¡Hola! Lamento mucho la tardanza, tuve que cambiar unas cosas de este capítulo y como también tengo otros fics en emisión no había tenido tiempo de terminarlo xD Pero ya está, lean y disfruten nwn.
LA PANTERA
Capítulo 17: De vuelta al principio.
Ulquiorra y el resto del equipo barrieron la zona varias veces sin encontrar nada. Había dado la orden de que arrestaran a todo aquel sospechoso que encontraran. Rápidamente llenaron las patrullas con prostitutas, vagabundos y pandilleros. Ichigo pensó que todo aquello no era necesario, pero no se atrevió a contradecir una orden directa. Los alrededores del barrio estaban llenos de gente curiosa que miraba atentamente lo que ocurría. Algunos incluso estaban alegando con varios agentes y culpándolos de arrestos sin fundamento.
Ulquiorra estaba furioso. Incluso con todo el personal inspeccionando era increíble que no hubiera atrapado a nadie, al menos a nadie que él creyera realmente culpable. No podía dejar de pensar que todo había sido su culpa por no obedecer las indicaciones del sujeto que le dejó la nota, pero otra parte de él creía fervientemente que había hecho lo correcto. Era un agente del FBI, él no seguía órdenes, él ordenaba que las cosas se hicieran de tal o cual forma. Ordenó la retirada cuando se dio cuenta de que todo había sido en vano.
Cuando llegó a la estación simplemente recogió sus cosas y regresó a casa. No había nada más que hacer y no estaba de ánimos para establecer una conversación con nadie. Sabía que secretamente todos lo estaban juzgando por lo sucedido.
Ya era casi medianoche cuando Orihime escuchó el timbre. Se sorprendió bastante de que fuera La Pantera, pues pensaba que al igual que otras veces simplemente irrumpiría en su casa como si fuera la propia. Al abrir la puerta lo vio ahí de pie, vestido todo de negro y con el semblante serio. Titubeó un poco pero finalmente lo dejó pasar. Grimmjow no pasó por alto ningún detalle. Sonrió al verla tan precavida. Al parecer se había dado cuenta de que las cosas habían cambiado. La observó detenidamente de pies a cabeza y vio que llevaba un pantalón de mezclilla, una sudadera blanca con capucha y calcetines de rayas.
-Traeré las cosas –exclamó Orihime dando media vuelta, segura de que la orden implícita de que se quedara donde estaba se cumpliría, pero Grimmjow la siguió hasta la sala y se dejó caer en uno de los sillones.
Orihime sacudió la cabeza y se apresuró a ir por la evidencia. Su corazón palpitaba aceleradamente, le temblaban las manos y las piernas. Sólo quería terminar con todo eso, y pronto.
Grimmjow aprovechó que se quedó solo para observar el resto de la casa. La vez anterior no había tenido la oportunidad debido a las prisas. Vio que todo estaba perfectamente limpio y ordenado. Al ver le escritorio no pudo evitar sonreír ante el recuerdo.
Se levantó, a punto de acercarse a inspeccionar los retratos de la pared, pero Orihime regresó en ese momento con una bolsa negra que dejó sobre la mesita de centro. Grimmjow se acercó a ella y revisó rápidamente el contenido. Efectivamente, ahí estaba la laptop de Szayelaporro con otras de sus pertenencias.
-¿Cómo lo hizo?
-Ulquiorra se llevó todo el cuerpo de oficiales a la reunión. Sólo le dije al guardia que había olvidado unas cosas en la oficina y me dejó pasar sin problemas.
-¿No había seguridad adentro? ¿Cámaras?
Orihime negó con la cabeza.
-No hay tantos recursos en la estación de policía. Las cámaras que Ishida consiguió para vigilar la ciudad fueron gracias a un préstamo que tardó meses en autorizarse.
-Eso está muy jodido –soltó Grimmjow.
Orihime no respondió, se metió las manos a los bolsillos y esperó a que le agradeciera, o que simplemente se fuera de su casa y de su vida, pero sabía que eso no iba a pasar.
-Bien, supongo que la deuda está saldada –dijo Grimmjow guardando las cosas en su mochila.
-La próxima vez que me salve la vida espero que sea de corazón y no condicionado con favores.
Grimmjow se rió.
-No habrá una próxima vez, detective. Creí que lo sabía.
-Lo sé, sólo…
-¿Qué? ¿Tenía la esperanza de que me convirtiera en el héroe? No se haga ilusiones, no quiero tener que recordarle lo que tantas veces le he dicho desde un principio.
-Sí, sí, usted va a matarme un día de estos –la voz de Orihime sonó más incrédula y burlesca de lo que quería-. Mientras tanto agradecería que se fuera y me dejara sola. Tengo cosas que hacer.
-No tan rápido, aún no le he agradecido por lo que hizo –dijo Grimmjow con una sonrisa.
-No es necesario. Como bien dijo, la deuda está saldada.
Grimmjow avanzó hasta ella y la tomó por los hombros firmemente. Orihime le sostuvo la mirada, evaluando sus movimientos y temblando por la repentina cercanía. No había forma de saber lo que estaba pensando en esos momentos. Podía matarla de un segundo a otro y ella ni siquiera lo vería venir. Lamentó no tener un arma a la mano para defenderse ya que la diferencia de fuerzas era terriblemente obvia.
Grimmjow se dio cuenta de que estaba temblando y frunció el ceño. Eso no encajaba con sus planes. La verdadera razón detrás de su visita era tener sexo con ella una última vez, pero no creyó que la situación la atemorizara hasta ese punto. ¿De verdad temía tanto lo que pudiera hacerle? No, no podía ser de ese modo. Sus amenazas eran serias pero últimamente se había cuestionado tanto su deseo de lastimarla que no se creía capaz de hacerlo. Además, Orihime se había mostrado capaz de sobrellevar algo como eso y mucho más; temerle al lobo feroz no encajaba con ese esquema.
Llevó una mano hasta su nuca y acercó su rostro hasta que prácticamente estuvo a sólo unos centímetros. Los labios de Orihime estaban firmemente presionados en una línea, su mandíbula tensa.
-Por favor, váyase –susurró.
-Yo creo que no.
Grimmjow la besó con insistencia hasta que tuvo total acceso a su boca. La sintió jadear y relajar los hombros cuando supo que ya no había nada que pudiera hacer al respecto. Orihime enredó los dedos en su cabello para profundizar el contacto. Sintió sus manos alrededor de su cintura, empujándola hasta la pared con la fuerza suficiente para mantenerla ahí el tiempo que quisiera.
Grimmjow puso una rodilla entre sus piernas y se entretuvo masajeando sus pechos a placer. Sin romper el beso desabrochó el botón de su pantalón y coló una mano dentro. Orihime gimió audiblemente y tuvo que sostenerse de sus hombros para no caerse. Grimmjow hizo una mueca de dolor cuando sintió que le presionaba la herida.
Orihime abrió un poco más las piernas para darle mejor acceso. Su vista se tornó borrosa cuando sintió sus ásperas manos tocando su clítoris y siguiendo libremente hasta su vagina, esparciendo su humedad.
Introdujo un dedo y la detective arqueó la espalda, resistiendo la repentina corriente eléctrica en su espina dorsal. Grimmjow entraba y salía de ella a un ritmo tortuoso. Besó su cuello y olfateó su aroma a conciencia. Quería que se quedara grabado en su memoria aun cuando no pudiera verla ni estar cerca de ella. Todo lo que iba a pasar después de esa noche sería decisivo para su relación prohibida. Era su última oportunidad de estar juntos antes de matarse el uno al otro, literalmente.
Orihime cerró los ojos para concentrarse mejor en las sensaciones. Acarició su espalda sin pensar bien en lo que estaba haciendo. El examen de conciencia le impedía disfrutar de muchas cosas, así que por una vez lo dejó de lado y se entregó por completo. La mano libre de Grimmjow viajó hasta el borde de su pantalón y lo bajó dificultosamente por sus níveas piernas sin perder el ritmo. Orihime pateó la prenda y subió una pierna al sillón, avergonzada pero al mismo tiempo excitada. Grimmjow se entretuvo unos segundos más en el lóbulo de su oreja y finalmente bajó hasta su entrepierna.
Besó la piel de sus muslos y a Orihime le dieron cosquillas por su cabello, se sostuvo en sus hombros y dejó que besara, lamiera y mordiera todo a su paso. Era una sensación indescriptible, tan ardiente y sobrecogedora que no sabía cuánto tiempo más aguataría de pie. Grimmjow enterró el rostro entre sus pliegues y saboreó cada centímetro, causando que la detective lo jalara del cabello cuando lograba tocar un punto especialmente sensible. Quería hacerla sentir bien, y esa era la única forma que conocía. Ya que jamás podrían vivir algo más íntimo o personal, debía aprovechar que la tenía a su merced, sin armas de por medio y sin toda la comitiva de la estación.
Las piernas de Orihime temblaron cuando una ola de placer la golpeó y se fue bajando hasta que quedó totalmente sentada en el frío piso con Grimmjow en medio de ella, entregado a la tarea de satisfacerla a como diera lugar. Lo observó quitarse el cinturón con una lentitud impropia de él. Tomó su erección con una mano y empezó a masturbarse para liberar su excitación acumulada. Cuando Grimmjow creyó que no podría aguantar más la tomó de ambas piernas y la atrajo hacia su cuerpo. Orihime jadeó y sintió cómo se abría paso en su interior fieramente, embistiendo sin darle tiempo de acoplarse y mucho menos de tomar una respiración antes de continuar.
Orihime atrajo su rostro y lo besó, saboreándose en sus labios. Grimmjow respiraba agitadamente al ritmo de sus estocadas, se había aferrado a sus caderas y cada vez aceleraba más el ritmo. Orihime no podía pensar en nada más que no fueran sus cuerpos unidos en ese momento y el calor que desprendían su cuerpo en contraste con la fría noche. Había tantas cosas que quería decirle, preguntarle, reclamarle, pero todo eso y más se lo calló. Grimmjow no era distinto en ese aspecto, ni siquiera era muy bueno hablando de otra cosa que no fuera la muerte o el sarcasmo.
Cuando la vio directamente a los ojos deseó que las cosas hubieran sucedido de otro modo. Que se hubieran conocido en otras circunstancias y que no hubiera tantos obstáculos en su relación. No sabía si era únicamente admiración lo que sentía, pero se sentía bien. Con Inoue podía ser él mismo en todas sus facetas, no tenía que fingir que era un empleado de paquetería cuando su verdadera pasión era tomar vidas y regocijarse en ello. Estúpidas leyes, estúpida autoridad y estúpida conducta moral.
Orihime abrazó la cintura de Grimmjow con sus piernas y lo atrajo más profundamente. Se perdió un momento en el azul de sus ojos y no pudo evitar sentirse mal aun cuando había tratado de ignorar el sentimiento. Sentía que estaba traicionando todo aquello que representaba, y probablemente así era, pero se sentía tan bien que no podía parar.
El orgasmo estaba próximo para ambos. El sudor cubría parte de sus cuerpos chocantes. Unas cuentas embestidas más y Grimmjow terminó fuera de ella, en su abdomen. Se sostuvo con un brazo para no aplastarla con su peso. Había sido mucho mejor que el día anterior, sin prisas y sin la sensación de estar siendo observados y juzgados.
Un momento después la ayudó a levantarse. Grimmjow se acomodó el pantalón y observó a Orihime limpiarse y vestirse también, ambos en silencio. Finalmente, quedaron de pie frente a frente y se miraron a los ojos unos segundos que les parecieron horas. Grimmjow se acercó a sus labios para darle un último beso, pero se detuvo a tiempo. Ya no podía hacerlo. Ambos tenían que volver a la realidad y olvidarse de todo aquello que había pasado. Lo aceptarían lo mejor que pudieran y retomarían sus vidas normales, como si todo aquello hubiera sido un sueño, una pesadilla a la que nunca debieron entrar.
Grimmjow tomó su mochila y se apresuró a salir de la casa antes de que el arrepentimiento de lo que estaba a punto de hacer lo carcomiera por dentro.
Y así, sin una última mirada, sin una sola palabra, Orihime y Grimmjow, detective y asesino, volvieron al principio.
Ulquiorra no pudo conciliar el sueño en toda la noche. El olor a quemado permanecía en la casa aun cuando había abierto todas las ventanas y había limpiado todo a conciencia. Definitivamente no era su noche, todo había salido mal y para rematar había quedado como un imbécil frente a todo el cuerpo de policía.
Cuando el alba comenzó a rayar se levantó pesadamente y preparó café. Se dio una ducha y volvió a la estación dispuesto a desquitarse con la única persona con la que podía hacerlo en esos momentos: Szayelaporro Granz.
-Necesito hablar con el abogado de la fiscalía. Dile que me vea en la oficina en veinte minutos –le ordenó a Yammy.
Se dirigió a la cárcel de la estación y caminó entre las celdas hasta llegar a la del pelirrosa. Szayelaporro seguía dormido, era muy temprano y no estaba acostumbrado a levantarse a esas horas. El guardia abrió la reja y prácticamente lo arrastró fuera hasta que estuvo de pie frente a Ulquiorra. Se miraron mutuamente en silencio, esperando que cualquiera de los dos dijera la primera palabra. Ulquiorra frunció el ceño y ordenó que lo llevaran a la sala de interrogatorio.
Se sentó frente a él y hojeó calmadamente el expediente para hacer tiempo.
-¿Listo para ir a juicio? –preguntó como si estuviera ofreciéndole un sándwich.
-¿Dónde está mi abogado?
Ulquiorra suspiró. Si seguía avalándose con sus derechos jamás lograría nada.
-Viene en camino –mintió.
Yammy entró en ese momento a la sala y se acercó a Ulquiorra.
-Tenemos un problema.
-¿Qué pasa?
-La evidencia no está en la caja.
Ulquiorra se puso de pie y por poco se cae la silla. Szayelaporro lo miró extrañado, no era usual esa reacción en el agente.
-¿Cómo que no está?
-El abogado quería verla antes que nada para preparar el caso, así que lo llevé a la sala de evidencias, pero no hay nada.
-Maldición –susurró.
Salió apresuradamente de la sala para confirmar con sus propios ojos lo que el agente Llargo le decía. La caja con el nombre de Szayelaporro que debería contener la laptop y el resto de los objetos confiscados estaba, en efecto, vacía.
Algo así debía ser un trabajo interno. Se acercó al guardia de la puerta que estaba a punto de terminar su turno nocturno y lo atacó con preguntas. La desventaja era que no sabía cuánto tiempo había pasado. Podían ser horas o minutos. Maldijo el no tener cámaras de vigilancia para atar cabos más rápido.
-Nadie entró a la sala de evidencias. Los únicos que han estado saliendo del edificio son los mismos agentes.
-Evidentemente alguien sí entró –rugió Ulquiorra. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para que aquel inepto guardia le dijera lo que sabía.
-No me moví de mi puesto de vigilancia –se defendió el hombre-. Si quiere investigar a alguien empiece por sus camaradas.
-¿Está absolutamente seguro de que nadie entró?
-Ya le dije que no. Ayer únicamente ustedes y…
Hizo una pausa. Ulquiorra cantó victoria, pero el hombre negó con la cabeza.
-No, es imposible.
-¿Quién entró?
-La detective Inoue. Entró unos minutos después de que ustedes se fueron pero dijo que había olvidado unas cosas en la oficina.
Ulquiorra sonrió. Ahora sí la tenía.
-¿Y usted, como buen guardia de seguridad, se aseguró de que haya entrado a la oficina?
El guardia palideció y negó con la cabeza.
-Era de esperarse. Gracias por su cooperación, si logro arrestar a la detective por esto entonces su trabajo no correrá ningún peligro. Si no…ya veremos –sentenció.
Tomó sus cosas y reunió a Yammy para darle indicaciones.
-Granz no abandona esta estación hasta que yo lo ordene. Si viene su abogado entretenlo para que no hable con él. Absolutamente nadie puede enterarse de que perdimos la evidencia, ¿está claro?
Yammy asintió.
-¿A dónde vas tú?
-A arrestar a Inoue. No hay forma de que se me escape esta vez.
Orihime escuchó los golpes en la puerta y se levantó deprisa para vestirse. Se puso la bata encima y vio el reloj de la mesita, eran poco más de las siete. Los golpes se intensificaron mientras caminaba por el pasillo. Finalmente abrió la puerta y frunció el ceño cuando vio a Ulquiorra de pie frente a ella. Únicamente a él se le ocurriría molestarla tan temprano.
-Buen día, agente –saludó fingidamente.
-Ahórrese la cortesía. Shuuhei, Abarai, adelante.
Hisagi y Renji la saludaron apenados con un asentimiento de cabeza y entraron a la casa. Orihime se cruzó de brazos e interrogó a Ulquiorra con la mirada.
-Ruegue porque no encontremos nada que la incrimine, detective.
-¿Qué rayos es esto?
Sabía muy bien de qué se trataba, pero quería escucharlo de él.
-Estamos investigando la desaparición de la evidencia de Szayelaporro Granz. Ayer únicamente usted entró a la estación, hay un guardia que confirma su presencia y por lo tanto se le acusa del robo de la misma.
-Qué interesante, pero debería saber primeramente el motivo de mi presencia en la estación, ¿no cree?
Hisagi y Renji se pusieron los guantes y empezaron a revisar la casa, tratando de no desacomodar demasiado las cosas pero a conciencia para que Ulquiorra no les dijera que estaban siendo favoritistas por tratarse de Inoue.
-Sí, sí, llegó a la estación porque "olvidó unas cosas en la oficina". Usted está fuera de todos los casos, no tiene motivos para entrar a la estación, mucho menos a la oficina del Capitán Kurosaki. Podría encerrarla únicamente por esos cargos.
-¿Por qué no lo hace? –lo retó.
Ulquiorra sonrió de lado y también se puso unos guantes para agilizar el proceso.
-La sentencia será mayor si encuentro esa evidencia.
-¿Y si no la encuentra?
-¿La escondió muy bien?
Orihime negó con la cabeza.
-No sé de qué evidencia está hablando. Ni siquiera conozco a ese tal Szayelaporro.
-No tiene que conocerlo, sé que robó la evidencia únicamente para molestarme.
Orihime soltó una carcajada que hizo enfurecer a Ulquiorra.
-Claro, porque usted es el centro del universo y no tengo nada mejor que hacer.
Ulquiorra no respondió. Orihime se resignó y se quedó sentada mientras los tres agentes revisaban toda la casa. Abrieron la alacena, subieron al ático, buscaron debajo de su cama y entre los cajones de su ropa. Pusieron la casa patas arriba y no encontraron rastros de esa dichosa evidencia. Orihime se alegró de que Grimmjow hubiera ido a recogerla la noche anterior. No tenía idea del gran problema en el que se habría metido si la hubieran encontrado. Les ofreció café a Renji y a Hisagi pero ambos se negaron. Orihime fulminó a Ulquiorra con la mirada hasta que terminaron el proceso.
-No encontramos nada –anunció Renji.
-¿Hay algo más que podamos hacer? –añadió Hisagi.
Ulquiorra negó con la cabeza y se quitó los guantes.
-Bien, volveremos a la estación. Con permiso, detective.
-Lamentamos la molestia –dijo Hisagi.
-No es ninguna molestia, estaban haciendo su trabajo –respondió Orihime amablemente.
Volteó a ver a Ulquiorra como esperando que los siguiera pero al ver que se quedó estático suspiró frustrada.
-¿Qué? ¿Espera que lo invite a desayunar? –gruñó Orihime.
Ulquiorra cerró la puerta y se recargó en ella con una mano.
-Estoy siendo muy indulgente con usted, detective. Será mejor que empiece a hablar para que podamos llegar a un acuerdo.
Por la forma en la que hablaba estaba dando por sentado que Orihime tenía la evidencia y que tarde o temprano le revelaría todo. Pero Orihime conocía bien esa táctica de "le conseguiré un trato" o "llegaremos a un acuerdo". Ella misma la había usado incontables veces, incluso con la Pantera.
-¿Qué tengo que hacer para convencerlo de que yo no la tengo? Me está acusando injustamente y revisa mi casa sin una orden. No crea que voy a pasarlo por alto.
-¿Es una amenaza?
-Una advertencia. No se meta conmigo y no me meteré con usted.
-Juraría que es una amenaza –continuó Ulquiorra.
-No me interesa. Le pido amablemente que abandone mi casa o me veré en la necesidad de llamar a mi abogado.
-De acuerdo –concedió Ulquiorra-, no lleguemos a lo legal. Todo esto es… ¿cómo dijo usted? Extraoficial.
-No es extraoficial si sigue acosándome para que confiese algo de lo que soy inocente.
-Fue muy conveniente, ¿sabe? La distracción perfecta, diría yo. Justamente cuando la estación se queda vacía para ir a la reunión con ese hijo de perra usted decide entrar porque olvidó algo en la oficina.
Orihime sonrió de lado y se cruzó de brazos. Ulquiorra la fulminó con la mirada.
-Le juro que si tuviera las pruebas me aseguraría de que no saliera de prisión en un buen tiempo. Disfrutaría mucho verla sufrir detrás de las rejas.
-Pero no las tiene, ¿o sí?
-No. Por ahora.
-Oh vaya, "por ahora". Suena muy confiado.
Ulquiorra la tomó de los brazos y la acorraló contra la puerta. Estaba harto de escucharla burlarse de él. Cuando llegó a su casa estaba convencido de que lograría atraparla finalmente, pero al parecer era mucho más lista que él.
Eso, o en verdad era inocente.
Si ese era el caso entonces estaba perdiendo el tiempo nada más. De cualquier forma, sólo tenía cuarenta y ocho horas para encontrar esa evidencia antes de tener que liberar a Szayelaporro, según lo marcaban sus derechos. No podía retenerlo sin pruebas. Las cosas se estaban saliendo de control y cada vez había más y más huecos que tenía que rellenar.
Para su sorpresa, Orihime no trató de zafarse de su agarre. Le sostuvo la mirada, respirando calmadamente. Eso lo intimidó. Si tan sólo forcejeara sería mucho más sencillo saber lo que estaba pensando, pero no era el caso. El que se mantuviera impasible lo puso alerta. Orihime Inoue era una mujer peligrosa.
Se tomó uno segundos para observar su delgado cuerpo frente a él, escondido detrás de ese estúpido atuendo de rayas que parecía sacado de Bananas en pijamas. Su cabello estaba atado en una coleta alta, aunque estaba enmarañado, señal de que acababa de despertarse. La tomó de la barbilla y se acercó con cautela. Orihime volteó la cabeza y Ulquiorra sonrió contra su oreja. Por supuesto que no le iba a dar libre acceso después de haberla tratado de ese modo.
Orihime se reprendió mentalmente cuando sus piernas temblaron. La respiración de Ulquiorra en su oreja le hacía cosquillas, y sentir sus labios tan cerca de su cuello la hizo estremecerse. No tenía fuerzas para correrlo una vez más de su casa. Y lo más importante y sorpresivo, era que no quería que se fuera.
Después del episodio de anoche, cuando vio a Grimmjow salir de su casa sin dirigirle una palabra, se sintió más sola que nunca. El agente Cifer era una vía de escape que estaba dispuesta a aprovechar. Sin saber muy bien por qué estaba cediendo, lo miró directamente a los ojos y después bajó hasta sus labios.
Ulquiorra pegó su nariz a la suya y la tomó de la nuca para besarla. De todas las cosas que quería hacerle estaba arrestarla, verla pudrirse en la cárcel por los crímenes cometidos, hacer que perdiera su empleo, besarla y cogérsela hasta hacerla perder la cabeza. No necesariamente en ese orden, podía acoplarse sin problemas.
Devoró sus labios con avidez y se sorprendió cuando la detective se abrazó a su cuello para profundizar el contacto. Pasó sus manos por su cuerpo y masajeó sus pechos a placer. Orihime gimió contra su boca cuando sintió su mano directamente sobre su piel. Arqueó la espalda para darle mejor acceso y enterró los dedos en su negro cabello. El contraste que hacía con su nívea piel le fascinaba.
Ulquiorra acarició su estrecha cintura y poco a poco fue subiendo la prenda hasta deshacerse de la blusa y de la bata. Orihime quedó desnuda de la cintura para arriba y se tapó con las manos instintivamente. Ulquiorra besó su cuello y bajó por su clavícula, sintiendo que su piel se erizaba suavemente. Le quitó las manos y las sostuvo en su espalda mientras se dedicaba a endurecer sus pezones. Mordió suavemente y succionó hasta hacerla gemir.
Finalmente había logrado dar un paso más con Inoue. La detective fiera que conocía estaba ahora sumisa ante él y eso lo excitó a sobremanera. Se desabrochó el pantalón con una mano y lo dejó caer a sus pies. Se recargó con un codo en la puerta al lado de la cabeza de Orihime y la besó nuevamente. Orihime se deshizo de su pantalón y tomó la erección de Ulquiorra para masajearla. Ya estaba bastante duro por los juegos previos, pero con su delicado toque terminó de despertarlo. Subió una pierna que Ulquiorra tomó para enredarla en su cintura y sin perder tiempo entró en ella.
Orihime jadeó, sintió el calor golpeándola y contuvo la respiración hasta que lo sintió moverse a un ritmo tortuoso. Sabía que había esperado mucho para ese momento. Tenía la certeza de que el agente la deseaba en secreto, pero no lo había comprobado hasta el día en que irrumpió en su casa y encontró su ropa interior tirada en el suelo. Su actitud pedante respondía directamente a ese sentimiento. La molestaba y le hacía la vida imposible porque no podía tenerla. Al menos no hasta ese momento.
Ulquiorra aceleró el ritmo y la tomó fuertemente de la cintura. La ayudó a subir la otra pierna y recargó su espalda contra la puerta. El vitral seguramente revelaría sus formas, pero a ninguno de los dos pareció importarles. Orihime cerró los ojos y sintió cada estocada hasta lo más profundo de su ser, el deseo ardiente quemando en su interior y su cabeza chocando contra la puerta. Ulquiorra besó su cuello y olfateó su aroma. Estar dentro de ella era la gloria misma, tan candente y estrecha como imaginó que sería. Ya se había contenido lo suficiente, no había nada que le impidiera hacer de ella lo que quisiera en ese momento.
Tomó sus piernas con ambas manos y la levantó para enterrarse más profundo cuando bajara. Orihime gritó de placer y Ulquiorra repitió el proceso una y otra vez. Sintió que así como la tenía podría hacerla confesar sus más íntimos secretos, pero no era el momento. Al carajo con el trabajo y con la investigación.
Las paredes de su interior se contrajeron dolorosamente alrededor de él como si quisiera fundirse en un mismo cuerpo. Ulquiorra aceleró el ritmo cuando sintió próximo el orgasmo y después de que ella se desplomó en sus brazos dio unas cuantas embestidas más y salió justo antes de venirse dentro de ella. La bajó con cuidado sin quitarle las manos de la cintura. Podría jurar que vio un asomo de sonrisa en los labios de Orihime. Se acomodó la ropa y se dispuso a salir.
-¿Agente Cifer?
Ulquiorra la miró de reojo con la mano en el pomo.
-De verdad no sé nada sobre la evidencia –exclamó Orihime.
Ulquiorra dudó unos segundos pero finalmente asintió y salió de la casa. Después de ese episodio, no le quedó otra opción más que creerle.
Continuará…
Qué hardocre, la detective se los está garchando a todos JAJA. Sé que aquí hay lectores UlquiHime 7u7 espero que les haya gustado (placer culposo, lo admito). Espero terminar los siguientes capítulos en estas vacaciones de Semana Santa D: De otro modo no voy a poder actualizar hasta junio debido a los trabajos finales de la uni jaja. Ojalá todo vaya bien, hasta pronto, no olviden dejar su bello rebiu UuU.
