11. La otra cara de Emma Swan
Emma
Después de la conversación mantenida con David hacía unos días, me quedé muy preocupada e insegura. Nada del comportamiento de Regina me había llevado a creer que él tuviera la razón, pero ya he estado en varias situaciones malas que me inducen siempre a esperar lo peor de las personas.
Regina está bastante metida en mí para correr el riesgo de ser de nuevo herida. Por eso, acabé recurriendo a un método que usé cuando salía con Belle. En aquella época, sospeché que el comportamiento de mi ex novia estaba raro y, aunque le preguntara miles de veces qué ocurría, Belle siempre me salía con evasivas.
Como último remedio, contraté a un detective para que la siguiera y su investigación me dio la peor decepción que había tenido en mi vida.
Aun así, el dolor fue mejor que la duda, ya que nunca conseguí lidiar muy bien con la inseguridad y la inestabilidad en mis relaciones. Como Graham Humbert se había mostrado muy cauteloso, discreto y eficiente en aquella ocasión, decidí contratarlo de nuevo y espero que mis sospechas con relación a Regina y Daniel sean infundadas.
Soy consciente de que no estoy actuando correctamente, sin embargo no quiero descubrir dentro de unos días o meses que no he pasado de un "experimento científico" para una psicóloga. El hecho de vivir en ciudades diferentes fue decisivo para tomar esta actitud extrema, ya que no sé nada sobre su rutina diaria, aparte de lo que ella me cuenta.
Este fin de semana ya me siento curada completamente de la gripe que cogí mientras me recuperaba de los golpes de David, y pretendo hacerle una visita sorpresa a Regina. Precisamente hoy, en la víspera de mi viaje, Graham me ha enviado un email con su informe, tras pasar una semana investigándola en Nueva York.
Creo que ya he pasado más de media hora mirando aquella bandeja de entrada, buscando valor para leer el contendido del mensaje aún no abierto. Snow y Ravenna se dan cuenta de mi inquietud, pues una está rozándose en mi pierna y la otra echada en mi regazo.
En el tocadiscos, la voz de Chico Buarque resuena por la biblioteca, mientras interpreta Ligia, una de las más famosas canciones de Tom Jobim.
Respiro hondo y, finalmente, le doy al icono del sobre con la intención de leer el texto que aparece en la pantalla:
Querida Emma Swan,
Como me había pedido, envío, en el documento adjunto, el informe de la investigación solicitada hace siete días y, antes de que lo lea, me gustaría resaltar que el resultado fue inconcluso. La persona investigada, a pesar de haber ido a algunos encuentros con el hombre en cuestión, en ningún momento se puso en situación realmente comprometedora. Así que, en caso de que lo quiera, contacte conmigo para continuar el trabajo.
Att
G.H.
PD: el documento se abre con la contraseña que le pasé personalmente.
Más aliviada, abro el documento y leo el contenido detallado de los últimos siete días de la vida de Regina Mills. Mi alivio inicial, rápidamente se enfría, pues en el archivo hay también algunas fotografías de ella con un hombre de trazos bonitos y enseguida deduzco que se trata de Daniel. Una de las fotos llama mi atención: él agarrando la mano de ella y los dos riendo francamente, mientras están sentados en una mesa de un restaurante.
Tal imagen me hace cuestionar el juicio de Graham sobre la inconclusión de los hechos. Regina y Daniel me parecen demasiado íntimos en la fotografía. Sin embargo, ya que Humbert es un profesional especializado y con experiencia voy a intentar tener en cuenta su análisis.
En el documento consta que se han encontrado tres veces en los últimos días. Hubo, incluso, una ocasión en que Daniel la visitó en el apartamento y se quedó allí hasta las 23:00.
Con rabia, cierro la pantalla del ordenador y me quito las gafas, tirándolas bruscamente encima de la mesa. Al levantarme, Ravenna salta al suelo, asustada con mi impulso.
Me acerco al piano de cola y me siento en el banco para tocar algo, ya que eso es uno de los hobbies que me calma cuando estoy irritada, como ahora.
Mientras punteo Ligia en las teclas del instrumento, tomo una decisión: voy hoy mismo a Nueva York, pues, saliendo a final de la tarde, debo llegar allí alrededor de las 21:00, y pienso si la sorprendida será Regina o lo seré yo.
Dentro de media hora más o menos, estaré en el apartamento de ella. Cansada de mi playlist, sintonizo una emisora de música francesa y, para empeorar mi estado de ánimo, la canción que está sonando es la melancólica Ne me quitte pas, de Jacques Brel.
Aunque esa no sea la mejor banda sonora para el momento, la visceral interpretación de Jacques siempre me ha gustado y no logro cambiar de emisora, tal es mi fascinación con esa letra tan triste, que habla de un amor desesperado.
He repasado en mi cabeza algunas situaciones con las que podré encontrarme al llegar al loft. La peor de ellas consiste en que Daniel esté allí y no sé como mi naturaleza posesiva va a reaccionar ante tale escenario.
No consigo imaginar nada que justifique el hecho de que Regina siga viendo con tanta regularidad a su ex. Recuerdo que desde que me separé de Belle, hace más de tres años, poco la he visto y nuestros encuentros siempre han sido absolutamente formales, como si fuéramos dos extrañas que no tuvieran un pasado en común.
Finalmente, veo el edificio donde ella vive y estaciono en frente. Sin embargo, me quedo unos minutos más en el coche, intentando calmarme, ya que el nerviosismo no me ha abandonado un segundo desde que salí de Boston.
Camino indecisa y, tras saludar al portero que me reconoce, permite que suba hasta el apartamento 801, y le pido que no avise que estoy aquí, pues deseo darle una sorpresa a mi "amiga"
Salgo del ascensor y camino hasta su apartamento, con los oídos atentos, intentando identificar algún sonido que denuncie que Regina está acompañada, sin embargo, nada oigo y toco el timbre, prendiendo la respiración a causa de la ansiedad.
Suelto el aire cuando la puerta se abre y ella aparece con un vestido azul, además de zapatos de tacón. La expresión de sorpresa en su rostro es nítida.
-Emma…- la forma en que pronuncia mi nombre subraya la impresión que acabo de tener -¡Qué sorpresa! ¿Por qué no me has dicho que ya estabas bien?- pregunta, frunciendo el ceño
-¡Te echaba de menos y decidí darte una sorpresa!-respondo, intentando parecer natural, pero fallando estrepitosamente
Por un instante, nos quedamos mirando en silencio y, al no soportar más esta situación algo incómoda, pido, finalmente
-¿Me invistas a entrar?
-¡Sí, claro!- y ella abre toda la puerta, dándome paso
Ya en la sala, miro hacia el sofá y me quedo pálida. Sentado, en el extremo derecho, reconozco al hombre que estaba en las fotografías con Regina. Él acaba de dejar en la mesita de centro una copa de vino al lado de otra, que está algo vacía. Cuando giro la cabeza, percibo que la mesa aún está puesta y, probablemente, los dos habían acabado de cenar, ya que las velas en los candelabros de vidrio continúan encendidas.
-¡Emma, este es Daniel Horseman, un viejo amigo!- ella habla, calmada –Daniel, esta es Emma Swan…- añade, sin atribuirme ninguna etiqueta, cosa que me deja aún más incómoda
Él se levanta y se acerca a donde estoy. Lleva un traje gris, con camisa blanca abotonada hasta el cuello. Sus cabellos son castaños y los ojos azules. Daniel me direcciona una simpática sonrisa, pero no extiende la mano para saludarme.
Respondo con un movimiento de cabeza y observo que él parece ajeno a todo a su alrededor.
Algunos instantes después, Daniel mira el reloj y dice
-Señorita Swan, discúlpeme, pero ya estaba yéndome- aclara en un tono formal, aunque la copa en sus manos cuando llegué dijera lo contrario.
-Regina, muchas gracias por la cena. ¡Maravillosa como siempre! ¿Cuándo nos vemos de nuevo?-pregunta, mirando para ella y yo me siento desconcertada y celosa por todo esto.
-Después te llamo- responde acompañándolo hasta la puerta.
Giro la cabeza cuando los dos se están despidiendo en el pasillo, dándose unos besos en las mejillas. Mientras miro la llama trémula de la vela, escucho la puerta cerrarse. En seguida, siento los brazos de ella envolviendo mi cintura y sus labios besando mi nuca.
-¿Por qué no me dijiste que veías, mi amor, cuando hablamos esta mañana?-cuestiona, con voz serena
Me aparto bruscamente de ella
-Perdóname, no tenía intención de interrumpir tu cena cuando decidí venir a Nueva York- replico, mordaz
Mis ojos chocan con los suyos y percibo que Regina se ha quedado confusa con mi agresiva reacción.
-¡No lo digo porque hayas interrumpido nada!- responde, adoptando una actitud defensiva –Daniel, realmente, ya estaba marchándose- prosigue, aún en el mismo tono
-¡Ah, entiendo! ¡Si hubiera llegado más temprano, realmente habría interrumpido tu cita!- afirmo, alterando el tono de voz, sin conseguir esconder mis celos
-¿De qué estás hablando, Emma? ¿Has bebido? ¡Porque nunca te he visto así antes!- enfatiza, incrédula
-¡Yo no! ¡Pero tú y tu amante parece que os habéis dedicado a aumentar la fortuna de la familia Gallo!- rebato, irónica, señalando las copas y la botella de vino sobre la mesa –¡Pero ahora que lo pienso, la amante debo ser yo! ¡Mejor aún, debo ser tu experimento del mes!- escupo, furiosa, mostrando mi cara más oscura a ella
-Emma…¡Intenta calmarte un poco, porque estoy empezando a creer que has asumido la personalidad de tu hermano!-dice, y su mirada divertida traiciona su tono serio de voz
-¿Encuentras gracioso todo esto?- pregunto, intimidante –Pensé que te tomabas más en serio tus experimentos- completo, entre dientes, acercándome a ella
-Mi amor, ahora me estás dando miedo- dice, retrocediendo, pero choca contra la mesa del comedor
-¡No lo tengas, amor!- devuelvo, sarcástica –Solo quiero enriquecer tus experiencias- finalizo, enfática, usando mi cuerpo para acorralarla contra el mueble.
Regina
Emma me agarra con la agilidad de una gata capturando a un pájaro y me besa. Sus labios presionan los míos con violencia y siento, en aquel contacto, toda la furia que la consume. Diferente a los besos que nos hemos dado en otras ocasiones este no es suave, ni amable.
Su boca desliza por la mía de una manera más audaz y agresiva. Una de sus manos agarra mi trasero y la otra me agarra por la nuca, impidiéndome que intente esquivar el beso.
Nuestras lenguas se tocan mientras continúa atrayéndome más hacia ella, presionándome contra la mesa con sus fuertes caderas.
El miedo que sentí al principio, gradualmente, es sustituido por la excitación que me domina en ese momento y enrosco los dedos en sus mechones dorados, inclinando la cabeza de ella hacia atrás y pasando mis labios por su cuello, mordisqueando con fuerza su delicada y suave piel.
Emma me alza un poco, haciendo que me siente en la mesa, y me empuja por los muslos, clavando las afiladas uñas en mi carne, dejándome un rastro enrojecido y abrasador en la piel. No pasa mucho tiempo para escuchar los platos, los cubiertos, todo, tirado por el suelo cuando ella tira del mantel.
Me recuesto en el mueble y ella me arranca las bragas de encaje negro en un gesto brusco, lame mi vagina inmediatamente encendiendo llamas por todo mi cuerpo.
Me chupa con deseo, inmovilizando mis muslos con las manos e impidiendo que yo eleve la pelvis. Su lengua pasea por la abertura de mi vagina, dejándome aún más mojada y, de vez en cuando, prende mi clítoris entre sus dientes, arrancándome gritos de dolor.
No sé exactamente lo que ha pasado para que Emma esté tratándome así, aunque imagino que la visita de Daniel tiene algo que ver. Sin embargo, estoy absolutamente entregada a su pasión furiosa y no puedo decir que no me esté gustando esta faceta, hasta ahora desconocida.
Noto cuando me levanta y se desabotona y baja la cremallera de sus pantalones, quitándoselos inmediatamente junto con su blusa y su sujetador. Por fin, se quita los bóxer femeninos, dejando a la vista su latente erección. Rápidamente, se sube a la mesa y levanta mi vestido hasta la cintura, pasando los dedos por mi vagina, como si estuviera fascinada con lo que ve: probablemente debo estar brillante de deseo.
Se lleva los dedos a su boca y comienza a lamerlos, en el mismo momento en que mete los dedos de su otra mano en mi boca para que yo haga lo mismo.
Sin más contemplaciones, me agarra por la cintura y me penetra con fuerza hasta el fondo. Grito y me contraigo entera, sintiéndola, por primera vez, totalmente dentro de mí.
Ella cae sobre mi cuerpo, atrapándome bajo ella. Comienza a embestirme, al principio lentamente, pero luego acelera el ritmo, entrando y saliendo de mí, una, dos, tres…incontables veces, mientras siento mis nalgas chocando contra la mesa de roble.
Mis gemidos se intensifican y ella me besa, ahogándolos y enfilando su lengua en mi boca, provocando que me pierda en el sabor de aquel beso. Su espalda está tan mojada de sudor que mis dedos se deslizan hasta su trasero, instigándola a que me penetre con más fuerza.
Su cuerpo se tensa y me doy cuenta de que Emma está a punto de alcanzar el clímax, pero, inesperadamente, se gira, llevándome con ella, haciendo que quede sentada sobre su vientre.
Nuestros sexos continúan unidos y comienzo a moverme, echando la cabeza hacia atrás, deleitándome con aquella sensual e intensa invasión. Ella levanta la cadera, profundizando las estocadas, mientras sus manos agarran mi cintura.
Sin soportarlo más, me veo envuelta en el éxtasis y agarro mis pechos, que aún están cubiertos por el vestido y sujetador, gimiendo su nombre.
Sus dedos se entierran en mi cadera y Emma inclina la cabeza hacia atrás, al mismo tiempo que sigue penetrándome, mordiendo con fuerza el labio inferior y cerrando los ojos, entregándose también al placer.
Consumida por el cansancio y jadeante, me dejo caer sobre ella, sin embargo, no tengo mucho tiempo para quedarme en esa posición, ya que Emma se sienta y se gira en la mesa, bajando de ella, conmigo en los brazos, llevándome al cuarto.
No pasa mucho tiempo y ya estamos acostadas en la cama, amándonos de nuevo. Las prendas que aún cubrían mi desnudez son arrancadas y tiradas en cualquier sitio del dormitorio. No sé por cuánto tiempo nos quedamos rodando sobre las sábanas, totalmente desnudas, solo sé que me quedé dormida en sus brazos, después de una exhausta e inesperada noche de placer.
