16. En el Country Club con Emma Swan
Regina
El domingo, día 28, decidimos ir al Country Club. David se había marchado el viernes, porque tenía algunos compromisos de trabajo inaplazables. A pesar de que la presencia de Mary y de que su actuación frente a mi malestar en la piscina habían demostrado que, poco a poco, va aceptando nuestra nueva situación, confieso que su partida me dejó menos aprensiva, ya que, en las veces en que mi ex estaba cerca, me controlaba mucho para no tocar temas que pudieran irritarlo.
Nos vamos en dos coches. Jefferson lleva a Tinker y a Mary, que aún sigue de visita, y posiblemente, solo se marchará después de Año Nuevo. Confieso que en estas largas vacaciones en que estoy con los Swan me he divertido mucho con las historias que Mary cuenta y hasta me ha dado algunos consejos de fotografía cuando mencioné que era uno de mis pasatiempos preferido.
Emma, Margaret y yo vamos en el BMW de mi novia. Swan está seria, con gafas de vista y con toda su atención centrada en el intenso tráfico. Desde el viernes, cuando una de sus lentes se rompió, se puso esas gafas de montura gruesa y, obviamente, no perdí la oportunidad de decirle cuánto se parecía a una bibliotecaria solterona y empollona.
Como castigo, decretó que me quedaría sin acceso al cuerpo sexy de la bibliotecaria empollona durante una semana, pero su promesa solo duró hasta la noche de ayer, cuando me puse una négligée y la convencí para que dejara esa huelga de sexo, usando todos mis "argumentos"
Sonrío pensando en que hacía tiempo que no me sentía tan cómoda y feliz al comienzo de una relación. Es tan instigador y divertido estar en compañía de Emma y tener conversaciones que sobrepasan a esos diálogos insípidos, que no es raro que nos quedemos dormidas después de la una de la mañana tras hablar sobre todo tipo de temas, desde los más triviales a los más profundos.
-¡Llegamos!- avisa mi novia, al estacionar, trayéndome de regreso a la realidad.
Cuando descendemos, Jefferson dice que ya ha llamado a James y que él y Ruby nos están esperando cerca del bar. Ya dentro del club, percibo la acogedora y bonita atmosfera del sitio, observando que se pone a disposición de los socios diferentes actividades de ocio. Después de saludar a James y su joven esposa, mi cuñado pregunta
-Papá, ¿qué tal una partida de golf?
-¡Amor, dijiste que hoy jugaríamos al tenis!-Tinker se queja al marido
-Mi hadita, no te pongas rabiosa, pero solo dije eso para agradarte…no tengo la intención de formar pareja contigo, porque eres una pésima tenista- responde, bromista, arrancando sonrisas de los demás
La rubia pone una mueca, enfurecida y empuja al esposo que estaba abrazándola
-¡Entonces, ve! ¡Pero te aviso, me vas a pagar caro por esto, Jefferson Swan!- dice, amenazadora y viene hasta donde estamos Emma y yo, ignorando el pedido de disculpas de él -¿Me acompañáis, chicas?- nos pregunta y decimos que sí con la cabeza. En seguida, Ruby y Mary también se ofrecen para venir a jugar con nosotras, mientras Margaret dice que se quedará en la piscina. Emma pregunta si no prefiere acompañarnos, para no quedarse sola, pero mi suegra besa la cabeza de la hija de manera cariñosa y le garantiza que estará bien, tomando un Dry Martini y cotilleando con algunas conocidas.
Seguimos hacia las pistas de tenis, y Emma, que no ve casi nada sin gafas, se ofrece para ser la juez. Tinker forma pareja con Ruby, y yo, con Mary. Tras las bromas sobre un posible trato de favor por parte del árbitro para con mi equipo, comienza el juego y enseguida veo que Jefferson tenía razón, ya que Tinker no consigue darle prácticamente a ninguna pelota.
Sin embargo, ese detalle no se demuestra en ventaja para nuestro equipo, ya que mi compañera está más interesada en llamar la atención de algunos trabajadores que están arreglando la pista de tierra batida de la pista de al lado.
-Juez, si mirases menos las piernas y el culo de tu novia y más a la pista, te darías cuenta de que esta última pelota estaba en la línea- se queja Ruby, después de que Emma señalara bola fuera que daría punto de empate con respecto al otro equipo.
Swan sonríe de manera traviesa y se gira hacia mí, guiñándome un ojo. Le devuelvo el gesto, besando la palma de la mano y soplando en dirección a ella.
-¡Ay cómo me gusta estar en el equipo que vencerá!-provoca Mary a la pareja adversaria, levantándose la falda y haciendo tonterías
-¡La próxima vez solo juego si el árbitro es James!- dice Ruby, intentando sonar irritada, pero fallando miserablemente, ya que aprieta los labios para no reír.
Pasamos media hora más jugando y mi novia, después de ver su vida amenazada por su cuñada y por su madrastra más de una vez, decide dar por concluido el partido, declarándolo en empate.
Al volver a la recepción del club, decidimos ir al encuentro de Margaret en la piscina. Mientras la buscábamos, mirando en todos lados, Tinker se para de repente y comenta, en un tono de sorpresa
-Chicas, no os lo vais a creer…¿Os acordáis de la rubia misteriosa que dejó a Margaret tan asustada en el centro comercial?
-¿Qué rubia?- pregunta Ruby, mirándonos a cada una, al mismo que nosotras afirmábamos.
Tinker, entonces, le cuenta resumidamente la misma historia que nos relató en la piscina, y al final, añade
-Pues bien, ¡está allí!- dice haciendo una discreta señal, indicando a una mujer de cabellos cortos, que viste una falda de playa negra y fuma un cigarrillo de boquilla.
Ella está sentada en una de las tumbonas al otro lado de la piscina y la miramos, curiosas, hasta que Emma comenta, en un tono de censura
-¡Vamos a acabar llamando su atención!
Nos giramos rápidamente.
-Guapa, ¿verdad? ¿Qué será que le hizo a tía Maggie para asustarla tanto?- cuestiona Mary y nos miramos. Probablemente, varias hipótesis pasan por la cabeza de cada una de nosotras, pero no decimos nada, solo sonreíamos y nos marchamos en sentido opuesto.
Al comprobar que Margaret no está en la piscina, volvemos al hall de la entrada y la vemos charlando con Gertrude Cohen, su vieja amiga, que saluda a Emma, felicitándola por el excelente trabajo paisajístico que le había hecho en su casa.
Nos quedamos allí, conversando un poco con ellas y creo que Emma, Mary, Ruby y Tinker se están haciendo la misma pregunta que yo: ¿acaso Margaret vio a la rubia misteriosa en la piscina y vino a refugiarse aquí para no tropezársela?
Sin embargo, mi suegra parece tan calmada que lo dudo. Tomando en cuenta la forma en que actuó al verla en el centro comercial, ya nos habría llamado para marcharnos si eso hubiera sucedido. Tras algunos minutos, James y Jefferson se juntan a nosotras y nos vamos a almorzar al restaurante del club, acompañados de la señora Cohen, que acepta la invitación hecha por Margaret de unirse a nuestro grupo.
Cuando el almuerzo acaba, Emma informa que tenemos que irnos, para tristeza de todos, pues mi vuelo a Nueva York sale en menos de dos horas. Margaret pide irse con nostras, porque dice estar cansada, y nos despedimos de los demás.
Ya en la mansión, tomamos un baño y nos vestimos rápidamente. Les deseo un Feliz Año Nuevo a Margaret y Sidney, ya que lo más seguro es que solo vuelva a verlos después de Fin de año, y entramos en el coche apresadas. Felizmente, el tráfico hasta el Aeropuerto Internacional de Boston está tranquilo y llegamos a tiempo.
-Si te dijera que ya te echo de menos y que no veo la hora de que llegue el 31 de diciembre, ¿lo encontrarías exagerado?- pregunto, rodeando su cuello con mis brazos y pegando mi cabeza a la de ella
-¡No! ¡Y confieso que estoy muy ansiosa por conocer a la familia de mi novia!- responde, rozando sus labios en los míos
Sonrío y la beso en mitad de la sala de embarque. Al escuchar la última llamada para mi vuelo, digo
-¡Recuerda que estaré a tu lado y no permitiré que nada, ni nadie, te haga daño durante tu visita a la mansión de los Mills!
Ella me mira con expresión guasona y comenta
-Hum…¡Ahora estoy más tranquila!
Entonces, con aquel gesto tranquilo que es solo suyo, Emma me besa con tanta calma que hasta mi alma se siente besada. Cuando nuestros labios se separan, me aparto de ella, aún agarrando su mano. Poco a poco, nuestros dedos entrelazados se sueltan y me giro, andando en dirección al embarque.
Vuelvo a mirar hacia atrás y la veo parada en el mismo sitio. Muevo la cabeza y ella me manda un beso. Suspiro y entro en el pasillo, sonriendo como una boba, pensando en lo muy enamorada que estoy de esa mujer tan encantadora, llamada Emma Swan.
