No puedo creer que haya dejado pasar tanto tiempo para actualizar…no estaba nada nada inspirada para escribir, no quería publicar un capítulo que no me gustara y por supuesto que fuera como tipo relleno, así que mejor decidí esperar. En fin, los dejo con el capítulo siguiente y espero que les guste, ahora sí estaba inspirada y aunque llena de tarea, me puse a escribir xD Espero que el capítulo doce no tarde tanto. Saludos, queridos lectores, y gracias por su paciencia.

LA PANTERA

Capítulo 11: Espionaje.

Szayelaporro tuvo que cancelar su cita de esa noche porque lo que haría le llevaría el resto del día. Sacó una caja que tenía arrumbada debajo de la cama y encontró su vieja Nikon. Había pasado un tiempo desde que la había usado por última vez. A pesar de su vida como corredor de bolsa algunos años atrás, siempre había tenido distintos hobbies que lo habían metido en problemas más de una vez. Uno de ellos era hackear, lo que se le daba más que bien. El otro era el espionaje. Por supuesto que siempre que lo hacía recibía una buena paga. Esta vez no estaba seguro de que conseguiría alguna remuneración. Tal vez podría hablar con Grimmjow para que su amigo detective le ayudara a quitarle la demanda.

Sacó la cámara, que estaba en buen estado, y la conectó a la computadora sólo por recordar viejos tiempos. La memoria estaba vacía, el zoom funcionaba a la perfección y no había ningún problema con la visión nocturna. Pero lo que realmente le interesaba era el juego de micrófonos que trataría de instalar en el auto de Haschwalth y, si tenía suerte, podría colar alguno en su departamento.


Ichigo y Renji acordaron reunirse con Ganju en una cafetería. Era un tipo que tenía una tienda de antigüedades junto con su hermana, pero en cuanto a información, era el mejor. Conocía la zona como la palma de su mano y sus relaciones con todo tipo de gente lo mantenían alerta en todo momento. Conocía estafadores, narcotraficantes, comerciantes, ladrones, agentes dobles, entre otros. Casi siempre era el primero en enterarse de todo lo que sucedía en aquella zona de Karakura. Alrededor de las cinco, Ichigo y Renji se sentaron a esperar. Iban vestidos de civiles, pero eso no impidió que la gente se diera cuenta que no pertenecían ahí. Los tatuajes de Renji lo hacían pasar desapercibido, pero el llamativo cabello de Ichigo mantenía todas las miradas sobre ellos. Estaba nervioso, así que dejó que Renji se encargara de todo.

Ganju entró en la cafetería y saludó a Renji con un abrazo. A Ichigo le ofreció un breve asentimiento de cabeza que el pelirrojo le devolvió.

-Renji, ha pasado un tiempo –dijo Ganju tomando asiento frente a ellos.

-Me alegra que accedieras a reunirte conmigo.

-Me alegra que esta vez estemos del mismo lado del tablero –respondió Ganju a modo de broma.

-¿Qué sabes sobre el club Sternritter?

-Veamos, ahí se reúne todo tipo de gente, pero es famoso por sus bebidas adulteradas y chicos que buscan una aventura.

-¿Leíste el periódico de ayer?

-¿Aquel que habla sobre Bazz-B y esa chica Candice? Sí, lo leí. Debo decir que fue un duro golpe para todos. La Pantera era una cosa, ese tipo está loco, pero que haya un imitador está más allá de todo.

-No es un imitador, fue un crimen pasional –intervino Ichigo.

-El periódico decía que era un imitador –Ganju levantó las manos como excusándose de que las diferencias de términos que tuviera la policía con la prensa no eran su problema.

-Como sea, no importa. Tenemos la teoría de que Bazz se encontraba drogado cuando asesinó a esa chica. ¿Sabes de casualidad quién podría ser el proveedor del club?

-No quién. Quiénes.

-¿Son varios hombres?

-Mujeres. Tres.

-¿Es en serio? –exclamó Ichigo.

-Te sorprendería ver qué hábiles pueden ser las mujeres en la distribución de drogas. Según mis contactos, venden el triple que los hombres. El club Sternritter no es una excepción. Van ahí todas las noches y salen con los bolsillos forrados de billetes. A eso le llamo yo saber usar sus encantos.

-El género no importa. Queremos hablar con ellas, tal vez puedan darnos una pista sobre Bazz. Si dices que van todas las noches, seguramente estaban ahí la noche del asesinato.

-Apuesta eso. Puedo darte los nombres, pero el resto corre por tu cuenta. Si quieres conseguir que hablen, tienes que comprarles un poco de su mercancía. Y por nada del mundo dejes que descubran que eres policía.


Szayelaporro llegó hasta el edificio en el que solía trabajar con Haschwalth. Eran las cinco y cerraban la empresa a las siete. Tenía tiempo de sobra para investigar lo que fuera necesario. No podía arriesgarse a entrar a su casa en caso de que Bazz estuviera adentro.

No fue difícil burlar a los guardias de seguridad del estacionamiento contiguo al edificio, la verdad siempre habían sido bastante estúpidos. Lo difícil sería burlar las cámaras de video. Tenía la laptop en una mochila colgada al hombro y se caló una gorra para ocultar su identidad. Subió hasta el segundo piso y encontró el automóvil de Haschwalth al fondo pegado a una columna. Era extraño que no hubiera cambiado de automóvil después de tantos años, supuso que ahora ganaba más, pero no se detuvo demasiado a pensar en ello. Sacó la laptop de la mochila y se metió entre las filas de autos para ocultarse. Se sentó en el piso y empezó a escribir códigos en la máquina. Estaba a punto de tumbar la señal del edificio para apagar las cámaras, pero el generador se encendería automáticamente en 45 segundos. Alguien de mantenimiento bajaría al sótano para restaurar el sistema, pero para ese entonces Szayelaporro ya habría hecho lo que necesitaba.

Lo siguiente era abrir el auto de Haschwalth para instalar el micrófono. Hacía unos meses había conseguido un control de mando que le permitía robarse la señal de los autos y utilizarlo como chip. En pocas palabras, iba a clonar el control remoto del Mercedes para abrirlo sin que sonara la alarma. El dispositivo, sobra decirlo, era ilegal, pero pocos sabían de su existencia. Ese tipo de autos eran fáciles de robar, extremadamente fáciles, pero nadie lo hacía porque llamaban demasiado la atención y la demanda tomaba lugar de inmediato. Los autos que pertenecían a las personas de clase social media o baja eran una mejor opción, se confundían entre los cientos de autos iguales de la ciudad y la policía rara vez hacía algo al respecto.

Accionó el dispositivo y la luz verde se encendió al tercer intento. Puso el cronómetro en su reloj y presionó una tecla en la computadora. Todo el edificio se quedó a oscuras y el led rojo de las cámaras se apagó. Ahora tenía menos de un minuto para ejecutar el plan.

Entró al auto y sacó el diminuto micrófono del bolsillo. La señal iría directamente a su computadora. Quitó la tapa del aire acondicionado y lo puso dentro. Treinta y cinco segundos. En caso de que no reuniera información dentro del auto, debía asegurarse de tener micrófonos dentro de su apartamento. Pero ¿cómo lograría introducirlos? Bajó del auto y abrió la cajuela. No había nadie a la vista. Veinticinco segundos. Dentro había una gabardina negra, la tomó y metió el micrófono entre la tela del cuello. La rasgadura era mínima, gracias a la solapa nadie lo notaría, ni siquiera Haschwalth. Quince segundos. Dejó todo como estaba y cerró el carro con la alarma antes de guardar sus pertenencias nuevamente en la mochila. Se alejó unos metros del auto justo cuando las luces del edificio volvieron a encenderse y las cámaras reanudaron sus grabaciones.

Szayelaporro salió del estacionamiento con una sonrisa en el rostro, todo había salido a la perfección. Sólo tenía que asegurarse de reunir información visual para completar su misión.


El teléfono sonó en el bolsillo de Ulquiorra, luego de dos timbres respondió.

-¿Qué pasa? –preguntó.

-Me canceló. Dijo que le había surgido un compromiso.

-¿Un compromiso? Las personas como él no tienen compromisos. ¿Fuiste a su casa?

-Sí, entré pero no había nadie. La laptop tampoco estaba, parece que desempolvó algunas cosas y salió. No tengo idea de a dónde pudo ir.

-Necesitamos a este sujeto, rastrea su celular y encuéntralo –dicho esto colgó y se puso el saco-. Andando –llamó a su compañero.

Yammy se levantó pesadamente del sofá y ambos salieron de la oficina.


Ichigo y Renji volvieron a la estación de policía después de su reunión con Ganju. Más tarde irían al club Sternritter para hablar con las tres mujeres narcotraficantes para ver si podían reunir algo de información.

Ichigo entró a la oficina de su padre y se sentó detrás del escritorio. Isshin estaba de pie de frente a la ventana, sumido en sus pensamientos, mientras Ishida y Orihime revisaban las grabaciones de las cámaras de seguridad.

-¿Cómo te fue, Kurosaki? –le preguntó Ishida.

-Tan productivo como era de esperarse. El tipo nos dio nombres, pero tenemos que reunir la información nosotros mismos. Iremos al club esta noche.

-Al menos estarán haciendo algo mientras el juez autoriza la orden –comentó para subirle los ánimos.

-Sí, supongo. ¿Qué harás tú?

-Ya casi tenemos a Bazz, y al menos conocemos su rostro, por lo que seguiré revisando los videos en busca de pistas sobre La Pantera. Dos sospechosos fueron capturados hace un rato, pero sólo eran vagabundos.

-¿No los retuvieron?

-¿Con qué cargos? ¿Estar ebrio en plena tarde? –preguntó Orihime.

-Alteración del orden público –respondió Ichigo.

-No podemos gastar recursos de esa manera.

-¿Qué harás tú, Orihime?

Inoue no había pensado que tenía que esperar hasta que el asesino se pusiera en contacto con ella. Seguramente la llamaría hasta que hubiera reunido algo. Mientras tanto, no había nada que pudiera hacer.

No alcanzó a responder porque la puerta de la oficina se abrió en esos momentos y entraron dos hombres uno detrás del otro. Uno de ellos era alto como un gorila y musculoso. El otro era bastante más delgado y bajo que su compañero. Tenía cabello negro que le llegaba encima de los hombros y sus ojos verdes eran inexpresivos.

-Capitán Kurosaki –anunció el de cabello negro-. Somos el agente Cifer y el agente Llargo. Somos del FBI y estaremos a cargo del caso de Bazz-B y de La Pantera a partir de hoy por órdenes del alcalde Yhwach.

Mostraron sus placas, esperando a que Isshin dijera algo.

-Agentes, claro, bienvenidos. Éste es mi hijo Ichigo, el agente técnico Ishida y la detective Inoue. Somos los actuales encargados de ambos casos –respondió presentándoles a su equipo.

Ulquiorra observó a cada uno con detenimiento. Era difícil saber lo que pensaba, pero sabían que no era nada bueno.

-¿Me dice que toda esta gente está trabajando en ambos casos y no han podido resolver nada?

Los presentes estaban boquiabiertos. No sólo había llegado con altanería, sino que los trataba como si fueran basura.

-Sí, bueno, es más difícil de lo que parece –respondió Isshin, nervioso.

-Por favor, no trate de justificar su incompetencia –exclamó Yammy.

-¿Qué dijiste, imbécil? –intervino Ichigo, molesto, acercándose al agente y quedando a sólo unos centímetros de su gigantesco cuerpo. A pesar de todo no se mostró intimidado.

-¿Tienes algo qué decir, zanahoria? –respondió Yammy viéndolo desde arriba.

-Yammy, es suficiente –lo calmó Ulquiorra.

-Disculpen un momento, agentes –Isshin tomó a Ichigo de la camisa y salió de la oficina dando un portazo-. ¿Qué crees que estás haciendo?

-¿Vas a dejar que ese maldito gorila te hable así? –susurró Ichigo.

-Ese maldito gorila fue asignado al caso por el alcalde. Mi cabeza es la que va a rodar si lo haces enfadar. Mantente al margen, resolveremos esto y luego se irán.

-Como ordene, capitán.

Ambos volvieron a entrar a la oficina pero no se dirigieron la palabra. Isshin les indicó que tomaran asiento para ponerlos al tanto.


Haschwalth salió del trabajo y manejó de vuelta a su casa. Se detuvo a comprar un poco de despensa en la tienda de la zona. Estacionó afuera y se puso la chaqueta antes de entrar. Era una noche fría, como el resto de las noches de la semana. Seguramente llovería en la madrugada.

El lugar estaba en penumbra pese a que el sol se había metido recientemente. Encendió las luces y se encontró con Bazz acostado en el sillón en posición fetal. Viéndolo de ese modo parecía un niño pequeño en busca de consuelo. Haschwalth se dispuso a hacer la cena y lo dejó dormir un poco más. Se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldo de una silla. Cerca de las nueve, cuando ya tenía todo listo, se acercó a Bazz y lo llamó suavemente.

-Tienes que comer algo, Bazz, no has probado bocado desde ayer.

Pensó que en parte se debía al efecto de las drogas que consumía, le hacían perder el apetito y por eso estaba así de delgado.

Bazz se incorporó y se sentó en el sillón, tallándose los ojos para terminar de despertar. El apartamento olía delicioso, sus tripas se removieron ansiosas y finalmente acompañó a Jugram hasta la mesa.

-¿Estás mejor? –le preguntó Haschwalth.

Bazz asintió en silencio.

-Duerme bien esta noche y come hasta que estés satisfecho. Tengo una buena noticia.

-¿De qué hablas? –inquirió Bazz con voz ronca.

-Tengo un contacto que te ayudará a salir de Karakura. Se encargará de fabricarte una nueva identidad y podrás empezar desde cero en otro lugar.

-No puedo hacerlo.

-¿Entonces vas a entregarte? No te darán menos de cinco años, eso tenlo por seguro. Ni siquiera con los favores que me debe el alcalde podré sacarte de este lío.

-¿Ha preguntado por mí?

-No, no he hablado con él. Pero esto es serio, Bazz. Asesinaste a una chica hace dos noches. Es increíble hasta donde te pueden llevar las drogas.

-¿Qué harás? ¿Meterme a rehabilitación? No hay salida para mí.

-Te estoy ofreciendo una vía de escape. Puedes tomarla o bien puedo llevarte directamente a la estación de policía.

Bazz guardó silencio. Tenía que aceptar la oferta que le estaba haciendo Haschwalth. No estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en prisión.

-Bien, lo haré.

-De acuerdo. Te reunirás mañana a las nueve de la noche con él. Su nombre es Askin Nakk Le Vaar. Comprenderás que no pueden verse en un lugar público, él también está en la lista negra de la policía. El punto de encuentro será el hotel Loto rojo.

-¿El que está abandonado?

-El mismo. ¿Sabes cómo llegar? –Bazz asintió- Te prepararé provisiones y un cambio de ropa. Cuando te saque de Karakura me pondré en contacto contigo y entonces hablaremos, ¿de acuerdo?

Bazz volvió a asentir. Haschwalth sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero si con eso pagaba sus deudas, haría lo que estuviera al alcance de su mano. La chica muerta no le importaba en lo absoluto, pero a Bazz sí. Tenía que dejar atrás todo lo ocurrido esa noche, y debía hacerlo pronto. A Haschwalth ya lo habían marcado como sospechoso, no quería ni imaginarse lo que pasaría si esos agentes conseguían la orden y registraban su apartamento cuando Bazz estuviera ahí todavía. Si por él fuera, lo sacaría esa misma noche, pero Askin le había especificado que tenía que ser al día siguiente y no podía cuestionar sus órdenes. Gente como Askin eran muy difíciles de tratar.


Szayelaporro sonrió satisfecho cuando escuchó toda la conversación. Desde que vio que el reloj marcaba las siete no se despegó de la computadora para estar alerta en caso de que conversaran por teléfono en el auto. Se le formó un nudo en la garganta cuando confirmó que Bazz estaba en el apartamento de Haschwalth. No sabía si era emoción porque eso bastaba para condenar a Haschwalth, o alguna especie de remordimiento por el chico.

Marcó un número y esperó en la línea.

-Grimmjow, mi buen amigo. Tengo excelentes noticias.

-Dime que conseguiste algo.

-Apuesta tu trasero a que lo hice. Te enviaré las grabaciones de hoy por correo.

-Bien, mándame lo que tengas.

Grimmjow colgó y esperó hasta que en su bandeja de entrada apareció el ícono de correo nuevo. Lo abrió impaciente y escuchó la conversación. Ese bastardo sí había escondido a Bazz y planeaba ayudarlo a escapar. La ventaja era que conocían el nombre del sujeto con el que se encontraría, la locación y la hora exacta. Sólo tenían que esperar a que cayera en la trampa. Pensó que eran excelentes noticias no sólo para él, sino para la detective y, ¿por qué no?, también para la policía.


Al día siguiente Orihime llegó a la estación una hora tarde. Su despertador no había sonado y ni siquiera tuvo tiempo de ir a correr. No estaba segura de que la dejarían permanecer en el caso de La Pantera y de Bazz-B, los agentes federales no le habían dicho nada el día anterior, ni siquiera parecieron notar que se encontraba presente.

Cuando entró a la estación se percató de que su asiento usual estaba ocupado por Ulquiorra. Él y su compañero estaban hablando en voz baja y sin prestarles atención a los demás. Ichigo tenía cara de pocos amigos y estaba recargado en la pared con una humeante taza de café en la mano. Saludó a Orihime con un asentimiento de cabeza y esperó a que se acercara antes de estallar.

-No puedo creerlo, todo el trabajo que nos ha costado seguirle la pista al asesino y ahora estos dos vienen como si nada y nos reemplazan.

-Creo que lo mejor sería tratar de colaborar –respondió Orihime y se acercó a Ulquiorra-. Buen día, agentes.

Ulquiorra la miró inexpresivo y asintió. Orihime no sabía qué decir. Ni siquiera sabía qué quería lograr con aquello.

-No sé muy bien cómo trabaja el FBI, pero creo que nosotros también estamos en el caso. ¿Será que podamos discutirlo entre todos?

Ulquiorra pareció darse cuenta de la presencia del resto del cuerpo por primera vez. Se recargó atrás en su silla y observó a Orihime de pies a cabeza.

-De acuerdo, aunque no veo cómo podría interesarle a usted esto. No pertenece a la fuerza policial de Karakura, ¿o sí? Creo que olvidé decírselo ayer, usted no forma parte del caso.

Ichigo se enfureció y se encaró a Ulquiorra.

-No pueden sacarla del caso.

-Claro que puedo, de hecho ya lo hice.

-Es una locura, la detective Inoue nos ha ayudado bastante –intervino Ishida.

-Parece que no lo suficiente, no veo a los asesinos tras las rejas o a tres metros bajo tierra.

Orihime estaba en silencio mirando al piso. En verdad no podía hacer nada al respecto, pero tampoco iba a quedarse de brazos cruzados. Perdería acceso a toda la información confidencial que le pudiera proporcionar la policía, pero en todo caso creía que podía trabajar con lo que sabía. Pensó en La Pantera. Había prometido que la ayudaría, y por alguna extraña razón, creía que eso era verdad. Tal vez incluso fuera mejor trabajar por su cuenta, así no tendría que darle explicaciones a nadie y no estaría sujeta a un reglamento. También implicaba más riesgo, pero estaba dispuesta a lo que fuera.

-Está bien, Ichigo. El agente tiene razón, después de todo no formo parte del equipo –respondió tratando de ocultar su sonrisa.

-¿Qué dices? No tiene sentido. No voy a dejar que…

Orihime lo jaló del brazo y le susurró al oído:

-Cierra la boca antes de que te saquen también a ti. Puedes mantenerme informada sin que lo sepan.

Ichigo asintió. Ulquiorra no dejaba de observarlos, pero finalmente se dio la vuelta y volvió a sentarse.

-En fin, de cualquier forma, quedo a su disposición –informó Orihime-. Buen día.

Salió de la oficina sin decir nada más y bajó lentamente las escaleras. Ulquiorra se puso de pie y se acercó a la ventana que daba a la calle. La cabellera anaranjada de la detective brillaba intensamente con el sol. Vio que se dirigía a su auto pero entonces se detuvo a unos pasos y sacó el celular. Volteó a ambos lados de la calle antes de responder. Parecía nerviosa.


Era él. Se había comunicado más pronto de lo que esperaba, y no sabía si eso eran buenas noticias. Escuchó su voz rasposa del otro lado de la línea y se aclaró la garganta antes de responder.

-¿Sucede algo?

-Tengo lo que necesito, detective. De hecho, quisiera reunirme para entregarle las pruebas, seguramente será algo interesante.

-¿Una reunión? ¿Hoy?

-Esto no puede esperar.

-Eh, bien –Orihime vio su reloj, eran casi las nueve de la mañana-. ¿A qué hora?

-A las tres, en el mercado de pulgas.

-El lugar es enorme, ¿en qué parte…?

-Yo la encontraré, no hay problema.

Orihime asintió, pero luego se dio cuenta de que el asesino no había visto el gesto.

-Bien, mercado de pulgas a las tres. Ahí estaré.

Grimmjow no respondió nada, simplemente colgó. Orihime guardó el teléfono y subió a su auto.


Yammy se acercó a Ulquiorra y se detuvo a su lado esperando a que dijera algo. Alcanzó a ver a Orihime entrando al auto. Se giró a la oficina para asegurarse de que no los escucharan. Ichigo y Uryuu habían salido hacía un momento.

-¿En serio vas a dejarla fuera del caso? Podría ser de ayuda.

-No estará enteramente fuera. Contrario a lo que piensas, yo también pienso que puede sernos de ayuda, sólo que ella no tiene idea de su función –sacó el celular y marcó un número, esperó en la línea-. ¿Y bien, lo tienes?

-No pudimos interferirla. Era un número privado –respondió la voz del otro lado.

-Ya veo, mantenme informado. Quiero saber todo lo que hace, a dónde va y con quién se reúne. Sean discretos, es muy astuta –dijo antes de colgar.

El auto negro con vidrios polarizados estacionado una cuadra más atrás de la estación de policía emprendió marcha y Ulquiorra lo observó alejarse por la calle desierta.

Continuará…

Bueno, en este capítulo, como ya notaron, aparecen más Szayel y Haschwalth. No quise enfocarme demasiado en ellos porque no son protagonistas, pero tampoco podía pasar por alto todo esto xD Es vital para el desarrollo de la trama. Y….bueno, ya saben, Ulquiorra ahora tiene a Orihime bien vigilada. ¿Qué pasará después? :o

En fin, gracias por leer, ¡hasta pronto!