Chicooooooos, muchas gracias por sus reviews, no tienen idea de lo feliz que me hace ver que les gusta la historia y que los mantiene en suspenso. Mi mayor miedo es el aburrimiento jaja, creo que hasta ahora no ha pasado. Espero que les guste, nos leemos pronto.

LA PANTERA

Capítulo 16: Ajuste de cuentas.

Ulquiorra regresó a la estación cerca del mediodía, había hecho que analizaran huellas en el buzón y en el frasco que había encontrado, pero no había nada. La persona que lo había dejado era muy astuta y precavida.

Se encerró en la oficina y se dejó caer en el sofá, contemplando la nota. Pospuso cualquier asunto relacionado con el caso de Szayelaporro y con la declaración de Orihime, que se había ido a casa dejando todo a medias. Ulquiorra necesitaba conseguir esa pista que le faltaba, pero por el momento su mente estaba ocupada en otra cosa. El resto del grupo de investigación ya estaba al tanto de lo que había pasado y esperaban instrucciones.

La manera en la que ese sujeto había dejado la nota significaba que no tenía reparos con nadie, ni siquiera con él, que era un agente federal. Y lo más intrigante era que sabía que de alguna forma estaba conectado con la detective. No se había tragado ese cuento de "el hermano de mi amiga tuvo un accidente". Todavía no decidía lo que haría respecto a ella, pero era seguro que tarde o temprano descubriría su conexión con los hechos. Ya estaba cansado de ese juego de estira y afloja. Y lo que más le molestaba era que la desgraciada efectivamente conseguía lo que quería. Desde que la conoció se habría prometido que no se involucraría con ella, pero al verla tan dispuesta no pudo resistirse.

Le dio muchas vueltas a la reunión sobre la que hablaba la nota. Estaba por descontado que tenía que ir si quería saber de qué se trataba, pero no pensaba jugar bajo las mismas reglas; era un agente entrenado, si algo había aprendido a lo largo de sus años de servicio era que nunca debía actuar solo. Esa noche atraparía al responsable, o al menos uno de ellos, y su instinto le decía que sería un pez gordo.


Tatsuki salió del dojo por la tarde y se dirigió al mercado para hacer las compras. En uno de los puestos vio cajas de dango y sonrió al recordar a la persona que le gustaban. A pesar de no haber hablado con Orihime en meses, la recordaba de vez en cuando con cosas como aquella. Hasta la fecha no sabía bien por qué se habían distanciado tanto. No habían discutido o algo por el estilo. Decidió que podía llegar de sorpresa a su casa para hablar y ponerse al tanto de la vida de la otra. Estaba emocionada por contarle sobre su vecino. No era algo exactamente amoroso, pero estaba interesada en él a pesar de que la había rechazado un par de noches atrás. Requería un consejo de amiga para saber qué debía hacer a continuación. Esperaba que todo saliera bien, la extrañaba demasiado y al menos quería saber si se encontraba bien.

Tomó el tren y en cuestión de minutos llegó a su destino. Caminó un rato hasta la colonia donde vivía la pelirroja y se alegró de ver su auto estacionado afuera. Significaba que todavía vivía ahí y que estaba en casa. Tocó el timbre y escondió la caja de dango detrás de su espalda, esperando.

La puerta se abrió unos centímetros y Orihime se asomó por la cadena. Se asombró mucho cuando vio a Tatsuki y se apresuró a abrir por completo.

-¡Tatsuki! –exclamó estrechándola entre sus brazos. La morena respondió el gesto y sonrió.

-Orihime, ¿cómo has estado?

-No esperaba tu visita. Bien, gracias. Eh, pasa –se movió para que entrara y cerró la puerta.

Tatsuki se dejó caer en el sillón como en los viejos tiempos y le extendió la cajita de dango.

-¡No es posible! Tenía mucho tiempo sin comer de éstos –no esperó más y devoró unos cuantos en segundos.

-Lo supuse.

Orihime se levantó para preparar limonada mientras seguían charlando. Le contó que estaba investigando un caso para la policía pero no entró en detalles. Tatsuki le dijo que las cosas en el dojo iban de maravilla, que los niños aprendían muy rápido y que probablemente muy pronto irían a un torneo nacional.

-¡Es grandioso! Me alegro mucho.

-Yo también. Pero oye, eso no es exactamente de lo que quería hablar –le dijo desde la sala.

Se levantó y observó el librero, las pinturas en las paredes y los pocos retratos que tenía, uno con ella, otro con su familia de cuando era pequeña y el otro cuando había obtenido su placa.

-Dime, te escucho –respondió Orihime desde la cocina.

-Conocí a alguien –comenzó Tatsuki-. Bueno, no es exacto decir que lo conocí. La verdad es que ya teníamos tiempo de conocernos, es mi vecino. Y bueno digamos que…hace unos días lo invité a cenar y...no sé, quise pasar al siguiente nivel pero las cosas no se dieron –soltó una risita.

-¿En serio? ¿Están saliendo?

-Eh, no, esa es la cuestión. Su forma de ser es bastante…reservada –dejó el cuadro en el librero y se giró de nuevo a la sala. Vio un bulto encima de uno de los sillones y se acercó. Vio que era una chaqueta de cuero, extrañamente familiar…

Se inclinó para tomarla pero en ese momento apareció Orihime con los dos vasos y se le quedó viendo.

-Ah, eh, lo siento por el tiradero –dejó los vasos en la mesita y se apresuró a tomar la chaqueta. No podía dejar que la viera manchada de sangre y con un orificio a la altura del hombro.

Tatsuki frunció el ceño pero lo dejó pasar. Seguramente había miles de chaquetas iguales en Karakura. No significaba absolutamente nada.

-¿Qué me decías? ¿Es muy reservado?

-Sí, algo. No tenemos mucho tema de conversación. Además de que casi no lo veo. Nuestros horarios no coinciden mucho, únicamente nos encontramos en la lavandería o en las escaleras ciertos días.

-Deberías invitarlo a salir. Vayan a cenar, hay buenos restaurantes por aquí.

-¿No crees que me vería muy lanzada?

Orihime soltó una carcajada.

-Si algo he aprendido de los hombres es que a veces no se atreven a dar el primer paso y nosotras tenemos que hacerlo.

Tatsuki también se rió.

-Creo que tienes razón. Pero no lo sé, ¿qué tal que no quiere?

Orihime le puso una mano en el hombro.

-No creo que sea el caso. Eres maravillosa, es un idiota si no puede ver eso.

Tatsuki asintió.

Pasaron el resto de la tarde hablando de cosas sin sentido. El mundo parecía ahora muy ajeno a ellas dos, no importaba el dojo, ni la Pantera ni la estúpida investigación. Definitivamente necesitaban un tiempo de calidad.

Casi a las ocho Tatsuki se puso de pie y se despidió. Se sentía renovada, después de su charla con Orihime estaba más segura de lo que quería hacer respecto a Grimmjow. Prometió llamarla en la semana para salir y después regresó a su departamento.

El teléfono privado sonó y Orihime se apresuró a responder, había muchas cosas que quería decirle al asesino respecto a lo que había pasado esa mañana.

-Detective –la saludó con voz jovial.

-Nada de "detective". ¿Qué sucedió con Ulquiorra? Lo llamaron y mencionó algo de su casa, tuve que salir de ahí, no aguanté la presión –gruñó.

-Ah, sí, eso. ¿No sabe lo de la reunión entonces? Le dejé una nota en su buzón en la que le decía que nos reuniéramos hoy en el barrio chino.

-¿Es broma? Tiene que serlo…Si esa reunión se consuma usted será un hombre tras las rejas o muerto.

-Creo que puedo con él sin problemas, además le pedí que viniera solo.

-No entiende nada, ¿verdad? Jamás accedería a sus términos. Si no lleva a todo el maldito escuadrón SWAT sería una sorpresa.

-No hay nada que temer, sólo quise saldar algunas cuentas.

-¿Saldar algunas cuentas? Claro, porque un asesino y un agente federal se reúnen para eso. Dios, ¿en qué estaba pensando? Es demasiado arriesgado.

-Yo me encargo. Necesito que haga otra cosa por mí.

-¿En qué maldito momento me incluyó en su nómina? No recibí el memo que decía que trabajaba para usted.

-Relájese, será algo sencillo. Si dice que Ulquiorra o como se llame llevará a toda la maldita Guardia Nacional a la reunión quiere decir que la estación estará desierta.

Orihime suspiró y se pasó una mano por el cabello, frustrada. La siguiente pregunta sería su condena.

-¿Qué debo hacer?

Grimmjow reprimió una sonrisa aunque la detective no pudiera verlo. Estaba a punto de hacer algo que cambiaría las cosas por completo. Revelaría una parte de su vida que sin duda ataría muchos cabos sueltos. Sin embargo confiaba en que todo saliera bien.


Ulquiorra hizo una reunión con los agentes de la estación, incluido el capitán y su hijo. Después de haberles informado lo de la nota decidió que era su oportunidad para tratar de atrapar al responsable. Se dividieron en grupos para abarcar toda la zona y el Alcalde le había dado permiso para llevar más agentes del FBI.

Guardaron las armas en las camionetas y todos se colocaron los chalecos antibalas. Algunos llevaban equipo antimotines en caso de que se tratara de una emboscada o algo parecido. Ulquiorra vio el reloj, era poco más de las ocho, todavía tenía tiempo para ultimar detalles. Arrugó la nota en su mano y subió a la oficina ignorando la mirada inquisidora que le dirigió Ichigo. Sin duda tenía muchas preguntas que no podía responder en ese momento.

El abogado de Szayelaporro salió de la habitación, frustrado. El pelirrosa no había dicho absolutamente nada y no podía trabajar a partir de eso. Acordó ir al día siguiente para ver si el cliente estaba de mejor humor. A veces odiaba su trabajo.

Szayelaporro fue llevado nuevamente a las celdas. No opuso resistencia y simplemente se acostó en la fría y dura cama que había, mirando hacia el techo y preguntándose en qué maldito lío se había metido. Grimmjow le había dicho que confiara en él y eso haría, pero no sabía hasta dónde sería capaz de aguantar.


Tatsuki llegó a su departamento a las ocho y media. Después de su charla con Orihime había decidido que iría con Grimmjow y lo invitaría a salir. No había podido esperar hasta el día siguiente y en cuanto dejó sus cosas en la sala salió nuevamente para ir a visitarlo. Esperaba no molestarlo por la hora, no era muy noche pero tampoco sabía exactamente qué hacía por las tardes o si llegaba muy cansado. Tocó el timbre y esperó pacientemente.

Grimmjow se levantó del sillón cuando escuchó que llamaban. Barrió con la vista todo el lugar para asegurarse de que no hubiera nada que lo incriminara y finalmente se dirigió a la puerta. Se asomó por la mirilla y reconoció a su vecina. Maldijo en voz baja y se tomó unos segundos antes de abrir.

-Tatsuki –saludó brevemente.

-Hola –sonrió la morena-. Lamento molestarte a estas horas, ¿estás ocupado?

-Eh, no, para nada.

Tatsuki movió ligeramente los pies de un lado a otro.

-¿Puedo…puedo pasar?

Grimmjow asintió confundido y se hizo a un lado. No estaba de humor para visitas, pero no quería ser grosero y parecer sospechoso. La vio caminar hasta el sillón, usaba una falda negra y una blusa roja de manga tres cuartos. De inmediato supo a qué había ido.

Tatsuki esperó hasta que Grimmjow cerró la puerta y lo encaró.

-Quiero invitarte a salir –exclamó sin tapujos. Grimmjow abrió los ojos muy sorprendido, eso era algo que definitivamente no esperaba.

-¿Qué? –había oído bien, pero la pregunta salió sin querer.

-Pensé en ir a cenar o algo así. Incluso podríamos ir al cine, hay un estreno mañana –se puso nerviosa, había hablado muy deprisa-. Claro que no tienes que ir si no quieres –añadió al ver la confusión en su rostro.

-La verdad, Tatsuki...

No sabía cómo decirle que no estaba interesado. Estaba demasiado obsesionado con su relación con la detective Inoue como para permitirse una distracción de ese tipo.

Tatsuki agachó la mirada y asintió. Ahora lo entendía mejor. El rechazo del otro día no era porque no estuviera de humor, era que no quería hacerlo con ella.

-Ahora no es un buen momento -se excusó Grimmjow.

Pensaba que la morena le iba a recriminar algo o que se iba a echar a llorar, pero no sucedió. Simplemente lo miró a los ojos y sonrió. Era una sonrisa auténtica, pero ligeramente triste.

-Lo entiendo. Me alegra que hayas sido honesto conmmigo.

Grimmjow no dijo nada más.

-¿Te veré luego?

Grimmjow asintió.

-De acuerdo. Hasta pronto.

Tatsuki salió de su departamento y cerró la puerta suavemente. Grimmjow le dedicó un momento a pensar en su relación con su vecina, pero pronto lo reemplazó con los sucesos de ese día. Tenía cosas más importantes que atender.


Orihime esperó en el auto a unas cuadras de distancia de la estación. Observó todo el movimiento externo que había, los oficiales preparándose para seguir las órdenes de Ulquiorra. No podía dejar de pensar en Grimmjow y en la reunión, pero la parte realmente fea, la peor idea que había escuchado en su vida, le correspondía a ella.

Todavía se reprendía por haber accedido a hacerlo, pero se convenció de que lo había hecho por el favor que le debía de haberla salvado. Esperaba no seguir haciéndolo cada vez que la culpa la carcomiera por dentro.

Flashback

-¿Qué debo hacer?

Hubo una pausa significativa.

-En la estación de policía tienen detenido a un conocido mío. Es inocente de todos los cargos, bueno, de casi todos los cargos. En parte es mi culpa que esté ahí, por lo que necesito sacarlo a como dé lugar.

-No estará sugiriendo que libere a un prisionero, ¿o sí?

Grimmjow se rió.

-No, para nada. Ulquiorra está a cargo de su caso, y hará todo lo posible por llevarlo a juicio y después a prisión. Debe encontrar la evidencia que lo condene y tomarla para que no puedan procesarlo.

Orihime se quedó boquiabierta y negó con la cabeza. Cuando reparó en que él no podía verla exclamó:

-Imposible. No puedo hacerlo.

-¿Ya mencioné que esa persona es quien nos dio la información sobre Bazz-B?

Orihime lo pensó un momento. Con esa información las cosas cambiaban mucho. La responsabilidad cayó sobre sus hombros y de alguna forma sintió como si ella también estuviera en deuda.

-La reunión es a las diez –prosiguió Grimmjow-. El tiempo que hagan hasta el barrio chino y hasta que se den cuenta de que la reunión es falsa le dará tiempo suficiente para hacerlo.

-¿A qué se refiere con que es una reunión falsa?

-¿En serio me creyó tan estúpido como para asistir? Sabía de antemano que el bastardo no iba a ir solo. Él cree que esta es su única oportunidad para atraparme, quiso jugar a lo grande. Es muy predecible.

Orihime suspiró de alivio al saber que las cosas no serían como ella esperaba.

¿De alivio?, pensó. ¿No sería mejor que Ulquiorra lo atrapara de una vez por todas para terminar con el problema de raíz? Si así fuera todos sus problemas se resolverían, incluso podría gozar al verse liberada de la culpa por haber trabajado con él y con la angustia de jugar al gato y al ratón.

-De acuerdo –fue lo único que pudo responder, haciendo un esfuerzo por poner su mente en blanco.

Fin del flashback

Miró su reloj. Faltaban quince minutos para las diez. Vio a través del parabrisas que Ulquiorra se montaba en una de las camionetas y que el resto del cuerpo de policía lo seguía. Se encogió en el asiento como una tortuga en su caparazón y esperó unos segundos antes de salir. Tenía que ser cautelosa, y muy rápida.

Como el asesino había previsto, la estación estaba casi vacía. Únicamente el guardia de la entrada la detuvo, pero al mostrarle su placa y decirle que había olvidado unas cosas en la oficina la dejó pasar. Sabía perfectamente hacia dónde tenía que ir. El cuarto de evidencias estaba en primer piso, justo encima de la prisión. Abrió la puerta sigilosamente y se aseguró de que no hubiera nadie antes de empezar a buscar. Era un nombre bastante extraño: Szayelaporro Granz.

Por fin dio con la caja que estaba en el estante de "próximos a procesar". El contenido no era demasiado, algunos aparatos electrónicos y una computadora. Todo estaba empaquetado individualmente y etiquetado con fecha. Guardó los objetos pequeños en su bolso y cubrió la computadora con su chaqueta antes de salir.

Entonces se detuvo.

Si la persona en cuestión estaba encerrada, podía interrogarla para que le dijera quién era ese "amigo" que le estaba devolviendo el favor. Las probabilidades de que la encontraran aumentaban, así que no quiso tomar el riesgo, pese a que estaba dejando escapar una gran oportunidad. Ya habría tiempo de investigar a ese tal Szayelaporro y hacerlo hablar.

Salió de la estación y se despidió del guardia con una sonrisa. Entró al auto y partió sin demora hacia su casa. Suspiró de alivio cuando vio el edificio haciéndose más pequeño por el retrovisor. Sólo le había tomado unos minutos, era un nuevo récord, nada gratificante considerando que casi le daba un paro cardiaco.


Grimmjow se encontraba recostado en su cama mirando a un punto fijo en el techo sin poder conciliar el sueño. Eran poco más de las diez, Ulquiorra y el resto del cuerpo policial ya debería estar en la zona acordada. Secretamente quería estar ahí para ver la cara del pelinegro cuando se diera cuenta de que había sido una mera distracción.

Y hablando de distracciones, tenía que marcarle a la detective para saber cómo había salido todo. Esperó pacientemente en la línea.

-¿Hola?

Música para mis oídos, pensó Grimmjow.

-¿Y bien?

Orihime suspiró.

-Estoy en casa. Conseguí la evidencia –declaró.

Grimmjow no pudo evitar sonreír. Las manos y la habilidad de esa mujer eran impresionantes.

-Bien hecho, detective –era un halago pobre comparado con lo que realmente quería decirle-. Iré más tarde a recogerla.

-¿Más tarde? Son más de las diez.

-No es como que tenga escuela mañana, ¿o sí? –se burló Grimmjow-. Voy de camino.

La llamada se cortó y Orihime suspiró. Había sido un día ajetreado, quería descansar pero no podía relajarse sabiendo que el asesino venía hacia su casa. Iba a recoger la evidencia, únicamente. Aunque si lo tomaba de otro modo, significaba que estaban cerrando el trato de una vez por todas. No más favores pendientes, no más tregua para atrapar imitadores, no más agentes del FBI husmeando en sus asuntos. De algún modo ese era el fin. Inevitable y sorprendentemente indeseable.

Continuará...

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