¡Hola!

Me parece que ha pasado algo de tiempo desde que actualicé si quiera uno de mis fic´s. verán, yo quisiera seguir actualizando seguido pero a veces el tiempo me come. Han sido varios los correos que me han llegado para pedirme que actualice al menos un capítulo y quisiera que así fuera.

Espero éste año poder entregar más de mí, como en un principio lo prometía. Bien, dejo unos comentarios al final del capítulo. ¡Disfrútenlo!

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Atrapados en la nieve

Capítulo 9: "Lo que se esconde bajo la nieve"

-Traigo un paquete para… Asuna Suno –anunció un niño de cabellos rojos intenso con la actitud despreocupada.

Orihime, que estaba sentada en la recepción de la Kurosaki Fundation, se quedó mirando el enorme ramo de lirios blancos y rosas. Era la hora de comida, el vestíbulo se encontraba lleno de gente y todo el mundo se había fijado en él también.

-Sí… soy yo.

-Estupendo –dijo el chiquillo dejando el ramo sobre el mostrador y dándole una carpeta junto con un bolígrafo –Firme aquí.

-Gracias –contestó Orihime firmando algo sorprendida.

-De nada –respondió el chico sonriendo algo forzado –Menudo día llevo. No he parado de trabajar. Todos los que se olvidaron de que ayer era el día de San Valentín están mandando hoy flores –se despedía mientras se iba quejando por el pasillo y colocándose los audífonos saliendo por la puerta.

-¡Que bonitas! –comentó una compañera de trabajo de Orihime con gran emoción mientras observaba con detenimiento el delicado arreglo –Mejor tarde que nunca, ¿cierto? –añadió guiñándole el ojo izquierdo y retirándose a su área.

Todo el mundo se creía que se las habían regalado porque no había tenido día de San Valentín, pero no era cierto. Había pasado un día de San Valentín estupendo en compañía de Ichigo.

En aquel momento, sonó el teléfono interrumpiendo sus pensamientos y después de causarle un sobresalto atendió la llamada.

-Buenos días. Está usted hablando a la Kurosaki Fundation. Le atiende Asuna, ¿en qué puedo ayudarle?

-Yo diría que tienes hambre.

Orihime dio un respingo al escuchar la voz de Ichigo.

-¿Ah sí? Y eso, ¿quién lo dice?

-Solo yo –dijo Ichigo entrando por la elegante puerta giratoria de cristal y guardándose el teléfono móvil en el bolsillo de sus pantalones.

Cuando llegó frente al mostrador, apoyó las palmas sobre la superficie y se inclinó hacia delante.

-Que flores tan bonitas. ¿Debería sentirme celoso?

Orihime lo miró y soltó una risita notoria. No lo había visto desde que se fue de su casa el día anterior por la mañana. Había hablado con él y, por supuesto que, había soñado con él, pero no volverlo a ver.

La verdad era que, aunque quisiera convencerse a sí misma de que lo que había ocurrido entre ellos durante el fin de semana solo fue producto de la proximidad obligada, en cuanto lo vio, aquella explicación decayó pronto.

-Tú sabrás, porque quién me las ha enviado has sido tú.

Ichigo sonrió encantado.

-¿Estos abusivos de la Fundación te dejan salir a comer si te has portado bien?

-He comido hace una hora –contestó Orihime sinceramente.

Y era sinceramente que se arrepentía de ello porque un sándwich de judías dulces con un poco de atún no le hacía sombra de ninguna manera al hombre tan atractivo que tenía ante sí.

-Qué le vamos a hacer –dijo Ichigo soltando un suspiro cansado –No he visto mi camioneta en el estacionamiento –comentó entregándole un teléfono móvil.

-Es que… he venido caminando –confesó Orihime.

-¿Cómo? ¡Todavía hay nieve y la Fundación está a kilómetros de tu casa!

Sí, ya se había dado cuenta de ello. Sobre todo, durante la última cuadra, que discurría por la autopista.

-Tampoco es para tanto Ichigo. Si siguiera corriendo, ni hubiera sentido.

-Sí, pero no sigues corriendo Orihime –le recordó el ojicafé –Te he dejado la camioneta para que la uses, Ori… Asuna.

-Y yo no la he utilizado por algo, Ichigo –respondió Hime sin alzar la voz porque ya había gente mirándolos.

Ichigo frunció el ceño.

-¿Sales a las cinco?

-A las cuatro y media.

-Vendré a buscarte a esa hora –dijo girándose y yendo hacia la puerta.

-Ichigo, espera –reaccionó Orihime retirándose los auriculares que llevaba y corriendo tras él –Tu teléfono.

-Es para ti –contestó Ichigo empujando la puerta y saliendo antes de que Orihime tuviera tiempo de protestar.

Para colmo, en aquello momento, se puso a sonar una de las líneas que atendía y no tuvo más remedio que atender. Le hubiera gustado salir detrás de Ichigo, pero no podía ser. Aún debía cumplir con su trabajo.

Ichigo tendría que esperar, aunque eso no le gustara.

-Buenas tardes –contestó –Está usted hablando a la Kurosaki Fundation…

« Atrapados en la nieve»

-Mujeres –murmuró Ichigo entrando en el parque de bomberos por la puerta trasera.

Desde allí, tenía acceso al cuarto que poseía varias sillas orientadas hacia un enorme televisor de plasma que colgaba de la pared, una mesa de billar y unas cuantas estanterías llenas de libros.

-Son el sexo opuesto. Se supone que, a estas alturas, ya deberías saberlo –le contestó su compañero Renji, que estaba tumbado en una de esas cómodas sillas con un libro apoyado en el amplio masculino pecho.

-Son fotos, ¿cierto? –bromeó Ichigo refiriéndose al libro que su compañero sostenía –Todos sabemos que eso de leer no es para ti, Renji –se burló el pelinaranja con una media sonrisa.

El hombre de los atractivos tatuajes se le lanzó al Kurosaki tomándolo de la chaqueta, pero Ichigo en un astuto movimiento le arrebató el pequeño libro descubriendo que se trataba de un simple manual de estudio.

-Así que siempre sí te vas a presentar a ese examen, ¿eh?

-Claro, sino vas a ser tú el único teniente. Como no te quieres presentar a Capitán…

La verdad era que todo el mundo le decía que lo hiciera y él ni siquiera se lo había planteado hasta el momento, pero ahora que había decidido casarse…

Ichigo se sirvió una taza de café y al querer probarlo demasiado rápido, tal vez para desviar la pregunta, se quemó un poco los labios.

-¿Y qué haces aquí? –le cuestionó Renji –Tienes libre hoy y mañana.

-Tú también y aquí estás.

-Sí, pero yo no tengo mucha vida personal –contestó su compañero –Y tú estás formando un hogar con esa hermosa pelinaranja de la Fundación.

-Yo no estoy formando ningún hogar.

-¿Cómo de que no? Sé lo del generador que "amablemente" le has enviado y también resulta que ella conduce tu camioneta.

« ¿Ah, sí? Pues para ir al trabajo, no», pensó Ichigo.

-¿Cómo sabes lo de la camioneta?

-Me lo ha dicho Nazoami. He ido esta mañana a desayunar ahí y me lo ha contado. Has pasado el fin de semana con ella, ¿verdad?

-¿Con Nazoami? Claro que no.

-No, con la pelinaranja. Nazoami dice que es la chica del incendio, la que sacaste del Restaurante Karakura, ésa que llevas todo este tiempo buscando como un desesperado.

-Desde luego, Nazoami lo sabe todo, ¿No sabrá por casualidad las conclusiones del informe sobre las causas del incendio de ese restaurante? –Ichigo se burló.

-¡Uy!, estás de unos ánimos. Te irían bien unos minutos, quizás te tranquilizas un poco.

-¿Te han dicho alguna vez que eres un idiota?

-Rukia me lo dice todos los días –dijo su compañero caminando hacia la salida –En cuanto al incendio, el informe llegó esta mañana. Definitivamente, fue provocado. El jefe ha ido a hablar con Kan´onji. Por lo visto, está toda la familia trabajando para arreglarlo cuanto antes. Supongo que se querrán casar ahí.

-¿Quiénes?

-Yo que voy a saber -.

Con aquella respuesta tan vaga, Ichigo se terminó lo último que quedaba de su café y salió también. Mientras caminaba hacia su camioneta, recordó los esfuerzos que había hecho en Los Ángeles para promocionarse. Allí estaba siempre estudiando y trabajando. Tal vez, de no haber estado tan interesado en ascender profesionalmente, hubiera podido salvar a Senna.

Mientras recorría el trayecto en el vehículo que le había prestado su hermano aquella mañana, no pudo dejar de pensar en Orihime, que había ido caminando a trabajar.

Para cuando llegó al restaurante –pues no le quedaba lejos –le dolían las manos del intenso frío que le helaban los dedos. Una vez dentro, no vio al jede del parque de bomberos por ningún lado, así que asumió que ya se habría ido.

Aunque la mayor parte del famoso restaurante había resultado dañado en el incendio, casi todos los escombros habían sido ya retirados. Ichigo aprovechó para entrar por el jardín lateral, que estaba cubierto espléndidamente de nieve y repleto de enormes palmeras. Qué increíble contraste. Las palmeras habían resistido bien el embate de la tormenta, pero las flores que cubrían los muros no habían sobrevivido.

Habían retirado también las mesas y sombrillas que solían estar en el jardín, quizá para dar una experiencia más campestre a los comensales. Solo quedaba la pequeña fuente en el centro que, de momento, se encontraba seca.

A pesar de que hacía frío, las puertas del restaurante se encontraban abiertas completamente. Ichigo siguió el sonido de una sierra eléctrica que lo llevaría hasta Don Kan'onji.

-Hola, Ichigo –lo saludó el hombre con entusiasmo y aquellos gestos un tanto molestos –Supongo que ya te habrás enterado.

-Sí, parece que fue provocado –comentó con tristeza –Yo casi hubiera preferido que fuera un accidente, te lo aseguro. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar?

-No lo sé aún. Me voy a quedar todo el tiempo que haga falta –contestó aquel extravagante hombre colocándose de nuevo sus gafas protectoras para retomar su trabajo.

-Bien, sabes que si puedo hacer algo yo…

-Lo sé. No te preocupes. Ya has hecho mucho, tú y el cuerpo de bomberos. Muchas gracias, Ichigo –le dijo poniendo en marcha de nuevo la sierra eléctrica.

Ichigo entendió la indirecta y se despidió de él. Tenía intención de irse a casa a terminar unos pendientes antes de ir por Orihime. Su idea era convencerla para que se quedara a dormir en su departamento, pero lo llamaron al celular antes de que pudiera subirse a la camioneta y no tuvo más opción que volver de inmediato al parque de bomberos.

« Atrapados en la nieve»

Para las cuatro y media, cuando terminaba de trabajar, Orihime había conseguido mantener todos los nervios que se apoderaban de ella de poco a poco, aunque la idea de que Ichigo fuera a pasar por ella la tenía bastante alterada.

Sin embargo, fue Uryuu Kurosaki el que se presentó en la pequeña sala de recepción cuando estaba tomando su bolso.

-Ichigo ha tenido una emergencia –le explicó –Un accidente en cadena. Así que me ha pedido que sea yo quien pase por ti.

-No es necesario –se excusó Orihime apresuradamente.

Por una parte, sentía cierto alivio, pero por otra… se dijo que no, que era imposible, que no era decepción.

-¿Te puede llevar otra persona? –le preguntó el hermano de Ichigo mirándola con atención por encima de sus delgadas gafas que llevaba apoyadas sobre su fina nariz.

Llevaba un traje impecable y se movía con tanta naturalidad y elegancia, como si se encontrara sobre una alfombra roja.

-No, pero puedo regresar caminando –respondió Hime.

-Claro. Ichigo ya me había advertido de que me dirías algo así. Mira Asuna, hace mucho frío para volver caminando a casa y es más fácil si cumplimos los dos con el plan de mi hermano. De no hacerlo nos querrá asesinar a ambos. Aunque parezca un tonto, es buena persona y te aseguro que cuando algo se le mete a la cabeza, no para hasta conseguirlo. Supongo que tú ya debiste de haberte dado cuenta.

Orihime se mordió ligeramente el labio inferior y se preguntó que tanto le habría contado Ichigo a su hermano.

-Sí, ya me he dado cuenta –admitió colocándose el abrigo y acompañando a Uryuu hasta la puerta.

Suponía que fuera les estaría esperando la camioneta blanca con la que había visto al hermano de Ichigo el día anterior por la mañana, pero Uryuu la guió hasta un precioso auto negro.

A Orihime le gustaban aquellos coches, pero, precisamente aquél era exactamente igual que el que tenía Grimmjow.

Uryuu abrió la puerta y esperó a que Orihime entrara para cerrársela, rodear el vehículo y ponerse al volante.

-¿Te ha comentado si el accidente es muy grave? –preguntó la ojigris mientras Uryuu permanecía serio conduciendo.

-Debió ser bastante grave porque han avisado a los demás bomberos de Karakura y otras ciudades locales –contestó Uryuu –No sé cómo puede soportar ese trabajo. Debe de ver unas cosas terribles y aun así, le sigue gustando –comentó mirando a aquella mujer de reojo mientras se paraba en un semáforo –Estar casada con un bombero no debe ser fácil.

Hime se sonrojó.

-Supongo que eso quiere decir que te ha contado que me ha propuesto matrimonio.

-A Ichigo le gusta ir directamente al asunto –dijo Uryuu –Es un hombre fuerte y directo. Yo lo respeto mucho. Lo que tú tengas con él es asunto de ustedes, pero no quiero volver a verlo sufrir como cuando murió Senna.

Orihime lo miró sorprendida.

-¿Senna murió? ¿Cómo?

Uryuu le regresó la mirada, dudando, como si no supiera si debía contárselo o no.

-¿Cómo murió? –insistió Orihime.

-El tipo con el que vivía la mató a golpes.

Orihime de repente sintió náuseas.

-Ichigo cree que podría haberla salvado.

La pelinaranja apretó sus manos y sintió que sus grandes ojos se le llenaban de lágrimas, así que giró la cabeza disimuladamente y se puso a mirar por la ventana. No era de extrañar que a Uryuu no le hiciera ninguna gracia que su hermano se quisiera casar con ella.

-Ichigo tiene suerte de tener una familia que se preocupar por él –comentó ahora ella con una voz débil.

Sabía que Uryuu la estaba observando, pero, evidentemente, había decidido que había hablado suficiente porque no volvió a decir una palabra en todo el trayecto. Cuando se aproximaban a su casa, Orihime escuchó como la grava del camino saltaba a los lados del coche. A Grimmjow le hubiera dado un infarto si hubiera tenido que meter su preciado vehículo por ahí.

-Me tendrías que haber dejado al principio del camino donde está la tierra. Se te va a estropear el coche… la pintura… -musitó al ver que había otro vehículo en la puerta de su casa.

-Tienes visita –le informó Uryuu deteniendo su coche junto al otro.

-No he quedado con nadie –aseguró Orihime.

El otro vehículo en cuestión llevaba las ventanas polarizadas, así que no se veía quién estaba dentro, Hime intentó pensar en alguna excusa, las que fuera, para no bajarse del coche y sintió un pequeño mareo de nervios. Si se trataba de Grimmjow o de alguien enviado por su familia para que regresara a casa, ¿qué es lo que haría?

-Espero no haberte disgustado –se disculpó Uryuu -¿Estás bien?

-La verdad es que no me encuentro muy bien –exageró la pelinaranja llevándose una mano a su vientre -¡Oh, no! –se quejó cuando sintió una contracción.

-¿Qué ocurre? –se alarmó Uryuu -¿Quieres que te ayude a entrar a tu casa?

-No… lo siento –lo tranquilizó Orihime mostrando una mueca de molestia cuando el dolor volvió a apoderarse de ella –Por favor, al hospital… llévame al hospital… me parece que le pasa algo al bebé.

Uryuu se quedó paralizado, pero no tardó en reaccionar y aceleró.

-Resiste un poco –le indicó a ella.

¿Y qué otra cosa podía hacer? El dolor, cada vez más intenso, se había pasado a la columna y le bajaba por las piernas. Orihime cerró los ojos e intentó que el pánico no se apoderaría de ella, pero, cuando pasó un tiempo, llegaron a la sala de urgencias del hospital y el miedo la amenazaba.

Por suerte, Uryuu entró dando instrucciones y consiguió, seguramente gracias a su apellido, que la atendieran inmediatamente y, en un abrir y cerrar de ojos, Orihime se encontró recostada en una camilla con una enfermera a cada lado de ella mientras una tercera le revisaba la presión.

-¿Quiere que avisemos al joven Kurosaki? –le preguntaron.

-Ichigo –consiguió hablar –Ichigo, ¿dónde está? ¿Podrían avisarle, por favor? Quiero ver a Ichigo…

« Atrapados en la nieve»

-¿Dónde está?

Eso fue lo primero que Ichigo preguntó al entrar en urgencias. Entonces, vio a su hermano, que estaba en la recepción hablando con la jefa de enfermeras. Aquella mujer había sido muy estricta con Ichigo y no le había dado ni una sola noticia del estado de Orihime y tampoco cuando había ido a preguntar por ella después del incendio, pero parecía que a Uryuu se le daba mucho mejor, porque no hacía otra cosa más que sonreírle.

-Le han hecho unas cuantas pruebas de rutina –le dijo su hermano –Creo que la doctora está con ella en estos momentos. Te tengo que contar una cosa antes de que la veas.

-Después… -Ichigo lo interrumpió sin darle la menos importancia.

-Pero…

Ichigo ya había atravesado las puertas que se dirigían a los pacientes. De pronto, sintió que las piernas le temblaban. Orihime estaba acostada de lado en una cama estrecha, con una bata de hospital y cubierta hasta las caderas con una sábana muy fina.

-Hola –la saludó con una media sonrisa animada.

-¿Has venido directamente desde el accidente? –le preguntó Orihime al detenerse a mirar que iba aún con el uniforme.

Lo cierto era que Ichigo había hecho algo que jamás había hecho antes; irse del lugar de un accidente antes de que todo estuviera bajo control.

Sin respondes, se sentó junto a la cama y le tomó la mano derecha.

-¿Qué ha pasado? –le interrogó, pues lo único que sabía era la versión muy resumida que le había ofrecido Uryuu por teléfono.

-El bebé está bien –lo tranquilizó Hime apretando su mano.

-¿Y tú?

-¿Por qué no me contaste lo que había pasado con Senna?

Ichigo se quedó helado.

-¿Qué pasa con ella?

Orihime cerró los ojos un momento.

-Tu hermano me ha dicho que murió, me ha contado que murió asesinada a golpes.

Ichigo maldijo en voz baja.

-No te enfades con él. Está preocupado por ti.

-Pues no tiene razones para estarlo. Eso fue hace ya mucho tiempo y no tiene nada que ver con nosotros. De verdad.

Orihime no parecía convencida, pero Ichigo insistió acariciándole el largo cabello que recorría el femenino rostro.

-Lo único que importa en estos momentos es el aquí y el ahora –le volvió a sonreír asegurándole sus palabras mientras le besaba la muñeca de la mano que le sostenía -¿Qué te ha dicho el médico?

-El doctor cree que he sufrido un ligero ataque de ansiedad.

-¿Por lo que te ha contado Uryuu o por el coche que estaba estacionado frente a tu casa?

-Ya veo que te lo ha contado.

-Por supuesto.

-Tu hermano cree que te has vuelto loco conmigo.

-Puede creer lo que quiera. Mi hermano y yo estamos unidos, pero cada uno vive su vida como quiere. Lo que hay entre tú y yo es solamente para nosotros.

Orihime sintió que las mejillas le quemaban y que sus ojos se le humedecían.

-Hace mucho tiempo que nadie se preocupaba de mí en verdad. –comentó con una voz temblorosa –En realidad creo que nunca nadie me ha querido en verdad.

-Ahora estoy yo a tu lado Orihime y me voy a ocupar de ti –le declaró Ichigo acercándose más -¿Quién creíste que estaba en el coche?

Orihime dudó un poco, soltando un ligero suspiro.

-Grimmjow.

¡Por fin sabía el nombre de aquel idiota!

-No, tranquila, era tu casero –la calmó Ichigo.

-¿Cómo lo sabes? –preguntó ella con una mirada muy sorprendida –Pero si él no vive en Karakura.

-cuando me llamó Uryuu, le pedí a un amigo policía que se pasara por tu casa. El casero seguía ahí. Por lo visto había quedado con alguien que le arreglaría el cobertizo.

-Así que solo era el casero –suspiró Orihime llevándose su mano libre a la frente –Y mira todo lo que he provocado para nada.

-Orihime, eres una mujer muy valiente –le reconoció Ichigo pensando en lo mal que tenía que haberla pasado para decidir cambiarse hasta el nombre.

-¿Cómo puedes decir eso?

-Para empezar, no has vuelto con el hombre que te ha maltratado. Te sorprendería saber la cantidad de mujeres que lo hacen. Hay muchas que creen en sus parejas, a los mismos hombres que las han golpeado, cuando les piden "perdón" y les juran que van a cambiar y que nunca volverán a tocarlas.

-¿Senna lo creyó?

Ichigo solo asintió.

-Bueno, yo no lo dejé la primera vez que me golpeó. Seguí siendo su novia.

-Sí, pero, al final lo dejaste y no has regresado con él, estás construyendo una vida mejor, estás aprendiendo a vivir sola, a ser independiente. Eso dice mucho a tu favor. Eres valiente.

Orihime le dedicó una mirada agradecida. Realmente deseaba creer en sus palabras.

-¿Tú crees que…?

-Bueno señorita Suno –habló una joven médico recorriendo la cortina que separaba a Orihime de otros pacientes en urgencias –Hola, Ichigo –lo saludó al verlo.

-¿Qué pasa? –demandó Ichigo al ver a un ayudante cargar una máquina.

-Simple, vamos a hacer una ecografía.

-¿Pero no habían dicho que solo era un ligero ataque de ansiedad?

-Por si acaso –contestó la doctora mientras su ayudante colocaba la máquina junto a la cama –Han traído a dos personas del accidente de tráfico, ¿los atendiste tú?

-Así es –afirmó Ichigo, que estaba más interesado en la ecografía que en revivir el accidente.

-Tres de las víctimas eran niños, ¿no? –le interrogó ahora la doctora mientras se lavaba las manos.

Orihime suspiró horrorizada.

-¿Cuándo podrá irse a casa? –respondió Ichigo cambiando de tema.

Tatsuki se secó las manos.

-En cuanto veamos cómo está el bebé –sonrió mirando a Orihime y sentándose a su lado.

Después el ayudando colocó un poco de gel sobre el vientre de Orihime y le pasó el lector a la doctora.

-Me has dicho que ésta es la primer ecografía que te haces, ¿no?

-Sí.

Ichigo se sentó al otro lado de la cama. Todos miraban fijamente la diminuta pantalla del monitor. Orihime se mordía el labio inferior nerviosa. El Kurosaki la volvió a tomar de la mano.

-Ahí está tu bebé –anunció la doctora Arisawa –La placenta está perfecta y está bien colocado, ¿quieren saber el sexo? –añadió incluyendo a Ichigo, viendo que estaban tomados de la mano.

Ichigo miró a Hime.

-Es decisión tuya –le dijo.

Orihime le sonrió.

-Sí, sí quiero.

La doctora buscó con el lector, deslizándolo con paciencia sobre el pequeño abultamiento en su vientre.

-Claro que no es un bebé tímido –comentó –Definitivamente, es un niño –declaró –Les voy a mandar los resultado a tu ginecólogo. Por lo que he visto, todo está bien. Le voy a decir a la enfermera que venga a tomarte la presión de nuevo. Por mí, cuando quieras, puedes ir a casa, ¿alguna pregunta?

-No, no… muchas gracias –respondió Orihime pendiente en el monitor todavía.

Ichigo tampoco había podido apartar la mirada y ninguno de los dos se dio cuenta si quiera, cuando la doctora Arisawa se había retirado.

-Ahora mismo te traigo algo de papel –le dijo el ayudante cuando apagó el equipo para retirarlo.

Una vez a solas, Orihime se dio cuenta de que Ichigo aún la seguía tomando de la mano.

Él fingió toser un poco para intentar deshacer el nudo que se le había formado en la garganta.

-Bien, pues ahora vas a tener que empezar a pensar en nombres para tu hijo.

-Ichigo.

-Dime.

-Nada, que me gusta tu nombre. Así que le pondré Ichigo.

Así que, de momento, no quería casarse con él, pero, ¿le iba a poner su nombre a su hijo?

-No le hagas eso –mencionó mientras la enfermera entraba a tomarle la presión a Orihime –Te aseguro que crecer llamándote Ichigo no es fácil.

Orihime no contestó mientras la enfermera realizaba su trabajo, pero, cuando se fue y de nuevo se quedaba a solas con el atractivo Kurosaki, habló.

-Quiero que mi hijo crezca siendo tan honrado, bueno y protector como tú, Ichigo.

Él se sentó en el borde de la cama.

-Entonces, si eso quieres, cásate conmigo Orihime, para que yo pueda verlo.

-Ichi… -suspiró Orihime con lágrimas ya en los ojos.

-Por favor, dime que te lo vas a pensar al menos –le pidió suplicante tomándole las manos.

-Está bien –accedió Orihime vencida ante sus propios sentimientos –Me lo voy a pensar –y sonrió.

Ichigo suspiró algo aliviado y le dio un beso en la frente, removiendo unos cabellos que le estorbaban.

-¿Me sacas de aquí? –pidió Orihime con una voz dulce.

-En cuanto te hayas vestido, te llevaré a casa.

-¿A la tuya? –preguntó sorprendiendo al ojicafé -Si te parece bien, claro.

-Por supuesto. Me parece simplemente perfecto.

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Éste es uno de los capítulos más largos que tiene el libro, ahora les tengo una noticia, tal vez buena, tal vez no tanto.

El libro tiene 12 capítulos, sin contar la introducción y el epílogo, por lo tanto, éste es el capítulo 9, así que debo informar que solo son 3 los capítulos que quedan más el corto final.

Los siguientes capítulos son mucho más cortos, pensaba después escribir una secuela de one shots, pero créanme, ahora lo tengo mucho en duda, ya veré con el tiempo.

Pienso terminar lo más pronto posible la historia, porque ya me he extendido demasiado y quiero enfocarme en las demás que tengo pendientes.

Mientras disfruten de los últimos capítulos :D y prometo que no me he olvidado de actualizar, solo que no pensé que mi vida a los 20 años cambiaría demasiado, al menos no referente al estudio.

¡Nos leemos después! y no olviden dejarme su opinión, yo siempre los leo ;)