6. El toque suave de Emma Swan

Regina

Si el primer beso fue tierno, este es caliente y ávido. Nuestros labios se rozan entreabiertos y ella responde agarrándome por la nuca. Al mismo tiempo, su otra mano está abierta en la parte baja de mi espalda.

Mis dedos acarician su rostro, deslizándose por la mejilla y agarrando sus suaves y dorados mechones. El aliento de ella es cálido y embriagador. Entro en su boca y mi lengua toca la suya por primera vez.

Ella jadea, a causa de mi atrevido gesto, y aprovecho para intensificar aún más el contacto de nuestros mojados labios.

Emma me empuja suavemente hasta apoyarme contra la mesa, y a medida que mi lengua desliza sobre la de ella, experimentando y explorando cada recóndito lugar de su boca, siento que me abraza aún más fuerte y su respiración se vuelve más pesada, tan arrítmica como la mía.

Decido provocarla aún más y comienzo a mordisquear y chupar su labio inferior, entre beso y beso, descendiendo mis manos hasta el vuelto de su suéter, colocándolas bajo el tejido suave y húmedo, sintiendo la firme piel de su abdomen, arañándola levemente con mis uñas.

Gime, enrollando sus dedos en mi cabello y tira de mí más hacia ella. Nuestros cuerpos están tan pegados que ni un suspiro pasaría entre ellos. Y es cuando siento la rigidez de su excitación sobre el tejido de montar que uso.

Se aparta de mí, avergonzada, dejándome atónita. Coloca sus manos en la parte baja de su vientre, intentando ocultar lo que mis caricias y los besos dados habían provocado en ella. Su respiración está alterada y la piel de su rostro extremadamente enrojecida, a pesar del frío que debe estar sintiendo por la ropa mojada.

Hago un movimiento en su dirección, pero ella se aparta y, sorprendentemente, sale de la cabaña. Cuando llego a la puerta, la veo ya distante, montada en Xena, marchándose, dejándome allí sola y me asombro ante su inexplicable actitud.


Creo que ya hace más de media hora que Emma me dejó sola y me estoy empezando a preocupar, pues la lluvia no pasa y, probablemente, tardaré en encontrar el rancho cuando escampe. Aún estoy intrigada con su actitud. No imaginaba que después de los intensos besos intercambiados, Emma me fuera a abandonar aquí sin decir nada.

Pensando en eso, escucho el trote de un caballo acercándose a la pequeña casa donde estoy. Sonrío, suponiendo que decidió regresar a buscarme. Abro la puerta, pero, enseguida me doy cuenta de que, en realidad, quien está parado frente a la cabaña es David, montado en un caballo blanco. Y no logro evitar sentir un pinchazo de decepción.

-Emma me dijo que te habías caído del caballo y necesitabas ayuda para volver a la casa principal- explica, bajando de la silla y viniendo hacia mí, con aire preocupado –Pero, veo que ha exagerado un poco- dice, cambiando de un semblante preocupado a uno desconfiado, al verme de cerca

Cogida de sorpresa, pues no esperaba que la rubia mandara a su hermano a rescatarme, digo lo primero que se me ocurre

-Le dije que no era nada, pero se quedó preocupada, ya que no podríamos saber si hay algún daño interno a causa de la caída, y como tampoco sabíamos cuánto tiempo íbamos estar aquí por culpa de la lluvia, ella creyó mejor llamar al médico para ver cómo estoy- digo, avanzando hacia el frente, fingiendo cojear, para dar más credibilidad a mi mentira.

David aparenta tragarse el anzuelo. Viene hasta donde estoy, me coge en brazos y me sienta en la silla de montar con cuidado y enseguida sube él. Como la lluvia ya caía más fina, echamos a andar hacia el rancho.

Cuando llegamos frente a la casa, el temporal ya había pasado completamente. David me ayuda a bajar del caballo, mientras continúo con el fingimiento. Entra conmigo en brazos, y me deposita suavemente en el gran sofá que hay en la sala y enseguida veo a Margaret, Ruby y James acercarse, preguntando por lo sucedido, mostrándose aprensivos.

Jefferson y Tinker se acercan y yo me avergüenzo por tener que seguir con el teatro, mientras ellos se muestran tan preocupados con mi bienestar. Incluso Margaret comienza a dar órdenes a los demás, instruyéndolos para que trajeran almohadas, cogieran hielo para ponerme en la pierna, impidiendo que se hinchara, y ordenando a mi novio que fuera a buscar su maletín para hacer una comprobación más minuciosa de mi estado.

Después de todo ese alboroto, percibo que solo Jeff y Tinker quedan en la sala. Como había notado la ausencia de Emma, decido preguntarles por ella antes de que regrese David.

-No he visto a Emma desde que he llegado, ¿sabéis dónde está?- pregunto, intentando sonar natural.

-La rubia entró echa un huracán, diciendo que estabas herida y que David tenía que ir a ver, ya que ella te había dejado en la antigua vivienda de los caseros. Después dijo que tenía que volver con urgencia a la ciudad, pues tenía que trabajar en un proyecto para entregar mañana temprano y, tras tomar un baño y coger su maleta, se marcho, a pesar de las protestas de Margaret que no quedó nada satisfecha por no volver a Boston con su "querido Eric"- aclaro Jefferson con su acostumbrado tono bromista

-Me da la impresión de que todo fue una disculpa, ya que rechazó la compañía de la madre, sin embargo aceptó llevar a Mulan que también tenía que regresar- añade Tinker, maliciosa y sonriente.

-Si yo hubiera dicho eso, me tacharían enseguida de maledicente, pero también vi muy extraña esa repentina vuelta de las dos y presiento que en breve la familia va a aumentar- continúa, en su tono pícaro

Tinker le da un ligera palmada en el hombro y ambos comienzan a hacer algarabía, mientras yo resoplo de rabia, imaginando si lo que ellos están suponiendo, de hecho, fuera verdad. Esa posibilidad me duele.

En ese momento, los demás ocupantes de la casa comienzan a volver poco a poco, trayendo toda la parafernalia para cuidar de mí. Pero, después de la conversación con la joven pareja, siento unas inmensas ganas de acabar con el teatrillo y regresar a Boston inmediatamente.

Sin embargo, resignadamente, acepto ser tratada por mi médico y "enfermeros". Me instalan en una cómoda cama, en un cuarto diferente al que iba a ocupar con David.

Ellos se muestran muy solidarios conmigo, ya que hasta el final de la visita al rancho no me dejan sola ni un minuto siquiera, y, a pesar de sentir la ausencia de Emma, acabo divirtiéndome con las historias del Sr. Swan y con las charlas de Jeff y Tinker, además de las conversaciones que tengo con Ruby que son, de lejos, mis preferidas, pues siempre habla de la época en que estudió con la rubia, citando el comienzo de su amistad hasta el momento en que conoció a James, del que se enamoró prácticamente a primera vista.

Al día siguiente, regresamos a Nueva York, ya que David tenía que llegar pronto al hospital, pues tenía una operación importante al final de la mañana, un muchacho de 24 años que había tenido un accidente de coche.


Hace tres días que no tengo noticias de Emma. David me dice, irritado, que ella lo había llamado, preguntando si yo estaba bien y me asombro de que no me haya llamado directamente a mí. Como aún no entiendo su nuevo comportamiento, decido esperar a que ella me busque y me explique lo que está sucediendo.

Puedo entender su malestar con lo que vivimos en la cabaña y la forma en la que terminó nuestro beso. Sé que ella también puede estar turbada por haber besado a la novia de su hermano, aunque la relación entre ellos no sea buena.

Sin embargo, aún creo que todo eso no justifica la manera despavorida en que dejó el rancho, sobre todo porque se fue en compañía de Mulan. Me acuerdo de las suposiciones de Jeff y Tinker y pienso que la razón de su distanciamiento puede ser realmente la asiática morena.

¿Será que aquel día comenzaron una relación? ¿Y por eso Emma se apartó de mí, evitando incluso llamarme? Imaginando esa posibilidad, escucho "Blue Train" de Ton Jobim sonando en mi móvil e instantáneamente sonrío, pues solo una persona puede estar llamándome.

-¡Diga!- contesto feliz la llamada, sin embargo, como no sé de lo que se trata, trato de contener la euforia al contestar.

-Hola Regina…Llamo para saber cómo estás…- dice titubeante

-Estoy bien. ¿David no te lo dijo?- respondo, irónica

-En realidad, fue muy sucinto y hasta algo grosero, pues me dijo que estaba con un paciente en ese momento y no podía darme mayores detalles- dice y percibo, por su tono, que no creyó mucho en la disculpa de su hermano.

Decido bajar la guardia, porque imagino lo rudo que habría sido con ella, y siento pena

-David, como siempre, siendo una flor… -digo, con guasa, y escucho el sonido de su risa al otro lado de la línea –Pero, por cierto, ¿por qué aparentas estar tan preocupada por mi estado si sabes mejor que nadie que la caída de Rocinante no me dejó secuelas? Estaba muy bien cuando me abandonaste en la cabaña- remato

Casi consigo "sentir" la incomodidad vía móvil, ya que tarda en responder.

-Regina, perdóname por haberte dejado de aquella forma- hace una pequeña pausa –Mi actitud no podría haber sido más inmadura, pero entiende que no sabía qué ibas a pensar sobre todo aquello. No sé dónde tenía la cabeza cuando cedí al impulso de besarte, aun sabiendo que estás prometida. Y como supuse que iba a quedarme completamente desconcertada ante tu presencia, decidí marcharme antes de que regresases a la casa principal. Perdóname, de verdad- finaliza, en un tono avergonzado

-¿Estás arrepentida…o solo avergonzada?- pregunto sin rodeos

Noto que su respiración se altera

-Debería decir que estoy arrepentida, ¿no?- cuestiona, con voz suave

Percibo el rumbo que esa conversación va a tener y no sé si estoy preparada para eso en ese momento. Así que, decido cambiar de tema.

Tras un instante en silencio, digo sarcástica

-Escuché decir que saliste del rancho muy bien acompañada…Las apuestas sobre una futura boda ya han sido hechas.

Escucho una risa algo tímida al otro lado y Emma habla enseguida

-Apuesto a que Jeff es el autor de esas bromas. ¡Consigo ver su marca de sarcasmo en ese comentario!- exclama divertida

-No fue él solo. Otra persona me contó que le dijiste a tu madre que no para viajar a solas con la señorita Houston- menciono, curiosa por su reacción

-Lo que mi cuñada se olvidó de añadir fue que ellos iban a traerla de vuelta, ya que ellos dos fueron los que la habían llevado al rancho. Pero, al verme saliendo, prácticamente empujaron a la señorita Houston dentro de mi coche para que viniera conmigo- esclarece, subrayando el tratamiento y el apellido de Mulan, imitando mi tono de voz

-¡Vaya! Hablando así parece que la muchacha fue un estorbo. No conozco esa faceta poco delicada de Emma Swan- digo, fingiendo estar asombrada

-¡No estoy siendo poco delicada! Solo dándote mi versión de la historia, para que veas que no sucedió tal y como te la contaron- rebate en tono solemne -¿Iréis a Boston este fin de semana?- pregunta, cortando el asunto Mulan y demostrando cierta ansiedad en la pregunta

-¡Infelizmente no! Pues tu hermano participará en un congreso en Baltimore este fin de semana- aclaro

Ella suspira, pareciendo un poco decepcionada.

-Nunca me has dicho dónde vives en Nueva York…- dice, curiosa

-Vivo en Mifflin Street, cerca de Central Park- digo feliz porque ella parece interesada de nuevo en mí

Tras conversar por unos segundos más, infelizmente tengo que despedirme de ella, ya que mi paciente de las cinco ya había sido anunciado por mi asistente. Emma también dice que tiene que volver al proyecto de la Sra. Cohen, la amiga de su madre que no la deja en paz, y se despide de mí.

Cuelgo el teléfono, sintiéndome feliz por esa llamada inesperada y con la sensación de que volvíamos a tener la misma sintonía de antes.


Hoy es sábado y, como solía hacer los fines de semana, antes de empezar a ir a Boston con frecuencia, camino en la bicicleta estática. Ya hace 20 minutos que estoy ejercitándome, escuchando una música bien movida que suena en mi Ipod colocado en unos altavoces.

Como la música no está muy alta, escucho los primeros acordes y las voces que inician Blue Train, viniendo de mi móvil. Siento mi corazón acelerar y miro el monitor de la bicicleta estática, que ya marca muchos latidos por encima de lo normal.