿2D? ¡Hey, tiempo sin hablar!
- ¿Damon?... Ne-necesito que me ayudes…
