Saludos a todos mis lectores. Sí, como podrán notarlo ya estoy de regreso, así que no se desanimen si ven que no he actualizado.
Aquí les dejo el capítulo 6 de su historia, disfrútenlo, lloren, gocen, porque en verdad que se me dificultó bastante para terminarlo y subirlo. Ya tenía más de un mes en mi escritorio, así como "Adán y Eva"… Espero que les guste.
Fernanda: Tu comentario es el responsable de que haya terminado el capítulo y me desvele a las 4:30 a.m. Es broma, gracias por hacerme recuperar mi confianza.
Advertencia: Ligero lemmon.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Atrapados en la nieve
Capítulo 6: "Calor de Invierno"
-Orihime –murmuró –Me llamo Orihime, Orihime Inoue.
¿Qué había sido de la personalidad que la había acompañado durante los últimos dos meses? Se había evaporado en cuanto Ichigo la había abrazado porque lo cierto era que se encontraba en la bendita gloria entre sus brazos.
-Orihime –repitió él –Te queda mucho mejor que Asuna –añadió -¿Y a qué se debe el cambio de nombre?
-No he hecho nada ilegal –se apresuró a asegurarle Orihime –No he usado ese nombre para estafar a nadie ¿Me crees?
-Creo que soy lo suficientemente capaz de dilucidar cuando estás mintiendo.
-Entonces, ¿Sabías desde el principio que estaba mintiendo? –se horrorizó Orihime apartándose avergonzada.
-Sabía que tenías miedo de algo o de alguien –contestó Ichigo tomándola de los hombros y obligándola a girarse hacia él de nuevo –Y, ahora que me has dicho que te habías cambiado el nombre, estoy más convencido de ello que nunca.
-Es cierto que miento muy mal, pero, en esta ocasión, no hace falta que me salves de nada. Tengo que hacerlo yo sola.
-¿Y hasta cuándo vas a estar mintiendo, Orihime? ¿Quieres traer a tu hijo al mundo mintiendo, haciéndote pasar por una persona que no eres?
-Lo único que me he cambiado es el nombre, pero soy yo de verdad. Aquí soy más de verdad que nunca.
-¿Por qué? ¿Por qué ahora compras en tiendas de ropa de segunda mano en lugar de comprarte ropa de marca?
-¿Cómo? –respondió Orihime confusa.
-El café que tienes, aunque tú no lo tomes, es uno de los más caros que hay y la maleta que he visto antes en ese armario debe de costar lo mismo que seis meses de alquiler. Vives de manera frugal, pero me apuesto el sueldo a que no es a lo que estás acostumbrada.
-¿Y qué pasa si soy una niña rica mimada? –le espetó ella.
El pelinaranja cerró los ojos y suspiró.
-Estás huyendo el padre de tu hijo, ¿Verdad? –Orihime sintió que se le formaba un nudo en la garganta y asintió porque era la verdad. Bueno, parte de la verdad porque lo cierto era que también estaba huyendo de sus padres.
-Cuéntamelo –le pidió Ichigo tomándole las manos entre las suyas.
-No, eso es algo pasado –contestó Orihime –Ya no importa.
-¿Cómo que ya no importa? –se exaltó Ichigo mirándola a los ojos con cariño -¿Cómo no va a importar cuándo tienes que ocultar quién eres? ¡Tienes derecho a no tener que esconderte de nada ni de nadie!
Orihime sintió ganas de llorar (N/A: Y creo que yo también) ¿Por qué no habría conocido a un hombre como Ichigo en lugar de haber conocido a Grimmjow? Inoue se quedó mirando las manos de Ichigo, unas manos que le irradiaban fuerza y por supuesto, seguridad.
Fuerza, más no violencia.
-La primera vez que me golpeó, lo justificó a que había bebido demasiado en una fiesta a la que habíamos asistido –comenzó recordando la humillación.
Ichigo le apretó las manos, pero no dijo nada. Se limitó a esperar. No había prisa. Tenían todo el tiempo del mundo.
-En ese entonces, llevábamos apenas tres meses de prometidos –continuó Orihime –Todo el mundo estaba encantado con que me casara con él. Para empezar, nuestras familias.
Sobre todo, la suya, pero Orihime no lo había sabido hasta el mismísimo día de la boda, cuando se había empeñado en ponerse las perlas de su abuela en lugar de los diamantes que le había regalado Grimmjow y él, completamente enfadado, le había hablado del acuerdo económico que tenía con su padre.
-¿Y a ti te hacía feliz la idea de casarte con él? –le preguntó el pelinaranja.
-Bueno… no se me ocurría ninguna razón para negarme. Tienes que comprender que me han educado para casarme con un hombre como él, rico y socialmente muy bien situado.
-¿Estabas enamorada de él?
-Creía que sí –admitió Orihime –Ahora ya no lo sé. A lo mejor me convencí porque todo el mundo esperaba que lo estuviera. Ya sé que es una excusa muy pobre, pero, si me hubieras conocido entonces, lo habrías comprendido…lo que sucedió fue que me enteré de que estaba embarazada y, de repente, surgió algo en mi vida realmente importante, mucho más importante que elegir el color de los zapatos de las damas de honor… pero… pero a mi prometido no le hizo ninguna gracia la llegada del bebé –concluyó recordando la cara del horror de Grimmjow.
-Maldito canalla –comentó Ichigo.
Orihime había llegado a la misma conclusión, así que no discutió en lo absoluto.
-Antes has dicho «La primera vez que me golpeó» ¿Lo hizo más veces?
La primera vez, Orihime había acudido a sus padres suponiendo que se iban a mostrar tan escandalizados como ella, pero en vez de eso, su padre le había dicho que no exagerara por una simple discusión de enamorados y su madre le pidió de favor que regresara con él aunque tuviese que suplicarle porque debía casarse con Grimmjow y no podía arriesgarse a que cancelara la boda y menos a esas alturas. La segunda vez, les mostró los moretones que se le había formado en la parte de los hombros y el estómago. A pesar de ello, la acusaron de ser una histérica y le dijeron que estaba nerviosa por la cercanía de la boda. La tercera vez, en aquella ocasión finalmente decidía había huido. Fue justamente el día de su boda y lo había hecho para salvar su vida y la de su bebé.
Y ahora estaba sola. Sola en el mundo con su bebé y, aunque le preocupa el futuro porque no sabía si iba a ser una buena madre ni cómo iba a llegar a fin de mes cuando lo único que sabía hacer era lucir siempre como un precioso objeto de decoración, no se arrepentí de lo que había hecho.
Lo único de lo que verdaderamente se arrepentía era de no haber huido la primera vez que Grimmjow le golpeó.
-Ese hombre ya no forma parte de mi vida y no quiero volver a verlo.
-Pero tienes miedo de que te esté buscando y por eso te has cambiado de nombre Orihime.
Ella estaba completamente convencida de que Grimmjow la estaría buscando. Debía estar jodidamente enojado por la humillación que había provocado el que lo dejara plantado en el altar el mismo día de la boda. El hecho de que la noticia no hubiera salido en los medios de comunicación demostraba el poder que tenía. Habría sido un escándalo de lo más tentador tomando en cuenta que la novia era la hija menor de una de las familias que supuestamente más dinero habían hecho gracias al petróleo.
-No me quiero arriesgar –confesó Inoue.
-Tendrías que haberlo denunciado ¿Sabes?
El padre de Orihime y uno de los hombres más importantes que conformaban el Parlamento del Reino Unido eran muy íntimos amigos, salían a eventos importantes de alto nivel entre la nobleza, así que ella sabía que no le hubiera servido de nada.
-Lo único que quería era perderlo de vista.
-Hiciste bien –contestó Ichigo.
Orihime estaba convencida de ello, pero el hecho de que Ichigo también estuviera de acuerdo le pareció conmovedor.
De repente, se dio cuenta de lo cerca que estaban el uno al otro, de que Ichigo le estaba acariciando la mano, de que estaban solos en una casa en mitad de la nieve.
Inoue aclaró su garganta un poco y se mojó los labios. Sabía que lo más inteligente sería apartarse, pero con Ichigo le era imposible, se sentía tan a gusto cómo con nadie de su propia familia.
-¿Te molestaría que te volviera a besar? –le preguntó él.
-No me molestó la primera vez –recordó ella con una voz temblorosa.
Ichigo la miró a los ojos con cariño, pero no la besó. Orihime hizo un gran esfuerzo para ocultar su sorpresa y se dijo que no era para menos. Al fin y al cabo, le acababa de contar que había huido de su prometido el día de su boda, sabía que estaba embarazada de cinco meses y que el padre de su hijo la estaba buscando. ¿Por qué iba a querer un hombre como Ichigo relacionarse con ella?
Intentando mantener la compostura y la dignidad, dio un paso atrás e Ichigo dejó caer las manos a los lados.
-Se está haciendo de noche –comentó Orihime –Voy a encender unas cuantas velas y a ver qué encuentro para cenar –añadió pensando en las verduras que tenía en el refrigerador.
Ichigo por su parte comenzó a recoger el Monopoly. Al oír el ruido de las casitas y hoteles de plástico, Orihime cerró los ojos y sintió un enorme dolor en el pecho.
Después de aquello, la velada transcurrió en una calma surrealista. Tras tomarse un delicioso tazón de sopa caliente y galletas con mantequilla, aquel bombero salió por más leña y se dispusieron a meterse en la cama.
No volvieron a hablar de Grimmjow.
No volvieron a hablar de besarse.
Cuando salió del baño, Inoue vio que Ichigo ya había convertido el pequeño sillón en cama y que se encontraba colocando los cojines y el edredón para él en el suelo. Orihime se quitó la bata que le había regalado el diseñador al que su madre le compraba más prendas, se tumbó en la cama y se quedó mirando fijamente al techo.
-¿Qué ocurre? -preguntó Ichigo.
-Nada. –le contestó simplemente.
Él no siguió insistiendo, apagó las velas y se recostó.
-¿Seguí nevando cuando saliste de nuevo por la leña? –cuestionó ahora Orihime.
-No.
-¿Tienes novia?
-Te recuerdo que te he besado esta mañana. ¿Tú que crees?
No le había respondido directamente, pero ella sabía que no la tenía.
-¿Has estado casado?
-No.
-¿Cuántos años tienes?
-Veinticinco.
-¿Alguna vez cerca de casarte?
Ichigo se giró y se tumbó de lado para mirarla.
-Cerca.
Orihime sintió una punzada de dolor en el pecho. Eso le pasaba por preguntar.
-¿Y por qué no te casaste?
-Porqué se fue con otro.
-¿Cuánto hace de eso?
-Tres años.
Justo el tiempo que llevaba en Karakura. Inoue se preguntó si seguiría enamorado de aquella mujer.
-¿Cómo se llamaba?
-¿Si te lo digo te duermes?
-Si –afirmó Orihime apresuradamente.
-Eso no ha sonado muy convincente, Orihime –dijo Ichigo en tono divertido –Senna, se llamaba Senna.
-Ah.
¿Y sería guapa? No preguntó. Era mejor no saberlo.
-¿Te das cuenta de que llevamos más de veinticuatro horas juntos? –le preguntó.
Veinticuatro horas seguidas juntos. ¿A cuántas citas equivaldría eso?
-Si –contestó Ichigo -¿Quieres que te prepare algo caliente para conciliar el sueño?
-No queda leche, pero hay chocolate instantáneo y agua. ¿Gustas?
Ichigo apartó el edredón y se puso de pie, se dirigió a la pequeña cocina improvisada, llenó el pocillo con agua y lo colocó sobre el fuego. Poco después, se sentó sobre los ladrillos que rodeaban la chimenea y se quedó allí, mirando las llamas.
Mientras, Orihime lo observaba a él.
Repentinamente la casa crujió.
-¿Qué ha sido eso? –se alarmó Orihime incorporándose asustada.
-La casa se está acomodando –la tranquilizó Ichigo.
-¿Cuándo podremos salir?
-Mañana –habló Ichigo sirviendo dos tazas de chocolate caliente en lo que Inoue se fijaba en cómo se le marcaban los músculos en la camiseta que había elegido para dormir.
El Kurosaki le entregó una de las tazas y, al hacerlo, sus dedos se rozaron.
-Seguro ya has de estar harto de permanecer aquí, ¿Eh?... –preguntó Orihime intentando sonar casual.
-No, pero mañana tengo que trabajar. Mi turno comienza a las siete de la mañana –le explicó Ichigo.
Se había preparado una taza para él, pero Orihime se fijó en que la dejaba sobre la mesa sin apenas tocarla y volvía a acostarse.
Orihime probó el chocolate y se quedó mirándolo. Si había dejado de nevar, el manto blanco comenzaba a derretirse y desaparecía, pero no creía que para las siete de la mañana.
-¿Y cómo vamos a hacer para sacar tu furgoneta de la nieve? –cuestionó a Ichigo.
-He llamado a mi hermano Uryuu y me he puesto de acuerdo con él para que traiga una furgoneta del rancho de mi tío para sacar la mía.
Orihime se quedó en silencio. Debería haber supuesto que Ichigo iba a poner manos a la obra. No era de los que se quedaban esperando a que las cosas se solucionaran solas.
Evidentemente, no tenía ningún sentido pensar que la estaba abandonando.
Ningún sentido.
-Si para entonces la luz no ha vuelto, te dejaré también un generador.
-No hace falta que te molestes tanto por mí.
-No eres ninguna molestia. Seguramente, me pasaré todo el día de mañana ayudando a la gente con la nieve.
Orihime se mordió el labio inferior y dejó la taza sobre la mesilla de noche.
-Bueno… gracias.
-No es nada –mencionó Ichigo tumbándose y tapándose con el edredón hasta las orejas.
Orihime se tapó también y cerró los ojos. No tenía nada de sueño, pero fingió que se quedaba dormida y decidió mantener la boca cerrada.
Cuando Ichigo percibió que la respiración de Orihime se tranquilizaba y se hacía cada vez más lenta, supuso que estaría dormida y suspiró tranquilo.
Menos mal.
Las mujeres embarazadas necesitaban descansar mucho.
Y él necesitaba algo más que un chocolate caliente para olvidarse de lo que sentía por aquella mujer embarazada en cuestión.
Ichigo se puso el brazo sobre los ojos. No podía olvidar a la persona que dormía a medio metro de él. Entonces, oyó que Orihime murmuraba su nombre.
Ciertamente, no estaba dormida.
Él se dijo que lo más inteligente por su parte sería hacerse el dormido, fingir que no la había escuchado.
-¿Sí? –más sin embargo le contestó.
La pelinaranja se quedó en silencio un momento. Un leño crujió entonces en la chimenea entre las llamas.
-Estarías mejor en la cama –le dijo por fin.
Ichigo sabía que era cierto, pero no podía ser.
-Estoy bien aquí –dijo.
De repente, oyó que Orihime se movía y se levantaba sobre un brazo.
-No me importa. Hay lugar suficiente para los dos.
El ojicafé tragó saliva. La garganta se le había quedado seca.
-No es buena idea Orihime –comentó.
-¿Y por qué no?
-Lo sabes perfectamente.
A la luz del fuego, Ichigo vio que Orihime bajaba la mirada, se tumbaba boca arriba de nuevo y se cubría con las sábanas.
-Orihime…
-No, no me vengas ahora con sermones de por qué no sería inteligente por nuestra parte acostarnos juntos en la misma cama.
-Si me acuesto a tu lado, voy a querer hacerte el amor –contestó Ichigo yendo directamente al punto -¿Te das cuenta ahora?
Hime se quedó en silencio unos segundos.
-No soy tonta, ¿Sabes? –dijo.
-No, claro que no, pero eres una mujer joven, hermosa, embarazada y vulnerable.
Orihime se incorporó y se sentó en la cama. A pesar de que llevaba una pijama bastante gruesa sobre su cuerpo, se podía apreciar perfectamente como la tela marcaba sus hombros y busto con detalle.
-Es por eso, ¿No?, ¿Por qué estoy embarazada?
-¿No me has oído lo que te acabo de decir? –contestó Ichigo pasándose los dedos por el cabello en señal de desesperación –Dios mío, Orihime. Llevo semanas buscándote. ¡Me quiero acostar contigo desde hace, exactamente, treinta y un horas!
Orihime ahogó un grito de sorpresa.
-Yo también te deseo –habló por fin –No te preocupes, Ichigo, no te estoy pidiendo nada más, sólo pasar esta noche contigo.
Como si el Kurosaki necesitara que lo animara. El problema era que estaba completamente seguro de que una sola noche con Orihime no iba a ser suficiente para él en lo absoluto.
Si fuera más fuerte, encontraría la manera de disuadirla, pero no era fuerte, sólo era un hombre que deseaba a una mujer, a una mujer necesitada.
Maldición.
Debería haber aprendido la lección.
Ichigo apartó las sábanas. Sabía que Orihime lo estaba mirando.
-¿Estás segura?-le preguntó con voz dubitativa.
Con decisión, Orihime tomó la parte superior del pijama y lo subió hasta su cabeza, sacándolo de su cuerpo. Aquel gesto le pareció a Ichigo más erótico que la misma danza de los siete velos en todo su esplendor.
La prenda cayó en cámara lenta al suelo y, como si aquello no hubiera sido suficiente. Orihime extendió el brazo hacia él a modo de una clara y directa invitación.
-Estoy segura –susurró con voz sensual.
Ichigo, que se estaba deleitando al ver sus pezones duros debido al frío o la excitación y la línea aún definida de su cadera, aceptó la mano que ella le tendía, sintió la punta de sus dedos helados, se arrodilló en el colchón, la tomó entre sus brazos con anhelo y, besándola, se dejó caer a su lado.
Orihime sabía a fresa y vainilla, a placer dulce y alocado. Ichigo, por su lado, oía el latido de su propio corazón fuerte y potente. Cuando Inoue deslizó una mano por debajo de la camiseta y sintió su tacto en la piel, creyó por un momento que perdería el control.
-Espera –le pidió.
Si con sólo besarla y sentir apenas el ligero rose en su abdomen ya estaba a punto de lanzarse encima, aquello no empezaba bien.
Orihime se quedó mirándolo pasmada.
-Has cambiado de parecer -se asustó.
-Claro que no –la tranquilizó Ichigo quitándose la camiseta y tirándola por allí –Ven aquí –le dijo tomándola con delicadeza entre sus brazos y haciéndola suspirar -¿Tienes frío?
-Debería tenerlo –murmuró la pelinaranja –Teniendo en cuenta que soy la única que está desnuda.
Si, desnuda y gloriosa.
Ichigo se apresuró a tapar sus cuerpos con la sábana, para después, comenzar a acariciar la espalda de Orihime muy lentamente.
-Ichigo… me estás volviendo loca –declaró ella abrazándole la cintura con sus cremosas piernas.
Él levantó su cabeza y se apoderó de uno de sus pezones, haciéndola gemir de placer. Aquel sonido, en definitiva, hizo perder lo último de cordura que hasta ese momento, poseía el ojicafé. Cuando sintió que Orihime comenzaba a bajar el cierre de su pantalón, dejó caer la cabeza hacia atrás. La ojigris soltó primero un botón… y luego otro… y luego otro… con toda la calma del mundo.
Ichigo ya no pudo soportarlo, terminó de desabrocharse él mismo los pantalones, de los que se deshizo al instante.
-Orihime, siénteme –le indicó.
Ella deslizó una mano entre sus cuerpos, agarró su erección, colocó sus muslos y con seguridad, la introdujo en su interior.
Ichigo sintió que se quedaba sin respiración.
-No podía esperar, lo siento –se disculpó Orihime –No te puedes imaginar… cómo te deseo –hablaba entre gemidos.
-¿Y me pides perdón por eso?
-Bésame –exigió Orihime murmurando y acercándose a sus labios –Bésame como si no quisieras parar jamás.
Efectivamente. No querría parar jamás, pero suponía que, a la mañana siguiente, Orihime preferiría olvidarse de todo aquello.
Ichigo le acarició la espalda de nuevo junto con su largo cabello con aromas dulces, le tomó el rostro entre las manos y se apropió de su boca y, a partir de entonces, ya no pudo seguir pensando, se olvidó por completo de lo que pasaría al día siguiente, pues en esos momentos no tenía la más mínima importancia.
Lo único que le importaba era el presente.
Lo único que le importaba era sentir esa caliente lengua que poseía Orihime, sus dedos, escuchar sus gritos de placer mientras danzaban al unísono y los espasmos que comenzaban a surgir en el interior de su cuerpo y lo aprisionaban de manera suave y gustosa.
Cuando Orihime gritó su nombre y echó la cabeza hacia atrás, Ichigo se dejó venir con ella y esparció su esencia en su interior.
Después, todo se quedó en silencio.
Hasta que Orihime volvió a echar la cabeza hacia adelante y se dejó caer contra él. Ichigo sentía que la cabeza la iba a estallar. Orihime tenía la respiración completamente entrecortada y, a pesar del intenso frío que hacía en la habitación, ambos estaban bañados e sudor.
-No te habré lastimado. ¿Verdad? –le preguntó Ichigo.
Ella descansó su frente sobre la del Kurosaki con dulzura y sonrió.
-Ha sido… has estado… perfecto –lo halagó con palabras entrecortadas debido a la agitación.
Aquello, sin duda, hizo que Ichigo se sintiera muy bien.
-Hime, a todos los hombres nos gusta que nos digan esas cosas, pero la que has estado perfecta has sido tú.
-¿Tú crees? –sonrió Orihime acariciándole el pecho –Nunca había sentido algo así de maravilloso.
-Vaya, gracias –contestó Ichigo –Encantado de poder servirte.
Orihime se rió.
-Sí, sí, tú ríete, pero, cuando te vuelva loca otra vez, verás que no estoy exagerando con lo del servicio –habló Ichigo tumbándose a su lado, abrazándola y acariciándole el vientre.
-¿Lo has sentido? –cuestionó Orihime asombrada.
Ichigo estaba sintiendo muchas cosas, la suavidad de su piel, su ombligo, el deseo que nuevamente se estaba apoderando de él, como si tuviera dieciocho años en lugar de veinticinco.
-El bebé se ha movido –le anunció Orihime.
-¿De verdad? –respondió Ichigo poniéndose serio.
Ella colocó su mano sobre la de él un centímetro más a la derecha y, entonces, Ichigo lo sintió. Sí, fue un movimiento muy sutil, parecido al de las alas de una mariposa en dorso de la mano.
-No puede ser –comentó colocando el oído sobre el vientre de Orihime –Hola pequeño, ¿Cómo vas?
Orihime se rió y le acarició sus cabellos.
-Estás loco.
-Eso me lo dice todo el mundo últimamente –dijo Ichigo.
Sí, a lo mejor estaba loco, pero le daba igual.
Ichigo puso sus labios sobre el abdomen de Orihime y depositó un beso allí.
-Ichigo –suspiró ella.
Ichigo cerró los ojos y se preguntó si sería imaginaciones suyas o si realmente estaría sintiendo al bebé en los labios y decidió que daba lo mismo, que era un ser real al que no quería ni podría olvidar.
Como tampoco quería ni podía ignorar la idea que se había comenzado a formar en su cabeza horas antes, mucho antes de que Orihime lo hubiera invitado a compartir la cama.
-Cásate conmigo –le dijo.
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Bien, se supone que el lemmon debe ser más tierno para que tenga relación con la historia y personalidad parecida a la del libro, pero créanme cuando les digo que la traducción del libro está más jodida que Hanataru enfrentándose a Kenpachi.
Tiene muchos errores de gramática, sentido e incluso de dedo. Esperemos y todo salga bien.
Es por eso que me cuesta adaptarlo además a los personajes y frases que utilizaría con regularidad y el contexto, así que espero me entiendan, además estoy haciendo trámites para la Universidad y me siguen matando en la Preparatoria y Diplomado… ya que.
Disculpen que no tenga mucha constancia y si esperaban un lemmon más fuerte éste no es el fic adecuado, esperen a que suba "Amantes Sanguinarios" dentro de un semana. Yo también ya quiero lemmon de éstos dos.
Dejen review por mi esfuerzo por favor y les prometo que si tengo una cantidad satisfactoria les subo también el capítulo 2 de "Precio al amor" que ya tengo hasta el capítulo 5.
Me despido agradeciéndoles la atención, los reviews y sobre todo, la larga espera ^^u. Aquí algunas respuestas a mis lectores, cosa que nunca había hecho a falta de tiempo.
kathi alamos g: Disculpa mi demora… no tengo perdón. Espero disfrutes el capítulo que es más largo de lo habitual.
nypsy: Arigatou, ya estoy resolviendo mis inconvenientes.
yet-chan: Gracias por el apoyo, me sirvió bastante, aquí te traje mi trabajo.
MisatoNara: Siento dejarte así, pero ya lo continuo… vamos apenas a la mitad del libro, así que relax.
AntoniaCifer: Creo que me pasé de tiempo sin subir fics, pero estoy de vuelta gracias a ustedes.
Adriana: De nuevo gracias por el apoyo, estoy bien ahora y quiero continuar con mi vida normal.
Azkaban: En efecto, nadie tiene el poder de destruirme y heme aquí, lista para ustedes
akire-chan: Créeme que me he animado bastante con los reviews.
