Todos los caminos que llevan a Emma Swan
Regina
Tras terminar de desayunar, David y yo subimos al cuarto y me llevo conmigo el disco que Emma me había prestado. Me doy cuenta de que él ha notado el objeto en mi mano, pero no dice nada hasta llegar al dormitorio.
-¿Qué disco es ese, mi amor?- indaga, curioso
-Es de una artista brasileña, con mucho talento, que, por coincidencia, también se llama Regina- digo, pues aún tengo dudas de cómo se pronuncia su primer nombre –Tu hermana lo estaba escuchando en la biblioteca antes y quedé encantada. Entonces, se lo he pedido prestado para conocer mejor su trabajo- explico, sonriendo, recordando la conversación que había tenido con Emma hacía unos instantes.
-Muy conveniente por parte de Eric estar escuchando justamente el disco de una cantante que se llama como tú. Parece una artimaña para entablar conversación contigo- dice, enfadado
-Ella estaba escuchando el disco de otra cantante, también brasileña, y fui yo quien se interesó por escuchar algo más de cantantes de esta nacionalidad, pues ya sabes que tengo simpatías por ese país- digo, ocultando algunos detalles para no darle más pábulo a su desconfiada mente
-Ah, ¿Todavía está él con esa fijación por Brasil? Pensé que ya se había sobrepuesto de la patada en el culo que le dio la sensata brasileña que lo rechazó?- dijo, sarcástico
-¿No te cansas de ser cruel con tu propia hermana?- cuestionó, exasperada
-No estoy siendo cruel, ¡es solo la realidad de los hechos! Fue a Brasil lleno de esperanzas, creyendo que había conocido a otra pervertida, como esa Belle, que aceptaría salir con un travesti- subraya, cínicamente, y eso es la gota que colma mi vaso
-¡Ya basta David!- digo, en un tono de voz alterado –Creo que ya he escuchado la cota que podía soportar de prejuicios y falta de respeto venidos de ti sobre Emma- prosigo, airada –O comienzas a tratarla con la consideración y dignidad que ella merece, o hoy mismo regreso a Nueva York y nuestra relación termina aquí- concluyo, guardando el disco en mi maleta y pasándome las manos nerviosamente por el pelo
-¿Vas a terminar conmigo por causa de ella?- pregunta, usando, por primera vez, desde que habíamos llegado, el pronombre femenino para referirse a la hermana y noto inseguridad y preocupación en su voz.
-¡No, David! ¡Si realmente fuera a terminar contigo, sería porque estoy descubriendo lo reaccionario y hasta inhumano que eres!- afirmo, gesticulando con las manos –Porque el hecho de que tu hermana sea transexual no te da derecho, ni a ti ni a nadie, de tratarla de esa forma vil y grosera, por no decir estúpida e ignorante. Tú, como hermano, deberías entenderla y apoyarla, pues ya existe una sociedad opresora y castradora que la juzgará- termino, encarándolo severamente
-¡Tú no lo entiendes! Para mí es muy complicado asimilar que una persona que viste ropas femeninas, se pone pechos, tiene largos cabellos dorados, al contrario de lo que podría esperarse, conserve el pene- responde en un tono más suave- Si ella se ve como mujer, ¿por qué no quiere hacer el cambio total de sexo? Eso, para mía, es lo que caracteriza la perversión- finaliza
-¡Quien no entiende eres tú! Los motivos que tu hermana para ser como es solo le incumben a ella. Eso forma parte de la impenetrable intimidad del ser humano y define la identidad de Emma- subrayo de forma elocuente
Él se queda mirándome en silencio por un momento, como si estuviera reflexionando sobre lo que yo acababa de decir
-¡Está bien, Regina! Sé que a veces me paso un poco de los límites con ella, pero la mayor parte de las veces no soy así. Solo que he percibido que desde que hemos llegado, Emma busca todos los motivos para acercarse a ti y eso me irrita- dice, poniendo morros
Sonrío, irónicamente, al percibir que David estaba intentando poner el juego a su favor, cambiando el papel de hermano lleno de prejuicios por el de novio celoso.
-¡David, ahórrame tus infantilidades!- digo, pasando por su lado, que se queda mirándome atónito, para después salir del cuarto al ver que no tengo ánimos para su compañía en los próximos minutos.
Tras dejar a mi novio solo, me fui a la parte exterior de la mansión. Echo a andar hasta encontrarme con una construcción en mitad del jardín que me llama la atención.
Por fuera, parece un tipo de estudio o simplemente puede ser un refugio de alguno de los moradores de la casa principal.
Al acercarme, veo, por la ventana, a Emma muy concentrada, aparentemente dibujando algo, inclinada sobre una mesa como la de los arquitectos.
Tiene el cabello recogido en un moño alto y algunos mechones caen sobre su rostro. Leva un suéter blanco, largo y holgado, y una falda negra, algo por encima de las rodillas.
Por un instante me quedo mirando el bello perfil de aquella mujer y noto que posee lindas piernas, además de un trasero bien moldeado. Me doy cuenta del rumbo que están tomando mis pensamientos y sacudo la cabeza para apartarlos.
Abro la puerta y ella aún no se había dado cuenta de mi presencia
-Parece que todos los caminos llevan a ti- digo, sonriendo
Emma se asusta y se gira rápidamente, sin embargo, tras el susto inmediato, me dedica una hermosa sonrisa
-Quizás sea como la Roma antigua, con infinitas calles a mi alrededor- dice, divertida, haciendo alusión al viejo dicho.
Es impresionante lo cómoda que me siento cerca de ella y parece que nuestra sintonía es cada vez más evidente.
-Sé que debes creer que soy una entrometida, sin embargo, como parece que vamos a ser amigas, debo alertarte de que soy bastante curiosa- aclaro, acercándome a la mesa y mirando el croquis que estaba haciendo –Déjame adivinar tu profesión: ¿arquitecta o ingeniera?- pregunto, bromista, mirando de ella a la mesa
-En la práctica, ni lo uno ni lo otro-dice, con su tono de misterio-Soy arquitecta de formación, sin embargo, me dedico al Diseño de interiores y al Paisajismo desde que comencé a trabajar en el ramo- explica
-Apuntemos un punto más a nuestra lista de afinidades: también pensé en ser arquitecta, antes de decidirme por la psicología- añado, en tono divertido
-¿Y por qué el mundo ha perdido una posible brillante arquitecta?- pregunta y sonrío con sus maneras galantes
-No sé si la arquitectura perdió una brillante profesional o si la psicología ha ganado una dedicada especialista- digo, reflexiva
-Mirándote, no diría que fueras tan modesta- dice, guasona
-¿Cómo?- pregunto, curiosa
-Soy una persona muy observadora y desde el primer momento que te vi, imaginé algunos adjetivos para describirte y modesta no estaba entre ellos- explica, encarándome con su par de esmeraldas.
-¿Y puedo saber qué adjetivos la señorita imaginó para mí?- pregunto y percibo que estamos flirteando una con otra, pero no consigo resistirme a esa atmosfera que nos envuelve.
-Altiva, elegante, inteligente, confiada, sensata, bonita y…-interrumpe el rosario de elogios para pensar y, finalmente, añade –atrayente- noto que al pronunciar esa última palabra, su tono de voz sufre una pequeña variación, sin embargo no consigo entender lo que eso significa.
Nos quedamos mirándonos, en silencio, por algunos segundos, hasta que Snow, la gatita blanca de Emma, salta sobre la mesa, tirando los bolígrafos que estaban encima del mueble y sacándonos del trance en que estábamos en lo que nos pareció una eternidad.
-Snow, gata traviesa, ya te he dicho que no entres aquí cuando esté trabajando, ya que siempre pierdo algo tras tus desastrosas visitas- dice Emma quitándola de encima de la mesa con cuidado y olisqueando a la gata con cariño
Después de ese incidente, nos quedamos charlando sobre amenidades y, un poco después, fuimos interrumpidas de nuevo, esta vez por su madre.
-Eric, mi amor, ¿ya acabaste el proyecto de Gertrude Cohen? Pues no deja de llamarme y ya estoy perdiendo la paciencia- dice Margaret, con su habitual manera aristocrática, llamando a Emma, de nuevo, con su nombre de nacimiento.
-¡Ya lo acabé, mamá! Pero aún no he tenido tiempo de llevarlo, ya que sabes cómo es ella: adora sugerir cambios de última hora y tengo que ir personalmente para tomar nota de sus exigencias- explica Emma, sin parecer perturbada con el hecho de que la madre la llame Eric.
-¡Ok! Voy a decirle que vas la semana que viene, para enseñarle el proyecto, pues solo así dejará de llamar tres veces al día para preguntar sobre eso- dice ella y sale, dejándonos a solas de nuevo, y no consigo refrenar el impulso de preguntarle cómo consigue continuar viviendo con la madre tratándola de esa manera
-Perdóname, de nuevo, por la indiscreción, pero desde anoche, después de cenar, me quedé con las ganas de preguntarte algo muy particular- digo
Ella me mira comprensiva y afirma, sonriente
-¡Tengo una idea de lo que puede ser!
-¿Por qué sigues viviendo con tu madre, ya que ella claramente no acepta o no intenta entender tu identidad de género?- pregunto, seria
-Es una situación muy incómoda y creo que oculto muy poco mi molestia y, por eso mismo, hace algunos años, intenté marcharme. Llegué a alquilar un loft en un barrio apartado de aquí y solo avisé a mi padre y a Jefferson dónde me podrían encontrar- hace un pausa –Solo que cuando descubrió que me había marchado, consiguió sonsacarle a Jeff mi dirección y se presentó allí. Hizo una escena digna de una madre superprotectora, armando un escándalo en el pasillo, cuando me negué a recibirla. Dijo que no conocía a Emma, que yo siempre sería su amado y cariñoso hijo Eric, y que si no volvía a casa, acamparía en la puerta del apartamento hasta que saliera- añade y noto que se está divirtiendo recordando ese momento de su vida- Entonces, preferí volver acá, porque a pesar de todo, la quiero y sé que no puedo esperar que todas las personas a mi alrededor entiendan y acepten quién soy. Al final, todo eso sirvió para fortalecerme, ya que como tengo que enfrentarme a los prejuicios dentro de mi propio hogar, acabé creando más valor para encarar el mundo que tengo delante- explica y mi admiración por Emma solo aumenta.
-No logro imaginar a tu madre protagonizando esa escena que acabas de relatar- digo, sonriéndole
-De hecho, la mayor parte del tiempo, es esa mujer refinada, aristocrática y hasta un poco fría. Sin embargo, cuando el asunto son sus hijos, mi madre pierde un poco la compostura y asume el papel de progenitora loca por sus crías- dice, devolviéndome la sonrisa
Tras seguir conversando un poco más sobre la complejidad de las relaciones entre madres e hijos, volvemos a la mansión para almorzar en compañía de los otros ocupantes.
Al entrar juntas en la sala, David nos mira con expresión contrariada, sin embargo, no dice nada grosero sobre la hermana, ni en aquel momento ni durante el resto de nuestra visita.
Ya hace cuatro días que hemos regresado a Nueva York y a la rutina de nuestros trabajos.
En este tiempo no he hablado con Emma, a pesar de habernos dado los teléfonos, pero ya me sorprendí varias veces mirando su nombre en mi agenda, pensando en algún motivo que justificara una posible llamada.
Pero al final, no encontraba ninguno que pareciera creíble. Así que pasé a esperar que Emma si pensara en alguno y así, me llamara.
Estoy en la consulta y mientras atiendo al quinto paciente del día, mis pensamientos, cada cierto tiempo, se dispersan y sonrío sola, recordando fragmentos de nuestras instructivas conversaciones.
Me quito las gafas, las coloco sobre las notas, y me siento feliz de que la joven a la que estoy atendiendo esté echada en el diván y no perciba mis distracciones.
Después de atender al último paciente, un soldado que ha estado recientemente combatiendo en la Guerra de Irak, salgo de la clínica y avanzo hacia mi Mercedes, que estaba en el aparcamiento.
Conduzco por Manhattan, y paso por la calle conocida como Little Brazil y me detengo frente a una tienda de discos.
Decido entrar en el local para ver algunos álbumes y quién sabe, aumentar mi colección de artistas brasileños, pues ya casi he rayado el disco que Emma me había prestado de tanto que me habían gustado los arreglos de las canciones y sé que si ella se entera de eso, probablemente querrá matarme, después de haberme recomendado cuidado en el manejo de su "reliquia".
Entro en la tienda y mis oídos son seducidos por la suave melodía de una canción y aunque no comprendo lo que está sonando, tengo la impresión de que tiene una letra bellísima. Imagino que las personas que no entienden inglés, deben sentirse exactamente así al escuchar Unforgettable de Nat King Cole por primera vez.
Conversando con el vendedor, consigo descubrir qué CD es el de la música que suena y decido comprarlo así como otros que él me indica.
Cuando ya estoy en casa, preparándome la cena, escuchando uno de los álbumes comprados, escucho el bip de mi móvil y lo cojo. Una sonrisa brota instantáneamente en mi rostro al ver el nombre de Emma en la pantalla.
"¡Hola! ¿Está todo bien?"
E. Swan
El texto es sucinto, pero no sé por qué, al verlo tengo una sensación muy buena y tecleo la respuesta sintiéndome radiante.
Emma
Algunos minutos antes
Estoy mirando el cuadro de Portinari, recordando a Regina. Desde que se había marchado, no ha pasado un día sin pensar en las conversaciones que habíamos mantenido, y si no fuera por mi inseguridad y timidez, ya la habría llamado.
Ravenna y Snow, para variar, están cerca de mí, cuando, finalmente, decido mandarle un mensaje. Miro a las dos y pregunto
-¿Qué escribo?
Ellas me miran con aire de indiferencia y siguen lamiéndose las patas de forma indiferente
-¡No sois de mucha ayuda!- digo, sonriéndole a mis gatitas
Después de borrar el texto innumerables veces, por no saber exactamente qué escribir, decido enviarle quizás la cosa más idiota que pensé, sin embargo, por ser más impersonal, parece ser lo adecuado.
Tras enviarlo, me siento aprensiva esperando la respuesta, que no tarda mucho en llegar.
"¡Estoy bien! Escuchando una música brasileña mientras me preparo una deliciosa lasaña. Y tú, ¿qué estás haciendo?"
R. Mills
Me siento feliz con su respuesta y, al mismo tiempo que pienso en el próximo mensaje que iré a escribir, pienso que conocer a Regina Mills se está volviendo una experiencia fascinante e imagino la escena que acaba de describirme, suponiendo que debe ser encantador contemplarla mientras prepara la cena.
