Hola, chicos 7u7 gracias por sus reviews, los amo mucho. Disfruten el capítulo, ¡nos leemos pronto!

LA PANTERA

Capítulo 13: Gato encerrado.

Ichigo y Renji se reunieron en la entrada de la estación antes de salir. Habían acordado que irían a casa de Renji para cambiarse de ropa y pasar desapercibidos en el club, donde investigarían la pista de las proveedoras del Sternritter.

-Sólo espero que salga bien y no nos descubran –dijo Ichigo, el nerviosismo presente en su voz.

-Kurosaki –era Kensei-, uno de esos tipos del FBI necesita que vayas a la sala de interrogatorio número 1.

-¿Te dijo por qué? Voy de salida –anunció.

Kensei se encogió de hombros.

-Sonaba importante, será mejor que vayas –agregó antes de volver a su cubículo.

-Maldición –Ichigo volteó a ver a Renji-. Te veo en el auto, no me tardo.

Renji asintió y vio a Ichigo subir las escaleras a toda prisa.


Ulquiorra estaba sentado frente a Szayelaporro del otro lado de la mesa, encima había varias bolsas que contenían la evidencia recaudada en su casa rodante. Los dos estaban en silencio.

Yammy observaba la escena desde afuera a través del espejo unilateral. Vio a Ichigo aproximarse desde el pasillo y sin decir una sola palabra le abrió la puerta para que entrara. Ichigo entró desconcertado.

-¿Qué sucede? Estaba por irme a investigar algo del club –le dijo a Ulquiorra.

-Eso puede esperar. Creo que encontrarás este asunto más interesante –jaló la silla al lado de él, indicándole que se sentara.

Ichigo obedeció y vio a Szayelaporro por primera vez. Su extraño cabello rosa era muy llamativo.

-¿Quién es? –la pregunta era dirigida a Ulquiorra pese a que no le quitaba la vista de encima al otro.

Ulquiorra tomó el expediente de la mesa y lo leyó con expresión aburrida.

-Szayelaporro Granz, 28 años, sin oficio, sin capital, deudas al Estado, multas, una demanda y otros problemas que no son de mi interés.

Ichigo abrió los ojos sorprendido, ese era un buen resumen de una vida desdichada, considerando que el individuo no tenía ni siquiera los treinta años cumplidos.

-¿Sabes quién es él? –le preguntó Ulquiorra a Szayelaporro, quién únicamente dio un vistazo rápido a Ichigo y regresó la vista a Ulquiorra.

-No.

-¿No?

Señaló la laptop dentro de la bolsa transparente que reposaba encima de la mesa.

-Hace algunos días apareció una alerta de hackeo en el sistema de transporte y vialidad. Rastreamos el origen de la señal y dimos contigo. Investigaste las placas del auto del capitán Kurosaki y después le diste un vistazo a su vida personal. Un ramo de rosas en su puerta habría sido un toque más sutil.

-¿Que hizo qué? –Ichigo no cabía de asombro.

-Y por otro lado –Ulquiorra tomó el dispositivo y lo agitó en el aire-, tenemos este artefacto que utilizaste para robar un auto. Lo curioso es que no hemos recibido ningún reporte al respecto. Sospechoso, ¿no?

-No tengo idea de qué estás hablando –respondió Szayelaporro.

-Mentir a estas alturas cuando tenemos toda la evidencia no será de mucha ayuda –dijo Ulquiorra.

-No diré una palabra más sin un abogado.

-Un abogado –repitió Ulquiorra-. Alguien escuchó bien sus derechos.

Ichigo permanecía en silencio, sin comprender muy bien todavía de qué iba todo aquello.

-Hagamos esto –prosiguió Ulquiorra-: confiesa lo que hiciste y te ofreceré un buen trato. Por el contrario, si esto va a juicio me encargaré personalmente de que no te den menos de veinte años de cárcel. La ventaja es que no tendrás que pagar renta ahí dentro, ¿no es grandioso?

Szayelaporro lo fulminó con la mirada.

-Quiero un abogado –repitió.

Ulquiorra recogió el expediente y se puso de pie.

-Vamos a juicio entonces, le diré a la fiscalía que prepare todo. Espero que hayas disfrutado el sexo barato mientras tuviste la oportunidad, los chicos en prisión tienen prácticas diferentes.

Salió de la habitación y Kurosaki lo siguió.

-¿Qué fue eso?

-Un parásito en el organismo de Karakura.

-Me refiero a los cargos sobre la red de vialidad y transporte.

-Son tecnicismos nada más, Kurosaki. Granz investigó las placas del auto de tu padre y hurgó en la vida privada de tu familia. En resumen: sabe dónde viven, sabe lo de la muerte de Masaki, en qué escuela estudian tus hermanas, incluso sabe del año de servicio comunitario que hiciste cuando eras más joven. ¿Ahora entiendes el delito? Tratándose de un servidor público con el estatus de tu padre los cargos son serios. Eso sin sumar el hermoso historial de números rojos que tiene ese sujeto.

Ichigo se pasó una mano por la cara en señal de frustración.

-Dios mío... ¿cómo dieron con él?

-Le gustan las prostitutas. Lo único que tuve que hacer fue mandar un agente encubierto. Una de mis mejores chicas. No tardó ni dos segundos cuando ya le había abierto la puerta de su casa. Pan comido.

-No puedo creerlo –exclamó Ichigo-. Disculpe un momento.

Marcó el número de Renji y esperó en la línea.

-Abarai.

-Renji, surgió un problema con otro caso en la oficina. ¿Puedes encargarte del asunto del club?

-Seguro, llevaré a Hisagi.

-De acuerdo, mantenme informado.

-¿Necesitas algo? –Renji se refería al caso que Ichigo acababa de mencionar.

-Creo que no, primero tengo que saber bien de qué se trata.

-Está bien, hablaremos más tarde.

-De acuerdo, adiós –se volvió hacia Ulquiorra-. ¿Mi padre ya sabe de esto?

-Ahora mismo está en una reunión importante, es por eso que te llamé. Tú puedes responder en nombre de los dos ya que también te investigó a ti.

-¿Puedo hablar con él a solas? –Señaló a Szayelaporro a través del cristal.

-¿Por qué?

-Si quería indagar en mi vida debe tener un motivo. Tal vez pueda hablar con él y darle lo que necesita a cambio de una declaración.

Ulquiorra tomó en consideración la propuesta.

-Bien, tienes cinco minutos. De paso pregúntale si tiene un abogado o si tenemos que asignarle uno.

Ichigo se sorprendió al escuchar eso. Después de todo Ulquiorra estaba actuando de acuerdo a las normas y no iba a violar los derechos de Szayelaporro.


-Creo que ya sabes quién soy, pero me presentaré nuevamente. Soy el agente Ichigo Kurosaki, mi padre es el capitán y jefe de la estación de policía de la unidad de Karakura.

-¿Qué se supone que haga con esa información? –respondió Szayelaporro, consciente de que estaban monitoreando cada palabra que decía.

-Si es verdad lo que dijo Cifer, entonces estás en graves problemas.

-No diré nada más sin un abogado –repitió.

-De acuerdo, bien. Tendrás a tu abogado. Yo no estoy a cargo de tu caso, no voy a procesarte ni nada por el estilo, sólo quiero saber qué es lo que buscabas.

Szayelaporro no respondió. Pensó en Grimmjow, él era el que buscaba algo al pedirle ese favor, pero nunca se le ocurrió preguntar el motivo. Tampoco es que hubiera conseguido una respuesta, Grimmjow casi siempre actuaba en las sombras, rara vez dejaba a alguien entrar a su vida. Tal vez si lo llamaba podía explicarle todo lo sucedido.

-No quiero volver a repetirlo, "agente" Kurosaki. Cada segundo que tú o alguien más habla conmigo sin mi abogado presente es una violación a mis derechos.

Ichigo no podía creer lo que estaba escuchando. Se levantó claramente sin haber conseguido nada y se dirigió a la salida.

-¿Tienes un abogado al que quieras llamar o tenemos que asignarte uno?

-Tengo más deudas de las que puedo manejar, ¿tú qué crees?

-Bien, haré que llamen a uno.

Ulquiorra lo esperaba con los brazos cruzados y un asomo de sonrisa en el rostro. Observó su reloj con gesto teatral.

-Todavía tienes tres minutos, ¿quieres volver a intentarlo?

Ichigo negó con la cabeza y se recargó en la puerta.

-Qué pérdida de tiempo.


Bazz-B se puso la chamarra con el gorro antes de salir de casa de Haschwalth. Eran poco menos de las ocho, tenía tiempo de sobra para llegar al hotel acordado. Las indicaciones habían sido tomar calles secundarias, no hablar con nadie y no actuar sospechoso.

Más fácil decirlo que hacerlo cuando tenía las manos manchadas de sangre inocente.

Una fina lluvia comenzó a caer y Bazz se alegró. La lluvia significaba que habría poca gente en la calle, las probabilidades de que lo reconocieran y/o denunciaran eran escasas. El camino se le hizo eterno, tal vez no estaba preparado para dejar su vida atrás, o aquello que tenía antes de todo lo sucedido.

En la parte frontal del pantalón traía el arma que Haschwalth le había dado. Sólo en caso de emergencia, había dicho. En efecto, el metal contra su piel lo hacía sentir más seguro, pero al mismo tiempo deseaba no tener que usarlo.


Orihime se puso su chaqueta negra y salió por la parte trasera de la casa para evitar al agente que la estaba siguiendo. Para cuando se diera cuenta de que todo estaba demasiado calmado ella ya estaría muy lejos de ahí. Sólo por precaución dejó su teléfono, por si lo rastreaban se dieran cuenta de que seguía en la casa. Era arriesgado, pero necesario.

Caminó en silencio hasta el parque y de ahí al barrio chino. Era una larga distancia pero se le hizo corta por los nervios y la desesperación sobre lo que vendría a continuación. Palpó la Glock en su costado derecho y eso la calmó un poco. Todo iba a salir bien, el arma era sólo una medida de seguridad que no tenía intención de utilizar esa noche a menos que fuera absolutamente necesario.

Los edificios se empezaron a mezclar y se dio cuenta de que ya había llegado. El verdadero reto empezaba ahí. Desde estar al pendiente de la gente que la rodeaba hasta reconocer a la Pantera y a Bazz-B.

Se quedó de pie al lado de un local abandonado, mirando hacia todos lados. La luz de la calle todavía le permitía ver lo que ocurría, palpó una vez más el arma para tranquilizarse. Tenía libre el panorama y era imposible que no advirtiera cualquier señal de movimiento. No sabía a quién esperaba con más intensidad, a Bazz o a la Pantera.

Una voz la sacó de sus cavilaciones. Grimmjow estaba recargado en la pared del callejón con las manos en los bolsillos de la chaqueta. La luz de la lámpara le iluminaba la mitad del rostro y mantenía la otra mitad oculta en las sombras.

-¿Se aseguró de que no la siguieran?

-Sí –respondió Orihime volviéndose. Ya se estaba acostumbrando a que saliera de sorpresa de todos lados.

-El hotel del que hablaba Haschwalth está abandonado desde hace años. Estos callejones son un maldito laberinto, pero sé cómo llegar –caminó en círculos alrededor de Orihime, evaluando su reacción.

-¿Qué hay de Bazz?

Grimmjow señaló una calle que se bifurcaba frente a ellos.

-Ese camino nos llevará sin problemas.

-De acuerdo, andando –respondió.

Caminaron largo rato por los callejones del barrio chino. En efecto, era un laberinto. A Orihime todo le parecía idéntico, había perdido la cuenta de las veces que habían dado vuelta hacia la derecha o la izquierda. Se sentía incómoda caminando tan tranquila al lado de la Pantera. Sabía que estaban a sólo unos momentos de capturar a Bazz, lo que significaba que la tregua temporal que habían hecho se rompería inevitablemente. ¿Qué haría entonces? ¿Arrestarlo? ¿Dejarlo ir para seguir con ese estúpido juego? Pensó que lidiaría con eso más tarde, primero tenía que asegurarse de tener a Bazz.

Por fin llegaron a la calle en la que se encontraba el hotel. Era un edificio de cuatro pisos lleno de grafitis por fuera. La estructura parecía inestable.

-Se incendió hace tres años –le dijo Grimmjow al notar cómo veía el hotel.

-¿Qué pasó?

-Una pelea de mafias. Esa noche se hospedaba uno de los líderes de los Fullbringer. Los Quincy no perdieron la oportunidad para eliminarlo. Claro que en el proceso murieron decenas de personas inocentes, pero lograron su cometido.

Orihime no respondió nada. Tenía un nudo en la garganta. Cada que averiguaba algo más de lo que pasaba en esa zona, su valor disminuía. Era horrible, no había otra palabra para describirlo.

Grimmjow entró al edificio de enfrente y Orihime lo siguió.

-Aquí esperaremos a Bazz, cuando entre al hotel lo seguimos –Orihime asintió-. Por otro lado, ¿qué haremos si el otro sujeto, Askin, aparece primero?

Orihime no había pensado en eso. Askin era claramente un cómplice pero no podría explicar cómo dieron con él.

-No lo sé –fue sincera-, espero que Bazz llegue primero.

-Creo que es una posibilidad, él tiene más ganas de escapar por lo que supongo que llegará primero. Esa clase de actos revelan mucho de una persona –dijo Grimmjow.

Estaban ocultos detrás de una columna desde donde podían ver perfectamente hacia la entrada del hotel sin ser vistos.

-¿Es la única entrada? –Grimmjow asintió-. De acuerdo.

Esperaron unos minutos en silencio, afuera no había movimiento. Orihime podía sentir la respiración de Grimmjow en su nuca y comenzó a ponerse nerviosa. Se removió inquieta y Grimmjow sonrió al darse cuenta del motivo. Detrás de ella tenía vía libre a su nuca, tan blanca y suave como recordaba. Se inclinó un poco más para olfatear su fragancia pero Orihime dio un paso hacia adelante.

-Ahí está –susurró señalando la entrada del hotel-. Creo que es Bazz.

El aludido volteó a ambos lados de la calle y se quitó la capucha, revelando su corte mohicano tan característico. Se aseguró de que no hubiera nadie y entró al hotel. Ambos se acercaron en silencio y quedaron de pie enfrente de la puerta, esperando que algo sucediera.

-Andando, no puedo esperar para cortarle el cuello a ese hijo de perra –Grimmjow dio un paso dentro del edificio pero Orihime lo detuvo del brazo.

-¿De qué rayos habla? No vamos a matarlo. Agradezco su cooperación, pero yo me encargaré a partir de ahora.

-Se le olvida que yo fui quien dio con su locación y también el que sirvió de guía turístico por el barrio chino. Bazz-B es mío.

Orihime lo agarró de la solapa de la chaqueta y lo estampó contra la pared. Grimmjow la tomó del cuello pero Orihime fue más rápida; desenfundó la Glock y se la recargó en el pecho.

-He dicho que no. Puede pensar lo que quiera, pero las órdenes las doy yo. Voy a entrar ahí y voy a arrestar a Bazz-B. Luego le leeré sus derechos y regresaremos a la estación de policía. Si bien le va, puede reintegrarse en la sociedad cuando salga de prisión.

-Si me apunta con un arma más vale que dispare –exclamó Grimmjow enfurecido.

Orihime accionó el martillo sin moverse ni un ápice para demostrarle que tenía las agallas.

-¿Cree que no lo haría? Ya tengo a Bazz, ¿qué me impide matarlo a usted aquí mismo? Serían dos pájaros de un tiro.

Grimmjow la fulminó con la mirada pero no dijo nada. Orihime bajó el arma y entró en el edificio delante de Grimmjow. Todo estaba iluminado tenuemente, había recortes de periódico bastante viejos regados por el suelo. Las escaleras del hotel tenían forma de caracol y estaban pegadas a la pared, dejando un hueco en el centro que permitía ver hacia el lobby y seguía directo hacia el techo del cuarto piso. Todo estaba en silencio, únicamente se oían sus respiraciones.

Algo no estaba bien, Grimmjow estaba seguro de eso. Caminó detrás de la detective, que iba con el arma apuntando hacia adelante. La recepción estaba hecha un caos. Había un escritorio a punto de caerse en pedazos por la madera podrida. Las ventanas estaban sucias y cubiertas de periódico. Había restos de madera de algunas puertas, basura en las esquinas y grafitis en las paredes. El olor era nauseabundo: humedad, podredumbre y cañería, por no decir el resto.

Grimmjow volteó hacia las escaleras de caracol, la oscuridad no le permitía ver demasiado, pese a que estaba acostumbrado a actuar en ella. Detectó un brillo plateado demasiado familiar a la luz de la luna proveniente del segundo piso, se abalanzó sobre la detective y la tumbó a unos metros de distancia al tiempo que la bala impactó en su hombro derecho. Grimmjow gritó de dolor.

Orihime se levantó de prisa, aturdida. Recogió la Glock y disparó en dirección a las escaleras varias veces hasta que escuchó un grito y un objeto plateado cayó en cámara lenta hasta el lobby. Se acercó y vio que se trataba de una Smith & Wesson. Bazz había salido corriendo dos pisos más arriba. Orihime regresó con Grimmjow y se arrodilló frente a él.

-¿Le dio?

Grimmjow se sentó y sujetó su hombro. Su mano se llenó de sangre y corrió por sus dedos. Orihime lo giró para inspeccionar su espalda pero no vio el orificio de salida, la bala seguía adentro. Se quitó la chaqueta y se la puso a Grimmjow en el hombro, haciendo presión para contener la hemorragia.

-Sosténgalo así. Yo iré por Bazz –dijo.

Grimmjow la detuvo del brazo antes de que se fuera y la miró a los ojos.

-No se dejará arrestar. Tiene que matarlo.

Orihime se soltó y corrió a las escaleras sin decir nada. Subió con cautela sin dejar de apuntar. Revisó cada cuarto de cada piso. No había salidas de emergencia, Bazz tenía que estar ahí, sólo esperaba que no la tomara desprevenida. Llegó al cuarto piso y vio que el pasillo estaba desierto y había restos de periódico y jeringas tirados en el piso. Orihime abrió la puerta de la habitación muy despacio.

Bazz se abalanzó sobre ella sin darle tiempo de disparar. La tomó de ambos brazos y la estampó contra la pared antes de salir corriendo. Orihime lo siguió y lo aventó contra el barandal para detenerlo. Forcejearon unos momentos. La tomó del cuello con la mano herida y trató de quitarle el arma mientras Orihime luchaba por zafarse.

Si tan sólo tuviera un poco más de fuerza…

La bala impactó en el cuello de Bazz. La sangre salpicó por todos lados y manchó a Orihime por completo. Bazz la observó unos segundos y escupió sangre en su rostro antes de desplomarse en sus brazos. Orihime se sujetó del barandal para no caer y miró hacia abajo. Grimmjow estaba en el centro del lobby mirando hacia arriba. Tenía la Smith & Wesson en la mano izquierda. Se había puesto el guante para no dejar huellas. Soltó el arma y salió corriendo sin darle tiempo a Orihime de seguirlo.

Grimmjow había recibido un balazo en el hombro, había matado a Bazz-B y había salvado a la detective dos veces. No sabía si lo había hecho por venganza hacia el drogadicto o por un impulso de protegerla. Trató de convencerse de que había sido lo primero.


-¿Cómo estás? –le preguntó Ichigo dejando un café para ella sobre la mesa.

Orihime tenía restos de sangre en las manos y en la ropa. Se había lavado la cara en cuanto entró a la estación, pero no pudo sacársela por completo.

Flashback

Tan pronto como Grimmjow había corrido, Orihime se quitó el cuerpo de Bazz de encima y corrió escaleras abajo hasta el lobby. La pistola seguía donde mismo, pero no había restos del asesino ni de su chaqueta. Salió del edificio y caminó en ambas direcciones, sin encontrar absolutamente nada.

Regresó adentro del hotel y subió hasta el cuarto piso, donde los ojos sin vida de Bazz la observaban fijamente. Había un charco de sangre debajo de él que empezó a gotear hacia abajo. Se arrodilló y le cerró los párpados. Sus manos estaban empapadas de sangre. Se limpió lo que pudo en el pantalón y marcó a la comisaría con el celular de Bazz para que enviaran apoyo. Encontrarían su cuerpo junto con el arma. No podía decir ni una sola palabra acerca de la Pantera, pese a que había sido él quien lo había encontrado y la había salvado dos veces. Él era el verdadero asesino de Bazz, pero Orihime estaba dispuesta a decir que ella lo había matado en defensa propia siguiendo la pista de un contacto de las calles. Esa parte no era del todo mentira, aunque llamarlo "contacto" podía discutirse.

Fin del Flashback

Ichigo y ella estaban en la sala de interrogatorio número 2. Los forenses y el capitán recién regresaban de la escena del crimen. La prensa había comenzado a amontonarse en la entrada de la estación tan pronto como las patrullas habían llegado al lugar.

El cuerpo de Bazz fue llevado a la morgue para que lo analizaran. En esos momentos Mayuri se encargaba de esa tarea. Akon había revisado la Smith & Wesson en busca de huellas, pero únicamente habían encontrado las de Bazz. Sólo hacía falta rastrear el número de serie y podrían dar con el comprador del arma, aunque ya tenían una fuerte sospecha de quién podría ser.

Le habían hecho análisis de sangre a Orihime para asegurarse de que Bazz no la había contagiado de nada al escupirle en la cara.

-Parece que ya hay uno menos –prosiguió Ichigo al ver que Orihime no le respondía.

-Sólo…quiero irme a casa.

-Te prometo que no te entretendrán mucho. Sólo necesitas responder unas preguntas y yo mismo te llevaré a casa.

-De acuerdo –respondió Orihime tomando el café con manos temblorosas.

Momentos después entraron Isshin y Ulquiorra para interrogarla sobre lo sucedido. Orihime les contó todo, omitiendo las partes que involucraban a la Pantera, hasta que los llamó por teléfono.

-Gracias por su cooperación, detective. Sólo tiene que firmar la declaración una vez que lo transcriban, pero eso puede esperar hasta mañana. Ichigo, lleva a la detective a casa y asegúrate de que coma algo –ordenó Isshin.

Ichigo asintió y rodeó a Orihime del hombro, pero Ulquiorra los detuvo.

-Sólo hay una cosa que no entiendo, detective –Orihime lo observó sin saber a qué se refería-. Hay algunos huecos en su historia –sacó una carpeta y hojeó las notas-. Según usted, Bazz disparó una vez antes de soltar el arma, usted disparó ¿qué? ¿Tres, cuatro veces? Entonces corrió hacia el cuarto piso, donde forcejearon y finalmente le metió una bala en el cuello.

-Sí –respondió Orihime.

-Pero según el análisis de la Smith & Wesson, fue disparada dos veces. Encontramos el casquillo del primer disparo en el segundo piso, pero el del segundo disparo fue encontrado en el lobby. Tenemos la bala en el cuello de Bazz, pero hace falta una. ¿Se suicidó con su propia arma? ¿Acaso usted disparó la Smith & Wesson? No creo que sea el caso ya que sus huellas no estaban en el arma, pero si fue así, ¿por qué lo hizo? ¿Cómo fue que se transportó hasta el lobby para recogerla mientras forcejeaba con Bazz?

-Tal vez me equivoqué y disparó dos veces, todo pasó muy rápido. Tal vez el casquillo voló hasta el lobby en uno de los disparos -Orihime maldijo por lo astuto que era Ulquiorra, pero trató de convencerse de que no tenía nada concreto contra ella y que sólo trataba de hacerla hablar más de la cuenta.

-Tal vez, tal vez, tal vez. Tal vez no nos está contando todo –respondió Ulquiorra sin inmutarse-. Suponiendo que esto haya sido como dice, todavía no sabemos en dónde está la otra bala. Por lo que veo, usted está ilesa.

-Agente, ha sido una larga y dura noche para la detective. Dejémosla descansar por hoy y mañana podemos retomar el interrogatorio. Si quiere puedo mandar a mis agentes a que revisen la escena una vez más –lo cortó Isshin.

Ulquiorra y Orihime se observaron sin decir una sola palabra. Sabía que la detective estaba ocultando algo y estaba dispuesto a llegar al fondo del asunto.

-Por supuesto, capitán. Estoy seguro que esta no será la única noche difícil de la detective, ¿no es así?

Salió de la habitación sin esperar respuesta. Orihime suspiró y se dejó llevar por Ichigo hasta su casa. Se dio cuenta de que el auto del agente que la seguía ya no estaba.

-¿Quieres que me quede aquí esta noche? –le preguntó Ichigo al pie de la puerta.

Orihime negó con la cabeza. Sólo quería descansar y olvidarse de esa fatídica noche. Ichigo se despidió y le dijo que la vería al día siguiente. La detective preparó la bañera para quitarse los restos de sangre, no sabía si era sólo de Bazz-B o también de la Pantera. El agua caliente le relajó los músculos y cerró los ojos un momento, dejándose llevar por la sensación…

Un ruido de objetos cayendo la sobresaltó y salió a toda prisa de la bañera. Se envolvió en la toalla y tomó un palo de golf que tenía en el armario, la Glock había sido confiscada luego del episodio de esa noche. Caminó por el pasillo sin hacer ruido, dispuesta a sorprender al intruso antes de que éste la sorprendiera a ella. Una figura yacía en el piso de la sala sin moverse y respiraba entrecortadamente.

Orihime ahogó un grito cuando lo reconoció.

Era la Pantera.

Continuará…

TuT No sé por qué lo digo si yo fui la que lo escribió, pero, MALDITO ULQUIORRA. ¿Qué creen que va a pasar en el próximo capítulo? 7u7

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