5. En el rancho con Emma Swan
Regina
David y yo bajamos para encontrarnos con los otros ocupantes de la casa que ya están sentados a la mesa del desayuno.
Cuando entro en el recinto, sonriendo, deseo unos simpáticos buenos días y tomamos asiento para desayunar.
Margaret, como siempre, ocupa la cabecera de la mesa, siendo flanqueada por Jefferson y Emma, que está muy callada y fue la única que no respondió a mi saludo.
No entiendo el motivo de su rostro serio, pero imagino que puede que no haya dormido bien.
Apenas habíamos comenzado a servirnos la apetitosa comida, cuando la anfitriona pide permiso a los demás, ya que ya había acabado de desayunar y comunica que iría a ocuparse de los preparativos del viaje que haríamos al rancho el Sr. Swan, más tarde.
Con el día de ayer lleno de actividades, me había olvidado completamente que el motivo principal de nuestra visita a Boston era conocer el Fairy Tale, el sitio que, según mi suegro, es el último paraíso en la tierra.
En cuanto Margaret sale, Tinker, que está sentada al lado del marido, como de costumbre, se dirige a Emma
-Ya me estaba olvidando, cuñada. He invitado a una amiga que trabaja conmigo en el albergue a pasar el día con nosotros en el rancho. Le he hablado sobre ti y está muy interesada en conocerte. Ha terminado una relación larga con una conocida abogada y se siente muy sola, necesita nuevas amigas- finaliza, guiñándole un ojo a la rubia, que sonríe sin respuesta.
-¿Qué le dijiste de mí para que me encuentre tan interesante?- pregunta, mostrando por primera vez en el día su linda sonrisa
-Le dijo que eres una rica heredera, alta, rubia, bonita, de ojos verdes, una sólida carrera y de las de casarse- responde Jefferson en tono guasón
Tinker y Emma se echan a reír y la esposa del muchacho aclara
-Aunque nada de eso es mentira, en realidad, le dije que eres una persona amable, bondadosa, inteligente…Pero lo que más le llamó la atención fue el hecho de que hubieras adoptado a Snow y Ravenna, sacándolas del albergue cuando nadie las quería debido a la enfermedad que tenían en esa época- concluye el relato
Yo, que solo estoy siendo espectadora de esa conversación, me sorprendo al saber que las gatitas de Emma, que son tan monas, eran animales de la calle.
Por lo que entendí hablando el otro día con David, Tinker era veterinaria y trabajaba en un albergue que acoge animales abandonados y los cuida para que puedan ser adoptados.
-¡Ok! ¿Y esa muchacha que me encuentra tan interesante, tiene nombre?- continúa Emma, sonriente
-Disculpa, he hablado tanto de ella y no te he dicho lo principal. Se llama Mulan Houston- aclara Tinker
-¿Y cómo llegará al rancho?- pregunta Emma –¿Vendrá para acá? ¿Iréis a buscarla?- hace una pequeña pausa y veo un brillo diferente en sus ojos, dejándome la impresión de un leve trazo de malicia -¿O tengo que ir a recogerla?- remata, riendo.
-Calma, hermanita, de esa manera acabas asustando a la "doncella". Vamos a buscarla nosotros y la traeremos hacia ti- dice Jefferson guasón.
Normalmente, reiría de ese comentario de él, sin embargo, algo en la visita de esa tal Mulan y en la euforia que eso parece causar en Emma me deja irritada.
Terminamos el desayuno prácticamente todos al mismo tiempo y noto que durante el tiempo que estuvimos en la mesa, Emma ni me dirigió la mirada.
Parece que me está evitando, sin embargo como no hay ningún motivo para justificar eso, resuelvo que en la primera oportunidad, intentaré establecer un diálogo con ella para disipar mis dudas.
La oportunidad surge cuando estamos subiendo las escaleras, una al lado de la otra. Resuelvo sacar el primer tema que me viene a la cabeza y ver cómo Emma reacciona
-Me he sorprendido al verte en la mesa, pues pensaba que no comías nada antes del mediodía- digo, sonriendo
-Como hoy es un día atípico, pues pronto estaremos de viaje y no sé a qué hora podría comer, me obligo a comer antes de salir-esclarece, seria, y ni de lejos parece aquella mujer dulce y afectuosa del día anterior.
Su respuesta evasiva me incita a continuar conversando con ella para entender lo que estaba sucediendo.
-¿Soléis ir al rancho con frecuencia?- escojo un tema neutro
-En realidad hace unos meses que no voy- explica lacónica –Regina, si no te importa, tengo que ir a arreglarme, ya que llevaré a mamá en mi coche y ella no soporta los atrasos- añade, dirigiéndome un mirada fría
Su actitud me deja sin reacción y respondo
-Está bien- viéndola entrar en su cuarto y cerrar la puerta.
Definitivamente esa persona con la que acabo de hablar no es la misma con la que estuve interactuando ayer.
Con esos pensamientos dominando mi mente, abro la puerta del cuarto que comparto con David y que queda al lado del de Emma.
Llegamos media hora después al rancho y fuimos calurosamente acogidos por Ruby y James, que ya nos estaban esperando.
Fuimos los últimos en llegar ya que nuestra rueda se pinchó y cambiarla nos retrasó.
Cuando llegamos a la casa, observo a Emma conversando con una morena de trazos asiáticos y deduzco que se trata de Mulan.
-¡Hm…Tinker consiguió una bella mujer para Emma!-murmura David y, extrañamente, percibo que está feliz al ver a su hermana acompañada –Para que no digas que soy una persona con prejuicios, voy incluso a rezar para salga bien-añade, posiblemente porque ha notado mi mirada incrédula, debido a su súbita simpatía por Emma.
Ruby nos lleva al dormitorio para que podamos acomodarnos y guardar las maletas, avisándonos que dentro de poco el almuerzo será servido en el porche y más tarde podríamos cabalgar, cuando el sol estuviera menos fuerte.
Antes de ser servido el almuerzo, voy hasta el porche y me encuentro a Jefferson y Tinker echados en una hamaca, envueltos en un clima de enamoramiento.
Margaret dialoga con James y Ruby elogiando a la actual esposa de su ex por las modificaciones que había realizado en el rancho.
En el lado opuesto, veo a Emma teniendo una conversación que parece bastante agradable con la señorita Houston.
Tengo unas inmensas ganas de acercarme a las dos para saber de qué están hablando, pero en ese momento, James, al verme sola, me llama para que me acerque a él.
-Regina, estamos hablando sobre las reformas que hemos hecho en el rancho. Aunque no lo hayas conocido antes, ahora está muy diferente- dice, simpático –Mi adorable esposa y mi hija estuvieron a la cabeza del proyecto-prosigue y noto que Margaret se incomoda con la manera en que él se refiere a Emma. Es bueno constatar que James, al contrario que ella, respeta la transexualidad de la hija.
-Ruby, no sabía que también fueras arquitecta- digo, dirigiéndome a ella
-¡Sí, lo soy! Emma y yo fuimos compañeras de facultad. Formábamos una pareja perfecta, por eso hasta trabajamos juntas un tiempo. Yo, como arquitecta nata, proyectaba la parte externa, así como los detalles de la obra en sí, mientras que ella cuidaba de los proyectos interiores- explica
Después de charlar acerca de otros temas, el almuerzo es servido y, para mi disgusto, me siento frente a Emma y su más nueva "amiga" que parecen cada vez más próximas.
La indiferencia de la rubia hacia mí me deja irritada y atónita, pues nunca imaginé que ella me trataría así después de toda la afinidad que habíamos alcanzado.
Algo después de acabar el almuerzo, los hombres deciden ir al salón de juegos, a disputar unas partidas de billar.
Ruby, entusiasmada, invita a las mujeres a una cabalgata y la única que declina la invitación es Margaret, que prefiere quedarse en casa, leyendo un libro de Jane Austen.
Ya en los establos, Ruby y Tinker conversan conmigo, mientras, mi atención está centrada en el diálogo que acontece entre mi cuñada y su amiga.
-Entonces, ¿está hermosa yegua caramelo es tuya?- pregunta, acariciando la crin dorada del animal
-Sí, mi padre me la regaló cuando cumplí 15 años- responde, encarándola
-¿Cuál es su nombre?- pregunta enseguida
-Xena- dice, sonriente
-¿No me digas que eres una gran fan de la serie?- pregunta sonriendo también
-Sí, recé mucho para que ella y Gabrielle quedaran juntas- dice nostálgica
-¡Yo también! Creo que nunca habrá otra pareja, que de hecho no lo eran, que provoque tanta conmoción como ellas dos- y ambas ríen mucho con ese comentario y, como yo no veía la serie, no entiendo el porqué de tanta euforia.
-A pesar de ser veterinaria, y haber trabajado en grandes haciendas, nunca aprendí a montar- prosigue
-Si quieres, estás invitada a venir más veces, y puedo enseñarte. Xena es muy mansa e ideal para principiantes- enfatiza, encantadora.
El comportamiento amable que le dedica a la señorita Houston y la forma en que me viene ignorando me motiva a querer salir rápidamente de los establos.
Monto en Rocinante, el corcel negro que había escogido, y cuando estoy pasando por ellas, siento que Emma agarra las riendas del caballo, alertándome
-Si no tienes bastante experiencia montando, aconsejo que no salgas con este alazán, pues es arisco y puedes sufrir un accidente-su semblante denota preocupación y parece percibir mi presencia, por primera vez, desde que llegamos a Fairy Tale.
Como ya estaba bastante enfadada con ella, su aprensión no me conmueve
-No se preocupe, señorita Swan, me sé cuidar- respondo seca, y tiro de las riendas que estaban en sus manos, mandándole al caballo que echara a galopar.
He salido de los establos hace media hora y como estoy cabalgando sin rumbo, no tengo ni idea en qué parte del rancho me encuentro ahora.
Para empeorar la cosa, se anuncia una tempestad, con relámpagos cortando el cielo y el estruendo de los truenos está poniendo nervioso y agitado al corcel.
En cierto momento, un rayo alcanza un árbol cercano a nosotros y Rocinante, asustado, levanta las patas delanteras, tirándome al suelo. Él sale disparado, en sentido contrario.
Me levanto, pasándome la mano por las partes de mi cuerpo que estaban doloridas, pero, felizmente, nada más grave me había pasado.
La lluvia caía torrencialmente y busco un sitio para refugiarme que no sea un árbol. Sin embargo, no consigo divisar ningún lugar seguro.
Escucho, aunque algo lejos aún, patas de un caballo acercándose y rezo para que "mi" alazán haya regresado, aunque lo consideré poco probable.
Incluso con la neblina intensa dificultándome la visión, consigo reconocer a la yegua "Xena" con su dueña montada en ella.
Lo último que preciso en ese momento es que Emma me eche el sermón sobre el hecho de haber perdido mi montura, así que continúo caminando en sentido opuesto, sin embargo segura de que enseguida me alcanzará.
Como imaginaba, llega hasta mí, disminuyendo el trote del caballo para acompañar mis pasos
-¿Qué ha pasado? Estaba galopando por aquí y vi a Rocinante pasar disparado en dirección a los establos. Creí que podrías haberte hecho daño- dice, pareciendo realmente preocupada.
-¡Como puedes ver estoy bien!- enfatizo, sin mirarla y siguiendo mi camino
-¡Qué bien que estés bien! ¡Pero podrías haberte herido por tu testarudez infantil! Aquel caballo no es de confianza- dice, con tono severo y la forma en que se dirige a mí me irrita aún más.
Me paro y rebato
-Para tu información, se estaba portando bien hasta que un rayo alcanzó la copa de un árbol y se asustó, haciéndome caer.
-¡Otro más que no se resistió a tus encantos!- afirma, con sonrisa irónica
-¿De qué estás hablando?- le pregunto, confusa
Ella ignorando mi pregunta, dice
-¡Sube al caballo, Regina! Tenemos que resguardarnos y esperar que la lluvia pase- pide seria
De hecho, como la tempestad está cada vez más fuerte, tengo miedo de que el próximo relámpago nos alcance a las dos y, aunque a disgusto, hago lo que me pide, subiendo a la grupa de Xena, siendo ayudada por Emma.
Llegamos a una cabaña, que según ella, era usada por los caseros del rancho, pero que después de la reforma fue abandonada, ya que habían construida otra morada para ellos más cerca de la casa principal.
El sitio estaba prácticamente vacío y solo había una mesa y dos sillas en la sala.
Emma lleva puesto unos pantalones de caza y un suéter blanco, largo y ancho, además de las botas de caño alto marrones.
También yo llevo unos pantalones de caza, botas negras y una camisa ajedrez, abierta hasta el medio, dejando transparentar mi top blanco.
Lo ideal sería quitarnos esa ropa y secarnos, sin embargo no hay toallas, mucho menos ropa seca en la cabaña.
Como no tenemos nada que hacer y el clima entre nosotras no está bien, Emma se queda mirando la lluvia por la ventana, mientras yo arrastro una de las sillas para sentarme.
-Parece que la lluvia no va a pasar tan pronto- dice, mirando hacia afuera
-¡Qué irónico! Me has evitado todo el día y ahora estás encerrada conmigo- digo, sarcástica
Se gira y me mira
-¿Por qué crees que te he estado evitando?- pregunta, entrecerrando los ojos
-Creo que tiene que ver con el hecho de que no me saludaste por la mañana, por haberme respondido secamente cuando intenté entablar un diálogo. O también puede ser porque, desde que hemos llegado al rancho hasta el momento en que salí con el caballo, parece que soy invisible para ti- concluyo, herida
-Disculpa, Regina, por no haberte dado más atención, pero pensé que por estar acompañada de tu novio, ibais a querer hacer algún plan romántico- rebate, secamente
-Nosotros no, pero tú y la señorita Houston parecíais estar viviendo un idilio de amor- replico con desdén, levantándome de la silla
-Solo estaba siendo amable con una invitada y aprovechando para conocer a alguien interesante- responde, encogiéndose de hombros
Me acerco más a ella y digo, furiosa
-Ah, a ver si he entendido….mi tiempo ya pasó. ¿Ahora es el de ella?- pregunto, mordaz
-¿De qué estás hablando?- me pregunta, disminuyendo el espacio entre nosotras
-¡De que tuvimos una tarde maravillosa y hoy solo porque alguien te presenta a otra persona, me ignoras solemnemente!-aclaro, gesticulando con las manos
-¡Es que pensé que la tarde maravillosa se había vuelto insignificante ante la increíble noche que tuviste con tu novio!-subraya, invadiendo mi espacio personal.
Trago en seco
-¿Nos escuchaste?- pregunto, algo avergonzada
-¡Las paredes de la mansión no son tan gruesas como deberían!-destaca, fría –Y no soy una cotilla. Créeme, no querría haber escuchado tus gemidos- añade, con la mandíbula tensa.
-Emma…Perdona…No tenía ni idea de que hubieras escuchado. Estoy avergonzada…-intento justificarme
-No tienes que explicarte, Regina. No te preocupes, ni sé por qué te he comentado esto. A fin de cuentas, no es de mi incumbencia- resalta, entre dientes
-¡Realmente soy una idiota por intentar explicar, si a ti no te importa!- digo, sintiéndome extrañamente herida ante la indiferencia aparente de ella en relación a lo que escuchó
Un brillo diferente surge en su mirada
-¡Sé que no debería, pero me importa!- dice, ronca y, sin esperarlo, me agarra por la cintura, juntando nuestras bocas aún húmedas por la lluvia e, instintivamente, coloco las palmas abiertas en su pecho, sintiendo nuestros labios rozándose suavemente.
De la misma forma en que había comenzado, el beso es interrumpido por ella, que me suelta y me da la espalda.
Le agarro el brazo, haciendo que se dé la vuelta hacia mí de nuevo y la beso.
