Hola, queridos lectores. Ya por fin el capítulo prometido. Tuve un bloqueo y no estaba inspirada para escribir. Zeus bendiga a las Musas. Y sí, la mejor hora para actualizar es en la madrugada (horario de México).
En fin, este fic me gusta principalmente por la temática detective-asesino y la personalidad de Orihime. Creo que todos estamos acostumbrados a verla como alguien débil y con una falta de carácter muy notoria. Pero aquí traté de describirla como una mujer autosuficiente que ha tenido que valerse por sí misma desde siempre. La amo mil. Espero que disfruten el capítulo, dejen su comentario, hasta pronto (espero, jajaja).
¡Mil besos!
LA PANTERA
Capítulo 2: Nuevo objetivo.
Orihime tocó el timbre de la casa y esperó un momento hasta que abrieron.
-Detective, pase, por favor –la saludó Isshin.
Orihime entró a la casa. Llevaba una libreta y los expedientes bajo el brazo, no acostumbraba a llevar maletín. La glock reglamentaria la traía en el bolso, junto con su placa de detective. Ichigo le indicó que se sentara a la mesa de la cocina, tenían algunas cajas de comida china y refresco. Le dieron una a Orihime y se sentaron con ella.
-¿Empezamos? –Preguntó Ichigo.
-Estuve trabajando en los detalles de cada caso. Hay tres estudiantes, una maestra, una bailarina y una mesera. Es un punto sin retorno, no podemos sacar nada más de esos datos. Si tomáramos como punto de referencia la edad, entonces tampoco hay mucho qué seguir, creo que eso es algo completamente aleatorio. La zona en la que vivían todas estas chicas es famosa por el alto nivel de delincuencia, por lo que no es muy sorpresivo que hayan sido secuestradas o asesinadas, y es justo ahí donde está nuestro problema.
-¿A qué se refiere?
-Es común que haya asesinatos en esa zona y sus alrededores. De hecho, si no fuera por las marcas tan peculiares que les deja a las víctimas en la garganta, yo diría que sus muertes fueron algo completamente normal. Pero no es así. Nuestro hombre o mujer es un depredador.
-¿Cree que pudo ser una mujer?
-No hay que descartar nada. Después de todo, ninguna víctima fue atacada sexualmente. Por el contrario, si me equivoco en esto, quiere decir que el asesino no busca placer de ese tipo. Entonces, ¿qué es lo que busca? ¿Cómo escoge a sus víctimas? ¿Atacará de nuevo? ¿Cuándo?
Eran muchas preguntas aún sin contestar, y francamente no tenían ni idea de cómo comenzar a responderlas. ¿Qué era lo primordial?
-Estuve trabajando en el perfil del asesino un poco, pero hay muchos datos faltantes. En primer lugar, puedo decir que es un hombre de perfil bajo, no se arriesgaría a ser identificado o recordado. Segundo, si tiene un empleo, es por la mañana y de lunes a viernes, de otra forma no tendría posibilidad alguna de observar a sus víctimas o atacar; tercero, le gusta imponer su fuerza, todas las víctimas han sido mujeres menudas, así evita que le den problemas al forcejear; cuarto, se toma el tiempo de estudiar su entorno, así elige los destinos y los lugares donde dejará el cuerpo una vez que haya terminado; quinto, cuenta con un espacio privado en el que puede tener encerrada a la víctima e incluso torturarla, no lo hace en la comodidad en su casa, por lo que presumo que vive en un lugar público, tal vez un complejo de apartamentos; y por último, se toma el tiempo se jugar con sus víctimas antes de matarlas, según los expedientes, todas ellas tenían marcas de soga en manos y pies y fueron amordazadas, tal vez con más fuerza de la necesaria.
Ichigo escuchaba a la detective con la boca abierta. Su nivel de deducción era asombroso. Darse cuenta de todo eso sólo con ver los informes. Claramente sabía leer entre líneas.
-De acuerdo a algunos testigos que afirman haberlo visto, era un hombre delgado pero corpulento que estaba completamente vestido de negro.
-¿Y los testigos son confiables? –inquirió Ichigo.
-Yo diría que sí. Al menos ninguno tiene problemas visuales o mentales.
-Ya veo. Podemos disponer de algunos oficiales para que hagan rondas por la zona.
Orihime negó con la cabeza.
-Es inútil. No atacará si sabe que lo están vigilando.
-Pero si no lo hacemos, seguramente habrá otra víctima muy pronto.
Isshin pareció pensarlo un momento.
-¿Que vayan encubiertos ayudaría?
-Si es así, entonces no creo que haya problema. Siempre y cuando sus agentes sepan controlarse y actuar como civiles.
A Ichigo no le gustó el tono que había empleado Orihime. Seguía actuando como si estuviera tratando con un montón de bebés que no sabían lo que hacían.
-Creo que podemos solucionar eso, detective. No supondrá ningún problema.
Orihime lo evaluó con la mirada. Era la clase de niño mimado que se sentía ofendido si le quedaba el saco. Sonrió de lado.
-No estoy cuestionando sus capacidades. Sólo quiero que entiendan mis preocupaciones.
Isshin rió por el comentario. Pocas personas ponían a Ichigo en su lugar de esa forma. La detective Inoue era en verdad fascinante.
-Papá, ¿contamos con agentes suficientes para esta tarea?
-Tendría que revisar a quién tenemos disponible que esté dispuesto a hacer las rondas.
-Quiero patrullar con ellos.
-Ichigo, ¿estás seguro? Podría ser peligroso.
Ichigo se sonrojó y vio de reojo a Orihime.
-Está bien, papá, creo que puedo manejar unas cuantas rondas sin problema.
Quería, más que colaborar en esa parte del caso, probarle a Orihime de qué estaba hecho. Un trabajo de vigilancia era perfecto, si tenía suerte, podría recaudar algunas pistas antes de volver.
-En ese caso, no veo por qué no.
La chica de gafas que había visto en la cafetería era una buena opción, pero demasiada gente lo había visto ahí y no podía arriesgarse. Aunque no creía que realmente pudieran atar cabos, su sensatez y paciencia lo habían mantenido impune hasta ahora, y no iba a cambiar el curso de las cosas a esas alturas.
Luego de hacer las compras, se dirigió a su apartamento. Ya había anochecido y no tenía planes hasta más tarde, así que se relajó y retomó la tarea que había dejado pendiente. Sacó una cerveza del refrigerador y se recostó en el sillón para leer el periódico con calma. Ese le gustaba personalmente porque rara vez maquillaban las noticias. La censura era casi nula y en la portada aparecía una foto de Rukia Kuchiki con el cuello rasgado de oreja a oreja.
"La Pantera ataca de nuevo"
Sí, eso era justamente lo que había sucedido. No decía "mata", sino "ataca". Lo trataban como lo que era: un depredador.
Grimmjow no se consideraba un asesino común y corriente. Él era especial. ¿Su motivación? Placer puro. No mataba por odio, o por algún trastorno mental que padeciese. Mataba porque le gustaba y no había necesidad de negarlo. Sentir que la vida de alguien depende por completo de tu próximo movimiento. Eso era el poder verdadero. Eso era naturaleza en su máxima expresión.
Leyó la noticia dos veces para asegurarse de que todo estuviera en orden. Lo extrañó un poco que no dijera nada sobre el FBI, al parecer las autoridades lo estaban manejando ellos solos, pero no suponía ningún inconveniente. Así trajeran a toda la guardia nacional e involucraran a la mismísima Interpol, era completamente inútil. El resultado sería el mismo. Tampoco estaba dispuesto a dejar que ocultaran algún detalle. Quería que vieran su firma y que no lo olvidaran. Quería que temblaran al escuchar su nombre, o su apodo, en ese caso.
-Supongo que alguien dirá que estabas en el lugar y momento equivocados –acarició suavemente la foto, pasando sus dedos por las marcas en la garganta de la chica-. Pero no fue así. Fuiste escogida, y deberías estar agradecida por eso. Ahora eres especial y alguien más notará tu existencia. Al menos hasta la próxima víctima. Entonces serás sólo una más.
Grimmjow recordó nítidamente su tiempo de calidad con Rukia. Desde que la vio salir de la universidad con su falda que le llegaba arriba de los muslos hasta que escuchó el último gorjeo cuando se ahogaba con su propia sangre.
Había sido excitante, y había estado en primera fila para el espectáculo.
Isshin estuvo colgado largo rato al teléfono, organizando a sus agentes e instruyéndolos sobre lo que debían hacer. Cuando colgó, estaba seguro de que harían un buen trabajo, ya que empezarían esa noche.
-Cuento con seis agentes nada más, incluyendo a Ichigo. Irán en parejas por el vecindario, encubiertos.
Orihime asintió y guardó sus notas.
-Entonces regresaré a mi apartamento –se levantó y se dirigió a la salida-. Estamos en contacto.
Ichigo cerró la puerta tras ella y la observó discretamente por la ventana hasta que subió a su auto y giró en la siguiente calle.
-¿Qué fue todo eso? –le preguntó Isshin mientras recogía la mesa.
-¿A qué te refieres?
-¿De repente quieres hacer trabajo de campo?
Ichigo se sonrojó levemente y le ayudó con el resto.
-No entiendo tu punto. Soy un agente entrenado, puedo manejar un simple patrullaje.
-Lo sé, es sólo que me sorprendió que te hayas ofrecido como voluntario. ¿Tiene algo que ver con la detective Inoue?
-Papá, es sólo patrullaje –respondió Ichigo, incómodo.
Isshin sabía que estaba ocultando algo y le sonrió cómplice.
-Puedes contármelo, hijo. No te culpo. Es una mujer asombrosa.
-Sabes perfectamente que estoy saliendo con Riruka.
¿Por qué su papá tenía que actuar de ese modo? Era cierto que le atraía la detective, pero quiso convencerse de que se trataba más de su orgullo laboral.
-Bien, ya, entiendo.
Ichigo subió las escaleras hasta su habitación y se dio una ducha rápida antes de salir. Iba a hacer guardia con Renji, y quedaron de verse en la estación de tren.
-Vendré más tarde. Te mantendré informado –le dijo a Isshin a modo de despedida.
-De acuerdo, ten cuidado.
La noche era fría y oscura. Probablemente llovería más tarde y se arrepintió de no haber llevado algo más abrigado, pero no quería llamar la atención.
Sumido en sus pensamientos recorrió la distancia a pie, deteniéndose ocasionalmente para espiar en los alrededores y asegurarse de que nadie lo siguiera. Aún si ellos desconocían la identidad del asesino, no significaba que él desconociera la suya y la del resto del cuerpo de policía. Debía ser cauteloso.
Grimmjow recortó la noticia y la agregó al álbum que había hecho sobre cada uno de sus casos. Había empezado como un simple asesinato más, nada especial, dada la zona, pero luego del tercero, los medios se habían dado cuenta de que se trataba de algo más. Fue ahí cuando adquirió la fama de La Pantera.
Mujeres de todas las edades comenzaron a ser más cautelosas. Algunas incluso dejaron de salir por temor a ser la siguiente. Grimmjow sonrió a causa de eso. Había infundido miedo en cada uno de los ciudadanos de Karakura, y no planeaba detenerse hasta que se sintiera satisfecho.
Guardó nuevamente el álbum en su librero, detrás de algunos ejemplares que había ido adquiriendo al paso de los años. A pesar de todo, disfrutaba de actividades tan sencillas como leer o nadar. No ocultaba su "trofeo" por miedo a que lo descubrieran, sino porque sentía que dejarlo expuesto era como darle acceso al mundo de espiar en su interior.
Pensó un poco en cuál sería su siguiente movimiento. ¿Esperaría una semana o trataría de desconcertar a la policía atacando antes de lo previsto? Soltó una carcajada al imaginárselos revisando cada expediente en busca de alguna pista que los llevara a su captura. Era una pérdida de tiempo, sus ataques eran aleatorios. Mataba cuando quería, no cuando creía que los demás lo esperaban. Si creían que lo atraparían tratando de adivinar un patrón, estaban muy equivocados.
Grimmjow se caló una chaqueta de cuero y un gorro y salió a dar un paseo. Todavía había gente transitando por las calles, probablemente de camino a casa. Se compró un café y se sentó en una banca del parque a observar a los transeúntes. Si bien no era la actividad más divertida, al menos le ayudaría a despejar su mente aunque fuera sólo un rato. Vio pasar a muchas chicas que regresaban de una tarde con su pareja o sus amigas.
Idiotas, no entienden que arriesgan el cuello al salir tan tarde, pensó.
Pero realmente ¿por qué le importaba si tomaban precauciones? Para él era mejor si no lo hacían. Le facilitaba mucho las cosas.
Una chica de cabello magenta pasó frente a él de la mano con otra chica de pelo verde y corto y se sentaron en la banca de enfrente. Ambas eran muy atractivas y Grimmjow se excitó al imaginárselas sometidas por él. Sonrió mentalmente. La de pelo magenta escribía apresuradamente en el móvil mientras la otra veía continuamente su reloj.
-Ya es tarde, será mejor que volvamos. Mi padre se volverá loco si descubre que no he regresado a casa cuando salga de trabajar.
-No exageres, Nozomi. Todavía tenemos tiempo. Además, ¿no fuiste tú la que quería venir a este parque sólo para ver al chico que te gusta?
Grimmjow prestaba atención a todo lo que decían, pero disimuladamente miraba hacia otro lado, como si estuviera esperando a alguien. Dos chicas, probablemente universitarias, paseando por el parque en la noche. Era perfecto, pero decidió observarlas un momento más.
-Bueno, sí, pero ni siquiera sé si vendrá hoy.
-Todos los días pasa por aquí. Seguro que no tarda.
-Riruka, mejor ya vámonos.
-¡Ahí viene! –exclamó la de pelo magenta con una sonrisa en el rostro.
La de pelo verde miró en la misma dirección y compuso una sonrisa de medio lado. Se veía que era tímida.
-No puede ser. ¿Me veo bien? –Preguntó nerviosa.
Te verías mejor con una sonrisa en el cuello, pensó Grimmjow viéndola de reojo.
-Está perfecto. Sonríele –la apremió la otra.
Un chico de cabello negro pasó por su lado con otro chico rubio sin siquiera voltear a verlas. La de pelo verde lucía decepcionada y un leve sonrojo se asomó en su rostro. La otra estaba furiosa.
-Es un imbécil. Mira que ignorarnos de esa manera…
-Déjalo ya. Vámonos.
Ambas se pusieron de pie y Grimmjow esperó unos momentos antes de levantarse y seguirlas a lo lejos. Caminaba despacio para no levantar sospechas, pero lo suficientemente cerca para no perderlas de vista. De las dos chicas, le había llamado la atención la de pelo verde, pero decidió que no le había llegado su hora. La otra, en cambio, era una diva que se creía la gran cosa. Escoria, en pocas palabras. Merecía ser castigada. Las dos chicas iban agarradas del brazo y caminaban por las calles en dirección a la estación de tren.
Si abordan, les perderé el rastro.
Justo en la entrada se reunieron con dos hombres. Grimmjow se quedó rezagado detrás de una cabina de teléfono y observó al grupo con detenimiento. Al parecer se conocían.
Intercambiaron algunas palabras y luego la chica de pelo magenta le dio un beso al tipo con el llamativo cabello anaranjado. Se conocían bastante bien. Su rostro le parecía familiar, pero no podía recordar de dónde.
Las dos chicas se despidieron y entraron a la estación para luego abordar un tren. Los dos hombres pasaron de largo en dirección a donde estaba Grimmjow. Rápidamente, descolgó el teléfono y fingió que estaba hablando con alguien.
-Sí, ya te lo dije. Volveré pronto. Ya voy de camino…-la pareja se alejó por la calle y Grimmjow colgó el auricular.
Definitivamente su rostro le era familiar.
Continuará…
Espero terminar pronto el tercer capítulo para no hacerlos esperar tanto. Una disculpa -se muere de vergüenza-.
