Capítulo Decimoquinto
Una puesta de sol para ti
1
Toffu escupió un coágulo de su propia sangre, mientras trataba de ponerse en pie, doliéndose del cuerpo y preguntándose qué rayos le había pasado al panda estúpido, y porqué tenía tanto poder. Jamás había sabido de aquella transformación, y eso era parte que reafirmaba algo que se negaba a creer: Po era el Guerrero Dragón auténtico.
—Ma… ¡Maldita sea! ¡Toma esto! ¡BETÁN! —rugió Toffu, atacando de golpe al panda. Po no se movió, y recibió las ondas de presión como si nada. La gradería se estrujó y hundió como una lata de refresco; quedó reducida a chatarra, mientras el Guerrero Dragón continuaba mirándolo, impasible, sin sufrir daño alguno.
—Golpéame, Toffu. Vamos, inténtalo. —Po le sonrió sarcásticamente, y el panda rojo sintió la cólera hervirle por dentro. Reunió energía oscura, haciendo temblar el enorme ring en forma de Yin Yang. Saltó y con todas sus fuerzas golpeó a Po, en el hocico, en la barriga, en los brazos. Descargó toda su ira con patadas y golpes que estremecían el palacio imperial, y tal vez toda China. La sangre de Po salpicó la plataforma y continuaba recibiendo los embates del hermano de Toffu, sin mover un solo músculo. Toffu suspendió el ataque y se alejó, jadeando y riendo, confiado.
—¿Ves que tu velocidad no cambia? Podrás tener mucho poder, pero eres un…
Po se volvió hacia él. Continuaba sonriendo.
—Tus golpes… me dan cosquillas, justo como los de Tai Lung. ¡Esto es un GOLPE! —Po juntó sus puños y soltó un golpe que hundió a Toffu en la plataforma, una copia casi exacta de su Betán. El panda rojo sintió que la tierra se lo tragaba.
[RRRUUMBBBLLEEE]
—¡Ahhhhhh! ¡Maldito panda! —Toffu salió volando, como si la tierra lo hubiese escupido de nuevo a la superficie. Miraba desde las alturas con su único ojo inyectado en sangre y odio hacia el Guerrero Dragón. Sus ropas desgarradas, la sangre chorreando de su nariz y mentón, lo hacían ver como un cadáver furibundo.
—¿No vas a reír, Toffu? ¿Quieres más sangre? Creo que llegó la hora de que pruebes la tuya propia. Mataste seres inocentes, te comiste su carne, bebiste el placer… te toca sufrir, maldito. Mataste a Dai… Lo… ¡MATASTE!
Po regresó al combate, con una furia que crecía cual torbellino. Descargó su furia en sus golpes sobre Toffu, que no podía hacer nada para defenderse. Intentó dar un puñetazo al hocico de Po, pero éste le sujeto la mano, y con la otra, le dio cientos de bofetadas que le volteaban la cabeza hasta casi el punto de arrancársela.
—¡Esto es por los Furiosos! ¡Por Mantis, Viper, Mono y Grulla! ¡Por los habitantes de Valle de la Paz!
Los golpes del Guerrero Dragón sonaban como una metralleta, mientras de sus ojos fluían las lágrimas del coraje al hacer el recuento de víctimas mortales de Toffu, que debían ser miles. Lo sujetó del cuello, lo oprimió hasta casi decapitarlo, y lo lanzó con toda su fuerza hacia el centro del palacio. Un ruido ensordecedor anunció el tremendo impacto de Toffu sobre la estructura, y nubes de polvo salieron disparadas cual volcán en erupción. Para rematar, Po dirigió su mano hacia el palacio, y disparó un rayo de luz que hizo explosión en el lugar donde había impactado su enemigo.
Un borrón negro salió de aquella nube de tierra, y reveló a un Toffu disminuido, jadeante. Po dejó que se recuperara.
—Acabaré con esto de una vez, Toffu. Despídete, y salúdame a Shifu en el infierno.
—Ma… Maldición. No tengo… otro remedio… —Toffu cerró su ojo, respiró profundamente, y por un instante Po no sintió su Ki, era muy extraño. Toffu respiró de nuevo, y el viento dejó de soplar. Los sonidos se hicieron lejanos, y el panda rojo fue aumentando de tamaño. Energía oscura muy poderosa se concentraba en su pecho, y lo hacía crecer a cada latido del corazón.
—¡Víctimas que me pertenecen! ¡Las llamo para que cumplan su objetivo! —Toffu gritó, y al fin su tamaño llegó a ser el mismo de Po. Su traje de entrenamiento se rompió gracias a los enormes músculos que saltaron por todo su cuerpo, y quedó en pantalones. Su cola del pelo se encrespó, y su único ojo se transformó en una raya negra muy parecida a la de una serpiente. Sus colmillos afilados crecieron hasta parecer cuchillos de carnicero, y todo su pelo se pintó de un rojo intenso. Sus garras saltaron como navajas de rasurar.
—¿Qué rayos…? —Po parecía sorprendido. No sólo el aspecto de Toffu había cambiado como el de él. Su poder oscuro era…
Toffu lo miró, sonriendo, y el viento creció como un huracán en un instante. Po usó su propio poder para no salir disparado.
—¿Qué tal? Yo también puedo transformarme. No quería hacerlo, porque jamás volveré a ser yo mismo… pero esta victoria lo vale todo, ya me di cuenta de eso, panda imbécil. Vas a probar la energía oscura de mis víctimas. Este es el secreto de mi poder. Los sentimientos de las personas a quienes maté, los niños que comí, vivos, me proveyeron de sentimientos oscuros antes de morir de formas horribles… y deliciosas. Esa energía ahora me protege, y me hace… ¡INVENCIBLE!
Un golpe de vacío de Toffu mandó esta vez a volar a Po por los aires, y antes de que pudiera reaccionar, ya lo esperaba atacándolo por la espalda, a una velocidad superior a la de él. El panda rojo lo pateó como una enorme pelota de playa, devolviéndole los golpes que momentos antes le propinara.
Esos golpes nuevos de Toffu sí dolían. Sintió una costilla quebrarse allá adentro, y cada vez que quería bloquear los golpes, sentía que éstos le quemaban la piel y le fisuraban los huesos. Un golpe recto a la cara de Po casi le vuela la cabeza, y lo hizo impactar contra la plataforma, que ya estaba semidestruida.
—¡Prueba este Betán Oscuro! ¡AHHH!
Toffu impactó su poder contra el cuerpo del panda, y esta vez media plataforma voló en pedazos, enterrando a la última esperanza de China en lo más profundo del palacio. Po perdió el sentido y se rindió a las tinieblas, mientras sentía la energía y su vida escurrírsele de las manos.
2
Ying aplicaba el Behoma con toda la energía que le quedaba, en el umbral de la entrada principal del Palacio; Tigresa en verdad estaba muy mal, y el veneno se rehusaba a salir por completo. Usó el hechizo Kiyari para sacar el resto, arriesgando su vida puesto que la energía de curación que le quedaba ya se había acabado, y ahora usaba la energía de su Vida. Tenía que hacerlo por su hermano que también se jugaba la suya en el ring imperial. Los golpes que se daban estremecían el suelo, y hacían volar las piedras de los pilares. El choque de energías era tremendo, y a Ying no le quedaba más que darlo todo.
—Despierta, Tigresa, por favor… despierta… ummm…
Ying sentía que se desvanecía. A la pandita le quedaba poca energía de su vida, y no podía dar más. Pero Maestra Tigresa aún no recuperaba el sentido. Y Dai estaba muerto, en su intento por proteger a todos, en un acto supremo de valentía contra un enemigo poderoso. Se obligó a darlo todo, por Po, por Dai… por su futuro… un brillo final de energía explotó en el umbral de la Puerta de Palacio.
Por fin Ying se desmayó. Espero que sea suficiente, por favor, Dios, que sea suficiente… Dai…
3
—¡SÍ! ¡AL FIN! ¡Maldito panda, estás muerto! —Toffu reía jubiloso al pie del enorme cráter provocado por el impacto de Po, al no sentir por ningún lado la energía de su Ki. Debía estar del otro lado del planeta con semejante Betán oscuro. —Me causaste muchos problemas, y además me hiciste adoptar esta maldita forma… no importa, yo gané y ahora…
—Aún no, Toffu.
Una patada le dio de lleno en la cara y lo hizo tambalearse. Vio estrellas por un momento. Esa voz…
—¡Tú!
Maestra Tigresa, con su elegante pose de Defensa Flecha y los ojos llameando furia, aguardaban al panda rojo. Su qipao, el mismo que le confeccionara Ying, ondeaba como un símbolo de última esperanza para el Futuro. Toffu rió por lo bajo, mostrando sus colmillos más grandes y afilados que nunca. Tigresa retrocedió un paso al sentir la presión de la energía oscura que emanaba por todos los poros de ese maldito.
—¿Te asusto, preciosa? Cierto, perdí mi belleza, pues los dos necesitamos transformarnos en nuestros propios monstruos para vencer. Por eso he ganado.
—¿A… a qué te refieres, maldito? —tigresa aún estaba un poco débil. El Kiyari de Ying había resultado, y el veneno salió, pero…
—Tu mente es muy pequeña para comprenderlo. Te haré un último ofrecimiento: sé mi esposa, y gobernemos este imperio, y el Mundo también. Mi poder puede destruir montañas y abrir los mares, y tú, la guerrera más poderosa de China, serás mi compañera perfecta. Es tu última oportunidad, preciosa. Po está muerto, y no hay nadie en este mundo capaz de…
—¡Cállate! ¡Cállate, maldito! ¡Mi respuesta es la misma, y lo será siempre, me das asco, me repugnas! ¡Yo… haré lo que pueda, para mandarte al infierno!
Toffu rió con ganas, regodeándose de su poder.
—No necesitaré ni la mitad de mi energía oscura para matarte. Po sintió casi toda, pero seré caballeroso contigo.
Toffu se movió a una velocidad que Tigresa no pudo adivinar su movimiento, y cuando se dio cuenta, ya la abrazaba por detrás. No podía zafarse, usando toda su fuerza, era como si una boa constrictor la tuviera a su merced. Sintió su asqueroso cuerpo repegarse al de ella, mientras Toffu pasaba su lengua por su cuello lascivamente.
—No seas necia, pequeña. Sé mi esposa, y evita un final doloroso. En un instante puedo apretarte tanto que te saldrán los ojos, y tus intestinos reventarán por dentro. Usa la cabeza, y únete a mí. Eres tan, deliciosa… creo que al menos te haré mía, ahora que puedo, y después de mataré…
—¡No! ¡Maldito, suéltameeee!
Usa tu energía, Tigresa. No la fuerza ni la ira, recuérdalo. Usa el Ki, no uses los músculos. Usa tu cabeza y conéctala a la energía de tu vida, hazla explotar. Toffu es muy poderoso, pero él no entiende esto. Puede usar el Ki gigantesco y oscuro, pero la energía de luz puede apartar las tinieblas, si crees lo suficiente. ¡Cree en ti, en el Amor y la Justicia, tal como lo hizo Po al devolverte tu vida, arriesgando la de él!
Xian lo dijo. ¡Sí! ¡Tenía que hacerlo! Tenía que usar su energía de Luz para apartar a Toffu, de lo contrario, Po moriría enterrado. El Ki… El Ki de la Luz…
—¡AAAAHHHHHH!
—¿Qué rayos…? Esta Luz… —Toffu sintió por primera vez una presión luminosa, que comenzaba a opacar sus tinieblas… ¿sería eso posible? Tigresa se iluminó de una luz amalgamada en verde y ámbar. Era el color de la energía de su alma recompuesta por Po, y ahora brillaba, apartando el abrazo mortal del panda rojo. Éste comenzó a ceder. Como un latigazo, Tigresa lanzó a Toffu de espaldas a la plataforma por primera vez. Éste no podía creerlo. Ni Po transformado podía hacer tal cosa.
—Co… conque la energía de Luz. Maldito Xian. Pero no creas que sólo con Luz podrás vencerme, he he he.
Tigresa mantenía los ojos cerrados, expulsando enormes cantidades de luz. Tenia que mantener esa concentración, para que Toffu no la tocara.
—Es verdad. Po es el único que puede acabarte, Toffu. Él es el Guerrero Dragón, y te dará tu merecido.
—¡Él esta Muerto! Ya no puede hacer nada para ayudarte, Tigresa, y si lo único que puedes hacer es defenderte con la Luz, yo acabaré primero contigo…
Toffu hizo una señal con las manos, símbolo de su técnica más poderosa, y la dirigió con todo hacia Maestra Tigresa.
—¡BETÁN… OSCUROOOOO!
Tigresa recibió el impacto como un mazazo; los choques de la luz contra la oscuridad en medio de la plataforma crearon relámpagos negros y blancos cegadores, mientras las enormes paredes que representaban la energía de Toffu y Tigresa no parecían ceder.
4
De nueva cuenta, Po se hallaba en un limbo de tiempo y espacio, flotando apaciblemente en los confines subterráneos del templo imperial. Había perdido sus cinco sentidos, y se aproximaba a la muerte con lentitud pasmosa. Sintió dos energías que se debatían en la lejanía; una la reconoció de inmediato, era el Ki oscuro de Toffu. La otra… era una combinación de un Guerrero Dragón… y…
¡Maestra Tigresa!
¿Maestra Tigresa estaba peleando contra Toffu? Sin sus sentidos, lo único que podía percibir era esas energías. La de Tigresa era sorprendente; cálida y llena de amor y justicia. Podría ser incluso más grande que la suya, pues sentía el tenue equilibrio entre la poderosa energía oscura. Tenía que volver, o Tigresa tarde o temprano cedería ante la presión del nuevo Toffu. Pero no sabía cómo. La vida se le iba poco a poco, y su poder no podía con el del panda Rojo, a pesar de convertirse en el Dragón Final.
—«Eres un tonto, Po».
Alguien se comunicaba directamente a su Ki. ¿Era eso posible? Esa voz…
—¿Viper? ¿Eres tú?
—«Así es, Po. Todos nosotros. Mono, Mantis y Grulla»
—«¡Po, no te rindas!» —gritó Mono —¡Eres la última esperanza, amigo! —le dijo Mantis —¡Salva a Tigresa y derrótalo, hazlo por todos! —terminó Grulla.
—¿Pero que puedo hacer? Ese maldito se convirtió en energía oscura, ¡y ni como Dragón Final pude acabarlo!
—«Por eso te digo que eres un tonto, Po» —le recriminó Viper— «Eres mucho más poderoso que él, por el simple hecho de ser justo y bueno. No es justo quien come niños y asesina pueblos. Nadie así puede dominar China, por eso No Tienes Derecho a Perder ¡No tienes derecho a perder con semejante escoria!»
—«Él nos mató fácilmente, mató al Maestro Shifu…» —Mantis cortó en seco al paso de otra voz que todos conocían. Po no podía creerlo.
—«Sí, Po. Ellos tienen razón. Yo siempre fui más débil que todos, a pesar de ser su Maestro. Te hice un mal que jamás podré pagar, y tengo la culpa que mi hermano sea lo que es ahora».
—Ma… Maestro Shifu… usted… —Po estaba anonadado. No podía verlo, pero sentía su energía y voz. Eran de pena y arrepentimiento total. Shifu continuó.
—«Me puedes escuchar, porque estás al borde de la muerte, y una pequeña conexión permite que atisbes donde nosotros estamos. No debes rendirte ahora, eres el único que puede vengar las muertes de tus amigos, del Valle de la Paz, de tantos niños inocentes… hijo, Tigresa te espera allá arriba, tienes que ayudarla, o entonces otro ser querido tuyo morirá. Te hiciste una promesa, ¿recuerdas?»
¡La promesa!
Era cierto. Po había prometido que nadie más moriría mientras él terminara con Toffu. No podía romperla una vez más…
—«Tigresa espera un hijo tuyo, Po» —La voz de Viper sonó llena de ternura— «Aún tienes un futuro que vale mucho, y no puedes dejar que ese sujeto te lo quite así como así».
—¿Un… hijo? ¿Un hijo de Tigresa… y mío? —Po esta vez reaccionó sintiendo vibrar cada poro de su piel, y sus sentidos poco a poco regresaban, calentando su cuerpo, mientras las voces de sus amigos y maestro se oían cada vez más lejanas. Volvía a la vida, mientras reunía su energía.
—«Sí, Po. Es hijo tuyo, una nueva mezcla impredecible, pero que gracias a los milagros ahora crece dentro del vientre de Tigresa. Tienes que derrotar a Toffu, tienes que hacerlo, si no, no habrá futuro alguno para nadie. Tienes la Justicia de tu parte, y esa es el arma más poderosa que existe, ¡úsala, Po, úsala!».
—Lo… ¡Lo intentaré! ¡Gracias amigos, gracias Shifu! Lo haré por ustedes, y por mí, y mi nueva familia…
5
Tigresa sentía ceder su energía de luz, mientras Toffu sonreía, impulsando toda su maldad compresa sobre ella. El Betán oscuro había reducido a polvo el área alrededor de Maestra Tigresa, y la plataforma ya sólo era un amasijo de tierra y piedras sin sentido, esparcidas por doquier.
—¡Ríndete ahora que puedes, lindura! —reía Toffu, gozando el enorme esfuerzo que hacía la Furiosa para no terminar enterrada como su oso. No podía dejar que esa energía tocara a su hijo. —Entonces, ¡Toma estoooo!
Toffu mandó toda la aplastante energía hacia ella, y como una cascada, la cubrió. La oscuridad se expandió por el ring imperial, y prevaleció como un ente corpóreo, comiéndose toda la luz de Tigresa.
—¡La presión del Betán no dejará nada de ti, Tigresa, JA JA JA!
Un silencio sepulcral se hizo por todo el palacio, mientras la energía oscura se paseaba y comía lo que encontraba a su paso.
—Ahora, nada se interpone entre…
Algo extraño pasaba con su Betán. En el lugar donde debía ir Tigresa, la energía oscura se abombó como un paraguas gigante. Poco a poco crecía, hasta que su tamaño se comparó al de un globo aerostático… iba a reventar…
—¡¿QUÉ?!
Como una burbuja enorme, la energía explotó, diseminando pequeñas gotas que desaparecieron carcomidas por una luz brillante. Po, el Guerrero Legendario, cargaba a Maestra Tigresa como a una novia, justo como aquella vez que tuvieron que huir del Templo Jade. Tigresa se sorprendió al ver el nuevo aspecto de Po, con sus colores pandas invertidos y sus colmillos, pero se tranquilizó al instante. Su energía estaba llena de amor y Justicia Verdadera, y eso era lo más importante.
—Po… eres tú… — y lo abrazó, estrechándolo y llorando de alegría.
—Tigresa —Po la miró con un amor intenso, aquellos ojos verdes que conservaban la inocencia y pureza del Po que una vez conoció y odió, pero que ahora esperaba un hijo de él, ni más ni menos. —Tigresa, tienes que irte… es muy…
—No, Po. Venzámoslo juntos. Es nuestro turno.
—No. —Po esta vez fue tajante —Tengo que proteger a nuestro hijo, y además, prometí que nadie moriría este día, a excepción de este sujeto.
Po miró furioso a Toffu, que le devolvía el gesto sin saber qué hacer. Milagro tras milagro. ¿Acaso él estaba mal? ¿Él era el que no debía hacer eso?
No. El Mundo se había puesto en su contra. Tenía que matar al Mundo, de ser necesario. Todos se burlaron de él. Yaaki…
—¡Ya me cansé de estos juegos! —Toffu gritó, mientras Po bajaba a Tigresa. Él la cubrió con su cuerpo justo cuando el panda rojo lanzó rayos oscuros muy poderosos. Rebotaron en su cuerpo y volaron hacia el cielo, que ya empezaba a atardecer.
—Vete, mi amor. Ve con Ying, y aléjense del Templo. No quiero que les pase nada. Por favor. —Po miró otra vez a Tigresa, y sus ojos terminaron por convencerla.
—S…Sí, oso, está bien. Pero no quiero que mueras, por favor. Tu hijo, tu hermana y yo, estaremos esperándote, ¿de acuerdo? —Tigresa le devolvió la mirada ámbar y verde que su alma le había heredado, y Po entendió. Le sonrió, confiado.
—Yo ganaré, Tigresa, confía en mí. Quiero vivir el futuro cuando termine este día.
6
Cuando Tigresa salió corriendo del ring imperial, bajo la atenta mirada de los dos combatientes, Po se volvió, sonriente, al Maestro Toffu. Los dos estaban en malas condiciones, con los ropajes rasgados, moretones en diferentes partes del cuerpo, y con salpicaduras de sangre que aún goteaban sin coagular.
—Eres un estúpido, panda. Debiste haberte quedado enterrado para siempre…
—Ahora podré pelear sin distracciones, Toffu, así que si vas a pelear, hazlo con todo. Es el último round.
Toffu rió, con esa risa detestable, mientras cargaba toda la energía oscura que le quedaba. Po hizo lo mismo, con las voces de sus amigos muertos aún resonando en su cabeza. Estaban a punto de darlo todo, como gladiadores legendarios que daban la vida por ellos mismos.
—Soy el único que puede dejar en paz el alma de los miles que fueron muertos por ti, Toffu, incluidos Shifu y mis amigos. No te perdonaré, tienes que ser destruido.
—¡JA! Qué miedo me das, panda de caricatura. Ven, vamos a medirnos, gordo imbécil.
Una pausa de cinco segundos precedió al choque final de las energías que formaban la misma plataforma desaparecida de Yin Yang: la energía oscura contra la energía de luz. Un destello que iluminó la tarde que cada vez más oscurecía en el templo del emperador, se acompañó de un estruendoso choque de golpes, patadas y cabezazos. Los dos guerreros lo estaban dando todo en este ataque, Po sacando toda la furia acumulada desde aquella noche infernal en el Templo de Jade, hasta la muerte de Dai. Toffu por su parte descargaba todo su odio como no lo había hecho desde la pérdida de Yaaki.
Ambos se elevaron en el aire, y como dos centellas chocaban una y otra vez, produciendo ondas con sus tremendos golpes, fuera de toda imaginación. Toda China podía ver en el cielo, o al menos percibir, aquella batalla incandescente.
—Ying… Ying…
La panda despertó, con una pesadez y debilidad que la marearon. Tigresa era quien la llamaba, sonriéndole con sus enormes ojos verde ámbar, invitándola a despertar. Enseguida escuchó unas resonancias que venían del cielo.
—¿Qué es…?
—Po y Toffu están peleando allá en el cielo —Tigresa le señaló con un dedo el lugar donde dos estrellas colisionaban una y otra vez. Una era oscura y la otra luminosa.
—Es… el Equilibrio —soltó Ying.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Mi hermano y Toffu están formando un Yin Yang perfecto. Las energías del bien y el mal están ahora en perfecta armonía y equilibradas. Cualquiera puede ganar, Tigresa. ¡Dios mío! Xian me comentó alguna vez que si tal pelea ocurría, era posible que nunca terminara, o que los dos terminaran matándose.
Tigresa comprendió. Era cierto que Po y Toffu estuvieran en el mismo nivel, y era cierto que cualquiera podía ganar. Pero…
—Es verdad, pero recuerda, Ying, Po tiene la Justicia de su parte. No puede perder, es demasiado para que ese maldito se quede con todo.
—Vamos a rezar, oremos por la victoria del Guerrero Dragón. Es lo más que podemos hacer en este momento, Tigresa, por favor.
—No están solas —habló alguien a sus espaldas. Todo el pueblo de Bambú, todos los osos pandas habían llegado a las puertas del palacio, expectantes. Cargaban en hombros a Xian que descansaba en paz, pero había muchas caras descompuestas que miraban incrédulos el cielo.
—¡Po ganará! —gritó Chiu, el pequeño al que Po salvara la vida de las garras de Yalam. —¡Él es el guerrero más súper que he conocido!
—¡Sí! ¡El emperador verdadero triunfará! —gritó la madre de éste, la señora Wong.
—¡Tu puedes, Po! ¡Venga!—gritaron unos pandas jóvenes, alzando sus puños al cielo. Tigresa y Ying sonrieron, y alzaron también sus puños en dirección a las dos centellas. Poco a poco el murmullo se fue transformando en un grito de guerra de cientos de pandas, todos los habitantes del bosque de Bambú.
7
En las alturas, los dos guerreros antagónicos se daban con todo. Cada uno ofendía con golpes que se hundían en las carnes y huesos del otro quien lo recibía. Ambos no podían darse cuenta de la enorme fatiga, pues el odio y la furia podían más que la resistencia física. Cuando Po pateaba, Toffu lo hacía también. El yin yang del que hablaba Xian era verdadero, pues ninguno cedía. El poder de cada uno estaba encendido al máximo, y sólo el tiempo definiría al ganador. Los dos jadeaban y apenas eran conscientes de sus heridas. Al fin se separaron, midiéndose uno al otro, flotando en el aire. De pronto, el grito de la gente ahí abajo los alcanzó.
—Te aclaman, guerrero de pacotilla… ¡Puf, Puf! ¡Eres obstinado, maldito panda, deberías rendirte ahora que puedes eh! —cacareó Toffu, con la cara bañada de sangre y sudor.
—Lo mismo digo, Toffu —Po sonreía, a pesar de que la sangre le brotaba en hilillos del hocico. Estaba muy maltratado, y la herida de su pecho no quería cerrar por completo. —Ya estás viejo, y cansado, he he he.
—¡AAAAAAAHHH! ¡Ya lo veremos! —Toffu preparó una bola de energía oscura en la punta de su dedo índice. La rodeaban rayos púrpuras. Entonces, la lanzó con todas sus fuerzas hacia abajo, donde estaba el pueblo de Bambú reunido. —¡Despídete de tus amigos, Po!
—¡NO! —la bola surcó la tarde como una ráfaga hacia la gente que miraba impávida como aquella energía acabaría con todos.
Pero Nadie moriría ya, ¡Nadie!
Con toda su velocidad, Po llegó a interceptar la energía, pero Toffu se había adelantado a su movimiento, y mientras el panda se preparaba a rechazar la bola, lo atravesó por la espalda con sus poderosas garras. El dolor y la sorpresa del ataque por detrás dejó desprotegido a Po, y recibió de lleno el impacto de la energía oscura. Un grito de dolor y la explosión en el cielo precedieron la risa triunfal de Toffu, quien agitaba un brazo en el aire, mientras el Guerrero Dragón se precipitaba a tierra como un meteorito.
Po apenas evitó a la gente reunida, estrellándose contra los enormes árboles, abriendo un surco en el bosque que rodeaba el templo del emperador. El silencio se hizo y los pandas se miraban entre sí.
—¡Ayúdenlo! —gritó Tigresa, mientras Toffu bajaba del cielo, sonriendo triunfante a los amigos de Po. Algunos aldeanos, incluido Chiu, fueron a auxiliar a su última esperanza.
—No sirve de nada. Tiene dos golpes mortales, y no hay nada que hacer. —Toffu escupió sangre, y se relamió el hocico, mostrando sus colmillos. —en cuanto a ustedes, desaparecerán junto con su amigo el panda tonto.
—Primero pelearás conmigo, Toffu —Tigresa se enfrentó a él, ordenando retroceder a los aldeanos. El panda rojo rió con ganas.
—¡No me digas! Ni siquiera Po pudo detenerme. Ahórrate el sufrimiento, muriendo rápidamente, preciosa. —Toffu levantó su garra, llena de energía oscura…
—…Yo… ¡Yo acabaré con él! —gritó alguien. Toffu se volvió, sorprendido.
—¡Pero si aún vives, panda! —Toffu se volvió a Po, quien se agarraba un brazo, pues lo tenía roto por el impacto de la energía. Estaba muy mal, y apenas se podía mantener en pie.
—Prometí… que nadie más moriría hoy… ¡Y lo cumpliré! ¡Retrocede, Tigresa, todos, retrocedan, y vean la última pelea!
Toffu rió de nuevo, esa misma risa que le conocieron en el Templo Jade. Po ya estaba harto, ya tenía que terminar de una vez, antes de que él lo acabara. Se soltó el brazo roto, y lo dejó colgar libremente.
—Deberían aplicarte un Behoma… —murmuró Tigresa.
—Silencio. Con un brazo puedo vencerlo, no necesito ayuda…
Sin decir nada, Maestra Tigresa lo abrazó con ternura, y lo besó con toda la pasión que podía sentir al ver a su hombre dar el todo por el todo, lo besó como aquella primera vez en el bosque de bambú. Po se estremeció y correspondió a la caricia. La apartó suavemente, a pesar de que tenían a Toffu enfrente, a unos metros de distancia.
—Véncelo, Po. Y regresa a ser tu mismo, por favor —Tigresa lloraba, y el panda, el Po original, pareció salir por un momento, correspondiendo a aquellas lágrimas.
—Yo… lo haré. No te preocupes. Romperé el Yin Yang que nos ata a esta pelea, y todo acabará, mi amor. Obsérvame…
—¿Ya sabes cómo romper…?
—Sólo obsérvame, por favor, y no vayas a interferir. Te amo, Tigresa, y siempre te amaré, lo sabes. A nuestro hijo que aún no conozco también, y por él… daré todo lo que tengo.
Po se lanzó a una última batalla contra el panda rojo, pero éste lo apabullaba fácilmente, pues estaba más completo y podía burlarlo muy bien. Ya no era rival para Toffu, y Tigresa no podía creer que Po estuviera a punto de caer. Los aldeanos guardaron silencio, sin poder creer la masacre que estaban presenciando. Po ya estaba a merced de su asesino.
—Ya no hay golpes de presión, ni de vacío… simplemente mis puños, Po. Ahora terminará tu sufrimiento de una manera poco honrosa, y tus amigos te acompañarán en un momento…
Toffu preparó un golpe de espada, y esta vez su garra volvió a penetrar en la herida que le había hecho al principio en su pecho. Po gritó, y escupió sangre.
—¿Lo ven? ¡Obsérvenlo, observen bien…!
De repente, el rostro de Toffu se apagó. Algo raro pasaba. Po sonrió, y sin que pudiera hacer nada, abrazó como si fuera a un amante a Toffu por el cuello, inmovilizándolo. Su energía brilló como un sol por un momento…
¡Como un sol…!
—Soy un imán, Toffu. Adiós, maldito.
Tigresa… el sol se pondrá para ti, te lo prometí alguna vez, cuando estábamos solos y sin esperanza en la cueva del valle… éste es mi sol, que se pone para ti, y brilla con todo mi amor sólo para ti. Sé feliz, y cuida a nuestro hijo. Hermana, perdón, ahora conoceré a nuestros padres. De ahora en adelante yo seré un sol para ustedes, y los cuidaré arriba…
—¡Aaaaaaaaah! ¿Qué rayos haces, Po…? —Toffu tampoco lo podía creer.
Tigresa reaccionó muy tarde, no podía ser…
—¡NO, PO! ¡NOOOO!
Una explosión propulsó a los dos guerreros hacia el cielo, como un cohete. Todos tuvieron que caer al suelo por el impacto, y cuando la nube de tierra bajó, vieron impotentes como ese sol ahora navegaba por el cielo vespertino cual cometa despistado. Po se estaba despidiendo, llevándose a Toffu con él.
—No… Po… ¡POOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Tigresa lloraba y golpeaba el piso, Ying trataba de calmarla, pero ella también había escuchado el mensaje de su hermano. Se iba al cielo a convertirse en polvo de estrellas. El Yin Yang sólo podía romperse así.
—Hermano… no te mueras… no puedes acabar así…
Los aldeanos también lloraban, mientras observaban impotentes el ascenso del verdadero emperador, con el ser más odiado de China entre sus brazos. Era un sacrificio injusto, pero la estrella que brillaba como un segundo sol iba apagándose, señal que alcanzaba alturas más allá de la estratosfera.
8
—¡AAAAAAAAH! ¿Qué rayos haces, Po? ¡Suéltame!
—Lo único que me queda, maldito. Somos el Equilibrio, y nuestra batalla no hubiera terminado nunca. Tengo que acabarla ahora, y ambos nos fundiremos en el espacio exterior, fuera de la Tierra. Me convertiré en el sol, del futuro…
—¡No digas estupideces! ¿De qué sirve una victoria, si vas a morir, imbécil?
—Tú no podrías entenderlo. Nunca has dado la vida por nadie, sólo te has quejado de cómo la vida te ha tratado. Me das lástima, porque morirás sin comprenderlo nunca.
Los dos seguían escalando alturas a una velocidad impresionante, y Toffu no podía zafarse de la herida de Po, además de que lo tenía sujeto con firmeza de su otro brazo, y con las piernas entrelazadas sujetaba las de él. En verdad el inútil de Po iba a sacrificarse con él, todo por conseguir una victoria sin sentido… para su familia… para su gente… ¿Por qué lo hacía? ¿Qué objeto tenía, si no vería a su propio hijo nacer…?
—¡AAARGGHH!
Toffu gritó. La fricción lo empezaba a quemar, y su ropa desapareció. Po también comenzaba a quemarse, pues la velocidad de ascenso no se reducía, y pronto se convertirían en polvo de estrellas. En verdad se convertirían en sol…
Toffu, no mueras…
Esa voz.
Toffu, entiende a Po. Tú no debes morir así, entiéndelo. Arrepiéntete, por favor. Tú me dijiste una vez que nada valía más que el estar con quien amas…
Era Yaaki. Yaaki le hablaba, ahora que estaba muy próximo a la muerte, podía escucharla, justo como Po lo había hecho en las profundidades de la tierra a sus amigos Furiosos.
—¡Sí, Yaaki, lo sé, pero no puedo hacer nada! ¡Tomé el camino que yo mismo decidí, no puedes pedirme que entienda a Po! ¡He hecho tanto mal y lo he disfrutado, que no puedo retractarme! De hecho, los dos tenemos que morir, el equilibrio del Yin Yang se tiene que romper o jamás…
No seas tonto, Toffu…redímete, cambia, y ven a mi lado entonces. Si dejas que Po muera, entonces jamás podrás verme otra vez… iras directo al Infierno.
—¡AAAAAAAYYY!
La fricción empezaba a carbonizar su pelo, y ahora el olor a pelo quemado era más que otra cosa. Pronto saldrían al espacio exterior y entonces…
Jamás lo entendería… este panda no dudó en sacrificarse por lo que quiere… ¿acaso hubiera yo hecho lo mismo por Yaaki? —Pensaba Toffu. Algo allá en su corazón negro como su alma pareció latir.
No hay nada ni nadie para ti allá abajo, Toffu. Entonces ven conmigo. Deja a Po vivir en paz con su familia, y ven conmigo, y por fin sé feliz, sólo conmigo. Nuestro hijo también te espera… —la voz de Yaaki era tan jovial como la había conocido.
—¿Nuestro hijo? ¡…AAAARRRGH! ¿Pero cómo?
Nuestro hijo quiere conocerte. En el Cielo, me permitieron tenerlo, y te hemos esperado por mucho tiempo, Toffu. Por favor, deja de hacer tanto mal, y ven con nosotros. Tú conviértete en un sol y ven a mi lado.
Po ya estaba inconsciente, esperando el final. Toffu pateaba y golpeaba, pero nada funcionaba, estaba muy bien afianzado. Era como un imán… él lo había dicho, era un maldito imán…
¡Sí! ¡Eso!
—Por ti, Yaaki… sólo por ti. No te hago ningún favor, Po. Pero creo que estaremos… a mano… ¡AAAAGHHH!
La energía oscura de Toffu brilló por un instante como energía de luz, cambiándola por su oscuridad, y eso fue suficiente para que el imán invisible que los ataba (una idea genial del Guerrero Dragón para terminarlo) cediera. Toffu pateó con fuerza a Po, impulsándolo hacia abajo, esperando que no fuera tarde…
—¡Adiós, Po!, creo que entendí lo que me querías decir… adiós, fue una buena pelea… perdó…
El cuerpo de Toffu se fundió por la fricción, primero el pelo, la piel, hasta carbonizar los huesos y su ojo bueno… convirtiéndose en estrella, yendo directamente al encuentro con su geisha Yaaki, el único ser que había amado de verdad en el mundo.
9
Abajo, en las puertas de Palacio, Tigresa, Ying y los aldeanos lloraban a lágrima viva mientras la estrella desaparecía en el espacio exterior. El brillo terminó por extinguirse, y con ello la vida de los guerreros que habían dado todo en aquella pelea. Pero… ¿de qué servía? Se preguntaba Tigresa, mientras abrazaba a Ying, desconsolada. Po, el amor de su vida muerto… ya había dado su vida por ella una vez en el pasado. ¿Por qué otra vez tenía que hacerlo? Y esta, era definitiva. Su Ki había desaparecido con el mismo ascenso a su muerte.
—¡Miren eso! ¡Veo algo! —Chiu gritó eufórico —¡algo que cae hacia el bosque!
Loa aldeanos se volvieron, señalando el cielo. En verdad algo caía libremente hacia el bosque que rodeaba el templo. Tigresa lo vio, y reconoció al instante aquel bulto.
—¡ES…! ¡PO! ¡Po va a caer!
—¡Corran, tenemos que atraparlo! —gritó Ying, quitándose las lágrimas de los ojos.
Tigresa sacó fuerzas renovadas desde el fondo de su corazón, y corrió lo más rápido que pudo. Sus piernas, elásticas, dejaron atrás a Ying y a los aldeanos con facilidad. Conforme aquel cuerpo se acercaba a la superficie, Tigresa estaba convencida de que era Po, y debía estar… vivo. Tenía que estar vivo.
Tigresa subió con agilidad por unas colinas que se elevaban en los linderos del Palacio imperial. Las lágrimas surcaban su pelaje, y el corazón bombeaba emocionado. ¿Había ganado por fin el Bien? ¿Estaba vivo el amor de su vida?
Un chiflido poco a poco llegó a sus oídos, señal de que el enorme bulto pronto tocaría tierra. Voy, amor, es mi turno de atraparte y traerte a la vida, ¡Es mi turno, maldita sea!, pensaba Tigresa, mientras efectivamente, el cuerpo de Po era perfectamente visible.
Tigresa saltó, sus brazos buscaban a Po con toda su alma, y por fin lo atrapó. Lo abrazó, sintiendo su pelo sedoso, un poco quemado por la batalla, su cuerpo magullado y sangrante. Había regresado a la normalidad, al menos físicamente, porque era el Po de siempre, con los mismos calzoncillos remendados, pues su magnífico traje se había consumido en aquella pelea. La Furiosa aterrizó como los gatos, de pie, y con el mayor cuidado de que a Po no le pasara nada…
¡Respiraba!
Sí, estaba vivo, pero muy mal e inconsciente. Su herida del pecho era grave. Con ternura, lo acostó en el pasto. Pudo ver a lo lejos que Ying y los aldeanos todavía tardarían en llegar. Además Ying estaba muy débil para aplicarle un Behoma…
—Es mi turno, Po. —le sonrió cariñosamente, mientras se acostaba sobre él, y concentraba su energía. Nunca había curado, pero tenía que encontrar el modo de ejecutar el Behoma…
Se concentró en ayudar a Po. Con toda su alma, deseó que su cuerpo se regenerara, que sus heridas cerraran. Tenía que poder…
Una energía color rosa envolvió sus cuerpos, y sintió una calidez muy especial recorrerle el pelo. Una sensación de profundo bienestar la sacudió, mientras observaba que el pelo de Po se regeneraba, su herida del pecho cerró por completo, y los moretones desaparecieron. Tigresa se sintió mareada, y se desplomó exhausta junto a su oso.
El Guerrero Dragón abrió los enormes ojos verdes, poco a poco, y miró a Tigresa, que jadeaba a su costado, con los ojos entrecerrados, cansada, pero muy feliz. Se miraron y sonrieron. Con mucho cuidado, abrazó a su Furiosa, y la besó. Ya jamás querría separarse de ella, jamás.
—Estoy… vivo. ¡En verdad estoy vivo…! ¡Y soy yo, no soy un monstruo!
—Sip. —Tigresa cerró los ojos, llorando de felicidad. —Al fin acabó todo.
—¿Y… Toffu?
Su pregunta no fue respondida. La ausencia del Ki oscuro fue más que suficiente para él, y ahora llegaba Ying con todos los aldeanos, la algarabía explotaba mientras el sol al fin se ponía en las montañas lejanas, pintando de un rosa lechoso sus caras radiantes. Ying abrazó a su hermano, besándolo en todas partes, y los pandas del pueblo de Bambú lo alzaron en hombros.
—¡El Guerrero Dragón GANÓ! ¡Viva el Emperador! —Gritaban a coro. Una felicidad que no se veía en China desde hacía veinte años, por fin se respiraba en el ambiente. El verdadero emperador regresaba al trono.
Sin embargo…
—Dai —murmuró Po —Dai, no…
En ese momento, un aura verde y luminosa salió de entre las nubes, y tomó forma. Era un dragón volador enorme. Parecía de cristal, y Po ya sabía quién era. Era el Dios Dragón, el que una vez le concediera un único deseo…
—Dios Dragón…
—Me puedes ver una vez más, porque jamás esperé ver esto, Guerrero Dragón. A petición de Xian, y los guerreros del pasado, vengo a cumplirte un nuevo deseo. Esta vez no tendrá ninguna consecuencia, pues veo con mi infinito sentido común que es merecido, y que el Guerrero Dragón que ahora veo no dudó en dar su vida una sola vez. ¿Quieres felicidad eterna para ti y tu nueva familia? ¿Quieres que reconstruya el imperio?
—Nada de eso, dios dragón. Todo eso me espera, y sé que lo he logrado por mis propios medios. Quiero que traigas a Dai de vuelta.
—Ya veo. Insistes en revivir a las personas. Eres el primer Guerrero Dragón que pide tales deseos, y ya veo porque Xian y los demás guerreros insistieron. Hecho es. Adiós, Po. Disfruta tu Gran Victoria. No nos volveremos a ver, y es definitivo.
Un rayo de luz amarilla descendió en el templo, el dios de cristal desapareció entre las nubes, y a lo lejos Ying vio a un conejito correr hacia ellos, con los brazos abiertos. Dai llegó a la multitud riendo como loco, no estaba carbonizado, su pelo brillaba más que nunca, y lloró al abrazar a Ying, Maestra Tigresa, y al gran Po, su segunda y definitiva familia.
—¿Lo ves, Tigresa? —Po señaló el ocaso, con una sonrisa—Mira, el sol se pone, para ti, para todos nosotros. Se despide feliz porque cuando salga de nuevo será en verdad un nuevo amanecer, un nuevo Futuro, que ya es un Presente. Como dijo Oogway, es el regalo más grande que podemos tener, por eso se llama así.
Maestra Tigresa lo abrazó y dirigió la garra de Po hacia su vientre. Todos miraron con lágrimas en los ojos, como el sol moría en el horizonte, pintando ahora de rojo intenso el paisaje. Po tenía razón.
Cuando el sol emergiera de nuevo, el futuro convertido en su Presente, ya sería de ellos, y de nadie más.
Fin
7/Jul/08 - 10/Nov/08
Hola amigos de Fanfiction! Con lágrimas en los ojos, tengo que terminar un GRAN CICLO, ha sido maravillosa esta experiencia de crear un Fic de una película que ya forma parte de la videoteca de mi vida, debido a lo que representa para un servidor. Todo comenzó como un juego de niños, un regalo, y llegó a convertirse en algo bueno, una historia a la cual le saqué mucho provecho, y que debo decir, me encariñé mucho. Gracias a Kung Fu Panda también descubrí nuevos amigos que no sabía que tenía, fans que se enamoraron de mis personajes, y créanme, es halagador y hacen sentir muy muy bien a un servidor, pues siento que he cumplido mi misión principal: entretener y provocar sentimientos en quienes leen mis historias. Gracias, ShadowStar, por tu gran amistad, espero que sigamos en contacto vía MSN, sé que tus historias valen la pena, y serás un gran escritor aunque tú no quieras, porque tienes una forma única y excitante de describir y narrar (tu fic de Tigresa es impresionante y me ayudo a desinhibir mis letras). Anhell, gracias por tus lágrimas, tus risas, tus ganas de leer más de mis letras, ha sido un honor también leer tus fics y espero continuemos en contacto. Jaki, qué más puedo decir, una gran sorpresa saber que un personaje de mi invención tiene Fans, eso no tiene precio, es de lo mejor que me ha pasado en mi carrera de escritor (Toffu está de acuerdo contigo, te manda besos). Dragonsita, gracias por tus reviews y tus emociones plasmadas tal cual je je je... Shoujokrm26, tus comentarios también me impulsaron a seguir, y CREER en lo que estaba haciendo. Ya no deseo aburrirlos. Rayos, quiero darles una sorpresa adicional... este no es el Final Final... Esperen un próximo epílogo... espero en estos días terminarlo. Conocerán a alguien muy especial. Dejen por favor un review con una calificacion general del Fic además del consabido capítulo, se los agradeceré mucho.
Saludos, abrazos de su amigo,
Feliks
10/Nov/08
