Después de 7 meses regreso… no me juzguen tan mal… y disculpen que los abandone,,, he aquí el capitulo, esperando sea de su total agrado. Al final si gustan leer se encuentran mis disculpas.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Atrapados en la nieve
Capítulo 4: "El sabor frio de la tormenta"
Cuando Orihime abrió los ojos, la luz del sol entraba a través de las cortinas y oyó el agua corriendo en el baño.
Ichigo se estaba duchando.
Orihime apartó la manta y las sábanas, dándose cuenta de que Ichigo le había colocado el edredón por encima. Además, había puesto los cojines sobre los que había dormido junto a la puerta y había dejado la almohada encima.
Al poner un pie en el suelo, la joven se estremeció de frio, se puso la bata y fue a ver el termostato situado junto a la puerta del baño. La calefacción estaba funcionando, pero la temperatura estaba muy por debajo de lo normal. Cuando escucho que el agua se detuvo, se apresuro a ir a la cocina, donde vio que Ichigo había conectado la cafetera y colocó una taza con una bolsita de té dentro. Evidentemente, para ella.
Sintió algo muy intenso en el centro del pecho, se sirvió agua caliente, agarró la taza y se dirigió a la mesa. No era, ni mucho menos, la primera vez que alguien le preparaba algo, pero en las demás ocasiones siempre lo había realizado una empleada a sueldo.
Aquello era completamente diferente.
La pelinaranja creyó tener sus emociones a raya hasta que Ichigo salió del baño cubierto tan sólo con los pantalones y una toalla al cuello. Entonces, Orihime dio un sorbo tan grande al té que tosió al quemarse la garganta.
-Vaya, estás despierta –la saludo él –He intentado no hacer ruido.
-Y no o has hecho –contestó ella –Gracias por el té.
-De nada –respondió Ichigo –La luz se ha ido por la noche y ha regresado hace unas horas, pero se está yendo y viniendo todo el tiempo. Por eso he decidido ducharme cuanto antes.
-No me he dado cuenta de nada –dijo Orihime sinceramente.
No se podía creer que hubiera dormido tan profundamente con Ichigo en casa.
-Por eso hace frio aquí dentro –continuó Ichigo secándose el cabello con la toalla –He puesto la calefacción al máximo –añadió mientras Orihime hacía auténticos esfuerzos para no babear ante la perfección de su cuerpo –Vaya, se ha vuelto a ir –mencionó observando que el piloto de la cafetera se había apagado -¿Sabes si hay un hacha por aquí?
-No tengo ni idea –contestó Orihime.
-¿Y me podrías prestar unos calcetines?
-Si, claro –respondió ella acercándose al armario y sacando un par idénticos a los que ella llevaba.
-Son rosas –observó Ichigo sonriendo –Pero me irán bien –continuó poniéndoselos y añadiendo los suyos blancos encima.
-También tengo camisetas grandes. Me las he comprado para cuando tenga más vientre. Son de hombre –comentó Orihime entregándole una.
Ichigo se la puso y ella no pudo evitar fijarse en cómo se le marcaban los músculos.
-¿Me das otra? –le preguntó el ojicafé poniéndose las botas.
-Claro –contestó Orihime entregándosela.
-Cuantas más capas de ropa lleve, mejor –Ichigo le sonrió y cuando se puso la chamarra de cuero, ella comprendió que tenía intención de salir. –Hay que cortar leña –le explicó él.
-Matte… -lo detuvo Orihime yendo de nuevo al armario y sacando una bufanda –Es rosa, si, pero muy calientita.
.Arigatou –volvió a sonreír Ichigo agradecido.
Orihime se acercó, se la puso por la cabeza, le dio dos vueltas al cuello con cuidado y le metió las puntas por dentro. Al hacerlo, sus ojos entraron en contacto y Orihime se apresuró a apartarse.
-Menos mal que Renji no me está viendo –se rió Ichigo.
-¿Quién es Renji?
-Un compañero de trabajo.
-No tengo guantes, pero… ¿Y si te pones calcetines en las manos?
-¿A modo de manoplas? ¡Buena idea!
Así que Orihime le dio otro par. Éste era morado con lunares azules. Se había comprado los calcetines de colores mas chillones que había encontrado porque sabía que a su madre le habrían horrorizado.
Infantil, quizás, pero increíblemente satisfactorio.
-Bueno, allá voy –anunció Ichigo abriendo la puerta, saliendo y cerrando rápidamente.
Orihime aparto la cortina y lo observó mientras bajaba las escaleras del porche en dirección al cobertizo que hacia las veces de garaje. Al llegar abajo, la nieve le llegaba casi por las rodillas, pero Ichigo siguió avanzando, rodeó la casa y lo perdió de vista.
Ella pasó entonces al baño, se lavó la cara y los dientes, se cepilló el cabello recogiéndoselo un poco, cambió de camiseta y de pantalones y se puso el mismo suéter que el día anterior.
A su madre, siempre tan preocupada por las apariencias, le habría dado un ataque, pero a ella le daba igual porque aquel suéter era lo más calientito que tenia. A continuación, se puso calcetines y tenis deportivos y se sintió mucho mejor.
Una vez vestida, recogió el salón, volvió a convertir la cama en sofá, colocó los cojines en su sitio y, agarrando una cacerola, se dirigió la chimenea para preparar un poco de avena.
Sintiéndose como una aventurera del lejano Oeste, al poco rato, sonrió encantada. Al menos, cuando Ichigo volviera, tendría algo caliente que llevarse a la boca.
Tras mirar por la ventana, vio que había pisadas que indicaban que el pelinaranja había ido a la furgoneta, pero no lo vio por ninguna parte, así que abrió el refrigerador, saco una naranja de buen tamaño y la peló. Como de costumbre, terminó manchada de zumo hasta las muñecas. Después de lavarse las manos, partió una manzana y puso la fruta en un tazón.
Cuando oyó la puerta, se giró. Ichigo entró cargando unos cuantos leños.
-No he encontrado hacha, así que me los he traído enteros.
-Así duran más, ¿No?
-Si, pero van a tardar mucho más n prender también –contestó Ichigo -¿Qué es eso?
-Un poco de avena –respondió Orihime muy satisfecha –Ya sabes que el desayuno es la comida más importante del día.
-Yo me habría conformado con las sobras de ayer… avena dulce, que buena se ve –exclamó Ichigo quitándose la bufanda de la cabeza –Que frío hace, no te puedes ni imagina.
Orihime s giró hacia la cocina porque a Ichigo se le había congelado el pelo y tenia una pinta de lo mas graciosa.
-He picado también algo de fruta –comentó –La verdad es que cocinar no es lo mío, así que espero que la avena esté comestible.
-Está buenísima –respondió Ichigo probando una cucharada –Y caliente –añadió comiendo –Bueno ¿Y que quieres hacer hoy, Asuna?
-¿Hacer?
-Sí, ¿Qué harías un domingo si no estuvieras aislada en mitad de una nevada con un desconocido?
-Supongo que limpiaría y pondría la lavadora –contestó Orihime –No te puedes ni imaginar el trabajo que da esta casa. Como es tan grande… -bromeó.
-¿Algo más?
-Bueno, leería un rato y me echaría una siesta. Las embarazadas dormimos mucho.
-Sí, ya lo sé –sonrió Ichigo sirviéndose fruta.
Por como lo había dicho, parecía que lo sabia por experiencia propia. Orihime se dio cuenta de que no sabía casi nada de aquel hombre. No levaba alianza, pero. ¿A ella que más le daba? Como si tenía dos novias, cinco ex mujeres y catorce hijos.
-Bien, lo de la lavadora va a ser imposible porque no hay luz y en limpiar la casa tardaremos un par e minutos, así que desayuna –le indicó –Te vendrá bien tener algo en el estómago cuando salgamos.
-¿Vamos a salir?
-Sí, ¿Sabes si vive gente en la casa que hay en la otra colina?
-Creo que sí –dijo Orihime –Veo ir y venir un coche.
-Increíble. Vamos a acercarnos a la casa para ver si están bien y pedirles un hacha.
Mientas ella se terminaba el desayuno, Ichigo consiguió encender un fuego mejor que el que tenían. Tras limpiar, Ichigo se puso de nuevo la chamarra y los calcetines en las manos y Orihime se colocó su abrigo de segunda mano con sus guantes de cuero.
-Toma –le dijo Ichigo entregándole la bufanda.
-¿No la quieres?
-Ya no tengo el cabello mojado y a ti te queda mejor el color.
-No sé yo… -murmuró Orihime.
Iba bastante bien abrigada. Lo único malo eran los tenis deportivos, pero desafortunadamente el otro par eran los zapatos de la oficina, que eran todavía mucho mas delicados.
-Vamos –le dijo el bombero abriendo la puerta y tomándola de la mano –Creo que no hay hielo en las escaleras, pero ten cuidado.
Al pisar la nieve, Orihime sintió que los pies se le hundían varios centímetros y se rió.
-¿Cuándo fue la última vez que estuviste en la nieve? –cuestionó Ichigo.
-El año pasado –respondió ella.
Había ido a esquiar con Grimmjow en un lugar realmente precioso, de esos que maravillan con solo escuchar y, en aquella ocasión, había llevado unas botas por la rodilla y un abrigo de piel sintética de lo más calientito.
Claro que no todo había sido fácil. Grimmjow, que ya llevaba varios años esquiando, no había querido esquiar con ella, que era principiante, y Orihime se a había pasado la mayor parte del tiempo en el hotel.
Se tendría que haber dado cuenta entonces, al no echarlo de menos, de que algo no iba para nada bien.
-¿Esquías? –le preguntó Ichigo.
-No muy bien.
-Yo tampoco –sonrió –Bueno, tú pisas done pise yo, ¿De acuerdo? Y, si te cansas, me lo dices y paramos.
-Ni que fuéramos a escalar el Himalaya –bromeó Hime siguiéndolo.
Al pisar sobre sus huellas, consiguió que no se le metiera nieve en los tenis. Cuando llegaron junto a la furgoneta de Ichigo, se pararon. Él intentó abrir la puerta, pero no pudo.
-¿Está cerrada con llave? –peguntó la ojigris.
-No, está congelada –contestó Ichigo –Pues, ¿Qué se le va a hacer? ¿Estás bien?
-Estoy embarazada, no soy una inútil –se rió Orihime –Todavía no hemos llegado a la carretera, pero aún estoy bien, sí.
-Ten cuidado porque aquí hay un agujero bastante grande –le advirtió el pelinaranja –Deberías decirles a tus caseros que lo arreglen.
-Ya se los he dicho y mee han rebajado el alquiler.
-Supongo que eso quiere decir que no piensan repararlo.
-No, no lo van a arreglar. He preferido que me rebajen el alquiler.
Ichigo no comentó nada.
Orihime pensó que cada quien tenía sus prioridades en la vida y, en aquellos momentos, su prioridad absoluta era ahorrar todo el dinero que pudiera para cuando naciera su bebé.
O por si tenía que huir de nuevo.
Lo que sinceramente, esperaba que no ocurriera pronto porque le gustaba Karakura y sus habitantes. Sobre todo, uno en particular.
Orihime resbaló y estuvo a punto de caerse, pero logró mantener el equilibrio. Eso le pasaba por ir pendiente del trasero el habitante de Karakura en cuestión.
Para cuando llegaron a casa de sus vecinos, sentía los músculos ejercitados y el cuerpo caliente.
-¿Hay alguien en casa? –preguntó Ichigo acercándose a la puerta.
No contesto nadie, así que volvió a llamar. En aquella ocasión, se abrió la puerta y apareció un hombre de edad madura que no parecía de muy buen humor.
-¿Qué quieren?
-Venimos a ver si está usted bien, señor –habló Ichigo.
-¿Ah sí? ¿Y si no lo estoy qué harás tú, jovencito?
-Bueno, intentaría ayudarlo. Soy Ichigo Kurosaki, del cuerpo de Bomberos de Karakura.
-¿Desde cuándo los impuestos que pagamos alcanzan para que los bombeos vayan de puerta en puerta?
-No estoy de servicio, pero iríamos de puerta en puerta si tuviéramos que hacerlo. ¿A usted también se le ha ido la luz?
-Se ha ido en todo el pueblo, ¿No? –gruñó el hombre mirando a Orihime –Vaya, supongo que también tenemos mujeres bombero…
-Sí, así es –dijo Ichigo –Pero…
-Pero yo no soy bombero –intervino la pelinaranja –Yo soy su vecina –añadió señalando su casa.
-Ah, es usted la mujer que vive en casa de Urahara y tiene además ese coche viejo con los frenos mal. Más vale arreglarlos si no quiere caerse un día por la ladera.
Orihime se sonrojó de pies a cabeza.
-¿Tiene calefacción? ¿Suficiente comida? ¿Agua? –cuestionaba el ojicafé.
El hombre lo miró irritado.
-Jovencito, hace años que puse un generador –contestó muy orgulloso de sí mismo –La cabeza está para pensar, pero hay mucha gente que no lo sabe y así va el mundo, claro –refunfuñó.
Ichigo sonrió y Orihime se dio cuenta de que, cuanto más desagradable se ponía el viejo, más agradable le contestaba Ichigo.
-Puede que tenga razón –dijo –Analizando lo visto, igual nos puede ayuda usted a nosotros. ¿Y no tendrá por ahí un hacha para prestarnos? –le preguntó Kurosaki.
-Un momento –respondió el hombre cerrándole la puerta en las narices.
-Que amable –murmuró Orihime.
-Me recuerda a Yamamoto, el capitán comandante que tenía cuando era novato. Era un gruñón, pero tenía un corazón grande.
En aquel momento, oyeron pisadas sobre la nieve y visualizaron al hombre, ataviado con un abrigo verde y botas de goma. Había salido de la casa por el hacha.
-Será mejor que se vayan ya –sugirió entregándosela –Va a volver a nevar. Lo huelo.
-Gracias por el consejo y el hacha –contestó Ichigo tomándola –Se la devolveré en cuanto pueda.
-No hay prisa. Tengo más –mencionó el hombre –Ya me la devolverás.
-Gracias –dijo Ichigo sacándose la mano del calcetín y ofreciéndosela.
Aquel hombre de apariencia extraña, ruda y con un curioso parche en el ojo derecho arrugó la nariz, pero se quitó el guante del mismo lado que aquella tela oscura que cubría y mantenía oculto el globo ocular y se la estrechó.
-Zaraki Kenpachi –se presentó quitándose el izquierdo también –Toma, llévatelos. No protestes y acéptalos. No puedo soportar a la gente que protesta –le indicó a Ichigo al ver que estaba por renegar –Me los regresarás cuando me devuelvas el hacha. Tranquilo, no hay prisa.
-De nuevo, le agradezco –se despidió el joven bombero.
-Sí, gracias –dijo como último Orihime.
El aludido se metió a su casa lanzando otro gruñido y cerró la puerta sin más miramientos.
Ichigo se quitó los calcetines de las manos, los hizo bola, se los guardó en el bolsillo y se puso los guantes.
-Y bien, ¿Preparada para volver?
-Sí, estoy embarazada ya lo sabes, pero todavía estoy en forma. Para que lo sepas, estoy acostumbrada a correr maratones.
-¿Maratones?
-Sí, he corrido el de Los Ángeles, el de Nueva York y el de Chicago.
-¿Y el de Houston no?
-Sí, el de Houston lo corro todos los años –comentó Orihime mordiéndose la lengua al instante.
Era prácticamente o único que se le daba bien y ni a su madre ni a su padre les había hecho mucha gracia.
-Yo salgo a correr como parte de mi entrenamiento, pero nunca he corrido un maratón –habló Ichigo -¿Cuándo empezaste?
-En el colegio. ¿Y tú?
-En el colegio también. ¿Y sigues corriendo?
-Desde que llegué aquí, no, peo… ¡Ay! –exclamó Orihime al resbalar.
Ichigo se apresuró a sujetarla. A pesar de las capas de ropa que llevaba, Orihime sintió la mano fuerte del Kurosaki bajo el pecho y el calor que irradiaba su cuerpo.
Tener a esa mujer entre sus brazos era simplemente maravilloso.
-G-gracias –le dijo con voz trémula –Siempre estás salvándome.
-Lo que es un placer, créeme –acertó a contestar Ichigo mirándola a los ojos, ese color plata que enloquece.
Orihime sintió que el corazón le latía desbocado.
-Ichigo…
-La noche del incendio me dijiste que no llamáramos a nadie porque no estabas casada. ¿Es cierto?
-S-si.
-Bien –dijo Ichigo inclinándose sobre ella y besándola.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Bueno gente, descartando unas teorías del porqué no me he presentado… Primeramente no es porque haya pedido la inspiración… Segunda, no es por el novio y tercera… no es porque este muerta.
La verdad es un poco mas complicado el asunto… me enfermé de dengue y mi mamá no me dejaba escribir pero como los quiero tanto tomo el riesgo por ustedes y espero que valga la pena,
Si les gustó un review no hace mal a nadie, así que si tienen opinión crítica con gusto los recibos… después responderé a los lectores que han dejado comentario.
Ya subiré mas seguidito y vengo con muchas sorpresas… de verdad :D
