Al fin superé el bloqueo xD he vuelto, chicos, lamento la tardanza. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto, el final está muy próximo.

LA PANTERA

Capítulo 18: Averiguaciones.

Grimmjow no volvió a casa esa noche. Se quedó todo el rato sentado en una banca en el parque sin saber qué hacer. No estaba de humor para lidiar con nada. Desde que salió de casa de Orihime una extraña sensación se instaló en su pecho y no sabía con certeza de qué se trataba. Ahora que sabía que su relación prohibida con la detective había terminado, era inevitable que volviera a las andadas. Había pospuesto demasiado su siguiente asesinato, y nada ni nadie podían impedirle que retomara su papel.

La pregunta era si de verdad era viable seguir con el plan de matar a Riruka. Después de todo lo ocurrido, la delgada chica de pelo magenta parecía encontrarse a años luz de distancia. Tenía mucho trabajo que hacer si estaba dispuesto a seguir adelante con ella.

Por otro lado, debía deshacerse de la evidencia que condenaba a Szayel para dar por hecho que quedaría totalmente libre. Caminó hasta el barrio chino y se acercó a un montón de vagabundos que estaban alrededor de un contenedor de basura que usaban a modo de fogata. Sin decirles nada, y probablemente era lo mejor ya que casi todos se caían de borrachos, arrojó todo y se quedó a ver cómo se consumía lentamente. El olor que desprendió se metió por sus fosas nasales hasta su cerebro, pero no le importó. Cuando se aseguró que nada era reconocible y que se trataba sólo de plástico quemado, regresó a casa. Eran casi las nueve de la mañana, debía darse prisa si quería llegar pronto al trabajo.

Se encontró con Tatsuki en el corredor del edificio y tuvo que detenerse a saludarla para no levantar sospechas.

-Grimmjow, creí que a estas horas ya estarías en el trabajo.

-Tuve una emergencia, apenas voy para allá.

-¿Qué emergencia? –Tatsuki reparó en su aspecto y en la mochila a su espalda-. ¿No dormiste en tu casa? Ni siquiera te oí salir anoche.

Grimmjow rodó los ojos. ¿Ahora le debía explicaciones de su vida?

-Tengo que irme –respondió caminando hacia su puerta.

-Espera –lo detuvo del brazo pero lo soltó de inmediato cuando Grimmjow la miró con cara de pocos amigos-. No, nada.

Grimmjow suspiró y abrió la puerta de su casa sin decirle nada más. Se estaba volviendo una molestia y se replanteó la idea de matarla a ella en vez de a Riruka. Era más laborioso porque lo convertirían en sospechoso de inmediato, así que desechó esos pensamientos. Se dio una ducha rápida y se fue al trabajo.


Ulquiorra volvió a la estación y a pesar de darle largas a los abogados tuvo que encararlos cuando le exigieron el material. Ambos se reunieron junto con Szayelaporro en la sala de interrogatorio y discutieron largo y tendido sobre su liberación. Ulquiorra permaneció en silencio, con la cabeza recargada en la mano, de vez en cuando viendo fijamente a Szayelaporro como si tratara de leer su mente y de alguna forma averiguar lo sucedido respecto a la evidencia.

-No hay nada que retenga a mi cliente en la estación. Deben liberarlo de inmediato.

-Podemos retenerlo por cuarenta y ocho horas.

-¿A qué juega, abogado? No tienen la evidencia. Claramente es una violación a sus derechos.

-La desaparición de la evidencia dará pie a una investigación. Su cliente está involucrado, no podemos dejarlo salir.

-¿Insinúa que él tuvo algo que ver? Estuvo encerrado toda la noche, y déjeme decirle que las condiciones de higiene en esa prisión son más que cuestionables, podría levantar una demanda por…

Ulquiorra se pasó una mano por la cara en señal de frustración. Si tenía que escucharlos discutir un momento más se volvería loco. Se puso de pie y todos se callaron. Volteó a ver a Szayelaporro por el rabillo del ojo y suspiró pesadamente.

-Libérenlo –ordenó a los guardias que tenían las llaves de la esposas.

-¿Qué está haciendo? –preguntó el abogado de la fiscalía.

-Cumpliendo sus derechos. No tenemos evidencia para retenerlo. Si la encontramos será tan simple como volver a arrestarlo. No es como que planee dejar el país, ¿o sí, señor Granz?

Szayelaporro negó con la cabeza.

-Eso creí. De todas formas no tiene los recursos. Las deudas que tiene lo traerán de vuelta de un momento a otro. No lo extrañaremos por mucho tiempo.

Szayelaporro lo fulminó con la mirada por la ofensa y esperó a que le quitaran las esposas.

-¿Puedo irme? –preguntó dubitativo.

-A no ser que quiera quedarse hasta que tengamos la soga para echársela al cuello –respondió Ulquiorra.

-Fue un placer, agente, abogados.

Sonrió por primera vez en varios días y se dirigió a la salida para volver a su casa. Tenía que golpear a Grimmjow por lo sucedido, pero tal vez le debía un agradecimiento por haberlo sacado de apuros; estaba seguro que él había sido la mente maestra detrás de todo aquello. Sí, eso estaba bien. Primero le diría "gracias" y después le rompería la nariz.


Orihime permaneció largo rato sentada en la sala y observando el teléfono en la mesita de centro. Su mente la traicionaba a ratos cuando creía ver que la pantalla se iluminaba por una llamada entrante, pero no era el caso. No sabía por qué se sentía de ese modo, como si hubiera sido desechada, como si hubiera despertado de un sueño o acabara de tragarse un bote de píldoras especialmente desagradables.

No tenía absolutamente nada que hacer en todo el día. La Pantera no había dado señales de vida y la investigación seguía tan estancada como al principio, exceptuando la información tan importante que ella había conseguido por mano propia y que no podía compartir con el resto del cuerpo policial. Las cosas con Ulquiorra tampoco estaban muy bien. Orihime se preguntó si en serio le había creído lo de la evidencia o simplemente lo dejó pasar después de haber tendido sexo en el recibidor. Era un enigma que no quería resolver, no por lo pronto. Confiaba en que el asesino se desharía de la evidencia y de ese modo quedaría libre de culpa, sin pruebas que la incriminaran.

Entonces recordó aquello tan importante que había surgido en su mente al momento de entrar a la estación. El asesino había dicho que Szayelaporro era un conocido suyo, así que si hablaba con él podía darle la información que necesitaba para atraparlo. La despedida que había tenido lugar la noche anterior no sólo significaba que su tregua había terminado, sino que la Pantera tenía planes de volver a hacer lo que le daba aquel nombre en los medios. Iba a matar a otra chica tarde o temprano, y era la obligación de Orihime hacer algo para evitarlo.

Con la evidencia desaparecida era sólo cuestión de tiempo para que liberaran a Szayelaporro, o eso creía, pues podían tenerlo retenido por dos días máximo hasta reunirla nuevamente. Eso significaba dos cosas: estaba encerrado todavía o había vuelto a casa. ¿Cómo saberlo?

Orihime se dio una ducha y terminó su café antes de volver a sentarse en el sillón. Tomó su celular y marcó el número de Ichigo. Respondió al segundo timbre.

-¿Diga?

-Ichigo, hola.

-¿Orihime? ¿Cómo estás? Ayer no tuve oportunidad de hablarte.

Orihime maldijo mentalmente por la efusividad de Ichigo. Sería mejor mantener esa conversación en secreto.

-Bien, gracias. ¿Estás solo?

-Sí, estoy en la oficina de mi padre. ¿Qué ocurre?

-¿Recuerdas aquel cuarto de servicio al que me metí para tener mejor recepción en el teléfono?

-Eh, sí…

-Necesito que vayas allá y te encierres para que podamos hablar.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Sólo haz lo que te digo, por favor.

-De acuerdo.

Ichigo se levantó y se aseguró de que nadie lo viera para entrar al cuarto. Se sentó sobre un balde y tomó el teléfono otra vez.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué tanto misterio?

-Escucha, absolutamente nadie puede saber que tuvimos esta conversación. Promete que no dirás nada.

-No entiendo qué…

-Promételo.

Ichigo suspiró.

-Bien, lo prometo.

-¿Sabes algo del caso de Szayelaporro Granz?

-¿Cómo sabes del caso?

-Responde.

-Eh, sí, lo arrestaron por investigar a mi familia y hackear la red de transporte, entre otros delitos menores.

-¿Lo van a procesar?

-Creo que no, según Ulquiorra, la evidencia desapareció y no pudieron retenerlo por más tiempo. Lo liberaron hace un par de horas.

-Bien, eso creí.

-¿Cómo sabes del…? Oh, no –Ichigo se pasó una mano por el cabello al comprender lo que estaba pasando.

-Es mejor que no sepas nada. Dime, ¿tienes la dirección de Szayelaporro?

-Creo que quedó en el sistema. ¿Para qué…?

-Necesito que me la des, por favor. Es una cuestión de vida o muerte.

-Orihime, ¿qué relación tienes con ese sujeto? ¿Por qué quieres su dirección?

-Ichigo, créeme cuando te digo que quiero contarte todo, pero por el momento no puedo decir nada al respecto. Me pondré en contacto cuando descubra algo, ¿de acuerdo?

-¿Descubrir algo? ¿Qué demonios estás investigando?

-Mándame un mensaje con la dirección. Y recuerda, absolutamente nadie puede saber esto.

-Bien.

Orihime colgó y se recargó en el sillón. Eran muchas interrogantes que tendría que responder tarde o temprano, pero por el momento tenía cosas más importantes que hacer. Visitar a Szayelaporro Granz podía ser la luz que iluminara el camino que había ido recorriendo a ciegas por tanto tiempo; podía ser la salvación, podía ser el impedimento de otro secuestro y otra muerte. Podía ser la captura de la Pantera.


Ichigo entró al sistema de la estación y empezó a buscar los datos de Szayelaporro Granz. Tenía el presentimiento de que Orihime estaba detrás de algo grande, pero no tenía idea de cómo podía estar conectado con ese sujeto. Mucho menos si se trataba de algún delito que él hubiera cometido además de los ya enlistados. En esencia no parecía ser una mala persona, tal vez había tenido una vida lamentable, pero no daba señas de ser alguien peligroso o con tendencias violentas. Era más del tipo que le gustaba más su privacidad y pasar desapercibido que llamar la atención y causar problemas.

Encontró su dirección y le mandó el mensaje a Orihime, deseando profundamente que no estuviera haciendo algo potencialmente indebido e ilegal. Orihime podía trabajar muy al margen de la ley si quería, y eso era precisamente lo que le preocupaba a Ichigo; que no tuviera reparos en hacer cualquier cosa con el fin de lograr su objetivo.

Regresó a la oficina y momentos después entraron Ulquiorra, Ishida y su padre.

-¿Tenemos algo? –Preguntó Ichigo.

-No, nada –respondió Isshin-. Acabamos de liberar al último vagabundo.

Había un tono de decepción en su voz al que Ichigo se había ido acostumbrando desde que surgió el caso de la Pantera. No había buenas noticias, pero al menos tampoco había malas.

-¿Creen que vuelva a atacar?

-Lo hará –afirmó Ulquiorra.

-Tal vez ya tuvo suficiente. Tal vez quiere irse a otro lado –propuso Ishida.

-De cualquier forma debemos atraparlo. ¿Qué más da si mata aquí o en otra ciudad? Matar es matar.

-¿Qué pasó con la detective Inoue? –Isshin le preguntó a Ulquiorra.

Ichigo levantó la vista de los papeles al escuchar el nombre de Orihime.

-¿Qué hay con ella? –Inquirió Ichigo.

-El agente Cifer cree que ella se llevó la evidencia de Szayelaporro Granz –respondió su padre. Ichigo palideció-. Se llevó a Abarai y a Shuuhei para revisar su casa, pero no encontraron nada.

-Aunque ahora que lo pienso ellos regresaron antes que usted, agente –intervino Ishida-. ¿Encontró algo?

Ulquiorra sintió todas las miradas sobre él y se aclaró la garganta. Al parecer sí habían notado su ligero retraso al volver a la estación.

-No, no había nada.

-¿Y usted tenía una orden para registrar la casa? –Preguntó Ichigo, sintiéndose de pronto furioso por el silencio de Ulquiorra. Esa pausa daba pie a muchas interpretaciones, pero ninguna en la que quisiera pensar por el momento.

-No, Kurosaki, no tenía una maldita orden.

Ichigo soltó una risa llena de amargura.

-¿Así que eso es todo? ¿Cree que porque tiene una placa del FBI puede hacer lo que le plazca con los ciudadanos de Karakura? Orihime podría levantar una queja por la intromisión.

-Oh, sí, ella se quejó bastante, puede apostarlo –escupió Ulquiorra haciendo referencia al momento del sexo, pero disfrazado de su inconformidad por el registro de la casa.

Ichigo no lo pasó por alto y lo fulminó con la mirada, presintiendo que había un doble sentido en sus palabras.

-De todas formas no encontré la evidencia, no tiene caso darle más vueltas al asunto.

-Usted entró y violó sus derechos al registrar su casa sin una orden –respondió Ichigo-, no importa si hay evidencia o no.

Ulquiorra suspiró y se talló los ojos, tratando de reprimir una carcajada y controlar el impulso de golpear al niño de papi por la manera en que seleccionaba las palabras para echarle en cara que había cometido una falta.

-Me parece que Inoue no necesita un caballero de brillante armadura para que la defienda. Si quiere levantar una queja, que lo haga –terció Ulquiorra.

Ichigo entendió eso como un "métete en tus asuntos", así que no dijo nada más. Isshin lo miró reprobatoriamente y negó con la cabeza. Tampoco estaba de acuerdo con la forma en que se había llevado a cabo el procedimiento, pero tenían asuntos más importantes por resolver que una simple orden de registro.


Faltaban unos minutos para las tres y Grimmjow estaba estacionado a unas cuantas cuadras de la universidad, esperando el momento para ver salir a Riruka y terminar de convencerse de que ella debía ser la siguiente.

Ya tenía pensado qué era lo que iba a hacer para secuestrarla, pero no estaba cien por ciento seguro de que funcionaría. Se había tomado más tiempo para estudiar a las otras víctimas así como sus rutas y lugares frecuentados, pero en esos momentos sentía una urgencia incontrolable de asesinar a alguien y no creía poder esperar un día más. Debía ser esa noche.

Cuando vio que todos los estudiantes empezaron a salir bajó de la camioneta y se acercó a la entrada para hablarle a Riruka. La vio unos minutos más tarde caminando sola, al parecer la otra chica Nozomi no había ido ese día.

-Hola –saludó amablemente.

Riruka se sorprendió un poco al verlo y tuvo que comprobar que era ella a quien le hablaba.

-Hola –respondió.

-No esperaba encontrarte aquí.

-Eh, asisto a esta universidad al igual que tú –respondió Riruka confundida.

-Sí, pero…ya sabes, la primera vez que nos vimos fue en la parada de camión.

-Cierto –dijo Riruka con una sonrisa.

-¿Vas a tu casa?

-Sí.

-¿Sola?

-Nozomi no vino, está enferma desde ayer. Tendré que pasarle los apuntes de clase más tarde.

Empezaron a caminar lado al lado, al parecer nadie les estaba prestando atención.

-Ya veo, es una lástima.

-¿Por qué?

-Bueno, pensé que si no tenías nada que hacer te gustaría ir al cine conmigo.

Riruka se detuvo de pronto y lo miró fijamente.

-Tengo novio.

-Lo sé, me lo dijiste el otro día, pero no estaba hablando de que fueras conmigo en ese plan. Es más bien una cita doble. Yo iba a llevar a mi novia y esperaba que llevaras a tu novio.

Grimmjow había dicho eso porque no tenía intenciones de llevar a nadie y sabía que Ichigo Kurosaki estaría trabajando hasta tarde. Había empleado la psicología inversa y ella ni siquiera lo había notado. Se había creído ese cuento de "cita doble".

Riruka asintió cuando comprendió la idea. Era algo similar a lo que había pasado con Ichigo y Nozomi la vez anterior, cuando la detective Inoue había decidido aparecer. Recordó cómo se sintió al ver a Ichigo tan atento con ella y no pudo evitar sentir un retortijón de celos. Su expresión se ensombreció por un segundo al pensar que podía devolverle la jugada. No planeaba que pasara nada con Grimmjow, pero cuando Ichigo se enterara de que habían salido seguramente también se sentiría celoso y eso era lo que ella quería lograr.

-¿Sabes qué? Creo que podemos ir solamente tú y yo. Como amigos –propuso con una radiante sonrisa.

Grimmjow puso expresión de que lo estaba pensando, como si temiera que su novia imaginaria no fuera a estar de acuerdo con la idea, y finalmente asintió y le devolvió la sonrisa.

-Perfecto. ¿Nos vemos a las 6?

-Nos vemos –respondió Riruka.

Grimmjow esperó en la parada de camión hasta que Riruka se fue para disimular y luego regresó a la camioneta. Las cosas habían salido mejor de lo que esperaba. Nada de Ichigo ni de Nozomi para arruinarle sus planes.


Cuando Orihime recibió el mensaje de Ichigo se dirigió a la casa de Szayelaporro sin perder tiempo. Llevaba la placa de detective y la Glock reglamentaria por si acaso, la cual le habían devuelto después de analizarla, pero esperaba no tener que usarla. Siguió derecho por la calle que llevaba al muelle y entonces llegó a la zona de casas rodantes. Bajó del auto y caminó el resto del camino hasta llegar a la de Szayelaporro. Llamó un par de veces y esperó pacientemente hasta que abrieron.

Szayelaporro la observó de pies a cabeza y frunció el ceño.

-¿Quién es usted?

-¿Szayelaporro Granz? Soy la detective Orihime Inoue.

-Oh Dios, no más policías, por favor. Escuche, me liberaron, a los ojos de la ley soy inocente, no puede arrestarme.

-Tranquilo, no he venido a arrestarlo, sólo quiero hacerle algunas preguntas.

-¿Sobre qué?

Orihime tomó una profunda inhalación antes de responder.

-Me parece que usted y yo tenemos un amigo en común, y necesito encontrarlo lo más rápido posible.

Szayelaporro soltó una carcajada.

-Créame, detective, usted y yo no tenemos nada en común. Hágame el favor de irse de mi propiedad.

Szayel hizo amago de cerrar la puerta pero Orihime alcanzó a meter el pie.

-¡Espere! Lo liberaron por falta de evidencia, ¿verdad?

-¿Cómo lo sabe?

-Porque yo…yo fui quien lo hizo.

Szayelaporro la miró sin comprender.

-Estoy hablando de las cámaras, micrófonos y la laptop. Yo entré a la estación de policía y robé la evidencia para que no pudieran procesarlo.

Szayelaporro estaba ligeramente más pálido por la confesión. Se asomó por la puerta para asegurarse de que no hubiera nadie y luego se hizo a un lado para dejarla entrar. Orihime se sentó en una silla de la cocina y rechazó la cerveza que le estaba ofreciendo.

-¿A qué se refiere con que usted la robó?

-Es una larga, larga historia.

-Será mejor que empiece de una vez porque creo que está metida en graves problemas.

-Usted no va a delatarme –aseguró Orihime-. Si la evidencia regresa a la estación lo arrestarán, y esta vez irá a juicio.

Estaba aventurando sus palabras, pues no tenía idea de qué había pasado con la evidencia, pero por la reacción de Szayelaporro supo que tampoco estaba al tanto de eso. Podía engañarlo para que le dijera lo que quería con la amenaza implícita de que si no cooperaba volvería a la estación. Una parte de ella se sintió mal por eso, pero la otra siguió adelante con un atisbo de esperanza.

-De acuerdo, olvide ese asunto de la evidencia, volveremos a él después. Dijo que tenemos un amigo en común, ¿de quién se trata?

-Es precisamente lo que quiero averiguar. Se trata de la misma persona que recurrió a usted para investigar a Bazz-B. Sé lo del audio escondido, la reunión en el Loto Rojo y su pase libre fuera de Karakura por medio de Askin.

-¿Entonces es usted con quien estaba trabajando?

Orihime tuvo la sensación de que las versiones eran ligeramente diferentes.

-Creí que era hombre –añadió Szayelaporro sin comprender. Luego formó una sonrisa y se inclinó en la mesa-. De haber salido que lucía así yo mismo me habría ofrecido como…

-Concéntrese, señor Granz –lo cortó Orihime para que dejara de coquetearle.

-Lo siento. Eh, sí, yo le di esa información. Dijo que estaba trabajando con un detective de la policía. Cuando me enteré de que Bazz murió en el hotel supe que había sido gracias a ustedes. Claro que después me arrestaron y me cargaron el delito de investigar…

-…a los Kurosaki.

-Sí –Szayelaporro sacudió la cabeza-, ese imbécil me metió en un buen lío. Aunque después lo compensó, dijo que me sacaría de la estación y lo hizo. No tenía idea de que usted había sido la que se llevó la evidencia para absolverme. Creo que le debo un agradecimiento. ¿Qué tal si vamos a cenar esta noche?

-Señor Granz, podrá agradecerme cuando hayamos terminado. Hay cosas muy importantes en juego.

-Sí, sí, lo siento. Es sólo que tuve una…decepción amorosa hace unos días.

Orihime lo miró con extrañeza. No entendía como alguien así de…patético podía ser amigo del asesino. Eran como lados opuestos de una misma moneda. Se preguntó de qué manera se conocían. Claramente Szayelaporro no estaba al tanto de que su querido amigo era un asesino, hablaba de él casi con admiración, como si le debiera más favores de los que pudiera regresarle alguna vez en la vida. Orihime cayó en la cuenta de que el asesino también tenía una vida además de la delictiva. Tal vez tenía padres, hermanos, un grupo de amigos selectos en los que figuraba Szayelaporro y con los que se iba de copas cada fin de semana. Si tenía un trabajo también debía tener un salario, iba a comprar despensa, de vez en cuando se veía atrapado en el tráfico, lavaba su ropa, escuchaba música o leía, le daba los buenos días a algún vecino…

Orihime se reprendió mentalmente por otorgarle esa faceta tan humana al asesino, como si una parte de ella quisiera justificar sus actos y comprenderlo, estirarle la mano para que la tomara y ayudarlo de algún modo. La otra parte, la detective, la severa, la que debía cumplir con su deber, se repitió que lo que había hecho no tenía perdón y que tenían que atraparlo a como diera lugar.

-Debe decirme dónde podemos encontrarlo, por favor -suplicó Orihime.

-¿Por qué? ¿Está en problemas?

-Creo que él es el problema.

Continuará…

TuT creo que este capítulo estuvo cortito, pero el siguiente lo compensará. Gracias por leer, dejen su review :3