Muchas gracias por los comentarios. Quiero decir una cosa: hace mucho tiempo que yo leí este fic, así que no recuerdo todo con exactitud, pero sí recuerdo que fue el primero que me llamó la atención por lo respetuoso que trata el tema trans. Soy activista LGBT y mi ex es una mujer trans, por lo que conozco bastante el tema. Por supuesto esto es una obra de ficción, y no podemos pedirle un ensayo sobre transexualidad. Emma es una mujer trans, sí, pero es una persona. Tiene sus defectos y virtudes, y no hay que olvidar que en el tema amoroso nada y todo se permite, ¿han actuado mal por el hecho de que Regina aún esté con David? Bueno, no somos quién para juzgar, todos cometemos fallos. La problemática de las personas trans no será vista en este fic en detalle, los problemas internos de Emma ya los hemos, más o menos, visto: esa inseguridad, ese toparse con gente que nada más saber que tiene pene la rechaza como mujer, la intransigencia de su madre en llamarla Emma…Ahora, la problemática laboral de las personas trans, pues que yo recuerde no la veremos, pero por un hecho solo, Emma es de familia rica, ha podido estudiar, y trabaja por su cuenta como diseñadora. ¿Veremos el proceso transexualizador? Pues no lo recuerdo con claridad, pero creo yo que tampoco es algo que importe mucho, todos sabemos que necesitan hormonas, operaciones menores, etc…y por supuesto que Emma ha pasado por ello.

Y ahora otra cosa, alguien está buscando el fic original, los fic portugueses no están en esta página de fanfiction, porque los autores que escriben en portugués tienen dos páginas exclusivas en este idioma para subir sus fics, y ahí los leo yo.

7. Extraño sería si no me enamorase de Emma Swan

Regina

Bajo rápidamente de la bicicleta estática, sin apagarla, y cojo el móvil que está encima de la mesa.

-¡Hola, Emma!- la saludo, aún jadeante debido al ejercicio que estaba haciendo.

-Vaya, estás algo cansada, ¿eh? ¿Estabas corriendo la maratón de Nueva York?- pregunta, jocosa, mientras retrocedo para apagar la máquina de ejercicios.

Decido entrar en la broma y respondo

-¡Casi! Ya he empezado a prepararme para la próxima edición. ¡Qué me esperen las keniatas!- digo, bromista

-¡Genial, si precisas una entrenadora, cuenta conmigo!- dice, en un tono más serio

-¿Te gustan los deportes, señorita Swan?- pregunto curiosa

-David, probablemente, no debe habértelo dicho, pero soy triatleta-explica-Hubo una época en que pensé competir profesionalmente, sin embargo tuve que enfrentarme a algunos problemas en relación a mi inclusión en una de las dos categorías- añade algo evasiva y melancólica

Imagino las situaciones humillantes y embarazosas que Emma ha debido haber pasado en ese caso. Pues el deporte suele ser un territorio donde los transexuales se enfrentan a muchos problemas, ya que en la mayoría de las modalidades, los únicos géneros aceptados por los comités no incluyen a los transgeneros y, aunque sean permitidos, eso no significa que dejen de estar libres de prejuicios.

-¡Una mujer a la que le gustan las artes, la música y los deportes! ¡Si me dices que aprecias el cine y la literatura también, me caso contigo hoy mismo!- digo, divertida, notando que se había quedado callada y casi consigo ver sus sonrosadas mejillas

A causa del silencio, causado por mi último comentario, escucho el ruido de personas y el canturrear de los pájaros al otro lado de la línea

-¿Dónde estás?- pregunto, intentando retomar la conversación

-¡Estoy en un parque!- responde, aliviada de que volvamos a hablar

-¡Qué envidia! ¡También me gustaría estar en The Public Garden! Posiblemente estaríamos en los pedales- afirmo, eufórica, recordando nuestro paseo

-¿Quién dice que estoy en The Public Garden?- cuestiona con sus famosos aires de misterio

-¿No? ¿Y en qué parque estás, señorita "Misterio"?- pregunto, bromeando con ella

-Voy a darte una pista: ¡queda cerca de tu casa!- responde y, al tomar conciencia de que está cerca de mí, mi corazón vuelve a palpitar frenéticamente

-Señorita Swan, ¿no me diga que está en Central Park?- no quiero creer que esté aquí

-¡Estoy! Mirando a varios a edificios a mi alrededor, intentando adivinar cuál es el tuyo- exclama, con voz dulce

Al escucharla pronunciar la última frase, siento una ternura enorme envolviendo mi cuerpo.

-¡Es verdad! Te estoy viendo desde la ventana de mi cuarto con unos prismáticos de largo alcance, una rubia alta y bonita, usando un vestido floreado y con un enorme sombrero de campesina, además de una cesta colgada en el brazo derecho, dando saltitos y con ardillas alrededor. ¡Creo que eres tú!- digo, divertida

El sonido de su carcajada se apodera de mis oídos

-Lo siento mucho, pero esa no soy yo. Creo que uno de los moradores del edifico de enfrente está viendo algún dibujo de Disney y los prismáticos están enfocados hacia ahí- rebate, en el mismo tono.

En ese momento, bien me gustaría realmente tener unos prismáticos para visualizarla en el parque, pues supongo que, de cualquier manera, debe estar encantadora.

-Bueno, me gusta mucho Central Park, pero no he venido de Boston para visitarlo. ¿Podrías bajar?- pregunta de una manera irresistiblemente encantadora

-¡Pues claro, señorita Swan! ¡Tardo el tiempo de tomar un rápida ducha!- aclaro, ansiosa ante la inminencia de verla de nuevo.

Nos despedimos y corro hacia el baño, pues no quiero dejarla esperando ni un minuto más del estrictamente necesario.


Llego al parque y sigo las coordenadas que me había pasado, imaginando más o menos dónde iré a encontrarla. A medida que me acerco más al sitio, mi felicidad aumenta, mientras miro para todos los lados, intentando verla.

No pasa mucho tiempo y veo a una mujer con largos cabellos dorados, amarrados en una trenza lateral, que cae por el lado derecho de su rostro, vistiendo unos pantalones negros y una blusa ¾ de rayas horizontales negras y blancas.

Está sentada en un mantel ajedrez, extendido en el césped, y a su lado veo una cesta de pic-nic.

Al darse cuenta de que me estoy acercando, sus labios esbozan la más linda sonrisa que he visto y, contemplando los perfectos hoyuelos que se forman en sus mejillas, me doy cuenta, por primera vez, que estoy enamorada de Emma Swan.

Extraño sería si no me enamorase de ti

La sal se volvería dulce en nuevos labios

Colón buscó las Indias, pero la tierra la divisó en ti

El sonido que escucho son las jergas de tu vocabulario

Ella se levanta y camina en mi dirección. Cuando está bien cerca, no me aguanto y la abrazo, aspirando su delicioso perfume y sintiendo sus labios suaves tocando tímidamente mis mejillas.

-¿Ya desayunaste? Por la hora que es, supongo que sí, pero estás invitada a tomar un brunch conmigo- dice, apartándose un poco de mí –Una vez más voy a romper mi regla de no comer nada antes del mediodía. Es que cuando pensé en venir al Central Park no resistí la tentación de traer una cesta para hacer un pic-nic contigo- añade, amablemente, agarrándome de la mano y llevándome hacia el mantel.

Es en ese momento que percibo que no estamos solas en el extenso césped del parque, ya que hay parejas y familias haciendo lo mismo que nosotras, sentados en manteles ajedrez, apreciando verdaderos banquetes.

-¿Qué cosas ricas has traído para degustar?-pregunto, sentándome y colocando mis piernas de lado, mientras veo a Emma haciendo lo mismo

-Bueno, señorita Mills, el menú es bien variado: tenemos pastel, ensalada de frutas, jugos, tostadas, tortitas, mermelada y hasta tentempiés salados- dice, señalando todo con la mano

-¿No me digas que tú has preparado todo esto?- pregunto, cogiendo un poco de ensalada de frutas que tiene muy buen pinta

-Siento decepcionarte, pero lo culinario no es uno de mis atributos- afirma, sonriente –Mi única especialidad son los macarrones con queso. Si me das una oportunidad, puedo sorprenderte cualquier día elaborando ese manjar- añade con expresión divertida en el rostro

-¡Creo que vale la pena correr el riesgo porque adoro la pasta!- digo, guasona

-El único riesgo que correrías es viciarte y querer que lo prepare siempre- resalta, orgullosa

Sonrío ante su convencimiento, cogiendo un pedazo de tarta salada para probarla y se me pasa por la cabeza preguntarle por sus dos gatas

-Ah, ¿cómo están Ravenna y Snow?

Me mira con ternura, probablemente feliz de que me acuerde de sus amores, y responde

-¡Están bien! El otro día me preguntaron por ti- dice, bromista –Dijeron así: ¿dónde está aquella muchacha bonita que quedó tan encantada con Elis Regina?- añade, haciendo una voz diferente, imitando la supuesta habla de las gatas.

Intento visualizar la escena en mi mente e indago

-¿Y qué les dijiste a ellas?- embarcándome en su fantasía

Se queda pensativa y, al final, responde

-Les dije que estaba en Nueva York, posiblemente enfadada con alguien que la dejó sola en una cabaña abandonada, por ser demasiado idiota, pero que estaba segura de que esa persona iría a buscarla para pedirle disculpas de la forma adecuada, rezando para que las excusas fueran aceptadas- concluye, mirándome dulcemente

No sé cómo alguien consigue ser tan cautivadora como Emma Swan.

-Quizás en el fondo la muchacha bonita ya haya perdonado a quien la abandonó en la cabaña, sin embargo puede ser que finja que aún está un poco enfadada, para saber hasta dónde la tal persona está dispuesta a ir para conseguir su perdón- entro en el juego de sus insinuaciones

Continuamos conversando y saboreando el contenido de la cesta, hablando de los lugares que podemos visitar ese fin de semana en Nueva York.

Entonces, recuerdo un sitio que adoro: el Hayden Planetarium y Emma se muestra muy entusiasmada en ir, una vez más, al lugar.

Recogemos todo y andamos hacia su BMW amarillo, en dirección al Hayden.


El planetario es un oasis para quien le gusta la ciencia y aprecia la arquitectura, pues como queda pegado al Museo de Historia Natural, vemos mezclarse lo moderno con lo antiguo.

Cuando salimos de una de las presentaciones, nos encontramos con la última persona que quería encontrarme allí: mi madre, Cora

-¡Regina, mi amor, qué agradable sorpresa encontrarte aquí!- dice, besando mis mejillas y advierto que está paseando con uno de mis adorados sobrinitos –He traído a August Junior a visitar el planetarium, pues sabes que adora la astronomía, ¿no?-añade, mientras el muchacho se suelta de su mano y corre a abrazar mis piernas, gritando "tía Regina" con su voz infantil.

Por un momento, olvido que Emma está conmigo. Cojo a August en brazos, y distribuyo infinitos besos por sus mejillas, mientras él acaricia mi rostro con sus pequeñas manos.

-¿Quién es esta hermosa muchacha a tu lado?- pregunta mi madre discretamente, haciéndome recodar que aún no las había presentado.

-Disculpa, olvidé presentaros. Esta es Emma Swan, hermana de David. Emma, esta es mi madre, Cora Mills- la rubia mira rápidamente hacia mí, antes de saludar a mamá, probablemente recordando la conversación que habíamos tenido sobre mi progenitora.

Me muerdo el labio, controlando la risa, imaginando que ella podría haber pensado en colocarse la mano en el corazón, como sugerí en aquella ocasión.

Mi madre, para variar, no pierde la oportunidad de mirar a Emma de arriba abajo, y supongo que se está controlando para no ser demasiado indiscreta.

La rubia, por el contrario, pasa a dar su atención al pequeño August, que parece también fascinado por esa diosa bávara.

-¡Se parece mucho a su hermana, Emma!- enfatiza

-¡Somos gemelos!- esclarece, sonriendo

-Ah, siempre quise tener una parejita de gemelos. Me encantaría vestirlos con ropas iguales, solo que de colores diferentes, claro. Azul para el niño y rosa para la niña- concluye, dejándome, sin quererlo, avergonzada.

Sin embargo, al mirar a Emma, percibo que ella permanece impasible, solo escuchando las tonterías de mamá.

Cora se gira hacia mí enseguida y pregunta

-Por cierto, ¿por qué David no está con vosotras, Regina?

-Está en un congreso de medicina en Baltimore, mamá- explico, deseando que se marchase

-¿Y por qué no fuiste con él, mi amor?-continúa con sus intromisiones –Ya sabes cómo son los hombres, no podemos dejarlos mucho tiempo solos- dice y vuelve su mirada hacia Emma –Perdóneme, querida, sé que es su hermano, pero no deja de ser hombre- concluye, queriendo no parecer aún más indelicada.

Si Emma tenía alguna intención de responder al comentario de Cora, le robo la palabra y digo

-Mamá, creo que soy bastante mayor para saber cómo llevar mi relación-y añado enseguida –Perdónanos, pero tenemos que irnos- resalto, dándole un beso y despeinando el cabello de August.

Cojo la mano de Emma y continuamos con nuestro paseo. Ya distante, observo que Cora se había quedado parada en el mismo sitio, mirándonos mientras nos alejábamos.

-Emma, perdóname toda esta escena- digo cuando ya estamos lejos

Me sonríe y dice

-No te preocupes, recuerda que soy hija de Margaret Bayern.

-Cuando salimos a pasear, parece que los Estados Unidos son un pueblo, ¿no? Pues siempre nos encontramos a algún inde…- interrumpo mi comentario, acordándome que el otro encuentro indeseado fue con la ex novia de ella, Belle.

Miro a Emma desconfiada, intentado ocultar mi malestar por el error cometido, sin embargo, percibo que ella está sonriendo de una forma diferente, probablemente porque sabe lo que iba a decir y lo que eso significa.

Al terminar el paseo por el planetario, la invito a ir a mi apartamento, pues tengo una sorpresa para ella. Pretendo invitarla a un plan algo diferente. Solo que como faltan algunas horas para dicho evento, es mejor pasar por el loft para comer algo y darnos una ducha.

Al llegar al apartamento, digo

-¡Como en tu casa!- colocando mi llave en la consola, donde hay algunos libros y dos jarrones con lirios dentro.

-¡Me gusta la decoración de la sala! Adoro los ambientes cleans, imaginé que era tu estilo-dice, caminando hacia la puerta del balcón que da una bonita vista el Central Park

Realmente, mi loft tiene pocos muebles, pues considero que los espacios con muchos muebles son poco prácticos. Nuestras miradas se encuentran y digo, divertida

-Siempre consideré interesante cómo los diseñadores tiene verdadera fijación por los ambientes cleans. ¿No debería ser al contrario?

-El arte de decorar un espacio tiene que ver con dejarlo bonito, práctico y funcional y eso no quiere decir, necesariamente, llenarlo de muebles que solo servirán para que la gente choque con ellos- afirma, en el mismo tono que yo

-¡Puedo decir que estamos de acuerdo en más de un aspecto!- exclamo-Y por hablar de puntos comunes, como hoy me he enterado de que también te gustan los deportes, tengo una sorpresa para ti- añado, sonriente –Tengo dos entradas para un importante partido de la NBA. David y yo las compramos hace algún tiempo, pero le surgió este compromiso el fin de semana. Sola no quería ir, pero has aparecido inesperadamente y el partido es hoy, a última hora de la tarde, adoraría tener tu compañía- concluyo.

-¡Claro, adoro el baloncesto! ¡Es uno de mis deportes favoritos!-destaca, satisfecha

-Ah, entonces de verdad te gusta el baloncesto-digo, animada-Solo que no me digas que eres fan de los…

-¿Celtics?- interrumpe mi pensamiento -¡Sí! Pero, por tu cara, imagino que no era eso lo que querías escuchar- añade, bromista

Coloco las manos en mi cara, fingiendo un enorme pesar y digo

-¡Sabía que tenías que tener algún defecto!- y ella se echa a reír, y yo la sigo

Le digo que el partido que vamos a ver será justamente entre los Knicks, mi pasión, y los Celtics, la de ella.

Después de comer algo ligero, preparado por mí, tomamos un baño, una después de la otra, y nos vestimos para ir al partido.

Yo llevo pantalones vaqueros, tenis, una camiseta blanca, un jersey y una gorra de los Knicks, para completar mi equipamiento de fan. Emma ríe al verme vestida de esa forma, y me doy cuenta de que está hermosa como siempre, usando una falda negra por encima de las rodillas, una blusa blanca y chaqueta del mismo color que la falda, además de sandalias bajas.

-Perdona no estar vestida para la ocasión, como tú, pero no sabía que correría el riesgo de verme invitada por Regina Mills a un partido de baloncesto- dice, guasona

Esta vez vamos al Madison Square Garden en mi Mercedes.

Ya en las gradas, mientras esperamos a que comience el partido, percibo que dos fans están mirando de forma descarada a Emma.

-¡El partido ni ha comenzado y creo que mi entrada ya ha sido amortizada!- dice comiéndosela con los ojos.

Emma, sin embargo, parece estar ajena a las miradas e insinuaciones por su parte, ya que mira distraídamente la pantalla donde están pasando algunos trechos de partidos anteriores.

-¡Qué hombre atrevido y grosero!- dejo escapar, sin querer, mi irritación por su actitud.

-¿Qué ocurre?- pregunta, preocupada, recuperando su atención tras mi comentario.

-¡Nada importante! ¡Olvida!- afirmo, encarándola –Prepárate para conocer una faceta mía que solo se manifiesta aquí: ¡la seguidora fanática y camorrista!- y ella calienta mi final de tarde sonriendo ante mi declaración.

Instantes después, los jugadores dejan de calentar y el partido no tarda en empezar. Aprovecho, entre un sorbo y otro de cerveza, que habíamos comprado en la entrada, para provocar al centrocampista del Celtics.

-¡Rondo, no le llegas a Calderón a la suela de los zapatos!- incito, citando el nombre del jugador que juega en la misma posición pero en los Knicks

Emma sonríe, divirtiéndose con mis provocaciones.

-¡El fin del mundo, una mujer opinando sobre baloncesto!- refunfuña un joven que está de pie a nuestro lado, llevando una gorra de los Celtics.

Me levanto para encararlo y le pregunto, desdeñosa

-Eh, macho-sabihondo, ya que eres un experto en este deporte, dime quién fue el jugador que poseía un lanzamiento de tres puntos casi infalible, que hacía pases increíbles y tenía agilidad para robar la pelota, además de haber sido uno de los principales jugadores de la dinastía de los Boston Celtics en sus años dorados

La cara que pone es un poema y aprovecho para añadir

-Enseguida me di cuenta de que eres un fan más de esos que no sabe nada de los equipos que siguen y vienen a los estadios solo cuando el club está bien en el campeonato o disputando un partido importante- digo, arqueando la ceja –Para que no pases más vergüenza, te aclaro que estaba hablando de Larry Bird, uno de los mayores ídolos de tu equipo- destaco, percibiendo que varias personas a nuestro alrededor comienzan a reírse de la forma en cómo lo había dejado callado.

El muchacho, irritado, como no puede rebatir mis provocaciones, me empuja, haciéndome perder el equilibrio. Sin embargo, antes de caer, siento los brazos de Emma alrededor de mi cuerpo.

-¿Estás bien?- me pregunta, seria y preocupada

-Sí, no fue nada- aseguro, encantada por sus lindos ojos verdes, sintiendo su respiración sobre mis labios y adorando estar, una vez más, agarrada por sus fuertes brazos.

Ella me aparta, delicadamente, y se acerca al joven

-¡Esa conducta tuya fue mi inadecuada! Es por culpa de actitudes como la tuya ahora que suceden tantas peleas en los estadios o gimnasios teniendo como consecuencias personas hospitalizadas o incluso muertas. Peleas esas ocasionadas por algo que debería unir a las personas- dice, severa, y el muchacho, intimidado por el tono y por el tamaño de Emma, que es más alta que él, pide disculpas y se sienta sin decir nada más.

En ese momento, consigo vislumbrar en ella la austeridad heredada de sus antepasados alemanes. Reflexiono sobre lo que había dicho y me avergüenzo, pues sé que también he tenido mi parte de culpa en la confusión, cuando lo provoqué. Al final, no está bien vanagloriarse solo porque sabemos que tenemos la razón.

A pesar de ese pequeño incidente, la noche estuvo bien. Es impresionante cómo la compañía de Emma es agradable en cualquier circunstancia. Los Knicks ganaron el partido y todo está perfecto.

Cuando llegamos al aparcamiento y avanzo hacia el asiento del conductor, algo alegre por el alcohol en mis venas, escucho la voz de Emma

-¿Dónde piensa la señorita que va? ¿Veré también ahora tu faceta irresponsable?- su voz es seria, pero sus ojos compasivos amenizan el tono de reprimenda –Ponte en el asiento de pasajeros. ¡Yo conduzco!- decreta autoritaria

-¡Ya echaba de menos a la abuela Swan!- digo, jocosa y ella me hace una mueca, mientras coge las llaves de mi mano.


Volvemos al apartamento y le digo a Emma que está como en su casa, mientras voy a la cocina a preparar unas bebidas.

Le señalo algunas revistas y libros que están sobre una mesita al lado del sofá, para que se distraiga durante mi ausencia.

Emma

Mientras espero el regreso de Regina, me siento en el sofá, y estiro mi brazo, cogiendo una revista para hojear. Al tirar de ella, una especie de agenda cae en la alfombra de la sala.

Me levanto para cogerla y en la hoja que está abierta, reconozco la misma caligrafía de la nota que acompañaba la colección de discos que Regina me regaló.

Observo que no se trata de una agenda, sino de un diario. Miro rápidamente para la puerta y escucho sus movimientos aún distantes, probablemente en la cocina.

Cuando veo mi nombre de refilón en la hoja, la curiosidad toma cuenta de mí y siento una necesidad apremiante de leer lo que allí hay escrito:

"Ayer tuve un agradable paseo con Emma. Hace mucho tiempo que no me sentía tan feliz solo por estar en compañía de alguien. Almorzamos juntas, fuimos a The Public Garden, andamos en los pedales, y terminamos con un paseo en la Biblioteca Pública de Boston, y después estuvimos en el Museo.

Al salir de la Biblioteca, tropecé mientras me hacía la niña, bajando los escalones saltando, y fui agarrada por Emma. Cuando me vi en sus brazos, pensé que íbamos a besarnos y, extrañamente, creo que hasta lo deseé.

Lo que sentí, al estar tan cerca de ella, fue tan fuerte que, al no poder evitar a David, acabé pensando en Emma, en su olor, en sus brazos, en su boca…durante todo el acto y tuve mi primer orgasmo con él en tres meses de relación"

Cierro el diario bruscamente, con una confusión de sentimientos dominándome, porque percibo que Regina también puede estar enamorada de mí, como sé que yo lo estoy de ella.

Al abrirlo de nuevo, con manos trémulas, noto que lo que acababa de leer, había sido escrito la mañana del día en que visitamos el rancho de mi padre. Y antes de poder releer el fragmento, para tener la certeza de que no estaba soñando, escucho los pasos de ella acercándose y cierro el diario, dejándolo debajo de una revista en la mesita donde estaba.

Regina

-Emma…- la llamo, al volver a la sala con las bebidas en la mano. Aproveché y también me cambié de ropa. Ahora llevo solo un ligero y cómodo vestido y estoy descalza –Para acompañar las bebidas, vendría muy bien una buena música. Haz los honores…- concluyo, señalando mi acervo de vinilos y CD's, claramente sugiriendo que escogiera uno de los discos y lo pusiera.

Me sonríe de manera encantadora, cogiendo la copa y va hasta el estante donde los guardo.

Me quedo sin palabras cuando reconozco la música que había escogido

-Podrías haber puesto cualquier álbum, sin correr el riesgo de equivocarte, pero tenías que escoger mi preferido- añado extasiada, caminando hasta el interruptor y bajando la intensidad de la luz -¡Esta música exige un baile! ¡Así que vamos a hacerle justicia!- afirmo, cogiendo su copa y dejándola al lado de la mía, sobre la consola.

Mi acostumbrada falta de inhibición, unida al alcohol, me impulsan a enlazar mis brazos alrededor de su cuello, arrastrándola hacia el centro de la sala.

Emma coloca las manos en mis caderas y bailamos suavemente al ritmo suave de la voz de Nat King Cole.

Nuestras cabezas están pegadas y siento el aroma de su delicioso aliento que escapa de entre sus labios. Noto que su respiración está algo jadeante y esa cercanía despierta en mí el deseo de besarla de nuevo.

-¡Bailas muy bien, señorita Swan!- digo, intentando apartar esos pensamientos, pues temo que ella se asuste y salga corriendo del apartamento como la otra vez.

-¡No tanto como tú!- dice, graciosa

Seguimos envueltas por la suave y distintiva voz de Nat y, a esa altura de la canción, siento las manos de Emma atraerme más hacia ella, apretándome con más fuerza.

When I give my heart

It will be completely

Or I'll never give my heart

And the momento

I can feel that

You feel that way too

Is when I fall in love with you

Me mira intensamente y siento su cuerpo cada vez más tenso. Cierro los ojos y suspiro profundamente, esperando el encuentro de nuestros labios, humedeciendo los míos con la punta de la lengua.

Aún con los párpados cerrados, escucho la voz de ella, un poco ronca

-¡Estoy enamorada de ti, Regina!

Cuando me doy cuenta de lo que Emma acaba de decir, abro los ojos, sorprendida, y le decido una sonrisa de felicidad.

-¡Pensaba que solo yo me sentía así!

En ese instante, su expresión se suaviza, y me besa apasionadamente. Mi mano izquierda sube hasta su nuca, presionándola, al mismo tiempo en que sus brazos envuelven mi cintura, alzándome un poco del suelo. Siento su sabor en mi saliva, mientras su lengua se desliza sobre la mía.

Las respiraciones se vuelven más desacompasadas y nuestras cabezas se mueven en direcciones opuestas. Parece que ninguna de las dos tiene la intención de interrumpir ese contacto tan cálido, intenso y deseado.

Y ahora tengo la certeza de que ella no huirá, todo lo contrario, estoy convencida de que esa noche nos entregaremos finalmente la una a la otra.