Jajajaja no puede ser, estuve escribiendo tanto lemon estos días que me volveré loca. La trama de todas mis historias (las que están en emisión y otras que no he publicado) se juntó en ese punto y no puedo avanzar xD Qué cosas, después de esto me dedicaré a escribir puros fics Rated K. Mil gracias por los reviews, espero que les guste este capítulo ;) Hasta pronto, amores.

LA PANTERA

Capítulo 14: Sospechas.

Lo primero que hizo fue tirar el palo de golf y arrodillarse junto a él. La chaqueta de cuero estaba empapada, no sólo del agua de lluvia, sino de la sangre que manaba de su hombro. Había entrado por la cerca del jardín, la puerta corrediza seguía abierta, dejando entrar algunas gotas de lluvia. Orihime se apresuró a cerrarla y ayudó a Grimmjow a sentarse en el sillón, dudaba que pudiera sostenerse de pie un segundo más. Grimmjow hizo una mueca de dolor cuando la detective le quitó la chaqueta y la playera.

-Está perdiendo mucha sangre –exclamó.

Fue al cuarto por el botiquín y de paso a ponerse algo de ropa. Grimmjow tenía los ojos cerrados cuando volvió.

-Tengo que sacar la bala –tomó las pinzas y dudó un momento antes de acercarse. No tenía anestesia, ni siquiera un equipo decente de sutura, pero es que no todos los días había un herido en su sala requiriendo sus servicios.

-Hágalo rápido.

Orihime le pasó la botella de whisky y dejó que le diera un trago antes de ponerle un poco sobre el orificio. Grimmjow apretó la mandíbula y se agarró fuertemente al sillón. Orihime trató de hacerlo con cuidado, pero era bastante difícil dado que estaba muy enterrada. Removió las pinzas dentro de la piel hasta que sintió la pieza y la extrajo de un jalón. Por suerte no se había fragmentado. Aplicó un poco más de alcohol y limpió la herida antes de suturarla. Le colocó una gasa limpia sin prestarle mucha atención a la repentina cercanía de sus cuerpos.

-Bueno, sobrevivirá –dijo limpiándose las manos y poniéndose de pie.

-Apuesto a que lamenta eso –respondió Grimmjow.

-Si fuera de ese modo ni siquiera me habría molestado en curarlo.

Había dicho eso por impulso, pero no había sido ninguna molestia para ella. De hecho, le debía la vida. Dos veces. El asesino no había dudado en lanzarse contra ella para que Bazz no la hiriera. Le debía al menos un agradecimiento.

-Sobre lo que pasó en el hotel…

-No importa. Me tengo que ir –dijo Grimmjow poniéndose de pie. Se tambaleó un poco y Orihime lo volvió a sentar.

-No está en condiciones de ir a ninguna parte.

-Es sólo una estúpida herida. No tengo…

-Por favor.

Grimmjow suspiró resignado y desvió la mirada. La detective tenía razón, tenía que descansar un poco. Reparó por primera vez en el interior en la casa. Era bastante amplia y ordenada. Había muchos libreros, plantas decorativas, algunos cuadros, pero todo minimalista. Pensó que era una suerte que se hubiera olvidado de poner la alarma.

La mujer estaba sentada frente a él. Tenía puesta una playera gris que le quedaba grande y un short negro holgado. Sus curvas quedaban ocultas bajo el ropaje, pero de alguna forma se veía más ardiente. Grimmjow supo que la clave no era la ropa entallada ni reveladora, era la confianza que se tenía a sí misma lo que la hacía tan deseable. Su cabello estaba mojado todavía, se veía que acababa de salir de la ducha.

-Lamento haber llegado así –dijo a modo de disculpa.

-¿Qué sucedió? Cuando bajé las escaleras ya se había ido. Ni siquiera tuve tiempo de…agradecerle por lo que hizo.

-¿Ahora soy el héroe? –Se burló Grimmjow-. Hasta hace unas horas estábamos discutiendo sobre si debía matarme allí mismo o no. ¿Qué cambió, detective Inoue?

-Usted lo hizo.

Grimmjow se congeló al oír sus palabras, ciertamente no las esperaba.

-Yo no he cambiado –se puso de pie nuevamente, esta vez un poco más estable, y caminó por la sala.

-Claro que sí. Hace unas semanas la lista de chicas desaparecidas iba en aumento por su culpa, pero el día de hoy me salvó la vida, dos veces, sin importarle las consecuencias. Si eso no es altruismo entonces no sé lo que es.

-¿Qué está insinuando? ¿Que tuve una especie de conversión milagrosa? Soy un asesino, no está en mi naturaleza salvar personas.

-Sin embargo lo hizo.

Orihime se había acercado a él mientras discutían.

-Hubiera sido una lástima que ese imbécil quedara libre. Las cosas con Bazz se volvieron personales desde el momento que su nombre apareció junto con el mío en los periódicos.

-Eso no es excusa para recibir un disparo.

Grimmjow la tomó por el cuello y la acorraló contra la pared.

-Si cree que lo hice por usted, porque me cae bien o porque disfruto recibir balas en el hombro, está muy equivocada. El primer día que nos conocimos le dije que usted sería mi presa. La salvé por la simple satisfacción de acabar con usted yo mismo. Eso no ha cambiado.

-Puede tratar de convencerse de eso, pero ambos sabemos que no es cierto.

Grimmjow apretó la mano alrededor del cuello de Orihime, cortándole la respiración. Estaba enojado. No con ella, sino consigo mismo por haber flaqueado y actuar impulsivamente. No había pensado con claridad al ponerse frente al cañón, ni cuando disparó desde el lobby. Finalmente la soltó y retrocedió unos pasos. Orihime se sobó el cuello y lo fulminó con la mirada.

No sabía si quería seguir con ese juego del gato y el ratón. Era demasiado confuso. Al principio quería atraparlo y deshacerse de ese cáncer en la sociedad, le molestaba que saliera impune después de cada asesinato, y le dolía ver a las chicas en la plancha del forense. Chicas que tal vez no fueran del todo inocentes (¿en este mundo quién lo era?), pero que merecían algo mejor. Se había vuelto personal desde el momento en que hicieron contacto en ese edificio abandonado. Y cambió aún más cuando la salvó en el hotel. Quiso gritarle y reprocharle por haberlo hecho, pero ¿qué clase de persona desagradecida ataca a su salvador? Pero ¿era en serio un salvador? Le había dejado claro, una vez más, que planeaba acabar con ella con sus propias manos.

Algo en Orihime le decía que había una oportunidad de redimirse. El que fuera un asesino no quería decir precisamente que así lo había decidido. Podía tratarse de una patología tratable. Si tan sólo supiera el origen…

Orihime se acercó a Grimmjow con la gracia de una gacela y lo hizo sentarse en el sillón nuevamente. De repente el sueño y el cansancio se esfumaron para dar paso a su curiosidad. Grimmjow la intimidaba, eso era cierto, pero a la vez se le presentaba como un enorme acertijo que ansiaba descifrar. Lo observó con más detenimiento de pies a cabeza, deteniéndose en su musculoso pecho surcado de cicatrices y en su abdomen marcado. Era bastante atractivo, y al verlo semidesnudo no pudo evitar sentir un cosquilleo en la parte baja del vientre.

Ya había olfateado su fragancia y probado sus labios una vez. De pronto sintió que no eran el cazador y la presa, el asesino y la detective o el malo y la buena. Eran hombre y mujer, frente a frente, a un pelo de dejarse guiar por sus instintos. La naturaleza llamaba, el deseo creciente en su interior no podría ser contenido por mucho tiempo.

Grimmjow notó el cambio repentino. Sonrió de lado al descifrar la duda en el rostro de Orihime. Lo deseaba. Deseaba su cuerpo casi tanto como él el de ella. Se había mantenido al margen en cada encuentro, pero en la intimidad de su casa, cuando ya no tenía nada más que perder, decidió acceder a su petición implícita.


Ichigo regresó a la estación y subió a la oficina, donde encontró a su padre y a Ulquiorra, que ya lo había puesto al tanto sobre el caso de Szayelaporro Granz. Sinceramente no tenía idea de qué podía hacer al respecto. El hombre había violado las leyes de privacidad y tenía otros delitos irrelevantes para él, pero lo que lo carcomía por dentro era no saber por qué lo había hecho. ¿Simple entretención o tenía algún motivo del que no quería hablar? De igual forma su abogado iba a hablar con él, con suerte convencerlo de que confesara todo.

-¿Y la detective? –preguntó Isshin.

-La dejé en su casa. Dijo que iba a tomar un baño, no quiso que me quedara con ella.

-Si iba a tomar un baño, ¿por qué querría su compañía? –dijo Ulquiorra.

Ichigo enrojeció.

-No hablo de eso, maldición. Le propuse quedarme con ella para vigilarla.

-No tiene caso. Yo mismo mandé a alguien para vigilarla esta tarde, pero no pasó nada fuera de lo normal. Aunque ahora que lo pienso Zommari no se ha reportado en las últimas horas. Supongo que después de lo sucedido es obvio que salió de casa sin que se diera cuenta –Ulquiorra se quedó pensativo.

-¿Mandó a alguien a que la siguiera? –repitió Isshin, atónito.

-¿Siquiera pensaba contárnoslo?

-No, lo que yo haga o deje de hacer no es de su incumbencia. El FBI trabaja diferente.

-Trabaja con nosotros en este caso –dijo Ichigo.

-Créanme, mientras menos sepan, mejor.

-Y un carajo. Mi padre es el capitán aquí, él está a cargo.

-La detective Inoue dijo que había encontrado a Bazz gracias a un contacto, ¿verdad? –Prosiguió sin hacer caso de sus comentarios-. Eso es, ese supuesto "contacto" estaba en la escena del crimen. No pudo haber sido de otro modo porque la versión de ella tiene algunas cosas que no concuerdan. Digamos que ese contacto, por ser un tercero vamos a llamarlo "C", estuvo en la escena del crimen. Si la detective forcejeó en el cuarto piso, y la Smith & Wesson estaba en el lobby, C pudo haber disparado desde su lugar.

-No había más huellas en el arma.

-¿Qué tal si usó guantes?

-¿Qué caso tiene ayudarla para luego dejarla a su suerte? –exclamó Ichigo.

-Sin duda una buena pregunta, pero es la equivocada. Dejémosla para después. Lo que me interesa en este momento es saber en dónde está esa bala perdida. Piénsenlo un poco, no hay rastro de C y no hay rastro de la bala. Si tenemos el casquillo, sólo puede significar una cosa.

-¿Cree que alguien le disparó a C? –preguntó Isshin.

-No "alguien". Bazz-B le disparó a C antes de morir, y C mató a Bazz-B antes de huir.

-Suena bastante creíble –afirmó Isshin.

-Bien, sí, supongamos que C estuvo en la escena del crimen y que todo sucedió como dice -dijo Ichigo-. ¿Cuál es el siguiente paso?

-Es simple. Conseguimos la identidad de C.

-¿Hablamos otra vez con la detective? –sugirió Ichigo.

Ulquiorra sonrió.

-No, creo que ya han sido demasiado condescendientes con ella. Yo me encargaré de esto. No es nada personal.

Y salió de la oficina dando un portazo.


Grimmjow la tomó de las manos suavemente y la sentó en su regazo. Sus piernas a cada lado y su pecho subiendo y bajando a un ritmo calmado. Sintió la sangre correr hacia su entrepierna y el dolor del hombro disminuyó. Su cuello lo invitaba a probarlo, por lo que tuvo que concentrarse y no perder la paciencia. Sin romper el contacto visual se inclinó sobre ella y le puso la mano detrás de la nuca, acercándola cada vez un poco más hasta que sus labios se tocaron. Orihime enterró las manos en su cabello y profundizó el contacto, mordiendo su labio inferior y dándole paso a su insistente lengua.

Grimmjow la rodeó por la cintura con su brazo lastimado para atraerla hacia su cuerpo. Por un momento pensó que lo iba a empujar o a rechazar el contacto, pero sus dudas se disiparon cuando se quitó la playera y quedó desnuda de medio cuerpo para arriba. No llevaba sostén. Grimmjow pasó saliva fuertemente y se tomó unos segundos para observarla. Quería grabar esa imagen en su mente.

-Creo que después de todo tenía razón –confesó.

Orihime no sabía a qué se refería.

-Soy como el resto de los hombres -explicó Grimmjow-. Me gustaba pensar que era diferente en ciertos aspectos, pero en este momento no puedo pensar en otra cosa que no sea sexo.

Orihime pensó que lo que estaba diciendo era casi cómico; escucharlo rebajarse hasta un nivel "humano" cuando había exclamado ser un dios no tenía precio. Aunque de todas formas no estaba ahí para juzgarlo, ella no estaba exactamente en sus cinco sentidos y su racionalidad había quedado atrás desde el momento en que había aceptado trabajar con él lado a lado.

Se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja y con la otra mano masajeó uno de sus pechos, invitando a Grimmjow a que lo tomara. Recorrió la vista por el perfecto torso del hombre que estaba debajo de ella, cuyo abdomen parecía de piedra, su blanca piel contrastando con la oscuridad de la noche. Llevó su mano hasta su cuello, donde su cabello azul se encrespaba y las pulsaciones latían contra sus dedos.

Grimmjow succionó su pecho, enfocándose en endurecer sus pezones y sintiendo su cuerpo temblar encima de él. La piel era suave como de porcelana, y cálida a comparación de su actitud. Sentía su erección presionando contra el broche del pantalón. Tomó la mano de Orihime y la hizo sentir lo excitado que estaba.

Besó su cuello, sorprendido de no tener ningún impulso asesino en ese momento. Sólo quería fundirse con su cuerpo y olvidarse de todo. La detective gimió en respuesta y ladeó la cabeza para darle mejor acceso. Grimmjow se deshizo de sus botas, su pantalón y el short de la detective. Volvió a ponerla sobre él y empezó un vaivén de caderas, rozando su entrepierna por encima de la ropa interior.

Orihime podía sentir lo duro que estaba contra ella. Se movió lentamente y gimió cuando la punta tocó su clítoris. La poca ropa le parecía demasiado estorbosa, se desnudó por completo y sintió las manos de Grimmjow recorriendo cada centímetro de su cuerpo, acariciando sus piernas, apretando su cintura lo suficientemente fuerte para dejar una marca al día siguiente.

Grimmjow sonrió contra su cuello y llevó una mano hacia su entrada. Estaba húmeda, lista para lo siguiente. Acarició con una delicadeza impropia de él, ya que ansiaba sentirla a placer sin preocuparse por su rudeza. Quería decirle que estaba como una piedra y que quería enterrarse en ella, pero pensó que sonaría demasiado vulgar y todavía tenía una reputación qué mantener. Se imaginó a la detective susurrándole cosas sucias mientras lo cabalgaba y tuvo que concentrarse en no correrse ahí mismo. Orihime se movió y tomó su erección con una mano, acarició la punta y la longitud varias veces antes de guiarlo a su entrada, no podía esperar un segundo más.

Grimmjow entró en ella de golpe, al fin cediendo a sus instintos animales. Esperó unos segundos hasta amoldarse y recuperar la respiración. Orihime se agarró a sus hombros tratando de evitar su herida de bala y empezó a moverse arriba y abajo, arriba y abajo. La presión era exquisita y el calor embriagante. Sus cuerpos chocaban a un ritmo, el sudor cubriendo sus cuerpos.

Orihime lo contempló extasiada y abrió un poco más las piernas para darle mejor acceso. Grimmjow tenía el cabello pegado a la frente por la lluvia, sus ojos nunca perdiendo los de la detective. Azul contra gris, la lujuria presente en ambos. Volvió a besar a la detective y ahogó los gemidos en su garganta, que luchaban por salir de alguna forma al sentirse embargada por tantas sensaciones.

Orihime no entendía cómo aquel hombre podía hacerla sentir así de bien. Lo sentía duro y ardiente en su interior, entrando tan hondo que no tardaría en alcanzar ese punto clave de su éxtasis. Sus cuerpos se amoldaban a la perfección.

Grimmjow reunió fuerzas para salir de ella y la condujo al escritorio. La había dejado tomar el control por mucho tiempo, quería recordarle que él estaba a cargo y que estaba tomando posesión de ella en todo sentido. Con una mano tiró todos los expedientes que yacían sobre el escritorio, las fotografías de la escena del crimen así como sus notas sobre cada caso y la inclinó dándole la espalda antes de entrar en ella nuevamente.

Orihime arqueó la espalda y gimió tan alto que pensó que toda la cuadra la escucharía. Grimmjow salió de ella lentamente y luego se clavó con renovada fuerza. Cada embestida la llevaba al cielo y le nublaba el juicio. Arañó la madera en un intento de mantener los pies en la tierra. Se dejó llevar cuando Grimmjow aceleró el ritmo. Podía sentir su orgasmo acercándose con fiereza.

Cuando abrió los ojos cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo y con quién y se removió inquieta en el escritorio. Grimmjow seguía embistiéndola, ajeno a la crisis mental que estaba sufriendo. El sonido del timbre los hizo pararse en seco. Orihime volteó hacia la puerta y vislumbró una figura a través del cristal en la madera. Quiso levantarse para recoger su ropa pero Grimmjow le puso una mano en la espalda para que no se moviera.

-Se irá pronto –susurró en su oído.

El timbre volvió a sonar. No tenía idea de quién podía ser a esas horas de la noche, llegando a su casa sin avisar siquiera por teléfono, por lo que tampoco era probable que se tratara de una emergencia.

Grimmjow no estaba dispuesto a dejar el trabajo a medias. Cuando la detective quiso enderezarse una vez más la tomó de ambas manos y las sujetó a su espalda. La penetró con fuerza y ella se mordió los labios para no hacer ruido. Aceleró el ritmo hasta que sintió el espasmo en todo su cuerpo y gruñó en voz baja al salir de ella y correrse en su espalda. El pomo de la puerta se giró sin éxito, el seguro estaba puesto.

Grimmjow se alejó de ella y la observó recoger la ropa a toda prisa, sus piernas temblando con cada paso que daba. Se puso la playera y el short y pateó las bragas debajo del sillón.

-¡Ya voy! –gritó.

Abrió la puerta apenas unos centímetros y se sorprendió de ver a Ulquiorra parado frente a ella. Cruzó los brazos al sentir sus pezones erectos, el agente le dio una mirada inquisidora.

-Agente Cifer. ¿Puedo ayudarlo en algo?

-¿Estaba dormida?

-Eh, sí, por eso tardé en abrir –Orihime se pasó una mano por el cabello. Sintió que se le pegaba a la frente por el sudor y que su respiración seguía levemente agitada.

-Lamento molestarla a esta hora, pero es un asunto que requiere ser solucionado lo más pronto posible. ¿Puedo pasar?

-N-No creo que sea una buena idea -Orihime puso la mano en el marco de la puerta para impedir que entrara.

-¿Por qué?

-Bueno, es que…mi casa no está recogida, sería vergonzoso que…

-Espero que tenga una excusa más convincente.

-Eh, ¿tiene una orden?

Ulquiorra frunció el ceño.

-No, esto es extraoficial.

-¿De qué se trata?

-Sólo trato de atar algunos cabos sueltos –Ulquiorra pasó el dedo por el marco de la puerta-. Necesito aclarar algunas cosas de su declaración.

-¿Es eso? El capitán Kurosaki estuvo de acuerdo en que fuera mañana a firmar.

-El capitán Kurosaki no está a cargo del caso. Yo lo estoy. Le agradecería su cooperación, de otro modo lo tomaré como una obstrucción de la justicia y de la verdad.

Sonaba muy en serio. Orihime tragó saliva y volteó hacia adentro. En el recibidor no había nadie, pero no sabía si Grimmjow seguía en la sala.

-Espere aquí, sólo…deme un momento –pidió.

Cerró la puerta y corrió adentro. Grimmjow no estaba en la sala, tampoco la chaqueta manchada de sangre ni el botiquín. No había rastro de que ahí hubiera pasado algo, a excepción de los expedientes en el piso. Se dirigió a su habitación para ponerse una bata encima.

Ulquiorra abrió sigilosamente la puerta y entró a la casa de la detective. Sabía que estaba ocultando algo, y estaba dispuesto a averiguar lo que era. No le importaba si lo acusaba de allanamiento de morada, cuando encontrara evidencia suficiente para condenarla, nada de eso importaría.

La casa estaba en penumbra, reparó en los expedientes tirados en el piso, contrastando con el orden del resto de la casa. Vio algo negro en una esquina del sillón y se agachó a recogerlo. Eran las bragas de la detective. Sonrió involuntariamente. Esa mujer estaba llena de sorpresas.

Orihime salió del cuarto y se frenó cuando vio a Ulquiorra de pie en medio de la sala con su ropa interior en la mano.

Continuará…

Odien más a Ulquiemo, pero no demasiado. En el siguiente capítulo sabrán por qué.

Gracias por leer 7u7 hasta pronto.