Disclaimer: Ginny y el mundo en el que todo esto ocurre pertenece a Rowling, incluyendo el Sauce Boxeador, el Bosque, el Castillo y, hasta, vamos a reconocérselo, el nombre de Astoria. La trama es mía y de mi perro, que tiene tres cabezas y es muy posesivo.
N/A: ¡Penúltimo capi! Persuadida por Booh para que lo publique YA, aquí lo tenéis. Y luego sólo queda un elemento, hehe. Ya sabéis que me encanta saber qué pensáis :)
TODO
Tierra
Si tiene que volver a oírlo (ya se le pasará, lo arreglaréis, ¿por qué no hablas con él? o lo que sea que quieran decirle), se dará contra la pared más cercana. Con la cabeza y repetidas veces, y no piensa parar hasta que todos se callen. Harry y ella han roto, ¿no sería mucho mejor que se callaran de una maldita vez y la dejaran con su tristeza? No, claro que no.
-Ya sabes cómo es Harry… Valiente y fuerte, pero no muy maduro para estas cosas. Deberías…
Ya está. Ya ha desconectado. Molly es una de esas… ¿pinículas? No está muy segura de cómo dijo Hermione que se llamaban, pero sí, Molly es ahora una pinícula muda. No es en blanco y negro, pero es muda, porque en su cabeza está sonando la última canción de Las Brujas de Macbeth. A todo volumen.
O, bueno, estaba sonando. Hasta que, esperando su helado de vainilla y fresa flotante, choca. Aunque probablemente la palabra chocar tenga una definición muy diferente a la de abalanzarse o arrojarse sobre la persona en cuestión, cubriéndola con todo el cuerpo, colocando las manos en lugares impropios y respirando sobre su rostro, intentando dejarla sin respiración. Ginny la aparta. La aparta cuando ya está sin respiración, mirándola con los ojos muy abiertos y las mejillas tan rojas como el helado de tomate.
-Astoria.
Musita (susurra, acaricia) su nombre, y acto seguido se queda muda. Molly no la mira ya. Ha fulminado con la mirada a Astoria, ha recogido sus cosas del suelo y ha pedido los helados. Ahora espera. Espera a los helados mientras ella espera la iluminación del cielo o que alguien le devuelva el cerebro (por favor).
Un par de horas después, Ginny está tumbada en su habitación, con los ojos cerrados, una canción en los labios y dándole vueltas a la cabeza. A Astoria, a Harry, otra vez a Astoria. Mierda, Ginny. Sí. Maldecir es la mejor opción. Maldecir que la chica no se vaya de su cabeza. Ni su mirada ni sus labios ni la forma en que huele ni la túnica de lujo que hoy llevaba, suave sedosa, sólo insinuando formas que ella sabe que están ahí.
Abre los ojos y los vuelve a cerrar y vuelve a abrirlos y se odia un poco. Se incorpora y está pensándose seriamente eso de darse golpes contra la pared hasta la inconsciencia. Los pies en la tierra, ésa es la solución. En la tierra, no en las nubes. Astoria… Astoria es Astoria. Es esa Slytherin bella que lo quería todo y casi lo tuvo. Y Harry es su futuro marido. Eso.
Claro que un rato más tarde, cuando habla con Harry y lo arreglan y vuelven a poner fecha para la boda (para alivio de todo el mundo), no se le ocurre comentar que todo es por Astoria. Porque, ¿la verdad? Todo es siempre por Astoria.
Todo ha sido siempre por Astoria.
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