Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath

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ACLARACIÓN

Será una adaptación, sin embargo haré algunos cambios, sobretodo con el personaje de Karin, en la historia original es un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, y cambiaré un poco el amor del protagonista por Karin, en esta versión sale poco.

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EPÍLOGO

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Extracto del diario de Suigetsu Hozuki:

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El nombre que me pusieron al nacer fue Suigetsu Kagesu, amado hijo de Tsikiko Kagesu, hijo bastardo de Mangetsu no Sarai, duque de Hoshigaki, marqués de Kirigakure, y conde de Samehada, un hombre que se preocupó más por el linaje de sus títulos que de mi madre o de mí.

Aún no le he perdonado por permitir que echaran a mi madre de su casa, y dudo mucho que jamás llegue a profesarle mucha estima. Creo que ha sido una auténtica bendición no haber crecido bajo su tutela. Jamás fue un padre para mí. Ese honor lo tuvo otra persona.

Orochimaru era un delincuente que fue condenado a la horca. Que consiguiera escapar y vivir hasta la vejez fue una suerte para él y para mí. Él fue quien me enseñó a robar sin que nadie me viera.

Me enseñó a sobrevivir intentando hacer el menor daño posible a los demás mientras lo hacía. Me dio una familia y me hizo sentirme seguro. Él fue mi padre en todo lo importante.

Cuando tenía cinco años, mi madre me dejó al cuidado de otro hombre. Apenas recuerdo el último invierno que pasamos juntos, el invierno que cambió mi vida. Ella empezó a tener una profunda y ruidosa tos que nos hacía pasar las noches en vela. Manchaba los pañuelos de sangre y comía muy poco. Estoy seguro de que sabía que se estaba muriendo e intentó proporcionarme el mejor cuidado que pudo; y debió de pensar que el primo de mi padre era la mejor alternativa.

Murió antes de que llegara la primavera y la enterraron en una tumba para personas pobres; con un poco de suerte, sin saber la verdad sobre el diablo que me había acogido.

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Costó un poco, pero a la pandilla de Orochimaru se le da muy bien encontrar información. Acabamos descubriendo dónde estaba enterrada y Uzumaki, que era ladrón de tumbas de niño, se encargó del asunto.

Mi madre descansa ahora donde debería haber descansado siempre, junto al hombre al que amaba. No puedo evitar pensar que le amaba, porque, en su tumba, Uzumaki encontró un colgante muy similar al que me dio a mí, con un retrato en miniatura del duque.

No voy mucho a visitarla porque la cripta de los Hoshigaki está en la casa de campo, que pertenece legalmente a mi joven hermanastro e hijastro. Pero le pago al jardinero para que le lleve flores todos los días. He hecho construir un invernadero para que también tenga flores en invierno.

Recuerdo que mi madre me dijo una vez que vendía flores porque era la única forma de tenerlas en su vida durante un rato, y por muy triste que le pareciera tener que separarse de ellas, valía la pena por la alegría que le ofrecían el poco tiempo que las disfrutaba.

Ya sé que puede sonar arrogante, pero me gusta pensar que se puede decir lo mismo de mí: que mientras estuve con ella fui una alegría y no una carga.

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Ino encontró un diario entre las cosas del duque. Dice que en él se habla del amor del duque por una joven sirvienta, un amor tan profundo que le dificultó mucho poder pensar en tener otra mujer en su vida.

Ella piensa que si lo leo entenderé mejor la fortaleza y los sacrificios que debe hacer la aristocracia, y que acabaré respetando a mi padre por su lealtad al deber y su deseo de cumplir las expectativas que otros tenían puestas en él.

Tal vez tenga razón, pero no estoy preparado. Yo creo que un hombre tiene que mirarse a sí mismo primero para saber qué camino debe elegir, y que cada hombre, desde el más pobre hasta el más rico, tiene que tomar decisiones difíciles en la vida. Yo he conocido la pobreza y la riqueza.

Cada forma de vida tiene sus problemas y cada una tiene sus recompensas. Las personas que merecen mi respeto son las que no están influidas por el lugar que ocupan en la vida o la cantidad de monedas que tienen en el bolsillo. Son fieles a sí mismas y a los que les rodean a pesar de lo bien, o mal, que los haya tratado la vida. No estoy completamente convencido de que el duque hubiese sobrevivido en la calle. Todos estamos condicionados por nuestro pasado. Yo creo que soy un hombre mejor gracias al mío.

Sin lugar a dudas, mis hijos vivirán mejor que yo, pero yo me ocuparé de que aprendan a mirar a los pobres a la cara.

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No creo que Inojin se convierta en el clásico lord; a fin de cuentas, yo soy su tutor. He guardado el reloj de bolsillo para poder dárselo cuando sea mayor de edad. Parece lo más correcto. A fin de cuentas, él tiene buenos recuerdos de su padre y yo no.

Ino ya no cree que yo fuera la peor opción. Está satisfecha. Yo diría que ahora que sabe que siempre querré y protegeré a su hijo, a todos sus hijos; está más que satisfecha. Si puedo decir que yo tenga alguna buena cualidad es ésta: protejo con uñas y dientes lo que es mío.

No creo que jamás reclame públicamente la filiación de Hoshigaki. Si lo hiciera, pondría en entredicho la legitimidad de mi matrimonio con mi muñeca. Y yo jamás la abandonaré. Nunca lo haría ni por el nombre ni por la fortuna de nadie.

Recuerdo un tiempo en que anhelaba la siguiente moneda, un tiempo en que hubiera hecho cualquier cosa para hacerme con ella.

Ahora, lo único que deseo son mis momentos con Ino.

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Mi esposa es el verdadero oro de mi vida. Es la persona que posee mi corazón, mi alma y, para toda la eternidad, mi amor.

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FIN