Con motivo de lo ocurrido en México sobre el terremoto del 19/sep/2017 subiré actualizaciones esperando alguno de ustedes pueda donar si está dentro de sus posibilidades ante la catástrofe.

Al final dejó algunos comentarios. Disculpen si hay errores, estoy muriendo de sueño.

¡Penúltimo capítulo! ¡Disfrútenlo!...

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Atrapados en la nieve

Capítulo 12: "La despedida de un pasado"

-¡Vamos!, te acompaño al hospital –le dijo Nazoami a Orihime un buen rato después de que la ambulancia se hubiera ido con Ichigo a bordo.

Orihime se limpió las lágrimas con pesadez.

-Gracias –respondió con una voz débil.

-No es fácil estar enamorada de un bombero, ¿cierto? –comentó la camarera –Nos tenemos que apoyar las unas a las otras.

Orihime miró a su alrededor, pero no vio a Renji por ninguna parte, y para que aquel hombre tan alto y de llamativo aspecto no se hiciera notar a pesar de la multitud indicaba que de verdad ya no se encontraba por ahí. Rangiku y los demás adultos estaban intentando terminar de organizar a los niños.

-¿Cuánto hace que estás enamorada de él? –preguntó Nazoami sacándola un momento de sus pensamientos.

-Mucho… parece que desde siempre –suspiró la pelinaranja –He intentado encontrar a otro hombre, pero a la altura de él no hay nadie –explicó mientras una sonrisa ligera se formaba entre sus labios –Sólo Ichigo.

-La camioneta de él está arriba.

Orihime tardó dos horas en total, entre lo que maniobraba para salir por fin del rancho, cuya carretera de acceso se encontraba totalmente bloqueada. Fue realmente frustrante. Nazoami no se despegó de ella en ningún momento hasta que llegaron al hospital, donde una enfermera le indicó a Hime que Ichigo había dejado indicado que la condujera directamente con él en cuanto llegara.

-Ve a verlo –le indicó Nazoami con un gesto relajado –Te espero aquí –añadió señalando una fila de pequeñas sillas en el pasillo.

Orihime se apresuró a ir al encuentro con su prometido, que estaba en la tercera habitación a la izquierda.

Le habían limpiado el rostro y colocado un tubo de oxígeno. También le habían quitado la camiseta que se había decidido por portar ese día y sobre la piel del hombro y pecho tenía compresas frías. Su estado no era tan deplorable o muy preocupante, pero sí portaba algunos raspones que le causarían cierta molestia al Kurosaki.

-Hola de nuevo –lo saludó la Doctora Tatsuki –Va a venir una enfermera a seguir limpiándote las heridas. Por lo que me han comentado, podrías estar mucho peor. Tienes mucha suerte Ichigo.

-Por supuesto que la tengo –respondió el pelinaranja tomando de inmediato la pequeña de Hime donde portaba el anillo y comenzó a juguetear con éste -¿Cuándo puedo irme?

-Espero los resultados de las radiografías que te he mandado a hacer –contestó Tatsuki –Aunque no te hayas fracturado nada tienes algunos golpes importantes. Al menos te quedarás ésta noche en observación, sería lo mejor.

-No, gracias –se negó Ichigo.

-Sabes que es lo mejor Ichigo –insistió la Doctora –Mientras no necesitemos la habitación, puedes quedarte aquí. Ahora haz el favor de volver a colocarte la mascarilla de oxígeno –le ordenó dándole la espalda y retirándose.

-Es una mandona –comentó Ichigo.

-Será sólo una noche –sonrió Orihime ya más tranquila.

El pelinaranja dio unos toquecitos en la camilla, indicándole a Hime que se sentara a su lado.

-Ven aquí –le dijo -¿Estás bien?

-Te recuerdo que quién está en una sala de urgencias eres tú –suspiró dándole un ligero beso en la frente, retirándole algunos mechones de su muy alborotado cabello.

-Lo sé Hime, pero lo digo porque el estrés no es bueno para el bebé.

Dicho aquello, Ichigo le puso una mano sobre su vientre.

-¿Ya has decidido el nombre?

Orihime se inclinó hacia adelante con cuidado de no lastimarlo y lo besó en los labios.

-Ya te he dicho que se llamará como tú –respondió con una sonrisa tranquila.

En aquel momento en el que Ichigo iba a comenzar a discutirle, una voz masculina se hizo presente en la habitación.

-¡Me he tenido que enterar por televisión que mi hermano estaba en el hospital! –habló Uryuu demasiado exaltado.

-Te iba a llamar –se defendió el pelinaranja.

-Sí, cuando ya te hubieran dado de alta y estuvieras en casa, supongo –le reprochó Uryuu ajustándose las gafas con un solo movimiento mientras lo miraba con disgusto y preocupación –Ya sé que dije cosas que no debía, pero al menos pensé que llamarías por teléfono.

Orihime lo habría hecho, pero no tenía el número telefónico del hermano de Ichigo y no sabía cómo localizarlo. De cualquier forma, no era el momento para excusarse, pues el peliazul parecía realmente molesto.

-Los dejo solos para que arreglen las cosas. Nazoami está esperando afuera –dijo Hime a Ichigo –Le diré que te encuentras bien.

El Kurosaki soltó la mano de su prometida con notable enfado y se le quedó mirando mientras se iba.

-Veo que lleva el anillo –comentó Uryuu cuando se quedaron a solas.

-Ya te dije que me iba a casar con ella –contestó Ichigo.

-No tenía idea de que ella hubiera aceptado. ¿Cuánto hace que la conoces? ¿Dos semanas quizás? ¡Ichigo, esto es una locura y lo sabes!

-Lo que sí sería de locos es no casarme con la mujer de la que estoy enamorado –respondió Ichigo tosiendo un poco ante la agitación –Si hubieras estado enamorado alguna vez, seguro que me entenderías.

-No tengo nada en contra de Asuna –suspiró su hermano tratando de tranquilizarse –De hecho me parece una persona estupenda, pero lo que no entiendo es lo que tratas de hacer. ¿Intentas arreglar lo de Senna?

Ichigo se dejó recostar sobre la camilla desganado. Estaba muy cansado.

-Desde luego, no podrías haber encontrado mejor doble para Senna –insistió Uryuu.

-Senna está muerta –le recordó Ichigo. –El hecho de que Orihime también esté embarazada no quiere decir que la confunda con la otra.

-¿Orihime?

¡Maldición!...

-Quiero decir… Asuna.

-¿En qué se queda?

-Orihime.

La voz de la pelinaranja los sorprendió a ambos. Ella estaba de pie junto a la puerta y los observaba algo oculta. En la mitad del silencio, avanzó hacia una pequeña mesita que se encontraba arrinconada y dejó ahí una botella con agua encima.

-La enfermera me ha pedido que trajera esto. –informó a Ichigo con voz cortante.

-Orihi…

Pero ella ya le estaba comenzando a explicar a Uryuu la situación.

-Me llamo Orihime Inoue. Si buscas en internet, verás que protagonicé un bonito escándalo el día de mi boda, dejando plantado al novio. Aparte de esa coincidencia, no sé en qué más podrías creer que me parezco a Senna. No entiendo por qué te parezco despreciable.

-Yo nunca he dicho que fueras despreciable –se disculpó Uryuu –No me lo pareces en lo absoluto. ¡Yo lo único que quiero es que mi hermano confunda las cosas! ¡No sería justo para ninguno de ustedes dos!

Ichigo sintió que comenzaba a enfadarse.

-Hace bastante tiempo que ya soy mayor Uryuu, y sé perfectamente lo que quiero y no quiero hacer con mi vida. Sé perfectamente lo que es justo y lo que no.

-Exactamente –intervino Orihime mirando a Uryuu con orgullo –Tienes razón. Casarse apresuradamente es un gran error y hacerlo por las razones equivocadas tampoco es correcto. Lo digo por experiencia… porque he estado a punto de hacerlo, y… -no pudo terminar sus palabras y sólo dejó el estupendo anillo que Ichigo le había dado sobre aquella mesita.

El Kurosaki de rebeldes cabellos intentó incorporarse, pero todo le comenzaba a doler, desde la musculatura hasta las costillas. Comenzó a toser sangre y se mareó al instante.

-Espera…

-¿Y si quiero casarme contigo por un motivo que no es el correcto? –se lamentó Orihime dándole la espalda a punto de salir por la puerta de esa diminuta habitación.

-Nunca estuve enamorado de Senna –le aseguró Ichigo intentando alcanzarla, pero no logró conseguirlo, ella estaba muy retirada y su condición justo en ese momento no se lo permitía –Quizás si me hubiera esforzado más, habría conseguido que no volviera con ese hombre que la mató a ella y a su bebé, pero… puede que no ya que ella tampoco me quería. –intentó explicar apresuradamente –Te quiero Orihime. Esa es la única razón por la que me quiero casar contigo. Me da igual que esté embarazada o no, me da igual que te llames Asuna u Orihime, yo… yo lo único que quiero es estar a tu lado. Estar contigo Hime –continuó tosiendo con mayor esfuerzo sin importarle que le doliera como mil demonios. -¡Lo único que me queda por saber es si tú me quiere o no!...

-¡Claro que te quiero! –contestó Orihime mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas –Pero. ¿y si te quiero sólo porque cuando estoy contigo no tengo miedo? –se preguntó con voz débil y aún sin voltear a ver a Ichigo a la cara –Lo siento. Creo que al final si me parezco más a Senna de lo que imaginaba.

Dicho aquello sólo salió por completo de la habitación y se fue.

Ichigo se quedó mirando la puerta y apretó la mandíbula mientras un ligero hilo de sangre escapaba por sus labios.

Sin pensarlo, en un abrir y cerrar de ojos, arrancó el tubo de oxígeno junto con los conectores que monitoreaban sus signos vitales y algunas agujas que pasaban suero por sus venas. Y se levantó de la camilla.

-Quítate del medio Uryuu –le advirtió a su hermano.

-No puedes andar por ahí sin camiseta. ¡Maldición, Ichigo!...

Claro que podía, pero como fuera, aceptó el abrigo que el peliazul le ofrecía y se colocó las botas. Tosiendo, maldiciendo y con la ayuda no deseada de su hermano, consiguió levantarse adecuadamente.

-Te llevo –se ofreció su hermano ante la creciente preocupación del estado del pelinaranja.

-Ya, claro, ahora me quieres ayudar, ¿no? –le espetó tomando el anillo que Orihime había dejado sobre la mesita y chocando en el camino con una de las enfermeras que entraba en aquel momento.

-¡Teniente Kurosaki! ¿a dónde piensa ir? –lo increpó la enfermera con gran asombro –No creo que la Doctora Tatsuki…

Pero Ichigo continuó caminando como podía y salió del hospital.

-Por aquí –indicó Uryuu señalando su auto, que estaba estacionado cerca de la entrada principal.

No había ni rastro de la camioneta de Ichigo.

Orihime se había ido ya.

Desde luego, parecía que tenía total prisa por alejarse de él.

Uryuu abrió las puertas de su auto deportivo con el pequeño control a distancia. Ichigo tomó la del copiloto y miró el asiento, que estaba muy abajo. Sabía que le iba a doler hiciera lo que hiciera, así que solo se dejó caer.

Mientras maldecía en silencio a causa del dolor que se volvía mucho más intenso al estar pasando el efecto de los sedantes, su hermano puso el coche en marca y salieron del aparcamiento.

-¿A tu casa?

Ichigo no creía que Orihime fuera a ir a su casa, mucho menos en aquel momento.

-No, no, a la de Orihime.

Uryuu cambió de dirección ignorando los molestos e insistentes pitidos de los demás coches.

-No sé qué tipo de karma me estaré ganando, pero espero que no sea uno muy feo –comentó.

-Me conformo con que, algún día, te veas metido en una situación como ésta –dijo su hermano, que seguía enfadado con él –Algún día, te enamorarás de una mujer y, entonces, espero estar ahí para reírme –continuó sonriendo a pesar del dolor que le provocaba.

-Siempre te pasa lo mismo –habló Uryuu –Cuando estás enojado con alguien no te dura lo suficiente.

Tal vez el Kurosaki pelinaranja podía soportar cualquier cosa que le dijera su hermano, pero lo que no era capaz de soportar, era que por un comentario estúpido de Uryuu, Orihime se hubiera sentido herida. No podía simplemente soportar la idea de perderla.

-Acelera Uryuu –le dijo cuando vio que ya estaban llegando a su calle.

-¿Y si no está aquí?

-La encontraré –se apresuró a contestar Ichigo sin dudar.

Si de algo estaba seguro en ese momento, era que de Orihime lo quería.

-¿Y dónde…? ¡No puede ser! –exclamó Uryuu viendo el helicóptero al mismo tiempo que su hermano mientras se le desacomodaban sus elegantes gafas. –Es una Inoue –añadió mirando también el logotipo que éste portaba.

Ichigo se fijó también y volvió a maldecir en voz baja.

-¿Qué más da?

Le daba igual. Lo único que quería era hablar con ella.

Vio a su camioneta estacionada junto a la casa. Uryuu estacionó su deportivo al lado, una vez que salió de su sorpresa.

La puerta principal se encontraba abierta.

-Los Inoue son de las empresas petroleras más grandes hasta ahora.

Ichigo abrió la puerta del coche y se dispuso a bajar.

-¿De Inglaterra? –le preguntó a su hermano aun manteniendo la mandíbula y los músculos completamente tensos a causa del terrible dolor.

-Del mundo –respondió Uryuu bajándose a toda velocidad para ayudarlo –No tienes buen aspecto.

Ichigo ignoró aquel comentario, se apoyó a la barandilla y subió el primer escalón, apenas con algo de aliento y con pequeñas gotas de sangre volviéndole a brotar.

-… esta casa es de vergüenza, Orihime –estaba diciendo una estridente voz femenina en aquel momento -¿En qué demonios estabas pensando?

-En que había tenido suerte de encontrarla porque la renta no era costosa –contestó Orihime con una voz apenas perceptible.

Ichigo subió al segundo escalón.

-¡No me extraña porqué es una porquería! ¿Cómo puedes hacernos esto? Nos hemos tenido que enterar por un extraño, que te había visto en los informes de desaparecidos de la noche –se lamentó la mujer de la voz estridente –Ahora que Grimmjow, tu padre y yo habíamos convencido a todos de que te estabas recuperando en el Caribe… ¡Y vas tú y sales en la televisión como una persona cualquiera!

Ichigo llegó al tercer escalón.

-Lo siento, madre, pero no pretendía que me encontraran.

-¿Te das cuenta de lo que nos ha costado Orihime? Tu padre ha tenido que estar pidiendo favores a todo el mundo. Ya te puedes imaginar la vergüenza que sintió cuando descubrió que no estabas utilizando nuestro apellido ¡Y resulta que te has metido en una pocilga asquerosa, un sitio que se cae a pedazos! La verdad es que no sé qué decirte.

Ichigo llegó a la puerta con algo de prisa y contempló la escena que tenía ante sí. Orihime, con los hombros caídos, enfrentándose a los tres.

Su padre, su madre, que aunque dijera lo contrario parecía tener muchas cosas que decirle a su hija, y un tipo que, sin duda, era el maldito imbécil de Grimmjow.

-Más bien, no le digan una palabra más a mi prometida.

Orihime se giró y el corazón estuvo a punto de detenérsele cuando vio a Ichigo.

-¿Qué haces aquí?

-¡Prometida! –exclamó su madre con notable rabia.

-Ésta mujer ya es casi mi esposa –habló Grimmjow con un tono demandante y de burla –Lo único que tiene que hacer es firmar la estúpida acta.

-¿Ah sí? –Ichigo lo ignoró con un tono incrédulo.

La ojigris intentaba no poner atención a las palabras de Grimmjow y se acercó al pelinaranja.

-Deberías estar en el hospital.

-En eso estamos totalmente de acuerdo –intervino Uryuu.

-¿Qué clase de broma es ésta? –se indignó la madre de Orihime -¡Te ordeno ahora mismo que me digas quién es esta gente!

La pelinaranja cerró los ojos y se presionó las sienes con las yemas de los dedos. La cabeza comenzó a darle vueltas y, le había comenzado a doler desde que había llegado a casa y se había encontrado el helicóptero de su padre vistosamente en la carretera. A partir de aquel momento, su peor pesadilla se había hecho realidad.

-Orihime, ¡nos vamos ahora mismo! –habló el padre de Orihime. –Grimmjow ha tenido mucha paciencia y consideraciones contigo y todas tus tonterías, pero ya basta. Hemos hablado y está de acuerdo en celebrar sólo una ceremonia íntima con el juez, en cuanto aterricemos en…

-¿Y de qué dijeron que me estaba recuperando? –lo interrumpió la pelinaranja mirando a su madre –Has dicho que consiguieron convencer a todos de que me estaba recuperando en el Caribe, ¿recuperándome de qué?

-No me hables en ese tono, niña tonta. –le advirtió su madre.

-Recuperándote de tu adicción a los calmantes –mencionó Grimmjow.

-¿Cómo?

-Nos pareció una excusa creíble –se defendió su madre –Bien, con respecto a lo que estaba diciendo tu padre, que el juez ha accedido a celebrar la ceremonia en cuanto volvamos a casa. Dentro de un par de días, cuando ustedes se vayan de luna de miel a algún sitio muy apartado, haremos público el anuncio de la boda oficialmente.

-¿Prefieres que todo el mundo crea que su hija es adicta a los calmantes en lugar de permitir que la gente se entere que tiene el suficiente coraje como para no querer casarse con el hombre a la que prácticamente la han vendido?

-No digas tonterías, Orihime –reprochó Grimmjow dirigiéndose a ella con actitud agresiva.

-Si le pones una sola mano encima, te mato maldito –le advirtió Ichigo.

-¡Sí, vendido! –insistió Orihime acercándose a su padre -¿Cómo describirías sino lo que has hecho conmigo papá?

El hombre sólo contuvo su furia.

-Has sido un intercambio beneficioso. No seas ingenua Orihime. La empresa necesita capital y Grimmjow lo tiene.

-¡Sí, pero no estaba dispuesto a invertir en tu familia a menos que le entregaras a tu hija y a ti te dio igual que éste tipo tuviera ciertos problemas a la hora de controlar sus puños porque a ti lo único que te importa era ese asqueroso dinero!

-¿Quieres comenzar a despedir a tus intrusos, Orihime? A caso, ¿quieres que nuestros empleados pierdan sus casas, autos y sus vidas solamente porque tú no quieres cumplir con tu responsabilidad hacia la familia y tu destino?

-¿Destino? Esto no es un destino. No lo es más para mí, ¿qué me dices de tu responsabilidad hacia mí como mi padre?, ¿eh? –se defendió Orihime –Confieso que estaba aterrorizada de que me encontraras, que entraras a mi casa con esos mismos aires de prepotencia de siempre, convencidos de que haría otra vez lo que ustedes desearan, como lo fue siempre –añadió mirando a su madre –Siempre llevé el cabello como a ti te parecía mejor, me he vestido como a ti te había gustado, asistía a los ligares que elegías y salía con los hombre que eran de tus apetencias. Incluso accedí a casarme con uno del que no estaba enamorada porque era lo que ustedes querían. Me hiciste creer que no era lo suficientemente inteligente como para tomar mis propias decisiones, que lo único que tenía era una supuesta belleza. –terminó Orihime con el aliento exhausto, estaba por fin escupiéndoles todo lo que se había tenido que tragar durante años.

-¿Y qué hay de malo con eso? –se quejó su madre –Grimmjow puede darte todo lo que quiera.

-Te equivocas –continuó apenas recuperándose –Grimmjow puede dárselo a ustedes, a papá y a ti, todo lo que quieran, pero yo no quiero saber nada de él. Espero que sean muy felices los tres juntos.

-¡Eres una mal educada! ¿Qué se supone que quieres decir con eso? –le preguntó su padre.

-Creo que está bastante claro. Quiere decir que los estoy sacando de mi casa –contestó la pelinaranja casi sin fuerzas.

-Pero Grimmjow… -se atrevió a objetar su madre incrédula.

-Grimmjow nada. Que se lleve su dinero y se compre otra novia de la que, por cierto, me apiado demasiado.

-Eres una pu… -intervino el mencionado.

-Ten cuidado son esa boca –volvió a advertirle Ichigo con una mirada más que amenazante detrás de Orihime.

-Éstos meses han sido duros para todos –le dijo su padre en tono conciliador –Por favor, intenta mantener la calma. El capital que necesitamos…

-¿Cuánto? –le preguntó Ichigo repentinamente.

-¿Cuánto qué?

-¿Cuánto dinero quieren? –interrumpió Uryuu colocando la mano sobre el hombro de su hermano.

-¿Quiénes son ustedes? –cuestionó el padre de Orihime con poca paciencia.

-Ichigo Kurosaki.

-Y yo su hermano. Uryuu Kurosaki.

La madre de Orihime quedó sin palabras.

-¿Hablas de los kurosakis?

-¡Ya váyanse! –gritó Orihime a sus padres y Grimmjow.

-No puedes corrernos, Orihime –se horrorizó su madre -¡Somos tus padres!

-Puedo sacarlos de mi casa y lo haré –le aseguró Orihime –Si tan mal van las cosas, padre, te entrego la herencia de la abuela.

-Claro, como ahora estás con un Kurosaki… -se burló su madre.

-¡Fuera! –repitió la pelinaranja con lo último que le quedaba de aliento.

Su madre tomó su fino abrigo de pieles importadas y se lo colocó en los hombros.

-Eres una vergüenza Orihime. Que desagradecida.

-Te equivocas, madre. Tengo algo muy importante por lo que darte las gracias, y eso es, por enseñarme el tipo de madre que no quiero ser.

Terminada la frase, su madre salió de la casa con paso decidido e Ichigo se apartó para dejarla partir.

-Nunca quise que las cosas salieran así, Orihime –se despidió su padre.

Hime creyó percibir cierto rastro de tristeza en sus ojos, pero supuso que sería porque la herencia de su abuela no era ni de cerca la suma que Grimmjow había previsto intervenir en su empresa.

-Yo tampoco –susurró.

-¿Qué vas a hacer ahora?

-Vivir mi vida.

Su padre apretó los dientes, se despidió y siguió a su esposa.

-Ni se te ocurra pensar que me vas a cargar a ese niño –le dijo Grimmjow mostrándole un semblante aterrador –Probablemente, ni siquiera sea mío.

-Tienes razón, no es hijo tuyo –dijo Orihime.

-¿Cómo de que no? –se indignó Grimmjow –Pero si eres tan fría e insípida. Te aseguro que, si no hubiera sido por las ganas te tenía, después de lo de Suiza, te habría mandado al diablo. ¿De quién es entonces?

-De Ichigo –contestó mirándolo.

Grimmjow la observó con furia.

-En verdad que eres una put…

-Es suficiente –habló Ichigo dándole un puñetazo en la cara con lo que le quedaba de fuerza –Me estás hartando.

Orihime ahogó un gritito de sorpresa mientras Grimmjow se limpiaba el labio que comenzaba a sangrarle.

-¿Buscas más? –preguntó el Kurosaki al ver que éste no se iba.

Grimmjow estaba más que enfadado, pero retrocedió al verse en desigualdad por el hermano del Kurosaki.

-Voy a acompañarlos al helicóptero, no espero que se pierdan y se queden por aquí –comentó Uryuu cerrando la puerta a sus espaldas y dejándolos por un momentos en total soledad.

Hime movía sus manos inquietas sobre su vientre y no se atrevió a ver a los ojos chocolate de Ichigo.

-Lo siento –se disculpó –No quería que los vieras… no quería que vieras cómo era yo antes…

-Me da igual como fueras –le aseguró Ichigo –Ahora eres un mujer tan valiente y hermosa…

-¿Cómo he podido dejarte? Tenía al mejor hombre del mundo y…

-Todavía estás a tiempo.

-Te mereces a alguien mil veces mejor.

Ichigo se acercó a ella, la giró y le tomó el rostro entre las manos.

-Me merezco a una mujer que me quiera por lo que soy, y sé que tú me quieres Hime. –le dijo mirándola a esos ojos plateados –Me merezco a una mujer que se ría conmigo y que discuta también conmigo sobre… el nombre de nuestros hijos.

-Te van a decir que estás loco cuando se enteren de que no me llamo Asuna Suno.

-Asuna Suno no es más que un nombre. Tú siempre has sido tú. Además, me da igual lo que piensen los demás. Tú y yo sabemos lo que hay entre nosotros y que es tan real como la sensación fría de una nevada.

-Pero te he devuelto el anillo.

-Eso tiene fácil solución –contestó Ichigo metiéndose la mano en el bolsillo del abrigo y marcando una mueca de dolor.

-Ichigo, tienes que volver ya al hospital. Voy a avisarle a Uryuu…

-Sólo tengo una costilla rota –le explicó el pelinaranja tosiendo –Bueno, puede que quizás dos o tres, pero… vamos por partes. Lo primero es lo primero –continuó tomándole la manos izquierda -¿Me prometes que esta vez no te lo quitarás? Si te asustas o algo te molesta o lo que sea, por favor, primero habla conmigo en lugar de sólo querer salir corriendo.

-Estoy asustada –confesó Orihime- Me da miedo que te des cuenta de que no soy lo que quieres.

-Vaya, a mí me pasa exactamente lo mismo. Me da miedo que te des cuenta de que no soy lo que tú quieres. Soy bombero, Orihime. Ya has visto lo que hago.

-Sí, tienes razón. He visto quién eres y cómo eres y te prometo que jamás me quitaré éste anillo –respondió Orihime con pequeñas lágrimas en los ojos –Te quiero Ichigo.

-Yo también te quiero Orihime –correspondió Ichigo abrazándola por la cintura a pesar del dolor –Los quiero a ambos –añadió besándola –Aunque es cierto que me gustaría que habláramos de una cosa –concluyó –Mira, eso de que le pongas mi nombre no me convence, ¿sabes? Podrían comenzar a burlarse.

Orihime le acarició los cabellos revueltos y se dijo que más le valía estar atenta porque al lado de aquel hombre la vida iba muy rápido y no quería perderse nada.

-Me parece muy bien que hablemos de ello, pero será camino al hospital –le ordenó.

-Y estás de nuevo en plan dominante –protestó Ichigo con cariño mordiéndole con delicadeza parte de su oreja –La verdad es que me gusta, ¿sabes? –susurró en tono sensual.

-Eres un hombre realmente peligroso, Ichigo Kurosaki.

-Sí, y soy todo tuyo –sonrió el pelinaranja abriendo la puerta.

Orihime sabía que así era y aquello la llenaba de felicidad.

-Yo también soy tuya –contestó mientras salían caminando juntos hacia lo que sería su futuro...

Mis razones por no actualizar han sido por la carga con la que me tienen en el semestre, apenas puedo comer, dormir si acaso y volver a clases. Si no fuera por estos días en los que se presentó el sismo, no creo poder actualizar algo.

Han sido cerca de 4 años desde que comencé a subir ésta historia adaptada. Hemos llegado al penúltimo capítulo. Sólo quedan 3 hojitas y media del librito, así que el próximo será un especial complementado por mí. Espero que todos se encuentren muy bien, no olviden dejarme un comentario pequeño. No los he olvidado, terminaré algún día todo lo que tenga pendiente aquí mientras tenga vida.

Por cierto, comenzaré a escribir una historia para otro fandom, espero que me apoyen :D porque parece que la pareja no es muy aceptada. Cuando la suba se darán cuenta.

¿Con qué historia gustan que haga la siguiente actualización?