Hola, chicos(: Aquí les dejo el capítulo de la semana. Espero que les guste tanto como a mí. Dejen su review, ¡besos! Bye-bye.
LA PANTERA
Capítulo 7: Día libre.
El reloj marcaba las dos y media de la mañana y la suave lluvia caía silenciosa en la ciudad de Karakura.
Orihime había pasado toda la noche tratando de descifrar el mensaje oculto en aquella serie de números. Primero pensó que se trataba de coordenadas, pero el lugar que apuntaba era absurdo. Después trató marcando el número, sin obtener mejores resultados. Matrículas de autos, fechas, nada servía.
De acuerdo. Piensa, Inoue. Te estás dejando llevar por lo obvio. A este tipo le gustan los retos, será un poco más complicado que eso, ¿no crees? Tal vez los números estén desordenados.
Entonces se le ocurrió que en serio era un "mensaje" oculto. Enumeró cada letra del abecedario y trató una vez más. La secuencia daba: I-B-D-A-E… Tal vez sea un anagrama, pensó. Conjugó todas las letras pero fue inútil.
No tenía sentido. De igual forma podían ser siglas de alguna frase, así que no descartó la idea. Intentó restando un número, como indicaba la pista. El resultado fue: H-A-C-, pero al número uno no podía restarle nada, o le quedaría cero. ¿Significaría un espacio muerto? H-A-C D-, nuevamente un espacio. No estaba llegando a ningún lado con ello. Aunque, pensó, si el abecedario tiene más de veinte letras, la secuencia podría ser 9-24-15… Trató de nuevo, restando un número y el resultado fue H-W-Ñ… Arrojó la libreta al suelo, frustrada.
Caminó un poco por la habitación para despejar su mente. No lograría nada si no pensaba con claridad. Eres más lista que él, se reprendió.
Enumeró entonces el abecedario en orden descendente. A la A le puso el 27, a la B el 26 y así sucesivamente. El resultado fue: R-D-M…pero tampoco le dio nada. Le restó un número a cada letra y entonces leyó: S-E-N-R-E-I-V. Volteó las letras para acomodarlas en orden y la palabra que se formó fue VIERNES.
Dejó el papel en el escritorio y recargó la cabeza entre sus manos.
Viernes, viernes, viernes.
Entonces cayó en la cuenta. Va a atacar el viernes.
Grimmjow estaba despierto, sumido en sus pensamientos. Usaba únicamente un pantalón negro de chándal que se ajustaba a su cadera. Se tumbó en el sillón boca arriba y pasó los brazos detrás de su cabeza. No pudo evitar componer una sonrisa, estaba conforme con la manera en que habían resultado las cosas. Pudo acercarse lo suficiente a Riruka, el mocoso de al lado le había dado la información que necesitaba, había podido ir hasta la casa de la detective y le había entregado el sobre.
Estaba seguro que para esa hora ya lo habría visto. Seguramente estaba tratando de descifrar el mensaje. Soltó una carcajada. Había sido de lo más estúpido del mundo encriptar la palabra. Bastaba con un acomodo de las letras y voilá. Sin embargo, casi podía ver a la detective perdiendo una noche de sueño. Involucren a la puta CIA, si quieren. Rió de nuevo y se dirigió al refrigerador por una cerveza.
Paseó por su estante de libros y sacó su álbum de recortes de los casos. De vez en cuando le gustaba hojear las páginas y revivir en su mente el momento en el que mató a las víctimas. Todavía podía sentir la sangre empapando sus manos y el estremecimiento del cuerpo siendo degollado. Sacudió ligeramente las manos, preso de la sensación. Recordó lo que le había dicho la detective sobre la última chica, Rukia. Esa desgraciada casi había arruinado todo. No hubo planeación suficiente, y el resultado fue desastroso. Todos se habían dado cuenta de que había golpeado a la víctima en un afán de controlarla.
Qué estúpido había sido de su parte. Pero no volvería a ocurrir. Se aseguraría de eso.
Volvió a guardar el libro no sin antes acariciar la siguiente página, de la cual estaba seguro que llenaría muy pronto con otro titular en primera página del periódico. Imaginó el cuerpo de Riruka tendido boca arriba y las autoridades alrededor buscando alguna explicación. Aunque ya la sabían, por supuesto que la sabían, pero no querían admitirlo en voz alta, por miedo a que se convirtiera en algo real y cotidiano. Pensó también en la reacción del agente Kurosaki. ¿Qué diría cuando se diera cuenta de que la chica muerta era nada más y nada menos que su novia? Se lo tomaría personal, eso seguro, pero le daba cierto aire interesante a la situación. ¿Sería más metódicos en adelante? Esperaba que sí, porque las horas invertidas en la planeación tenían que valer la pena de algún modo.
Un asesino serial azoraba las calles de Karakura, sediento de sangre, y no podían hacer nada para evitarlo. Ni siquiera la detective. ¿Cuándo sería el momento oportuno para encargarse de ella? Supuso que al final de todo, pero ¿realmente habría un final? Pensándolo bien, nunca se había planteado qué pasaría si se detuviera de repente. Si dejara de asesinar mujeres, si saciara su sed de sangre y viviera una vida normal como el resto de la gente.
Él no quería ser alguien normal. Quería ser recordado por sus crímenes y que la gente temblara al oír su nombre, o en este caso su apodo. Sí, el apodo bastaba. No se sentía listo para revelar su nombre. Y estaba seguro que no se sentía listo para dejar de matar. La sensación era inigualable, nunca podría satisfacer por completo ese deseo.
Entonces se le ocurrió algo para su siguiente enigma. Sacó papel y pluma de un cajón y se puso a escribir unas palabras sueltas. Tachando y subrayando hasta que logró la frase completa. Le dio un trago a la cerveza y contempló en silencio la nota. Era mucho más fácil que el primer enigma. A simple vista parecía una frase acorde a su personalidad, pero la siguiente pista, vital para la investigación, estaba oculta entre las letras. Era como él mismo, aparentaba ser una cosa, pero la verdadera magia estaba dentro. Sonrió al imaginar a la detective quebrándose la cabeza para descifrar algo tan sencillo. Pero antes tendría que esperar a que resolviera el primer código. La llamaría más tarde para preguntar por sus avances, y escuchar su voz llena de prepotencia y terror mal disimulado al mismo tiempo.
Orihime tenía un montón de papeles encima del escritorio. Hojeó los expedientes tratando una vez más de descifrar algún patrón en la selección de víctimas, pero todas habían sido al azar. Había algo que estaba pasando por alto, podía sentirlo, pero no tenía idea de qué era.
Se acercó al mini bar que tenía en el comedor y sacó una botella de whisky. Tenía años sin probar una sola gota de alcohol. Había sido una buena compañía en aquella época en la que el caso parecía no tener solución, pero al final siempre hubo alguna.
Se sirvió un poco en un vaso y contempló el líquido amarillo y transparente a contraluz, sumida en sus pensamientos. ¿Whisky en la madrugada? Debo estar volviéndome loca.
Sonrió amargamente. ¿Cómo explicaría la información que acababa de conseguir? No podía decir que sabía el día en que atacaría La Pantera, pero sabía que tampoco podía actuar sola esta vez. ¿Sería prudente llamar a Ichigo?
No, haría demasiadas preguntas.
Tenía que hacerlo sola. Tenía que conseguir el lugar en concreto en el que atacaría, pero dudaba mucho que el asesino quisiera decirle algo al respecto. Quería jugar con ella, no darle las herramientas para frustrar sus planes pero no el poder para hacerlo.
Recordó las palabras que le dijo cuando estaban en el edificio abandonado. "¿Y sabe lo que le daré como premio antes de matarla? Dejaré que usted descubra mi identidad por su cuenta, sólo por darle la satisfacción."
Sintió que se le helaban los huesos al imaginarse la cuchilla perforando su tráquea. La iba a matar, eso era obvio. Pero ¿por qué dejar que descubriera su identidad antes? Se estaba burlando de ella. Estaba demasiado seguro de su posición, de no cometer ningún error, de estar en control con todo lo que lo rodeaba. Pero si algo había aprendido Orihime a lo largo de sus años de servicio, era que nada estaba decidido hasta el final. Un simple error que cometiera y le daría vía libre para atraparlo. No obstante, primero tenía que sacarlo de su zona de confort, y ahí residía el verdadero problema. ¿Cómo demonios iba a hacerlo?
Sintiéndose un poco paranoica, comprobó una vez más que todas las puertas y ventanas estaban cerradas y la alarma activada. De una u otra forma, sentía como si el asesino estuviera observándola constantemente, evaluando cada uno de sus movimientos.
Se paró frente a la ventana y observó las gotas de lluvia caer lentamente por el cristal. La noche seguía avanzando, sumiendo todo en su negrura; no había dormido nada, pero no se sentía cansada, más bien ansiosa. Tomó un trago de whisky y lo detuvo unos segundos en la lengua hasta que se le entumió. Después lo pasó, sintiéndolo bajar ásperamente por su garganta.
Tenía un historial impecable de casos resueltos, no iba a permitir que un hijo de perra viniera a cambiar eso.
A la mañana siguiente salió a correr por el parque, pero luego de dos vueltas sintió que necesitaba algo más para distraerse. Se dirigió al bosque, a sólo unos kilómetros de las afueras de la ciudad. Al sentir el aire fresco en su rostro y el aroma a pino y madreselva se relajó un poco más. Todavía tenía el sabor del whisky en la garganta y se arrepintió de habérselo bebido.
Más que correr para mantener la condición física, parecía que estaba huyendo de sus problemas, y en parte así era. Se planteó dejar el caso por seguridad y su propia salud mental, pero rápidamente desechó esa idea. Si el capitán la había llamado era porque no tenía alternativa. Además, no era una cobarde. Tenía miedo, sí, pero no significaba que iba a tirar la toalla y dejar que el asesino se saliera con la suya. Estaba dispuesta a atraparlo, al costo que fuera.
Regresó a casa empapada en sudor. No supo cuánto tiempo había estado fuera, pero se apresuró a bañarse para ir a la estación. Antes de salir de su casa, dudó acerca de llevarse el celular desechable que le había dado el asesino. No creía que la fuera a llamar tan pronto, pero si lo hacía, no quería estar en frente de los otros agentes al contestar. Finalmente guardó el teléfono en el bolsillo, no sin antes ponerlo en modo vibrador.
Grimmjow se sentía especialmente enérgico esa mañana. Incluso saludó con una sonrisa a Tatsuki cuando la vio saliendo de su departamento.
-Hoy te ves diferente, Grimmjow.
Caminaron juntos por las escaleras hasta la entrada del edificio. Tatsuki estaba usando un pantalón de mezclilla entallado y una chamarra verde. Grimmjow se quedó embobado mirando la forma de sus piernas, torneadas por el ejercicio, pero tuvo que recordarse que odiaba a aquella mujer, no podía permitirse sentir deseo o atracción. No supo qué responder, claramente no tenía ganas de entablar una conversación con ella, pero pensó que sería grosero ignorar su comentario.
-Creo que dormí bastante bien anoche.
-¿En serio? Tienes unas ojeras del infierno -Tatsuki notó su incomodidad-. De cualquier modo, te iba a preguntar si te gustaría venir a cenar a mi departamento esta noche.
Grimmjow se quedó pasmado al escuchar aquello. ¿Una cena? ¿Con la perra engreída de al lado? Justo cuando creí haberlo visto todo. Sin embargo, pensó que no tenía nada mejor qué hacer. Tenía que planear el secuestro de Riruka, sí, pero en todo caso había tiempo de sobra. Una voz en su cabeza le decía que esa era la clase de inconvenientes que debía evitar, pero otra trataba de convencerlo de que se merecía un descanso y algo de tiempo para él. Además, quién sabe, incluso podría cargármela de una vez por todas. Técnicamente le estaba dejando la vía libre. Sería un asesinato improvisado, pero si la agarraba con la guardia baja, entonces no habría problema. ¿En qué lugar uno se sentía más seguro que en su propia casa?
-Eh, seguro, sí, encantado –compuso una sonrisa de lado.
Tatsuki sonrió y le puso la mano en el hombro antes de dirigirse a su auto.
-Perfecto, te espero a las ocho –dijo y se despidió.
La mañana transcurrió tranquila y sin inconvenientes. La detective Orihime Inoue deseaba desesperadamente organizar sus ideas y hallar una solución al problema que tenía entre manos. Todo aquello sin perder la confianza del equipo. La confianza era vital.
Se pasó largo rato sentada en el escritorio de la esquina, haciendo un boceto de lo que recordaba la noche del sábado. Dibujó al hombre de espaldas corriendo por el callejón. La oscuridad de sus ropas y su aura estaba muy presente en su mente, incluso su aroma lo percibía como si se encontrara en la misma habitación. Recordó el breve contacto de sus labios e inconscientemente se llevó una mano a la boca. Algo acerca de él la hacía odiarlo; la manera cruel de asesinar a chicas inocentes y burlarse de las autoridades. Pero al mismo tiempo se sentía extrañamente atraída y extasiada con su personalidad. Quería saber cómo era físicamente. Era alto, eso seguro, y fuerte. Siempre que trataba de hacerse una idea de su rostro, sólo lograba vislumbrar una mancha borrosa.
-Es una lástima que no hayan encontrado huellas en sus cosas, detective –exclamó Isshin, sacándola de sus pensamientos.
-¿Eh? Oh, sí, una verdadera lástima.
-No parece muy sorprendida.
-La verdad ya me lo esperaba. No ha dejado ni una huella en la escena del crimen, es demasiado metódico, no cometería un error, por muy pequeño que sea, que pudiera llevarlo a su captura.
-Supongo que sí. Ichigo, ¿tienes el reporte de anoche?
Ichigo revolvió los papeles encima de la mesa y sacó el reporte, que entregó a Isshin antes de estirarse en la silla, enfadado y frustrado.
-Nada fuera de lo ordinario, ¿no es así? –continuó.
-Absolutamente nada. Ishida, ¿tienes algo?
-Las cámaras han estado funcionando bien, pero tampoco hay nada. Me pasé toda la noche en mi casa revisando los videos.
-Maldición. Orihime, ¿tienes alguna otra idea?
La detective tapó la libreta con los expedientes.
-Sí, estuve pensando que las rondas son una pérdida de tiempo.
-¿Qué? –dijeron los tres al unísono.
-Piénsenlo bien, tenemos las cámaras de vigilancia. Sería doble trabajo.
-Pero hay lugares que las cámaras no alcanzan a grabar.
-Son puntos ciegos, sí, pero el área de La Pantera está cubierto por completo.
-¿Crees poder reconocerlo si lo vieras de nuevo?
-No le vi el rostro. Únicamente de espaldas, pero estaba lejos y el callejón completamente oscuro.
-Algo debes recordar.
-Bien, bien, lo intentaré –lo cortó.
Ichigo la miró preocupado. No era usual que se comportara de ese modo, pero lo dejó pasar y simplemente se encogió de hombros. El bolsillo de Orihime vibró y se levantó de un salto, con la respiración agitada. Era él.
-Disculpen, tengo que tomar una llamada –salió deprisa de la oficina y se metió a un cuarto de limpieza. El olor a químicos inundó sus fosas nasales, pero no le prestó atención. Observó la pantalla del teléfono un momento. Decía "número desconocido".
Con mano temblorosa presionó el botón de aceptar llamada y se pegó el teléfono al oído, esperando escuchar algo, una respiración, interferencia, o lo que fuera; pero el silencio era sepulcral. Finalmente alguien habló del otro lado. Usaba un distorsionador de voz, que la hacía sonar mucho más mecánica y profunda de lo que recordaba.
-Creí que nunca respondería, detective.
Cálmate, se dijo, sólo es una llamada telefónica. Estás a salvo.
¿Realmente lo estoy?
-Estaba ocupada.
-Por supuesto que sí. Dígame, ¿ya descifró el mensaje?
-Necesitaré más tiempo.
-No tiene "más tiempo". La siguiente pista es vital para el desarrollo de los acontecimientos. Si no tiene la primera, no crea que le daré la segunda. Mientras "más tiempo" se tarde en descifrarla, menos oportunidades tendrá de atraparme, ¿no lo cree?
-De acuerdo, de acuerdo -exclamó Orihime frustrada-. Sólo quería ver qué decía. Ya tengo la primera, es VIERNES.
-Ah, ¿lo ve? No fue tan difícil. Aún sigo preguntándome por qué no es honesta conmigo.
-¿Significa que atacará el viernes?
-Bueno, no estoy invitándola a una cita, si eso es lo que pensaba.
-Creo que necesitaré un poco más de ayuda.
-"Más tiempo", "un poco más", más, más, siempre quiere más. No se desespere, hay tiempo suficiente. Yo mismo me tomaré un día libre, así de relajado estoy.
-¿Es su día de descanso en el trabajo? –inquirió Orihime, esperanzada de escuchar alguna pista sobre su vida personal.
-No sé qué la llevó a pensar que tengo un trabajo, pero no. Me refiero a un descanso de lo que hago. Ya sabe, salir a buscar víctimas y esas cosas que hacemos los asesinos -Grimmjow soltó una risa fría y mecánica-. Por lo tanto, tómese el día libre usted también. Le daré otra ayuda, los patrullajes que está haciendo la policía son inútiles. Jamás me atraparán así.
-Lo sospechaba -replicó Orihime-. Pero ¿cómo sé que puedo confiar en usted? ¿Cómo sé que no es un consejo para que quitemos la vigilancia y darle vía libre a lo que sea que usted haga?
-Ya se lo dije, he sido honesto. La tengo justo donde la quiero, detective Inoue, no necesito mentirle para jugar con usted. Ya debería saberlo a estas alturas.
-Como sea, estoy lista para la segunda pista.
-Llegará esta noche, no se preocupe. Mientras tanto, le sugiero que se tome un tiempo para usted. Ya sabe, vaya a comer a algún restaurante, o de compras, o vea una película en su casa. Ese tipo de cosas a las que uno normalmente no les presta atención. No sabe cuándo podría ser la última vez que disfrute algo tan simple como eso.
La comunicación se cortó, pero Orihime permaneció con el teléfono pegado a la oreja. No sabía si reír de lo absurdo de la situación o llorar de la desesperación. De cualquier forma, necesitaba volver a la oficina o empezarían a hacer preguntas. Tomó una larga respiración y salió del cuarto de servicio. Para su mala suerte, se topó con Ichigo.
-¿Qué hacías ahí dentro? –le preguntó extrañado.
-Yo, eh, no tenía señal, tuve que entrar para que no hubiera interferencias.
-Qué extraño, yo siempre he tenido señal en todo el edificio. ¿Estás bien? Parece que hubieras visto un fantasma.
Más bien estoy lidiando con uno, pensó Orihime.
-Sí, estoy bien –compuso una sonrisa-. Bueno, no importa. ¿Sucede algo?
-¿Eh? Ah, sí, bueno, no. Más bien, quería saber si te gustaría ir al cine esta noche.
-¿Me estás invitando a salir?
Ichigo se sonrojó y levantó las manos.
-¿Qué? No, por supuesto que no. Iremos en grupo, Riruka, Renji, Nozomi e Ishida. Pensé que como no tenemos que hacer el patrullaje debido a…tu consejo, podríamos ir a divertirnos y despejar la mente. Ya sabes, no es la gran cosa –hubo una pausa incómoda-. Bueno, me refiero a que no tienes que ir si no quieres, es sólo una tonta película.
-Suena como una cita triple para mí.
-Sí, como te dije, no tienes que ir si no quieres –Ichigo se rascó la nuca, nervioso.
Orihime sonrió pensando en lo que le acababa de decir el asesino acerca de disfrutar las cosas más simples de la vida. Una salida al cine era justo lo que necesitaba.
-De acuerdo, iré. Gracias por la invitación.
-Perfecto, nos veremos ahí a las ocho.
-Ahí estaré. Gracias, Ichigo –pasó junto a él y regresó a la oficina.
Grimmjow se vio en el espejo por enésima vez, arreglando su cabello. Se cambió nuevamente la playera y arrojó la que traía puesta al montón encima de la cama. No sabía por qué estaba así de nervioso, después de todo era sólo una cena. Al final se decidió por una playera negra y unos vaqueros desgarrados. Suspiró pesadamente y pensó un momento si realmente quería ir.
Todavía puedes cancelar.
Vio el reloj, marcaba las ocho menos diez.
No, no puedes. Ve a esa estúpida cena y termina con todo de una vez.
Sopesó las posibilidades de hacer un movimiento con Tatsuki. No podía llevar el cuchillo, porque levantaría sospechas de inmediato. Tendría que ser con sus propias manos. No era lo que tenía en mente, pero no tenía otra alternativa.
¿Qué debo llevar? No me dijo nada.
Sacó un six de cervezas del refrigerador y salió de su departamento, justo a tiempo. Se paró frente a la puerta de Tatsuki, levantándose una y otra vez en las puntas de los pies. Alzó la mano para tocar, pero entonces la puerta se abrió y apareció Tatsuki con una enorme sonrisa.
-Grimmjow, llegas temprano –se hizo a un lado para que pasara, pero Grimmjow permaneció en la puerta, observándola de pies a cabeza.
Tatsuki estaba usando un short de mezclilla y una playera blanca de manga larga. Su corto cabello estaba todavía húmedo por la ducha.
-Eh, iba a… ¿quieres…quieres que traiga algo más? No sabía qué necesitabas así que traje cerveza.
-Está todo bien, adelante –lo jaló del brazo y cerró la puerta tras él.
Su apartamento era muy bonito. Lo hizo sentarse en el sillón mientras terminaba de preparar la cena. Grimmjow paseó la mirada por el lugar, notando el enorme contraste que hacía con su vivienda. Estaba iluminado por una luz cálida proveniente de las lámparas del techo. Había adornos en los muebles y todo relucía de limpio. El departamento de Grimmjow era más bien austero, frío y oscuro.
Tatsuki le dio una cerveza de las que había traído y se sentó junto a él. Se quitó los zapatos y subió los pies al sillón con las piernas cruzadas. Grimmjow se recargó del otro lado y la observó discretamente por el rabillo del ojo.
-Me alegra que hayas venido –exclamó Tatsuki rompiendo el hielo.
-No sabía que te gustaba cocinar –respondió Grimmjow saliéndose por la tangente.
-Es uno de mis talentos naturales.
-Ya veo.
Grimmjow no podía dejar de mirarle las piernas, eran de un tono bronceado, ligeramente más oscuro que su piel. Subió la vista hasta su cintura y de ahí a sus pequeños pechos. Se encontró con la mirada de Tatsuki, que le sonreía divertidamente, pero no estaba sonrojada en lo absoluto.
Concéntrate, Grimmjow.
-Y, eh, ¿cómo va todo en el dojo?
Tatsuki se acercó más en el asiento, hasta que estuvo a sólo unos centímetros de distancia. Grimmjow la observó en silencio, esperando para ver lo que haría a continuación.
-Por favor, no quiero hablar de trabajo –su voz tenía un tono seductor que nunca antes había oído.
¿Qué carajo está haciendo?
Tatsuki se recargó en sus hombros y se sentó a horcajadas sobre él. Grimmjow se quedó estático. Ahora recordaba por qué no se sentía cómodo con todo aquello de la cena. Nunca había tenido una cita normal con una chica. Desde que podía recordar, su vida había sido solitaria. Cuando quería estar con una mujer, le pagaba a una prostituta y ya. Así de simple. No tenía tacto, y desde luego no tenía idea de qué hacer con Tatsuki. Una parte de él, la parte asesina, la odiaba y quería cortarle la garganta, pero la otra se sentía atraída por aquel maravilloso cuerpo y fragancia femenina; después de todo, seguía siendo hombre y tenía hormonas. Había pasado un tiempo desde que tuvo sexo por última vez.
¿Eso es lo que quiere? ¿Sexo? No es distinta a las demás. Bien, supongo que un polvo no le hará daño a nadie.
Pero entonces se detuvo. No podía acostarse con ella y luego matarla. Dejaría pistas. Era una cosa o la otra. Difícil decisión.
Tendrás a Riruka el viernes, puedes esperar hasta entonces.
-¿En qué tanto piensas? –Tatsuki dejó escapar una risita al ver que Grimmjow tenía la mirada perdida.
Grimmjow sonrió complaciente y, haciendo un esfuerzo titánico, se la sacó de encima.
-Lo siento, hoy no estoy de humor para esto.
Renji fue el último en llegar. Ichigo presentó a Nozomi y Riruka con Orihime, que la saludaron amablemente, aunque Riruka estaba un poco recelosa y no le quitaba la vista de encima. La función empezaba a las ocho y media, así que se quedaron afuera platicando para hacer tiempo. La situación era un poco incómoda. Claramente Ichigo y Riruka estaban saliendo, pero ni Renji, ni Nozomi ni Ishida ni Orihime tenían pareja.
-Voy a comprar palomitas, ¿alguien quiere? –preguntó Orihime.
-Riruka, ¿quieres algo?
-Palomitas y una soda dietética –se estiró para darle un beso a Ichigo en la mejilla.
Orihime rodó los ojos discretamente. Como vio que nadie más iba a ir, de repente se puso nerviosa, aunque no tenía motivos para estarlo. Ichigo y ella se formaron en la fila y esperaron pacientemente a que fuera su turno. El silencio reinaba entre ellos, pues no se atrevían a romperlo.
-Eh, es una linda noche, ¿no crees? –trató Ichigo.
Orihime reprimió una risita.
-No me molestan los silencios prolongados, en serio.
-No, sí, ya lo sé. Sólo...sólo quise hacer un comentario sobre el ambiente.
-Riruka es muy bonita, me agrada.
-¿En serio? Creí que...no lo sé, Riruka puede ser muy pesada algunas veces. No es nada personal.
-No hay problema, no soy de papel, Ichigo.
-Sí, lo sé.
De nuevo el silencio. La fila avanzaba lentamente. Ichigo observó a Orihime desde atrás. Su cabello estaba tejido en una trenza que le llegaba hasta la cintura. Se maravilló del contraste que hacía con su piel. En ella, el color anaranjado le sentaba de maravilla, pero no podía decir lo mismo del propio, que siempre le había acarreado problemas desde niño.
Orihime sintió la mirada penetrante en su nuca y se giró, tomando a Ichigo completamente desprevenido.
-¿Pasa algo?
-No, nada.
Ichigo se quedó embobado viendo a Orihime. Aquella detective representaba todo lo que él aspiraba a ser. Su manera de ser y de actuar no parecía propia de una mujer de veinticinco años. Más bien parecía un veterano ya entrado en años, debido a la experiencia que rezumaba por cada uno de sus poros.
En un impulso, se inclinó lentamente hacia ella y depositó un beso en la comisura de sus labios. Orihime lo miró con los ojos muy abiertos, sin hacer un sólo movimiento. Ichigo pareció darse cuenta de lo que acababa de hacer y se sonrojó hasta las orejas. Carraspeó nerviosamente, mirando hacia otro lado.
-L-lo siento, yo…yo no…
-Descuida –respondió Orihime y se giró de espaldas a él.
El silencio era incómodo y la tensión palpable entre ellos. Regresaron al grupo sin decir nada, y se dirigieron a la sala de cine. Orihime se sentó lo más lejos que pudo de Ichigo, deseosa de que todo aquello hubiera sido un malentendido.
No quería permitirse desarrollar sentimientos contradictorios hacia el agente. Además, si estaba ahí era únicamente por el caso de La Pantera. Tenía que concentrarse, ver las cosas desde otra perspectiva. No podía dejar que su vida personal interfiriera con la investigación. Se relajó en su asiento mientras esperaba que apagaran las luces de la sala. Ichigo estaba sentado hasta la otra orilla, tomando a Riruka de la mano. Orihime sonrió y trató de no pensar en lo extraño y erróneo de lo sucedido. En vez de eso, su mente voló hacia los cuerpos mutilados de las chicas y sintió escalofríos. Se estiró en el asiento para alejar esa sensación, tratando de convencerse de que el asesino no haría otro movimiento ese día como lo había prometido, pero a pesar de todo, no pudo evitar pensar que se estaba tomando unas vacaciones mientras la próxima víctima se encontraba a sólo unos días de morir.
La cena transcurrió más lento de lo que Grimmjow esperaba. Después de haber rechazado a Tatsuki en el sillón, y de que al parecer no le había molestado tanto, se sentaron a la mesa y hablaron cerca de dos horas de puras nimiedades. Era una suerte que las cosas no se hubieran puesto incómodas entre los dos. Y no es que no le atrayera físicamente, Tatsuki era hermosa y tenía un cuerpo magnífico, pero Grimmjow sentía que su mente estaba en otro lado.
Terminaron de cenar y se despidió con una sonrisa que trataba de tapar sus verdaderas intenciones. Se sentía ansioso y temía que sus instintos lo llevaran a hacer algo impulsivo de lo que después se arrepentiría. No por la vida de Tatsuki, sino por todo lo que revolvía alrededor de La Pantera. Sus planes, sus métodos, sus víctimas. Era demasiado arriesgado.
Regresó a su apartamento y cerró la puerta con llave. Luego se dejó caer en el sillón en completa oscuridad, donde se sentía como pez en el agua, pero con las emociones revueltas. Su mente le trajo la imagen de la detective justo ahí, sentada a su lado viéndolo fijamente. Su largo cabello anaranjado enmarcando su rostro, los ojos grises y analíticos, los labios rosados ligeramente abiertos, como a punto de decirle algo pero castigándolo con el silencio.
Grimmjow alargó una mano y la puso en su cuello. Era tan delgado y frágil, no suponía ningún esfuerzo apretarlo. Cómo deseaba terminar con su vida y quitarse el problema de encima, pero al mismo tiempo sabía que muy en el fondo lamentaría su pérdida. En ese punto no sabía si odiaba a la detective o la deseaba. Una combinación demasiado peligrosa y un dilema del que no sabía cómo librarse.
Su apetito crecía y crecía y ahora más que nunca deseaba tomar a la detective. Al costo que fuera.
Continuará…
Eh, creo que me explayé demasiado. El capítulo iba a ser un poco más corto xD Pero bueno, en compensación por tardar meses en actualizar.
Muchas gracias por leer, les mando miles de besos, lectores hermosos, y hasta pronto c:
