¡Hola, amigos de Fanfiction! Un saludo, de nueva cuenta disculpas por la tardanza, he trabajado como loco por proyectos personales ajenos a la escritura, pero mantengo mi compromiso de terminar lo que comienzo... les aviso que este es el Penúltimo capítulo, sniff. No se pierdan próximamente el esperado final, espero que sea de su agrado, muchas gracias reiteradas para todos los que siguen este fic, me gustó mucho en lo personal, exploré facetas de mi escritura que no sabía que las tenía, y me da gusto de que hayan sido un completo exito. Un abrazo muy especial a Shadowstar, gracias por tus fics que me ampliaron el panorama, tu única forma de escribir valen la pena, en verdad... Anhell, tus fics también me animaron a seguir y nunca rendirme. JAki, gracias por tus porras, eres la fan Numero 1 de Toffu y espero no decepcionarte jeje, a mis demás amigos que siguen la historia, un abrazo de Halloween...

Feliks

Capítulo Decimotercero
Serás la Mejor

1

—¡Tigresa!
La pequeña cachorra, de cinco años de edad, volvió sus enormes ojos ámbar hacia aquella voz que la llamaba insistentemente. Era su madre.
—Tigresa…
—¿Mande? ¿Mamá?
—Hija… quiero que vengas. Tu padre y yo necesitamos hablar contigo.
Su habitación, decorada con motivos de flores, yin yans y pinturas de paisajes típicos del dormitorio de una niña pequeña, se desplegaron ante su vista. Había despertado de un largo sueño, le parecía que sus párpados pesaban mucho, pero aún así se levantó. Tigresa se sobresaltó; no estaba fuera de su cuerpo como las veces anteriores, era ella misma, a la edad de cinco años, cuando aún faltaba un año para incorporarse a la clase del Maestro Shifu. Vestía un precioso qipao amarillo con motivos de flores, y zapatillas que parecían de ballet. Sin pensarlo mucho, la pequeña felina se dirigió a la sala principal de su casa, donde sus padres esperaban que llegara.
Su padre, un tigre enorme, amarillo, de ojos del mismo color y vestido con una túnica roja impecable, miraba al vacío. No pareció reparar en su presencia, a diferencia de su madre, una tigresa de un gran porte y belleza. Era casi una copia exacta de ella en la actualidad, pero con variaciones en las rayas negras de su cara. Portaba un velo que le cubría la cabeza, y un vestido verde esmeralda que cubría la mayor parte de su cuerpo. Su mirada era triste y carente de expresión.
—¿Qué pasa? ¿Mamá? —rompió el silencio.
Su padre por fin se volvió a ella, y su mirada la fulminó, ordenándole callar. Tembló por un momento, pero se mantuvo erguida. La Tigresa adulta que estaba en su mente, no podía entender como podía estar en tal trance, mientras tenía enfrente al mayor enemigo que era Toffu. Pero aquello continuó, vívido, y pudo sentir cada estremecimiento de ella misma cuando apenas era una cachorra.
—Seré yo quien hable, hija, y serás tú quien calle. —La voz del señor Tigre era como la de un castillo viejo, grave y sin inflexiones en su tono. —Te llamé, Tigresa, porque quiero que hoy queden claras las cosas para todos, entre tu madre, tú y yo. Y empezaré: Yo NO quería una niña por hija, no aceptaré no tener un hijo varón, y no aceptaré que alguien que yo procreé sea un debilucho.
Cada una de las palabras de su padre se clavó hondo en su corazón. Había sellado ese momento tan amargo en su vida infantil… pero lo veía dentro de aquella niña temblorosa y próxima al llanto. Su madre no se movió ni un centímetro.
—Por desgracia, hace días me enteré que tu madre no puede darme un hermanito para ti, y como consecuencia, un hijo varón, fuerte y que sea el mejor guerrero de China. Eso me colma de infinita tristeza e impotencia, porque juré ante lo más sagrado, que no tendría otra mujer, y no puedo romper ese sagrado juramento…
Tigresa pequeña seguía sin entender, pero la adulta, escondida en el recoveco de su mente infantil, sabía perfectamente lo que su padre le decía: era su sentencia de vida.
—…Por lo que hoy mismo hablé con el Gran Maestro Oogway y el maestro Shifu, y gracias al juramento que presté, te han aceptado como alumna en el Palacio de Jade. No hay honor más grande, hija, serás la primera mujer que se eduque en ese templo. Shifu no quería, pero Oogway accedió. Tengo todo listo para que en tres lunas comiences tu entrenamiento.
—¿E… entrenamiento…?
—¡Que te calles! ¡Sólo yo hablaré, te lo dije! —Su padre se paró, y ella retrocedió un paso. Parecía una montaña. Su madre cerró los ojos, conteniendo el llanto hasta donde podía. —Esto es importante, hija. Serás la mejor guerrera de China, serás lo que un hijo mío nunca podrá ser. Dejarás esas tonterías de niñas bonitas, y en vez de jugar con muñecas te pondrás a practicar algo provechoso ¡Serás el orgullo de Valle de la Paz cuando te conviertas en la primera Furiosa de la Historia, y quién sabe, ser la Primera Guerrera Dragona! ¡Eso sería lo ideal!
Sí, ahí estaba. Era la razón principal de todo su existir, y la Tigresa adulta comprendió desde el fondo de su espíritu lo manipulada que había sido su vida desde que apenas tenía conciencia. La sentencia de su padre y el silencio de su madre flotaron en la sala.
—Pa… papá…
—¡Que te calles! —un bofetón lanzó a la pequeña hacia el suelo alfombrado. Tigresa sintió aturdirse, pero más le dolían las palabras de su imponente padre. Su madre no movió ni un músculo.
—¡Yo no tengo la culpa de tu destino, hija mía! ¡Cúlpate a ti por ser mujer, y a tu madre, por no hacerte varón! ¡Mis palabras están decididas, y harás lo que dije! Llevarás la consigna de ser la mejor de todos, ¡la mejor en TODO! Hazte a la idea, con permiso.
Señor Tigre salió de la casa dando portazos… su madre se apresuró a levantarla y abrazarla.
—¡De-déjame! ¡Déjame déjame, mamá, los odio, los odio! —Los ojos de la pequeña por primera vez brillaron de furia, y su madre se asustó al ver reflejado a su papá en esas pupilas rojas como brasas. La niña salió disparada a su habitación sin mirar atrás.

2

—…¡Estás preñada, maldita golfa!
La voz tipluda de Toffu regresó en un abrir y cerrar de ojos. No podía creer que un parpadeo pudiera ver aquella parte decisiva de su vida actual. Shifu no era la razón principal por la que Tigresa contuviera de tal forma ese odio, esa falta de sonrisa y el entrenamiento intenso en el Templo Jade. Xian le había dicho que esa ira contenida tenía que liberarla. Se había librado de una buena parte gracias a él y a Po, pero… ahora comprendía. La habían programado desde muy pequeña, le impusieron una pena que no le correspondía… ¡su padre…! cómo lo odiaba, inconscientemente, cada vez que una patada le salía mal, cuando Shifu la regañaba y la castigaba por indisciplinada y no hacía las formas de pelea correctas…
—¡AAAHHH! —Toffu esta vez levantó la vista, y salió de la habitación. —¡No te vayas a mover, preciosa, permíteme dos minutos para pensar qué rayos haré contigo!
Cerró la puerta suavemente. Tigresa quedó a solas en la enorme habitación semidestruida. Por el momento Maestra Tigresa no le importó Toffu, pues había encontrado algo que creía perdido: su razón de vida, su plan predeterminado por su propio padre. Pudo haber sido cualquier otra cosa, menos una guerrera. Supuso que por eso odiaba a Po al principio, por el amor que le tenía al Kung Fu, cosa que ella no sentía en lo más profundo de su ser. Era la mejor, pero odiaba la vida que le habían escogido. Desde ese entonces fue una niña violenta, le gustaba mostrar superioridad con los demás, y se daba el lujo de humillar a los débiles como Po. Cerró los ojos.
—Ahora comprendo… ahora lo sé… gracias, Padre. Aunque en parte te odio por esto, debo mi felicidad pues así conocí a Po. Llegué a donde querías, soy una Furiosa, una de las mejores guerreras, pero mi panda es el Guerrero dragón legítimo, eso nadie, ni Oogway ni Shifu podrían haber eludido.
Y sí, estaba embarazada. Se frotó el vientre todavía plano, pero que pronto seguro se expandiría. Su padre la hubiera matado de enterarse que el padre de su nieto era un panda tonto, gordo y blandengue. Pero sus padres estaban muertos, al igual que los de Po. Era mejor así.
—No eres la mejor guerrera, estúpida —una voz salió detrás de la puerta que Toffu acababa de cerrar. Una sombra se convirtió en una tigresa, vestida de negro con los símbolos imperiales resaltando en brillos plateados. —Yo soy la mejor, y ahora mismo te lo comprobaré, gata.
—¿Y tú, quién eres? —Aunque la pregunta sonó estúpida, Tigresa recordó al momento a una de los tres integrantes de la Cofradía principal.
—Yuri, la mejor discípula de mi maestro Toffu, y la que te enviará al Infierno.
Diciendo esto, Yuri se lanzó con todo su poder en una patada. Tigresa la esquivó y contraatacó, pero la alumna de Toffu lo bloqueó hábilmente. Dio dos vueltas en el aire y cayó de pie, con una perfecta defensa flecha, lista para matar a la Furiosa.
—Siempre deseé pelear contigo, Tigresa; pero mi Maestro no me permitía ir al Templo Jade. Al fin mediremos fuerzas, y qué bueno que no tienes dañada tu pierna. Estamos en las mejores condiciones, y no me importa que estés embarazada, eso no cuenta, debe ser apenas una semilla…
—Pero es mi hijo, estúpida. ¿Te ha permitido Toffu pelear conmigo?
Yuri no contestó a esa pregunta, pero una gota de sudor pareció resbalar de su nariz. Sí, estaba desafiando a su maestro al pelear por su cuenta.
—Esto terminará antes de que Toffu decida qué hacer contigo ¡Vamos, pelea, Tigresa, no me decepciones!
Yuri se lanzó rápidamente con un puñetazo directo al vientre de Tigresa. Ésta, en su instinto protector, se defendió esa parte, dejando vulnerable su cuerpo. Yuri lo esperaba, y dando giros en el aire como un helicóptero, surtió ocho patadas directas al rostro de la Maestra. La fuerza de los golpes la lanzaron y estrellaron violentamente contra los pilares.
—Ma… maldición…
Yuri rió, confiada.
—¡Ja! ¿Así que eras la mejor guerrera? Te falta conocer el mundo, Tigresa. Acabaré contigo y tu hijo, y después me haré cargo de ese panda imbécil que se dice llamar Guerrero dragón.
Tigresa se incorporó con dificultad, limpiándose unas gotas de sangre que le caían del mentón.
Hijo, que estás dentro de mí, si me escuchas, ¡protégete lo mejor que puedas, por favor! Que el poder del Guerrero Dragón que habita en tu padre te guarde, porque es posible que tenga que moverme muy rápido y golpear muy fuerte. ¡Sopórtalo, sopórtalo por favor!
—No sé para que te levantas. Quédate ahí y espera a que te corte tu linda cabecita. —Yuri rugió, y sus pupilas, de un color violeta, giraron como huracanes. Estaba emocionada.
Esta vez, Tigresa cerró los ojos, y comenzó a concentrar su energía. Tenía que usar su propio Ki para derrotarla, pues Yuri en verdad era una buena oponente, estaban muy equilibradas. Su energía, mezcla de verde esmeralda con ámbar, comenzó a brotar como una cascada de su interior. Respiró hondo.
—Prepárate, Yuri.

3

El brillo azul del choque de energías disminuyó, y mostró a dos guerreros enfrascados en una lucha sin cuartel. Po golpeaba a Yakon, pero éste se jugaba la vida aplicando golpes sobre el cuerpo blando del panda. Eran golpes de energía, y cada uno recibía un daño considerable. Saltaron, y a muchos metros de altura continuaban golpeándose y generando energía que brillaba como estrellas.
—Dai… ¿qué podemos hacer? —Ying miró preocupada a su mejor amigo.
—No, no podemos hacer nada. Si nos metemos, esa energía nos aplastará. Hay que estar alertas para que puedas aplicarle un Behoma a Po.
—Sí… sí… Ying no tuvo más remedio que aguardar. Los dos guerreros continuaban luchando y bloqueando sus golpes al mismo tiempo.
—¡AAAAAAAAHHHHHH! —la energía de Po creció más que la de Yakon, sus ojos brillaban de furia, y Dai se asustó, pues ése no era Po, o al menos no lo reconoció. Debía ser el Guerrero Dragón que despertaba en él por momentos y lo obligaba a luchar.
Ambos peleadores cayeron de pie, abriendo respectivas grietas en el suelo lleno de cadáveres y se prepararon para una embestida final. Yakon gritó, y preparó un puñetazo, mientras Po lo preparaba con un codazo…
El choque sonó como un estallido de pólvora de grandes dimensiones. El suelo tembló, ante la incredulidad de los pequeños, y una nube de polvo cubrió la explanada. Algunos cuerpos salieron despedidos del campo de batalla.
Cuando la nube bajó, los dos guerreros continuaban de pie. Ambos habían asestado sus mejores golpes. Dai y Ying observaron petrificados cómo Po se arrodillaba, haciendo un rictus de dolor visible. Yakon seguía de pie, imperturbable.
—Muy buena pelea… Guerrero Dragón… un hilillo de sangre resbaló de su hocico, el tigre puso los ojos en blanco, y cayó a los pies de Po.
—Lo mismo digo… rayos, no mentía cuando dijo que era más fuerte que Yalam. Eso sí me dolió un poco… —Po se frotaba donde había recibido el golpe de Yakon.
Dai y Ying llegaron corriendo a su lado, preguntando como estaba, abrazándolo y dándole palmadas en la espalda. Dai comprobó que esta vez Po si era él mismo, no tenía los ojos bélicos que vio en la batalla. Ying le aplicó un Behoma.
—Gracias, hermana, me siento mucho mejor —le dijo Po, sonriéndole con ternura. Ying no podía creer que su hermano, tan bueno y tierno, hubiera hecho esos cráteres y venciera a tantos guerreros. Era en verdad el Maestro Dragón, el descendiente de Xian.
—Vámonos, niños, todavía no se acaba esto…
—Je je je…
Una risa moribunda vino a ellos desde lo bajo del cráter que había provocado el impacto de sus golpes.
—Yakon… sigues vivo. —Po lo miró con repulsión. No duraría mucho en su estado. El tigre estaba agonizando.
—Nunca podrás llegar a mi Maestro… ni con todo tu poder podrás entrar al Palacio. Será inútil, panda, inú…
Yakon expiró. Aún quedaba un miembro de la Cofradía, y el propio Toffu. Y Tigresa estaba atrapada dentro del palacio imperial. Po no lo pensó más, corrió a la entrada de palacio, y saltó hacia la barda. Pero una fuerza invisible le impidió pasar del otro lado, y lo expulsó hacia atrás. Po cayó de una forma graciosa e impotente. El conejito y su hermana panda lo alcanzaron mientras el Guerrero Dragón trataba de incorporarse.
Esta vez, Po lanzó su cuerpo contra la gigantesca puerta de madera, pero no la movió ni un milímetro. La golpeó y pateó, pero la madera ni siquiera se agrietaba. Po esta vez golpeó el suelo, con la ira cegando sus ojos.
—Tal vez Yakon no mentía… pero tenemos que entrar, tenemos que hacerlo, o Tigresa…
«Usa tu energía, no uses la fuerza, Po»
La voz de Xian aún resonaba en su mente, en uno de tantos entrenamientos…
Esta vez Po sonrió, y se volvió a Dai y Ying. Éstos se quedaron de piedra, pues de nueva cuenta el Guerrero Dragón hablaba a través de Po.
—Yo no abriré esas puertas. Ustedes lo harán.

4

—¿Qué demonios pasa aquí? —Toffu miró atónito la pelea entre las mejores guerreras de toda China, en su recinto de meditación. Yuri se volvió al panda rojo, y se apresuró a hacer una reverencia.
—¡Se-señor! —¡Permítame castigar a esta tonta que no sabe pelear!
Toffu las vio de arriba abajo, escrutándolas.
—Veo que ya no necesitas mi permiso, Yuri, pues ya empezaste. No te pases de lista conmigo, te lo advierto…
—¡No señor! ¡Ella quería escapar…!
—Silencio —una voz muy peligrosa y que seguro Yuri conocía de memoria la obligó a callar. —De hecho, iba a pedirte que te encargaras de ella. Quiero saber de una vez por todas quién es la guerrera más poderosa de China, tal vez del mundo… así no me iré con las manos vacías.
—¡Sí señor! Se lo demostraré. Yo soy suya, yo soy…
—Que te calles, Yuri. Demuéstramelo, si es así. Sírveme de algo —Toffu sonrió con sus dientecillos asomando por la comisura del hocico. Tigresa lo odiaba, y más por manipular todo lo que tenía a su alrededor, a sus discípulos.
—Será un honor darle un heredero, Maestro. —Yuri sonrió, y se volvió hacia Maestra Tigresa, que ya se preparaba para luchar. Sacó las garras, escondidas desde hace mucho tiempo, y desenfundó los colmillos, lista para todo.

La pelea comenzó como un torbellino de golpes y patadas, muy equilibrada y con Toffu observando atento los movimientos de cada una.
El panda rojo confiaba en Yuri. Desde que Yuri llegó al palacio, justo como él lo había hecho, pobre y muriéndose de hambre, la cobijó, y la crió con ayuda de las matronas del templo. A esa chiquilla le gustó golpear y patear desde el principio. Su vocación siempre fue el Kung fu, y a él se dedicó el doble y a veces el triple que Yakon y Yalam, quienes ya sobresalían como su orgullo y mejores discípulos. Toffu no había dimensionado lo poderosa que era, seguramente por prejuicios de hombre… pero Yuri en verdad era muy hábil. Obedecía todos sus castigos, le era más fiel que los guardias imperiales y sus compañeros de la Cofradía.

Pero Tigresa también era hábil, y usaba el Ki.
La pelea era muy veloz, y el ojo de Toffu las seguía hasta casi salirse de la órbita. Patadas giratorias, golpes de tigre, golpes de espada… Toffu miraba sorprendido cómo cada una clavaba sus garras y colmillos en la otra, buscando ofender lo más que se pudiera.

Una patada muy buena despidió a Maestra Tigresa hacia la puerta principal de la Sala de Toffu, y la destruyó con el impacto. Casi enseguida, se paró de espaldas, antes de que Yuri acometiera con un rodillazo asesino al cuello. La pelea se extendió por los pasillos, destruyendo las paredes, rompiendo la hermosa duela que recubría a lo largo y ancho del palacio. Esta vez un potente golpe de tigre de Maestra Tigresa impactó de lleno en el pecho de Yuri, y la lanzó por el pasillo, volando como una flecha. Cayó con una pata apoyada, pero no evitó abrir un surco en la duela. Las dos estaban agitadas por el gran esfuerzo. Yuri se irguió, y con una seña provocadora de la palma de su mano, invitó a su enemiga a pelear.
Tigresa pateó diecinueve veces, pero sólo dos patadas dieron en el blanco. Esfero la contraofensiva de Yuri, y ésta no se hizo esperar. Bloqueó la mayor parte de la andanada de patadas y golpes. El qipao de combate que Ying le confeccionó funcionaba excelentemente. Apenas y tenía unos cuantos rasguños.
Las paredes estallaban, el pasillo era una revolución. Hasta que tigresa mandó a volar a Yuri, estrellándose en un enorme ventanal y despedida hacia fuera. La siguió, y ambas aterrizaron golpeándose en una enorme plataforma cuadrada. A su alrededor habían muchas gradas vacías, como si fuera un estadio…
Ambas contendientes se separaron, bufando.
—Bienvenida al ring imperial, Tigresa, no hay mejor tumba que esta ¿eh? Qué honor que pueda darte una paliza aquí…
Aplausos. Venían de las gradas y su eco resonaba incómodo en sus oídos.
—Muy bien, ¡Muy bien, Yuri! ¡Gánale y gana la gloria imperial!
Toffu vitoreaba, mientras Sun Yatsen lo imitaba. A su lado también estaba su esposa y los herederos imperiales. Por lo demás, las gradas estaban vacías.
—¿Oíste, tonta? Será mía la gloria. Tengo el apoyo del Gran Emperador, que es casi un Dios en la Tierra.
—Ése no es el legítimo emperador —escupió Tigresa, con un poco de sangre de los golpes que recibía. —Es un usurpador, y el verdadero está afuera de palacio. Es Po, y su hermana también es la legítima heredera al trono.
Yuri perdió el balance por un momento.
—¿Qué blasfemias estás diciendo?
—Lo que oíste, perra. Po es el legítimo emperador, y yo soy su esposa. Y de él es quien espero un hijo.
La voz de Tigresa fue suficiente para ser escuchada por todo el estadio. Toffu se quedó de piedra e intentó no mirar a Sun Yatsen, que oía todo sin saber como proceder. Sus hijos, que estaban animados por la pelea, callaron al instante.
—¿Escuchaste, Sun Yatsen? —le gritó a las gradas —¡Se acabó tu reinado de falsedad! ¡Y tú, Toffu, tu mejor que nadie sabes que Po es el Guerrero Dragón!
Toffu estaba embargado en cólera, y apretaba los puños. Gritó con toda su furia.
—¿Qué esperas, Yuri? ¡Mátala! ¡Mátala YA!
—Si vamos, Yuri. Sigue siendo parte de esta farsa de tu Maestro, y mátame. Mátame como lo has hecho con miles de inocentes. Inténtalo.
Yuri dudó por una fracción de segundo, pero recobró la mirada violácea que le caracterizaba cuando estaba a punto de pelear con todas sus fuerzas.
—Yo… yo… ¡Te mataré ahora, Tigresa! ¡Esta es mi última carta!
Yuri sacó las garras, y éstas se extendieron el doble de lo normal. Concentró su Ki en la punta de las mismas, y esa energía color violeta brilló a su máximo en la punta de sus filosas uñas. Sonrió. Con un movimiento de sus garras hizo un ademán de corte hacia Maestra Tigresa…
En un instante, la Furiosa sintió que la piel se le seccionaba en cortes por todo su cuerpo. El qipao, supuestamente invulnerable, se rasgó. Eran marcas de garras, de Yuri.
—¿Qué tal eh? ¡Toma más!
Otro ademán de corte con su garra, y a pesar de que Tigresa se cubrió la cara, los cortes le alcanzaron los brazos y el vientre. Una energía poderosa la empujó y cayó de espaldas contra el suelo. A cada corte sentía fuego recorrerle la piel, como si fuera magma el que le quemara en vez de energía.
—No… no puede ser…
Trató de incorporarse, pero otra ráfaga de cortes apenas la alcanzó en la pierna derecha antes de que saltara. El piso de la plataforma se abrió en surcos y las piedras volaron junto con Tigresa.
Pero Yuri era rápida. En el aire le aplicó una buena patada en el seno derecho que le dolió muchísimo. Sintió las garras de sus patas clavarse en su esternón, antes de caer de espaldas al suelo otra vez.
—Estábamos muy niveladas, pero mi energía hace la diferencia, gata estúpida. Te muestro respeto porque eres el primer oponente que me hace usar todo mi poder. Lástima…
Yuri esta vez no iba a mandar ráfagas; iba a clavarle las filosas garras en el cuello de Tigresa, quien estaba indefensa…
ZZZZZZZZAAAAKKKKK

—No… no me subestimes, Yuri. Yo fui condenada a ser la Mejor, desde antes de que tú dijeras que te gustaba el Kung Fu. Decidieron cómo sería mi vida. Mi padre a quien tanto detesté por haberme enviado al templo Jade… él quiso esto. Y no moriré, después de tanto sufrir… se lo prometí a Po…
Tigresa sujetaba las poderosas garras de Yuri con sus manos desnudas. Un chorro de sangre corría por sus muñecas y sus brazos mientras ella sostenía el golpe de Yuri sobre su garganta.
—¡Tú! ¿Cómo…?
Una energía, la misma que había despedido, esmeralda y ámbar combinados, chispeó en sus manos. Sus ojos también estaban inundados de ése brillo que se intensificaba. Yuri intentó zafarse del apretón, pero no podía.
—¡Ah! ¡Suéltame! ¡Maldita, suéltameeeeee!
Yuri sentía por primera vez el dolor que antecede la muerte. Un grito de Tigresa, y un apretón más fueron suficientes para romperle las garras a Yuri. Sintió los músculos y tendones resquebrajarse junto con el hueso, mientras aullidos de dolor de la última guerrera de la Cofradía llenaban el recinto de diversión del Emperador.
Una patada apartó a Yuri de encima, y la tiró de espaldas a la plataforma. Se revolvía incrédula al ver sus garras destrozadas. No podría golpear de nuevo.
—Ríndete, Yuri. La pelea terminó. —Tigresa se acercaba caminando, erguida y orgullosa, hasta su oponente con ojos tranquilos y despidiendo esa energía combinada que la hacía diferente de apenas unos minutos.
—No entiendo… yo… yo soy… —balbuceaba Yuri.
—No… te equivocas… yo soy la Mejor. —rectificó Maestra Tigresa, con el convencimiento total fluyendo de sus pupilas.