15. Embriagada de amor por Emma Swan
Regina
Tras la llegada de David, el ambiente se enrareció, a pesar de los esfuerzos de Mary, incluso de Jefferson, por intentar relajarlo con bromas sobre otras Navidades ya celebradas en la mansión, cuando aún yo ni pensaba formar parte de esta excéntrica y divertida familia. Sin embargo, con el pasar del tiempo, Emma y yo nos fuimos, poco a poco, relajando y volviendo a interactuar normalmente con los demás ocupantes de la mesa.
Mi ex, a pesar de ignorar a la hermana, una u otra vez, charla conmigo de alguna tontería y ya da indicios de estar algo borracho, ya que tanto él como Mary se habían acabado los Margaritas y ahora estaban bebiendo tequila como si fuera agua.
Incluso yo, que no tengo mucha resistencia al alcohol y ya he protagonizado algunas embarazosas escenas bajo sus efectos en fiestas en casa de mis padres, no me resisto a los deliciosos cócteles que Sidney ha preparado y me dejo seducir por esas bebidas.
-¿Estás bien, mi amor?- le pregunto a Emma, que está pensativa, observando a los demás bañándose en la piscina
-¡Sí! Solo estaba imaginando hasta cuándo va a durar esta desagradable situación con David- respondo, medio abatida
-Creo que no pasará mucho tiempo…¡Me da que tu hermano tiene ahora otros intereses!- digo, mirando hacia Mary
Ella acompaña mi mirada y comenta
-¡Ah, sí! ¡Eso viene de lejos!- dice, sonriendo –Mary es uno de los principales motivos, si no el principal, del odio que David siente hacia mí- esclarece, suspirando y volviendo a mirarme
-¿No me digas que también le robaste a Mary?- pregunto, en tono divertido
-¡Yo no!- responde, estirándose en la silla y estirando las piernas-David, en secreto, siempre ha estado enamorado de Mary…Sin embargo, tenía miedo de declararse y ser rechazado por ella, o que nuestros padres no permitiesen la relación de los dos por ser primos. Cuando se enteró de que ella y Eric estaban saliendo juntos, formó un gran escándalo, acusándolo de traidor y revelando su odio hacia su hermano- afirma, hablando de su yo pasado en tercera persona, como si se tratara de otra persona, lo que en cierta medida no deja de ser verdad.
-¡Típico de David, desde siempre, ponerse como la gran víctima de las circunstancias!- enfatizo, mirándolo cómo juega con Jefferson en la piscina, demostrando que ya había hecho las paces con el hermano.
Las dos nos quedamos un rato observando la escena y percibo un brillo de melancolía en la mirada de mi novia. Supongo que esa imagen le recuerda momentos parecidos, cuando compartía juegos y bromas con los hermanos.
-Regina, voy a buscar algo para comer- dice, levantándose –No es bueno que la señorita siga bebiendo esos cócteles con el estómago vacío, te pondrás mala y no quiero que tengas ningún recuerdo desagradable de tu primera Navidad a mi lado- dice, pareciendo la más severas de las mujeres, aunque su tono sea suavizado por el tierno beso que deposita en mis labios –¿No te importa quedarte un momento sola, verdad?- me pregunta con expresión seria
Cuando respondo que no, añade
-Voy a aprovechar y ver cómo está mamá. Aun no la he visto hoy y anoche antes de ir a dormir se estaba quejando de jaqueca- su voz suena preocupada y observo que Emma, además de una excelente novia, también es una optima hija, pues cada vez más, me doy cuenta de cuánto se dedica a las personas que ama.
Apenas Emma entra en la casa, soy sorprendida por una mojada, roja y sonriente Mary Nolan que se sienta en la silla antes ocupada por mi novia.
-¡Estaba allí observándoos juntas a Emma y a ti! Debo confesar que formáis una pareja linda- afirma, mirándome con expresión sincera
-¡Gracias! También estaba observando lo encantado que está David por ti- rebato con franqueza
Ella sonríe de oreja a oreja y, mirando hacia mi ex, comenta
-¡Lo adoro! Pero David aún es muy inmaduro…Fue eso lo que hizo que prefiriera a Eric cuando éramos más jóvenes. ¿Ya sabes que estuvimos juntos, no?- pregunta, sin rodeos
-¡Sí, lo sé! Emma me lo contó-respondo, tranquilamente
-¡Por lo que he entendido, no solo Eric, también Emma le ganó la partida a David!- comenta, apenas ocultando una sonrisa –Perdona, pero tengo que preguntarte una cosa: ¿es pesada como novia? Porque Eric era irritante a veces…- dice, sin darme tiempo a que responda a su primer comentario
-Es divertida, culta, cariñosa, atenta, inteligente…Aunque a veces tengo la sensación de estar saliendo con una anciana de 70 años- digo, dejándome llevar por la franqueza que el alcohol provoca
Mary ríe con ganas y observa
-Sé bien de lo que hablas…Recuerdo que también tenía esa impresión de que salía con un general de la Gestapo cuando estaba con Eric
-Bueno, creo que en Emma ese trazo se ha suavizado más. Es menos austera- explico, comiéndome una de las gambas que decoran la copa –pero admito que encuentro un encanto todo esa seriedad germánica que en algunas ocasiones deja traslucir- concluyo sonriendo
-Heredó esa característica de Margaret. Siempre vi a Eric más parecido a mi tía y en eso Emma no ha cambiado. Admito que conviví con mi prima muy poco, en los últimos años, por causa de mis viajes, pero percibo que hoy ella es una persona mucho más liviana. Ciertamente porque también está mucho más a gusto consigo misma- hace un pausa y añade -¿Has pensado lo angustioso que debe ser estar en un cuerpo que no reconoces como tuyo?- concluye con expresión pensativa
-Pues en verdad he estudiado mucho sobre el tema, porque soy psicóloga…Sin embargo, creo que los científicos están muy lejos aún de entender toda la complejidad de la mente humana. Sueño con el día que aun no entendiéndolo, las personas puedan tolerar lo que es diferente y todos puedan convivir pacíficamente- digo, percibiendo que huyo un poco del asunto –Ya estoy poniéndome sentimental, señal de que debo rebajar los cócteles- añado, sonriendo
-Tonterías…Creo que debes aumentar el ritmo. Desde ayer estoy bebiendo y ya he mezclado champán, vodka, margaritas, tequila y cócteles y el día aún no ha acabado para mí- dice, guasona
Jefferson, que está en la mesa de al lado, sirviéndose más tequila, comenta
-Regina, no escuches lo que dice esta loca, ella tiene dos hígados…Nadie consigue seguirle el ritmo con el alcohol- dice y corre, tirándose a la piscina, esquivando el flotador que Mary le lanza.
-Me has hecho una pregunta curiosa, ahora es mi turno para hacerte una también- digo, cogiendo otro cóctel -¿Por qué terminasteis?
-¿Eric y yo?- responde con otra pregunta y muevo la cabeza positivamente como respuesta –Éramos muy diferentes…Pero, básicamente, mientras él prefería quedarse en casa, viendo películas o escuchando música, yo quería diversión. Cierta ocasión, peleamos porque falsifiqué nuestros documentos porque quería arrastrarlo a una fiesta donde solo se permitía la entrada a mayores de 21 años…¡teníamos 16!- comenta y le da un ataque de risa al recordar el momento.
Me imagino a mi Emma, toda seria, reprendiendo a la prima chalada, y comienzo a reír.
Ella continúa
-El concepto de plan divertido y romántico para Eric se resumía en quedarnos echados frente a la chimenea, leyendo un libro o viendo una peli, solo que yo soy demasiado hiperactiva y entonces me di cuenta de que no saldría bien. Felizmente, él también lo notó y diez meses después de comenzar a salir, terminamos amigablemente, al final, éramos primos y no tenía ningún sentido pelearnos- completa más comedida
-Es gracioso…lo que te hizo terminar con Emma es una de las características que más me encanta de ella. También soy muy reservada, tranquila y adoro esos planes caseros- observo, quitándome las gafas y poniéndomelas encima de la cabeza
-Aquel viejo dicho de que los opuestos se atraen no se aplica a todos. Es más, creo que es por su culpa que ocurren tantos divorcios…En muchas casos las personas pretextan diferencias irreconciliables cuando se separan- Mary comenta, apartando una abeja que sobrevolaba su bebida
-Pero también una buena parte de esas personas se rinde muy rápidamente. A la primera discusión, ya están hablando de divorcio- digo, y percibo que Emma está volviendo, acompañada de un Rottweiller enorme, que acaba de comerse un bocado que ella le ha dado
Mary no responde mi último comentario y mira hacia la misma dirección. Después se gira, sonriendo
-¿Ya conoces a Ferris?- me pregunta
Digo que no con la cabeza y antes de que ella pueda decir nada más, Emma llega y dice
-Regina, este es Ferris Swan. Aún no te lo había presentado porque ya está viejito y generalmente pasa la mayor parte del tiempo durmiendo en su rinoncito.
A pesar de su tamaño, Ferris es muy dócil y enseguida le estoy acariciando sus orejas.
-¿Por qué ese nombre?- pregunto, curiosa
-¿Has visto "Ferris Bueller's Day Off"? Porque Jefferson lo ha visto cerca de cincuenta veces- mi novia responde, con expresión divertida
-Sí…se tomó la filosofía de Ferris muy en serio en la adolescencia y siempre estaba inventándose alguna enfermedad para saltarse las clases e ir a hacer skate por las calles de Boston- añade Mary, también jugando con el perro.
Mientras estamos distraídas, conversando y dando atención al Rotweiller, David se acerca a nosotras
-Vengo a buscarte, Mary Nolan, porque por lo visto no aprendes a volver al agua- dice y coge a su prima en brazos. Ella grita protestando, pero él no titubea y la tira a la piscina, saltando después en seguida, salpicando agua a todos lados.
-Amor, pensé que habías dicho que me ibas a traer comida- observo, pareciendo una mujer hambrienta -¿O acaso Ferris es el plato del día?- digo, frotándome las manos y mirando al perro con expresión malévola
-Calma, mi brujita comilona…No había nada interesante en la cocina y le he pedido a Sidney que te prepare algo especial- aclara, divirtiéndose con las carantoñas que le hago a Ferris –Parece que te gustan mucho los perros, ya que no dejas de jugar con Ferris- añade, dirigiendo su mirada al can.
-¡Los adoro! Cuando era más joven, mis hermanos y yo teníamos dos Golden Retrievers que nuestro padre nos regaló- respondo, recordando aquella época feliz.
Le hablo un poco a Emma de mi familia, sobre todo de Zelena, mi hermana, destacando que ella tiene una personalidad eufórica, muy parecida a la de Mary y que, probablemente, se llevarían bien. Mi novia ríe cuando le cuento que mi hermana ya ha estado presa varias veces y siempre está envuelta en protestas, porque pertenece a Greenpeace, además de estar especializada en derecho ambiental.
Después de devorar el banquete que Sidney me había preparado, espero algunos minutos y decido tomar un baño en la piscina, sin embargo Emma no me acompaña, a pesar de mi insistencia, y se queda sola observando mientras me divierto con los otros en el agua.
Ya al final de la tarde, me siento muy mareada y vuelvo a sentarme a su lado. El mundo comienza a girar y no tardo en caer en el césped, cerca de la piscina, y vomitar parte de la comida tomada horas antes.
Emma, rápidamente, agarra mi cabello y comienza a masajear mi espalda.
-Perdóname…amor- digo, sintiéndome muy avergonzada por hacer que presencie esa lamentable escena
-Déjate de bobadas, mi amor. Esto le pasa a todo el mundo- dice, intentando consolarme, y dudo que ella haya pasado por esto, teniendo en cuenta que siempre ha tenido ese comportamiento responsable, según relató la propia Mary.
-Emma, ¿qué le ha pasado?- reconozco la voz preocupada de Tinker y noto que los otros también se están acercando, hecho que hace crecer mi vergüenza.
-Creo que ha bebido demasiados cócteles y yo no debería haberla dejado entrar en el agua en ese estado, sobre todo después de comer- mi anciana sacada de una obra de Balzac responde
En medio de mi malestar, todavía puedo reírme de las maneras serias y cuidadosas de mi novia.
-Es mejor que la llevemos adentro- sugiere David –Probablemente solo ha sido una bajada de tensión- explica
Jefferson se anticipa y me coge en brazos, y es seguido por los demás. Margaret, que estaba en la sala y vio mi estado deplorable, comienza a dar órdenes, diciéndole al hijo que me lleve al cuarto de Emma, donde ella ayudaría a cuidarme.
Después de recibir la atención de todos, incluso de David, que se mostro atento y, en determinado momento, hasta conversó con la hermana, finalmente me quedo a solas con mi amor.
-Perdona por haber estropeado nuestra primera Navidad juntas- digo, mientras ella me está lavando en la bañera
Sonríe de forma afectuosa y dice
-¡No seas exagerada, Regina! Este incidente no ha estropeado nada el día maravillosos que he pasado a tu lado. Será una historia más que contar a nuestros nietos- concluye, bromista, mientras coloca un poco de jabón en la esponja.
-¿Aún no hemos hablado de hijos y ya estás pensando en nietos, Emma Swan?- replico, sonriente –Creo que la historia de la abuela que casi cae en coma etílico en las primeras vacaciones al lado de la otra abuela sería un buen cuento de Navidad-añado, entrando en la broma y ella sonríe, enjabonando mis pechos.
Continuamos bromeando y comenzamos a inventar oralmente el cuento. El baño termina y Emma me seca con mucho cuidado. Después, me lleva de vuelta a la cama, me ordena que me quede quieta, mientras se recoge el pelo y dice que va a darse una ducha rápida.
Cuando regresa, extiende la manta sobre nosotras y me envuelve en sus brazos. Su perfume a jazmín me calma y sus dedos masajean mi cuero cabelludo. Inesperadamente, una curiosidad surge en mi cabeza
-¿Por qué Emma?- pregunto, de repente. Mirando para ella, veo su mirada confusa, y aclaro -¿Por qué escogiste ese nombre?- y su expresión se suaviza
-Pensé que nunca me lo preguntarías… Cuando escuché ese nombre por primera vez, tenía unos diez años y me enamoré de la mujer que lo tenía- comienza, en tono enigmático –Pero, infelizmente, ella era más vieja que yo y murió de cáncer- continúa y percibo que mi expresión cada vez más curiosa la divierte -¿Has oído hablar de Emma Greenway Horton?- pregunta con aire travieso
Aquel nombre me suena familiar e, instantes después, sonrío, dándole una leve palmada
-¡Ya leí La fuerza del cariño y vi la película también, enterada! Pero, por un momento, pensé que me estabas contando una historia que te había ocurrido a ti- respondo, acariciando el hoyuelo de su mentón –Entonces, ¿aún estás enamorada de Debra Winger?- pregunto, citando el nombre de la actriz que interpretó a Emma en el film.
-No, hoy estoy enamorada de Regina Mills- responde seria y sin vacilación.
Me quedo un momento mirándola y, prendida de las esmeraldas de su mirada, murmuro
-¡Te amo, Emma Swan!
Una expresión de pura alegría surge en sus labios y ella me besa. Siento todo el amor que nutre por mí siendo expresado a través de ese contacto que, poco a poco, se vuelve más exigente y posesivo.
Envuelta en esas emociones intensas y delirantes, enrosco mis dedos en su cabello dorado y pierdo la noción del tiempo, mientras el gusto de Emma Swan embriaga mis sentidos.
