Capítulo 1 — Fiesta Negra.

Se siente como toxicidad. Como el ultimo toque de humo que llena la pipa, expulsando horroroso y hediondo gas que inunda la habitación hasta que nadie tiene las fuerzas para levantarse.

No se siente bien, es un ciclo en el que te ensucias más cada vez, como lavar ropa al revés.

Él quiere detenerse, pero por dios que es difícil. Un auto sin frenos bajando por una carretera cubierta de hielo, esquivando la vida de un animal e impactándolo en una bizarra memoria de lo que ya le sucedió una vez.

Él se pregunta si el auto hubiera tenido la suficiente velocidad y fuerza de impacto para matarlo, y si esto hubiera hecho alguna diferencia.

Hay tantas personas en la fiesta de Ashley Weathers, universitarios irresponsables o miembros de fraternidades, chicos de preparatoria disfrutando de las legendarias fiestas adultas, o adultos que intentan no parecer fuera de lugar cuando solo vienen de chaperones para sus muchos más menores amigos.

Y luego, esta Hiccup. Bueno, Hiccup y Ethan y otra docena de junkies cuyas razones para la fiesta varían tanto como los tipos de sustancias que consumen.

¿En qué momento él se aceptó a sí mismo como parte de la manada urbana que son los desamparados adictos?

No tiene sentido preguntárselo, la respuesta esta oculta a plena vista en un millón de gritos de ayuda que nadie respondió.

Ambos están sentados en el sofá, relajándose después de una partida de monedas, Ethan está a su lado, contándole a él y otras personas alguna de las muchas historias locas que han sucedido en su vida.

La mente de Hiccup está a años luz de distancia, navegando por recuerdos más felices bajo una lluvia de su estado actual, alcoholizado y triste—en galletas de navidad y fiestas de verano, en sonrisas brillantes y en dos pies sobre el suelo.

Una chica rubia se sienta al lado suyo, vaso rojo de cerveza en una mano, y por un instante su cabello dorado le recuerda a casa.

Hiccup intenta desviar la mirada—demasiadas memorias melancólicas—pero es como si la fiesta misma se estuviera burlando de él, ya que al otro lado de la habitación hay otra rubio, cuyo cabello parece brillar incluso más.

Es como si toda la fiesta estuviera llena de rubias.

La similitud lo golpea como un puñetazo en el pecho, y una risa burlona en la parte de atrás de su cabeza amenaza con hacerlo explotar.

Astrid Hofferson regresa a sus pensamientos como un dardo envenado. Su sonrisa brillante, ese cabello que él admiro por tanto tiempo, la manera en la que podía golpearte en el estómago y abrazarte un segundo después sin que se sintiera hipócrita.

Hiccup desea haber hablado con ella hace tanto tiempo, Hiccup desea haber escapado de la fisioterapia y haber tomado el primer autobús a Denver que saliera y haber llegado hasta el dormitorio de Astrid, tocando la puerta hasta que ella saliera y lo pudiera ayudar, haber sellado la fuga con un abrazo antes de que todo llegara al punto actual. Una mecha quemada que está a un par de centímetros de la dinamita.

Pero lo cierto es que a Hiccup solo le tomo un segundo fuera de la confusión para darse cuenta que estaba solo.

Sus padres tienen una carrera política tan complicada que, aparentemente, no pueden dejarse de lado por un accidente destruye vidas. Le dejaron dinero, si—mucho dinero—incluso una pequeña casa con la renta pagada en los suburbios de la ciudad—pero no habia artilugio contra la aplastante soledad.

Él agacha la cabeza, mirando con desprecio hasta donde su prótesis sobresale de sus pantalones, camuflajeandose con uno de sus zapatos en apartada vergüenza.

Hiccup habia preferido quedarse en los dormitorios de la universidad, tal vez ese fue su primer intento desesperado de socializar, pero las pocas amistades que logro crear en ese tiempo fueron destruidas junto con su pierna izquierda.

Ahora el tiempo paso, y él se rehúsa a ser rechazado como un desesperado y necesitado ser humano.

Él se niega a arrastrarse de vuelta, incluso en su punto más bajo Hiccup todavía tiene un poco de orgullo, él no se arrastrará de vuelta.

No se da cuenta que está arrastrándose a la huida.

Ethan es el único que sabe su de estado, y aparentemente no está lo suficientemente viajado como para empezar a decirle a todo el mundo acerca de la situación de su mutilado amigo, tal vez en realidad si es consciente de que esa información destruiría su inexistente estatus social.

Hiccup nunca tuvo amigos—no en realidad, tal vez una que otra platica incomoda durante el receso o alguna explicación aburrida durante un proyecto de equipo, amistades fugases, de un mes, de una semana, de una hora—e incluso tanto tiempo después, Hiccup puede decir con seguridad que los únicos amigos que ha tenido en su vida han sido Astrid…y Ethan.

Hiccup le da un sorbo a la bebida en su mano, y muy tarde recuerda que en el interior de la misma reposaba una cantidad del líquido claro que es el tequila blanco mezclado con un demasiado pequeño toque de refresco.

Genial, ahora él pronto estará mucho más ebrio, y aun así es incapaz de dejar de pensar en su pasado.

A veces, los recuerdos felices se vuelven borrosos, y Hiccup se pregunta si en algún momento en realidad fue feliz.

Él en serio busca olvidarse de tantas cosas. Pero parece imposible, de repente.

Ethan cuenta alguna parte particularmente graciosa de su historia y todos los del sillón ríen, la música pesada suena fuerte y cada golpe del bajo resuena dentro de sus oídos, golpeando el interior de su cabeza con tambores y trompetas.

Él reconoce esta canción, no recuerda el nombre, pero la letra y el ritmo la delatan. Hace tanto tiempo, él y Astrid la bailaron estúpidamente en su primera fiesta, ella lo habia invitado y Hiccup no sabía que hacer—parado incómodamente entre la multitud con un vaso de soda y una sonrisa tensa—hasta que Astrid habia llegado, habia tomado su mano y lo impulso a soltar su cuerpo—después de un rato, el ambiente lo atrapo y fue la primera vez que Hiccup se sintió tan cómodo en una reunión social tan grande.

Primera, ultima.

"Wow, Alerta de Hipster" Una voz dice a su lado, singularmente cerca, y Hiccup voltea un poco más lento e incómodo de lo quería para ver como la rubia de hace un rato lo está mirando con ojos verdes y una sonrisa suave.

Hiccup no tiene que inclinar la cabeza mientras habla, esta chica es alta, comparten altura, de hecho. Y es curvilínea, Hiccup lo puede ver en la manera en la que luce el vestido negro de una pieza que lleva—pechos voluptuosos y piernas pálidas mientras le apunta a su camisa con una mano que sostiene un vaso idéntico al suyo.

"Dime que te pusiste esa basura por error, no hay banda peor"

Solo es una camisa…además, FTP es una gran banda, que demonios.

"Uuuh…" Hiccup responde, algo mareado, pero no lo suficiente como para no captar la crítica. Genial, ahora hasta una extraña es capaz de tomarse la molestia de venir a criticar su elección de ropa.

"Estoy bromeando, viejo, me encanta su música. Nada mejor para estudiar a las 3 de la madrugada" Ella ríe y Hiccup nota como el ambiente cambia, así que le regresa una debida sonrisa.

"Obvio, habla de bandas que son falsamente juzgadas solo por un éxito, después ellos piensan como será todo cuando pasen y…" Hiccup se detiene cuando la ve apuntando a su boca con el mismo dedo. "Um, pasa ¿t-tengo algo en el rostro o…algo?" Él le pregunta, de vuelta en su incomodo ser.

Ella sacude su linda cabeza "No, no, es que estas sonriendo, te ves bien. Parecías algo enojado después de esa tonta broma de la camisa"

"Oh…bien, bien" Hiccup continua, perdido de palabras y decidiendo ir por la ruta más obvia "¿Cuál es tu nombre?"

"Amanda" Ella dice, y Hiccup casi pierde la siguiente parte de la oración cuando el bajo de la canción baja bruscamente "pero Emma también sirve"

"Mucho gusto" Él le responde "Soy-soy Henry" el apodo casi brota un segundo antes de recordar que solo hay un par de personas que usan ese nombre—su familia y Astrid.

"Lindo nombre" Ella dice, una risilla escapando de sus labios pintados, coqueta y ebria "¿ningún apodo embarazoso o sobrenombre de niño?"

"Wow" Hiccup sonríe de nuevo, porque si dijo que se veía bien sonriendo vale la pena hacerlo más "Esa-esa información es privada, debo guardarme al menos un par de secretos" Bueno, él tal vez siga un poco drogado por lo de antes, y el alcohol que ha estado tomando desde que llego a la dichosa fiesta no ayuda en lo más mínimo—pero eso sonó suave en sus oídos.

Amanda le muestra los dientes cuando sonríe, regresando el reto con el piquete de un dedo con manicura en su pecho. "Te apuesto a que puedo hacer que me lo digas antes de que termine la noche"

Una idea se forma en la parte de atrás de su cabeza—la posibilidad de un escape temporal en la forma de una chica coqueta y rubia. Solo algo temporal. Con tan poco sentido como el único tazón de cereal que comió antes de llegar a la fiesta.

… ¿O eso fue ayer?

"No estaría tan seguro" Él levanta una ceja "Pero puedes intentarlo si quieres…" Hiccup busca en su cabeza, el nombre de la rubia—olvidado bajo la poca atención que Hiccup le dio cuando se presentó "…Amanda"

Genial, coquetear. Él lo está haciendo perfectamente. Tal vez.

La chica pone una sus manos en su rodilla y Hiccup piensa que por un segundo todo está jodidamente perfecto.


Mirando hacia atrás, hubo muchas situaciones en las que Hiccup pudo haberse excusado directamente de cualquier posible emoción. Situaciones como en las que la pequeña voz en su cabeza le gritaba que dejara de beber. Pero por alguna razón, la voz fue ignorada cada vez, esta es la primera vez que él sale en mucho tiempo y decidió lanzarse de cabeza en el cliché de universitario fiestero.

Vaya que fue una mala decisión. Un virgen de 18 años queriendo jugar al don juan en una fiesta llena de alcohol y sustancias toxicas nunca fue una buena decisión.

El punto en el que probablemente se tuvo que haber detenido paso en algún momento mientras su nueva amiguita se restregaba contra él en la pista de baile y cuando lo arrastro hasta la mesa de shots a jugar con sus amigos, quemando sus gargantas y sellando sus pensamientos.

Lo sorprendente fue la manera en la que su estatus se elevó a partir de dichos puntos.

Hiccup nunca fue un chico de fiestas, siempre fue él que tenía que ser llevado contra su voluntad a bailar y la bebida nunca se elevaba a más una cerveza ligera.

Un par de dolorosos shots después y Hiccup se podía escuchar a su mismo cantar y gritar junto con el resto de la multitud joven y borracha, él puede sentir extraños dándole palmadas en su espalda cada vez que la valentía del ebrio lo ataca y decide besar a Ambrey o Arianna o como-se-llamara en frente de toda la fiesta. Él se vuelve tan hermosamente desprendido de sí mismo que ya no es como si fuera Hiccup, el patético tipo con estúpidos problemas, en serio, que se joda ese sujeto. Ahora él es alguien más, un sujeto divertido que mira a las personas a los ojos mientras les habla y no les responde con sarcasmo seco como su sistema de defensa contra ser social.

Este es un sujeto que nadie olvidaría de llamar, alguien que no sería abandonado como amigo, y que, de serlo, no le importaría.

Por ahora, él es solo un universitario regular que solo está ahí para pasar un buen rato, disfrutando con extraños e imaginando que las pastillas que tomo hace rato no lo están manipulando como los hilos de un titiritero.

(Hiccup puede fingir que tiene dos pies y que la razón por la que cojea son los besos de la chica en su brazo y los tragos de licor en su mano)

To-do está perfecto.

Hiccup pierde la cuenta del número de veces que su vaso es rellenado, y la noche comienza a pasar en una serie de imágenes borrosas llenas de luces y rubias y un mareo tan abrazador que lo hace querer ahogarse. Algunas veces el cerraría los ojos solo para abrirlos unos segundos después en un lugar completamente diferente. A veces recargándose en el porche trasero, riéndose de algo que algunas personas que él no conoce estaban haciendo. O de compañero de beer pong con algún otro extraño, animándolo como si lo conociera de toda la vida. O en el baño orinando por tercera o cuarta vez esa noche, Eh, ¿A quién le importa?

Él casi no piensa en Astrid en toda la noche.

Los momentos vuelan como aves y en de repente Hiccup estaba una vez más en la pista de baile, su espalda contra la pared y un bar de felpudas y amplias caderas en sus manos mientras un trasero suave se restriega contra su pelvis al tono de una canción que él apenas y reconoce en su cerebro revuelto. Hiccup se mueve contra ella de manera torpe, sin prestar atención, a veces incluso tirando bebidas ajenas por accidente mientras los empujaba sin cuidado por la casa. La chica gira en sus brazos y él la puede ver riendo. Pero no reconoce las palabras que acompañan la risa. La canción se vuelve lenta y Hiccup agacha la cabeza para besarla, no un segundo después ella inserta su lengua en su boca casi bruscamente, su boca sabe cómo cerveza barata y cenicero de prostíbulo, y Hiccup adivina que probablemente la suya también tiene un sabor similar. Probablemente es por eso por lo que a él no le molesta en lo absoluto. La música baja y sus parpados la acompañan, cerrándose tan pesados como pesas.

Hiccup no tiene mucha experiencia besando. Y besar a una chica rubia mientras piensa en otra se siente como si lo estuvieran apuñalando en el pecho—pero hay demasiadas sustancias revolviéndose en su cabeza y saliendo por sus ojos, y Hiccup esta dolorosamente erecto contra el cierre de sus pantalones—él-él está haciendo esto. Él lo hará, en serio.

Hiccup esta tan audazmente fuera de sí mismo que no reconoce el sudor en su espalda ni la manera en la que sus piernas tiemblan con cada paso, ni mucho menos las nubes de tormenta acomodándose dentro de su estómago. No hay nada que le importe más que el alto ritmo del bajo y la húmeda boca saboreando la suya, un lejano cosquilleo en su entrepierna.

Esto está bien, todo está perfecto. Y quien sea que haya tomado el cuerpo de Hiccup Haddock está pasando un gran rato.

Todo está bien.


Lo siguiente que recuerda son pasos ebrios y el sonido de una puerta cerrándose.

El algún momento de la fiesta el sonido de unas sirenas de policía se hizo presente y Hiccup recuerda vagamente como la casa se vació tan rápido como cuando levantas una piedra y las cucarachas escapan hacia todos lados. También hay un pensamiento lejano de como la chica rubia y él se apuraron a salir por la puerta trasera, pidiendo un Uber y subiendo al mismo sin idea alguna de a donde lo llevaría.

Jack se ágil, Jack se rápido.

El conductor les mando miradas sucias todo el rato mientras Hiccup se besaba y manoseaba con Arianna (¿o era Amy?) durante el recorrido. Las manos de la chica nunca se detenían por mucho tiempo y Hiccup tuvo que aguantar sus dedos toqueteando su trasero mientras le daba el dinero al conductor. Sus ojos se cerraron un par de veces durante el viaje, y apenas y recuerda como la chica lo llevo hasta su casa y se aseguró de que sus padres no estuvieran ahí antes de entrar a su habitación. (Tal vez esa fue la primera llamada de atención que Hiccup no logro ver)

Jill es una puta y sus cuartadas son trucos sucios.

Después todos son toqueteos bruscos y un aroma a perfume y cenizas dando vueltas en su cabeza. A veces es como si cada paso fuera una apuesta entre destruirse y poder dar otro maldito paso.

Amy o Arianna lo está besando contra la pared, sus manos en su cabello mientras su boca invade la suya y él manosea su trasero casi violentamente, levantando el corto vestido que llevaba puesto y apretándola sobre su ropa interior—tres dedos bajando lascivamente por su entrepierna.

Arianna suelta una risilla que suena como un maullido, y él puede sentir pequeñas gotas de electricidad gotear por su columna vertebral.

"Tus manos están heladas" Hiccup le dice cuando ella separa su cuerpo por un instante, mete su mano en sus pantalones y se desliza dentro de su ropa interior, tomando su miembro erecto entre los dedos y bombeando. Él mueve sus piernas de gelatina un poco, deseando que estuvieran en la cama de una vez por todas—el metal de su prótesis chilla y Hiccup siente miedo bañar sus extremidades, el deseo de no dejar que la chica viera su vergüenza mucho mayor que la duda de su propia virilidad.

Entonces ella se pone de rodillas y la poca razón que le quedaba sale volando por la ventana. Oh Dios.

Arianna juega con su cinturón por un momento antes de lograr desabrocharlo y bajar su pantalón, Hiccup logra detenerla con manos débiles antes de que llegue hasta sus rodillas—escondiendo la falta de su pierna y deseando más que nunca no haber tomado tanto. Hiccup está usando cada gota de concentración restante para aguantar su propio estómago y no desmayarse, el resto de su sangre está en su sexo y casi nada en su cabeza.

"Mira que tenemos aquí" Amy-o-Alex-o-como-se-llame sonríe, apretando el bulto en sus boxers y sonriéndole con dientes demasiado blancos. Jugando con la línea de su ropa interior y mordiendo su labio—empujando cualquier pensamiento de Astrid fuera de su mente.

Entonces los boxers siguen a los pantalones, y Hiccup esta tan ebrio que no se da cuenta cuando la rubia abre la boca y lo toma. Un gemido sale de su garganta tras la repentina húmeda sensación de su lengua contra su miembro. Ella acomoda sus manos en ambos lados de su cadera y comienza a chupar torpemente. Hiccup se toma un momento para mirarla y por un segundo es como si hubiera dos de ellas, hasta que la imagen se vuelve una sola chica rubia y hermosa en el proceso de hacerle un oral. Oh, mierda, esto es demasiado excitante, de hecho—Hiccup la mira llevarse un mechón de su cabello rubio y acomodarlo detrás de su oreja, y por alguna razón eso hace algo en su cuerpo y mente—sus dedos están apretados y su meñique sobresale, le recuerda exactamente como todas las veces que Astrid acomodaba su pelo de la misma manera, pero sin la vulgaridad o lujuria de lo que está sucediendo en este momento…Astrid…

No lo hace sentirse bien—cualquier sentimiento de placer parece ahogado repentinamente por un dolor chillante en su corazón que comienza a burbujear hasta llegar su cabeza, obligándolo a recordar lo mucho que la extraña.

Los ojos de Hiccup se abren como platos. Él siente su estómago encogerse y el pánico se eleva en su pecho—su aliento comienza a salir más difícil y la náusea ataca sus ojos hasta hacerlos lagrimear. Hiccup intenta calmarse a sí mismo, golpeando su cabeza contra la pared en su espalda, intentando sacar la imagen de Astrid de su cabeza—en serio ¿Quién piensa en esa persona mientras te hacen un oral? Él-él en serio tiene problemas. Mierda. ¿Que clase de auto lesión se está infringiendo?

Se está matando a sí mismo.

Extrañamente, por un momento todos los recuerdos de Astrid logran salir de su cabeza—pero los niveles de pánico no parecen dejar de subir. Su respiración está cada vez más pesada y su cuerpo se exalta repentinamente tantas veces que es como si todos sus órganos estuvieran en medio de un cachondeo terrorífico de ansiedad. De repente, las sensaciones se transforman en algo diferente y siente el ácido hervir en su estómago.

Hiccup logra empujar a cómo-se-llame de su miembro, desprendiéndose de él con un húmedo pop que probablemente sería tentador si no estuviera a punto de vomitar sus tripas.

"Yo-yo me tengo que ir" Hiccup se apura a decir, dando su todo para no vomitar sobre el rostro de la rubia. "Mierda, voy a vomitar" Él no está seguro porque lo dice, pero lo hace.

"¿vas a-? ¡¿Henry, que demonios?!" La rubia le grita, ofendida, tropezándose con sus piernas y cayendo en el piso. Hiccup sabe que de haber intentado detenerla, probablemente habría caído con ella. Apenas tiene la coordinación necesaria para subir sus pantalones y acomodar su ropa interior antes de intentar abrir la puerta de la habitación.

"Lo-lo siento, Eh, Ashley yo-" Un ataque lo tos toma control de sus pulmones y Hiccup solo quiere salir de ahí antes de tener que repintar las paredes del cuadro de la pobre chica, escupiendo flema sobre su tapete.

¿Quién tiene posters de One Direction en su habitación, de todas maneras?

"Es Amanda, pendejo" Amanda le grita, intentado levantarse del suelo y fallando, demostrando que su estado de ebriedad no era muy diferente al suyo "Solo-solo vete de aquí, Henry, eres un puto desastre"

Probablemente tiene razón. Hay sudor en sus brazos y él nunca se habia sentido tan pálido. Incluso la forma en la que habla parece torpe y poco concisa, como si tuviera los labios dormidos y la lengua hinchada "Lo-lo siento" Hiccup le dice antes de salir por la puerta. Casi matándose antes de bajar por los escalones de la casa y rompiendo una lámpara que estaba al lado de la puerta principal.

Apenas salir, Hiccup siente su pecho arder. Las náuseas hacen que su cabeza de vueltas y en lo único que puede pensar es en como el piso parece haber desaparecido—la sensación de vértigo lo está aplastando. Su prótesis chilla como un animal moribundo y un paso fallido hace que él caiga sobre el pasto del jardín, doblando los tendones de su único pie de manera dolorosa.

Y ahí, en sus rodillas y con un dolor cegador en su pierna—Hiccup comienza a vomitar dolorosamente.


Pasan un par de días después de la fiesta—Hiccup tuvo que hacerle una llamada rápida a Ethan para que fuera a recogerlo de la casa de Amanda, siendo que Hiccup no conocía Greeley y mucho menos las calles de sus suburbios.

Ethan le habia dado un par de palmadas orgullosas en la espalda durante el viaje de vuelta a la universidad, pero Hiccup solo podía pensar en cómo todo daba vueltas mientras él dolor de su tobillo lo atacaba, probablemente hinchándose, genial. Y ahora la vergonzosa memoria de como él habia empujado a una chica de su cuerpo a medio del faje pesaría en su memoria—otra pesada piedra para el pesado saco colgado en su cuello que solo parecía inundar su autoestima más y más.

Ahora él está herido, sobrio y triste—y más avergonzado e infeliz que nunca.

Cuando la ebriedad se fue, se fueron los sentimientos felices, los de autosuficiencia y autoestima. Y los siguieron todas esas raras emociones que nacieron durante aquella fiesta negra—se fueron las ganas de estudiar, de comer, de follar—todo lo que lo hacía levantarse en las mañanas solo para poder volverse a acostar en las noches.

Todo lo que le restaban eran esas ganas abrazadoras de fumar y de Astrid.

(Hiccup no sabe cuáles son más dañinas)

Astrid está en Denver, Hiccup esta Greeley—apenas un par de horas de distancia en auto.

Y aun así, ella nunca se sintió más lejos.

Él-él en serio intenta mantenerse positivo, pero todo parece estar yendo cuesta abajo en su vida. Las ojeras en sus ojos se ven más oscuras cada día, y la herida de su pie aun no sana—la piel sigue delicada y roja, y hay una enorme costra roja en el lugar donde cauterizaron el muñón. La prótesis a veces se le clava en la herida fresca y duele tanto.

Pero no tanto como los dolores fantasmas—aquellas noches en las que Hiccup aun siente como si estuviera completo, como si tuviera un pie izquierdo que acompañara al derecho, lo único malo es que él siente como si estuviera en llamas. Ardiendo, quemando la piel hasta que llega al hueso y apretándolo como el mango de una espada, el dolor viaja por todo su cuerpo y él no puede hacer nada más que revolverse en su cama hasta que el sufrimiento pasara—a veces la hierba ayudaba, a veces las pastillas.

A veces otras cosas—lo que comenzó como la comezón en su muñeca se convirtió en algo peor cuando Él habia comenzado a rascarse tan fuerte que se sacó sangre.

Unas horas y tres caídas emocionales después, otros objetos substituyeron a sus uñas—más afilados, más abrumadores.

"Te estas matando, viejo" Ethan le habia dicho una vez, ayudándolo a levantarse del suelo de su dormitorio cuando estuvo toda la noche estudiando y trabajando en un proyecto de ingeniería que nunca termino—Un par de pingas habia sido lo único que lo habia mantenido despierto y concentrado para él proceso, y para la mañana él era un saco de huesos y gelatina que apenas y podía decir su nombre.

Pero Hiccup aún recuerda como Ethan lo habia mirado sin nada de la casual amabilidad de siempre, su boca era una línea seria "Te estas matando, viejo"

"¿Puedes-puedes levantarme?" Él le habia pedido, sin suficientes fuerzas como para negar que lo estaba haciendo.

Hiccup ya no esta tan seguro si lo estaba intentando.

Luego, él poco autoestima que le restaba fue destruido junto con el resto de su reputación—rumor se formó en la universidad que Henry Haddock se habia tirado a cierta chica llamada Amanda Winston durante cierta fiesta, y él habia estado satisfecho de que eso fuera lo que se filtrara en vez de el hecho de que la habia empujado hasta que él vestido se le levanto vergonzosamente, habia roto su lámpara y vomitado sobre sus nomos de jardín en lo que probablemente fue la peor noche de su vida hasta la fecha.

Pero el universo habia regreso a patearlo en la cara por milésima vez, aparentemente, Amanda Winston no estudiaba en la universidad de Greeley.

En ninguna universidad, de hecho.

Tenía 15 años.

Una chica de 15 años, que, consecuentemente, era la nieta del rector de la universidad—e hija del decano de su dormitorio.

El brillo verde y tenue de una lámpara de lava lo acompaña al sueño, como un cantico mudo que lo arrulla como la marea de un bote—casi nauseabundo, entumeciendo sus huesos hasta que no siente nada.

Hiccup ya no sabe ni que está haciendo.

Le toma un par de días de soledad darse cuenta que nunca lo supo.


Continuara…


Sí alguien más se molestó en seguir la historia cuando la publique en mi otro fic, sepan que aquí será cuando los eventos empiecen a desenvolverse de diferente manera.

No odien a mi pobre bebé Astrid, todos cometemos errores.