He aquí el tercer capítulo. Espero que les guste, dejen su review. Un abrazo de oso en empatía por el final de Bleach. Leer y escribir fics es lo que me mantiene con vida cuando una serie termina. Hasta pronto :3

LA PANTERA

Capítulo 3: ¿Quién investiga a quién?

Ichigo y Renji ni siquiera notaron al hombre que estaba en la cabina de teléfono. Pasaron de largo en dirección al parque y se sentaron en una banca mientras vigilaban a su alrededor discretamente.

-Te lo digo, sólo tienes que estar atento y no perder de vista a cualquiera que luzca sospechoso.

-Es inútil, Kurosaki. ¿Sospechoso de qué? ¿Acaso crees que va a andar por el parque con un cuchillo en la mano y un letrero que diga "cuidado con La Pantera"?

-Si ves que alguien se acerca mucho a una chica o la observa demasiado probablemente es porque esté buscando a su próxima víctima.

-¿Y qué pasa si ya la tiene? Estaríamos perdiendo el tiempo aquí. Tal vez ni siquiera haya considerado venir al parque. Por lo que sé, la zona en la que se mueve es mucho más amplia.

-Y por eso mismo tenemos agentes cubriendo todo el lugar. Hay que hacer nuestra parte y regresar a casa antes del amanecer.

-El no saber lo que estoy vigilando me pone de malas.

-Está bien, puedes irte si quieres. Le diré a mi padre que me dejaste solo haciendo el trabajo.

-Tch, siempre usando a tu padre como excusa. Me llevo bien con el jefe, no es justo que lo uses en mi contra. Y además, ¿por qué de repente haces trabajo de campo? Creí que lo tuyo era el papeleo.

-Es confidencial.

-Es confi… ¿Confidencial? Me estás tomando el pelo. Estamos juntos en el caso de La Pantera, no me vengas a decir que es confidencial.

-¿Quieres gritarlo más alto? Creo que no te escuchó todo el mundo –exclamó Ichigo en un susurro.

-Esto es personal, ¿no?

-No te interesa, Renji.

-Tienes razón, no me interesa en lo más mínimo.

A pesar de su respuesta, Ichigo sabía que no daría el tema por zanjado. ¿Es que acaso era tan extraño que saliera de la oficina de vez en cuando?


Orihime llegó a su apartamento y preparó la bañera para darse una ducha. Había sido un día pesado, estando tantas horas sentada revisando los expedientes y tratando de hacer el perfil del asesino con tan poca información.

Sabía que se trataba de un punto clave, no podían siquiera soñar con tener una pista si no tenían el perfil físico ni psicológico. En lo personal, creía que le costaría más trabajo atraparlo, ya que su modus operandi era desconocido. El capitán Kurosaki tenía confianza en ella y no podía defraudarlo, ya que los recursos de la policía eran tremendamente limitados.

Se le ocurrió que podía unirse a las rondas para aportar algo. Tal vez unas horas por la tarde para despejar su mente. Cubrirían más terreno y se daría una mejor idea de por qué el asesino se movía en una zona como aquella.

A diferencia de Ichigo, ella estaba acostumbrada a hacer trabajo de campo. Las oficinas no le gustaban, por eso fue que no quiso unirse al cuerpo de policía y decidió trabajar por su cuenta. Así no tenía que rendirle cuentas a nadie y podía desempeñarse como más le gustara.

Revisó su teléfono antes de ducharse, no tenía ningún mensaje o llamada, lo que significaba que aún no habían encontrado ninguna pista o detenido a algún sospechoso. Aunque de todas formas sólo había pasado poco menos de una hora desde que iniciaron las rondas.

Orihime se metió a la bañera y puso un poco de música para intentar relajarse. Su mente no la dejaba descansar, no podía sacarse de la cabeza todas las fotos de aquellas chicas asesinadas, con la garganta abierta de oreja a oreja y una expresión de terror en el rostro. Mujeres que regresaban a casa o de alguna actividad sin preocupaciones, sin saber que estaban siendo observadas y que no volverían a su vida cotidiana. Se preguntó si el asesino las había hecho sufrir mucho. Los cuerpos únicamente tenían marcas de ataduras en muñecas y tobillos, pero estaba segura de que se trataba de otro tipo de tortura.

Tortura psicológica.

Un escalofrío recorrió la espalda de Orihime.

Lentamente, su cuerpo se quedó petrificado en la bañera. Unas manos invisibles la apresaban lentamente y rodeaban su cuello. Le faltaba la respiración, el asesino susurró algo en su oído, pero el sonido llegó ahogado, como si le hablara a través de una tela. Sintió un agudo dolor en la garganta y abrió los ojos, atormentada. Su frente estaba perlada de sudor y su pulso acelerado, la música se había detenido. Se enderezó en la bañera y observó el reloj. Era casi medianoche.

Se envolvió en la toalla y se vistió con la pijama, todavía con una extraña sensación en la garganta.


Grimmjow llegó a su apartamento poco después de medianoche. Había estado rondando por el vecindario, notándolo ligeramente cambiado. ¿Qué era? Paseaba por el lugar casi todos los días desde hacía mucho tiempo. Definitivamente había algo extraño en él.

Tampoco podía quitarse de la cabeza al sujeto de pelo anaranjado que vio en la estación de trenes. Sentía que lo había visto en algún otro lado, pero no lograba recordarlo. Y al parecer estaba saliendo con la chica de pelo magenta que vio en el parque. Serían novios, seguramente. De los otros dos no pudo sacar nada en concreto. Apenas intercambiaron un asentimiento de cabeza y ningún diálogo.

Sacó su álbum en el que estaba documentando los asesinatos que cometía y empezó a hojearlo, sin buscar nada en particular. Una sonrisa de orgullo se formó en la comisura de su boca al recordar una vez más los sucesos. Personalmente, creía que pasaría a la historia como uno de los mejores asesinos que hubieran existido. En el recorte de periódico del caso de Soi Fong, su tercera víctima, cerca del cadáver y de la patrulla que estaba estacionada, pudo ver a varios hombres de pie conversando entre sí. Observó la foto con más detalle y su sonrisa se ensanchó al reconocer al sujeto que había visto en la estación de trenes. Usaba un pantalón de vestir, camisa blanca y una corbata ligeramente desanudada. Grimmjow supuso que debía pertenecer al cuerpo de policía, de otro modo no tendría acceso a la escena del crimen.

Hojeó los demás recortes y en cada uno aparecía el mismo hombre en alguna parte de la foto. Grimmjow se alegró de que los periodistas fueran tan malditamente entrometidos.

¿Qué estaba haciendo ese sujeto en la zona? No recordaba haberlo visto por ahí anteriormente. Era tan llamativo que no se le podría pasar por alto. Algo estaba mal, podía sentirlo.

A la mañana siguiente, Grimmjow se despertó más temprano de lo usual y decidió ir a dar una vuelta cerca de la estación de policía, para ver si de casualidad se encontraba con el sujeto que había rondado en su mente toda la noche.

Esperó sentado en un café a unas calles de ahí. Se ubicó en una de las mesas de afuera a pesar del clima frío, para tener visión libre en dirección al edificio. Estaba usando un pantalón negro y una cazadora del mismo color, además de un gorro que dejaba salir algunos mechones de su cabello por la frente y la nuca. Se puso unos anteojos sin aumento, sólo por la precaución de ser recordado y pidió un café para calentarse.

Pasaron unos minutos hasta que vio un auto azul marino estacionarse enfrente del edificio, del cual bajaron dos hombres y entraron uno tras otro. Uno de ellos era de mediana edad y cabello negro. Grimmjow sonrió al reconocer al otro. Era a quien estaba buscando. Pero, ¿por qué habían llegado en el mismo auto? ¿Serían colegas o familiares? Grimmjow apostó por lo segundo. El hombre de pelo negro se veía lo suficientemente mayor como para ser su padre, pero decidió que sería mejor cerciorarse.

Apuró su café y pagó para irse cuanto antes. Discretamente, haciéndose pasar por un transeúnte caminó en dirección al auto y memorizó las placas. No se entretuvo más de la cuenta y siguió su camino por la banqueta hasta que alguien le chocó el hombro por accidente.

-Disculpe –era una mujer joven de larga cabellera anaranjada. Iba atenta a su celular y traía algunos papeles bajo el brazo. Ni siquiera lo volteó a ver.

-No hay problema –respondió Grimmjow en voz queda.

La mujer entró a la estación de policía.


Orihime se quitó la gabardina y se sentó frente a Isshin.

-Buen día, detective –la saludó.

Ichigo sirvió tres cafés y se sentó al lado de Orihime. Hoy vestía una falda gris de tubo y una blusa blanca de botones, el primero iba desabrochado y dejaba al descubierto un colgante con una flor azul turquesa que amenazaba con perderse entre sus pechos. Orihime notó la mirada de Ichigo, pero no se incomodó. Estaba acostumbrada a que la vieran de ese modo. El hijo del capitán no era la excepción.

-¿Tenemos alguna novedad?

-Ninguna –Ichigo se aclaró la garganta-. Los oficiales ya han entregado sus reportes. Justamente los estaba revisando cuando usted entró a la oficina.

-Además de algunos vagabundos y borrachos, no hubo ningún sospechoso –completó Isshin.

-Ya veo. Espero que tengamos más suerte hoy.

Isshin asintió y se puso de pie. Dio unas vueltas y finalmente se recargó en la ventana para ver hacia afuera. La vista de la ciudad era monótona. Se encontraban en el cuarto piso y no había mucho qué ver desde ahí.

-Estuve pensándolo anoche y he decidido hacer las rondas con los demás agentes –exclamó Orihime.

-¿Está segura? Podría ser peligroso –replicó Ichigo.

-No estoy asustada, si es lo que le preocupa –Orihime recordó la sensación de la bañera e instintivamente se llevó una mano al cuello.

-No, no es eso lo que me preocupa. Pero usted es mujer, podría fácilmente ser el objetivo del asesino.

-Dejando claro lo obvio, lo dudo mucho. No vivo en esa zona, para empezar. Tengo entrenamiento policial y mi bebé nunca me ha defraudado –dijo palmeando su bolsa haciendo referencia a la Glock.

-Aun así, creo que debería mantenerse al margen.

-No creo haber pedido su opinión, agente. Soy una detective privada y no estoy sujeta a seguir sus órdenes.

-Pero sí las del capitán que la contrató.

Ambos miraron a Isshin, que había escuchado la conversación pero no había dicho ninguna palabra al respecto.

-¿Papá?

-Creo que la detective Inoue tiene razón. Sería bueno contar con más personal. Como ya señalaste, podría ser el objetivo del asesino, y eso nos daría una gran ventaja al momento de atraparlo.

-Estás de broma –Ichigo no podía creer que se pusiera de su lado.

-Piénsalo por un momento. No la conoce. Puede pensar que es una civil y seguirla, entonces nosotros intervenimos y lo atrapamos.

-La usamos como carnada.

-Se le llama estrategia, pero sí, básicamente es lo que su padre quiere decir. Usarme como carnada –Orihime se cruzó de brazos.

-Esto es ridículo. No pienso hacerme responsable si algo le pasa.

-¿Es eso? A diferencia de usted, yo tengo experiencia en las calles. Y su actitud machista e infantil no cambia el hecho de que puedo cuidarme sola. El que debería mantenerse al margen es usted. Siga haciendo el papeleo de oficina y déjenos manejar esto.

-¿Está insinuando que no he hecho nada para contribuir en el caso? –Ichigo estaba molesto.

-Por supuesto que no. Lo estoy afirmando.

-Le recuerdo que anoche fui a patrullar con un colega hasta altas horas de la madrugada.

-¿Y los resultados fueron...?

Ichigo se quedó callado. Por supuesto que no hubo resultados. En cuanto al patrullaje, no había servido de nada. Ni una maldita pista.

-Eso fue lo que pensé –concluyó Orihime.

Isshin se volvió a ellos.

-No resolveremos nada discutiendo. Somos un equipo y debemos actuar como tal. Ichigo, escucha a la detective, su idea podría darnos lo que necesitamos. Y detective, tenga un poco más de confianza en mi hijo, sus intenciones son buenas. No es que la subestime, pero fue criado para proteger a las mujeres, está en su sangre.

-No es a mí a quien debe proteger, capitán. De todas formas no pedí su ayuda ni su autorización para hacer lo que yo quiera.

-¿Quién está siendo infantil ahora? –Ichigo se puso de pie y salió dando un portazo.

En el camino se encontró con Ishida, que iba subiendo en dirección a la oficina.

-Kurosaki, ¿qué sucede?

Ichigo se recargó en la ventana que daba a la calle y encendió un cigarrillo. Le dio una calada y contempló el humo unos instantes antes de que se desvaneciera en el aire.

-Parece que no puedo hacer nada bien –suspiró derrotado.

-¿A qué te refieres?

-A nada.

Bajó las escaleras y salió del edificio. Necesitaba estar solo un momento.


Grimmjow caminó en dirección al muelle y llegó a una casa rodante que pertenecía a un viejo amigo. Su nombre era Szayelaporro, y era un genio. Bueno, uno de esos casos especiales donde el sujeto en cuestión es inteligente pero a la vez es un completo fenómeno. Llamó a la puerta dos veces. Por la hora, supuso que seguiría dormido. No hubo respuesta. Llamó una vez más. Nada.

Era imposible que no estuviera en casa. Sólo salía en contadas ocasiones. Cuando necesitaba resurtir su alacena o estaba pasando desapercibido porque alguien peligroso lo buscaba. Al no recibir respuesta, se dirigió al frente del tráiler y abrió la tapa del radiador donde escondía la llave de repuesto. Entró a la casa y no se sorprendió en lo absoluto del desorden que había. Latas de cerveza por todos lados, ropa tirada en el suelo, cajas de pizza apiladas en la mesa, el fregadero lleno de trastes sucios, una caja vacía de preservativos, y al fondo, un sofá cama en el cual descansaba un bulto cubierto por cobijas.

Jaló de las cobijas y de inmediato se arrepintió de haberlo hecho. Szayel yacía desnudo con dos mujeres. Los tres estaban completamente dormidos.

-Hey, levántate –lo llamó.

Szayel abrió los ojos y los cerró de nuevo, molesto por la luz que entraba por la ventana. Palpó a ciegas para encontrar la cobija y volver a taparse. Grimmjow la jaló más fuerte y cayó al piso.

-¡Levántate, inútil!

Por fin se incorporó y se sentó en la cama, tallándose los ojos. Grimmjow le arrojó el bóxer para que se vistiera.

-Grimmjow, tan gruñón como siempre. ¿A qué se debe tu visita? Espero que sea importante –Szayelaporro tomó sus gafas del buró y vio el reloj-. Son las putas nueve de la mañana.

-Necesito tu ayuda. Vístete.

Las dos mujeres despertaron también.

-Diles que se vayan –ordenó el peliazul.

-Vaya, no sólo llegas e invades mi casa tan temprano, sino que me das órdenes y te deshaces de mi compañía –se quejó Szayel.

-Cierra la boca. Podrás llamarlas de nuevo cuando terminemos.

Szayelaporro se vistió y las dos mujeres hicieron lo mismo. Le dieron un beso antes de salir del tráiler, no sin antes fulminar a Grimmjow con la mirada.

-¿Sabes? Les pagué para que se quedaran hasta el mediodía. Espero que me reembolsen mi dinero.

-Sabes bien que no lo harán. No son idiotas.

-Entonces espero que tú me repongas ese dinero perdido, maldito bastardo.

-Sí, sí, lo que digas.

Szayelaporro sacó una cerveza del refrigerador y le ofreció una a Grimmjow, pero la rechazó.

-¿Y bien? ¿Qué quieres? –Preguntó dándole un trago.

-¿Todavía sabes hackear?

-No es algo que se olvide fácilmente, ¿por qué?

-Necesito que entres a la red de tránsito y vialidad e investigues unas placas.

-Pan comido –sacó su computadora y se dispuso a hacer lo que le pedía.

Grimmjow le dijo las placas que había memorizado y esperaron un momento hasta que aparecieron los resultados.

-Un Toyota Camry 2007. Pertenece a Kurosaki Isshin.

-¿Dice la dirección?

-Sí –Szayel se la dijo.

-¿Qué más dice?

-Sólo eso –Szayel tecleó una vez más. No era posible saber más sólo con las placas, pero no era problema alguno investigarlo por separado-. Es el jefe de la estación de policía de Karakura, es viudo desde hace poco más de quince años, tiene un hijo y dos hijas. Su ingreso mensual no es muy bueno, pero con los salarios de este pueblo, era de esperarse.

-¿Hay fotos?

Szayel giró la pantalla. Aparecían imágenes de Isshin, Ichigo, Yuzu y Karin, aparte de estados de nómina, algunas menciones honoríficas en periódicos y una especie de agradecimiento por parte del alcalde cuando cumplió veinticinco años de servicio.

-¿Qué hay del hijo?

-Kurosaki Ichigo, también es policía, trabaja con su padre desde hace tres años, vive con él, es soltero, buenas notas en la escuela… –Szayel siguió leyendo y sonrió-. Tal parece que el pequeño rebelde hizo un año de servicio comunitario por algunas multas.

-Qué imbécil –Grimmjow sonrió.

-Creo que eso es todo.

-No necesito saber nada más –se dirigió a la salida.

-Un "gracias" no estaría mal.

Grimmjow sacó su cartera y le dejó unos billetes encima de la mesa.

-Llama a las prostitutas. Yo invito la ronda de esta noche.


Ichigo regresó a la oficina poco después y se sentó en silencio, revisando los reportes de los otros agentes y tratando de ignorar la mirada de Inoue. No quería jugar ese juego con ella, pero tampoco estaba de humor para otra discusión. Lo mejor sería hacer su parte y nada más.

-Lamento lo de hace rato –le dijo Orihime a modo de disculpa.

Ichigo la miró sorprendido. Claramente eso no se lo esperaba.

-No debí decir todas esas cosas de usted –se puso de pie e hizo una reverencia-. Le pido una disculpa.

Ichigo se puso de pie también sin dejar de observarla. El escote de su blusa se hizo más pronunciado y acaparó toda su atención. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas. Rápidamente desvió la vista.

-La culpa fue mía, detective. No debí subestimarla por ser mujer. Y creo que podemos tutearnos, ¿no?

Se sonrieron uno al otro, un poco incómodos por no saber qué decir. Isshin soltó una risita y se sentó frente a ellos.

-Eso está mucho mejor. ¿Podemos continuar? –Ambos asintieron- Bien. Ichigo, en tu ausencia, Ishida nos informó que pudo instalar algunas cámaras en la zona roja –se refería a la zona donde atacaba La Pantera-. A partir de esta noche tendremos más vigilado el lugar y el nivel de respuesta será mucho más rápido en caso de que algo ocurra.

-¿En serio? Es grandioso. Ishida es un genio.

-Podrá controlarlas desde la central de policía y así podremos tener evidencias e investigar a todo aquel que parezca sospechoso.

-De esa forma no tendrás que hacer el patrullaje, Inoue –exclamó Ichigo.

-Al contrario. Estaba pensando en hacer las rondas contigo –respondió Orihime con una sonrisa de medio lado.

Continuará…

Gracias por leer. Besos.