Advertencia: Lemmon

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Atrapados en la nieve

Capítulo 10: "El último sol de invierno"

-No es una casa grande ni lujosa –comentó el Kurosaki mientras le mostraba su pequeño apartamento adentrándose a una cálida habitación –Pero es suficiente para mí. De momento –añadió adrede mientras le dirigía una mirada.

El apartamento de Ichigo era el doble de grande que la casa que Orihime había rentado. Para empezar, porque este sí tenía un dormitorio.

Orihime, de pie en la puerta de aquél dormitorio, se quedó mirando la enorme cama cubierta con un edredón color azul marino.

-Está muy bien –le aseguró ella.

La casa estaba muy limpia, para su sorpresa y demasiado ordenada; a pesar de no tener muchos muebles se sentía bastante acogedora.

Orihime dedujo que tal vez la falta de atención a los detalles no se debía a la falta de interés o descuido por parte de Ichigo, sino por el poco tiempo que él debía de pasar ahí.

-Aquí tienes camisetas y sudaderas. Sé que no es lo adecuado pero, puedes ponerte lo que quieras –le dijo el ojicafé abriendo el cajón superior de un tocador sencillo –El baño está aquí –le indicó señalando una puerta conjunta a su izquierda –Disculpa, pero me tengo que volver a ir –habló con pesadez.

Cuando habían salido del hospital. Ichigo le había advertido que tenía que volver al parque de bomberos.

-Lo entiendo perfectamente. Es tu trabajo –lo reconfortó Hime con una sonrisa ligera.

Por mucho que Ichigo le dijera que no era una cobarde, ¿cómo se explicaba que no hubiera querido volver a casa y que hubiera preferido irse a la de Ichigo?

Orihime llevó sus pequeñas manos hacia sus brazos.

-¿Tienes frio? –preguntó Ichigo preocupado.

-No, no, estoy bien –contestó ella –Ve tranquilo –le indicó.

-No es como si quisiera dejarte sola.

-Tampoco es como si me fuera a pasar algo –le sonrió.

-Ya lo sé, pero me encanta verte en mi casa.

Orihime sintió un agradable calorcito que la invadía por dentro y terminaba por iluminar sus mejillas.

-Habré vuelto antes de que tengas que ir a trabajar. Te llevaré a tu casa para que recojas tus cosas y, luego, te llevaré a la Fundación.

Hime solo asintió.

-Tengo comida en el refrigerador –se despidió Ichigo abriendo la puerta que daba a la calle –Come todo lo que quieras. Tu bebé tiene que crecer y nacer muy sano. Seguro que tienen hambre –añadió mientras cerraba la puerta y él desaparecía con lentitud.

Orihime tomó un poco de aire y, al exhalar, se llevó las manos al vientre.

Su bebé.

Luego se acercó a la ventana y se quedó mirando la calle. Todavía había montones de nieve en las banquetas y los jardines. La camioneta blanca de Ichigo había desaparecido también.

La pelinaranja se mordió el labio inferior y se giró hacia el refrigerador. En comparación con el suyo, que era una auténtica antigüedad, el de Ichigo parecía muy del futuro. Tal y como le había dicho, estaba lleno de comida.

Ella se sirvió un vaso de leche y también un poco de ensalada que estaba preparada, seguro era la cena de él. Se sentó en el cómodo sofá que estaba frente al televisor.

Por supuesto, que el televisor del Kurosaki se veía de maravilla. Orihime sintonizó el canal de noticias, bajó el volumen y se quedó mirando las fotografías que estaban en los estantes y repisas.

A continuación, se puso de pie y eligió la más grande y llamativa, una en la que se veía a Ichigo con su familia. Se trataba de una fotografía que había sido tomada hacía unos cuantos años, pues Ichigo no era más que un inquieto adolescente.

A juzgar por sus sonrisas, la familia Kurosaki era una familia muy unida, absolutamente nada que ver con la suya.

Hime dejó con cuidado el marco en su lugar y se fijó en las demás fotografías. Había varias de las fiestas de Navidad y del veintiún cumpleaños de alguien. Ella recordó el suyo. Su padre había dado una fiesta por todo lo alto. Ahora comprendía que no había sido solo por su cumpleaños, sino para presentarle a Grimmjow y poner en marcha su plan.

Por aquél entonces, ella no sentía ningún interés por las empresas familiares. Si hubiera estado más interesada, tal vez, se habría dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero no había sido así. Después de que su madre insistiera durante un año para que saliera con Grimmjow repitiéndole sin parar el extraordinario partido que él era, Orihime había accedido a ir con él al baile del gobernador y se había sorprendido al comprobar que era un joven simpático además de guapo.

Aunque hubiera podido salir con quién le diera la gana, comenzó a conquistarla insistentemente. Orihime le dejó muy en claro que no se iba a acostar con él, pero aquello no hizo que se diera por vencido. Más bien, todo lo contrario.

Lo tomaría como un reto.

Sus padres estaban encantados de que saliera con Grimmjow y, cuando accedió a acompañarlo a Suiza para esquiar, fue con la certeza de que se terminaría acostando con él. Tras hacerlo, no sintió aquella fuerza apasionante que la dominara o algo por el estilo, pero Grimmjow le pidió que se casara con él y Orihime aceptó.

¡Que patético!

Todo había ido mal desde el principio.

En aquel momento, sonó el teléfono y Orihime volvió a la realidad. Se trataba del celular que Ichigo le había entregado. Fue tanta su distracción que para cuando terminó de sacar el pequeño celular, la persona que llamaba había colgado.

Ella buscó en la memoria para ver los números que Ichigo tenía registrados. Era una lista algo diminuta.

Casa de Ichigo

Trabajo de Ichigo

Celular Ichigo

Eligió el último y el Kurosaki respondió de inmediato.

-¿Estás cómoda?

Orihime sonrió avergonzada.

-Sí. No hace ni una hora que te has ido.

-Se me está haciendo larguísima la espera. ¿Qué hacías?

-Estaba comiendo un poco de la ensalada que dejaste preparada en el refrigerador –respondió Hime sin mencionar el evento con las fotografías -¿Y tú?

-Estaba preparando las bolsas de regalos para los niños que son para el próximo fin de semana. Lo voy haciendo cuando tengo tiempo.

Orihime se acomodó más en los cojines del sofá y comió más ensalada.

-Karakura no es un lugar muy grande, ¿cuántas emergencias tienes al día?

-No te lo creerías, te lo aseguro. Por suerte los grandes incendios, como el del restaurante, no son frecuentes.

-Supongo que no será fácil encontrar a los culpables –comentó Orihime, pues Ichigo le había dicho que el incendio del restaurante de Don Kan'onji había sido provocado.

-No, pero en Karakura todo el mundo se conoce. Si el tipo sigue por ahí, tarde o temprano, se delatará. ¿Estás teniendo pesadillas o algo así con el incendio?

-No –respondió Orihime sinceramente, pues sus pesadillas tenían a otros protagonistas –La verdad es que apenas recuerdo algo de aquella noche.

Excepto a él, por supuesto.

Orihime desvió la mirada hacia el televisor, donde un reportero estaba dando la noticia sobre el accidente que había atendido Ichigo.

-Supongo que, entonces, ves más accidentes de tráfico que incendios –volvió a hablar.

-Sí… aunque no suelen ser tan graves como el de hoy.

-Verlos en la pantalla es ya terrible, ¿cómo puedes soportarlo en vivo y en directo? –le preguntó Hime tomando el control remoto del televisor para después apagarlo.

-Me concentro en los sobrevivientes. Hay días que son mucho mejores que otros y confieso que, cuando hay víctimas infantiles, es muy duro.

-¿Qué hay en las bolsas que has estado preparando para los niños? –hizo otra pregunta Orihime para cambiar de tema.

-No quieres pensar en tragedias, ¿eh?

-No quiero que tú pienses en tragedias Ichigo –respondió ella.

El Kurosaki se quedó en silencio.

-Silbatos –habló por fin –Libros para colorear, chocolates que han donado del Café de Unohana y lápices para colorear donados por el restaurante de Don Kan'onji. Por supuesto, tendremos el camión que tanto les fascina. Van a ir unos cuantos compañeros míos. Estará bien.

-¿Y Uryuu?

-Estoy enfadado con él, pero, aunque no lo estuviera, no asistiría. No es que le gusten los niños.

-No deberías estar enfadado con él.

-Te ha disgustado y eso es razón suficiente –dijo Ichigo –Nos están llamando –añadió cuando sonó una fuerte alarma en el fondo seguida de una voz femenina que gritaba números –Ahora entiendes por qué saco tiempo de donde puedo para ir haciendo otras cosas, ¿verdad?

-Ten cuidado.

-Siempre lo tengo –finalizó Ichigo colgando el teléfono.

Orihime lanzó un suspiro y se llevó la mano al corazón, que le latía aceleradamente. No sabía por qué. Podía ser por la alarma del incendio o por Ichigo y sospechaba que era por él.

La ojiplata se terminó el platito de ensalada que se había servido, recogió la cocina y se dirigió al dormitorio, donde se puso una camiseta blanca de algodón que le llegaba hasta la mitad de los muslos.

La casa de Ichigo, al ser el doble de tamaño que la suya, también tenía un baño bastante espacioso. Ocupaba el centro de ese baño una tina ovalada, aunque también había una regadera con puertas de cristal. Hime se decidió por la bañera. No encontró productos para preparar el agua de la tina, como solía acostumbrar en su antigua vida, pero se dijo que le daba igual. Poder estirar sus largas piernas en una bañera tan fantástica le hizo sentirse muy bien.

No salió hasta que el agua se enfrió por completo y estaba a punto de quedarse dormida dentro. Tras quitar el tapón, se metió bajo la regadera y lavó su largo cabello, cuando terminó, se envolvió en una enorme toalla azul y se cepilló los dientes.

Aunque buscó hasta el cansancio, no encontró ninguna secadora, así que tuvo que terminar de eliminar el exceso de agua de su cabello con la toalla.

Como solo llevaba la camiseta de Ichigo a modo de "pijama" quiso observar que ésta le cubriera lo suficiente, lo que la llevó a ponerse frente al espejo para estudiar su silueta.

Por supuesto, se miró el vientre de perfil y, a continuación, se puso de frente de nuevo y se miró de cuerpo completo. En lugar de ver a la mujer de cuerpo pequeño y bien arreglada que había sido, se encontró ante una mujer de cabello revuelto y con ciertas zonas más crecidas.

Aquella era la mujer que, sorprendentemente, parecía gustarle a Ichigo Kurosaki.

Orihime se dio vuelta y decidió acostarse. Tenía dos opciones: meterse en la cama o dormir en el sofá, que parecía mucho más cómodo que el suyo.

Ichigo no le había dado ninguna indicación y no sabía qué hacer.

En aquello tampoco se parecía en absoluto a Grimmjow. Él siempre tomaba la iniciativa al igual que las decisiones y, tal y como había demostrado al enterarse de que ella estaba embarazada, no le gustaba que sugirieran cosas que no tuviera previstas.

Si una noche se le hubiera ocurrido a ella desnudarse e invitarlo abiertamente a su cama, seguro que la hubiera mirado de la peor manera.

Ichigo no lo había hecho.

Hime decidió entonces meterse en la cama, apartó el edredón y se deslizó del lado donde no estaba el despertador, aspirando todo el delicioso aroma que le pertenecía al joven pelinaranja.

Ichigo no era Grimmjow y ella no era una chica cursi y recatada.

Estaba tan cansada que, apenas su cabeza tocó la suave almohada, se sumergió en un maravilloso sueño del que no despertó hasta que notó un peso en el colchón, a su lado.

-¿Ichi?

-Shhh, duerme Hime.

-Creía que no ibas a volver hasta mañana por la mañana –comentó Orihime dándose cuenta que todo seguía muy oscuro.

Ichigo le paso el brazo por la cintura, levantándola un poco, con cuidado.

-He salido unas horas antes porque quería ver si de verdad había un ángel durmiendo en mi cama –le susurró al oído.

Orihime sintió que se derretía.

-Me alegro de que hayas venido –le dijo sintiendo alivio, acariciándole la punta de los dedos del brazo que se encontraba debajo de ella y disfrutando de su presencia –Me gusta estar aquí.

-Ya te había dicho que tenía una cama muy cómoda.

La pelinaranja sonrió.

-No lo decía por eso.

-Ya lo sé –se rió Ichigo besándola en la frente.

En aquel instante Orihime se giró y buscó sus labios.

-Si vuelves a hacer eso, aquí no va a dormir nadie esta noche –le advirtió Ichigo.

-A mí no me importa –contestó Orihime tomando la mano libre de Ichigo y dirigiéndola hacia uno de sus senos.

Ichigo suspiró profundo y la acarició.

-Necesitas dormir –insistió.

-Te necesito a ti –soltó Orihime en un suspiró al que Ichigo ya no podía seguir resistiéndose.

-Necesitar a alguien no es malo –continuó Ichigo con inútiles esfuerzos por evitarla, deslizando la mano por debajo de la camiseta y teniendo contacto con la tibia piel.

Aquel primer contacto que tuvo le quitó todas sus intenciones de mantener su autocontrol y al notar los brillantes ojos de Orihime cerrarse con vergüenza al sentir la mano de Ichigo masajeándole uno de sus grandes senos. Presionó con algo de desesperación el cuerpo de la pelinaranja hacia él, aprovechando que mantenía un brazo debajo de ella y en ese momento se volvía más fácil tomar el control.

Buscó los pequeños labios en los que encontraba un calor que comenzaba a volverlo loco, él recién venía de sentir el viento helado de la madrugada y ella había estado reposando guardando calor en su cama.

Orihime también profundizaba los besos que recibía de Ichigo, con sus pequeñas manos tomaba los cabellos del Kurosaki y bajaba hasta su cuello, soltando esa caliente respiración que no hacía más que provocarle una erección molesta y dolorosa.

-No, no es malo necesitar a alguien, pero puede llegar a ser muy intenso…

-Ya no hables Orihime –le suplicó Ichigo levantándole la camiseta.

Cuando la prenda se liberó del cuerpo de Orihime, Ichigo aprovechó para colocarse con cuidado sobre ella, poniendo ambos brazo a un costado de su cabeza, mientras él bajaba su rostro para empezar a probar del pezón derecho que ya se encontraba totalmente duro, quizás por el frio, quizás por él.

No pudo evitar soltar un pequeño gemido cuando Ichigo tomaba entre sus labios el pequeño botón que adornaba los grandes senos de Orihime, haciéndola levantar las caderas sintiéndose tan extasiada con apenas aquello.

El Kurosaki sabía que se tomaría su tiempo para hacer disfrutar a Orihime de todas las horas que la había dejado sola en su departamento, bajó con cuidado su mano izquierda, sin dejar de recorrer la piel tersa de Hime, pasándola por el pequeño bulto de su vientre, llegando a su cintura para después, acomodar con cuidado la punta de sus dedos entre sus muslos, como exigiendo el permiso para que ella las abriera un poco.

Estaba claro que Orihime no le negaría que la tocara a su gusto, así que entendiendo el mensaje de Ichigo, separó un poco sus piernas, permitiendo así que el joven presionara sobre su entrada, aquella misma que ya se estaba humedeciendo y esperándolo.

Los besos del pelinaranja subieron desde sus senos hasta las clavículas, después el cuello, luego la mandíbula, hasta volver a poseer sus labios, que no dejaban de soltar gemidos que se volverían al ritmo de las embestidas de Ichigo.

Orihime se había quedado tan quieta bajo las deliciosas caricias de Ichigo que cuando reaccionó, él se encontraba sufriendo con la erección aún sin liberar, así que lo detuvo un poco, en lo que terminó de quitarle la playera y desnudando su torso tan antojable a la vista. Tuvo que morderse el labio inferior para disimular su excitación al verlo y, después, bajó el pantalón de su pijama solo con sus cremosas piernas, haciendo que mientras bajaba la tela, sus pieles expuestas se rozaran.

Ichigo estaba ahora ardiendo, a pesar de seguir corriendo el aire frio en Karakura, para aquella habitación, parecía que podría haber un incendio, uno que Ichigo Kurosaki no podía apagar.

El Kurosaki atrajo en un abrazo a Hime por las caderas, para que ella sintiera que de verdad ya no podría estar más tiempo sin introducirse en ella, la necesitaba, quería volver a tenerla.

La ojiplata se acomodó para permitirle a Ichigo que la penetrara, ella también necesitaba que él la poseyera y la dejara recorrer con él hasta el éxtasis que tanto había disfrutado con apenas haber estado con él una sola vez, que no le pareció suficiente.

Cuando Ichigo se introdujo en Orihime, despacio, lento, cuidando de que no lastimarla, le pareció que no había nada más que le importara en ese Universo que estar con ella. La tenía completamente preparada para él, gimiendo con el aliento cálido al oído mientras seguía embistiéndola de manera tan placentera.

Sentía el latido de su corazón como si fuera el suyo propio. Era como si Ichigo se estuviera metiendo en su corazón.

En su alma.

Entonces, cuando comenzó a temblar y dejó aumentar las embestidas, notó cómo se expandía su cuerpo, percibió que Ichigo la seguía y sintió que pequeñas lágrimas le bajaban por las rosadas mejillas mientras ek ojicafé la abrazaba con fuerza y ambos saboreaban la llegada al orgasmo.

Después, el silencio y la quietud, sin separarse.

Pasó cerca de una eternidad antes de que Orihime tomara aire de nuevo y se moviera.

-¿Ha pasado algo Hime? –le preguntó Ichigo preocupado mientras secaba las lágrimas que aparecían en su rostro.

-No –dijo Orihime observándolo y dándole un corto beso en los labios.

En realidad, se sentía sanada. No sabía cómo había sucedido, pero se sentía así.

-Entonces, ¿por qué lloras? ¿Eh hecho algo mal?

-Demasiada perfección Ichigo. Gracias.

-Gracias a ti Hime.

-¿A mí por qué?

-Por haber estado aquí, esperándome –respondió Ichigo apoyando la cabeza en su hombro y ocultando su rostro en el sedoso cabello.

Orihime se volvió a emocionar, le acarició el cabello revuelto y lo besó en la mejilla.

Y fue así cómo los abarcó el sueño a ambos.

« Atrapados en la nieve»

La mañana siguiente, antes del trabajo, fueron a casa de Orihime. Su auto seguía cubierto de escombros. Casi toda la nieve se había derretido y ahora los agujeros que había en el diminuto jardín se notaban todavía más.

-¡Qué horror! –comentó Orihime mientras Ichigo preparaba la camioneta –Aunque supongo que habrás visto cosas peores.

-Así es –afirmó él bajándose del vehículo y rodeándolo para abrirle la puerta –Ten cuidado. No te vayas a resbalar con la hierba mojada.

Subieron los escalones de la entrada y Orihime abrió la puerta.

-No tardo nada en vestirme –le dijo.

Aquella mañana, solo al salir de bañarse, Ichigo la había sorprendido con unas deliciosas tostadas francesas. La ojigris le había contado que le estaba ocultando sus habilidades culinarias, a lo que él había contestado que los desayunos solían ser mucho mejores cuando se compartían noches como la suya, a lo que ella respondió asintiendo ligeramente sin poder evitar sonrojarse.

-Tienes tiempo suficiente, así que tranquila –le indicó Ichigo –Mete todo lo que puedas en esa estupenda maleta tuya. Ya vendremos por lo demás en otro momento.

El ojicafé estaba dando por hecho que Orihime se iba a quedar de nuevo en su departamento y ella no se atrevió a contradecirlo. Al fin y al cabo, ¿no era eso lo que ella deseaba? Sí, cuando estaba con Ichigo se sentía segura, a salvo…

Protegida.

Así que, tras colocarse unos jeans ligeros de color turquesa y una delicada blusa sin mangas de color blanca con detalles en dorado, metió la ropa que se había comprado en los últimos meses a la maleta junto con algunos productos de higiene y por supuesto las vitaminas.

Y aún le quedó algo de espacio.

Entonces, abrió el último cajón del pequeño tocador y sacó el magnífico collar de perlas de su abuela. La última vez que lo había usado, fue justamente el día de su boda, con el precioso vestido de novia.

Con una sonrisa ligera se puso el collar, era tan largo que le caía hasta la mitad de su vientre. Sin mirar atrás, cerró el cajón y dejó ahí los conjuntos de encaje.

Para terminar, envolvió la parte superior de su cuerpo con un abrigo, que había comprado de segunda mano, tomó su maleta, salió a la entrada y sin volver a voltear cerró la puerta tras ella, con total decisión.

Ichigo, que la estaba esperando, se quedó mirándola, pasó su mano derecha por su rebelde cabello y después le dirigió una media sonrisa torpe.

-¿Qué pasa? –le preguntó Hime llevándose las manos a cubrir la parte superior de su pecho, observándose de arriba abajo con cierto nerviosismo.

-A veces no puedo soportar lo hermosa que eres. Orihime.

Ella sintió que el frío aire que circulaba la abandonaba y sus mejillas comenzaban a arder. Aunque no llevaba la ropa de marca con la que siempre había vivido, aquel hombre la encontraba hermosa.

-Ya se te nota, ¿lo sabes? Estás…

-¿Gorda? Lo sé...

-Sí, embarazada, ¿se lo vas a empezar a decir a la gente?

Si era sincera, Orihime ni siquiera había pensado en eso, pero se dio cuenta de que aunque no lo quisiera, se había llegado el momento.

-Me parece que sí –dijo asintiendo también con la cabeza –Ya tengo que empezar a decirlo.

Ichigo sonrió, tomó la maleta y la llevó a la camioneta.

-Me alegro –mencionó dejando la maleta en el asiento de su camioneta y entregándole las llaves de la otra –Espero que hoy no se te ocurra querer ir caminando.

Orihime sabía que haber hecho eso la última vez, fue una estupidez de su parte.

-Gracias –le volvió a sonreír amable aceptando las llaves -¿Qué vas a hacer?

-Debo terminar un par de pendientes. Para empezar, devolver ésta camioneta al rancho de mis tíos y, ya que estaré ahí, continuar con los preparativos para el festival infantil.

-Muy bien –se despidió Orihime sintiéndose un tanto extraña ante la mención del rancho familiar.

-Orihime…

-¿Sí?

Ichigo se acercó lo suficiente para poder besarla en aquellos tentadores labios. Fue un beso lento, tierno.

-Nos vemos esta noche –habló al separarse, mientras la ayudaba a subir la camioneta.

-Claro. Nos vemos esta noche –respondió Hime sonriéndole y con las manos temblando al volante, dispuesta a irse.

-¿Qué tal si pones la camioneta en marcha? –le indicó Ichigo devolviéndole la sonrisa con burla.

-¡Ah!... sí –avergonzada, Orihime notó que ni siquiera había metido la llave al contacto.

Mientras se alejaba y veía a Ichigo por el espejo, se dio cuenta de que jamás volvería a ser la misma.

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Debía ésta actualización para Navidad o Año Nuevo, disculpen :/ me tocó cocinarle a mi familia y se me fue el tiempo, para colmo terminó muy tarde el semestre.

¿Les gustó el lemmon? ¡Ah!, personalmente se me complicó porque en el libro no viene muy explícito y he tenido que meterle bastante de mi cosecha para que quedara bien el capítulo y no se perdiera esa atmósfera de romance entre nuestros naranjitas.

Ya vienen los capítulos finales y está más complicado adaptar lo que sigue, quiero que mi redacción sea de mejor calidad, para que puedan disfrutar y digerir bien la historia, me gusta irme superando.

Por cierto, les traeré noticias de mi otro ff "Precio al amor" que me imagino que les encantará :D pero será hasta que finalice con éste. Igual espero no tardar demasiado, ya se van aligerando más las cosas para mí en cuanto al estudio.

Gracias por esperarme y seguirme durante tanto tiempo, me he motivado a continuar aportando a la comunidad IH.

Si les gusta la historia los invito a dejarme su opinión para enterarme, en un review, con un mensajito pequeño me conformo :)

Nos leemos pronto. El capítulo 11 ya está en proceso.

¡Vamos a la recta final!