Sobre el capítulo anterior, tal vez no planteé muy bien ese final, jaja. Orihime no se arrepintió (¿quién lo haría?), pero no sé si notaron que arriba dije que en ese momento dejó de verlo como asesino, depredador, etc, etc, y después recuerda quién es realmente. Se pone un poco incómoda pero no importa mucho ya que todo fue consensual; quería estar con él y por eso dejó que pasara. Espero haberme explicado bien, Kigen no Lawliet (muchas gracias por tu review ;) y de los demás que comentaron, los amo mucho).

Si hay alguna otra duda háganmelo saber, a veces en mi mente todo está claro pero no tanto para los lectores.

LA PANTERA

Capítulo 15: Distracción.

Orihime permaneció de pie frente a Ulquiorra, estaba congelada.

-¿Qué hace aquí dentro? Le dije que esperara afuera.

Ulquiorra avanzó hacia ella y le arrojó la ropa interior. Orihime la atrapó con una mano.

-No consideraría esto como un "desorden", detective. Tampoco los expedientes en el piso. ¿Qué fue eso? ¿Un ataque de ira porque la saqué del caso? Creí que se lo tomaría con más madurez.

-Voy a pedirle que salga de mi casa en este momento -exclamó Orihime recogiendo los papeles del suelo-. Mañana iré a la estación a primera hora y ahí podremos conversar.

-¿Conversar? –repitió mientras se acercaba peligrosamente.

Observó a Orihime con detenimiento. Se había puesto una bata azul encima, pero iba desabrochada y su pecho se marcaba a través de la playera. El short negro le llegaba arriba de medio muslo, dejando al descubierto sus largas y torneadas piernas. En un movimiento la tomó del brazo y la apresó contra la pared. Orihime forcejeó para zafarse, pero Ulquiorra agarró sus manos y las puso arriba de su cabeza.

-Sin duda su reputación la precede, detective. Pero ¿sabe qué más dicen de usted? Que es capaz de todo para salirse con la suya. Una larga lista de casos cerrados no puede deberse a su gran ingenio o a su buena suerte.

-¿No cree que pueda hacer mi trabajo mejor que ustedes? –Orihime sonrió.

-Lo que no creo es que todo suceda como usted dice que sucede. ¿Qué me dice de ese caso en Shibuya hace dos años? ¿En serio fue defensa personal o no pudo atrapar al asesino y le disparó para acabar con él? O ese otro en Tokio, ¿acaso se sintió identificada con las víctimas porque todas eran pelirrojas y por eso lo tomó personal? La lista sigue, podría pasar toda la noche desbaratando sus casos.

-No me interesa lo que haga. Largo de mi casa –gruñó Orihime.

-¿Por qué la dejaron seguir en la investigación de la Pantera? ¿Se estaba acostando con el hijo del capitán para conseguir beneficios e información? ¿Es por eso que no trae ropa interior esta noche?

Orihime se sonrojó y desvió la mirada, maldiciendo haber abierto la puerta en primer lugar.

-¿Di en el clavo?

-Ni de cerca.

Orihime levantó la rodilla para darle en la entrepierna, pero Ulquiorra fue más rápido y lo esquivó a tiempo. La giró de cara a la pared y pegó su cuerpo al de ella, tomándola del cuello por atrás y susurrando en su oído.

-Agredir a un agente es delito federal.

-Déjeme ir. Esto ya fue demasiado lejos.

-Apenas estoy comenzando, detective Inoue. ¿Por qué no me habla de ese contacto que le dio la ubicación de Bazz-B?

Pese a la situación, Orihime se rió. No sabía el nombre del asesino, no podría decírselo ni aunque quisiera.

Ulquiorra estaba perdiendo la paciencia, no tenía ningún dato en concreto sobre esa pista y no podría avanzar en ninguna dirección hasta hacerla hablar. Supuso que no era conveniente que aquella noche las cosas llegaran a más. Estaba seguro que tarde o temprano atraparía a la detective o encontraría algo suficientemente fuerte como para incriminarla. Sonrió de lado y se alejó de ella.

-Esto no ha terminado –exclamó.

Orihime lo fulminó con la mirada mientras se sobaba las manos.

-Yo creo que sí. Levantaré una queja mañana por acoso.

-¿Acoso?

-Es usted patético –escupió Orihime-. ¿Acaso se excitó por la cercanía? ¿Retrocedió porque no pensó que podría controlarse, agente?

Ulquiorra sonrió de lado.

-La espero mañana a las nueve para su declaración. Y esta vez nada de trucos o rodeos, quiero la verdad.

Ulquiorra dio media vuelta y salió de la casa sin esperar respuesta.

Pasados unos segundos Grimmjow salió de la otra habitación y no pudo evitar soltar una carcajada.

-Debo admitir que el bastardo es duro –confesó.

-Lo único duro fue su erección contra mi trasero –respondió Orihime molesta-. Esto no se quedará así.

-Me cuesta trabajo creer que ese flacucho la haya dominado de ese modo –siguió burlándose mientras se ponía la playera manchada de sangre. Hizo una mueca de dolor al levantar el brazo.

-Me tomó desprevenida, es todo.

Grimmjow sonrió, sabía que no admitiría ni en mil años que había perdido contra el agente.

-Como sea. Debo irme ya –Orihime abrió la boca para replicar pero la cerró de inmediato. El movimiento no pasó desapercibido para Grimmjow-. No se preocupe, no se librará tan fácilmente de mí. Estaré en contacto.

-Creo que lo mejor sería que dejáramos estas reuniones de contrabando por un tiempo. Con el agente Cifer encima de mí no creo poder atender sus llamadas y encuentros furtivos. Sería cuestión de tiempo para que lo encontrara.

-No si yo lo encuentro primero –sentenció Grimmjow.

Salió por la puerta trasera y brincó la cerca con un movimiento experto. Se perdió en la lluvia y la oscuridad. Orihime suspiró y cerró todas las puertas con seguro. No quería más visitas inesperadas por el resto de la noche.


Grimmjow llegó a su departamento en la madrugada. El frío le calaba en la piel, reparó demasiado tarde en que se le había olvidado su chaqueta en la casa de la detective, con las prisas por salir y el calor del momento ni siquiera se le vino a la mente.

Sonrió al recordar la sensación de estar dentro de ella, aunque al final todo había sido muy precipitado. Esperaba poder tener otro encuentro de ese tipo que pudiera culminar satisfactoriamente para ambos. La rapidez con la que había actuado cuando Orihime había abierto la puerta fue impresionante. No podía arriesgarse a que la visita entrara a la casa por una u otra razón y decidió esconder todo aquello que pudiera incriminarla. Desde el botiquín hasta la munición ensangrentada. La había tomado como recuerdo, no todos los días le disparaban y vivía para contarlo.

Se enfureció al recordar lo que había visto en su casa, la manera en que ese imbécil la había acorralado y cómo la había insultado repetidas veces. Quiso intervenir desde que lo vio recoger la ropa interior, estaba tocando algo que no debería tocar; la detective era suya, por lo tanto su ropa, su esencia y cada fluido que salía de su cuerpo también lo era. Se daba una idea aproximada sobre lo que habría pasado si descubría la evidencia. Tal vez noquearlo y desaparecerlo habría solucionado el problema, pero eso habría sido impulsivo y tendría consecuencias desastrosas. Además de que con el hombro lastimado no tenía muchas oportunidades.

Las miradas cada vez se enfocaban más y más en ellos, era indispensable que hiciera algo al respecto. Si no había dejado que Bazz se saliera con la suya, cuando su contacto con la detective había sido nulo, era cien por ciento seguro que no iba a dejar que ese arrogante malparido del FBI lo hiciera.

Despertó cuando escuchó el tono de llamada de su celular. Ya era de mañana pero todavía estaba muy cansado. Respondió sin fijarse en el nombre.

-¿Sí?

-Grimmjow –era la voz de Szayelaporro-. Estoy en problemas. O mejor dicho tú lo estás. Ambos, no lo sé, joder.

-Cálmate, ¿qué pasó?

-Estoy en la estación de policía –Grimmjow se sentó en la cama al escuchar esto-. ¿Recuerdas a Loly? Esa zorra me vendió, era un agente encubierto del FBI. No te atrevas a decir "te lo dije". No es el puto momento.

-¿Qué?

-Los cargos son por hackear la red y acceder a información confidencial del capitán Kurosaki y su familia. Además de una larga lista que no tengo que mencionar ya que la conoces muy bien.

-¿Hay alguien contigo? –A Grimmjow le preocupaba que Szayelaporro dijera algo comprometedor.

-No, sólo un guardia que me está viendo como si me fuera a comer. El agente se fue anoche y no ha vuelto el día de hoy.

-¿Qué agente?

-Era…n-no recuerdo…

-¿Cifer?

-Sí, eso. Cifer. ¿Lo conoces?

-Larga historia –se limitó a decir-. ¿Has dicho algo?

-¡Nada! No les he dicho nada –Grimmjow suspiró de alivio-. De todas formas no creo que les importe mucho la maldita confesión, tienen mi laptop y otras cosas como prueba. Llamaron a un abogado y acaba de llegar, le dije que quería hacer una llamada antes de empezar. Espero que tengas una buena explicación porque no pienso pasar el resto de mi vida en prisión.

-Bien, de acuerdo. No digas absolutamente nada, ni siquiera a tu abogado. Te lo explicaré todo más tarde.

-¿Más tarde? Eres un hijo de perra, no tengo todo el tiempo del mundo. Ese bastardo de Cifer me llevará a juicio si no confieso. Lo peor de todo es que no sé ni siquiera qué confesar. En primer lugar, ¿por qué querías que investigara al jefe de policía?

-Confía en mí. No hagas preguntas y no digas nada.

-Dijiste que tenías contactos en la policía, úsalos para sacarme de aquí con mi trasero intacto.

-Eso es justo lo que pienso hacer –dijo y colgó.

Grimmjow se dio una ducha rápida y cambió la gasa que estaba manchada de sangre. Tomó dos calmantes, todavía le dolía bastante pero podía soportarlo.

Sabía que Szayelaporro lo escucharía y haría exactamente lo que le dijera, así que no estaba preocupado por lo que sucediera hasta entonces. Vio que faltaban veinte minutos para las nueve, si la detective iba a ir a declarar como le había dicho Cifer seguramente ya estaría en camino a la estación de policía. Le marcó al teléfono especial y esperó en la línea.

-¿Hola?

-¿Quiere devolverme el favor de haberla salvado el día de ayer? –preguntó con una sonrisa, sabiendo que la detective no podría negarse-. No se preocupe, no hay que recibir ningún disparo esta vez. Prometo que será pan comido.

Orihime no respondió.

-Tomaré su silencio como una afirmación. ¿Está en la estación de policía?

-Apenas voy de camino.

-Perfecto. No haga preguntas y siga mis instrucciones al pie de la letra. Necesito que consiga la dirección del agente Cifer y que lo mantenga ocupado unos minutos. No deje que vaya a casa.

-¿Por qué?

-No haga preguntas.

-No estoy jugando. ¿Para qué quiere su dirección?

-Yo también tengo que devolver un favor.

-Es información confidencial, no me la dirá.

-No le dije que se la pidiera, dije consiga. Debe traer alguna identificación o algo que diga su información personal.

-¿Quiere que husmee en sus cosas?

-No me interesa cómo lo haga, pero hágalo –y colgó sin esperar respuesta.


Orihime suspiró frustrada y guardó el teléfono en su bolsa, mirando fijamente a la calle transitada. Las cosas cada vez se complicaban más y en parte se debía a que no le ponía un alto al asesino. La estaba manejando a su antojo y no sabía qué consecuencias traería.

Pedirme algo como eso, claramente está loco.

Se estacionó afuera de la estación y bajó del auto. El edificio se erguía frente a ella y era la primera vez que la intimidaba la idea de entrar. Después de lo ocurrido la noche anterior todo sería diferente, diez veces más incómodo, y de alguna forma más peligroso.

Uryuu estaba en el primer piso hablando con Kensei. Cuando la vio se acercó para saludarla.

-¿Vienes por lo de la declaración?

-Sí, ¿sabes en dónde están esos agentes del FBI?

-Sólo vino Cifer, o al menos es el único que ha llegado. Está con Ichigo y con el capitán en el área de interrogatorio. Al parecer ese sujeto ya está con su abogado.

Orihime no sabía a lo que se refería pero asintió de todas formas. Si los tres estaban ocupados y Uryuu estaba en el primer piso significaba que la oficina estaba vacía. Tal vez Ulquiorra había dejado su maletín y eso le daba la oportunidad perfecta para buscar su dirección.

-Gracias –se dirigió a las escaleras y subió a toda prisa.

No tenía mucho tiempo, si alguno de ellos decidía regresar antes se metería en problemas. Cerró la puerta detrás de ella y buscó algún maletín con la mirada. Estaba el de Ishida y el de Ichigo, encima de otra silla junto al escritorio había otro. Cuando lo abrió encontró algunos papeles oficiales, expedientes de otros casos y otros documentos que no le interesaban.

-Por favor, tiene que haber algo.

Encontró una copia de su identificación y la sacó victoriosa. Justo en ese momento sonó el celular y respondió de inmediato.

-¿La consiguió?

-Sí –Orihime le dio la dirección, aún sin saber para qué demonios la quería.

-Perfecto, no esperaba menos de usted.

-¿Qué es lo que planea?

-No haga preguntas. Asegúrese de mantenerlo ocupado por un rato.

-Esto no me gusta nada. Podría meterme en problemas por revelarle esta información.

-Podría meterse en problemas por el simple hecho de estar hablando conmigo, pero no nos preocupemos por eso. Ahora, ¿puede hacer lo que le pedí?

-¿Qué demonios le voy a decir? Y ¿a qué se refiere con "un rato"? ¿Una hora, dos, tres?

-Sea creativa, estoy seguro de que tienen mucho de qué hablar.

Orihime sacudió la cabeza. Escuchó pasos en la escalera y guardó la hoja nuevamente en el maletín. Colgó y retrocedió al tiempo que la puerta se abrió. Ulquiorra se le quedó viendo atónito. Sin duda no esperaba encontrarla allí.

-Detective –saludó fríamente.

-Buen día –respondió nerviosa, carraspeó antes de continuar-. Supuse que quería verme en la oficina para lo de la declaración.

Ulquiorra miró su reloj.

-Son las nueve, su puntualidad es impresionante.

Orihime asintió y se sentó detrás del escritorio. El silencio era incómodo. No podía continuar con la actitud agresiva que había mostrado, si quería mantenerlo ocupado primero tenía que ganarse su confianza y entablar una conversación más o menos normal.

-Eh…sobre lo de anoche…creo que empezamos con el pie izquierdo. Era un mal momento, tenía muchas cosas en la cabeza por todo lo que acababa de pasar –dijo en voz baja.

Ulquiorra no respondió nada. Sacó unas hojas del escritorio y empezó a escribir sin prestarle atención.

-Olvidemos que todo eso pasó –continuó Orihime en un intento de calmar las cosas.

De nuevo no hubo respuesta.

-Eh… ¿c-cómo va el caso?

-No hay progresos hasta ahora.

¿Se refería al de la Pantera o al que había mencionado Ishida? Movió los pies arriba y abajo. Ulquiorra la estaba ignorando descaradamente, tal vez estaba avergonzado por su comportamiento de la noche anterior y esa era su forma de demostrarlo, o tal vez era un hijo de perra al que no le importaba y esa era su forma de demostrarlo. Se inclinaba más por la segunda opción.

El segundero del reloj seguía avanzando y empezó a ponerse nerviosa. ¿Qué debía hacer? El asesino contaba con su cooperación, no le había dado oportunidad de rechazar su petición. Debía actuar rápido, pero no sabía cómo abordar el tema sin sonar desesperada o culpable.

Bien, Orihime, si el ingenio no funciona usa tu siguiente arma más poderosa.

Se puso de pie y se quitó la chaqueta con un movimiento lento, revelando sus curvas marcadas por la blusa verde y la falda negra entallada que llevaba puestas. Orihime estiró los brazos y giró su cuello como si se estuviera desperezando. Ulquiorra levantó la vista por un segundo apenas y reanudó su tarea.

Orihime caminó por la oficina y se detuvo frente a la ventana recargando su peso en una pierna y con una mano en la cintura.

-¿Ya terminaron de analizar el cadáver de Bazz-B? –preguntó para guiar la conversación hacia donde quería.

-No puedo revelar información de ese tipo.

Orihime sonrió y se acercó a Ulquiorra.

-No hay problema, sólo era una pregunta…extraoficial.

-Las preguntas las haré yo, detective.

Le indicó con una mano que se sentara en la silla, pero Orihime se recargó en el escritorio y movió los papeles para sentarse sin romper el contacto visual. Ulquiorra la intimidaba de una forma diferente. Su expresión monótona la hacía preguntarse qué pasaba por su cabeza. Al menos con la Pantera podía saber si estaba disfrutando el momento o deseando romperle el cuello.

Ulquiorra era un enigma.

Pero también era un hombre.

Ulquiorra se recargó en la silla cuando la detective se sentó sobre el escritorio. Sus piernas estaban a pocos centímetros de sus manos, sólo tenía que estirarse un poco para tocar esa suavidad que lo invitaba desde la noche anterior. Los dos primeros botones de su blusa estaban desabrochados y daban una buena vista de sus pechos atrapados en el sostén de encaje. No sabía lo que estaba planeando, o si estaba planeando algo en realidad. Recorrió su cuerpo con la vista y se detuvo en la estrecha cintura, bajó a sus caderas y tragó fuertemente cuando ella cruzó la pierna.

Sintió la sangre correr a su entrepierna y puso la carpeta en su regazo. Orihime pareció darse cuenta y ensanchó su sonrisa. Se giró de cara a él y se quitó el tacón derecho. Subió lentamente por su pierna desde la pantorrilla hasta el muslo, tiró la carpeta al piso y lo acarició con la punta por encima de la tela. Ulquiorra ahogó un gemido y se tensó en el asiento.

Orihime percibió su dureza y se detuvo. Se le ocurrió que podía intercalar sus movimientos con un poco de charla.

-¿No iba a hacerme unas preguntas?

Ulquiorra recogió la carpeta y la dejó sobre el escritorio.

-¿Quién es la persona que le dio información de Bazz-B?

-No sé su nombre –respondió.

-Es mentira.

-Es la verdad.

-¿Cómo lo contactó?

-Coincidimos un par de veces.

-¿Por qué se escabulló de casa cuando supo que la estaban siguiendo?

-¿Usted no lo habría hecho?

-No responda con preguntas –exclamó molesto.

Orihime se recargó hacia atrás y pasó su cabello hacia un lado. Ulquiorra se puso de pie y la tomó de las piernas colocándose en medio. Ya había tenido suficiente de charla sin sentido, no estaba llegando a ningún lado y la presión en su pantalón se intensificaba a cada segundo. Acarició sus piernas hasta el dobladillo de la falda, deleitándose con su suavidad. Orihime acarició su pecho y bajó lentamente hasta su pantalón. Acarició el borde del cinturón y siguió su camino hasta el cierre. Ulquiorra quiso desabrochárselo pero ella le sostuvo las manos y en cambio lo acarició por encima a un ritmo tortuoso.

Ulquiorra enredó su mano en el cabello de la detective y la besó sin previo aviso. Su lengua insistente contra sus labios, saboreando cada centímetro. Le dio una mordida y Orihime jadeó y luchó por separarse. Ulquiorra la miró confundido.

-Hablaba en serio cuando le dije que no sabía el nombre del contacto –respondió Orihime-. Tampoco sé dónde vive, pero puedo tratar de localizarlo.

Ulquiorra la miró dubitativo. No era lo que esperaba, pero si la detective le había dado la punta del cordón lo único que tenía que hacer era jalarlo para deshacer poco a poco la madeja. Era una oferta de tiempo limitado, lo supo de inmediato. Y tiempo era justamente lo que no tenía, no con el caso de Szayelaporro Granz. De igual forma podía retrasarlo un par de horas, el bastardo no iba a ir a ningún lado.


Grimmjow llegó a la dirección más rápido de lo que esperaba. La abertura del buzón era pequeña, pero el frasco cabía a la perfección. Cuando lo dejó caer se aseguró de escucharlo romperse y después se alejó unos pasos para encender la mecha. Tardaría unos segundos en consumirse, lo que le daba el tiempo necesario para alejarse sin levantar sospechas. Dejó la nota en el buzón y se fue de ahí.


Cuando Ulquiorra se acercó a besar su cuello el teléfono en su bolso sonó y por poco le da un infarto. Era el número privado. Ulquiorra se separó de ella.

-¿No va a responder?

-Eh, no. No es nada importante.

-Responda el maldito teléfono –dijo agarrándose el puente de la nariz al tercer tono.

Orihime se bajó del escritorio y caminó con paso tembloroso hasta el teléfono. Presionó el botón de responder y se lo pegó a la oreja.

-¿S-Sí?

-Todo listo, detective. Puede finalizar la maniobra de distracción –exclamó Grimmjow.

-¿Qué pasó?

-Dejaremos que las cosas tomen su curso, yo me encargaré a partir de aquí –dijo y colgó.

Orihime guardó el teléfono y observó a Ulquiorra por el rabillo del ojo.

-Era una amiga. Me dijo que su hermano tuvo un accidente.

-¿Por qué la llama a un teléfono privado?

El teléfono de Ulquiorra sonó en su bolsillo. Tomó la llamada sin dejar de ver a la detective.

-Sistemas de Seguridad, ¿es usted Ulquiorra Cifer?

-Sí.

-Solicito su código de usuario para proceder.

-0488UC36.

-Acabamos de recibir una alerta de incendio de su casa. Si usted está en casa y corre peligro enviaremos ayuda de inmediato, si la alarma se encendió por accidente o falla técnica enviaremos a alguien de la empresa para revisarla.

-No estoy en casa pero en seguida voy para allá.

-En breve enviaremos a un agente de la compañía.

-Gracias –Ulquiorra colgó el teléfono.

Orihime lo miró en silencio. En cuanto había escuchado la palabra "casa" supo que algo no estaba bien.

-Tengo que irme –exclamó tomando su bolso y saliendo a toda prisa de la oficina.

Chocó con Ichigo en las escaleras pero no se detuvo. Ulquiorra lo vio entrar a la oficina con aire confundido.

-Era la detective, ¿verdad? No la vi llegar, parece que lleva prisa.

Ulquiorra tomó su maletín de la silla y notó algo extraño en el acomodo de los papeles. La copia de su identificación oficial no estaba igual a como recordaba haberla dejado, estaba entre los documentos del FBI y no en los personales.

-¿Todo bien? ¿Qué pasó con la detective? –preguntó Ichigo.

-Es lo que voy a averiguar –respondió Ulquiorra antes de salir de la oficina.

Cuando llegó a su casa vio el auto de la compañía de seguridad. Abrió la puerta y vio que había un frasco roto, olía a gasolina, probablemente era lo que había ocasionado el incendio. Las esquinas de sus muebles estaban quemadas y también parte de su sillón. La alarma antiincendios había hecho su trabajo a tiempo, pero era una desventaja que no cubriera cada metro cuadrado de la vivienda.

Cuando terminó de dar declaración llamó al agente de seguros. Se acercó al buzón y vio que la palanca estaba levantada. Esa misma mañana la había revisado y no tenía correspondencia. Dentro había un sobre blanco sin sello postal, lo que significaba que lo habían entregado personalmente.

Sacó la hoja y vio que sólo contenía unas cuantas líneas escritas en computadora.

"No me conoces pero yo a ti sí. Estás más cerca de lo que crees. Reúnete conmigo esta noche a las 10:00pm en el barrio chino. Si llevas a alguien, lo sabré."

Continuará…

Tuve que hacer un esfuerzo por odiar el UlquiHime en este fic jajajaja. Dejen su review, hasta pronto xD