Ahora sí actualicé a tiempo ;-; Espero que les guste, saludos (:

LA PANTERA

Capítulo 5: Encuentro.

Ichigo y Orihime estuvieron un rato platicando afuera de la heladería. Tal y como había dicho Ichigo, lo mejor era tratar de llevarse bien. Lo que les resultó fácil, ya que se dieron cuenta de que tenían muchas cosas en común. Orihime pensó que Ichigo no era una mala persona, después de todo. El que haya tenido una vida distinta a la de ella no era razón para tratarlo mal. Si se desempeñaba mejor en la oficina que en la calle, bien por él. Aunque a su parecer debía haber cierto equilibrio.

-Deberíamos ir a recorrer el lugar. ¿Te parece bien si nos separamos y nos vemos aquí en veinte minutos?

-De acuerdo –respondió Ichigo. Se dio media vuelta y caminó en dirección contraria.


Grimmjow vio que la pareja se separó. ¿Se irían tan pronto? No podía ser. No podían llevar más de una hora en el lugar. Tal vez había surgido algo. Siguió a la detective a unos metros de distancia. Se sentía como hechizado. Vio que caminaba sin prisas, más bien parecía atenta a todo su alrededor. Grimmjow se detuvo a tiempo en una tienda cuando Orihime se giró para ver si alguien la seguía.

Es precavida. Tal vez demasiado.

Si estaba tan atenta a todo, lo mejor sería dejar de seguirla. No quería levantar sospechas, ya que parecía la clase de persona que jamás olvidaba un rostro.

Sonrió internamente. Acercarse a ella iba a suponer todo un reto. ¿Estaba dispuesto a entrar en el juego? Por supuesto que sí. No sabía cómo, pero iba a conseguir lo que quería. Él siempre conseguía lo que quería. Al precio que fuera.


-No encontré nada fuera de lo ordinario –confesó Ichigo cuando volvieron a reunirse.

Grimmjow no los perdía de vista mientras fingía que observaba el acuario.

-Yo tampoco –exclamó Orihime derrotada-. Tal vez ni siquiera esté aquí, para empezar.

-Cuando Ishida tenga las cámaras de vigilancia, será más sencillo hacer esto.

-Estuve pensando y creo que es hora de poner en marcha mi plan de ser la carnada –dijo Orihime tanteando el terreno.

A Ichigo no le gustó nada cómo sonó aquello.

-¿Qué planeas?

-Cuando anochezca, voy a caminar por la zona de La Pantera, sólo algunas calles y barrios. Si veo que alguien me sigue, lo detendré.

-Creo que es un plan malísimo. Podría estar armado.

-Yo también estoy armada.

-Ni siquiera estamos seguros de que salga hoy. Como bien dijiste, las víctimas fueron atacadas de lunes a viernes. Sería una pérdida de tiempo.

-Jamás descarté la posibilidad de que atacara el fin de semana. ¿Prefieres quedarte en el centro comercial en busca de alguien sospechoso, o pasar a la acción?

-Prefiero actuar, pero de todas formas mi padre espera que nosotros…

-No vamos a decirle nada al capitán. Será una misión para ti y para mí.

-¿Qué pasa si algo sale mal? ¿Y si alguien es atacado aquí mientras jugamos a policías y ladrones? ¿Qué explicación tendremos por dejar nuestro puesto?

-Haces demasiadas preguntas. Me quedaré hasta el anochecer y entonces me voy. Puedes venir conmigo si quieres.

Ichigo seguía pensando qué hacer. Orihime vio que vacilaba demasiado y se le ocurrió algo.

-Pensé que sería bueno tenerte como apoyo. Pero si no crees poder, puedo buscar a otro agente. No te preocupes, vuelve a la estación cuando termines. Tienes razón, es un mal plan.

-¿Qué? Por supuesto que puedo con algo como eso. Cuenta conmigo –respondió molesto.

Psicología inversa, siempre funciona, pensó Orihime.

-Gracias, Ichigo –sonrió mentalmente por su victoria. Qué fácil era manipularlo.

Dos horas más tarde salieron del centro comercial. Orihime dejó su bolso en el auto y guardó su placa y su identificación en el bolsillo trasero de su pantalón. Se metió la Glock entre el pantalón y su espalda y se puso encima la chaqueta para que no se notara. Ichigo la observaba en silencio.

-Sólo en caso de que algo salga mal… ¿cómo lo sabré? Si voy contigo, el asesino nunca te abordará, pero tampoco puedo dejarte completamente sola.

Orihime sacó dos radios de la guantera y le entregó uno a Ichigo.

-Esto será más rápido que los celulares. Mantenlo encendido. Daré dos alertas si estoy en problemas. No me llames si no es necesario, no quiero que nadie se dé cuenta de que llevo uno.

Encendió ambos radios y guardó el suyo en el bolsillo interno de la chaqueta. Ichigo hizo lo mismo y se despidieron.

-Primero iré al parque, luego al barrio chino y luego pasaré por la escuela primaria. Con un intervalo de media hora en cada uno. Si no pasa nada, te marcaré para encontrarnos y volver a la estación, ¿de acuerdo? –propuso Orihime.

Ichigo asintió y la observó alejarse del estacionamiento. En el fondo, todavía creía que era mala idea, pero no había nada que pudiera hacer para evitarlo.


Grimmjow salió del centro comercial y se detuvo en la puerta, observándolos a lo lejos. No podía ver bien lo que estaban haciendo, pero después de unos minutos se separaron y fueron por distintos caminos.

No sabía si era una trampa, pero se le acababa de presentar la oportunidad de acercarse a la detective. Estaba en la mismísima boca del lobo, y Grimmjow conocía la zona mejor que nadie. Si habían salido a patrullar por su cuenta, esa sería su condena. Sonrió ampliamente y siguió a Orihime. Ya estaba oscureciendo, y eso significaba un punto a su favor.

Se sentía mal por no tener un plan y estar actuando impulsivamente, pero estaba tan fascinado con aquella mujer que no le importaba. Quería aunque sea rozar su piel por accidente.

Vio que iba camino al parque. Era bastante público y estaba lleno de gente. Sería bueno para mezclarse. La joven se sentó en una banca y paseó la mirada por el lugar. Grimmjow la observaba a lo lejos. Desde donde estaba, su campo de visión era amplísimo. Claramente a la detective le hacía falta espiar más seguido para adquirir todo tipo de técnicas. Su desempeño era profesional, se veía a leguas. Aun quien no supiera el propósito que la había llevado al parque, podía adivinar que estaba observando todo a su alrededor. Grimmjow había adquirido ese don de observar sin ser observado, y en momentos como aquel le proporcionaba una enorme ventaja.

Orihime se levantó varias veces y caminó por el lugar, tratando de pasar desapercibida. Cada cierto tiempo se llevaba la mano al bolsillo de la chaqueta y la volvía a sacar.

Tal vez lleva un arma, pensó Grimmjow.

Luego de media hora, la chica sacudió la cabeza, se levantó y siguió su camino en dirección al barrio chino. Era el momento perfecto para atacar. Personalmente, era de los barrios preferidos de Grimmjow. Había moteles de mala muerte, puestos callejeros, vagabundos, prostitutas y un sinfín de edificios y casas abandonadas. Por no mencionar el número de pandillas y asaltantes que salían por la noche. La detective estaba jugando a ser valiente.


Orihime caminó largo rato por el barrio. El ambiente lúgubre le causaba escalofríos, pero se recordó que tenía que hacer todo aquello. Si poner su vida en peligro significaba que estaría más cerca de atrapar al asesino, entonces estaba dispuesta a hacerlo.

El olor era nauseabundo. Dio vuelta por un callejón y vio a algunos jóvenes fumando en grupo. La miraron con odio. Orihime siguió de largo y se aseguró de que ninguno de ellos la estuviera siguiendo. En otra calle había algunas prostitutas que la miraron de arriba abajo, como evaluando la posibilidad de que se les uniera.

Un anciano harapiento se le acercó y le pidió unas monedas.

-Lo lamento, no tengo dinero.

-Todos ustedes son iguales –murmuró el viejo antes de alejarse.

Orihime se sintió observada y se giró, pero sólo alcanzó a ver la figura de un hombre que se ocultaba en un callejón a veinte metros de distancia. ¿Acaso la estaba espiando? ¿Y si era el asesino?

Se acercó al callejón y vio que el hombre había salido corriendo hacia el otro lado. No podía verle el rostro, estaba oscuro y el único faro que había estaba fundido. El hombre tenía cabello negro o usaba un gorro, no podía saberlo con certeza. Caminó tras él y vio que daba vuelta en otro callejón.

-¡Espere! –gritó apresurando el paso.

Con cautela, sacó el arma del pantalón y apuntó frente a ella antes de girarse, en caso de que la atacara por sorpresa. El callejón estaba vacío. Al fondo había una alambrada y un contenedor de basura. Seguramente el hombre había saltado, porque no había ninguna otra salida. Guardó el arma una vez más y saltó la reja también. No estaba demasiado alto.

Había tres callejones frente a ella. No sabía por cuál decidirse. Estaba siendo demasiado estúpida al seguir de ese modo al hombre, pero podía ser su única pista. Si no, ¿por qué motivo había huido? Estaba a punto de tomar el camino de en medio cuando vio movimiento en el camino de la izquierda y pudo identificar al mismo hombre. Salió corriendo tras él y sacó el arma.

-¡Alto ahí o disparo! –gritó.

El hombre se metió en un edificio abandonado y Orihime lo perdió de vista. ¿Sería prudente seguirlo o sería mejor llamar a Kurosaki para pedir apoyo? Se decidió por lo primero, no tenía tiempo que perder, y de todas formas se había internado tanto en el barrio que no tenía idea de dónde estaba.

Procedió con cautela, siempre con el arma frente a ella. Deseó haber traído una linterna, el edificio estaba completamente a oscuras, y si no fuera por la luz de la luna que se filtraba por algunas ventanas rotas, sería prácticamente imposible ver algo ahí dentro.

Sintió algo correr por sus pies y ahogó un grito. Sólo era una rata. Había grafitis en las paredes, basura en las esquinas y algunos muebles rotos. Estaba segura que también había insectos de todo tipo.

Inspeccionó el primer piso pero no pudo encontrar nada, vio las destartaladas escaleras y soltó un suspiro antes de subir. La imagen no era mejor. Todo ahí dentro estaba destruido. Fue cuarto por cuarto cerciorándose de que no había nadie. ¿Y si el hombre había huido por otra puerta? No, imposible. No había otra salida, lo habría visto.

Escuchó un ruido en el piso de arriba y corrió hacia las escaleras. Había empezado a sudar de nervios. Giró por el corredor y al fondo vio una puerta cerrada. Revisó los demás cuartos, por si acaso. Tenía que estar ahí, no había más pisos. Tragó saliva antes de acercarse. Se recargó en la puerta, pero no escuchó nada. Puso una mano en el pomo y lo giró suavemente. Cuando se abrió, entró de golpe apuntando con el arma, pero sólo sintió un agudo dolor en la cabeza antes de desplomarse.


Cuando Orihime despertó, el dolor de la cabeza se intensificó. Estaba tirada en el piso. Tenía una venda en los ojos y las manos atadas a la espalda. Luchó por zafarse, pero no pudo.

-Ah, veo que ya despertó.

Orihime se estremeció al escuchar la fría voz. No podía ver nada, no tenía su arma y seguramente tampoco el radio.

-No se preocupe, sólo fueron unos minutos –prosiguió la voz.

-¿Quién es usted? –preguntó con voz entrecortada.

-Creo que ya lo sabe. Si no, ¿por qué me siguió?

-¿Dónde estoy?

-En el mismo lugar. El último cuarto del tercer piso de un edificio abandonado en un barrio de mala muerte. ¿No es perfecto?

-¡Auxilio! ¡Alguien ayúdeme! –gritó Orihime a todo pulmón.

Grimmjow se rió.

-Adelante, grite todo lo que quiera. Nadie la va a oír. Y si alguien lo hiciera, ¿cree que vendrían a rescatarla? ¿Tiene idea de cuantas veces escuchan esos gritos de auxilio al día? Mucha gente es asaltada, violada y asesinada en estos barrios. Usted sólo es una víctima más.

-Déjeme ir –ordenó.

-Por supuesto, salga por la puerta cuando quiera –se burló.

Orihime trató de incorporarse, pero sintió una mano en su hombro que volvía a ponerla en su lugar. Era fuerte. Se detuvo más de la cuenta y acarició su clavícula hasta llegar a su cuello. El hombre llevaba guantes, podía sentirlos contra su piel. Orihime pensó que aquel era su fin. Estaba a punto de morir, y ni siquiera había tenido la oportunidad de ver el rostro de su asesino.

El hombre retiró la mano suavemente y la ayudó a sentarse contra la pared. Luego se alejó unos pasos.

-Me tomé la libertad de revisar sus cosas. Espero que no le moleste.

Orihime se congeló en su lugar. Eso significaba que había visto su placa de detective privado y su identificación con todos sus datos personales.

-Debo decir que estoy impresionado. Ya sabía yo que era usted policía, pero no sabía que fuera detective privada. ¿Están tan desesperados por atraparme que tienen que pedir ayuda externa? ¿Es usted tan buena en su oficio como aparenta? ¿Acaso una prodigio? Tiene sólo veinticinco años.

-Máteme de una vez –sentenció Orihime.

-Me temo que no puedo hacer eso, detective. Para empezar, no estoy armado. Y yo no mato con arma de fuego, a diferencia de usted.

-¿Se supone que eso debe hacerme sentir mal? Usted mata porque está loco.

Grimmjow soltó una carcajada que le puso la piel de gallina a Orihime.

-En eso se equivoca. Yo mato por placer. No me interesa lo demás. No me diga que no se había dado cuenta. Están los que matan por venganza, por odio, sexo, por dinero o cualquier otro tipo de interés material, los que matan porque tuvieron algún trauma en su niñez, y luego, muy muy aparte de todos ellos, estoy yo. Puedo dejar de hacerlo cuando yo quiera.

-¿Se detendría si se lo pido?

-No recibo órdenes de nadie. Mucho menos de una mujer.

Algo hizo clic en la cabeza de Orihime. Aún en su situación, estaba trabajando en el perfil psicológico del asesino a partir de cada cosa que decía. "Mucho menos de una mujer". El tipo era un misógino, y esa era su motivación. Había dicho que mataba por placer, pero Orihime estaba segura que el odio hacia las mujeres era un gran factor que contribuía al asesinato. Se le ocurrió una idea, aunque no era exactamente la más brillante.

-Ya veo. Supongo que debió herir su ego cuando no pudo lidiar con una chica que pesa cuarenta y cinco kilos mojada.

-No sé de qué me habla.

-El golpe en la cabeza no era parte de su plan, ¿o sí?

Grimmjow se dio cuenta de que se refería a Rukia Kuchiki y el golpe que le había dado cuando no pudo meterla a la camioneta. Había puesto más resistencia de la que esperaba.

-Fue un contratiempo, es todo.

-A usted le gusta el control, los planes, el poder. Un contratiempo es algo que amenaza esa estructura. ¿Tal vez eso lo motivó a matar a Kuchiki?

-No, su muerte fue planeada desde mucho antes. Como dije, fue un contratiempo nada más. El resultado fue el mismo y en estos momentos está tendida en la plancha del forense. Obtuvo lo que merecía.

-¿Lo que merecía? ¿Es usted un castigador? ¿Acaso se cree un justiciero? Vaya carga que lleva en los hombros, señor asesino -exclamó Orihime con sarcasmo.

Grimmjow compuso una mueca. Lo estaba provocando.

-No sólo ella lo merecía. Hay más escoria en este mundo.

-De cualquier forma, estamos analizando los restos de piel que había bajo las uñas de Rukia. Es sólo cuestión de tiempo para que su ADN aparezca en las computadoras.

Grimmjow soltó una carcajada.

-Sabe tan bien como yo que eso es mentira. ¿Restos de ADN bajo sus uñas? Hasta ahora le he hablado a usted con honestidad, ¿por qué no recibo el mismo trato de su parte?

-Déjeme ir y le prometo que no presentaré denuncia. Hablaré con su abogado y llegaremos a un acuerdo sobre los otros casos.

-Una mentira tras otra. ¿Cree que me voy a entregar? ¿Que voy a ofrecer una disculpa pública y una compensación a las familias de las víctimas? ¿Que cuando salga de la cárcel voy a hacer obras benéficas para redimir mi culpa? ¿Acaso no se da cuenta de la situación en la que está? Tenga cuidado o podría ser la siguiente, detective.

-Creí que no estaba armado. Supongo que eso quiere decir que estoy a salvo.

-Por ahora.

-¿Hace esto con todas sus víctimas? ¿Primero las atormenta con un ultimátum y después las secuestra y asesina?

-¿Cree que esto es un tormento? No, detective. Usted es especial, merece un trato especial.

-Estoy halagada. ¿Por qué cree que soy especial?

-¿No es obvio? Usted, en su papel de mujer empoderada, se siente superior al resto. Merece que le ponga fin a su patética existencia. Pero primero me voy a divertir porque me agrada su actitud. Ciertamente, no había conocido a alguien como usted.

-Bueno, si es de los que matan en la primera cita, no me sorprende que no conozca a nadie como yo.

-Haría bien en dejar esos comentarios sarcásticos. No querrá hacerme enojar antes de tiempo -bufó Grimmjow.

Orihime sintió que Grimmjow se acercaba y se pegó más a la pared. Estaba temblando, pero se esforzó por no demostrarlo. Grimmjow se agachó frente a ella y le pasó la mano por la mejilla. Orihime se quitó con asco, por lo que Grimmjow la tomó fuertemente de la mandíbula y la acercó a su rostro. Con la otra mano acarició su pierna por encima del pantalón y subió lentamente por sus muslos.

-¿Es esto lo que tiene en mente? Adelante, no es distinto de cualquier otro hombre –replicó Orihime.

A Grimmjow no le gustó que lo comparara con el resto de los hombres. Él era especial, y se aseguraría de que ella lo supiera.

-No necesito su permiso, detective.

La puso de pie y la recargó contra la pared, apresando sus piernas con las suyas para que no se le ocurriera patearlo. Acarició sus pechos por encima, lo que la hizo soltar un gemido ahogado. Se quitó un guante y metió una mano debajo de la blusa. Sus manos estaban frías y la piel de ella estaba caliente y muy suave. Quiso seguir su camino y tomarla ahí mismo, pero se detuvo.

Rozó ligeramente sus labios con los suyos. No podía arriesgarse a besarla como era debido ya que podría analizar los restos de saliva. Orihime estaba estática. Su radio sonó y la voz de Kurosaki la sacó de sus cavilaciones. Grimmjow se separó de ella.

-Orihime, ¿estás ahí? Sé que dijiste que no te marcara, pero ha pasado más de media hora desde que te vi entrar al barrio chino. Ya revisé toda la zona de la primaria y no puedo encontrarte ¿estás bien?

La comunicación se cortó. Grimmjow escuchó a Kurosaki y sonrió.

-Oh, parece que su novio está preocupado. ¿Cree que no puede cuidarse usted sola?

-No necesito que me cuiden. Mucho menos alguien como él.

-Cuánta hostilidad. Y yo que creía que se llevaban bien. Después de todo conversaban muy alegremente afuera de la heladería.

Orihime se congeló en respuesta. Los había estado observando. ¿Desde cuándo? ¿Qué tanto sabía de ellos?

-En fin, ya que nos interrumpió el otro agente, creo que he perdido el apetito -suspiró Grimmjow y se rió de su propia elección de palabras.

-Me retiro, detective. Fue un gusto hablar con usted. Nos veremos más pronto de lo que cree. Después de todo, es usted una presa maravillosa. Entrando a las fauces de la pantera por voluntad propia.

-Lo atraparemos, y me voy a reír mucho cuando lo vea pudriéndose en la cárcel –sentenció Orihime fríamente.

-No esperaba menos de usted. Pero no olvide que ahora conozco su dirección. Puedo visitarla cuando yo quiera, puedo observarla cuando yo quiera, puedo matarla cuando yo quiera. Usted podría hacer que la pongan en custodia preventiva sabiendo esto, pero no lo hará. Querrá demostrar una vez más que sabe cuidarse sola. Usted me va a buscar, y va a actuar sola, porque está acostumbrada a hacerlo. ¿Y sabe lo que le daré como premio antes de matarla? Dejaré que usted descubra mi identidad por su cuenta, sólo por darle la satisfacción. Estaré en contacto y le dejaré pistas. Puede aprovecharlas para tratar de ir a mi paso. En cuanto a nuestra conversación, utilícela para trabajar en mi perfil psicológico, estoy seguro que después de hoy llenará dos páginas completas sobre todo lo que he dicho.

-No se saldrá con la suya, téngalo en mente.

-Gracias por el consejo, detective. Pero siempre me salgo con la mía. Seis cadáveres y su presencia aquí lo demuestran.

Grimmjow la noqueó con la misma tabla que usó al principio y tras asegurarse de que estaba inconsciente, le quitó la venda. Le desató las manos, las cuales había amarrado con sus propias agujetas.

-Bueno, para ser un amarre improvisado, no estuvo mal –sonrió.

Dejó su Glock, su placa y su radio junto a ella y se levantó, no sin antes acariciar una vez más ese cuello de porcelana que estaba ansioso por devorar. Volteó a verla antes de salir de la habitación y regresar a su departamento. La visita había ido mejor de lo que esperaba.

Continuará…

Disfruté mucho la escena de Grimmjow y Orihime 7u7 incluso yo estaba dudando acerca de detenerme y continuar jajaja. Y no me refiero sólo a lo físico, personalmente me encanta ese jueguito mental que tienen entre detective y asesino cuando se conocen. Y la incertidumbre de no poder ver su rostro lo hace más interesante. En fin, gracias por leer n.n hasta pronto.