17. ¡Feliz Año Nuevo, Emma Swan!

Regina

Hace media hora que estoy en LaGuardia, esperando a que Emma llegue. El vaivén de los pasajeros, que abarrotan el aeropuerto en este último día del año y la fuerte nevada que cae hoy sobre Nueva York, aumentan mi impaciencia y ansiedad.

Cuando miro de nuevo al panel, finalmente veo el aviso de que el avión en el que viene Emma acaba de aterrizar. Me siento aliviada y la espero sentada. Algunos minutos después, la veo acercarse, mirando el móvil sujetado en su mano izquierda, arrastrando la maleta con la otra. Está tan distraída que no se da cuenta de mi presencia en la sala de desembarque, obviamente porque tampoco le dije que vendría a buscarla.

-¡Emma Swan, tenemos que revisar su equipaje de nuevo!- digo, con voz engolada, agarrando su mano

Ella se gira rápidamente, pero, en una fracción de segundo, su expresión asustada adquiere un aire de sorpresa y, de repente, aquella sonrisa hermosa que me encantan surge en sus labios.

-Realmente la seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos tiene que ser mejorada…Pues no tiene sentido una revisión después de desembarcar- responde, bromista, abrazándome

Sonrío ante su comentario y le pregunto

-¿Qué tal el viaje, mi amor? ¿Alguna turbulencia?- recordando que ella siente algo de miedo a viajar en avión.

-¡Sí! Pero las azafatas se portaron muy bien conmigo. Siempre que me ponía tensa o empalidecía con cada sacudida del avión, una venía y agarraba mi mano, diciéndome que todo estaba bien- dice, con expresión picarona en el rostro

-Muy graciosa tú, Emma Swan…¡Si hubiera estado yo ahí, esas azafatas correrían un gran riesgo de no volver a pisar tierra otra vez!

-Te pones aún más hermosa cuando muestras ese lado violento y sanguinario, y eso me provoca pensamientos nada puros que escandalizarían a nuestra conservadora sociedad- afirma, llena de segundas intenciones

Cuando intenta besarme, esquivo su rostro, poniendo morritos, y ella agarra mi nuca, prendiéndome con el otro brazo contra su cuerpo. Sus labios finalmente aprisionan los míos y me agarro al cuello de ella, adorando ese contacto que me quita el aliento.

Antes de que nuestro beso se convierta en un atentado contra el pudor, Emma se aparta, aunque sigue abrazándome, y comenta

-¡Menos mal que aún faltan algunas horas para ir a la fiesta en casa de tus padres! Hasta ese momento, podemos recuperar el tiempo perdido, ¿no?-pregunta, con ojos maliciosos y ya tengo una leve sospecha de cómo vamos a aprovechar el tiempo.

-¡Pues no sé que estamos haciendo aún aquí!- murmuro, mirándola

Ella coge mi mano y salimos a paso largo hacia el aparcamiento.


Horas después, el taxi estaciona cerca de la mansión Mills, en Long Island. Bajo del vehículo y miro hacia la isla de Manhattan. Observo los fuegos artificiales estallando en el cielo y es que probablemente la fiesta de fin de año ya ha dado comienzo en Times Square.

Al girarme, Emma ya está detrás de mí y ya no veo al taxi

-¿Nerviosa?- pregunto

-¡Un poco!- admite

-¡Estás muy guapa!- digo, admirando su look: pantalones blancos y blusa del mismo color, sin mangas, que dejan su espalda parcialmente expuesta.

Yo, en cambio, he optado por un vestido blanco, cinto y accesorios plateados.

Emma teje elogios hacia mi elegancia, afirmando que tuvo que esmerarse en su look, pues iba a acompañar a la mujer más hermosa de la fiesta. Sonrío ante sus galanteos y enlazo mis dedos a los de ella, notando lo frío que están a causa del nerviosismo que debe estar sintiendo.

Antes de identificarme a uno de los guardias de seguridad que estaban vigilando la entrada, escuchamos a los mariachis cantando Cielito lindo y ella comenta

-¡No sabía que la fiesta sería mexicana!- soltando mi mano y extendiendo los brazos, bailando la famosa canción de México

Me divierto con su payasada y observo

-¡Está bien saber que aprecias la cultura de mis antepasados!

Deja de bailar y habla con tono firme

-Con razón sospeché que tenías sangre latina. Pero, ¿es de ascendencia materna?- pregunta, interesada

-¡No! Todos los antepasados de mamá estuvieron en el Mayflower como siempre deja caer, sobre todo cuando pelea con papá. Mi abuela paterna, Guadalupe, es quien era mexicana y vino para acá de adolescente- explico, ya dentro de la propiedad de mi familia.

Cuando estamos subiendo los escalones, nos encontramos con mi hermano, August, y su esposa, Ingrid, recibiendo a algunos invitados. Aprovecho para presentarles a Emma y, después de saludarla simpáticamente, finalmente entramos en la mansión.

El salón está abarrotado. Además de parientes que hacía algunos años que no veía, también diviso rostros desconocidos y supongo que son amigos aristocráticos de mi madre. Zelena, que está cerca de la escalera, conversando con uno de nuestros primos, al verme entrar con Emma, camina hacia nosotras y me abraza calurosamente.

-¿Esta es la famosa Emma Swan?- pregunta, mirando a mi novia de arriaba abajo con sus ojos azules –Entonces, es verdad…¡Llegué a dudar de que la correcta de mi hermana estuviera saliendo con una mujer!- continúa, admirada, arrancando una sonrisa de la rubia -¡Muy bien, chicas! Apoyo totalmente el amor entre iguales y si queréis conocer el movimiento gay en Nueva York, podéis contar conmigo para contactar con la gente. Adoro las manifestaciones LGBT del Village- concluye, entusiasmada, demostrando todo su lado activista.

-Emma, esta es mi hermana Zelena, que se salta las presentaciones, porque ella misma lo hace-digo y las dos se saludan-Es mejor que sigamos andando, antes de que saque los formularios de las ONG's y nos inscriba como mínimo a tres antes de media noche- añado, burlándome de la pelirroja

-¡Ya entendí el recado, Regina! Pero espero que quieras comenzar el año elevando tu espíritu y aceptando mi invitación para participar en aquella agradable carrera de bici de la que te hablé el otro día- comenta, citando un evento que tendrá lugar al día siguiente, que tiene que objetivo recaudar fondos para un albergue de animales que está a punto de ser cerrado.

Zelena extiende la invitación a Emma y mi rubia que, además de amar a los animales, también adora los deportes al aire libre, garantiza que participará en la carrera y que también me llevará, aunque sea contra mi voluntad.

Enseguida me doy cuenta de que las dos serán buenas amigas y, después de charlar un poco más con Zelena, subimos las escaleras, ya que pretendo enseñarle mi antiguo cuarto a Emma, aprovechando que Cora aún no me ha encontrado para echarme el sermón sobre haber traído a Emma y no a David a la fiesta, ya que solo mi hermana está al tanto de las novedades.

Cuando entramos en el cuarto, Emma observa todo con atención y percibo que sus ojos se detienen en los posters de diversos actores colocados en la pared.

-Hum…Tom Cruise, Richard Gere, Harrison Ford…Por lo visto, estoy saliendo con una perfecta chica hetero- observa, girándose hacia mí -¿Era en esta cama donde soñabas con el capitán del equipo de fútbol del colegio?- añade, señalando mi antigua cama, aún repleta de osos de peluche, y cubierta con una colcha rosada con lazos en las puntas.

-He percibido un tono celoso en tu comentario- afirmo, riéndome de ella -¡Realmente fui una adolescente muy romántica! Confieso que también quería colgar fotos de Sharon Stone, Madeline Stowe y Michele Pfeiffer, pero, en esa época, aún estaba en el armario y no podía airearlo mucho- prosigo, guasona.

-¡No sabía que habías estado en él!- señala, arqueando las cejas de forma irónica –Cualquier lesbiana que entrara en esta habitación, se sentiría empujada a cambiar de orientación al ver a tantos hombres guapos…- me pincha, refiriéndose a los posters.

Muevo la cabeza, divertida con su sarcasmo y tengo la leve impresión de que Emma realmente está celosa, así que decido provocarla más.

-En cuanto al capitán de fútbol, no me gustaba. Prefería al de baloncesto, y tuve muchas fantasías eróticas con él en esta cama…- comienzo, sentándome en el colchón y cruzando las piernas- ¡Una pena que nunca pudiera realizar ninguna!- continúo, acariciando la colcha y fingiendo un verdadero pesar.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo eran esas fantasías?- pregunta, acercándose a la cama, y, por su expresión seria, sé que he alcanzado mi objetivo

Suspiro y miro hacia el techo, pensando en una historia que parezca verosímil.

-Quería que él escalase la pared de mi casa y entrara por la ventana y me hiciera el amor aquí, en medio de los ojos de peluche. Obviamente, no podría gemir muy alto, porque mis padres duermen en el cuarto de al lado- digo, intentando contener la risa al notar que su respiración se aceleraba más

-¿Te excitas con la posibilidad de ser pillada follando?- me pregunta, de pie delante de mí, y yo alzo la cabeza para mirarla a la cara -¡Porque, si no te has dado cuenta, la casa está abarrotada!- murmura, ronca y con mirada lasciva

Coloco las manos hacia atrás, apoyándome en el colchón e inclino la cabeza hacia la izquierda, devolviéndole la mirada

-¡No me puedo creer que Emma Swan me esté proponiendo eso!- hago una pausa dramática y añado -¡Pero me encanta la idea!

Apenas las palabras salen de mi boca, ya siento el peso de ella sobre mi cuerpo, empujándome contra el colchón.

-¡Sabía que te iba a gustar!-dice, convencida, levantando un poco mi vestido y apartando las bragas, pasa los dedos por mi vello y desciende hasta la entrada de mi vagina.

La beso, enroscando mi lengua con la suya y moviendo mis caderas. Sus labios descienden y comienzan a chupar la piel del cuello

-¡Tenemos…que ser…rápidas, mi amor!- digo, jadeante, escuchando el ruido de las personas que están fuera de la casa, y me excito más ante eso.

Cuando intento bajar la cremallera de sus pantalones, ella me agarra por las muñecas, prendiéndolas encima de mi cabeza y haciéndome un gesto de reprobación. Con la mano libre continúa estimulándome, dejándome cada vez más lubrificada y palpitando de deseo.

Sus caricias me torturan y quiero que me penetre enseguida. Sin embargo, ella solo introduce un dedo en mí y lo saca, repitiendo el acto varias veces, mientras permanece agarrando mis muñecas y observando mis reacciones ante sus suaves embestidas en mí.

Me muevo, haciendo que el vestido se suba más y noto su erección. Apenas tengo tiempo de alegrarme ante esa constatación, porque la puerta de mi cuarto se abre y una Zelena algo exasperada entra, haciendo que Emma y yo nos levantemos de un salto de la cama.

-Perdonad si he interrumpido algo…-dice, mirándome, mientras me bajo el vestido y me pongo delante de Emma, tapando su erección –Pero Cora te está buscando, hermanita, y como os vi subiendo al cuarto, me imaginé que podríais estar disfrutando de un momento más íntimo. ¡Por lo visto, acerté!- enfatiza, con expresión divertida -¡Pensé que era mejor que os pillara yo que ella!- explica y tengo que estar de acuerdo con mi inoportuna, pero salvadora hermana.

-¡Está bien, Zel!- digo, sintiendo la dureza de Emma en contacto con mi cadera.

Me asombra el hecho de que ni el impacto de haber sido pilladas ha sido capaz de disminuir el "entusiasmo" de ella. Suspiro, frustrada, viendo a Zel salir, pues, infelizmente, no podré "satisfacer" a mi novia.

-Mi amor, es mejor que te quedes aquí- sugiero, mirando sutilmente hacia su erección.

Ella concuerda conmigo y salgo del cuarto, dejándola sentada en la cama, mientras intenta "calmarse". Me quedo unos segundos parada, apoyada en la puerta, pues, además de toda la emoción vivida con Emma hace unos segundos y de la frustración que sentí al ser interrumpidas, ahora tendré que enfrentarme a mi madre y sé que no será nada fácil.

Cuando estoy bajando las escaleras, ya me encuentro a Cora, subiendo los primeros escalones, y agradezco, silenciosamente, la interrupción de Zelena, pues tenía razón al pensar que podríamos haber sido pilladas por nuestra madre.

-Querida, te estaba buscando. ¿Por qué no fuiste a hablar conmigo al llegar?- pregunta, desconfiada

-Porque quise enseñarle mi cuarto a Emma…

-¿Emma?- interrumpe, frunciendo el ceño -¿La hermana de tu novio? Zelena me dijo que había venido con vosotros

Por el uso del pronombre en plural, imagino que está suponiendo que David también había venido con nosotras y decido comenzar a esclarecer la situación.

-Mamá, en realidad, David no ha venido, es más, no vendrá nunca más- destaco, seria

Ella me mira, asombrada, y pregunta

-¿Cómo es eso? ¿Habéis terminado? Entonces, ¿por qué está Emma aquí?

Miro a nuestro alrededor y veo que aquel no es el lugar adecuado para tener esa conversación, pues el salón está cada vez más lleno de invitados. La cojo de la mano y bajamos los escalones, yendo hacia el despacho.

-Mamá, Emma está aquí porque ahora ella es mi novia-aclaro de una vez, cuando ya estamos en otro espacio

-¿Qué?- dice, y su voz sale estrangulada, mientras da dos pasos hacia atrás, como si hubiera sido alcanzada por un objeto –¡Regina, estás loca! ¡No te crié para eso!- afirma, enfadada

-¿Y para qué me criaste, mamá? Pensé que era un ser con autonomía, no alguien que ha sido criada para una finalidad específica- replico, indignada, pero para nada sorprendida con su reacción

-No me vengas con esas teorías tuyas modernas. ¡Sabes muy bien lo que pienso sobre esa anormalidad! ¡La mujer fue creada para el hombre…Dos mujeres juntas es algo abominable, antinatural y contra las leyes de Dios!- escupe, en un tono más elevado.

-No me vengas tú con esos argumentos estúpidos, reaccionarios y del tiempo del Arca de Noé. No vale la pena sacar ahora cuántas especies animales tienen comportamientos sexuales "fuera de la normalidad"- rebato, haciendo comillas con los dedos en las últimas palabras –Así que no hables de lo antinatural, y para ser aún más honesta contigo, deja aclararte que nunca he creído en Dios, así que las leyes de Él nada representan para mí.- concluyo furiosa

Parece que acabo de decirle el mayor insulto que ha escuchado en su vida. Mi madre está pálida y temblorosa, probablemente espantada también, pues nunca me había enfrentado a ella así.

-¡Ay, Dios mío! Ya tengo una hija hippie, ¿qué he hecho para merecer otra atea y…- hace una pausa y se coloca la mano en el corazón, pero su drama no me conmueve en absoluto.

-¿Bisexual? Sí, mamá, aprende a decir esa palabra, porque a partir de hoy tiene que formar parte de tu vocabulario- resalto, ácida

-¿Cómo cambias a un hombre como David, un médico prometedor por una…una…?- intenta encontrar un adjetivo para calificar a Emma y sé que no será nada lisonjero.

-¿Una hermosa mujer que posee muchas cualidades además de ser una profesional con gran talento?- la interrumpo bruscamente -¿Alguien a quien ni te has molestado en conocer antes de juzgar?- continúo, sintiendo la vena de mi cuello latiendo con fuerza.

Ella da un largo suspiro, me mira con ojos furiosos y afirma

-Por lo que puedo ver, ya has sido contaminada por esa…esa perversión, así que solo me queda pedirte que no vuelvas a esta casa mientras sigas con esa inmoral- ordena y sale del despacho, golpeando la puerta.

Me apoyo en la mesa, intentando recuperarme de la discusión acalorada que acababa de tener. De repente, recuerdo que Emma está en mi cuarto, sola, y que mi madre lo sabe. Salgo del despacho y subo las escaleras rápidamente, temiendo que Cora hubiese ido a buscarla y, en ese momento, estuviera tratándola mal.

Felizmente, al entrar, veo que Emma está sentada frente al tocador, distraída, leyendo mi antiguo diario. Cierro la puerta y suspiro, aliviada, acercándome a ella. Su expresión está serena, en contraposición con mi estaba de ánimo, que está por los suelos.

-Eh, eso es invasión de privacidad, ¿sabes?- digo, intentado olvidar que, hacía pocos minutos, había tenido la peor de las peleas con Cora.

-Perdóname, pero no conseguí resistir la tentación de saber un poco más de la adolescente romántica con quien salgo- responde, sonriendo

Esa sonrisa es como un bálsamo para mis dolores y, viéndola así, tan inocente, divirtiéndose con mis memorias juveniles, tengo la certeza de que no quiero que Emma pase la última noche del primer año de nuestras vidas juntas en una casa donde no es bien recibida, y donde corre un serio riesgo de ser humillada por la anfitriona de la fiesta.

La forma en que Cora me había tratado en el despacho había hecho que me sintiera como una ciudadana de segunda clase, a quien se le prohibía amar, sencillamente porque las convenciones sociales han acordado que el amor entre personas iguales no está permitido y debe ser rechazado, ¡como si fuera tan fácil negarse a un sentimiento!

-Emma, mi amor…Estaba pensando…¿qué te parece que abandonemos esta fiesta aburrida y partamos el año en Times Square? Hace muchos años que no lo hago y ya sabes cuánto amo Nueva York y sus tradiciones- digo, intentando parecer natural, aunque el nudo que se había formado en mi garganta cuando Cora sugirió que me fuera de la fiesta aún no se había ido.

-¿Estás segura, mi amor?- me pregunta, pues le debe haber extrañado el cambio repentino de planes

-¡Totalmente!- digo, enfática

Entonces, ella me mira profundamente como si quisiera desvendar mi alma. Repentinamente, un brillo de entendimiento surge en sus ojos verdes y tengo la certeza de que Emma ya sabe lo que ha pasado y comprende mi deseo de salir cuanto antes de ahí.

Se levanta y me abraza. Aprovecho para quedarme unos segundos con el rostro apoyado en su hombro, sintiéndome protegida en sus brazos.

Instantes después, ya estamos saliendo de la mansión. Felizmente, en el recorrido de mi cuarto a la puerta de salida, no nos encontramos con ninguno de mis hermanos, ni con mi madre. Quedo triste, pues no he tenido oportunidad de hablar con mi padre, pero, ante las actuales circunstancias, tampoco sé cómo él iba a reaccionar al conocer a Emma.


Llegamos a Times Square faltando apenas media hora para la medianoche. Estaba teniendo lugar el espectáculo de Carly Simon, una de las más ilustres neoyorquinas, en el escenario montando en mitad de la plaza.

La cantante interpreta diversos éxitos de su repertorio y, cerca de la medianoche, ella interrumpe el show y le dice al público

-¡Qué bello y heterogéneo público tenemos esta noche…!- comenta, sonriendo-¿Ansiosos por la llegada del año?- pregunta y la multitud responde con silbos y gritos de entusiasmo –Para terminar mi participación en este grandioso evento, voy a cantaros una de mis baladas preferidas, que fue lanzada en 1979, cuando la mayoría de los presentes ni habíais nacido…-añade, simpática, arrancando risas del público.

-¡Mira Emma, esa la conoces, es de tu época!- bromeo con mi novia que me está abrazando por detrás, sintiéndome más liviana en este ambiente tan festivo y alegre

-¡De la nuestra, amor, porque soy apenas tres años más vieja que tú!- replica, besando mi nuca

Cuando la suave melodía de Just like you do comienza, ella me gira de frente, me envuelve por la cintura y bailamos agarradas, murmurando la letra de la canción, con las cabezas pegadas, mientras varias parejas a nuestro alrededor hacen lo mismo. Aquí somos solo dos personas enamoradas, perdidas en mitad de esa multitud, sin importarnos el juicio de nadie.

Cuando el reloj marca las 23:59, la bola del tiempo comienza a descender por el mástil y el show es interrumpido, para que el público comience a recitar la cuenta atrás. A media noche en punto, ella llega a la parte inferior del poste y una lluvia de confeti cae sobre los millares de personas que están en el cruce de Broadway con la 7ª Avenida, mientras fuegos artificiales estallan en el cielo, saludando la llegada del Año Nuevo.

-¡Feliz Año Nuevo, Emma Swan!

-¡Feliz Año Nuevo, Regina Mills!

Decimos a la vez y nuestros labios se juntan en un beso que me inunda de felicidad y fuerza para luchar por nuestro amor.

Cuando Norah Jones, la otra atracción neoyorkina de la fiesta, sube al escenario y comienza a cantar Come away with me, nuestras bocas aún están selladas y, en ese momento, recuerdo todo lo que hemos tenido que superar.

Entonces, inspirada por el amor que siento hacia Emma y por esa letra tan linda, decido que mi deseo de Año Nuevo es: ¡a la mierda David, a la mierda Cora y cualquier otra persona que se interponga entre nosotras!

Mi lema a partir de hoy será: "¡Emma y yo contra el mundo!"