Saludos de nuevo.
¡Disfruten del capítulo!
Recuerden que estamos en la recta final de ésta historia.
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Atrapados en la nieve
Capítulo 11: "La propuesta de primavera"
-Ya sé que lo he dicho tal vez diez o quince veces, pero tengo que volver a repetirlo, ¡hace un día estupendo! –comentó Nazoami –Es increíble pensar que hace dos semanas estaba todo cubierto de nieve… -añadió mirando a su alrededor.
Efectivamente, ya no quedaba absolutamente nada de aquella blanca nieve de la tormenta que había terminado de unir las vidas de Ichigo y Orihime. El cielo estaba despejado y sin nubes, el sol brillaba tan radiante y estaba acompañado por una brisa fresca que hacía que no se sintiera demasiado fuerte.
Perfecto.
Había niños por todas partes en el rancho, que provenían de un autobús que llegó a primera hora de la tarde y desde entonces no habían parado.
Un montón de actividades programadas los esperaban y por supuesto que deseaban probarlas todas.
Desde luego, el enorme y rojo camión de bomberos les había fascinado, pero también los establos, en las que habían organizado una búsqueda de tesoros.
Por otra parte, era difícil decidir quién se la estaba pasando mejor, si los niños o los adultos. Además de diez voluntarios de la Fundación, también habían asistido unos cuantos comerciantes del pueblo y, por supuesto, la anfitriona Rangiku Kurosaki, que había resultado ser una mujer tan hermosa y elegante como Ichigo le había comentado.
Los niños, cuyas edades iban entre los tres y dieciséis años, estaban dejando la timidez inicial atrás cuando Ichigo y sus compañeros se habían subido al camión de bomberos y pusieron todas las luces y sirenas en marcha.
-Sí, desde luego, está siendo todo una maravilla –contestó Orihime sirviendo un vasito con jugo de naranja y dándoselo a una niña.
Ichigo y los compañeros que le habían llevado el generador a casa después de la tormenta, estaban ahora junto al camión, vigilando que los niños que subían y bajaban de él lo hicieran con cierto orden y cuidado.
-Gracias, señorita Suno –le dijo la niña que se fue corriendo hacia el camión.
-Asuna, llevas todo el día mirando a Ichigo Kurosaki. No le has quitado la mirada de encima desde que llegó –la sacó Nazoami de sus pensamientos, poniendo su bebida de lado.
Orihime se sonrojó inmediatamente.
-Te entiendo perfectamente –le aseguró la camarera –Son todos muy atractivos con esos uniformes.
En aquel momento, se acercó Renji.
-¡Hey! Hola –la saludó el compañero de Ichigo muy sonriente, aunque Orihime se dio cuenta de que a la que miraba en realidad era a Rukia, que se encontraba a unos metros de ellos -¿Puedes darme un poco más de juego?
-¿Tienes una fuga en el uniforme o qué? –le preguntó Rukia acercándose a Renji –Llevas todo el día bebiendo jugo, déjales algo a los pequeños –continuó discutiéndole.
-Por eso, precisamente, es que se lo pido a Asuna y no a ti, porque confío en su generosidad.
Rukia hizo una mueca de disgusto, se giró y se entretuvo con una pequeña que había manchado su vestido de pastel., mientras, Orihime servía la bebida a Renji.
-Gracias Asuna –le dijo el bombero alejándose.
-Estúpido insufrible –comentó Rukia poniéndose al lado de Orihime y Nazoami –Ambas tienen suerte de que les haya tocado un Kurosaki.
Nazoami se paralizó al instante, recordando a cierto chico delgado de gafas y cabello azulado.
- ¿Renji no es así? –preguntó Orihime.
-¿Él? No quiere ni oír de compromisos –respondió la pelinegra lanzando un cartón vacío de juego de manzana al bote de basura y con él, aparentemente, el tema de Renji –Bueno y, ¿cuándo dices que nacerá tu bebé?
La pelinaranja se pasó las manos por su vientre. Llevaba un abrigo ligero de color azul que marcaba su silueta. Sí, estaba engordando y su ginecólogo estaba encantado. En la última cita, a la que Ichigo había insistido en acompañarla, le comentó que había engordado apenas dos kilos.
-Para mediados de junio.
-Si Ichigo y tú necesitas algún día de una niñera, con gusto puedes decirme –se ofreció Rukia –Me parece que, al paso que voy, lo único que conseguiré será cuidar de hijos de los demás –añadió con cierta tristeza.
Al igual que todos los demás, Nazoami no parecía cuestionar la pareja que formaban Ichigo y ella, ni el lugar que su bebé iba a ocupar en sus vidas.
Orihime, sin embargo, seguía teniendo sus dudas.
Su relación con Ichigo era demasiado perfecta, demasiado rápida, demasiado fácil, tanto al punto que eso le asustaba, la llenaba de temor e incertidumbre.
No era que no confiara en Ichigo. Más bien, todo lo contrario. De quién no confiaba era de ella misma.
Por eso, cuando Ichigo le preguntaba todas las mañanas《¿puedo llamar al Juez Civil? 》, ella le daba largas.
-Por lo que dices, quieres tener hijos, ¿no? –cuestionó Nazoami a Rukia.
-Sí, he querido ser madre desde que era adolescente –confesó la pelinegra –Y te aseguro que han pasado bastantes años desde entonces. El problema es que al menos en Karakura no hay mucho de dónde elegir –añadió mirando de nuevo hacia el camión de bomberos.
Orihime decidió que la próxima vez que Renji fuera a casa de Ichigo a comer una pizza, encontraría la manera de que coincidiera con Rukia.
No se le pasó por alto de que era irónico que estuviera convencida de que habría una próxima vez.
-¿Cómo van? –les preguntó Rangiku caminando hasta un lado de ellas con un sombrero llamativo -¿Necesitan algo? ¿Hicieron un descanso para resistir hasta la cena?
-Sí, estamos muy bien, señora Kurosaki –le aseguró Orihime –Todo el mundo se la está pasando de lo mejor.
-Oh, por favor Hime, no me llames tan formal, sólo dime por mi nombre, Rangiku –le sonrió la hermosa mujer rubia.
La tía de Ichigo tenía más o menos, la misma edad que su madre, cuarenta y algo, pero hasta ahí llegaban los parecidos. Masaki Kurosaki tenía un cabello más ondulado, recogido y de color castaño claro, mientras que Rangiku lo llevaba suelto y rubio.
-E-está bien… Rangiku –habló Orihime un tanto avergonzada por aquella confianza que la hermosa mujer le ofrecía.
-Así está mejor –le sonrió –Sí, es cierto que todos lo estamos pasando muy bien –afirmó la tía de Ichigo muy satisfecha –Estoy segura de que mi esposo estará muy feliz mirándonos desde el cielo. Asuna, por favor, siéntate y descansa ya si no quieres que Ichigo nos asesine a las dos. Vaya, ahí llegan los encargados del helado. Discúlpame un momento –se retiró dirigiéndose hacia la camioneta que recién llegaba.
Orihime se sentó a descansar un momento.
-¿Tú conociste al señor Kurosaki? –le preguntó a Nazoami.
-Sí, era un buen hombre… y muy atractivo –le respondió su compañera con una sonrisa ligera –En eso se parecen todos los Kurosaki. Absolutamente todos son bastante atractivos. Fue muy triste cuando murió, hace unos cuatro años me parece. Debe ser duro haber compartido una vida con un hombre como él y perderlo así, sin más –recapacitó –No te levantes, no te levantes –le indicó cuando un grupo de pequeños se acercaron corriendo a pedir más juguito.
Orihime se lo agradeció y permaneció sentada, estiró sus piernas y jugó con sus tobillos haciendo círculos. De repente, se encontró riendo al ver a todos los pequeños niños jugueteando por todas partes de ese lugar. Todo se veía tan lleno de vida, de diversión, de alegría, sí, aquella misma que se estaba negando al evitar la propuesta de Ichigo de permanecer a su lado, con su hijo.
-No nos ve nadie –le habló Ichigo apareciendo repentinamente por detrás de ella –Podríamos irnos hacia las caballerizas y buscarnos un lugar apartado…
-Eres incorregible –se resistió Orihime riendo.
-Es culpa tuya –rió también Ichigo besándole con delicadeza el cuello.
-¿Por qué no van por ahí un rato? –los interrumpió Nazoami desviando su atención de aquella pareja pelinaranja que parecía muy acaramelada.
-Eso es lo que estoy intentando –respondió Ichigo besando a Orihime en la mejilla para hacerla arder en vergüenza –Ven, hagamos un descanso de quince minutos –añadió tomándola de las manos y obligándola a ponerse de pie.
-No creo que tan solo en quince minutos les dé tiempo de hacer muchas cosas –intervino Nazoami regresando su atención a ellos.
Los ojos de Orihime se encontraron con los de Ichigo, que sintió crecer la emoción que se había desencadenado en lo más hondo de su corazón la primera vez que había visto a aquella mujer.
-Eso es lo que ella quiere creer –le dijo al oído.
Orihime se rió y lo siguió hasta las caballerizas, donde olía a los animales y a las pilas de paja. De momento, ahí no habían llegado los niños. Sólo estaban ellos dos.
Ichigo la condujo hacia los caballos que los miraban atentos y curiosos desde su espacio, atravesando todas las caballerizas.
-No estarás buscando un rincón vació, ¿verdad? –comentó Hime.
El pelinaranja se acercó a uno de los ejemplares, un precioso caballo negro, que le tocó el hombro en busca de su acostumbrada golosina.
-Lo siento, hoy no te he podido traer manzanas –se disculpó Ichigo acariciándole el pelaje de su cabeza.
Orihime extendió su delgada mano también para tocarle las pequeñas y alargadas orejas hasta tener contacto con la mano de Ichigo, quedando la suya debajo de la de él.
-Que hermoso es –le dijo mientras continuaba acariciándolo.
-Se llama Zangetsu –informó Ichigo –Benihme –añadió señalando a los demás –El del fondo es Zabimaru, el siguiente es Senbonsakura y éste de aquí es Suigetsu. En la otra fila están Shirayuki y Haineko, pero ten cuidado con ella, porque es muy traviesa y no sabes en qué momento te puede tomar desprevenida. Además de que es la favorita de la tía Rangiku.
Había más caballos, pero estaban afuera, paseando y pastando por el rancho.
-¿Tu sabes montar? –le preguntó Orihime llevándose la mano derecha a su mejilla.
-Un poco, suelo hacerlo de vez en cuando, ¿y tú?
-Solía hacerlo a menudo –confesó la pelinaranja acercándose de nuevo a Zangetsu –Eso es lo que hacen las chicas bien educadas de mi círculo social.
-¿Extrañas todo eso?
Orihime negó con la cabeza.
-Bueno, tal vez, montar a caballo sí.
-Cuando nazca el niño, volveremos y podrás montar todo lo que tú quieras. A mi tía le encanta que monten a sus caballos.
-Me ha caído muy bien.
-A la gente le suele caer bien.
Ichigo no había llevado a Orihime a las caballerizas para hablar. Aunque sabía que podían interrumpirlos en cualquier momento porque había gente entrando y saliendo, decidió que había llegado el momento.
Olía a cigarrillo, así que significaba que alguien se encontraba cerca, pero llevaba todo el día mirando a Orihime, mientras se ocupaba de los niños que tenía a su cargo y ella daba de beber a todas esas boquitas sedientas.
Y ya no podía más.
-Me voy a presentar a Capitán –anunció –Si apruebo –lo que sin duda haría –y me dan el puesto –lo que su jefe ya le había dicho muchas veces que haría –mi sueldo será bastante mejor.
-No pareces muy entusiasmado –comentó Orihime entrecerrando los ojos -¿Es eso lo que quieres hacer?
-Lo que quiero… siguió Ichigo sacándose del bolso delantero del pantalón la cajita aterciopelada que llevaba quemándole unos días, desde que la había sacado del banco –Es que te cases conmigo –añadió abriéndola –A lo mejor esto te convence de que voy enserio contigo.
Orihime se quedó mirando el contenido de la cajita con los ojos muy abiertos y dejó escapar el aliento, pero no mencionó nada. El hecho de que no hubiera dicho que no inmediatamente hizo que Ichigo mantuviera las esperanzas.
-Era de mi abuela. Me lo dio antes de morir –le explicó –Tenía los ojos como tú. Mi padre decía que esas piedras le recordaban el color de sus ojos. No sé qué son, pero son bonitas –admitió Ichigo.
Orihime pasó saliva mientras miraba los pequeños diamantes que encerraban a uno mucho más grande y sentía que los ojos se llenaban poco a poco de lágrimas.
-Es precioso –murmuró –Pero... –se interrumpió desviando su vista de Ichigo, girando su rostro de lado –Deberías dárselo a la mujer de que tú… estés enamorado.
Ichigo sintió que sus fuerzas lo abandonaban. La verdad era que nunca se le había ocurrido dárselo a ninguna mujer.
Ni siquiera a Senna.
-Y eso es exactamente lo que estoy haciendo Orihime.
-¿Cómo? –se sorprendió Hime mirándolo de nuevo a los ojos.
-Me enamoré de ti la noche del incendio en el restaurante, cuando te saqué en brazos, abriste los ojos y me miraste. Y, luego, durante el fin de semana en la tormenta… no sé, yo creo que Kami me dio una mano con eso.
-¡Oh! Ichigo.
Aquel hombre era capaz de entrar en un edificio en llamas sin pensarlo dos veces, pero le temblaba el cuerpo y la voz cuando sacó el anillo de la cajita.
-Ya sé que lo nuestro ha ido un tanto, rápido, pero no te asustes. Tenemos toda la vida, sí así lo quieres. Te aseguro que esto no es que quiera intentar rescatarte ni nada, aunque también te digo que estoy dispuesto a dar mi vida por ti y por ese niño que llevas dentro. Por favor, lleva mi anillo, acepta ser mi esposa Hime.
-Yo… -balbuceó Orihime observando a Ichigo girando el rostro de un lado a otro –Yo…
El ojicafé maldijo en voz baja.
El olor a cigarrillo había desaparecido y se reemplazó por un olor más intenso.
Fuego.
-¿Qué pasa? –preguntó Orihime intrigada.
Ichigo le entregó el anillo.
-Dile a todos que se alejen de las caballerizas –habló con toda la calma que le era posible, aunque por dentro la adrenalina ya estaba activa en él y se encontraba listo para entrar en acción –No les infundas miedo. Simplemente diles que se alejen y busca a alguien que venga de inmediato –le indicó mirando con ojos expertos a los caballos que ya comenzaban a moverse nerviosos.
Todavía había humo.
Pero Ichigo lo olía y era consciente de que iba a haberlo en mayor cantidad, porque se encontraba rodeado de muchos materiales combustibles en las caballerizas.
Sabía que en aquel lugar no tenían un sistema antiincendios, pero no se explicaba por qué la alarma no había sonado.
-¿Qué pasa? –insistió Orihime protegiendo el anillo que Ichigo le había dado entre sus manos.
-Fuego –contestó el Kurosaki comenzando a abrir los corrales de las caballerizas –Vete ya Orihime. Ahora mismo.
La pelinaranja se giró y salió corriendo hacia la puerta.
-Vamos chico –le habló Ichigo al Zangetsu en voz baja mientras le ponía las riendas.
Aunque no se encontraran montones de niños afuera, no habría sacado a los caballos, porque sabía que aquellos animales tenían la tendencia de volver a meterse a sus corrales aunque estuvieran ardiendo.
-Atención todos, por favor, escuchen –oyó que Orihime hablaba con mucha autoridad –Quiero que todos se alejen lo más posible de las caballerizas rápidamente. Vengan, hagan una fila. Muy bien. Vamos a ir hacia allá, a la casa principal. Vamos, más rápido.
Mientras sostenía las riendas de Zangetsu, Ichigo sacó a Zabimaru y corrió con ambos caballos hacia fuera. Una vez ahí, se los entregó a Nazoami, que lo miraba muy sorprendida y comprobó que Orihime y otros adultos estaban alejando a los niños de las caballerizas.
-¡Las caballerizas se han incendiado! –gritó alguien
Maldición.
Lo último que necesitaban en aquellos momentos era que comenzara el pánico. Los niños, que se estaban retirando más o menos ordenadamente, comenzaron entonces a correr sin control en todas direcciones.
Las caballerizas se habían llenado ya de humo, pero Ichigo entró de todas maneras, cubriéndose la nariz con el cuello de la camisa.
Algunas pilas de paja ya estaban por completo incendiadas y consumiéndose. Haineko estaba en el último establo y la oía relinchar nerviosa.
-Dame un par de minutos –murmuró tomando el extintor, quitándole el seguro y vaciándolo sobre la paja más cercana para intentar conseguir así, algo más de tiempo –Un poco más.
Pero, en aquel momento, de pronto, la pared posterior a las caballerizas comenzó a arder con prisa y las llamas subieron con rapidez.
Haineko se lanzó contra la puerta del establo, que se tambaleó violentamente pero resistió la fuerza.
Ichigo sabía que Renji vendría por esa parte, pero solo estaban la mitad de compañeros y el camión del que disponían tenía más de treinta años.
Tras haber vaciado el extintor sobre la paja para dejar un camino de salida libre, corrió hacia los caballos que todavía quedaban atrapados. Consiguió sacar a Benihme y Senbonsakura. Shirayuki y Haineko estaban aterrorizadas.
-Tranquila –le dijo a Shirayuki acariciándola de las orejas.
Después, miró a Haineko, que estaba ya inquieta. Cuando bajó, golpeó con fuerza la pared de madera que la separaba de Shirayuki.
Ichigo sintió que la madera le daba en el pecho. Shirayuki se asustó aún más y se giró, atrapando a Ichigo entre sus patas traseras y lo que quedaba de pared. El ojicafé tomó aire e intentó moverla, pero la yegua se encontraba bastante aterrada. Desde ahí no iba a poder hacer nada, así que golpeó la madera que tenía detrás de él y, cuando consiguió que ésta cediera, cayó la puerta del corral de Haineko.
La yegua, apenas y un poco más retirada, alejó sus fuertes patas a pocos centímetros de su cabeza. Ichigo se hizo a un lado, se puso de pie y volvió por Shirayuki, le puso las riendas y se apoyó en ella con todas sus fuerzas para hacer que se moviera por fin.
A continuación, se dirigió a Benihme, le dolían las costillas y Shirayuki continuaba aterrorizada. Intentó ponerle las riendas al macho, pero no lo consiguió. Entonces, intentó agarrar a Senbonsakura.
-Yo me ocupo de él –le dijo un compañero, que había aparecido de repente con un pañuelo húmedo cubriendo la mitad de su rostro.
En un abrir y cerrar de ojos, le había puesto las riendas al caballo y corría con él delante de Ichigo hacia la salida. Por fin, Haineko se puso en marcha y corrió hacia un lugar donde estaría a salvo.
De momento, la paja de la salida estaba resistiéndose a prenderse.
Ya estaban afuera, por fin.
Una vez allí, Ichigo vio que los niños estaban calmados, y también a Orihime, su tía y a otros adultos haciéndose cargo de la situación, así que se giró para volver a entrar.
-Queda Haineko –dijo.
-No vuelvas a entrar –pidió Orihime.
Pero Ichigo ya había tomado una decisión. Se oía relinchar a la última yegua más preciada de su tía, por encima de del crepitar del fuego. Ichigo agarró una jarra con jugo y se la tiró empapando su camisa, se cubrió el rostro con una servilleta y atravesó la espesa niebla de humo.
Dentro apenas se veía nada y la camisa mojada poco le servía ya que ahora la parte superior de las grandes pilas de paja se estaban quemando y comenzaba a llegarle al tejado.
Ichigo corrió agachado lo más rápido que pudo. La paja que había por el suelo de los corrales también se estaba quemando y, desde allí, estaba alcanzando también los pilares de madera.
No podía avanzar hacia ella desde el pasillo central, así que se metió por los corrales de la izquierda, atravesando el de los demás caballos que ya había liberado.
Ya casi la veía.
-Ya voy, pequeña –gritó mientras la yegua relinchaba enloquecida.
Ichigo golpeó con el pie en la puerta del establo. La yegua lo miró aterrorizada e Ichigo se apresuró a agarrarla de las cintas. Al verse rodeada de fuego, la yegua se jaló hacia atrás. No quería avanzar, pero Ichigo tiró con todas las fuerzas que le quedaban, haciéndose daño en los brazos, y consiguió moverla.
Entonces, cuando ya veía la luz del sol a través de la oscura pantalla de humo, la tierra se movió bajo sus pies. La yegua relinchó horrorizada e Ichigo gritó también.
Las paredes de la caballeriza estaban cayendo hacia dentro, completamente calcinadas. La fuerza del golpe hizo que el pelinaranja perdiera el equilibrio y soltara las riendas de Haineko, que se vio libre por fin y comenzó a correr alejándose.
Ichigo salió prácticamente arrastrándose sin fuerzas de la caballeriza y se encontró con Renji, que lo ayudó a ponerse de pie, guiándolo hasta un lugar retirado.
-No sé si tienes suerte o estás completamente loco –le dijo su compañero -¿Querías morir o qué? ¡Esa yegua estaba en pánico!
Ichigo se sentó, apoyándose en un árbol y comenzó a toser sin control. Le dolían mucho las costillas. No veía a Haineko por ninguna parte. Suponía que dejaría de correr en algún momento y regresaría. Siempre y cuando no regresara a las caballerizas, estaba todo bien.
-Te has quemado las manos –comentó al ver las palmas de Renji.
-Sí, es que me ha tocado sacar la manguera del camión antiguo… aunque la verdad, no ha servido de nada… estaba todo quemado en menos de quince minutos…-se lamentó.
Desde donde estaban, vieron aparecer a sus compañeros con el camión nuevo y un tanque de agua.
El humo que se elevaba hacia el cielo era blanco ahora, pero no se podía hacer ya nada más por las caballerizas, estaban completamente consumidas.
Lo único que podían hacer ahora, era asegurar que el incendio no alcanzara otros edificios y que los campos tampoco se prendieran, los cuales se encontraban aún secos a causa del invierno.
-Increíble festival –comentó Renji señalando con la cabeza a los niños –No creo que esto fuera lo que tenían en mente la familia Kurosaki. Van a salir en las noticias, pero por otros motivos.
Ichigo miró hacia la casa principal. Además de dos equipos completos de bomberos, también habían llegado los periodistas.
Haciendo un gran esfuerzo, se puso de rodillas, retiró si mano de las costillas y consiguió colocarse de pie.
-¿A dónde vas? –le preguntó su compañero.
Hablar era un gran esfuerzo, así que señaló con la mano hacia los camiones.
-No –lo detuvo Renji tomándolo por el cuello de la camisa –Te vas a quedar aquí sentadito hasta que un médico te revise –añadió haciendo una mueca de burla –Bueno, hasta que nos vean a los dos, ¿cómo demonios ha sucedido?
-Había alguien fumando cerca de las caballerizas –respondió Ichigo haciendo un esfuerzo por hablar.
A poca distancia de ellos, un reportero junto con un camarógrafo del equipo de noticias se tropezó mientras filmaba, pero Ichigo sólo tenía ojos para la mujer de largos cabellos naranjas que corría hacia él.
Apenas tuvo tiempo de preparase para el impacto y Orihime ya estaba entre sus brazos.
-¡Oh! por Kami… exclamó escondiendo su rostro en su cuello –Te has quemado –agregó mirándolo mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
-Estoy bien –le sonrió.
-¡Pero si no puedes ni hablar!
-Es por el humo –le explicó Ichigo tosiendo.
Orihime se colocó a su lado y pasó uno de los lastimados brazos de Ichigo por sus hombros, como si lo quisiera levantar.
-Vamos, las ambulancias ya han llegado.
-¿Me vas a llevar cargando?
-Sí, si eso es lo que hace falta –le aseguró Orihime.
Ichigo cerró los ojos. Aunque todo estaba impregnado del olor del humo, aspiró el aroma del cabello de Orihime y con un movimiento rápido, se giró para poder besarla en los labios, en aquel momento, Ichigo se sintió en el paraíso. Estaba dispuesto a ir con aquella mujer a donde hiciera falta.
-Todavía no me puedo ir. Es el rancho de mi familia.
-Te lo agradezco, pero ya has hecho bastante, Ichigo –le dijo Rangiku apareciendo.
El pelinaranja tomó aire y exhaló.
-Está bien, pero tengo que ir a hablar primero con mi Capitán –declaró yendo hacia donde se encontraba su jefe.
Orihime se llevó su diminuta mano a la boca y no pudo evitar comenzar a sollozar.
-Es un buen hombre –le dijo la tía de Ichigo acariciándole el cabello.
Orihime asintió.
Era el mejor hombre que hubiera conocido jamás.
-Cuídalo –añadió Rangiku.
-¿Y los niños? –le preguntó Orihime intentando mantener la compostura.
Los autobuses no iban a llegar hasta dentro de una hora más tarde.
-Tengo suficientes voluntarios para hacernos cargo de los niños. Tú cuida de Ichigo –ordenó Rangiku –Si se parece en algo a mi esposo, sólo querrá tenerte a ti a su lado.
Orihime aceptó sólo moviendo la cabeza. Le era imposible hablar.
-Señora Kurosaki, ¿podría darnos unas palabras de lo sucedido? –interrumpió de pronto una reportera atravesándose entre Rangiku y Orihime –Nos han dicho que el sistema de alarmas de las caballerizas falló, ¿es cierto?
Rangiku se despidió de Orihime y se giró hacia la gran multitud de reporteros.
La ojiplata no les hizo ningún caso. Solo tenía ojos para Ichigo. En cuanto vio que terminaba de hablar con el bombero que llevaba el casco blanco y que no paraba de lanzar órdenes, se fue hacia él y lo detuvo cuando iba hacia Renji, quién estaba tranquilizando a Rukia.
Una vez a su lado, volvió a colocarse su brazo sobre los hombros. Ichigo le permitió eso sin objeciones, lo que indicaba que debía de dolerle bastante. Avanzaron lentamente hacia una de las ambulancias que habían llegado con los equipos de bomberos.
-Qué curioso que estemos juntos otra vez en un incendio –comentó Ichigo con media sonrisa.
-No hables.
-Llevas mi anillo.
Orihime no recordaba exactamente cuándo se lo había colocado. Quizá cuando se apretó las manos en el pecho al verlo entrar de nuevo al fuego, detrás de ese humo denso y aquellas llamas feroces. Había sabido sin ninguna duda que deseaba permanecer toda la vida a su lado.
-Sí.
-¿Eso qué quiere decir? ¿Qué sí?
Orihime mordió un poco su labio inferior.
-Sí –contestó –Y ahora deja de hablar por que, cada vez que lo haces, me duele a mí.
-Vas a ser una esposa muy estricta –murmuró Ichigo intentando sonreír.
Esposa.
Orihime inmediatamente se dirigió a informarle a la doctora.
-Se ha quemado bastante y las costillas le duelen demasiado –indicó.
-Tranquila, señora. Ya nos hacemos cargo de él.
Orihime asintió y con algo de duda soltaba a Ichigo, mientras notaba cómo parte de su peso desaparecía con él, dejándole una sensación de vacío, y lo subían a la ambulancia.
-Yo los sigo en la camioneta –le gritó para que Ichigo la escuchara.
La camioneta la había llevado al rancho aquella tarde porque el Kurosaki había llevado a algunos de sus compañeros.
Mientras recostaban al pelinaranja en la camilla y le colocaban con cuidado la máscara de oxígeno, asintió con otra media sonrisa forzada y le dijo adiós con un ligero movimiento de su mano y, luego, las puertas de la ambulancia se cerraron y Orihime se quedó de pie, viéndolo alejarse.
De nuevo, las tibias lágrimas brotaron de sus ojos plata y cayeron por sus mejillas hasta dejar llegar unas a su vientre, donde su bebé también sentía la misma angustia y preocupación por Ichigo.
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P.D. Quiero agradecer todo el apoyo que me han brindado para continuar el fic, espero que no haya tenido tantos errores, quise terminar la actualización lo más pronto posible pero a veces se me van algunos detalles.
Por favor, si pueden dejarme un comentario se los agradecería demasiado, quisiera saber que tanto les ha gustado el capítulo, la relación de los nombres de las zampakutos con los caballitos.
Me he desvelado y adelantado mis tareas para obtener algo de tiempo libre para actualizar, pero en sí, no lo tengo.
Esperen más actualizaciones próximamente. Aún no muero…
¡Nos leemos pronto!
