Hola una vez más... y con una sorpresa incluida, ¡Aún no acabo! Esta es -espero- la penúltima entrega de la Búsqueda de la Verdad. Me cuesta mucho dejar esta gran historia, en verdad que se me escapó de las manos, y eso demuestra que no controlamos lo que escribimos, la historia nos controla a nosotros. Saludos de nueva cuenta a todos los que siguen la historia, a ver que les parece.

Feliks

Capítulo Decimocuarto
Dragón Final

1

Maestra Tigresa apenas tuvo tiempo de reaccionar al disparo de energía que hizo Toffu desde las gradas; el disparo, un rayo de luz roja, pasó a su costado y vio impotente como atravesaba el pecho de Yuri. Ésta abrió mucho los ojos, sorprendida, mientras del agujero de su pecho brotaba la sangre.
Toffu mantenía su dedo índice levantado, con una expresión severa que no se parecía en nada a las demás. Se mordía el labio inferior con sus dientes que parecían sierras. Sun Yatsen lo miraba también sorprendido…
—Eres una inútil… Yuri, confiaba en ti, me has decepcionado completamente. Una alumna mía vencida por una alumna de Toffu y Xian…
De su interior comenzó a brotar esa energía oscura, intimidante. El emperador tuvo que alejarse corriendo con su familia, pues el calor que se empezaba a concentrar en las gradas subía de intensidad. Tigresa sintió su cuerpo estremecerse de nuevo, pero esta vez estaba preparada: concentró su Ki de tal forma que pudo escudarse de la abrasiva energía del Maestro Rojo.
—Así que Xian te enseñó lo básico. Peor para ti, linda Tigresa… —esta vez Toffu sonrió, y se relamió el hocico. La felina detestaba esa seña. Le recordaba a la noche sangrienta en el Templo Jade.
—Por mis amigos Furiosos, y Shifu, te haré pagar… —Tigresa encendió su energía, pero…
Toffu había desaparecido. Sólo pudo ver un borrón de energía en las gradas donde se hallaba instantes antes.
—Aquí estoy, preciosa.
El panda rojo, con una rapidez impresionante, rompió el escudo de energía de tigresa y clavó sus colmillos en su hombro derecho. Tigresa no pudo reaccionar, sólo sintió como si cientos de alfileres se clavaran en su carne y sus venas… algo comenzaba a invadirla por dentro… se sentía débil, más débil… cayó de bruces sobre la plataforma. Pudo ver que Yuri también agonizaba, y el mareo se intensificó. Era como caer de un barranco. Lo sintió una vez, ése día que había muerto y que Po pudo rescatarla.
—Ya no me interesa tener un heredero. Las mujeres son unas estúpidas, de hecho sólo sirven para dar más problemas y corromper al hombre… te acabo de inyectar un veneno que poco a poco te matará, Tigresa preciosa. Y al hijo bastardo que llevas dentro, por descontado. No necesito a nadie más que a mi fuerza para conquistar China, y el Guerrero Dragón es lo único que se interpone. Quiero que sufras, mientras mueres poco a poco. Ahora, saldré a poner punto final a…

Un estruendo cimbró las gradas y una luz brillante iluminó la entrada al enorme ring imperial con forma de Yin Yang. Tigresa sintió esa energía muy particular, y sonrió, confiada, mientras el veneno actuaba por todo su sistema nervioso y circulatorio.
—Ga… gánale, mi Po.

2

El Guerrero Dragón, el gran defensor de la justicia en toda la China, por fin hacía su aparición en el umbral del escenario de la última batalla, el ring imperial que contenía la forma de los dos poderes, el bien y el mal que ya tenían que enfrentarse y chocar con todo su poder. Toffu sintió por un momento la duda, la duda que tiene un guerrero al cuestionarse sobre su propio poder. Po lo miraba a los ojos, con un enojo visible y que dejó escapar las palabras previas al último combate, aquellas que tanto tiempo esperó decirle en la cara a su máximo enemigo mortal:
—Prepárate… a sentir el Trueno, maldito loco.

Toffu rió, y esa risa estentórea se apagó cuando Po rugía y se lanzaba hacia él, ondeando su traje protegido por el dragón que había hecho su hermana. Toffu se sintió desconcertado por un instante, y eso dejó que Po incrustara su puño lleno de furia en su mejilla. El golpe de energía lanzó a Toffu fuera de la plataforma y lo incrustó en la gradería. Apenas tuvo tiempo de verlo porque se dirigió a Tigresa, que seguía tirada sobre la plataforma.
—Tigresa… ¡Tigresa! ¿Estás bien? No…
La maestra Tigresa estaba semiinconsciente, pero pudo ver a Po con sus ojos entrecerrados. Le sonrió.
—Qué… qué bueno que llegaste, mi amor. Te extrañé tanto…
—¿Qué te hizo Toffu? ¿Qué te…?
—No, no hables —Tigresa le puso un dedo en la boca con ternura— Lo importante es que concentres tu poder y derrotes a Toffu, no te preocupes por mí… sólo quiero decirte, que estoy…
Una patada con una fuerza sobrenatural casi le arranca la cabeza al panda. Lo lanzó de igual forma hacia las gradas, y un sonido destructivo acabó con una buena parte de ellas al estrellarse Po.
—¡Estúpido panda! ¡Nada de lo que hagas podrá con mi poder! —Toffu rió, pero esta vez sus ojos bullían inyectados en sangre.
Un grito de Po, y salió disparado hacia el panda rojo. Éste ya lo esperaba preparado, y bloqueó todos sus golpes y patadas. Se daba el lujo de apartarlos con una sola mano. La energía oscura protegía a Toffu y lo hacía invulnerable ante los golpes del Guerrero Dragón. Por fin, pudo dar de lleno a la barriga de Po con un golpe, y éste sintió que un fuego infernal penetraba por su cuerpo.
—¿Qué pasó con tu energía, panda estúpido? ¡Vamos, atácame!
Po intentaba conectar un golpe, pero era como tratar de aplastar una anguila, simplemente el panda rojo se escurría entre sus puños y patadas, mientras él seguía siendo un blanco fácil. Esos golpes no le causaban cosquillas como los de Tai Lung, eran verdaderamente dolorosos.
¡Diantres! ¡No puedo golpearlo! Es como si mis golpes resbalaran a través de su cuerpo. ¿Qué puedo hacer?, pensaba Po. Una nueva patada lo derribó de espaldas contra la plataforma. Miró a Maestra Tigresa, y a la otra felina, tiradas a un costado. ¿Debía terminar así? Todas las penalidades, tanto trabajo en la Búsqueda de la Verdad que al fin aparecía nítida ante sus ojos, y un malvado come niños iba a gobernar China si no lo derrotaba. ¿Pero qué más podía hacer un Guerrero Dragón? ¿Acaso Toffu había ido más allá, y su poder era inalcanzable?
No, no puedo hacerlo, ¡Es muy poderoso!
—Acabaré de una vez con este juego, que ya me está aburriendo, panda. Si eres la única esperanza para tus amigos, es una pena.
Toffu alzó su mano, y las garras salieron como cuchillas de su mano. Preparó un golpe de espada directo al corazón de Po.
—Po… Po… no puedes perder… ¡No tienes derecho a perder! ¡No tienes derecho a perder ante la maldad! —Tigresa murmuraba con los ojos entrecerrados, mirando a Po directamente.
—¡Ja, ja! ¡Pues mira como pierde, lindura! —Toffu empuñó su garra, y bajó hacia el corazón del Guerrero…
[TAAAAKKKKK]
La garra penetró la piel de Po, y ahora buscaba su corazón. Un chorro de sangre salpicó y el grito ahogado de Dai y Ying se congeló en el aire.
—En esto se resume mi victoria, panda inútil…
Po sujetó la garra de Toffu, y detuvo su avance dentro de su pecho. Tenía que concentrar su energía, debía hacerlo, de lo contrario…
No… tengo… derecho… ¡a perder! ¡No tengo derecho a perder! Todo lo que hemos hecho, lo que Xian sacrificó, mis padres que nunca conocí… ¡No puedo perder ante Toffu!
—¿Qué? —Toffu empezó a sentir la presión de Po desde adentro de su pecho, y su garra salía poco a poco del interior del panda. Una energía verde esmeralda, del color de las escamas del dragón, brilló por un momento, y Po sacó de un tirón la garra de Toffu, y lo lanzó con todas sus fuerzas a uno de los pilares del templo imperial. Éste se partió en dos, y Toffu terminó adentro del templo. Un ruido de muchas cosas cayéndose, jarrones y floreros quebrándose en mil pedazos por el paso del panda rojo, ocuparon el ambiente. Dai y Ying miraban impresionados la lucha final, y no querían perderse ni un momento…
—¡Váyanse! ¡Tienen que salir de aquí, chicos…!
—¡GRRRRAAAAUUURRR!
Toffu contraatacó de inmediato, propinándole una formidable patada al cuello que lo incrustó en la plataforma. Toffu se elevó en el aire a gran velocidad y...
—¡Esto acabará contigo! ¡BETÁN!
Toffu dijo el hechizo, y apuntó con cuatro dedos a las cuatro extremidades de Po. Unos puntos luminosos aparecieron en sus brazos y piernas, y a una señal, una presión lo enterró en la plataforma como si fuera de agua. Explosiones de tierra y piedra del ring imperial volaron por todas direcciones mientras el Guerrero Dragón desaparecía bajo el yin yang.
El silencio se hizo cuando Po desapareció en el cráter. Toffu esta vez miró a los jóvenes, asustados, que no sabían que hacer.
—Díganle adiós a su héroe. Morirá enterrado hasta el centro de la misma Tierra, su tumba ya está hecha… y ustedes… parecen un buen plato fuerte. No están tan tiernos… pero necesito comer un poco, he he he…
—N… No… maldi…to…
—¡Tigresa preciosa! Aún no te mueres… eso si es sorprendente. Te decapitaré como lo iba a hacer mi discípula —Toffu se volvió a la Maestra, que trataba inútilmente de pararse. Dai y Ying corrieron hacia la plataforma, pero Toffu los inmovilizó con una simple mirada.
—Espérenme ahí, chicos. —les sonrió, y se relamió el hocico. Ying temblaba de miedo, y Dai hervía en coraje. Tenían que ayudar a Po, y a maestra Tigresa…
—¡YIIIAAAA! —Dai salió del influjo poderoso del panda rojo, y sin pensarlo, se lanzó decidido. Ying le gritó algo que no pudo escuchar, Toffu se volvió sorprendido...
Dai dio un golpe directo al pecho de Toffu. Por un momento, éste sintió el impulso de caer, pero la furia de ser blanco de un mocoso fue más, y lo sujetó del cuello con gran velocidad. El conejo pataleaba y trataba inútilmente de golpear al tenebroso maestro, pero no podía. Tigresa estaba como al principio de la lucha, inválida, sin poder hacer nada, justo como cuando Yalam lo iba a matar… Po necesitaba regresar, ella perdía sus sentidos más y más… Dai le sostuvo la mirada al enemigo hasta que…
—Mocoso insolente… ¿Cómo te atreviste a tocarme? ¡Merazoma!
Un chorro de fuego salió del dedo de Toffu como un soplete, y en instantes cubrió al pequeño Dai, bajo la mirada impactada de Ying, y con la impotencia de Maestra Tigresa. Esta vez Po no podía llegar a tiempo, no pudo…
—¡NOOOOOOOOO!

3

Po sintió un mareo repentino. Estaba suspendido… ¿en el aire? ¿Aplastado por toneladas de tierra y piedras? Ahora recordaba… estaba bajo metros y metros de la plataforma imperial. Sabía que algo había pasado, el presentimiento llegó a su cerebro, y de hecho eso le había hecho reaccionar.
Una energía… un Ki, había desaparecido.
Alguien había muerto ahí arriba.
¡No! ¡No puede ser!
¿Quién fue? ¿Quién? ¡Se había prometido que nadie más moriría, no mientras el viviera! ¿Acaso Toffu había…?
Tenía que salir de ahí. Tenía que…
—Fui yo.
La voz de Dai la escuchó tan clara, que creyó que él también estaba enterrado junto. Pero la imagen del conejo, el único superviviente de Valle de la Paz, el único vínculo que los pudo unir en los momentos más desesperantes… pero la imagen de Dai en su cabeza estaba intacta. No tenía ninguna marca, nada…
—Lo siento, Po. Hice algo tonto… y si no sales ahora, Ying y Tigresa morirán sin remedio. Toffu me mató, lo siento, Po, lo siento…
—¡No! ¡NO! ¡Dai, tú no!
—Creo que ya no veré el nuevo futuro del que hablaron, lo siento Po. Debí morir en el Templo Jade, pero lo que viví con ustedes, fue el regalo más grande que alguien pudo darme. Fui testigo de milagros, de tus peleas, de tu amor con Tigresa. Fui muy feliz, a pesar de que mi familia ya no estaba. Ustedes fueron mi última familia, y les agradezco. Ahora, me reuniré con mis padres y mis hermanitos. Dile a Ying que la quise mucho, que me perdone…
—¡No, Dai, tu eres el que debe perdonarme, por ser tan débil!
Dai le sonrió, y se volvió de espaldas. Una luz comenzó a envolverlo.
—Salva a los demás. Haz el milagro y sálvalos. Sé que tu puedes, siempre fuiste el Guerrero Dragón, desde que te nombraron, siempre creí en ti, y creo mucho más ahora. ¡Levántate, Po! ¡No tienes derecho a perder, eres mi héroe y siempre lo serás! ¡Levántate!
Dai se perdió en la luz, y de nuevo todo quedó sumido en las tinieblas de la nada. Po lloraba, de impotencia, de ser siempre débil, de no poder ayudar a los demás.
Y sobre todo, había hecho una promesa. Estaba rota. Todo se había roto.
—¡Toooooo…. ffuuuuuuuuuuuuu!
Po cerró su puño hasta sangrarlo, pues bajo toneladas de tierra y piedras, apenas y era consciente de su cuerpo inmovilizado. La energía crecía, una energía esmeralda que lo cubría, y lo calentaba. Perdía el sentido, la furia lo adueñaba por completo…

4

—…creo que primero comeré un poco, pandita sabrosa, he he he. Mientras tu amiga gatita muere, me deleitaré con carnita jugosa de panda, muy escasa hoy día. Tú, Tigresa querida, observa mientras me sirvo.
Ying no podía moverse, y el pánico, dolor y furia se mezclaban en uno solo. Dai estaba muerto, carbonizado, y Po bajo tierra. Tigresa estaba a punto de morir, y ella…
—N-No… ¡NO me toques! —Ying abrió mucho los ojos, Toffu rió con ganas, y llegó hasta ella. Su garra se dirigía a uno de sus bracitos…
[RRRRRRUUUMMMMBLEEEEEE]
—¿Qué? ¿Qué rayos? —Toffu miraba sin comprender el cráter donde su Betán, su hechizo de presión más poderoso, lo había incrustado hacia el centro de la Tierra. De ahí una energía esmeralda salía disparada como un rayo láser hacia el cielo, y la plataforma tembló. Un ruido que parecía un lamento de la misma Tierra emergía como un disparo, hasta que por fin el Guerrero Dragón salió hacia el cielo envuelto en aquella cascada de poder.
Po, el Guerrero Dragón, el mismo que a través de los siglos luchaba y peleaba con justicia y bondad, había desaparecido en el panda bonachón que preparaba fideos con su padre Ping, en aquel restaurante de un Valle ahora extinto. Sus ojos, completamente esmeraldas, destilaban furia abrasiva sobre un individuo, su enemigo.
—¡Toooooo…. ffuuuuuuuuuuuuuuuu! —gritó, suspendido en el aire.
Po vio el cuerpecito del que fuera Dai, carbonizado a un costado de la plataforma. No había nada que hacer por él. Nada. Nada. ¡Na…!
—¡GGGGGGGG… GRRRRRRRRRRRRAAAAAUUUUURRRRRR!
Un aullido extraño, como aquel que exhaló mientras sostenía el cadáver de Viper entre sus manos y veía caer uno a uno a los habitantes de Valle de la Paz, surgió desde lo más profundo de su ser.

—Nunca lo uses, hijo.
—¿Pero… es ésa la esencia de un Guerrero Dragón, Maestro?
—Sí. Una vez me acerqué lo suficiente a ese poder, y es monstruoso. Ni yo, ni tú, estamos preparados para usar tal poder, Po. Sella esa puerta, no entres jamás en ella, o nunca regresarás.
—¿Y si no me queda más remedio que usarlo, Xian?
Tal vez te conviertas en un ser amorfo, sin sentimientos o conciencia. Actuarás bajo reflejos de la misma batalla. Aún contra Toffu, no debes usarlo. Pondrás en riesgo tu vida y la de tus amigos. Séllalo. Yo le llamaría Dragón Final. Nadie en la historia de nuestra dinastía guerrera lo ha usado, y no lo harás tú.

Las palabras del Gran Maestro Xian, en uno de los entrenamientos en el bosque de bambú. Xian le había advertido de no elevar más allá el poder de un Guerrero Dragón, ó…

Todo se conjuntó. Dai carbonizado. Tigresa envenenada y a punto de morir. Ying con el rostro del miedo a ser devorada por un maldito monstruo…
Perdón, Maestro. ¡Perdón…!
Po liberó el Poder. No pudo más, la furia llegó como un tren bala a su cerebro, y la sangre bombeó litros de sangre a mil revoluciones por segundo. El panda gritó, y de él parecieron salir los guerreros del pasado, elevando su Ki más y más.
—¿Pero qué hace? —Toffu se había olvidado por completo de Ying, y miraba el cielo, que se había convertido en un verde intenso. Relámpagos cargados de voltaje rodeaban a Po. Su color…
¡Su color se invirtió! El pelo negro era blanco, y lo blanco era negro. La cara de Po era negra, sus aros alrededor de sus ojos se tornaron blancos, su nariz se hizo blanca junto con sus orejas, unos colmillos puntiagudos crecieron dentro de su hocico, y el grito terminó con la transformación del Dragón Final, el último guerrero que jamás se había conocido en la Historia. Los ojos de Po eran los únicos que conservaban su verde intenso. Tigresa apenas podía verlo; sólo sentía un poder inmenso, un poder que opacaba fácilmente el de Toffu.
Po quedó suspendido un momento, mirando fijamente a Toffu. El panda rojo no podía moverse, y sudaba frío. El Guerrero Dragón no mostraba signos de furia o de algún otro sentimiento, sólo permanecía suspendido en el aire, rodeado de energía esmeralda y rayos muy poderosos que se perdían entre su pelaje, erizado a toda su extensión, dándole un aspecto mucho muy diferente al oso panda original. El dragón que Ying le había bordado parecía moverse a su alrededor con vida propia.
—Ying… —Po habló desde muchos metros arriba, pero ella lo escuchó claramente. —Llévate a Tigresa, salgan del Templo, váyanse lejos ¿entendiste?
—Yo… yo… no…
—¡Que se vayan, maldita sea! ¡Sólo me estorban! —Po lanzó una mirada llameante a Ying, que reaccionó con lágrimas en los ojos.
—He… hermano…
—¡Llévatela, con un demonio, LÁRGUENSE! —El grito hizo que pedazos de piedra de la plataforma se desprendieran y estallaran en el aire.
Toffu no podía moverse. Tuvo que ver, impávido, cómo Ying se llevaba entre los brazos a Tigresa, casi a rastras. Por fin reaccionó.
—No creas que se irán así de fácil, panda —levantó su dedo índice y apuntó a la espalda de Ying que ya salía del ring… antes de poder accionar su mente, Po ya lo tenía agarrado de la mano, apretándole con esa furia salvaje que ya no estaba contenida, sino liberada por todo su cuerpo. Los huesos tronaron, y Toffu gritó.
—Ya… ¡basta! Maldito asesino, mataste a Dai… eso nunca te lo perdonaré, aunque me lo pidas de rodillas, te pulverizaré ¡No quedará nada de ti, maldito!
—Arrrgggh… ¡Suél…ta…me!
Toffu liberó también energía oscura, pero fue porque Po lo quiso, que se pudo soltar de su tenaza. Ying y Tigresa habían salido del ring.
—No te mataré al instante, imbécil. Sufrirás cada muerte, cada niño que comiste, cada mujer que violaste, por Valle de la Paz y mis amigos Furiosos…
—¿Así que te crees mucho eh? Elevaste tu poder, cierto, pero no eres…
Un golpe que se hundió en su estómago, llegó hasta el fondo de su abdomen antes de que el panda rojo pudiera sentirlo de verdad. Salió volando como nunca lo había hecho, pero en vez de estrellarse contra las gradas, Po ya lo esperaba, pateándolo como una pelota de fútbol por todo el ring imperial a una velocidad vertiginosa, imposible. Por fin chocó contra las losas del suelo de la plataforma, levantando una nube de polvo y tierra.

Ying sacaba a Maestra Tigresa con dificultad. Estaba muy mal, y tenía que aplicarle un Behoma cuanto antes. Su hermano se haría cargo…
¿Pero en que se había convertido Po? ¿Era él quien hablaba?
Una vez su tío Xian le contó sobre un poder más allá de lo imaginado, sólo la Leyenda podría retratarlo, porque no sabía de nadie que no le importara ni su propia vida y seguridad… todos los seres reprimen su energía para no hacerse daño ellos mismos, inconscientemente, pero los que logran pasar esa barrera… Ying lloraba, pues no sabía que iba a pasar con el Po bueno, bondadoso y que reía, el que hacía cosas graciosas. ¿Acaso lo volvería a ver? ¿Estaba dispuesto a dar su vida para terminar con la Maldad?
—Po, hermano… ¡no mueras! Regresa con nosotros. Yo estaré esperando…