Epílogo
Un Presente
Seis años habían pasado desde la victoria contundente del Guerrero Dragón, Po, y el renacimiento de un nuevo imperio, completamente diferente al reino de terror de Sun Yatsen y la Cofradía Imperial. Era primavera, y ese año, los durazneros estallaban más que nunca en flores rosadas que parecían incontables algodones a lo largo de todo el Palacio imperial. La forma de Yin Yang había sido reconstruida, y las puertas permanecían abiertas con acceso a cualquiera que deseara hablar con el emperador. Gente de todas partes de China llegaba con ofrendas y peticiones al emperador Po, pero era más la curiosidad de conocer y tocar al Salvador que había acabado con Toffu y la tenebrosa Cofradía. Ying administraba los recursos, y ya compartía con Dai algo más que sencilla amistad. En los alrededores de Palacio los pandas del recluido pueblo de Bambú, vivían felices y en paz, creando una ciudadela con el paso del tiempo.
—¡Dante! —habló Maestra Tigresa, la esposa del emperador. Su tono ya había subido de nivel, y las matronas recorrían los pasillos, asustadas por la desaparición del heredero al trono. Pero no era la primera vez que lo hacía. Le gustaba hacer travesuras, y sin duda había sacado el espíritu indómito de su madre.
Y ya había pasado mucho tiempo desde que había dejado sus clases de Kung Fu y se había escapado. Eso en parte enfurecía a Tigresa, pero le daba gusto que su hijo no se dejara de nada ni de nadie.
Pero tenía que ser estricta, de lo contrario, el consentidor de Po lo haría un niño dependiente, y no quería eso.
—¿Alguien ha visto a mi hijo? —preguntó Tigresa a uno de los pandas aldeanos de la Villa Imperial, como ya se le conocía al anterior pueblo de Bambú. Su qipao rojo, ostentosamente decorado por Ying, resaltaba la belleza que poco a poco se acentuaba en la madurez de su rostro y cuerpo atlético. Su pelo, rayado y sedoso, parecía no cambiar al paso de los años. Sus ojos verde ámbar destellaban algo que nadie podía resistir. Un magnetismo que hacía sentir inmediatamente bien a quien se le acercara. El aldeano, un joven que Tigresa conocía, le sonrió.
—No, mi Dama. Debió ir trepado en las bardas y las cornisas de las casas, porque por la Puerta Principal no lo hemos visto. Ya sabes…
—Muchas gracias, Chiu. Hoy te veremos en la comida con tu madre, ¿de acuerdo?—Tigresa le devolvió la sonrisa, aunque ya estaba fastidiada. Era la hora de la comida, y hoy Po iba a hacer sus famosos fideos.
—Sí, mi Dama. ¡Será un honor! —le dijo a manera de corta despedida.
Ese Dante. Cuando lo atrape, ya verá, pensó Tigresa, aunque también estaba divertida con la idea. Era un juego de busca-busca, y usaría su percepción para encontrarlo… y no demoró en hacerlo. Caminando con la mayor tranquilidad, se dirigió a las afueras de la Villa, ascendiendo por unas colinas… La Colina del Triunfo, el lugar donde se consumó la batalla contra el mal hacía seis años. ¿Acaso era correcto su presentimiento? Dante jamás había pisado aquel lugar… y jamás le habían mencionado nada de aquel sitio, se había prometido hacerlo cuando Dante cumpliera unos años más… pero su hijo…
Su hijo era inteligente. Y además le gustaban las artes marciales. Ella le había enseñado lo básico, y Po otro tanto, pero él parecía tener esos conocimientos programados dentro de él. En poco tiempo alcanzaría el grado máximo de Kung Fu, cosa que jamás habría soñado ella en conseguir a esa edad. Poco a poco, subía la colina, y sentía la energía de su hijo. Sí, ahí estaba. En lo alto de la elevación, que daba un bello paisaje del Palacio y la Villa imperiales, Dante, el heredero al imperio y al título de Guerrero Dragón, permanecía parado, con los bracitos descansando a sus costados. De espaldas, parecía un pequeño guerrero, pues vestía aún su traje de entrenamiento con el enorme símbolo imperial en sus espaldas.
—Hola, mami —saludó su hijo, sin voltear a verla. Tigresa se sobresaltó, pues no había producido ningún sonido que delatara su llegada. Dante ya podía sentir las presencias, y eso no se lo había enseñado ella.
—Buenas tardes, hijo. Te andaba buscando…
—Lo sé. Perdón pero me había aburrido, y decidí subir… ¿Qué es la Colina del Triunfo? —Dante esta vez se volvió a su madre. Su aspecto, la fusión de un panda y una tigresa, dio como resultado un pequeño tigre, pero en vez de tener rayas por todo el cuerpo, tenía los colores del pelaje su padre. Dos aros negros rodeaban sus ojos, de pupilas intensamente verdes y chispeantes a la luz del sol vespertino. Sin embargo, la forma de su cabeza y sus orejas negras y triangulares rematados en su hocico fino recordaban a una niña tigresa que jugaba con muñecas antes de que su padre la obligara a ser la mejor peleadora de China. Su colita era lo único rayado en su pelo, y sus brazos, rechonchos y negros, mostraban los rasgos predominantes de Po. Cada vez que veía a su hijo, Tigresa se enternecía, y en vez de regañarlo, esos ojos la vencían totalmente sin tener nada que ver con el Kung Fu. Amaba a su hijo, a la par de su esposo. Seis años de paz total, una familia nueva, y un Presente, el gran regalo que disfrutaban, era suficiente recompensa para ella. No pudo evitar sonreírle a Dante.
—¿Cómo llegaste aquí? No te había hablado de este lugar.
—Papá me contó una historia, muy bonita. Imaginé que este lugar se parecía mucho al que había dicho, y subí.
En la Colina del Triunfo, un monumento, grande pero sencillo en forma de caparazón de tortuga, se levantaba viendo hacia el Palacio. Justo en ese lugar Tigresa había atrapado a Po, sellando la Gran Victoria que daba nombre a las colinas.
—Fue idea de los aldeanos, y tu padre estuvo de acuerdo en señalar aquí el lugar donde una vez se venció al mal, como un recordatorio de aquel gran día, hijo. —Tigresa se sentó, recostando la espalda en aquel caparazón que debía medir cinco metros de altura. —Ven, te contaré la historia, realmente como sucedió.
—¿Me dejan participar? Creo que yo soy el protagonista ¿no crees, mi amor?
Po había aparecido detrás del caparazón, sonriendo con ternura a su esposa y a su hijo. Intentó saltar haciendo un split, pero cayó de bruces, rodando por el pasto. Tigresa rió, y Dante se unió a las carcajadas, limpias, desprovistas de malicia. Ése era el Po que todos conocían y amaban. Aquel panda todo bondad y sentimientos, un padre que aprendía cada día a serlo mejor con Tigresa, dirigiendo un imperio de paz y bonanza.
—Oso tonto… —Tigresa se tapó la boca para ahogar más risas. Dante ayudó a su padre a levantarse, con la sonrisa contagiada por él.
—Gracias, hijo. No sé porqué no me salió la superpatada de Trueno, debo estar oxidado. —dijo frotándose la pierna.
—Toda la vida has estado oxidado, amor —le dijo Tigresa entre risitas.
—Oigan, ¿me van a contar la historia, sí o no? —Dante esta vez adoptó un tono solemne y de espera atenta. Po y Tigresa se miraron intensamente, como si recordaran cada instante desde aquel día en que se conocieron en la ceremonia del Guerrero Dragón, y cómo se habían odiado con intensidad. Todo ese pasado, de lágrimas de buenos y malos momentos, sería revelado como una lección para su heredero.
[Guuurrrrgggg]
—¿Qué fue eso? —Tigresa miró con severidad a Po, pues ya conocía muy bien ese sonido.
—Este… perdón… —Po enrojeció visiblemente— es que ya tengo hambre, j aja jajaja…
Todos rieron con ganas, y la risa se elevó a la par de los millones de pétalos de las flores de durazno. Se abrazaron los tres, al pie del monumento que simbolizaba una paz duradera, un bienestar que como un Presente, duraría miles de años en desaparecer.
—Verás, hijo, hace mucho, mucho tiempo, existía un oso panda cocinero que vivía en Valle de la Paz, quería aprender Kung Fu, y soñaba con ser el Guerrero Dragón…
Amigos de Fan Fiction:
Ahora sí, finalizo esta gran historia, y pongo la etiqueta de Finalizado, a mi Trabajo del Año. Para aquellos que me preguntan si volveré a escribir algo parecido, mi respuesta es, no lo sé. La vida gira y sigue girando sin detenerse, pero yo lo veo muy difícil, amigos. Con esto cierro un gran ciclo con Kung Fu Panda, una película que sin duda ya forma parte de mi vida, y Po, Tigresa y sus amigos, vivirán siempre en mi corazón, de eso no hay duda, así como cada uno de ustedes que leyó mi trabajo, les estoy muy agradecido por seguir y estar al pendiente de las locuras que escribí. De nueva cuenta, quiero darles un abrazo muy prenavideño a todos ustedes, en verdad, si quieren escribir, nunca dejen sus sueños tirados por la desidia de otros, pues la envidia abunda y mi único deseo es que sean felices, vivan sus mundos propios de fantasía, hoy más que nunca lo necesitamos con todas las atrocidades que suceden en el mundo real, y el escape a estas historias que escribimos debe ser algo mágico, que nos llene de vida. Vivan con la magia, pues existe, de lo contrario, no estaríamos aquí.
Si quieren leer alguna otra de mis historias, mándenme un correo, y les haré llegar algunos de mis otros trabajos, no son fics, pues yo escribo historias inéditas.
Un gran abrazo, esto no es un adiós, espero verlos a todos en el MSN y si Dios quiere, conocerlos en persona, gracias por su amistad.
Su amigo,
Feliks
