Chicos y chicas, no sé qué piensen ustedes pero parece que este fic no tendrá un final próximo jajaja cada día se me ocurren cosas nuevas y trato de incorporarlas a la trama para hacerla más interesante (claro, con la finalidad de llegar al encuentro de los protagonistas). Y pensar que cuando subí el primer capítulo tuve un bloqueo de meses y no pude actualizar. Espero que les esté gustando hasta ahora.

P.D. Me gustaría saber qué piensan en general de la historia y de los personajes, ¿les gusta la personalidad de Grimmjow y Orihime? ¿Qué opinan de él como asesino? ¿Accederían a trabajar bajo sus términos si estuvieran en el lugar de Orihime? ¿Creen que Grimmjow asesine a Riruka o Ichigo lo va a impedir? (Creo que últimamente me está gustando más la forma de actuar de la zanahoria :3) Dejen sus reviews, nos leemos pronto.

Los dejo ya con la historia.

LA PANTERA

Capítulo 9: Más allá de mis intereses.

Los análisis del arma homicida lanzaron resultados satisfactorios. Afortunadamente, las huellas de Bazz-B estaban en el sistema ya que unos meses atrás lo habían arrestado por posesión ilegal de droga. Los cargos no eran severos, así que sólo confiscaron la droga y tuvo que pagar una gran suma de dinero, pero se rehusó a aceptar el apoyo de un centro de rehabilitación del estado.

Faltaba poco para las dos de la madrugada. Isshin observó el monitor con la imagen de Bazz-B y la breve descripción, meditando lo sucedido ese día. Era un chico de veintitrés años que había abandonado la preparatoria por problemas personales. Su mirada era vacía pero firme, no parecía la clase de chico con tendencias violentas u homicidas. Aunque la foto era vieja y la verdadera imagen de él había cambiado en esos meses.

-Es difícil creer que un chico sin importancia adquiera tal fama por asesinar a alguien.

Ichigo asintió dándole la razón a su padre.

Akon y Mayuri se habían encargado también de comparar los cortes de las chicas anteriores con el filo de la navaja. Ninguno coincidía, habían sido asesinadas con otra arma, aunque de todas formas ya lo sabían debido a que Orihime les había hablado de las comparaciones que hizo sobre Candice y las otras seis mujeres. Todos estaban sentados en la oficina pensando en lo que harían a continuación. Tenían a un asesino serial suelto que actuaba desde hacía dos meses y ahora un imitador aparecía para aguarles la fiesta. Como si no tuvieran suficiente con un loco.

Bajaron hasta la entrada de la estación, donde se reunieron con el resto de los agentes. La mayoría del personal no se encontraba presente, pero Isshin se había encargado de llamar a los miembros más calificados en cuanto escuchó la noticia de la muerte de Candice y la amenaza que representaba que su verdugo siguiera libre. Entre ellos estaban Renji, Kensei y Shinji. Isshin se puso en medio de la habitación y habló fuerte y claro.

-Quiero carteles por toda la ciudad con la imagen de este tipo –señaló a Ishida dando a entender que él se encargaría de imprimirlos-. El resto de ustedes júntense en equipos de dos para cercar la zona en la que vive Bazz y la escena del crimen. Si es tan estúpido como para volver a casa, captúrenlo y traigan a la estación. Tienen permiso de disparar si las cosas se salen de control, pero sean discretos. Llamen a los demás agentes para que patrullen por el barrio chino. Lo atraparemos tarde o temprano.

Orihime se quedó al pie de las escaleras mientras veía que los demás se alistaban para acatar las órdenes del capitán.

-¿Estás bien? –le preguntó Ishida al verla absorta en sus pensamientos.

Nada estaba bien. Otra chica había sido asesinada, un imitador estaba suelto y quién sabe si le dieran ganas de atacar nuevamente, no tenían pistas sobre su paradero y mucho menos sobre el de La Pantera; y lo peor de todo era que Orihime tendría que actuar bajo sus órdenes nuevamente. Una reunión era lo último que hubiera esperado, tal vez habría sido mejor que abandonara el caso, pero eso estaba fuera de consideración. Tenía que llegar hasta el final, por muy incierto y peligroso que fuera el camino.

-Sí, démonos prisa –respondió Orihime.


Los agentes patrullaron toda la madrugada y hasta el mediodía. No encontraron rastros de Bazz-B en el callejón aparte de la navaja y desde luego no lo encontraron en casa. Los carteles con la imagen de "Se Busca" de Bazz infestaban toda la ciudad hasta en las zonas más adineradas de Karakura. La investigación se atascó al no tener hacia dónde dirigirse. Los medios habían publicado el caso después de una breve entrevista con Isshin en la que afirmaba que no se trataba del mismo sujeto. Catalogaron el asesinato de Candice como una imitación de La Pantera en vez de tratarlo como un crimen pasional y feminicidio como había afirmado el capitán, por lo que la gente estaba realmente asustada al saberse objetivo de dos asesinos sueltos a su alrededor.

El capitán acababa de colgar el teléfono y estaba a punto de lanzarse de un acantilado; era le tercera llamada que atendía en el transcurso de la mañana por parte del alcalde. Estaba furioso y le exigía respuestas de lo sucedido, amenazaba con sacarlo del caso junto con el resto del cuerpo policial si no atrapaban al culpable para el resto de la semana. El FBI tenía en sus manos la cuerda que sujetaba la guillotina que acabaría con sus carreras.

-¿Le dijiste que lo estamos tratando como un crimen pasional? Realmente no sabemos si Bazz-B tenía la intención de imitar a La Pantera –exclamó Ichigo tratando de tranquilizar a su padre, aunque se encontraba igual de nervioso y desesperado que él.

-Es inútil, no le gustan las excusas. La única forma de complacerlo es poniendo a esos dos bastardos tras las rejas o a tres metros bajo tierra.

Shinji y Kensei entraron a la oficina.

-Tenemos a una chica llamada Meninas McAllon, dice que conoce a Bazz y que tiene una idea de dónde puede estar –anunció Shinji.

-Llévenla al interrogatorio. Bajo en seguida –exclamó Ichigo.


La chica lucía nerviosa, se mordía las uñas de la mano izquierda y con la derecha hacía nudos su falda azul. Sus piernas se movían ligeramente como si estuviera a punto de echarse a correr. Ichigo observó todo esto tras el cristal antes de entrar a la habitación. Se aseguró de cerrar bien la puerta.

-Meninas, ¿cierto? –preguntó al tiempo que tomaba asiento y dejaba la libreta sobre la mesa.

Meninas asintió rápidamente.

-Soy el agente Ichigo Kurosaki. ¿Tienes información que nos pueda ser útil acerca de Bazz-B?

El sonido que hacía al morderse las uñas le causaba escalofríos a Ichigo.

-Bazz es un buen chico, pero no dudo que lo haya hecho.

-Nadie lo duda, sus huellas estaban en el arma homicida.

-Todo mundo sabía que estaba interesado en Candice desde que la conoció –prosiguió la chica sin hacer caso del comentario de Ichigo-. Ella era muy popular en la escuela, tenía un montón de pretendientes y amigos por todos lados. Bazz siempre fue algo reservado, no llamaba mucho la atención. Candice lo rechazó varias veces, no era su tipo. Prefería salir con chicos mayores y deportistas, el típico centro de atención.

-¿Eras amiga suya?

-Diablos, no. Giselle y yo jamás encajamos en su círculo social. Tomábamos las mismas clases, pero nunca intercambiamos más que un saludo.

-¿Entonces por qué quieres ayudar en su investigación?

-No me malinterprete, Candice también era buena persona. No sé si Bazz es un imitador de La Pantera o lo hizo por motivos personales, pero sé que necesita ayuda. No ha sido el mismo desde que se metió en las drogas. Tiene que prometer que lo ayudarán.

-Es culpable de asesinato en primer grado, no sé muy bien qué clase de trato podemos ofrecerle, suponiendo que lo encontremos. Tendría que consultar con su abogado.

-Su vida estará arruinada si va a prisión –exclamó Meninas.

-Nos encargaremos de eso luego, primero tenemos que encontrarlo. Si coopera, todo será más sencillo. ¿Qué me puedes decir sobre su paradero?

El agente parecía una buena persona. Meninas dudó un momento pero al final se decidió por contar todo lo que sabía que podría ayudar en la investigación.

-Hay un tipo llamado Jugram Haschwalth, es muy amigo de Bazz y según recuerdo hasta hace poco vivían juntos. Probablemente fue a refugiarse en su departamento. Si Bazz estuviera en problemas, Jugram sería la primera persona a la que buscaría.

Meninas le proporcionó la dirección de Haschwalth. Una parte de ella se sentía culpable por hacer todo aquello, como si estuviera traicionando a Bazz, pero se repitió internamente que lo hacía por su bien.


Tal vez no era la mejor pista, pero era la única que tenían. Después de proporcionarle a Meninas la protección para testigos, Ichigo y Renji se dirigieron a casa de Jugram. El complejo de apartamentos estaba situado en una zona media de la ciudad. Había locales, escuelas y centros de entretenimiento, pero el edificio y sus alrededores parecían bastante tranquilos. Ichigo llamó a la puerta y esperó unos segundos hasta que Jugram abrió. Usaba un pantalón negro y camisa azul celeste con las mangas dobladas en el antebrazo. Sus ojos se posaron primero en Ichigo y luego en Renji.

-¿Puedo ayudarles en algo, caballeros?

Ichigo y Renji le mostraron sus placas.

-Soy el agente Kurosaki y éste es el agente Abarai, estamos investigando a un sujeto llamado Bazz-B. La policía lo busca por el cargo de asesinato.

-Sé quién es, también leo el periódico, pero todavía no sé qué tiene que ver eso conmigo –exclamó Haschwalth.

-Nuestras fuentes, las cuales no podemos revelar, indican que usted podría estar relacionado con el sujeto en cuestión. No le importará que echemos un vistazo en su departamento, ¿verdad, señor Haschwalth? –dijo Ichigo dando un paso hacia adelante.

Haschwalth levantó una mano y la recargó en el marco de la puerta, impidiéndole el paso.

-La verdad sí me importa. A menos que tenga una orden me temo que no puedo dejarlos pasar. Esto es propiedad privada.

Ichigo se acercó y quedó a unos centímetros del rostro de Haschwalth.

-Podría arrestarlo por interferir en una investigación policial –lo amenazó.

-Me encantaría que lo intentara, agente Kurosaki. Supongo que una jugosa demanda es lo último que la policía quiere cuando hay tanto trabajo por hacer. Vuelva con una orden o no vuelva en absoluto –sentenció antes de cerrarles la puerta en las narices.

Renji reprimió una sonrisa mientras regresaban al auto.

-Me imagino que esperabas que nos dejaría pasar y nos ofrecería una limonada, ¿no?

-Estoy seguro que ese bastardo oculta algo. Regresaré con la orden y le borraré esa estúpida expresión del rostro.

-¿Sabes cuánto tiempo tardarás en conseguir la orden?

-Supongo que... ¿unos minutos?

-En serio, ¿hace cuánto que estás encerrado en la oficina, Ichigo? Para empezar, el juez Yamamoto está de vacaciones, el único disponible sería Sasakibe, y dudo mucho que tenga tiempo debido al montón de papeleo que hay sobre el fraude de los Shihouin. En segundo lugar, necesitas pruebas de que Haschwalth está relacionado con Bazz para obtener la orden; la palabra de una chica no es suficiente. Y si así lo fuera, esto tardaría al menos un día o dos.

-¿Entonces qué sugieres? Es la única pista que tenemos.

-Podemos esperar y vigilarlo. Si es verdad que Bazz está ahí dentro, no puede evadirnos para cometer otro asesinato.

-Podrían pasar días sin que ese sujeto saliera de casa. Sería más fácil infiltrarnos mientras Haschwalt no está.

-Ni de broma, no podemos violar sus derechos ni su morada. Ya amenazó con demandarnos, no querrás perder también tu empleo. Con la bota del alcalde en nuestros cuellos debemos apegarnos a las reglas.

Ichigo suspiró y encendió el carro para volver a la estación.

-A veces me pregunto de qué lado estás, Renji.


Ichigo y Renji entraron a la estación derrotados, tenían que empezar de cero nuevamente. Iban subiendo las escaleras rumbo a la oficina de Isshin.

-Oye, estuve pensando en volver allá con una táctica diferente –anunció Renji.

-¿De qué hablas?

-Tal vez ese sujeto nos mandó a freír espárragos porque somos hombres, en cambio, si la detective Inoue apareciera al otro lado de su puerta y le pidiera que la invite a pasar…no lo sé…yo no me negaría si viera esos enormes…

Ichigo se apresuró a taparle la boca cuando vio a Orihime bajando por la escalera de arriba y encerrándose en el armario de limpieza. Era la segunda vez que la veía cerca de ese lugar y no tenía idea del motivo.

-¿Qué haces, Ichigo?

-Shh, cierra la boca –susurró Ichigo acercándose al armario y recargando la oreja en la puerta.

Orihime se sentó encima de una cubeta y presionó el botón de rellamada. Ahora que ya conocían la identidad de Bazz no deberían tardar mucho tiempo en encontrarlo. Había carteles con su foto por todos lados, no se arriesgaría a hacer un movimiento cuando toda la ciudad podría ver su rostro. Estaba dispuesta a marcarle al asesino y decirle que no iba a trabajar con él. Eso significaba que atacaría el viernes como había acordado, pero tal vez si lo convencía podía darle más tiempo. La línea estaba muerta del otro lado, ni siquiera sonaba el timbre entrecortado.

Por la rendija inferior de la puerta vio la sombra de alguien parado del otro lado de la puerta. La estaban espiando, menos mal que no había podido establecer comunicación con el asesino.

Rápido, piensa algo.

El primer nombre que se le vino a la mente fue el de su amiga Tatsuki, con la que no había hablado desde hacía un buen tiempo.

Servirá por ahora, se dijo.

-Hola, Tatsuki. Disculpa que no haya respondido tu llamada antes, la señal del edificio no es muy buena –se levantó sin hacer ruido y se acercó a la puerta-. Claro que sí, me encantaría ir a cenar contigo, pero tendrá que ser después –puso una mano en el picaporte-, ahorita estoy un poco ocupada tratando de averiguar quién demonios me está espiando.

Ichigo se quitó de la puerta al momento que ésta se abrió. Se quedó estático frente a la detective. Orihime fingió que cortaba la llamada y guardó el teléfono.

-¿Necesitas algo? –cuestionó de mal humor con una mano en la cintura.

Ichigo quería que se lo tragara la tierra. Volteó hacia las escaleras y vio que Renji se había esfumado. En buena hora me abandonas, desgraciado, pensó.

-No, ¿qué podría necesitar? Yo sólo…yo…iba pasando por aquí y…escuché ruidos de adentro, pensé que tal vez había un ratón o…

-Ajá, ¿los ratones mantienen conversaciones con otros ratones?

-No, no es eso…me refiero a que…desde las escaleras no podía saber a ciencia cierta si eran voces o…-Orihime levantó una ceja-, no, o sea, yo creí que…

-Si vuelves a espiar mis conversaciones me aseguraré de que tus próximas vacaciones sean permanentes.

Ichigo tragó saliva y asintió en silencio. Orihime bajó las escaleras hasta el vestíbulo y salió del edificio.

Había comenzado una suave llovizna y el viento soplaba fuerte, se reprendió por no haber traído una chaqueta. Se sentó en una de las bancas de afuera y contempló a la gente y los locales a su alrededor. Era cierto que a veces pasaba de largo sin detenerse a observar las cosas más simples, se lamentaría mucho si no alcanzaba a disfrutarlas todas antes de morir. Incluso pensó que su patética conversación fingida con Tatsuki podía traer algún bello recuerdo, no habían hablado en meses, sería bueno visitarla de vez en cuando o mínimo llamarla para saber cómo había estado.

No podía culpar a Ichigo por querer escuchar su conversación. Sabía que tenía cierto interés en ella, lo había confirmado después de la escena del cine.

Pensó entonces en lo que tenía que hacer. No había forma de hablar con el asesino si él no la llamaba primero. Podía sacar ventaja de la situación y arrestarlo en el punto de encuentro, no tenía nada que perder, pero algo en su interior refrenó el deseo de hacerlo. Quería estar a solas con él pese al peligro que representaba, quería conocerlo cara a cara sin inconvenientes, estaba comenzando a obsesionarse, y eso no era bueno.


Ya había anochecido. La lluvia se había quitado hacía una hora pero algunas calles principales seguían inundadas debido al pésimo mantenimiento de las alcantarillas. Grimmjow se puso la cazadora negra y guardó el pasamontañas en uno de los bolsillos, además del revólver. Tenía experiencia en disparar debido al servicio militar, pero de todas formas había pasado un tiempo desde que lo había hecho. Desde que se había convertido en asesino a tiempo completo prefería usar el cuchillo de caza. Era mucho más silencioso y le permitía sentir casi casi piel contra piel el momento en que las víctimas perdían la vida. Revisó que la recámara estuviera llena y se guardó el arma en la parte posterior del pantalón.

Se aseguró de cerrar bien con llave antes de salir. Podía irse caminando, vivía bastante cerca del barrio chino. Sólo esperaba que la detective recordara el camino hasta el edificio abandonado.

Llegó unos minutos antes de las diez. Caminó por los alrededores para confirmar que no hubiera nadie más en los callejones. Era probable que le tendiera una trampa y lo estuvieran esperando para arrestarlo, pero su instinto le dijo que no era el caso. La detective acataría sus órdenes al pie de la letra. Casi pudo olfatear su aroma y sentir su piel mientras recorría el edificio por segunda vez para asegurarse de que todo estaba en orden.

La noche era oscura, no había luna. Los faroles de la calle estaban rotos. Se quedó en el segundo piso y se asomó por una de las ventanas rotas sin mostrarse demasiado, seguía oculto en las sombras. Desde ahí podía ver hacia ambos lados del callejón y los edificios de enfrente. Si la detective llegaba acompañada, Grimmjow tendría tiempo de salir sin que lo vieran.

Observó su reloj nuevamente. Faltaban dos minutos para las diez y estaba ansioso. A lo lejos divisó una figura aproximándose hacia el edificio. Llevaba una gabardina café y el brillante cabello anaranjado le ondeaba al viento. Sonrió ampliamente.

Era ella.

Orihime volteó a todos lados para asegurarse que estaba sola y entró en el edificio. Grimmjow escuchó los pasos en el primer piso y se puso rápidamente el pasamontañas. En cuanto puso un pie en el segundo piso Grimmjow le apuntó con el revólver. Orihime se quedó estática, llevaba las manos en los bolsillos de la gabardina.

-Las manos donde pueda verlas –dijo Grimmjow.

Orihime sacó lentamente las manos y las levantó a la altura de su cabeza. El cuerpo de Grimmjow estaba oculto en las sombras, pero el cañón del revólver brillaba a la luz de las estrellas. Orihime distinguió una gran sombra proveniente de una esquina. Pudo ver que se trataba de un hombre alto y corpulento. Entrecerró los ojos y vio que llevaba un pasamontañas, lo que hacía que su voz saliera ahogada.

-¿Viene armada?

-No –respondió firmemente.

-Supongo que no le molestará que me asegure, ¿verdad? Uno ya no sabe en quién puede confiar estos días.

Grimmjow se acercó a la detective unos pasos y le indicó que se pegara de frente a la pared con los brazos extendidos. Con una mano sujetó el revólver contra su espalda y con la otra tentó sus costados y entre sus piernas.

-No lo disfrute demasiado –replicó Orihime al ver que se demoraba más de la cuenta tocando su cuerpo.

Grimmjow soltó una pequeña carcajada.

-No se preocupe, si quisiera que fuera de ese modo no necesitaría amenazarla con una puta arma.

-Hablando de eso, creí que no usaba armas de fuego.

-Bueno, detective, un imitador está tratando de robarme mi fama. ¿No cree que pueda cambiar de MO? Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.

-No es usual que el asesino cambie de MO. Mucho menos uno tan metódico como usted.

-¿Es un halago, detective? Voy a fingir que sí.

-¿Qué pasará con su marca anterior? Tres cortes impecables en la garganta. Eso habla de una precisión casi quirúrgica. Un disparo es impremeditado, no requiere demasiado esfuerzo. Es descuidado, ruidoso y caótico.

-Si no la conociera mejor pensaría que tiene miedo de que le dispare –se burló Grimmjow.

-Si quisiera dispararme lo habría hecho desde que me quitó el arma durante nuestro primer encuentro.

-¿Qué le hace pensar que no lo haría en este momento?

-Porque fue su idea que trabajáramos juntos. No va a matarme, al menos no hasta que capturemos al imitador.

-Y supongo que eso le da cierta seguridad, ¿no? Le sugiero que no se tome demasiadas libertades conmigo. No somos amigos, ni siquiera aliados. Simplemente tenemos un enemigo en común y en el momento en que me deshaga de ese hijo de perra volveremos a las andadas.

-Le sugiero lo mismo, señor asesino. Trabajaremos juntos, pero sigo siendo detective. Y a diferencia de usted, yo no tengo que cambiar mi MO. No dudaré en dispararle a la primera sospecha que tenga.

-No esperaba menos de usted –Grimmjow sonrió y se paseó por la habitación-. Pero no hoy, puesto que no está armada. Entonces, ¿cerramos el trato?

Orihime lo observó con detenimiento. Tenía que proceder con cuidado, se estaba metiendo en la boca del lobo y no había garantías de que cumpliera su palabra. A pesar de todo, tenía el presentimiento de que le estaba diciendo la verdad.

-De acuerdo, pero antes necesito una confirmación.

-¿Qué clase de confirmación?

-Usted parece saber mucho de mí pero yo no conozco ni siquiera su rostro.

-¿Quiere acaso mi CV?

-No, pero me gustaría saber con quién estoy trabajando.

Grimmjow lo pensó un momento. Se rascó la nuca con el cañón del revólver. Estaba a punto de revelar su rostro a una detective. Su imagen como asesino sería conocida por alguien más que las víctimas, pero la diferencia residía en que ellas se iban a la tumba con el secreto. Por mucho que le dijera a Orihime que iba a matarla tarde o temprano, la verdad era que se lo estaba replanteando demasiado últimamente. Quería más que un efímero momento con ella. No creía que fuese suficiente jugar con ella para después cortarle la garganta. Necesitaba más.

-Bien, si eso es lo que quiere –se quitó lentamente el pasamontañas y salió de las sombras.

La luz de las estrellas iluminó su pálido rostro y sacó destellos apenas perceptibles de su cabello azul. Sus ojos la veían penetrantes. Orihime tragó saliva y se acercó unos pasos. De cerca era aún más alto. Despedía un aura peligrosa por cada uno de sus poros, pero no dejó que eso la intimidara. Viéndolo claramente, no era para nada como se lo había imaginado. Su rostro era liso, no tenía ningún lunar o cicatriz, ni siquiera un asomo de vello facial. Su mandíbula estaba tensa y sus labios delgados formaban una línea. Su ceño fruncido parecía permanente. Era muy atractivo.

-¿Quiere una foto también? –preguntó Grimmjow incómodo al sentirse tan expuesto.

Orihime carraspeó y retrocedió hasta donde estaba.

-Lo lamento, es sólo que...lo imaginé diferente.

-¿Creía que sería un horrendo tipo con una cicatriz en el ojo y mirada asesina que frota sus manos ansiosamente mientras lleva a cabo sus planes malévolos?

Orihime rió por la absurda comparación, pero se calló de inmediato.

¿Por qué te causa risa? Este tipo es peligroso, se reprendió.

Grimmjow notó el cambio repentino y suspiró. Se dirigió a una caja de madera que estaba contra la pared y se sentó sobre ella, sin dejar de apuntarle a Orihime con el arma.

-¿Y bien? ¿Ya obtuvo su confirmación?

-Sí. Pero todavía no conozco su nombre.

-Vamos paso a paso, detective. No necesita mi nombre.

Grimmjow dejó el arma en el suelo y se puso de pie. Orihime siguió cada uno de sus movimientos y se estremeció cuando vio que Grimmjow estaba justo frente a ella a unos cuantos centímetros.

-¿Cerramos el trato? –insistió Grimmjow.

Orihime asintió sin moverse ni un ápice. Grimmjow la tomó de la cintura y la acercó a su cuerpo. Su pecho chocó con su abdomen y se amoldó a la perfección. La cálida respiración de Grimmjow le daba a Orihime en la frente y sus ojos brillaban intensamente mientras recorrían sus facciones. Finalmente, puso una mano en su nuca y cerró la distancia que separaba sus labios.

Continuará…

TuT chicooooooooos, ojalá que lo hayan disfrutado tanto como yo. Espero sus reviews, hermosos y hermosas. ¡Hasta pronto!